Domingo 27 de Septiembre de 2009_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

ENFERMO, PROCÚRATE A TI MISMO

En aquel tiempo, Juan le dijo a Jesús: “Hemos visto a uno que expulsaba a los demonios en tu nombre, y como no es de los nuestros se lo prohibimos”. Pero Jesús le respondió: “No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí. Todo aquel que no está contra nosotros, está a nuestro favor.

Todo aquel que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no quedará sin recompensa.

Al que sea ocasión de pecado para esta gente sencilla que cree en mí, más le valdría que le pusieran al cuello una de esas enormes piedras de molino y lo arrojaran al mar.

Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela; pues más te vale entrar manco en la vida eterna, que ir con tus dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo; pues más te vale entrar cojo en la vida eterna, que con tus dos pies ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo; pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al lugar de castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga”.

 

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1.-    Muy queridos amigos:

La Palabra de Dios, nos invita el día de hoy inequívocamente a cultivar dos actitudes transformadas en virtudes: en primer lugar, a fomentar una apertura  en el espíritu humano y, en segundo lugar y como consecuencia, a que lleguemos a comprender que las diferentes manifestaciones de nuestra mentalidad sectaria suelen ser verdaderos pecados contra el Espíritu Santo.

Se trata de una enseñanza que, hoy mejor que nunca, se encuentra “ad hoc”, es decir adecuada, con el tiempo y con nuestra vivencia eclesial. Hoy Dios nos hace extensiva una invitación para que vivamos la apertura en el respeto y en la tolerancia.

Serán, precisamente, la tolerancia y la apertura hacia los demás, aquellas actitudes que nos pueden liberar de un sectarismo tantas veces mezquino e introvertido, muy contrario a la forma de vida que nos enseña el Señor Jesús.

Aún y cuando el verbo tolerar en sentido estricto signifique soportar, tenemos que considerar que la tolerancia no puede ser una actitud de indulgencia hacia alguien, sino que, en sí misma, la tolerancia es un valor moral auténtico.

2.-     Dios nos ha permitido nacer, crecer y morir en este mundo de la pluralidad y la diversidad. En este contexto, podemos saber que la tolerancia solamente podrá surgir desde el gozo que se genera por la comprensión de la diversidad, y desde la actitud esforzada que tengamos cada uno de los hombres hacia aquellos, en quienes independientemente del grupo al que pertenecen, debemos ver el rostro del hermano, como lo sugiere el mismo término.

3.-     Es obvio que el Evangelio de este domingo debe conducirnos para que nuestra reflexión gire en torno a la tolerancia en el tema religioso. Es en este horizonte, en donde tengo que enfatizar que en la búsqueda por comprender el verdadero significado de la tolerancia tenemos que evitar tres errores.

En primer lugar, tenemos que asimilar que la tolerancia jamás puede ser equiparada al relativismo, entendiendo esto, si bien como la negación de una verdad absoluta, también como el desinterés culposo de aquellos que consideran tan buena una postura como la otra, una opinión como la otra, una religión como la otra, seguir a Jesús o tener otra vivencia religiosa... sin que ofrezcan un esfuerzo personal en el discernimiento de la verdad y con la capacidad y los argumentos para establecer un diálogo respetuoso y maduro. La tolerancia no se puede confundir con un “todo se vale”, porque esto más temprano que tarde se convierte en un nihilismo, en el vacío de la nada, que nada sostiene y que a nadie inspira. La tolerancia jamás podrá ser equiparada con la ausencia de convicciones firmes en una persona.

En segundo lugar, no debemos confundir la tolerancia con la indiferencia, ya que nadie necesita tolerar lo que es ambiguo o lo que pueda ser considerado  indistinto y hasta trivial, ya que esta postura es la de aquellos que no les importa en el fondo la realidad. Si bien la actitud de la tolerancia es virtuosa, la indiferencia entendida como una indeterminación y como la ausencia de los compromisos, suele ser pecaminosa para aquellos que nos llamamos y somos cristianos.

Así mismo, tenemos que evitar una tercera confusión y error: identificar la tolerancia con el irenismo, que ¿qué es irenismo?... se trata de una paz simulada, ya que esto radica en un simple no contradecir a nadie en aras de la universalidad y en el disimular, el disminuir y el maquillar las propias convicciones o bien, mantenerlas en un secreto sepulcral. Lo importante en el irenista es el no complicarse la vida.

4.-     Muy en contra de los resultados del relativismo, la indiferencia y el irenismo, la finalidad de esta virtud llamada tolerancia será siempre la adquisición de la verdad en sí misma, entendiendo que el mejor modo para acceder a la verdad será siempre mediante el diálogo franco pero respetuoso, y que lo único que la tolerancia excluye en su práctica o adquisición es el imponer la verdad por la fuerza, y esto no se refiere tan sólo a la violencia física de la que muchos, principalmente hermanos separados, disfrutan de acusar a la Iglesia católica por algunos episodios hasta cierto punto reales aunque no exclusivamente católicos de la historia universal. “La verdad no se impone por la fuerza”, debe de ser entendido y extendido también como una violencia psíquica de la cual muchos de los hermanos separados y de las sectas, como si fueran expertos, hacen uso para obtener adeptos, ya que lejos de evangelizar realizan un proselitismo descristianizado.

Evangelizar es anunciar la buena nueva con gozo, hacer proselitismo es persuadir mediante el miedo, la acusación, la desacreditación, el manipuleo de la conciencia: “Sí no te vienes con nosotros te vas a condenar”, “si éres católico estarás en el infierno por toda la eternidad”, “solo nosotros somos santos todos los demás son pecadores”, “si te vienes con nosotros serás de los salvos”... Esto es precisamente tratar de imponer tus verdades mediante la violencia psicológica, para amedrentar y chantajear. Y es que cuando las razones que se exponen no son suficientemente fuertes como para que sean válidas y convincentes, solemos utilizar el recurso de la manipulación. En el momento en que mis razones no te son suficientes, te manejo los sentimientos. ¡Y esto no es cristiano!

