Domingo 8 de Abril de 2007_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

Muerte de Jesús y Gloriosa resurrección


Momento 1

Momento 2

Momento 3

Momento 4

Momento 5

Momento 6

Momento 7

Momento 8

Momento 9

LAS SIETE PALABRAS (VERSIÓN NUEVA).

En su bondad, nuestro Señor nos legó sus pensamientos a la hora de su muerte fue entonces cuando llamó a los suyos junto al púlpito de la cruz, allí tenía frente a sí mismo el auditorio formado de Judíos y Gentiles y desde allí nos ofrecerá el último de sus discursos, el mejor de los sermones: las siete palabra de aquel que moribundo salvaría a la humanidad.

Primera Palabra:      Padre, perdónales porque no saben lo que hacen.

V. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R.  Que con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

Sobre la realidad de la cruz tenemos dos testimonios en la historia que nos aclararían cualquier duda:

Primero Séneca quien nos dice que los crucificados maldecían en el suplicio aquel día en que nacieron, así como a sus verdugos, inclusive a su misma madre, y que solían escupir a aquellos que los miraban.
Me recuerda aquella escena de Jeremías 20,14, en la que en la desesperación gritaba: Maldito el día en que nací, maldito aquel que le dijo a mi padre: te ha nacido un hijo varón.

El segundo testimonio es el de Marco Tulio Cicerón: quien menciona que en ocasiones era necesario sacarle los ojos a los ejecutados para que no contemplaran a los que los contemplaban, para que así no les escupieran, y que en algunos momentos resultaba necesario cortarle la lengua al ejecutado para acabar con aquellas terribles blasfemias que danzaban en el aire.

Y allí estaba el Maestro en la cruz. Todos esperaban un grito de dolor, quizá de molestia, pero nadie se esperaba un grito como aquel que viniera a herir los oídos de todos.

Y así sucedió. Al igual que algunos árboles aromáticos emiten su perfume cuando se les hiere, del corazón del árbol de la cruz se emitió la más suave fragancia. Se escuchó entonces no un grito desgarrador sino una plegaria, una plegaria dulce, suave y queda: Padre perdónales porque no saben lo que hacen.

Perdonar, ¿a quien?, ¿a los enemigos?,  ¿a los soldados que le golpearon?, ¿al sanedrín que le acusó falsamente?, ¿a la multitud que sin razonar gritó incansablemente su condena?, ¿a Poncio Pilato que le condenó con tibieza en un proceso amañado?, o quizá ¿a los apóstoles que mediocremente le abandonaron?

¿Qué extraño? ¡No lo entiendo! Cuando muere una persona suele proclamar su inocencia a los cuatro vientos,... pero éste condenado está proclamando la inocencia de aquellos que le martirizan, los que le han condenado, los que le han acusado, los que le han querido aniquilar.

Oye Maestro, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano?, ¿hasta siete veces?...

No tan sólo siete, sino hasta setenta veces siete.

V. Pequé, Señor, pequé.
R. Ten piedad y misericordia de mí.

Segunda Palabra:    Hoy estarás conmigo en el Paraíso.

V. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R.  Que con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

El Señor Jesús había enseñado a sus discípulos que había venido al mundo no por los sanos sino por los enfermos, no por los justos sino por los pecadores, y ahora, precisamente en la cruz, estaba junto a Él un hombre arrepentido.

El Señor nos había mostrado en su predicación la dinámica de la inversión de situaciones y la dialéctica que se da en las voluntades: Un hijo fue enviado a trabajar,... una mujer fue sorprendida en flagrante adulterio,... un hombre fue golpeado,... un fariseo invitó a Jesús a comer,... un fariseo subió al templo a orar,...un padre tenía dos hijos,...

Y ahora ahí está este hombre condenado que reúne los requisitos que consiguen el perdón de Dios:
¿Ni siquiera temes a Dios,
aunque estás en la misma condenación?
Nosotros en verdad justamente
Recibimos el castigo por nuestras acciones,
Pero éste ningún mal ha hecho.
Y después le dijo a Jesús. Señor acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.

Los requisitos se cumplen:  Acepta su pecado,
                                      Acepta las consecuencias de su obrar,
                                      Reconoce la soberanía de Cristo.
                                      Reconoce la inocencia del maestro.
                                      Cree en la eternidad que Jesucristo puede ofrecer.

