Domingo 8 de Noviembre de 2009_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

EXISTE UN ABISMO ENTRE EL VALOR Y EL COSTO.

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: “¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso”.

En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza ha echado todo lo que tenía para vivir”.

 

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1.-     Muy queridos amigos:

¡Qué lamentable es la situación de esclavitud que nos han acarreado estas nuestras cadenas de oro que tanto presumimos! Vivimos bajo las seducciones del mundo y nos hemos acostumbrado a nuestra prisión de diamantes. Este mundo en el que vivimos nos ha engañado arteramente y parece que tú y yo hemos convertido los grilletes en prolongación de nuestras extremidades. Hoy, tenemos que admitir, aunque nos avergüence, que hemos caído en su juego y que ladinamente nos ha entrampado. Sucede que todos nos hemos dejado embaucar y hemos dejado que nos mintiera con sus falacias y sofismas.

¡Creánme!, no se trata solamente de una visión negativa del mundo, ni se trata de alguien que carga irremediablemente sus fobias patológicas. Puedo asegurarles que no tengo delirios persecutorios.

Se trata, más bien, de una visión realista sobre este mundo que necesita de redención. Se trata de un mundo, que sin duda es valioso, pero que en nuestro tiempo se ha erguido como si fuera el valor absoluto y ha desplazado a Dios, en un sin fin de corazones. Digamos que este es el elemento externo o exógeno que nos ha acarreado no pocas veces la desventura de un proyecto divino no alcanzado en muchos nosotros.

2.-     Al mismo tiempo, tenemos que ser justos y asumir en nuestro cuadro de responsabilidades todo aquello que desde nuestra condición humana, tenemos de propensiones.

Considero que los hombres nos hemos convertido en una presa sino fácil sí al menos poco difícil de nuestra misma constitución concupisciente: Olvidamos la grandeza de una historia de libertad cimentada en el ejercicio de la inteligencia y de la recta voluntad, para así orientamos instintivamente hacia el mundo terreno, temporal y experimental, y esto hace que se vaya retrasando e impidiendo nuestra apertura hacia los bienes superiores, y especialmente a Dios.

Lo anterior, se ha convertido también en la razón principal por la cual ilusamente nos hemos creído de las enseñanzas erráticas de este, nuestro mundo, que nos ha hecho creer que lo importante en la vida es el “blof”, la apariencia, el ostentar, el presumir, el disimular, el fingir, el comprar y el consumir.

Nuestro tiempo, no es otro sino el de aquellos que equivocadamente pensamos que nuestras cosas sólo son valiosas en cuanto que son costosas y nos gastamos la vida confundiendo el valor de algo con su costo monetario. Hoy todos nos pasamos la existencia juzgando las cosas por el volumen, la cantidad, la forma, el aspecto, la figura, la traza,... por la apariencia. Y, en la realidad de nuestra vida auténticamente tangible, que poco tiene que ver con lo efímero de las quimeras, nos convertimos en unas víctimas de lo ilusorio, lo ficticio y lo engañoso.

3.-     ¡Qué eficiente Peste es ésta, al mismo tiempo tan contagiosa y tan mortífera, y que lamentable pandemia la de este mal endémico! Los hombres nos hemos convertido en seres vulnerables de nuestras propias pretensiones, y cuando el enfermo se enamora de los estragos que le ha traído la enfermedad qué inoperante se vuelve el medicamento.

Se trata de algo tan real y extraño, que se da en esta situación, y que, sin lugar a dudas, puede ser tan difícil de explicar, pero tan fácilmente de experimentar y... de padecer.

Lo más interesante de todo, radica en nuestras torpes creencias, o mejor dicho, en nuestra ingenuidad de pensar que Dios cae en nuestros propios juegos. Se nos olvida que mientras que los hombres miramos y juzgamos por las apariencias, Dios es Aquel que realmente conoce el corazón del hombre, y que en el laberinto de nuestro corazón Él conoce lo más secreto.

4.-     Pero, por favor díganme: ¿qué podemos hacer? Es cierto que ni tú ni yo podemos abstraernos de este mundo cuantificante, en el que el uso de las matemáticas se utiliza como único criterio valorante. Y tenemos que admitir que es esta nuestra actitud ordinaria con la cual nos presentamos ante Dios, y ante nuestros seres más queridos.

Es por ello, que te invito para que nos detengámonos a mirar la escena que Jesús ha contemplado con sus ojos divinos, en el grandioso e imponentísimo Templo de Jerusalém.

Detente a mirar, por un solo momento aquello que contempla Aquel que es dueño de todo y de todos, al presenciar a aquella viuda pobre y su ofrenda,... y su corazón,... y date cuenta de que, como lo diría Santa Teresa de Ávila, “Dios no pide mucho sino que pide todo”.

5.-     ¿Sabes qué? Dios conoce a la perfección y distingue con claridad cuando lo que se le da se trata de un todo que puede ser poco y cuando puede ser un mucho que no lo es todo, y,... aunque no lo entiendas, aún cuando algo aparenta ser poco y otro se presumiera como si fuera mucho, a Él le agrada más ese todo de la mujer sencilla, que la ofrenda de aquellos que ofreciendo lo mucho no le entregan la totalidad.

Hoy el Señor nos está invitando a que le demos a Dios no de lo mucho que nos sobra, sino a ofrecerle todo nuestro haber, aunque pareciera ser poco. Ofrecerle a Dios mucho y no todo es un querer engañar a quien le son claras nuestras motivaciones.

6.-     Al Señor le interesa nuestra calidad más que la cantidad. A Él le agrada mucho más el óbolo, la pequeña ofrenda de la viuda que todo ese dinero del mundo que dan aquellos que le ofrecen de lo que les sobra.