5.-     Expresa la Declaración Conciliar sobre la Libertad Religiosa en el Concilio Vaticano II, una frase que hemos convertido en una de las llaves que abren la puerta de este programa, en su número 1: “La verdad no se impone de otra manera que por la fuerza de la misma verdad”.

Sin embargo, los hombres de todas las religiones y confesiones, hemos ido creando el grupo de los “excluidos”, creándoles espacios reservados. Solemos confinar a los perturbadores, a los distintos, y les reducimos a unos ghetos  discriminatorios.

Y es aquí en donde la enseñanza del Señor cambia inteligentemente de giro: Para todos aquellos que pensamos que la pureza de los seguidores de Cristo, se puede conseguir extirpando de su Cuerpo a aquellos que no son totalmente idénticos a nosotros, el Señor nos invita para que no cortemos de su Cuerpo Místico lo que pudiera parecer ajeno y distinto a nosotros, sino que, miremos hacia el espejo de nuestra propia vida, y que más bien detectemos, con toda sinceridad y detenimiento, en nuestro cuerpo personal todos aquellos miembros que en nuestro propio interior provocan enfermedad y muerte, y que, a final de cuentas, nos van alejando de Cristo.

6.-     ¡Qué fácilmente nos escandaliza el que aquellos que son distintos a nosotros puedan coexistir en nuestro propio tiempo y espacio, y hasta en nuestra misma Iglesia! ¡Qué triste que no nos provoque escándalo el que al llegar las noches de nuestros días durmamos tan plácidamente acompañados de nuestras mismas actitudes que van provocando nuestra propia condenación! Antes de que intentemos purificar al mundo, purifiquémonos nosotros mismos.

El Evangelio nos habla de erradicar de nuestra vida aquello que es detonante de escándalo.

7.-     Pero, ¿qué es el escándalo?... Escandalizar no es el sólo llamar la atención por un acto más o menos atrevido, sino que un escándalo es todo aquello que produce y que nos lleva a hacer el mal, lo que nos provoca e invita a realizar la maldad.

De acuerdo a la enseñanza evangélica, es preferible renunciar a todo aquello que pudiera ser muy atractivo a nuestros afectos, renunciar incluso a lo que más queremos, a ese nuestro cuerpo tan idolatrado en la actualidad, a nuestro propio yo,... es preferible renunciar a ello antes de que provoquemos el mal en los demás.

Escándalo es todo aquello que es perverso, inmoral, maligno, lo que degrada, cuando se introduce el mal. Escandalizar es aprovecharse, mentir sin que se note, aparentar una bondad maquillada en donde tenemos una intención mezquina por conseguir nuestros deseos y dar rienda suelta a los más bajos impulsos. Escandalizar es también el juzgar y el rechazar a todos aquellos que no son como nosotros, porque, simple y sencillamente su gran pecado ha sido y será el de no ser como nosotros, o como tú y yo pensamos que deberían de ser y actuar.

Nuestro pecado es lo realmente escandaloso en la vida. Nosotros no entendemos un lenguaje que nos pide extirpar el órgano afectado, porque  tú y yo batallamos para darnos cuenta de que los primeros afectados por el pecado somos nosotros mismos, y que los primeros beneficiados con una cirugía en ese órgano enfermo seríamos nosotros mismos. ¡Y tú bien sabes que no se trata de algo biológico!, que al final de cuentas sería todavía más fácil.

9.-     El pecado es el no responder al proyecto de Dios sobre nosotros mismos, y que consiste en ser hijo y ser hermano. A corta y  larga distancia el pecado será un auto-frustrarnos. Es por ello, que esto es lo que realmente debemos extirpar de nuestra vida.

Maslow en su libro del “Hombre autorrelizado”, llega a afirmar que “cada desviación de nuestra naturaleza, cada atentado contra nuestra propia naturaleza individual, cada acto malo se agrava en nuestro inconsciente y hace que nos degrademos, que nos depreciemos a nosotros mismos. Después de cada acto de maldad existe una distinta valoración de nuestra persona, que suele dirigirse hacia la devaluación”.

El pecado se convierte en nuestro verdadero castigo. Diría el libro de los Números: “el pecado cae sobre el que lo hace” (Num 32,23).  O por decirlo de forma popular: “La piedra que se avienta desde la tierra al cielo no llegará nunca al cielo, sino que volverá a caer sobre la tierra.”

10.-   Lo difícil para vivir es hacer el bien. Sin confundir la tolerancia con el relativismo, la indiferencia y el irenismo, tenemos que aprender que la solución cristiana está en la generosidad, en la rectitud, en el desapego de las cosas, en ése aprender a dar un vaso de agua por amor a Cristo, aún cuando ellos sean distinto a nosotros, y es que en ellos hemos aprendido a ver el rostro de Cristo.

 

LA PERDIDA DEL SENTIDO DE PECADO.

Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela; pues más te vale entrar manco en la vida eterna, que ir con tus dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo; pues más te vale entrar cojo en la vida eterna, que con tus dos pies ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo; pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al lugar de castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga”.

1.-     Muy queridos amigos:

En este primer domingo en el que el Evangelio nos persuade a evitar todo aquello que puede ser ocasión de escándalo para la gente sencilla, tendríamos que revisar exhaustivamente tantas y tan variadas realidades, situaciones y actitudes que provocan escándalo en nuestro tiempo.