Y las cosas se complimentan al pronunciar el Maestro: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Uno pensaría que la primera alma comprada con la sangre de la redención tenía que ser lo más santa posible: y fue la de un delincuente, uno pensaría que sería un conjunto de personas justas las que iban a formar el cortejo del Rey de reyes en su triunfo que trasciende los tiempos, y no fue así se trata de un ladrón, un ladrón que se apropió del paraíso en el momento final de su existencia.

¿Cuántas veces había orado aquel ladrón? No lo sabemos. Quizá era la primera de sus oraciones y la mejor.

V. Pequé, Señor, pequé.
R. Ten piedad y misericordia de mí.

Tercera Palabra:      Mujer, ahí tienes a tu hijo, Ahí tienes a tu madre.

V. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R.  Que con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

Ahí está ella, la mujer fiel, aquella que le dio todas sus horas y que ahora le acompaña en su hora.

Ella había estado en Caná de Galilea cuando parecía que todavía no llegaba su hora, y ahora está junto a la cruz, cuando ha llegado la hora definitiva.

Ella había sido Madre del Pastor durante todos esos años, y ahora es necesario convertirla en la Madre del Rebaño. Ella había sido Madre de aquel que es la cabeza de la nueva humanidad, y ahora es necesario que sea la madre de todos aquellos que formarán el cuerpo de aquel que es cabeza de una nueva humanidad.

Ya Dios había anunciado que ponía enemistad entre la serpiente y la mujer, y ahora mirando a su Madre, el Señor nos refiere en quien estaba pensando cuando hablaba de aquella mujer enemistada con el diablo: Mujer, ahí tienes a tu hijo,...

Y se da una nueva anunciación, ya no la de la casa en Nazaret sino la del Calvario, ya no es el Arcángel el mensajero celestial sino el Verbo de Dios, y ya no será tan sólo Madre de Aquel que es la cabeza sino también de todos aquellos que formamos su cuerpo,...

Y así, si el primer nacimiento, el de Cristo, se había dado sin dolor para la Madre del Señor, el segundo nacimiento, el de los cristianos, se está dando con dolores más intensos que los que provocan el parto en una mujer,... se constata la veracidad de aquel anuncio de Simeón “una espada te atravesará el alma”. El Señor mirando a su Madre y junto a ella al discípulo amado dijo: Mujer ahí tienes a tu hijo. Luego le dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre,...

V. Pequé, Señor, pequé.
R. Ten piedad y misericordia de mí.

Cuarta Palabra en la cruz: ¡Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

V. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R.  Que con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

Ya habían pasado tres horas, y desde las doce del mediodía hasta las tres de la tarde un viento candente recorría aquellas calles. El sol de la creación emitía sus rayos impetuosos contra el Sol que nace de lo alto.

El había nacido en la medianoche y ahora extinguía su vida a partir del mediodía. Los mosquitos le provocaban picazón intensa en las heridas y se iban adhiriendo a sus carnes.

La sangre se empezaba a coagular ahí donde no podía correr libremente; la fiebre empezaba a consumir su cuerpo; las espinas que eran vistas como maldición en una tierra condenada a producir espinas y abrojos tenían pendientes las últimas gotas de su sangre.

Un silencio roto a la medianoche de su nacimiento por los cánticos de pastores y de ángeles se impone ahora como silencio sepulcral al mediodía expresando el espanto de la escena.

El dolor se desplaza del cuerpo a la mente y al alma, y entonces grita el Maestro con fuerte voz: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?

El Hijo de Dios experimentaba la desolación y el desamparo. ¡Dios mío, Dios mío! ¡Elí, Elí!, ¡Elohí, Elohí!, ¿lemá sabactamí?

Única ocasión en toda su vida en que el Hijo de Dios no le llama a Dios con el nombre de Padre. No le llama: Abba, le llama Elí, Elohí.

 “Si ustedes siendo padre malos saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo,...”

 “Miren los lirios del campo, que no hilan ni tejen, les aseguro que ni siquiera Salomón en su máximo esplendor se vistió con tanta elegancia, miren las aves del cielo que no siembran ni cosechan y el Padre celestial no les deja sin alimento, pues sí así es con los lirios del campo que hoy florecen y que mañana son echados al fuego, ¿Cuánto más con ustedes?”

 “Cuando oren, no hablen mucho como los paganos que piensan que por mucho hablar serán escuchados. Cuándo ustedes hagan oración oren así: Padre nuestro que estás en el cielo,...”

 “       Un Padre tenía dos hijos y el menor de ellos le dijo a su Padre,...”