Digamos que el Evangelio de hoy nos invita a la generosidad, y que el juicio de Dios sobre la generosidad en el hombre no se ubicará nunca ni en el volumen ni en las cantidades de la ofrenda sino en el volumen y las cantidades de nuestro desprendimiento. Tanta razón tenía San Ambrosio Obispo de Milán al predicarle a su pueblo en la segunda mitad del siglo IV, acerca de la ofrenda en nuestra vida cristiana: “¿Quieres saber cómo es tu ofrenda para Dios? Tienes que saber que Dios no se fija en lo que das, sino en aquello con lo que te quedas”.

La viuda de Sarepta en la primera lectura y la viuda que asiste al Templo de Jerusalém en el Santo Evangelio, han sabido ser generosas desde su pobreza. El pan más valioso, aunque no el más costoso, se le ha ofrecido al profeta de Dios en aquel que se elaboró con el último puñado de harina. Unas monedas pequeñas, insignificantes pero divinamente invaluables, están cayendo casi sin hacer ruido como el más precioso tesoro a través de aquella rendija en la alcancía del Templo.

7.-     ¿Oye cura, entonces cuál es la propuesta? ¿La vida cristiana consiste en dar poco o en dar mucho? Ni una cosa ni otra, se trata de darlo todo.

No podemos engañar a Dios, ya que para Él tan valioso le resultó la ofrenda de un San Pedro que al hablarle de “todo aquello que han dejado” para seguirle, se está refiriendo a una barca avejentada y a unas redes que necesitan estarse remendando con frecuencia, así como valiosa le resultó aquella ofrenda en manos de un San Luis de Gonzaga quien también renunció a la totalidad, y su totalidad para él significó renunciar a favor de su hermano a aquel puesto de la nobleza por ingresar a la formación sacerdotal. Los ojos de los hombres se engañan, pero Dios sabe valorar tanto la renuncia del humilde pescador de Galilea como la de aquel joven de la nobleza. Ellos le están ofreciendo no poco ni mucho, sino todo.

Tú sabes que hay unas palabras de la Beata y añorada Madre Teresa de Calcuta que me agradan en demasía y que casi se me han convertido en una especie de letanía: “No importa lo que das, sino el amor con el que lo das”. Pareciera que la referencia es explícita sobre la escena de la ofrenda de la viuda: “A Dios, no le interesa lo que das, sino el amor con el que lo das”.

Se trata de ofrecer lo que posees: El último puñado de harina, el último hilo de aceite, las últimas monedas que se tienen para vivir.

8.-     Si tú y yo dirigiéramos por un solo segundo nuestra mirada al escenario de nuestras vidas cotidianas después de mirar aquella escena que el Señor contempló en el Templo y escucháramos la profundidad de su Palabra podríamos encontrar una de las razones de aquello por lo que padecemos los hombres.

Los abuelos, los nietos, los esposos, los padres, los hijos, los hermanos, los amigos, los clérigos, los feligreses, debiéramos ser conscientes de que lo que importa no es lo que damos, sino el amor con el que lo damos.

Oye ¿En alguna parte de este planeta tú haz oído alguna expresión irónica como: “Yo no se de qué te quejas si no te falta nada”? ¿Te parece familiar una expresión vulgar y corriente como la siguiente: “Muchas personas quisieran tener lo que tú tienes y estar en dónde tú estás”..?.¿Dónde lo hemos escuchado? ¿Dónde lo he escuchado: ”Tú lo tienes todo, no te falta nada”?

Y cuántas veces nos agradaría responder con ironía aunque no con vulgaridad ni correntía: “Tienes toda la razón en decir que no nos falta nada, ¡No nos falta nada! en realidad nos falta alguien... Alguien que nos escuche, que esté con nosotros, que aconseje o que corrija a sus hijos, que nos apoye, que nos respete... nos falta alguien que nos ame”.

9.-     Es posible, que ahora estés ya en la posibilidad de comprender que existen muchas cosas que si bien pueden ser demasiado costosas no tienen real y auténticamente tanto valor en la vida, y que al mismo tiempo, hay no pocas cosas que son tan valiosas aún cuando no tienen un alto costo, al menos en lo monetario.

Revisemos nuestra vida cotidiana y aprendamos a tener un juicio adecuado no tan sólo sobre lo que le ofrecemos a Dios sino también a nuestros seres más queridos.

Seamos conscientes de que la Palabra de Dios el día de hoy nos ubica en la presencia de aquellas mujeres que le han ofrecido a Dios todo aquello que tienen. El gesto de aquellas viudas que han sabido dar “todo lo que tenían para vivir” las ha acercado a Aquél que se ha ofrecido “a sí mismo”.

¡Cuánta razón tenía Antonio Machado cuando afirmaba que solo los necios, confunden el valor y precio!

 

UN ESCRIBA SIN TESORO.

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: “¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso”.

1.-     Muy queridos amigos:

Las prácticas señaladas y denunciadas por el Señor Jesús sobre las actitudes nefastas de los escribas en el campo de la religión en un liderazgo que lejos de convertirse en un servicio se convierte en una fuente de injusticias me ha hecho pensar en aquellas cinco categorías que el mismo Maestro nos subrayó como enfermizas dentro de la práctica de la religión: la incoherencia al decir algo y no hacerlo, el exhibicionismo de quien hace las cosas para ser visto por los hombres, la desproporción interesada en quien maximiza lo insignificante y quien minimiza lo trascendente, el protagonismo hoy señalizado de quien gusta ocupar los primeros lugares y, por último, la soberbia maquillada de quien se siente ya santo, ya salvo, ya puro a costa de despreciar a los demás.