Como cristiano y como sacerdote, yo creo en el concepto y en la realidad objetiva del pecado. Estoy convencido de que el pecado no puede ser una realidad ambigua, al mismo tiempo que creo que muchas actitudes del hombre son manifestación de esa pretensión humana expresada en su voluntad de eregirse en “ser como dios” al igual que nuestros primeros padres, cuando ha querido acceder al árbol de la ciencia del bien y del mal por esfuerzo propio, cuando ha querido llamar bien a lo que es malo, llamar malo a lo que es bueno, llamar agrio a lo que es dulce y dulce a lo que es agrío, le pretende llamar frío a lo que es caliente y caliente a lo frío. Se trata de un pecado real y objetivo.

2.-     No obstante, aún con lo real y objetivo, y más aún con lo padecible que resulte el pecado, parece que hoy en día el término y el concepto “pecado” ha desaparecido de nuestro diccionario cotidiano y de nuestra estructura mental.

Tengo que ser honesto, y aún sin contradirme, debo decir que mucho se ha hablado recientemente sobre el pecado, sobre el crimen, y sobre lo que es catalogado como la vieja y llana conducta antisocial. Lo extraño es esa forma defectuosa en que se habla de estas conductas. Al parecer ya no se utiliza la palabra “malo”, o peor aún parece haber desaparecido de nuestro vocabulario. El concepto pecado nos parece molesto, ya que tiene a juicio nuestro un matiz represivo y anticuado. Y es así, como nos hemos encargado de ir creando en nuestro glosario toda una amplia gama de alternativas para así hablar sobre lo que es bueno y sobre lo malo.

3.-     Algunos le solemos llamar a aquello que hacemos mal: una “tontera”. Así le llamamos a algo reprensible que haya hecho alguien de nuestra familia o de nuestros amigos, o posiblemente nosotros mismos. Lo malo es tonto; pasmosamente tonto y, por ende, insondable; por ello, convenencieramente, nos abstenemos de todo esfuerzo por comprenderlo.

El muchacho cometió una tontería, sólo que esa “tontería” tiene nueve meses de gestación y no se le puede privar de la posibilidad de existir. El niño cometió una tontería sólo que esa tontería se llama manejar alcoholizado a las 4 de la mañana y la vida de las dos personas que iban en el otro coche ya nadie se las regresa.

4.-     A otros se nos ocurre llamarle al pecado “una ocurrencia”. Así le llamamos también a las acciones emitidas por nosotros mismos o por nuestros seres queridos, que en otras circunstancias en las que hubiésemos sido los afectados, nos hubiéramos llenado de ira, y hubiésemos pedido la pena capital contra los demás.

–El niño estaba jugando- responde la mamá, cuando discute después de que su pequeño ha tenido la ocurrencia de darle un golpe a otro niño con algún juguete. La ocurrencia se llama rallar con un objeto metálico el carro del vecino que esta estacionado. Y el día de mañana cuando el joven siga siendo niño y cuando tenga otro tipo de juguetes, seguirá jugando y sus ocurrencias tendrán otro tipo de consecuencias.

5.-     Algunos le llamamos “enfermedad” a lo pecaminoso. Hoy se califican los delitos como trastornos físicos y/o psicológicos. Nuestro tiempo es el de la suposición que una persona actúa impulsada por un cuadro patológico, y no por una elección moral, y ésto es explotado en muchas circunstancias por los abogados y también por nosotros mismos para exonerar de todo tipo de actos delictivos. Ya nadie es pecador ni hay delincuentes, solamente hay enfermos.

En esta propuesta Judás Iscariote, César Nerón, Adolfo Hitler, Idi Amín, Aarón Kosminski llamado Jack el destripador, Charles Manson... no son más que personas dignas de toda nuestra condolencia y conmiseración, Y en esa exoneración de responsabilidades tenemos en realidad la peor de nuestras enfermedades.

6.-     Finalmente, hay quienes van diluyendo sus actos de maldad acusando a las “circunstancias” que los hacen inevitables. Alguna vez habías escuchado que: “la persona murió porque estaba en el lugar inadecuado y en el momento inadecuado”.De esta manera, algo que es verdaderamente grave siempre encuentra esas circunstancias atenuantes para convertirse en la acción más normal, o por lo menos comprensible.

Y es que la persona murió cuando se iba a trabajar a las 5 de la mañana para traer alimento a su familia, y no porque estuviera en un lugar inadecuado o en un tiempo inadecuado como lo son nuestras calles y nuestros días, sino que lo inadecuado es el espectro de violencia de aquellos que quieren ser dueños de nuestras calles en el crimen organizado o en la desorganización social de quienes los fines de semana los han alargado hasta dejar tres días laborales y tomar cuatro días, o mejor dicho noches, para alcoholizarse.

Mientras que algunos con irresponsabilidad dicen tu única culpa es la de que simplemente has estado en el lugar inadecuado, a la hora inadecuada, con las personas inadecuadas, del modo inadecuado,... otros se vuelven hasta fatalistas y deterministas diciendo que hiciste tal cosa porque las coordenadas de los planetas no te favorecieron, que la ascendencia de los astros, que tu signo zodiacal, que las energías del universo se confabularon contra tu persona y que las malas vibras de todas las generaciones recayeron sobre tu pobre humanidad.

7.-     Oye,... ¿Y si para este mundo ya no existe el pecado? Eso de,... ¿cortarse la mano, el pie, sacarse el ojo? ¡Qué exagerado! Las cosas no son en realidad para tanto.

¡Créanmelo! Cada vez que escucho esos argumentos morales que giran alrededor de nosotros en estos días, me voy convenciendo cada vez más de que nuestro verdadero problema es éste: “la voz” de la conciencia se ha vuelto demasiado tenue... y demasiado sigilosa, quizá la hemos hecho enmudecer. Los hombres ya no escuchamos a Dios, ni mediante la meditación de su Palabra ni mediante la oración sincera. Más aún rehuímos el momento de estar sólos o la ocasión de la introspección. Hoy, ya no nos importa escuchar la voz de Dios antes que la de los hombres.

