Domingo 4 de Abril de 2010_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

LA RESURRECCIÓN EL ÚNICO TÓNICO CONTRA EL ABSURDO

“El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.”

 

Momento 1

Momento 2

Momento 3

Momento 4

Evangelio Diario

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   1.-    Muy querido amigo:¡Felices pascuas de resurrección!
¿Sabías tú que Napoléon cuando iba a emprender sus célebres batallas de Marengo, Ulm, Ratisbona y de Austerlitz decía a su ejército reunido que todo soldado portaba en su mochila el bastón de mariscal? Este era uno de sus mecanismo motivadores y con ello obtenía que aquellos jóvenes se lanzaran valerosamente para vencer al enemigo. Ojalá comprendiéramos que todo cristiano trae en su corazón la aureola de la santidad, que todo cristiano posee en la mochila del tiempo la semilla de la eternidad, que todo cristiano lleva en el vehículo del tiempo el pasaje a la gloria y la felicidad.
En la realidad, pasaremos a la amplitud del Reino, en la medida que vivamos la estrechez de vida consecuente de una amplitud del corazón. Nuestros horizontes se ensancharán si el corazón se dilata pasando por la puerta estrecha de la verdadera vida cristiana. La “estrechez” de la solidaridad, fraternidad y servicio al hermano frente al egoísmo; control y dominio del consumismo frente a la idolatría del dinero...
Asimilemos, en fin, el programa de santidad que Cristo expuso en el discurso del Monte, cuya obertura son las bienaventuranzas y que se centra, motiva y fundamenta en la santidad misma de Dios a quien servimos y en nuestra esperanza de obtener la eternidad viviendo coherentemente y sin egoísmos nuestro presente.
2.-     Y es que tenemos que recordar que los grandes imperios, sus fastuosos palacios, y sus monumentales edificios, han quedado bajo el olvido de los caminos ignorados. Se ha convertido en labor de los arqueólogos, el buscar los vestigios para reconstruir los segmentos de la historia. Los libros se ocupan de ellos. En los museos, si bien les ha ido, se encuentra parte de sus construcciones. Bajo la misma tierra que ahora estamos pisando se encuentran los restos de aquellos que gobernaron en el pasado: Ramsés, Nabucodonosor, Nebuzaradán, Ciro, Darío, Jerjes, Artajerjes, Filipo, Alejandro, Ptolomeo, Seleuco, Antioco IV Epífanes, Marco Antonio, Pompeyo, Herodes, Pilato, Nerón, Constantino, Atila, Dioclesiano, Teodosio, Timurlan, Pipino, Carlomagno, Salamino, Tlacaelel, Tizoc, Cuitláhuac, Tezozomoc, Nezahualcoyotl, Luis XVI, Carlos III, Napoleón, Don Porfirio, Mussolini, Hitler...
Reyes y guerreros de éste mundo, así sus cuerpos como sus imperios se encuentran bajo la profundidad de la tierra. Incluso muchos de sus restos mortales yacen en el anonimato del olvido, y ni siquiera sabemos en donde están enterrados. El polvo ha retornado al polvo...
Y sin embargo, mientras ellos vivían pensaron que sus Reinos nunca terminarían, que serían eternos y algunos hasta “sacros” se hicieron llamar. No faltó aquel Romano llamado Octaviano, quien en el año 27 antes de Cristo, asumió el título de “augustus”, afirmando de este modo con claridad que era él el único y exclusivo depositario de todos los auspicios, frente a cualquier sorpresa desagradable. Y llegó un día en el que aquel jactancioso “augustus” se convirtió en un tremendo “angustus”.
Ellos fueron víctimas de las tentaciones de todos los tiempos y de todos los hombres.
4.-     En la realidad, todo en esta vida es transitorio, efímero e inconstante. Hay bajo el sol, un tiempo para cada cosa y para cada persona. Solamente Dios es para siempre y está sobre todo.