2.-     Hoy, el Señor nos indica otro elemento de reflexión que quisiera no dejáramos pasar por alto: el interés mezquino de algunos líderes sobre los bienes materiales del rebaño de Cristo.

Quisiera no salir de las auténticas coordenadas de nuestra reflexión es por ello que quisiera retomar y repetir un texto que tú y yo no deberíamos olvidar: “¡Cuidado con los escribas! se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso”.

Para muestra nos bastarían cuatro botones:

Primero: sería suficiente que fueras con mucha cautela a un lugar en el centro de la ciudad de personas que tienen acento extranjero y que se anuncian en la televisión para que te dieras cuenta de aquello que hace años salió en un noticiero de la televisión, hace pocos meses salió en un periódico y así pudieras constatar de que hay quienes están haciendo su gran negocio con la religión exigiendo en sus reuniones billetes de quinientos pesos para “la obra del Señor”. ¿Sabías que esta congregación dizque cristiana tiene en su país uno de los bancos más grandes?

Es cierto que cuando te reciben utilizan un gran aparato logístico de atenciones.  Pero, ¿Sabías que cuando no les das los billetes que ellos esperaban ver te dan un trato distinto a causa de tu incapacidad de saciar su ambición de dinero?

3.-     Segundo: A un jugador actual de los equipos de fútbol locales de la primera división los líderes religiosos de su congregación le dijeron que no le era permitido tener un coche deportivo tan ostentoso y que lo tenía que vender para que su alma no se perdiera, y efectivamente lo vendió y compró uno más sencillo, pero, ¡claro!, les tenía que dar el diezmo de este ingreso por la venta de lo ostentoso para las arcas de los pobres líderes religiosos que andan tras los bienes de las viudas y de los incautos.

Tercero: Otro jugador de fútbol muy destacado que hace ya varios años militó en un equipo de la localidad y que tuvo el obsequio del Señor de ir a un país europeo a mostrar su calidad, pertenecía a una comunidad cristiana local, cuyos líderes se alegraron de que pudiera incursionar en otras naciones, se estableció con su familia en aquella ciudad y un día recibió una llamada de los pastores de Monterrey para recordarle que no había entregado el diezmo correspondiente, a lo que el jugador respondió desde la rectitud de su conciencia, que ya lo había hecho para la obra del Señor en una Congregación en esa ciudad española en la que estaba residiendo, y la respuesta que recibió de sus líderes fue inesperada: lejos de elogiar su generosidad le expresaron que a él le correspondía dar el diezmo a esta Iglesia del Rey en Monterrey. ¡Claro era mucho el dinero del que se hablaba! Y así, hubo un adepto que sufrió la desilusión y hay algunos pastores que siguen buscando especialmente el dinero de los futbolistas. Ellos son un excelente negocio.

El cuarto ejemplo es sobre una situación que salió a la opinión pública hace algunos años en ese programa con tono amarillo llamado ¡Primer Impacto!, en el que se hablaba de un pastor pentecostal en Guatemala que se autosecuestró y que sacó de las cuentas de una congregación en un país tan pobre como lo son los de nuestra Centroamérica la friolera cantidad de 3 o 4 millones de dólares que correspondían a las aportaciones del diezmo de esa congregación. ¿¡Que qué!? Sí,… tres o cuatro millones de dólares. En la investigación aparece aquel hombre elegantemente vestido, con una ropa muy distinta a la que los miembros de su congregación que fueron entrevistados tenía puesta, sacando dinero de varios cajeros automáticos en donde hacía efectivo el rescate que estaba cobrando por su autosecuestro.

 “¡Cuidado con los escribas! se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso”.

4.-     Tengo que admitir, en la sinceridad que la Palabra de Dios nos merece, que este mal no es exclusivo de algunos y que a él somos propensos todos, incluyéndonos los católicos, y entre ellos yo mismo como clérigo, por lo cual tengo que estar autorevisándome con mucha frecuencia y es por ello que en la autorevisión te invito para que hablemos sobre algunas prácticas que corresponden a un liderazgo religioso mal encausado, y que se identifica con aquello que el Señor hoy nos está señalando.

Y es que, uno de los riesgos que padece cualquier expresión religiosa y cualquier agrupación dentro de nuestra Iglesia es la presencia de falsos líderes. Veamos cuáles son algunas de las características halladas en los líderes falsos.

Primero, la labia: El discurso sofista, la labia, el mensaje bien estudiado con intereses mezquinos, (cómo quiera llamársele a lo que el líder habla), es usada por ellos para confundir y convencer a su audiencia. Para un uso más útil de su labia, apenas permiten que los otros hablen. En el balance del tiempo hablado, el líder habla el 90% y sus seguidores apenas un 10%. Las historias que cuentan estos líderes suelen ser cautivantes y exudan auto-confianza y exculpación. Éste es un rasgo curioso. Cuando ellos hablan, y sin que se les culpe de nada, en su charla mezclan argumentos para autodisculparse: por si acaso alguien pudiera saberles algo, ya antes se está defendiendo.

Segundo, la Manipulación: El líder no reconoce el derecho de los demás. La jerarquía piramidal en donde él está solamente debajo de Dios le va a dar un arma invaluable: auto-servicio de conductas permisibles, es decir, las conductas que él quiera a la hora que quiera. A primera vista el líder parece ser encantador, sin embargo, secretamente es hostil y dominante, viendo a sus seguidores como meras víctimas para ser usadas en el momento más oportuno para sus intereses. Cuando uno de estos líderes conoce a cada persona (ama de casa, obrero, comerciante, albañil, secretaria, ejecutivo, maestro, jugador de fútbol, empresario), e inmediatamente lo clasifica en su orden de usos. En el momento adecuado, utilizará a cada uno de acuerdo a sus propias necesidades, y no pocas veces manipulándoles la conciencia cristiana.