Y todo ese dolor que contemplas a tu alrededor, no es más que la más clara manifestación de nuestra incapacidad de discernimiento sobre aquello que en nuestras conductas podría ser nefastamente destructor del hermano y claramente un escándalo para nuestra gente más sencilla.

8.-     Pero,... ¿qué es escandaloso en nuestro tiempo? Pues la verdad, es que parece que ya nada de lo que nos debiera escandalizar nos escandaliza y, en cambio, otras cosas que si bien son serias pero no son graves se convierten en nuestros detonantes de escándalo.

Hoy, quisiera detenerme un poco para discernir sobre ese tipo de lentes que vamos descansando sobre nuestro tabique nasal, con los que vamos interpretando como escandalosas cosas muy distintas los que estamos en el campo religioso y aquellos que la totalidad de su vida se mueve sólo en el campo civil.

Lo distingo porque considero que hoy en día resaltamos algunos tipos de pecado las instancias religiosas pero vamos olvidándonos de otras muy reales, mientras que las instancias civiles resaltan algún tipo de escándalos olvidando otras áreas que son igualmente escándalosas.

9.-     En lo religioso la palabra escándalo suele ir estrechamente unida al sexo, a lo relacionado con la pureza corporal y con la defensa de lo institucional. Esto, objetivamente no es malo porque existen el sexto y el noveno mandamiento, lo negativo es aquellos mandamientos que suprimimos o que deblitamos.

Hemos formado las conciencias, para que alguien detecte un pecado en un mal pensamiento, pero esa persona no considera que sea un pecado el maltrato de sus trabajadores, la no retribución de un servicio en un hombre sencillo o el pago injusto al personal doméstico. A veces hasta hay error en las percepciones, para muchas personas era un escándalo cuando en su pueblo había fiestas con bailes, pero no lo era la crítica destructiva ni la difamación emprendida contra él o la inocente.

10.-   En el campo de lo civil también se abarcan algunos aspectos de la sexualidad como escándalosos, pero esto principalmente desde el punto de vista de las relaciones.

Todavía en muchos países se penalizan los 'escándalos públicos' provocados más que por la acción de haber jurado en vano con la constitución en la mano, y en otros lugares los escándalos generalmente van referidos a aquello que molesta a los demás: cuando se enseña sin pudor o se provoca con gestos indecentes.

No suele ser un delito el tomar, el delito es por tener la radiola a todo volúmen, el gritar y el echar balazos al aire, el exhibirse. Todo ello es considerado como una falta al reglamento de policía y de buen gobierno. Esto es considerado como una conducta escándalosa. En cambio no es escandaloso el que una persona esté abriendo centros de vicio en cada esquina de nuestras colonias.

11.-   Lo religioso enfoca un área de la vida para hablar de escándalo, lo civil enfoca otras áreas de la vida para hablar de escándalo, el Evangelio desborda éstas dos concepciones al hablar del Escándalo que daña siempre al hombre.

Sucede que en nuestro tiempo nadie se escandaliza por la injusticia, por los fraudes, por la hipocresía, por los sobornos, por la corrupción, por la falta de honradez profesional, por la malversación de fondos, por los partidos políticos que despilfarran el dinero para “defender a los más pobres”, por los políticos que obedecen a sus partidos y no a la ciudadanía, por las injusticias cometidas por los supuestos senadores y diputados que evaden la ley amparados en un fuero o que simplemente no cumplen con su labor en las cámaras, por el tráfico de mercancías robadas, por la proliferación de antros de vicio, por los abusos de los que detentan o detentamos el poder, por los espectáculos de los mercaderes del morbo que se persignan y que obtienen jugosas ganancias para atraer a los mercenarios de su propia desnudez. Mucho de esto dejó de ser escandaloso y ha pasado al limbo de la 'pseudonormalidad'.

12.-   La justicia no nos prohíbe que el hombre de negocios engañe a sus clientes, que alguien invente necesidades falsas valiéndose de una publicidad exagerada, no se prohíbe la producción de mercancías que se deterioran al primer uso que se hace de ellas, no se restringue la elaboración de medicamentos que no curan, ni se acusa a aquellos que ofrecen educación que no enseña, hoy no se prohíbe pagar de menos al empleado y aumentar el precio de las cosas a los clientes. El día de hoy el patrón aparece como un benefactor por no referir a Hacienda los salarios reales de sus empleados, engañándolos a ellos al decirles que es para que no paguen impuestos y no les menciona que al maquillar los salarios como si fueran menores las utilidades de sus empleados serán también menores, sus puntos para las prestaciones sociales serán ínfimos y que cuando un día venga la jubilación el monto será mucho inferior a lo que debería ser. Y todavía el empleado le agradece y le besa la mano al patrón y al líder sindical, porque son benefactores: ellos le dicen a Hacienda que me pagan $80 pesos y me está pagando $200. “que bueno es mi patrón”. ¡Y todo esto no nos provoca escándalo! Hoy las “outsoursins” se encargan de evitar a las empresas cualquier posible obligación laboral.

Escándalo no es llamar la atención en la vía pública, sino el daño que provocamos en los demás con nuestras acciones. Escándalo es todo aquello que es perverso, inmoral, maligno, aquello que degrada, cuando se introduce el mal. Escandalizar es aprovecharse, mentir sin que se note, aparentar bondad desde una intención por conseguir mis pretensiones.

 

TEMPLANZA, JUSTICIA Y SOLIDARIDAD.

Todo aquel que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no quedarán sin recompensa.