Siempre y en cada momento se dirigió a Dios como Padre, pero ahora, por única ocasión no le llama así.

¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?

No es que la naturaleza divina se separara de la humana, eso no es posible desde el momento mismo de la encarnación. Se trata más bien de que la naturaleza divina está perfectamente unida a la humana.

Jesús percibía el dolor en sus manos y pies traspasados por los clavos. Estaba suspendido entre el cielo y la tierra y simultáneamente los unía a ambos. Y entonces grita, y en ese grito une todos los sentimientos de nostalgia que puede expresar el corazón humano. La agonía física se une a la agonía mental.

¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?

V. Pequé, Señor, pequé.
R. Ten piedad y misericordia de mí.

Quinta palabra: Tengo sed.

V. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R.  Que con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

El Señor empieza a experimentar el agotamiento. Físicamente se experimenta exhausto. En los sufrimientos ha perdido demasiada sangre, su cuerpo está cansado por aquella postura física, la extremada tensión de manos y pies, sus llagas expuestas al aire, el dolor de cabeza por las espinas, la tumefacción de las venas, la creciente inflamación de sus extremidades,... y ahora tiene sed, no es extraño que tenga sed.

Es extraño que lo diga. El había puesto valladares a la mar, hizo brotar agua de la roca golpeada por Moisés, hizo todos los mares, ríos, fuentes y arroyos.

Habían pasado tres años desde aquella ocasión en que se encontró en el brocal del pozo con la Samaritana, precisamente a mediodía, y también tenía sed. “Dame de beber” le había dicho a aquella mujer. Y ahora deja escapar de sus labios el más breve de todos los gritos: “Tengo sed”. Y unos soldados le ofrecen lo que tienen, el vinagre, un vino agrio, el vinagre, un vino de mala calidad que tomaban aquellas hordas de soldados.

En Canná de Galilea, compadecido nos había ofrecido el vino más exquisito de acuerdo al maestresala, conforme al mayordomo. El podía convertir el agua en vino y ahora no quiere realizar un milagro en provecho propio. El nos había ofrecido su sangre como bebida en la última cena y ahora los hombres se valen de una planta llamada hisopo que llega a tener unos cuarenta y cinco centímetros de altura y que se utilizaba para asperger: El mismo David en el salmo 51 había pedido a Dios que le rociara con el hisopo y quedaría limpio, los judíos utilizaban el hisopo para asperger la sangre del Cordero precisamente en la pascua.

El hisopo se está acercando al Cordero pero para ofrecerle el vinagre de los hombres.

V. Pequé, Señor, pequé.
R. Ten piedad y misericordia de mí.

Sexta Palabra: Todo está consumado.

V. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R.  Que con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

Esta sexta palabra se asemeja a la expresión de conformidad expuesta por Dios durante aquella mañana de la creación, en esos seis días de actividad. Cada día expresaba el divino Creador su beneplácito: “Vio Dios que todo esta bien” y así fueron amaneciendo y anocheciendo los días, así fue hasta el quinto día, puesto que el sexto día la expresión poseyó un mayor elogio. Dios había creado al hombre en el sexto día y la expresión cambio de una constatación positiva a una constatación en grado superlativo: Al crear al hombre Dios vio que todo estaba muy bien.

Así fue como se concluyó la primera creación, así fue como la consumó el Creador divino al crear al hombre a su imagen y semejanza.

Imagen y semejanza alterada y destruida a causa del pecado provocado por el maligno. La imagen se hizo borrosa y la semejanza se perdió,... cuando el hombre quiso usurpar el lugar que le corresponde a Dios, cuando el hombre no comprendía que aquello que Dios ofrecía como don no podía ser arrebatado deliberada e indebidamente.

Y ahora, Dios ha venido al mundo para que el hombre conociera su designio y para que recuperara la imagen perdida.

Y así fueron las cosas transformadas por tres factores: el primer Adán ha dejado su lugar al nuevo Adán, al segundo y definitivo Adán; la primera mujer, madre de los vivientes, le ha dejado el lugar a aquella a quien su mismo Hijo le llama con solemnidad: Mujer, ahí tienes a tu hijo, y la hace Madre de los creyentes; y por último el árbol del pecado ha sido transformado en el árbol de la vida, se trata del árbol de la cruz. El árbol del Edén le ha dejado su lugar al árbol del Calvario.

Y así se dieron las cosas y así aconteció aquella obra: ¡Todo está consumado! Expresa el recreador de todas las cosas, aquel que hace todas las cosas nuevas.