5.-     Todo lo anteriormente referido pudiera apuntar nuestro pensamiento hacia el absurdo, esto en el caso de que no fuera iluminado con la resurrección de Cristo, el Hijo eterno del Padre.
De esta manera, si la encarnación redentora del Hijo Eterno del Padre, decidida en el plan divino desde toda la eternidad, nos ofrece a los hombres la garantía de que no existe nada de ingrato o injusto en la misma existencia humana. Sin embargo, será la muerte de Jesucristo y su resurrección aquello que nos ofrezca el testimonio de que la existencia humana es buena, y de que todo en ella tiene un sentido.
Aquel del cual Herodes no pudo evitar en su nacimiento, Anás y Caifás no podrán evitar en su resurrección.
6.-     El acontecimiento de la Pascua de Jesucristo nos muestra cómo la vida y la muerte también se encuadran en el plan divino de la salvación, y cómo Dios sabe obtener bien del mal.
Si la Encarnación del Divino Verbo, por obra y gracia del Espíritu Santo, en el vientre inmaculado de la Virgen María, ha sido la entrada de Dios en la historia; entonces la muerte y la resurrección del Hijo de Dios hecho hombre es la entrada del hombre a la metahistoria, es decir, es nuestro ingreso a la eternidad.
7.-     Es en Cristo en donde hemos comprendido que la muerte no es el término del existir sino que se convierte en el paso, el tránsito, la entrada y la liberación. La muerte es la salida de una condición y de un estado llamémosle esclavizante, para poder ingresar a una situación de plenitud y de victoria.
Al meditar en torno al misterio de la resurrección, me acordaba de aquella afirmación de James Donovan, senador por el Estado de Nueva York, quien era un ferviente partidario de la pena de muerte. Él a principios de 1978 escribió al Card. Fulton Sheen diciéndole que si no fuera por la pena capital, no existiría la fe cristiana. “¿Qué hubiera sido de su Iglesia”, preguntaba, si Jesús hubiese sido condenado de ocho a quince años de cárcel, con la posibilidad de conmutarle la pena por buena conducta?”
El Card. Sheen, quien tenía un programa de radio y quien claramente se oponía a la pena de muerte, señaló en la siguiente emisión: “Fue la resurrección de Jesucristo lo que fundó la Iglesia, no la crucifixión. Si el senador Donovan puede incluir la resurrección en la pena de muerte, yo estaría dispuesto a estudiar su posible aceptación.”
¿Sabes? La celebración de este día le ha heredado a la Iglesia el verdadero conocimiento en torno al destino final del hombre. La muerte será siempre contemplada con los ojos del resucitado. La salvación eterna se encuentra solamente en Cristo Jesús.
El hombre durante su vida, mientras posea un respiro y tenga un resquicio de tiempo, podrá elegir libremente entre la vida o la muerte (Mt 25,31-46).
8.-     Es por lo anterior, que la muerte será vista por nuestros hermanos los Santos de una forma distinta a la que la contemplan aquellos que no tienen fe. Algunos le llaman la hermana, otros le llaman la amiga, o bien el final de la espera, le refieren como la salida del hotel de segunda o el abandono de esa pieza de hospital en donde se extrañará a aquellos que nos atendieron, pero que ellos mismos deberían alegrarse de que hayamos dejado esa condición... La muerte ya no es vista como enemiga.
Démonos cuenta de cómo la Resurrección de Jesucristo se ha convertido en la medicina que cura absolutamente todos nuestros males.
Resucitar no es revivir como lo proponía Platón y, como lo proponen muchos otros después de él, algunos aún hoy en nuestros días, que andan tocando nuestras puertas, para cumplir con el legalismo de sus setenta horas de apostolado, nuevas tradiciones que anulan la Palabra de Dios, puesto que ni siquiera son cristianos, aunque ellos no lo acepten. ¡Exacto!, me refiero a los que consideran que al cielo solamente irán 144 mil.
9.-     Para los cristianos la Resurrección es una “transformación gloriosa”, cosa que no sucede con el sólo hecho de volver a  esta vida. La resurrección no es un hecho obvio a la razón, sino algo inaudito y definitivo, una realidad sobrenatural. La Resurrección es el dominio sobre la muerte, se trata de una palabra que aclara una vida desconocida.
La fe cristiana en la Resurrección no se basa solamente en el destino humano sino principalmente en la promesa cristiana. La Resurrección que esperamos es un futuro para los creyentes en Cristo, no es la meta final de la humanidad.
Nosotros los cristianos esperamos un futuro totalmente nuevo, no la reiteración del presente terreno, aunque sea transformado. Nosotros no esperamos el retorno a un pasado original sino el acceso a la eternidad, porque Cristo así nos lo ha dicho.
Al hablar, en torno a las realidades que están más allá de la conclusión de nuestros signos vital-temporales, debemos ser conscientes de que los cristianos no creemos ni en reciclajes ni en reencarnaciones, sino en una transformación gloriosa a imagen de Cristo.
10.-   En este sentido me agrada la apreciación que sobre este tema hace el padre Louis Evely cuando afirma: “Nosotros los cristianos no creemos en una vida futura sino en la vida eterna, que es algo muy diferente. Porque si es eterna, es porque ya ha comenzado”. No obstante, difiriendo un poco del Padre Evely, te quisiera decir esta tarde, que la vida verdadera es eterna y es futura: es eterna porque se inició cuando se nos comunicó la vida sobrenatural en nuestro bautismo, y es futura porque superará lo que en este mal espejo estamos viendo.
La superioridad de Cristo, de su naturaleza, de su obrar y de sus promesas, sobre cualquier instancia espacio-temporal la ha manifestado, predicado y testimoniado con la misma sangre, nuestra fe cristiana, desde el primer momento en que fue contemplado su rostro resucitado.