1.-     Muy queridos amigos:

En referencia a la relación que se establece entre las personas y nuestros bienes materiales, tenemos que subrayar la práctica cristiana de las siguientes 3 virtudes: La Templanza, la Justicia y la Solidaridad.

2.-     Los bienes materiales nos exigen en primer lugar la TEMPLANZA, es decir la moderación, para así equilibrar nuestro apego hacia los bienes de este mundo. La templanza nos ayuda a vencer nuestras actitudes codiciosas.

Existe una historia antigua acerca de la codicia sobre Midas el rey de Frigia, en el siglo VIII a. C., la actual Turquía. Su hija se llamaba Caléndula. Baco le concedió a Midas el poder de convertir en oro todo lo que tocara. Nathaniel Hawthorne en "El libro maravilloso" hace la siguiente adaptación:

"Erase un rey muy rico cuyo nombre era Midas. Tenía más oro que nadie en el mundo, pero a pesar de eso no le parecía suficiente. Tenía una hija llamada Caléndula, la amaba y decía:

-Será la princesa más rica de todo el mundo.

Pero Caléndula amaba su jardín, sus flores y el brillo del sol y se sentía sola ya que su padre sólo pensaba en la manera de conseguir más oro.

En una ocasión en que Midas contaba el oro almacenado y escuchaba la suave música del tintineo de la monedas, se le apareció un hombre sonriente con un atuendo blanco y le dijo: "Tienes mucho oro, Rey Midas"

El rey Midas sobresaltado le dijo:

"Sí, pero es muy poco comparado con todo el oro que hay en el mundo."

"¿Qué? ¿No estás satisfecho? - preguntó el desconocido.

-¿Satisfecho?  -exclamó el rey-. Claro que no. Paso muchas noches en vela planeando nuevos modos de obtener más oro. Ojalá todo lo que tocara se transformara en oro.

-¿En verdad deseas eso, rey Midas?

-Claro que sí. Nada me haría más felíz.

-Entonces se cumplirá tu deseo. Mañana por la mañana, cuando los primeros rayos del sol entren por tu ventana, tendrás el toque de oro.

-Debo haber soñado- se dijo-. pero que felíz sería si esto fuera cierto.

A la mañana siguiente se despertó cuando las primeras luces aclararon el cielo. Extendió la mano y tocó las mantas. Nada sucediò.

-Sabía que no era cierto - suspiró. En ese momento los primeros rayos de sol entraron por la ventana. Las mantas donde el rey apoyaba la mano se convirtieron en oro puro- ¡Es verdad! - exclamó alegre- ¡Es verdad!

Se levantó y corrió por la habitación tocando todo. Su bata, sus pantunflas, los muebles, todo se convirtió en oro. Miró por la ventana, hacia el jardín de Caléndula.

-Le daré una grata sorpresa - Bajó al jardín, tocando todas las flores de Caléndula y transformándolas en oro-. Ella estará muy complacida- se dijo.

Regresó a su habitación para esperar el desayuno, y recogió el libro que leía la noche anterior, pero en cuanto lo tocó se convirtió en oro macizo.

-Ahora no puedo leer - dijo-, pero,... es mucho mejor que sea de oro.

Un criado entró con el desayuno del rey.

-Qué bien luce – le dijo al rey-. Ante todo quiero ese melocotón rojo y maduro. Tomó el melocotón con la mano, pero antes que pudiera saborearlo se había convertido en una pepita de oro.

-Es muy bello, pero no puedo comerlo - dijo. Levantó un panecillo, pero también se convirtió en oro - ¿Qué haré? Tengo hambre y sed, y no puedo beber ni comer oro.

En ese momento se abrió la puerta y entró la pequeña Caléndula. Sollozaba amargamente, y traía en la mano una de las rosas.

-¿Qué sucede, hijita? - preguntó el rey.

-¡Oh, padre! ¡Mira lo que ha pasado con mis rosas! ¡Están feas y rígidas!

-Pues son rosas de oro, niña ¿No te parecen más bellas que antes?

-No -gimió la niña-, no tienen ese dulce aroma. No crecerán más. Me gustan las rosas vivas.

-No importa - dijo el rey-, ahora come tu desayuno.

Pero Caléndula notó que su padre no comía y estaba muy triste.

¿Que sucede? El rey entonces le abrazó y la niña se convirtió en estatua de oro, y el rey lloró amargamente.

¿Eres felíz Midas?, apareció el mago, ¿Còmo voy a ser felíz? -Tienes el toque de oro- ¿Que prefieres comida y un vaso de agua o esa pepitas de oro? ¿Qué prefieres esa estatuia de oro o una niña vivaracha y cariñosa.

Devuélveme a mi hija, te daré todo el oro que tengo, he perdido lo más valioso? "Midas, Eres más sabio que ayer", zambúllete en el río que pasa al pie de tu jardín y luego recoge agua y arrójala sobre lo que quieras que regrese a su normalidad.

El Rey así lo hizo, rocío todo lo que había transformado y las cosas regresaron a interpretar la suave melodía de la normalidad.

3.-     Muy queridos amigos:

Dios ha colocado al hombre como el lugarteniente de la creación y no como un esclavo de las cosas materiales. Y es en esta función en donde tendremos que luchar contra nuestra propia codicia, y que no es otra cosa que nuestros deseos desmedidos en relación a los bienes. Querer comer es algo natural pero el codicioso quiere hartarse hasta el vómito, querer beber es algo natural pero el codicioso quiere almacenar el agua para un mañana en donde lo único que provoca es que el agua se pudra y con ello se pierda. Querer vestirse es algo natural y lícito, pero el codicioso quiere tener toda la ropa del mundo y que el otro no tenga algo en absoluto.