¡Todo está consumado! No se trata tan sólo del final, se trata de toda su vida. Él había cumplido fielmente la misión encomendada.

Se trata del cumplimiento de todas las profecías, de todas las prefiguraciones realizadas y hechas para redimir al hombre. El divino artista había dado el último toque a su obra maestra, y con la alegría fuerte entonó el himno triunfal por la conclusión de la mejor de sus obras.

¡Todo está consumado! Estas palabras se pronuncian no al concluir el sermón del monte sino al vivir este sermón en otro de los montes. ¡Todo está consumado! El Señor se despide del tiempo.

V. Pequé, Señor, pequé.
R. Ten piedad y misericordia de mí.

Séptima Palabra: Padre en tus manos encomiendo mi espíritu.

V. Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos.
R.  Que con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

¿Podrías imaginarte aquella escena después de que el hombre fue expulsado del Paraíso y que fue consecuencia del pecado de Adán?

Adán caminaba por aquellos senderos y repentinamente se tropezó con el cuerpo inerte de su hijo Abel. Le habló, más Abel no le respondió. Le levantó la cabeza más éste volvió a desplomarse; sus ojos estaban fríos y miraban fijamente y aquel golpe en su cabeza y aquel hilo de sangre que salía de sus labios. Caín había acabado con su hermano.

Y ahora los descendientes de Caín han acabado con el nuevo Abel y este está dispuesto a regresar al hogar del que salió.

En la sexta palabra el Señor se había dirigido a la tierra y ahora en la séptima se dirige a su Padre. La sexta palabra era la conclusión del tiempo y esta séptima es el inicio de la gloria.

El Padre recibía el Espíritu de su Hijo, el Hijo se disponía a entrar en sí mismo para emprender el camino de regreso a la Casa del Padre, y al hacerlo sus labios profesaron una oración perfecta: ¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!

Estas palabra no fueron pronunciadas con un susurro como el del que lanza su último suspiro. Él mismo salía al encuentro de su origen y destino, y para ello no susurra sino que clama con voz potente: ¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!

No se trata del inicio de un himno a la muerte, sino de una marcha progresiva al ingreso de la gloria. Y así, en Él hemos comprendido que no es la muerte la que decide nuestra suerte futura sino nuestra vida, así cada elección, cada oportunidad y cada gracia recibida.

El Cordero pronunciaba estas palabra mientras que en la colina contraria miles de Corderos eran sacrificados en el atrio del templo para la celebración litúrgica del día siguiente. Mientras se preparaba la fiesta religiosa judía la fiesta religiosa del mundo iniciaba su celebración.

La obra de la redención quedó consumada. El velo del templo se rasgó en dos y enseño al hombre que detrás de Él no había nada, sino que Dios se había quedado fuera de la ciudad. El Hijo del hombre inclinó la cabeza y compartió nuestra muerte.

V. Pequé, Señor, pequé.
R. Ten piedad y misericordia de mí.

 

LAS SIETE PALABRAS (VERSIÓN ANTIGUA).

1.-     ¡Todo esta consumado! Esta confusión parece oscurecer la razón del hombre, y esa confusión en su razón oscurecerá su propia historia, aunque ellos ni siquiera puedan imaginar que esta cruz no es otra cosa en la realidad que el más bello candelero, desde el cual la luz eterna saldrá disparada en todas las direcciones del orbe, en todos los tiempos y en todos los espacios.

2.-     Hoy, es viernes 07 de abril del año 30, son la 3 de la tarde, el cielo oscurecido y el temblor en la tierra manifiestan ahora en el silencio discreto la más elocuente de las protestas en contra de la violencia y de la injusticia perpetrada contra ti, que eres mi Hijo amado,...

Hoy, el cielo y la tierra, aquellos testigos de la alianza que un día puse ante mi pueblo (Dt 30,15), han manifestado la vergüenza, el luto y el dolor que el hombre no ha sabido expresar, y con ello le reclaman al ser humano la injusticia perpetrada contra el Dios del Amor y la Fidelidad.

3.-     ¿Cómo es que las cosas han llegado hasta este momento? Y me has dicho: Padre, perdónales por que no saben lo que hacen,... y te comprendo porque sé lo que hay en tu corazón, y comparto contigo lo que tienes en tu corazón. ¡Tú sabes lo que palpita en el mío!- Por hablar en términos humanos-.