 

UN CUERPO ESPIRITUAL.

“El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.

1.-     La experiencia de los hombres que afirman haber visto al Resucitado es irrepetible para nosotros en su inmediatez. Pero no es una experiencia inaccesible a nosotros, pues la magnitud fue tal que ha marcado para siempre a la historia con la aparición de la comunidad de creyentes. 
Para los cristianos, muerte y resurrección no son dos momentos contrarios, sino que son un mismo movimiento en dos polos: Jesús muere y se dirige hacia la resurrección, el Nuevo Testamento no separará ambos acontecimientos, más bien se convertirá en una fórmula doble: 1 Tes 4,14 dice: “ Porque si creemos que Jesús murió y resucitó”.
La muerte no es el término, ni el límite, ni mucho menos el fracaso o la nada a la que se llega; sino que la muerte se convierte en un paso (eso significa la Pascua, es un paso, es la entrada,...).
La resurrección hace que en la muerte el silencio de Dios quede rasgado y que la muerte se convierta en liberación, entendiendo por esta la salida de una condición y un estado de sujeción a la esclavitud de una serie de poderes, para ingresar en una situación de plenitud y de victoria.
El último enemigo que quedaba por vencer ha sido vencido: la muerte. Con la victoria sobre la muerte empieza la victoria final y definitiva.
2.-         Pero,... ¿qué es resurrección? Los primeros cristianos enfrentaron un doble problema al hablar de resurrección en los principios de la Iglesia: un problema por el término y un problema por el concepto. Voy a tratar de ser lo más sencillo posible en mis palabras.
Pensemos que en la resurrección de Cristo nos enfrentamos a la irrupción de la plenitud final dentro de los límites de la misma historia. La historia es fecundada por la eternidad.
Nunca había sucedido algo como lo que sucedió la noche de anoche, y lo que estamos celebrando en este primer día de la semana: la Resurrección gloriosa de Jesucristo.
Si jamás había acontecido algo igual, entonces... ¿cómo llamarle? ¿Cómo explicarle?
Ninguna noche como esa noche..., yo te pregunto a ti... ¿cómo le llamarías a lo que ha acontecido?
3.-     El término resurrección será el que resulte victorioso entre una serie de posibilidades que se propusieron para expresar el contenido de la experiencia pascual de los apóstoles. El acontecimiento victorioso de Cristo, al que hoy le llamamos resurrección se llamó también consumación de Jesús, sesión a la diestra del Padre, exaltación, triunfo de Jesús..., entre otros. Sin embargo, será Resurrección el término que se utilice al final.
Es bueno recordar, y resulta una exigencia de la honestidad, el comentar como lo hacíamos en el segmento anterior que el término Resurrección ya había sido utilizado por los griegos, concretamente por Platón, pero en ellos significaba: revivir. Este significado lo sigue teniendo entre los médicos cuando hablan de aplicar técnicas de resucitación. ¡He aquí nuestro primer problema! Porque lo que en Cristo sucedió no fue un revivir, no fue solamente un recuperar los signos vitales...
4.-     Sin embargo tenemos otro problema, que se desplaza de lo terminológico a lo conceptual.