Pidamos a Dios templanza hacia los bienes materiales y que el día de hoy nos conceda claridad en nuestros juicios. ¿Sabes? Decía aquel refrán de la antigüedad: “Si todos tus órganos están sanos, ni todas las riquezas de un rey podrían aumentar tu felicidad.” Y tú, ¿qué piensas sobre esto?

4.-     La segunda virtud que tenemos que vivir en relación a los bienes materiales es la de la JUSTICIA, y esto para preservar los derechos del prójimo, para no despojarle de lo que le pertenece, y para retribuirle lo que le es debido.

En esto todos tenemos que revisarnos, puesto que debemos entender como un robo el apropiarnos de aquello que no es nuestro, que sabemos a quien le pertenece y que no hemos comprado, o que no se nos ha obsequiado.

Conforme a lo anterior, es robo el no regresar cosas que hemos pedido prestadas, es robo el no retribuirle al albañil el trabajo que hizo en nuestra casa, es robo cuando el albañil se lleva material de las obras que está haciendo, es robo el tomar cosas que los oferentes venden en el mercado y es robo el que el oferente no entregue las mercancías completas a quien las compra. Todo lo anterior es un pecado contra la justicia.

En sentido estricto, y por lo tanto auténticamente cristiano, sería un robo el darme cuenta cuando a alguien se le cae algo y hacerme el disimulado para apropiarme de algo que bien sé a quien le pertenece, es robo el darme cuenta de que el pobre anciano que vende en la tienda de la esquina me está dando la ganancia de su día de trabajo por equivocación al haber confundido el billete que le dí o al equivocarse en las operaciones en torno a mis adquisiciones, pero también lo es el que un tendero abusivo se haga el disimulado y no le entregue a la pobre mujer que le compra todo el cambio necesario o la mercancía correcta y en buen estado.

5.-     La tercera virtud que debemos vivir en relación a los bienes materiales es la de la SOLIDARIDAD, se trata de seguir la regla de oro de la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, que “siendo rico se hizo pobre para que nos enriqueciéramos con su pobreza” (2Cor 8,9).

Y es el tema de la solidaridad, que cuando se hace por amor a Cristo recibe el nombre de caridad, el que nos debería de ocupar en este día. Todo aquel que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no quedará sin recompensa.

Ser solidarios es hacernos uno sólo con el necesitado. Una de las formas necesarias que reviste hoy la solidaridad es la de nuestro acompañamiento de aquellas personas que necesitan del pan de nuestra presencia. Hoy tengo que decir que son muchas las personas voluntarias que dedican un tiempo para prestar una ayuda y un servicio desinteresado a quien lo necesita.

Acompañan al enfermo que necesita ir al médico, a la persona anciana que necesita desplazarse a la Iglesia, a quien se siente solo para así darle un poco de calor de humanidad.

Acompañan a la persona que está recluída, al enfermo internado, y al marginado para darle solidaridad.

 

Acompañan al ciego y al desvalido, al mendigo y al necesitado, y a quien sufre y llora para ofrecerle la fuerza de su brazo y así mejorar su caminar.

Acompañar viene del latín y significa “comer el pan juntos”. Un pan, ya sea duro y amargo, ya sea tierno y sabroso. Pero un pan que se ha de comer en la fraternidad. Acompañar indica bondad de corazón y un alma grande.

6.-     Nuestra solidaridad se enfrenta al individualismo de nuestra codicia, cuyo interés se encierra en la conveniencia personal, familiar o de grupo, y se levanta incluso frente a una justicia “mal” entendida como el sólo cumplimiento de las normas legales de respeto y distribución de los bienes. La Solidaridad hace que cada uno sienta como personal la suerte de todos.

La cultura de la solidaridad es aquella que pueda dar solución a los urgentes problemas de nuestra sociedad contemporánea. Hoy no nos falta el pan, ni el vestido, ni la tierra... nos falta amor en el corazón del hombre y Solidaridad en nuestras actitudes.

 

LA CONCIENCIA, UN JUEZ INSOBORNABLE.

Al que sea ocasión de pecado para esta gente sencilla que cree en mí, más le valdría que le pusieran al cuello una de esas enormes piedras de molino y lo arrojaran al mar.

1.- Hemos referido el tema de la libertad y es ahora el momento de que hablemos acerca de la conciencia.

El tema de la conciencia es mucho más real de lo que te pudieras imaginar. Muchos de nosotros nos parecemos a la Lady Macbeth de Shakespeare, quien se pasaba la vida negando la existencia de un juez que un día le exigiera cuentas de su proceder, pero con su conciencia y la afirmación interior no podía: se pasaba los días lavándose las manos continuamente, porque creía ver manchas de sangre en las manos y desesperada, exclamaba de vez en cuando: “marchaos, condenadas manchas... Aquí se percibe todavía el olor de la sangre: todos los perfumes de Arabia no conseguirán purificar esta linda mano. ¡Oh!”

Los actos humanos libremente realizados, son calificables moralmente como actos buenos o actos malos. El acto moralmente bueno es el que busca un bien propio y de los otros. Un acto moralmente malo es el que daña a uno mismo y/o a otros.

2.-     En lo más profundo de su ser el ser humano descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal. El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón, que es la ley natural y que en el ejercicio de interiorización le conocemos como nuestra conciencia, el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está a solas con Dios.

Sobre el tema y realidad de la conciencia nos ha referido Blas Pascal: "La conciencia es el mejor libro moral que tenemos." El insigne Tomás de Kempis por su parte nos ha dicho: "Fácilmente estará contento y sosegado el que, de verdad, tiene la conciencia limpia." O bien podríamos dialogar largo y tendido sobre la opinión magistral del dominico Fray Luis de Granada: “La buena conciencia es tan alegre, que hace alegres a todas las molestias de la vida”. O bien podrías decirme ¿Qué opinión te guarda la aseveración de Francisco de Quevedo al afirmar: “Muchos son buenos si se da crédito a los testigos; pocos si se toma declaración a su conciencia”?