5.-       Tercero, la Grandiosidad: Estos escribas se sienten con absoluto derecho a ciertas cosas como si fuesen de “su propiedad”. Por lo mismo, demanda adulación y atención de todos, en ocasiones detonándola con actitudes de falsa humildad. En reuniones, eventos y juegos organizados por su grupo religioso él debe ser el centro de atención. Su fantasía mayor se da cuando se le nombra “vocero de Dios”, “el ángel de Dios”, “el profeta de Jehová”, “el último de los profetas”, “el apóstol de los últimos tiempos”, “el mensajero de la luz”... Él tiene la patente de Dios, ¡Aunque Dios no lo sepa y ni siquiera lo conozca!

Cuarto, es Patológicamente mentiroso: Este escriba con actitudes patológicas, no tiene ninguna dificultad al mentir fría y de la manera más descarada. Como los miembros de su congregación se callan ante sus mentiras y fantasías, él refuerza la seguridad de que él siempre dice la verdad. Le es, por lo tanto, muy difícil ser confiable de acuerdo a bases consistentes. Lo increíble es que, con esas mentiras, es capaz de crear, y obtener, creencias complejas de los otros acerca de sus poderes y habilidades.

6.-       Quinto, es Falto de remordimiento, vergüenza y culpa: Estos líderes no ven a los otros como personas, sino sólo como objetivos y como oportunidades para ellos. Si se aprovecha de alguno de sus adheridos, no siente remordimiento alguno. Hace años que perdió la sensibilidad y la vergüenza. Esto es, en vez de amigos y cristianos en su congregación él tiene víctimas. El fin justifica los medios conforme a su juicio. Claro que los fines son sólo los que le favorecen.

Sexto, las Emociones frívolas: Cuando este líder parece mostrar ternura, alegría, amor, calidez y compasión, esto es más una actitud fingida que una experiencia y un servicio verdadero para los suyos: se trata de su arma preferida y más eficaz para hacer caer a sus víctimas en servicio a sus propósitos y planes personales. Cuando las cosas no se dan como él las planeó se ve violentado hasta por cuestiones insignificantes, y permanece aparentemente inamovible y frío, como si fuera una persona normal: eso lo hace ver como si tuviera una virtud cristiana admirable a los ojos de quien le admira.

7.-       Séptimo, la Incapacidad para amar: Se trata del peor de los síntomas: En tanto que él habla magistralmente en el mejor de sus discursos del “amor de Dios”, él es incapaz de darlo porque no lo ha recibido. Eso provoca en él una contradicción: dado que no cree en el amor de Dios tampoco considera que el amor de sus seguidores sea genuino, se muestra severo cuando trata de comprobar la fidelidad de sus seguidores hacia él. Así que, cuando aquellos cometen una falla, no se tienta el corazón para humillarlos, y hacerlos sentir culpables y avergonzados. Después les exige sumisión total.

Y aquí sobreviene una octava conducta consecuente con lo anterior: la Necesidad de Simulación. Dado que él vive en el filo de la navaja moralmente, suele utilizar técnicas para probar las creencias y conductas de sus seguidores con reglas realmente increíbles como las de aquel que se fija en la paja para que no se vea la viga que lleva en su ojo. Y así antes que el miembro se le adelante en denunciarlo por conductas impropias, como él tiene el micrófono en la mano y la sartén por el mango, él simula preocupación por la “vida espiritual” del integrante..., pero lo hace con gritos y violencia verbal. Esto, llega a ser “normal” para los miembros bajo tal liderazgo.

8.-       Noveno, la Insensibilidad: El cuadro se está volviendo más patológico pero real: él es incapaz de percibir el dolor de sus víctimas, y sólo le causa contento los sentimientos de angustia y tristeza en ellos. Esto es así, porque de esa forma posee herramientas para tomar ventaja en cualquier momento. Por otro lado, él se muestra insensible: a él “porque Dios sí está de su lado”, no le angustia nada, ni le duele nada. Sus herramientas son usadas para explotar, abusar y ejercer la tiranía.

Y llega el décimo elemento en su antidecálogo: Pobre control de conducta: Finalmente, el hecho de que sus seguidores crean que él es “todo-poderoso”, “que todo-lo-sabe”, que “es el hombre que Dios nos puso como pastor y ministro”, produce que el líder no tenga fronteras para ejercer sus conductas. La primera, no aceptar culpas, pero sí las de los demás. Esa culpa de otros refuerza en el líder su dominio de obediencia hacia él; la obediencia produce conformidad, y la conformidad terror a hacer algo que los saque del sitio donde los creyentes están metidos y que será muy difícil que salgan.

“¡Cuidado con los escribas! se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso”.

 

 

EN EL TOMAR Y EL RECIBIR ESTÁ LA DIFERENCIA.

En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza ha echado todo lo que tenía para vivir”.

1.-     Muy queridos amigos:

Existen dos formas de ver las cosas en la vida, y de acuerdo con esa visión que se tenga surgen las dos diferentes actitudes que se llegan a tener en nuestra existencia: algunos ven aquello que se nos acerca como algo que se toma y otros lo visualizan como algo que se recibe. Pareciera que entre tomar y recibir no existiera alguna diferencia, pero la diferencia existe y es abismal.