Platón tenía ya un concepto en su memoria sobre el significado de la resurrección: indicaba la vuelta de un muerto a esta vida, a partir de la idea de un alma inmortal que sigue viviendo y que vuelve a revestir un cuerpo que abandonó. Pon mucha atención, porque tampoco este es el significado cristiano.
¡Perdóname el que en este domingo te esté mareando con contenidos tan poco digeribles, pero créeme son necesarios!
Resurrección se utiliza en otros pasajes del Evangelio para significar: Revivir. Es clara pues, la confusión provocada por el uso de términos iguales para realidades tan distintas: Hablamos de la resurrección de Lázaro y hablamos de la resurrección de Jesús, y hay tanta diferencia.
La resurrección de Jesús es una transformación gloriosa, es la irrupción de la Escatología, se trata del dominio sobre la muerte, se trata de una palabra esbozada y pronunciada sobre una vida totalmente desconocida e insospechada.
Entendamos, Lázaro resucitó pero volvió a morir físicamente después de un cierto período de tiempo, y Jesucristo ya nunca muere, con su resurrección ha vencido a la misma muerte.
Recuerda que ya en el Antiguo Testamento aparece en el capítulo cuatro del segundo libro de los Reyes (vv. 8-37): El milagro de Eliseo que resucita, o mejor dicho, que revive al hijo de la sunamita.
En el Nuevo Testamento aparece en el capítulo ocho del Evangelio de san Lucas (vv. 40-56) la resurrección de la Hija de Jairo y en el capítulo siete del mismo Evangelio de san Lucas (vv.11-17) la resurrección del Hijo de la viuda de Naím. Recuerda que el capítulo once de san Juan nos refiere la resurrección de su amigo Lázaro. Y que tanto San Pedro como San Pablo resucitan por el poder de Dios a algunos muertos. San Pedro resucitó a Tabitá en la ciudad de Joppe y nos lo narra el capítulo nueve del libro de los Hechos de los Apóstoles (vv.36-43). San Pablo también resucitó en Troade a Eutico, lo cual es referido en el capítulo veinte del mismo libro de los Hechos (vv.7-12). Pero todos ellos volvieron a morir biológicamente. Vemos pues que resurrección coincide en la mayoria de los casos con revivir.
5.-     En Jesucristo, la Resurrección es “transformación gloriosa”, realidad que no sucede con el sólo volver a la vida. Es el dominio sobre la muerte, es una palabra sobre una vida  desconocida.
Un hecho único y el más grande de la historia del que la muda noche fue testigo. "Ninguna noche como esta noche" cantaba la Iglesia, la noche de anoche, en la Madre de todas la Vigilias.
Recuerda que la primera reacción de los apóstoles fue el pensar que se habían robado el cuerpo del maestro: Le dice María al divino jardinero: “Si tú sabes donde lo han puesto dime para ir a dónde él”. El mensaje que se ha escuchado que se llevó a los apóstoles es el mismo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.
Así pues, podemos ver que la resurrección de Jesús no tiene comparación con algún otro acontecimiento en la historia. ¡Fue difícil encontrar el término que expresara lo que aconteció con Él!.
La historia ha testificado muertes y sucesos extraordinarios y alguna reviviscencia. Pero sólo en Jesús se ha dicho que ocurrió algo como el contenido del Nuevo Testamento da a su Resurrección.