¡Quizá hoy el hombre ignore o quiera ignorar que la crucifixión, la muerte con la que han pretendido conseguir tu fin, fue usada por primera vez como pena capital para los esclavos de parte del Imperio Persa, y que a través de ellos se divulgó a todo el mundo,... que fue adoptada más tarde por el Imperio Helénico y que hace unos cien años recibió la carta de ciudadanía de parte del Imperio Romano,... para con ella poder ajusticiar a lo indeseables y a los insurrectos.

4.-     ¡Qué lamentable que las cosas terminaran así! Y aún desde la cruz tu corazón ha manifestado misericordia, no tan sólo para la colectividad de los hombres, sino también para la individualidad en la que se concretiza la vida humana, aún cuando la condena en el caso de aquel que está a tu lado, ingrese dentro de los parámetros humanos de la justicia, tú le has dicho al ladrón en su arrepentimiento que: Hoy mismo compartirá contigo el paraíso. ¿Sabes? Quisiera que el hombre jamás olvidará lo que le has dicho al ladrón arrepentido, así como quisiera que jamás olvidaran aquella parábola, que ellos han llamado del Hijo Pródigo, pero que lejos de ser sólo una historia emergida del pensamiento, es la historia de nuestros sentimientos.

¡Ah! Sí el hombre supiera, sí percibiera lo que ha acontecido. Esa cruz que contemplan los hombres de donde pende tu cuerpo desangrado,... ¡cómo se ha transformado! Hace 7 siglos, la cruz no era más que una gruesa estaca de madera en la cual se colgaba el cadáver o la cabeza del ejecutado, un espectáculo ya desde entonces, atroz, y que ya desde entonces entre los Persas tenía como finalidad el humillar al condenado y que fuera, al mismo tiempo, un elemento de disuasión para los espectadores en su comportamiento. Ese madero, que ya era catalogado como una maldición y que aquel que pendía del madero era considerado “un maldito”.

Y ahí estás tú, naturaleza de mi naturaleza y hombre casi como todo hombre, y es que tú no tienes pecado, eres como Cordero inmolado, verdadero Cordero de la Pascua, Cordero sin mancha y sin pecado, pero que perdonas todos los pecados. Buen Pastor, Dios verdadero, que has dado la vida por las Ovejas, y que has convertido la cruz en tu callado,...

5.-     Y allí está ella, ¿Ya la has visto? Allí está María, la más virginal de las criaturas, la que te recibió en su seno, mujer fuerte, verdadera Eva para la humanidad, al pie del árbol de la vida, aquella que le creyó a mi mensajero, mujer fiel desde la cuna hasta la tumba. Y tú le has dicho: Ahí tienes a tu hijo, y al discípulo amado le has obsequiado diciéndole: ahí tienes a tu Madre

Una injusticia tu muerte, ¿se acordará el hombre? O ¿acaso habrá olvidado el recorrido de la cruz y su tranformación? En el Imperio helénico se le dio un giro político, y así, aunque era utilizada para castigar a los malvivientes, su matiz peyorativo les llevó, a que en algunos núcleos del poder la visualizaran como una forma de mantener el dominio sobre la población, aún cuando fuera en forma injusta o ilegítima. Aquello que escribió Platón sobre el destino que un hombre perfectamente justo podría esperar de parte de los que querían mantener el poder, pareciera haberlo escrito uno de nuestros profeta, quizá Isaías o mejor Jeremías, pero él lo redactó en su libro la República: “El hombre justo, pues, tal como lo hemos descrito, será azotado, torturado y encarcelado, le sacarán los ojos y después de padecer toda clase de humillación será crucificado”. Y allí está la historia para aclararle al hombre la veracidad de esta historia.

6.-     Y allí está María, a ella parece no amedrentarle aquellos que han adoptado el suplicio de la cruz para sus propios fines, y ahora para los fines del sanedrín. Y ahí estás tú, mi Hijo muy amado, gritando esa cuarta palabra en la cruz que ha rasgado el velo del cielo: y que ha retumbado en la eternidad y en el tiempo: ¡Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado! Y no es que estuvieras abandonado, y no es que yo te hubiese abandonado..., los hombres sí te abandonaron.

Pero tú no acusas al hombre, no le condenas; a él no le muestras molestia, pero ante mí, tienes confianza, eres mi Hijo, soy tu Padre y yo sé que el dolor ha llegado al máximo.