La diferencia entre un verbo y el otro se vuelve clara en la actitud de nuestra vida: el que ve la vida como algo que se toma no suele ser capaz de agradecer, mientras que aquel que ve la vida como algo que se recibe nunca terminará de decir gracias a aquel o aquellos que están detrás de lo que se recibe.

Aquel que ve la vida como un “tomar” lo que se nos accesa va pensando que su vida es sólo un movimiento mecánico que va aprovechando las circunstancias y, que si acaso algo tuviera que agradecer, esta gratitud se dirige a su buena suerte o a la fortuna de haber estado en el momento preciso y en el lugar adecuado donde “se le dieron” las cosas.

Aquel que sabe que en la vida “todo se recibe”, sabe que detrás de lo que se recibe se encuentra alguien y que para recibir algo antes de que haya un movimiento mecánico de nuestros brazos existe el movimiento afectivo de un corazón que nos ofrece aquello que ha llegado hasta nosotros. El rasgo más importante de aquel que sabe que la vida es un “recibir” se ubica en la capacidad de ver que detrás de ese alguien que nos ha ofrecido lo que hemos recibido, está “Alguien” a quien debemos levantar nuestra mirada.

2.-     Y, ¿cuál es la razón que justifique estar hablando sobre este tema en este domingo?

El día de hoy en que el Señor pondera y agradece la ofrenda sencilla y divina de aquella viuda debemos revisar la capacidad que hemos cultivado para conseguir que nuestro corazón sea capaz de expanderse.

Se dice que el hombre al nacer nace con las manos cerradas y que al morir lo hace con las manos abiertas y que el proceso de la vida no es otro sino el aprender a abrir nuestras manos. ¿Cómo está nuestra generosidad en la vida?

Para nosotros la vida no es un tomar sino un recibir, y es por ello que no podemos olvidar que todo en la vida proviene de la bondad de Dios, tanto nuestra fe como los bienes económicos. De aquí surge la convicción de que nuestra fe no puede ser algo de lo que podamos sentirnos soberbios propietarios sino agradecidos servidores, y sí la anterior es la visión sobre aquellos bienes que trascienden, podemos imaginar y hacer extensiva esta aplicación hacia nuestros efímeros bienes materiales.

Pensemos en este tercer momento en los bienes materiales.

3.-     Sobre los bienes materiales, te invito a visualizar la realidad con la mirada de Dios, que quiere que todos gocen del mayor bien posible.

La exhortación no es otra sino para que aprendamos a distinguir entre lo absoluto y lo relativo, entre lo no-sustituible y lo sustituible.

El centro del mensaje es para que tú y yo tengamos una opción más racional en la que el cálculo económico favorezca la trascendencia del hombre; y en donde no olvidemos la sobreabundancia de los bienes auténticos que nos ofrecen la salvación.

El día de hoy se nos invita a una generosidad material para con Aquel que nos ha dado todo en la vida.

4.-     ¿Qué es la caridad? Si nos detenemos en su origen sabemos que es la caridad es un Amor sobrenatural, infundido en nuestro corazón por el Espíritu Santo (cfr. Rom. 5,5). Si consideramos lo terminológico la palabra “caridad” proviene del término: “carus” que significa “algo de gran valor”. Y sabemos que es esta caridad la única virtud que permanecerá hasta que lleguemos al más allá (1Cor 13,8).

La caridad no sólo es la primera de las virtudes, sino que se convierte para nosotros en un orden distinto y superior en la vida. Se trata del orden de lo definitivo, en donde las demás virtudes valen únicamente en cuanto ayudan al incremento de la caridad o están informadas por ella, ya que ésta nos configura en el modo de ser del mismo Dios y nos hace participar de su propia riqueza y felicidad, similarmente a cómo, por el amor a otra persona, hacemos nuestra riqueza, su felicidad o su propio dolor.

Desde una dimensión humana y cristiana, la caridad se relaciona con la virtud de la solidaridad, y esta surge de la exigencia de una madura y plena realización personal. Tal como lo ha reconocido Eric Erikson, sólo existe la adultez en “la persona que tiene cuidado de sí, del otro, del ambiente; en una palabra, la persona solidaria. Todas las otras personas –independientemente de sus años- o permanecen en el estado de adolescencia egoístamente inmaduros o son viejos de espíritu. Sólo la solidaridad es capaz de hacer madurar en la persona la estructura adulta y lograda: la personal, la altruista y la ambiental”.

5.-     Quisiera, no obstante lo anterior, que el día de hoy dirijamos la mirada a la contemplación de la caridad cristiana y para ello, resulta necesario que esbocemos algunos rasgos de su identidad.

En primer lugar, la caridad nos hace amar al prójimo no por sí mismo sino por Dios, tal como lo expresaba San Gregorio Magno: “Más ninguno, por el mero hecho de amar a su prójimo, piense ya tener caridad, sino que primero debe examinar la fuerza misma de su amor. Pues si alguno ama a los demás, pero no los ama por Dios, no tiene caridad, aunque piense que la tiene. Es caridad verdadera cuando se ama al amigo de Dios y al enemigo de Dios”. (Hom 38 sobre los Evangelios)

Y, ¿no es acaso la enseñanza anterior la misma que nos decía san Agustín en su Comentario a la primera Epístola de san Juan? “Hemos de amar a todos, no porque son hermanos, sino para que lo sean; para andar siempre con amor fraterno: hacia el que ya es hermano, y hacia el enemigo para que venga a ser hermano”.