3.-     La conciencia existe y es algo muy real. Bastaría que nos diéramos cuenta de que hay un momento en la vida del niño en que al hacer algo malo empieza a voltear hacia todos lados, la cual es conocida como la edad de la discreción y la Iglesia le ubica hacia los 7 años, pero puede ser antes. Antes de este momento, y también después, es labor de los padres o tutores ayudarles a evitar aquello que les puede dañar o dañar a los demás.

La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona reconoce si un acto es bueno o malo. La dignidad de la persona humana implica y exige la rectitud de la conciencia moral, para distinguir entre los actos buenos y malos y para asumir la responsabilidad de los actos realizados. Es necesario formar la conciencia rectamente, para ello es preciso formular un juicio de acuerdo con una razón auténtica (a causa de nuestra ley natural) y con la ley divina.

Es una realidad de experiencia: todos los hombres juzgan, al actuar, si lo que hacen está bien o mal. Es el conocimiento intelectual de los actos propios.

4.-     Es innegable que la inteligencia humana conoce los principios primarios del actuar, también conocida como la regla de oro en el interior de todo ser humano: "haz el bien y evita el mal", “no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan". El hombre en lo más profundo de su conciencia descubre la ley, que no se ha dado a sí mismo, sino a la que debe obedecer y que resuena en su corazón, diciéndole que siempre debe amar y hacer el bien. Nos dirá la Gaudium et Spes en el número 16: "La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, donde está solo con Dios".

La conciencia no es una potencia más, unida a la inteligencia y a la voluntad. Podríamos decir que es la misma inteligencia cuando juzga la moralidad de un acto, basándose en los principios morales innatos (ley natural) de la naturaleza humana. Esas leyes inscritas en el corazón y dadas por Dios. Además, la conciencia es una facultad natural del ser humano, no es una parte de la vida religiosa del hombre.

5.-     En la actualidad los movimientos de tipo psicológico, como el New Age y otros muchos Nuevos Movimientos Religiosos (NMR), hablan de una conciencia como el íntimo conocimiento que el hombre tiene de sí mismo y de sus actos. Esta sería una conciencia vista desde el punto de la psicología, no una conciencia moral.

La conciencia que nos interesa es la conciencia moral, que es la misma inteligencia que hace un juicio práctico sobre la bondad o la maldad de un acto.

Juicio, porque la moralidad juzga un acto. Es práctico porque aplica en la práctica, en cada caso en particular y concreto lo que la ley dice. Sobre la moralidad de un acto es lo que la distingue de la conciencia psicológica, pues en este caso lo propio es juzgar si una acción es buena, mala o indiferente.

6.-     La conciencia funciona cuando juzga si un acto es bueno o malo, de una manera práctica, es decir, aplica en cada caso particular y concreto lo que la ley dice. Nos ordena en el momento oportuno, practicar el bien y evitar el mal.

Se puede decir que la conciencia moral es un juicio de la razón por la cual la persona reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho.

Cuando hacemos algo bueno, la voz de nuestra conciencia nos aprueba, cuando hacemos algo malo, esta misma voz nos acusa y condena sin dejarnos en paz. La conciencia no sólo da un juicio después de que ya hicimos algo, sino también antes de tomar una decisión.

Ella es testigo de nuestros actos y para dar su sentencia como juez, se basa en las leyes naturales que Dios ha escrito en el corazón del hombre.

Es la facultad que descubre el valor de los principios de la ley moral y los aplica a una situación concreta. Juzga nuestras acciones concretas aprobando las buenas y denunciando las malas. Ordena siempre que dejemos el mal y que hagamos el bien.

Cada persona debe de prestar mucha atención a sí mismo para oír y seguir la voz de la conciencia, es una exigencia de interioridad.

7.-     El ser humano debe obedecer siempre el juicio cierto de su conciencia. No es lícito actuar en contra de la propia conciencia, ya que ésta es la voz de Dios.

Actuar en contra de la conciencia es actuar contra uno mismo, de las convicciones más profundas y de los principios morales. Cuando hay duda sobre si es o no es pecado, siempre hay que actuar pensando que lo es, para evitar la posibilidad de dañar al otro u ofender a Dios.

Obedecer a la conciencia es obedecer a Dios, por eso es importante seguir siempre lo que ella nos dicta. Todos debemos prestar mucha atención a nosotros mismos para poder oír y seguir la voz de la conciencia. La dignidad de la persona exige que tengamos una conciencia moral recta.

Por la conciencia podemos asumir la responsabilidad de nuestros actos. Cuando elegimos libremente llevar a cabo un acto, la libertad nos hace responsables de los actos que, voluntariamente y siguiendo a nuestra conciencia, hemos realizado.

Ahora bien, no todas las conciencias son iguales, pues solemos tener ciertas deformaciones, aunque sean pequeñas.

8.-     Una conciencia bien formada siempre nos invitará a actuar de acuerdo con nuestros principios y convicciones, nos impulsará a servir a los hombres.

Una conciencia deformada puede equivocarse y presentarnos por bueno, lo malo. Esto puede suceder por ignorancia, por los criterios del ambiente en el que vivimos, por criterios falsos que hayamos interpretado como verdaderos o por debilidades repetidas.