La cruz, tu cruz, la cruz de lo hombres no se puede entender sin la resurrección que ha de vivirse, aunque esto no te ha eximido de la vivencia humana del dolor. Y es que tú mismo aceptaste a favor de los hombres, muchos siglos antes del sí de María, en ese hágase según tu palabra, tú ya habías pronunciado tu sí personal.

El dolor se vuelve humanamente insoportable. Y es que el Imperio Romano ha llevado el castigo hasta el extremo. Para ellos la crucifixión no tenía como destinatarios a los ciudadanos libres, sino que era un castigo principalmente para los esclavos, aunque también la extendieron para los alborotadores. En ellos se  ha vuelto tan común el torturar al reo, dándole azotes hasta hacerle sangrar, con el fin de debilitarle y apresurar su muerte, parece que ellos han juzgado como demasiado grave tu delito, puesto que el castigo infringido en los azotes ha subido en el tono de severidad.

Y allí sigue ella, allí está María, aquella que no conoció el dolor del parto pero que comparte otros dolores más intensos conmigo. Ella ha visto como te han obligado a cargar la cruz hasta el lugar en donde ibas a ser sacrificado, allí en donde se han unido ese madero horizontal llamado PATIBULUM  con el madero vertical que los romanos han llamado STIPES. Es cierto que a algunos les ataban, pero en tu caso, acusado por el sanedrín de sedición  te han clavado de las muñecas de las manos. Y sobre tu cabeza se ha colocado una inscripción: Jesús el Nazareno, el Rey de los Judíos,... ¡No puedo estar de acuerdo con ellos: Rey de todos los hombres, de todos y de todo..., debieron haber escrito.

7.-     Y ahí te encuentras tú, mi Único Hijo, exhánime, siervo y varón de dolores. El justo de lo justos: agua de la vida, implorándole ahora al hombre un poco de agua y recibiendo la caridad del vinagre: Tengo sed, has exclamado.

Te contemplo descansando momentáneamente el peso de tu divino cuerpo en ese escabel mal llamado por tu captores SUPPEDANEUM, clavado fijamente en el STIPES. El castigo ha continuado durante tres horas, una hora por cada año de tu ministerio ante tu pueblo, ante mi pueblo, una hora por cada diez años de los que has vivido en el anonimato de la grandeza de la familia, junto a María y junto a un hombre tan justo como lo fue José, el hijo de Jacob, el nieto de Mattan, el carpintero de Nazaret que nació en Belén y que tuvo que vivir en tanta partes para cuidarte a tí,... son tres horas expuesto a las inclemencias del tiempo, a la molestia de los insectos y al escarnio público, algunos gritan y se ríen burlonamente en la ignorancia y otros lo hacen en la inconsciencia. Tu dolor se ha tornado humanamente insoportable, ya las mujeres israelitas, las hijas de Jerusalén te han ofrecido piadosamente ese brebaje analgésico elaborado con vinagre y con mirra.

8.-     son casi las tres de la tarde. ¡Todo está consumado! ¡Todo está cumplido! ¡Todo se ha terminado!

Haz sido obediente y con la obediencia haz borrado la desobediencia de los hombres, con tu sencillez has reparado lo que la soberbia humana había dañado. El gran sacrificio ha llegado al cúlmen, el mayor de los sacrificios.

Tu castigo será catalogado por lo historiadores, aún por los escritores judíos como “la más terrible de las muertes”. “Piernas rotas” le llaman los historiadores de Roma, a causa de esa práctica de conmiseración que tenían para con ello interrumpir el dolor de los ejecutados acabando de una buena vez, quebrándoles sus piernas,... y, precisamente ya se han acercado los mercenarios para apresurar tu muerte intentando quebrarte las piernas, por razones de trabajo para ellos, ¡Vale más que todo termine!,... por razones de la Pascua para los judíos, ellos no quieren que la fiesta de su liberación sea contaminada con tu cuerpo expuesto al aire, pero a ti no te quebrarán uno sólo de tus huesos, serás el Cordero perfecto para salvación de todos los hombres.

9.-     son las tres de la tarde, y desde la cruz te escucho gritar, buscarme, mirarme, hablarme: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Los hombres se retiran a su templo y no saben que aquí hay alguien más grande que el templo, los hombres regresan a su ciudad, y no se han dado cuenta de que aquel para quien desde el principio no hubo un lugar, y tuvo que nacer fuera de la ciudad, ha entregado su vida fuera de la ciudad, y es que tú eres el ciudadano del mundo.

son las tres de la tarde, la cruz, como lo dirá un día el Vicario del Pescadorde Galilea se convierte en ese libro vivo, del que los hombres aprenderán definitivamente quiénes son y cómo deberán de actuar. El árbol de la cruz  será ese libro que siempre estará abierto ante ellos.