6.-     La condición en que se encuentra el resucitado es una situación totalmente nueva: Su condición no es la de lo sólo físico, no es la del tiempo y el espacio: Ingresa a un cenáculo cerrado y atraviesa puertas herméticamente taponeadas; El resucitado no es reconocido de forma inmediata por las personas que más lo quieren, así sucede con María la de Magdala, aquella a la que le transformó la vida del libertinaje a la dignidad ¡Y no le reconoce! Piensa que es el jardinero,... Los discípulos de Emaús tampoco le reconocen, recuerda que un discípulo es alguien que ha estado con Jesús desde el Bautismo hasta la resurrección,... y acontece que aquellos hombre que tienen tres años de haberlo dejado todo para seguir a Jesús regresan apesadumbrados a Emaús y es entonces que el Señor se les hace presente, dialoga con ellos, les explica las Escrituras, parte para ellos el pan; se trata de once kilómetros de presencia en los que no le reconocen, hasta que en la fracción del pan, como tú y como yo, le reconocieron. Y así acontece con los apóstoles, quienes piensan que es un fantasma. Las condiciones en las que Jesucristo se encuentran son totalmente nuevas.
7.-     Y sin embargo conserva las cualidades físicas, puesto que es palpable, tiene pies, manos y costado en donde meter los dedos de los incrédulos. Conserva propiedades corpóreas al comer el pescado y el pan, al deglutir los alimentos. Se trata de alguien que puede asir los objetos, que parte el pan y que lo reparte. “Entonces Jesús toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez”.
Las reacciones ante un hecho inusitado son igualmente nuevas de parte de aquellos que le quieren. La experiencia del resucitado es una experiencia muy grata, pero nueva y extraña, el Evangelio nos dice que en algunos provoca susto, en  algún otro temblor, en algunos refiere el espanto y hasta el miedo. El versículo cinco del capítulo veinticuatro del Evangelio de san Lucas se nos dice llanamente: Las Mujeres tenían miedo.
Esta experiencia nueva y extraña, todos sabemos que llegó a provocar incredulidad en los más cercanos: Es fácil recordar a Tomás como el incrédulo, pero en justicia tendríamos que decirlo también de “los discípulos de Emaús quienes le dicen al peregrino de Emaús: algunas mujeres dicen que está vivo, pero...  Recuerda que tampoco los apóstoles le creen a las mujeres.
8.-     El término resurrección, aun y con todo lo maravilloso que sea para nosotros, tendriamos que decir que es muy pobre para expresar lo que sucedió con Jesús. Pero te vuelvo a preguntar: Y tú, ¿cómo le llamarías a lo que aconteció la noche de anoche?
La condición en la que se encuentra el resucitado, ha recibido de parte de san Pablo un especial interés al hablarnos del centro de nuestra fe: Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra fe.
San Pablo explica la resurrección con un pleonasmo, con una contradicción de términos: un cuerpo espiritual.
A partir del versículo treinta y cinco del capítulo quince en la Primera Carta a los Corintios menciona “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida? Necio, Lo que tú siembras no revive si no muere. Y lo que tu siembras no es el cuerpo que va a brotar sino un simple grano, de trigo por ejemplo y emerge una planta, se siembra corrupción y resucita incorrupción, se siembra vileza y resucita gloria, se siembra debilidad y resucita fortaleza,...”  La respuesta más elocuente se encuentra en el versículo cuarenta y cuatro al decir san Pablo: se siembra un cuerpo natural y resucita un Cuerpo Espiritual.