Nuestra conciencia no se deforma de un día para otro, generalmente es fruto de malos hábitos:

  • Nosotros podemos deformar nuestra conciencia poco a poco, sin darnos cuenta, si aceptamos voluntariamente pequeñas faltas o imperfecciones en nuestros deberes diarios.
  • Si todos los días vamos haciendo las cosas “un poco mal”, llega un momento en el que nuestra conciencia no hace caso de esas faltas y ya no nos avisa que tenemos que hacer las cosas bien. Se convierte en una conciencia cauterizada, en la que se va resbalando de forma fácil del “un poco mal” al “muy mal”.
  • También puede suceder que nosotros deformemos nuestra conciencia a base de repetirle principios falsos como: “No hay que exagerar”. Se convierte así en una conciencia adormecida, insensible e incapaz de darnos señales de alerta. Esto se da, principalmente, por la pereza o la superficialidad.

9.-     Podemos convertir nuestra conciencia en una conciencia manipulada si la justificamos de todos nuestros actos, cada vez que nos quiere llamar la atención, por más malos que estos sean: “Lo hice con buena intención”, “Se lo merecía”, “Es que estaba muy cansado”, "es que él me dijo",etc. Es una conciencia que se acomoda a nuestro modo de vivir, se conforma con cumplir con el mínimo indispensable.
Lo que tenemos que considerar es que es el futuro de eternidad lo que está en juego, por lo que la conciencia debe ser para nosotros un juez serio y no un solapador en la complicidad, de allí que tengamos necesidad de formar este sagrario que se encuentra en el lugar más digno del Templo de Dios que se nos ha dado. Un Sagrario que al ser atendido nos ayudará para que no se pierda ni el ojo, ni la mano, ni el pie del Templo de nuestro cuerpo.
 

 

LAS COSAS PEQUEÑAS.

Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela; pues más te vale entrar manco en la vida eterna, que ir con tus dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo; pues más te vale entrar cojo en la vida eterna, que con tus dos pies ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo; pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al lugar de castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga”.

LOS MISTERIOS DE LA VIDA...

Hay un refrán español que dice: “Aquellos polvos que trajeron estos lodos”.

Este mundo en el que vivimos es un mundo cuantificante, en el cual el uso de las matemáticas se utiliza como criterio valorante. La cantidad forma parte de nuestra actitud ante la realidad de la vida.

¿Cuál es el origen  de las matemáticas, sino ese deseo de ubicar al individuo dentro de la multiplicidad del universo y del mundo? ¿Cuál es el origen de la geometría sino exactamente esa relación numérica que se da entre las cosas?

Las cantidades las utilizamos para medir el trabajo, el esfuerzo, la fatiga, los logros y también los fracasos. Es parte de nuestra visión de la vida.

Y, muy a pesar de esto, hoy es urgente el subrayar la importancia de la calidad sobre esa necesidad que tiene el hombre de la cantidad.

El hombre actual ha olvidado las pequeñas cosas y, con ello, también se está olvidado de vivir.

¿No te has dado cuenta cómo unas pocas notas embellecen una melodía? ¿No te has fijado cómo unas pocas palabras manifiestan el sentimiento más sublime? ¿No has visto cómo un poco de agua sacia al sediento? ¿Ignoras que un poco de tiempo para escuchar a alguien, permite que la persona descanse en su corazón? ¿No has observado cómo unas pocas semillas consiguen una cosecha para alimentar a un pueblo? ¿Quieres negar que un poco de levadura fermenta toda la masa?

Escribía el poeta Ovidio que una gota de agua es capaz de horadar la roca, no por su fuerza o por su volumen, sino por su persistencia.

En nuestra cultura, existen cientos de historias que resaltan la importancia de las pequeñas cosas: esa puerta cerrada que impide que se ingrese a una casa, el documento sin firmar que no permite alcanzar el negocio de la vida, cuentan que el mismo Edison perdió una patente por un decimal mal colocado. ¿Quién no leyó aquella narración que habla sobre la batalla perdida por la falta de un clavo en la herradura de un caballo?

Aquellos que colindan con mis pocos años: ¿Díganme si nunca se pusieron sentimentales al escuchar aquella canción titulada: Detalles? ¿Quién de ustedes siendo mi contemporáneo no se acuerda de la certeza de aquella canción titulada: “Aquellas pequeñas cosas”?

En la vida todo es importante.

¡Date cuenta! Para un cirujano no hay pequeñas cosas: el menor error es cuestión de vida o de muerte. Para un abogado no existen pequeñas cosas: la más vaga confusión le puede costar la libertad a su cliente. Para un ingeniero no existen pequeñeces: un error de cálculo puede ser fatal.

En la vida ordinaria, ¡Sé cuidadoso con las pequeñas cosas!

Decía Demóstenes que “los grandes sucesos dependen de los incidentes pequeños”.

Son las pequeñas cosas las que hemos olvidado los hijos, quienes somos muy buenos para exigir, pero no somos capaces de colaborar.

Las pequeñas cosas nos ayudan o nos destruyen. La polilla es tan diminuta pero en una noche puede consumir una enciclopedia.

Son las pequeñas cosas las que hacen felices o desdichadas a las personas. Las más grandes cualidades nacen siendo pequeñas cosas y los más grandes vicios así empiezan también, con esas “cosillas” que desatendemos. Una gran construcción se inicia con pequeños bloques y un gran incendio se inicia con una pequeña chispa.

El arte de la vida consiste en ésa nuestra capacidad para no desatender ni lo pequeño ni lo grande. Pero, para ello hay que pedirle a Dios su sabiduría: Resulta extraño ver cuántos matrimonios no comprenden que, cediendo uno en las cosas pequeñas, uno podrá triunfar en las grandes.

¡Compréndelo! Todo lo que hagamos tendrá su trascendencia en nosotros, o en los demás. Y no podemos seguir viviendo como si las cosas no tuvieran importancia.

Cuando lleguemos a comprender que las grandes consecuencias provienen de las cosas insignificantes, tendremos la claridad suficiente para llegar a comprender la importancia de las cosas pequeñas.


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