ADORACIÓN DE LAs LLAGAS DE CRISTO

Cristo Jesús, el cual existía en la forma de Dios,
No exigió tener la gloria debida a su divinidad,
se anonado tomando la forma de siervo de Dios
Y se asemejó a todos los hombres en su condición.
Haciéndose hombre se humilló
se hizo obediente hasta morir en la cruz
Por eso Dios, en forma admirable a Cristo exhaltó
Y le otorgó un nombre tan alto que a todo excedió,
Para que así, el cosmos entero se centre en Jesús.
El es el señor que a todos conduce al Pa
dre. Amén.

1.-     Son las tres de la tarde del viernes santo del año 100, ¡bueno!, mejor dicho, ya han pasado 163 años desde que Pompeyo, el general Romano, conquistó para el Imperio la región de Palestina,... pero para los cristianos este es el año 100 y pronto lo será para todo el mundo conocido.

Los cristianos ya han salido del cenáculo empujados por el Espíritu Santo, ya han muerto los apóstoles, y en su momento al ir muriendo cada uno de ellos, los restantes han impuesto las manos sobre sus sucesores, tal y como un día lo hicieron con Matías, el que ocupó el lugar de Judas.

2.-     Adoramos,señor, la llaga de tu mano derecha, y por ella te pedimos nos concedas la gracia de hacer siempre buenas obras. Amén.

son las tres de la tarde del viernes santo del año 100, y muy por el contrario a lo que habían percibido los escritores romanos y judíos, los cristianos que han colaborado con el Espíritu Santo en la redacción del Nuevo Testamento, en particular San Pablo, miran en la cruz un motivo de orgullo y de gloria.

La cruz ha sido el instrumento por medio del cual Dios llevó a cabo su plan preconcebido para la expiación final del pecado, la cruz se ha convertido en el símbolo supremo de la nueva fe y en el meollo de la doctrina del Apóstol de los gentiles.

3.-     Adoramos, señor, la llaga de tu mano izquierda, y por ella te pedimos la gracia de que nunca te ofendamos con nuestras manos. Amén.

son las tres de la tarde del viernes santo del año 100. san Lucas, san Mateo y san Marcos, inspirados por el Espíritu, han trazado la línea de la narración evangélica sobre el telón de la cruz, en dónde se ha manifestado el modo en que Dios ha querido y permitido que se realizara la obra de la salvación.

En la realidad, el cuerpo de los distintos relatos evangélicos es ante todo una explicación pormenorizada del drama de la cruz. Ha sido tan dramática la escena, que han tenido que escribirles a sus destinatarios para explicar el porque de una historia que ha llegado precisamente a esos extremos.

Ellos ponen de relieve las dos dimensiones principales del misterio de la cruz, como si fueran los dos travesaños que se contemplan en la misma: Una dimensión vertical por una parte, en la cual presentan la Cruz como algo querido por el Padre y aceptado libre y obedientemente por Cristo; en este sentido la cruz no puede ser un fracaso, sino un medio de salvación. La dimensión horizontal de la otra, es la descripción de como un hecho ha sido destinado para liberar a  todos los hombres de sus pecados.

La Cruz de Cristo pregona una ley universal: la ley de la Cruz. Cristo murió por nosotros para salvarnos de la muerte, pero no para eximirnos de la cruz. Todo lo contrario nos invita a que la carguemos sobre nuestros hombros:
“ El que quiera ser mi dicípulo que se niegue a sí mimo, que cargue con su cruz y que me siga, pues el que quiera salvar su vida la perderá pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio ese la salvará”.

En ese sentido, aquel hombre de Cirene se ha convertido en un modelo para todos lo hombres. ¡Qué extraño ha resultado que aquel que ayudó a cargar la cruz del Maestro haya sido un extranjero y no uno de los doce!

4.-     Adoramos, señor, la llaga de tu pie derecho, y por ella te pedimos la gracia de poder caminar siempre por los senderos que conducen a la vida eterna. Amén.

son las tres de la tarde, hace pocos años que murió Juan, aquel que pensaban que no iba a morir, pero el Maestro no había dicho que no iba a morir, sino que: si yo quiero que esté para cuando yo regrese, ¿a ti qué?.

san Juan ha escrito el cuarto Evangelio, y es aquel que en torno a la cruz ha hecho claras referencias a una gran cantidad de imágenes del Antiguo Testamento.