 

ENTRE EL TIEMPO Y LA ETERNIDAD.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.”

1.-     Muy apreciables amigos: Escribía un bellísimo soneto, Don Francisco de Quevedo, sobre una nueva comprensión cristiana de la muerte a la luz de la resurrección:

Ya formidable y espantosa suena
Dentro del corazón el postrer día,
Y la última hora, negra y fría,
Se acerca, de temor y sombras llena.

Si agradable descanso, paz serena,
La muerte en traje de dolor envía,
Señas de su desdén de cortesía:
Más tiene de caricia que de pena.

¿Qué pretende el temor desacordado
de la que a rescatar piadosa viene
espíritu de miserias añudado?

Llegue rogada, pues mi bien previene;
Halleme agradecido, no asustado;
Mi vida acabe y mi vivir ordene.


2.-         Hablemos sobre la eternidad como nuestro destino pero sin dejar de hablar sobre el tiempo: nuestro camino.
Decía Antonio Machado que El hombre es el único animal que usa relojes y le definía como el homo temporalis. En una clara consciencia de nuestra temporalidad como un fluir de la vida. Por su parte, José María Cabo de Villa en concordancia con lo anterior nos recordará: Todas las horas hieren, pero la última mata.
El tiempo todo lo desgasta: oxida las armas, despinta las banderas. Hace ridículo los vestidos, arruga los rostros, consume los plazos de las pólizas, pone un límite al solemne compromiso del amor humano, constituye un desafío a las promesas humanas.
Y es el tiempo el que sin la conciencia de la eternidad nos hace ingresar a un misterio que se convierte en nuestra definición: la muerte ese misterio por el cual los hombres somos definidos como: mortales.
Algunos solemos tratar de una forma ligera este misterio que es de suma importancia para el hombre, pero sin darle una respuesta.
La muerte, dicen, es una exigencia de la vida. Para que la vida se diversifique, progrese, las generaciones han de sucederse.
Barois por ejemplo, estando bien de salud, afirma: “¿Por qué temer a la muerte? ¿Es diferente de la vida? Nuestra existencia sólo es un constante paso de un estado a otro: la muerte sólo es una nueva transformación. ¿Por qué temerla? ¿Qué hay de temible en dejar de ser ese todo momentáneamente estructurado – que somos? ¿Cómo se puede temer una restitución de nuestros elementos a un medio inorgánico, dado que es al mismo tiempo una vuelta segura a la inconsciencia?
¿Para mí, desde que he comprendido la nada que me espera, el problema de la muerte no existe. Hasta... disfruto... pensando que mi personalidad no es duradera... y la certeza de que mi vida es limitada... aumenta especialmente el placer que experimento...”.
Años después, consumido por la tuberculosis, volvió a leer lo que había escrito. “Dejó caer el libro sobre sus rodillas. Abrumado por lo que se había atrevido a escribir, antes, sin saber...”.
3.-     Al dejar de visualizar la eternidad se pierden las razones para vivir, y el perder las razones para vivir, es estar ya muerto. Esos pensadores se matan inmediatamente para no afrontar la incertidumbre y la angustia de una pregunta desgarradora e ineluctable.
Si un día la tierra será aniquilada, ¿por qué seguir actuando, sufriendo, procreando? Todo da igual, si todo es inútil. Todo es insensato, si no hay dirección, meta, utilidad.
Releamos como contraste estas saludables líneas de Theilhard de Chardin: “... no vale la pena sacrificarse cuando ningún interés superior está en juego. Un universo que continuará obrando laboriosamente en la espera consciente de la muerte absoluta, sería un mundo estúpido, un monstruo del Espíritu, por no decir una quimera”.
Y es aquí en donde sobreviene la grandeza de nuestra fiesta del día de hoy. Tenemos que reconocer en la Resurrección de Jesucristo aquella respuesta necesaria en nuestra vida.
4.-         ¿Sabes? El día de hoy que deliberan acerca de la posibilidad de que los médicos decidan la vida de Terry Schiavo, aquella joven esposa atada a un respirador artificial, y a quien se le quiere aplicar la sinrazón de la Eutanasia recordaba un artículo publicado el 31 de Octubre de 1997 en el Wall Street Journal y quesorprendió a muchos progresistas escrito por Gary Eisler titulado: “QUE LA MUERTE LLEGUE A SU TIEMPO”, en el cual narra su oposición a la eutanasia.
Presenta la historia de la enfermedad de su esposa Bonnie, la cual, en mayo de 1987, cuando apenas tenían 15 años de casados, le detectaron un cáncer de mama y que en noviembre de 1995 se complicó con un cáncer cerebral.