Es la caridad la que se encarga de transformar nuestra vida y el ejercicio de las virtudes en nuestra existencia, tal y como lo enseñaba magistralmente Santo Tomás de Aquino: “Ni el don de lenguas, ni el don de la fe, ni otro alguno, dan la vida, si falta el amor. Por más que a un cadáver se le vista de oro y piedras preciosas, cadáver sigue”. (Sobre la Caridad, 1c). El mismo Santo Tomás de Aquino enfatizará esta misma enseñanza en la Summa Theologica al decir: “La caridad es la forma, el fundamento, la raíz y la madre de todas las demás virtudes”.

Con el anterior pensamiento de Santo Tomás de Aquino ha coincidido San Gregorio Magno al mencionar: “Así como todas las ramas de un árbol reciben su solidez de la raíz, así también las virtudes, siendo muchas, proceden de la caridad. Y no tiene verdor alguno la rama de las buenas obras si no está enraizada en la caridad”.                                             

6.-     Ahora bien, el día de hoy se nos exhorta a manifestar la caridad a través de nuestra solidaridad económica. ¿Qué es la solidaridad? La Solidaridad es la actitud congruente de aquél que, habiendo recibido el beneficio del Dios que ama profundamente, se dispone, en la correspondencia, a ofrecerle al hermano una manifestación del amor.

¿Sabes? Frecuentemente las relaciones entre las personas pasan por la mediación de las relaciones con los objetos, que en los dones y regalos que se dan y se reciben. Y en esta mediación de los bienes se pueden señalar cuatro etapas en la dialéctica de nuestro dar y recibir en un aparente juego de verbos: dar por dar, dar por recibir, recibir por recibir y recibir para dar.

La actitud de “dar por dar” indica sólo en apariencia una disposición generosa y desprendida, ya que, si se da de modo superficial, no existe un verdadero don, sino un pasar a otros objetos que apenas se poseen, a veces cosas superfluas o inútiles de las que, en ocasiones, no se encuentra la forma de cómo desprenderse. Esta actitud adolece además del defecto de cerrarse a recibir dones.

La postura de “dar por recibir” caracteriza la relación de la esfera comercial en la que la amistad no existe o se pone entre paréntesis. Sin embargo, esta actitud también puede darse de modo oculto en algunas relaciones de amor y amistad inmaduros, como un sutil chantaje: “te doy para que me des”, más frecuente de lo que pensamos.

En la disposición de “recibir por recibir” se revela la actitud egoísta del que sólo quiere que se le den dones y regalos y no se abre a la entrega generosa del dar.

Y aquí viene nuestra propuesta: Más allá del espíritu de la compra-venta, más allá de la donación superficial y de la carencia en el dar, está la actitud abierta y generosa del “recibir para dar”.

7.-     El verdadero regalo es algo estrechamente ligado al donante, que pasa a ligar a la persona amada, y de ese modo se vinculan los dos. El regalo está cargado de intenciones y símbolos, de deseos de servicio y disponibilidad, de afecto de comunicación y de comunión. El regalo lleva consigo un mensaje de amor y muerte: el regalo muere para el donante, para sobrevivir en la posesión de la persona amada. El don lleva consigo simultáneamente el dolor que provoca el desprendimiento y la alegría que surge en el dar, ya que, así comprendemos que “hay más alegría en dar que en recibir”, al mismo tiempo que reconocemos que no tenemos nada que no hayamos recibido.

8.-     Nuestra generosidad en nuestra vida cristiana no debe ser otra manifestación sino de la gratitud de aquellos que hemos comprendido que todo en la vida se ha recibido de Dios, y que al recibirse debe agradecerse, y que la mejor forma de agradecerle a Dios, será en el compartir con alegría aquello que ha venido de su bondad con aquellos que lo han dejado todo por bondad, pero sin olvidar que mucho más importante que el obsequio es el afecto que está detrás de un obsequio. 

 

DAR DE LO QUE SE TIENE PARA VIVIR

En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza ha echado todo lo que tenía para vivir”.

1.- Muy querido amigo:

Con que torpeza emitimos nuestros juicios las personas hoy en día. ¿No te has dado cuenta?

En la actualidad, las personas vivimos en un mundo cuantificante, en el cual el uso de las matemáticas se utiliza como si fuese el único criterio valorante. ¿Cómo comprender que hoy en día la cantidad haya pasado a formar parte de nuestra actitud ante la realidad de la vida?

En realidad. ¿Cuál es el origen  de las matemáticas, sino precisamente ese deseo de ubicar al individuo dentro de la multiplicidad del universo y del mundo? ¿Cuál es el origen de la geometría sino exactamente esa relación numérica que se da entre las cosas?

Y así las cantidades las utilizamos para medir el trabajo, el esfuerzo, la fatiga, los logros y también los fracasos. Digamos que las matemáticas son parte de nuestra visión de la vida.

2.-     Y a todos nosotros que nos manejamos en la vida diaria con todos esos criterios tan incomprensibles, pero al mismo tiempo tan arraigados, este domingo, el Señor Jesucristo en su enseñanza nos subraya reiteradamente la importancia que tiene la calidad sobre esa necesidad que tiene el hombre de las cantidades.

Al Señor Jesucristo, le interesa más la calidad que la cantidad. El Señor no se deja impresionar ni por nuestros volúmenes ni por nuestras estadísticas. Al Señor no le impactan ni nuestros largos rezos ni nuestros rostros alargados por el sacrificio.

El pensamiento de Dios no suele ser como nuestro pensamiento.

Dirán ustedes ¿Por qué el cura, ahora, le estará dando tanta importancia a las cosas insignificantes y no a aquello que puede ser realmente significativo en nuestra consideración?