Recuerda la alegría que ella tuvo en ese mes de noviembre por el primer nieto y cómo el 24 de diciembre después de estar alegremente contemplando a sus hijos abrir sus regalos navideños, entró en coma. En año nuevo abrió los ojos, habló y comió. Entonces se pasaron la noche platicando Gary y Bonnie acerca de sus 25 años, se pidieron perdón y se dijeron las últimas palabras de amor. Gary narra que las últimas horas que pasaron juntos fueron las más íntimas y preciosas de su matrimonio. Ella murió el primero de enero de 1996.
Ese año 1996 a Gary le llamó poderosamente la atención el que el estado de Oregon promulgara la ley de Suicidio con Asistencia Médica en el caso de las enfermedades incurables. Él se preguntaba: ¿Qué hubiera hecho su esposa si hubiera tenido esa otra alternativa?
Un año después, en 1997 Gary recibió otra noticia: el padecimiento de un cáncer en el sistema linfático, tumor canceroso en los ganglios. Se preguntaba ahora si él quería pedir la asistencia en la muerte y al recordar las últimas horas con su esposa, tenía algo en claro.
La “razón” y la “compasión” hubieran dictado que la vida de Bonnie se hubiera segado varias semanas antes. Pero todos, hasta ella hubieran resultado empobrecidos. Los últimos días con ella fueron los más bellos, perfectos, definitivos.
Ahora que le toca a él y que puede decidir, prefiere que la enfermedad le venza. Aún cuando siente que los buitres le están rondando (doctores, amigos, familiares, el público), prefiere esperar a que la muerte llegue a su tiempo. No vaya a ser que él mismo se haya perdido de algo importante, lo mismo que sus amigos, familiares, médicos y público que le está leyendo.
6.-     Muy queridos amigos: Para los cristianos la muerte no es un camino cortado sino una meta alcanzada.
La Pascua de la Vida Eterna la debemos contemplar como la primavera que llega después de los largos inviernos de la enfermedad, del dolor, de la soledad, de la dependencia que provoca la enfermedad.
Dios, el día de hoy, nos está invitando a distinguir entre lo perecedero y lo eterno, entre lo secundario y lo primario, entre lo sustancial y lo accidental, entre lo efímero y lo vital. Para nosotros algo termina y algo empieza.
Estamos orientados hacia el porvenir. Un “futuro sin porvenir” es un contrasentido, una especie de condena al sinsentido.
7.-         Cuando el telón de mi vida se cierre, me quitaré el maquillaje, me quitaré el disfraz, le entregaré mi papel al autor, y mientras los espectadores quizá siguen aplaudiendo, Dios no buscará condecoraciones sino que buscará cicatrices en mis manos.
El único paso autorizado para la Vida eterna es el compromiso personal y el de la decisión de tomar en serio las exigencias del Evangelio, sin intentar astutamente reducir el cociente de dificultades. La entrada no es cuestión de membresías ni de inscripciones, sino que es un asunto de amor.
La vida terrena se prolonga en la vida celestial, la vida temporal aparece como antesala de la vida eterna. La vida terrena no se prolonga al negar la vida de ultratumba sino que se encoge miserablemente.
Las conclusiones de una reflexión sobre la eternidad no nos llevan a una tranquilidad adormecedora como nos acusaba Feuerbach, sino que no lleva a una incesante vigilancia.
8.-     El más allá pone los cimientos de las relaciones del más acá.
El hombre no es un ser para la muerte sino un peregrino en busca de la luz, de un nuevo horizonte.
La muerte no debe ser comparada con la inmensa mar irreversible sino con un arroyo poco profundo que nos ayuda a cruzar la frontera para la vida.
Un mundo abandonado por el amor habrá de asumirse en la muerte... Donde persiste el amor, donde triunfa de cuanto quiera degradarlo, la muerte acaba definitivamente vencida.
Aquel a quien el amor no toca, camina en la oscuridad. El que no ama camina en las tinieblas nos dice el Evangelio.
El misterio de la muerte se esclarece por el misterio del amor: A la muerte del ser amado, la única actitud verdaderamente espiritual es, en consecuencia, la de la fe y la oración.
Sin embargo se nos presenta una fe en una realidad totalmente nueva: esperamos una transfiguración no una reproducción.
La vida eterna no es simplemente una prolongación, después de la muerte, de la existencia terrena, sino un estado de glorificación del que Cristo nos participa.

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