Leer honestamente el texto de la Palabra de Dios de este domingo, y el adentrarnos al Evangelio mismo meditado íntegramente, nos puede dar la respuesta.

3.-     ¿Te acuerdas, cuando los apóstoles le dijeron a Jesús: ¡Señor, aumenta nuestra fe!? El Señor subrayó entonces el valor de una fe tan pequeña como un grano de mostaza pero tan grande como para mover las montañas.

¿No lo has olvidado? Al Señor Jesús le gustó más la pequeña ofrenda de una viuda pobre, que le ofreció un don que humanamente no era tan deslumbrante, pero que con ello le ofreció todo lo que ella tenía para vivir, y prefirió esta aún sobre el abundante y sonante dinero del rico que le da mucho, pero que le ofrece de aquello que le sobra.

El Señor nos ha enseñado sobre la importancia que posee un poco de sal para darle sabor a la vida, así también de un poco de luz que puede iluminar a todos en la habitación, de un poco de aceite adicional, el cual podría significar la verdadera diferencia entre la vida eterna o la condenación perpetua.

Hoy mismo, el Evangelio nos habla de la grandeza potencial de un grano de mostaza y de la significativa diferencia que logra un poco de levadura mezclada con la harina.

Las pequeñas cosas son las que pueden hacer nuestra vida distinta, sobretodo, hacen diferente la auténtica vida cristiana.

El hombre actual se ha olvidado de las pequeñas cosas y, con ello, también se ha olvidado de vivir.

4.-     En estos nuestros tiempos, en que el mundo está cansado, que los jóvenes no le encuentran el sentido a la vida, que muchos de los padres están fatigados, que muchos esposos están turbados o desorientados. Nos hace falta un poco de sal para darle sentido a la existencia, nos falta un poco de luz para recorrer nuestro camino, nos hace falta un poco de fe para que transforme el mundo entero, y, sobre todo, nuestro mundo.

¿No te has dado cuenta cómo unas pocas notas embellecen una melodía? ¿No te has fijado cómo unas pocas palabras manifiestan el sentimiento más sublime? ¿No has visto cómo un poco de agua sacia al sediento y un poco de pan sacia al hambriento? ¿Quisieras ignorar que un poco de tiempo para escuchar a alguien, permite que la persona descanse en su corazón? ¿No has observado cómo unas pocas semillas consiguen una cosecha para alimentar a un pueblo? ¿Quieres negar que un poco de levadura fermenta toda la masa?

5.-     Son esas pequeñas cosas las que olvidan los esposos.

¡Qué diferentes son las cosas con el paso del tiempo!

Cuando se vivía el noviazgo, ellos hablaban largo y tendido por teléfono, a toda hora. La cuenta del teléfono subía exageradamente. Las visitas a la casa de la enamorada se prolongaban hasta desesperar a los familiares. Eran tantos los temas que se podían abordar, parecía que podían componer el mundo, solamente entre ellos dos.

Ahora, nos resulta triste el constatar que las conversaciones han desaparecido en muchos de los casos; en otros casos se limitan a monosílabos; y en la peor de las situaciones se ha cambiado el diálogo por los gritos y las ofensas con el lenguaje hiriente.

En relación a las pequeñas cosas, la etapa del noviazgo tenía como su característica la delicadeza. Cada uno de los enamorados se esforzaba por ganarle al otro en la creatividad; era una competencia romántica, una especie de olimpiadas del corazón. Los regalitos el día del cumpleaños, en los aniversarios y en otras muchas fechas vistas siempre como especiales, ¡era imposible que se pudieran olvidar! Siempre había en el léxico de los enamorados nuevos piropos por agregarle a los diccionarios y por sugerirles a los miembros de la Real Academia de la Lengua Española. Eran cosas, quizá simples, como una invitación a tomarse un refresco o a comerse un helado..., pero, ¡todo parecía un poema!

¡Lástima que estas cosas tan pequeñas y bellas se reserven sólo para el tiempo del noviazgo! Son cosas muy sencillas, es cierto; pero que manifiestan lo que hay en el corazón, que patentizan en la vida diaria que en el corazón existe una llama que está ardiendo. Cuando se descuidan estas cosas se vive en la fatalidad. El no valorar las pequeñas cosas va minando la vida de muchos matrimonios.

6.-     Cosas como lo anterior nos las recordaba el poeta Ovidio cuando escribía sobre esa gota de agua que horada la roca, no por su fuerza o por su volumen, sino por su persistencia.

En nuestra cultura, existen cientos de historias que resaltan la importancia de las pequeñas cosas: esa puerta cerrada que impide que se ingrese a una casa, ese documento sin firmar que no permite alcanzar el negocio de la vida. Se cuenta que el mismo Thomas Alva Edison perdió una patente por un decimal mal colocado. ¿Quién no leyó en la primaria aquella narración sobre la batalla que se perdió por la falta de un clavo en la herradura de aquel caballo?

Aquellos que colindan con mis pocos años: ¿A poco nunca se pusieron sentimentales al escuchar aquella bella canción de Roberto Carlos titulada: Detalles? ¿Quién de ustedes siendo mi contemporáneo no se acuerda de la certeza literaria de aquella canción de Juan Manuel Serrat titulada: “Aquellas pequeñas cosas”?

7.-     Así es también, en nuestra aspiración y búsqueda de la vida eterna, no podemos desatender nada en absoluto. Todo es importante.

¡Date cuenta!  Para un cirujano no hay pequeñas cosas: el menor de los errores es cuestión de vida o de muerte. Para un abogado no existen las pequeñas cosas: la más mínima o vaga confusión le puede costar la libertad a su cliente. Para un arquitecto o un ingeniero no existen las pequeñeces: un error de cálculo o de diseño puede ser fatal.

Lo anterior puede hacerte comprender entonces que, para un clérigo no puede haber pequeños problemas: ¡Discúlpame!, pero cuando se trata de la salvación de los hombres, no existen cosas que sean pequeñas.

En la vida ordinaria, ¡Sé cuidadoso con las pequeñas cosas! Decía Demóstenes que “los grandes sucesos dependen de los incidentes pequeños”.

Son las pequeñas cosas las que hemos olvidado los hijos, quienes somos muy buenos para exigir, pero no somos capaces de colaborar. Buenos para exigir los “derechos” y pésimos para corresponder en nuestros deberes.

8.-     Las pequeñas cosas nos ayudan o nos destruyen. La polilla es tan diminuta pero en una noche puede consumir una enciclopedia.

Son las pequeñas cosas las que hacen felices o desdichadas a las personas. Las más grandes cualidades nacen siendo pequeñas cosas y los más grandes vicios así empiezan también, con esas “cosillas insignificantes” que desatendemos. Una gran construcción se inicia con pequeños bloques y un gran incendio se inicia con una pequeña chispa.

El arte de la vida consiste en ésa nuestra capacidad para no desatender ni lo pequeño ni lo grande. Pero, para ello hay que pedirle a Dios su sabiduría: Resulta extraño ver cuántos matrimonios no comprenden que, cediendo uno en las cosas pequeñas y ordinarias, uno podrá triunfar en las verdaderamente grandes y extraordinarias.

9.-     ¡Compréndelo! Todo lo que hagamos tendrá su trascendencia en nosotros, o en los demás. Y no podemos seguir viviendo como si las cosas no tuvieran ninguna importancia.

Cuando lleguemos a comprender que las grandes consecuencias provienen de las cosas insignificantes, tendremos la claridad suficiente para llegar a pensar que no hay cosas pequeñas.

Es necesario que los cristianos sepamos estar en nuestro lugar y afirmar nuestras convicciones, comprendiendo que si la superficialidad y la frivolidad han producido todo el daño que han producido, también la firmeza y la solidez de nuestras convicciones son el principio actual de redención tanto para la sociedad, así como para el individuo.

Seamos firmes en la sabiduría de Dios y comprendamos que Dios bendice al hombre que sabe la trascendencia de sus palabras, de sus juicios, de sus decisiones y de su conducta. Dios bendice al hombre que sabe de la trascendencia de las pequeñas cosas.

 

 

LAS COSAS PEQUEÑAS.

En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza ha echado todo lo que tenía para vivir”.

Hay un refrán español que dice: “Aquellos polvos que trajeron estos lodos”.

Hoy es urgente el subrayar la importancia de la calidad sobre esa necesidad que tiene el hombre de la cantidad.

El hombre actual ha olvidado las pequeñas cosas y, con ello, también se está olvidado de vivir.

El Señor nos habla de unas pocas monedas consideradas como la ofrenda más grande. ¿No te has dado cuenta cómo unas pocas notas embellecen una melodía? ¿Cómo unas pocas palabras manifiestan el sentimiento más sublime? ¿Cómo un poco de agua sacia al sediento? ¿Cómo un poco de tiempo para escuchar permite que la persona descanse en su corazón? ¿Cómo unas pocas semillas consiguen una cosecha para alimentar a un pueblo? ¿Cómo un poco de levadura fermenta toda la masa?

Escribía el poeta Ovidio que una gota de agua es capaz de horadar la roca, no por su fuerza o por su volumen, sino por su persistencia.

En nuestra cultura, existen cientos de historias que resaltan la importancia de las pequeñas cosas: esa puerta cerrada que impide que se ingrese a una casa, el documento sin firmar que no permite alcanzar el negocio de la vida, cuentan que Edison perdió una patente por un decimal mal colocado. ¿Quién no leyó aquella narración que habla sobre la batalla perdida por la falta de un clavo en la herradura de un caballo?

En la vida todo es importante.

¡Date cuenta! Para un cirujano no hay pequeñas cosas: el menor error es cuestión de vida o de muerte. Para un abogado no existen pequeñas cosas: la más vaga confusión le puede costar la libertad a su cliente. Para un ingeniero no existen pequeñeces: un error de cálculo puede ser fatal en una construcción.

En la vida ordinaria, ¡Sé cuidadoso con las pequeñas cosas!

Decía Demóstenes     que “los grandes sucesos dependen de los incidentes pequeños”.

Las pequeñas cosas nos ayudan o nos destruyen. La polilla es tan diminuta pero en una noche puede consumir una enciclopedia.

Son las pequeñas cosas las que hacen felices o desdichadas a las personas. Las más grandes cualidades nacen siendo pequeñas cosas y los más grandes vicios así empiezan también, con esas “cosillas” que desatendemos. Una gran construcción se inicia con pequeños bloques y un gran incendio se inicia con una pequeña chispa.

El arte de la vida consiste en la capacidad para no desatender ni lo pequeño ni lo grande. Resulta extraño ver cuántos matrimonios no han comprendido que, cediendo uno en las cosas pequeñas, uno podrá triunfar en las grandes.

¡Compréndelo! Todo lo que hagamos tendrá su trascendencia en nosotros, o en los demás. Y no podemos seguir viviendo como si las cosas no tuvieran importancia.

Cuando lleguemos a comprender que las grandes consecuencias provienen de las cosas insignificantes, tendremos la claridad suficiente para llegar a comprender la importancia de las cosas pequeñas.


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