En su exposición pone la exaltación de la cruz en estrecha relación con su “glorificación”. Dios ha demostrado su amor al mundo dándonos a su Hijo único para que el hombre tenga vida definitiva; ese amor es su misma gloria, que se muestra al manifestarse la gloria de su Hijo.

La gloria del amor que nos tiene se ha manifestado en toda la actividad de Jesús como dador de vida, pero ha alcanzado su expresión suprema en la cruz, cuando el Maestro ha aceptado voluntariamente la muerte por amor al hombre, para comunicarle la vida verdadera.

La serpiente de bronce levantada por Moisés en el desierto, que fue signo de salvación para el pueblo hebreo ha sido superada en supremacía por aquel que levantado en lo alto atrae a todos los hombres hacia sí mismo.

son la tres de la tarde, la cruz no es para san Juan lo más hondo de la humillación a la que sigue la exaltación, sino el principio de la glorificación, de tal forma que la “hora de Jesús” comprende ambas cosas. La “exaltación”  de Jesús en la cruz les concede a los creyentes la vida de Dios, puesto que Cristo exaltado en la cruz “atraerá todas las cosas hacia sí”, siendo glorificado como Él mismo glorifica al Padre.

El discípulo amado considera la tenebrosa hora terrena de la crucifixión como la verdadera hora de la glorificación.

La hora de la glorificación del Hijo Eterno del Padre, nos hace entender cómo es que San Juan ha favorecido en sus escritos la comparación de la cruz con el árbol de la vida.

En el libro del Génesis se nos relataba como Dios había colocado en el jardín del Edén el árbol de la Vida, cuyo fruto comunicaba el don de la inmortalidad. Ante el conocido fracaso del primer hombre y de sus pretensiones, el Evangelista san Juan, nos muestra a Jesucristo desde el árbol de la cruz, como aquel que ha dado vida en plenitud a la nueva humanidad, y lo ha hecho al entregar su espíritu y haciendo que de su costado manara sangre y agua. Ahora desde la cruz se ha abierto el camino que conduce al paraíso hallado y nosotros podremos comer de los frutos de la cruz, verdadero árbol de la vida. El antiguo signo de maldición se ha convertido ahora en el árbol de la vida en plenitud.

5.-     Adoramos, señor, la llaga de tu pie izquierdo, y por ella te pedimos la gracia de evitar toda mala compañía y todo lo que pueda arrebatarnos la inocencia. Amén.

Son las tres de la tarde del viernes santo del año 100, y ya han pasado muchos años desde que en el camino de Damasco ha acontecido uno más de los encuentros del crucificado, quien se ha encontrado con Saulo y le ha cuestionado el porqué le esta persiguiendo: “Yo soy Jesús a quien tú persigues”. Ya ha ido saulo con Ananías y el anciano le ha abierto los ojos a aquel joven impetuoso e incansable.

Es el año 100 y el persecutor se convirtió en Apóstol. San Pablo se enamorará de esta cruz

San Pablo se ha dado a la tarea de presentar toda la carga salvífica del acontecimiento de la cruz, y lo ha hecho pensando en los dos primeros destinatarios del mensaje del Evangelio: los judíos y los gentiles provenientes de la cultura helénica.

Para el núcleo del judaísmo, la cruz era un escándalo; para el núcleo de los gentiles la cruz es toda una locura. Se trata de la locura como una de las reacciones espontáneas del hombre sumergido en una cultura como la grecorromana por la crucifixión, ya lo hemos visto, para ellos la muerte en la cruz era un suplicio reservado principalmente para los esclavos.

Se trata del escándalo como una reacción de los judíos ante una muerte marcada por un estigma que era considerada como maldición divina.

San Pablo ha iluminado esta locura y este escándalo con el acontecimiento de la resurrección. Por ser la resurrección el siguiente momento, se ha podido constatar que en la debilidad de Dios se ha manifestado su fuerza, en su locura se manifiesta su superioridad sobre la sabiduría humana. Si la debilidad de Dios es más fuerte y la locura es más sabia que los hombres, es porque apuntan a algo que acontece en el centro de lo sucedido en la cruz, y que es realmente fuerte y sabio. Ello implica evidentemente que el Señor Jesús resucitó. Y lo implica de tal modo que la afirmación de la resurrección será inseparable de la crucifixión, ya que ambas realidades están objetiva y estrechamente unidas.

San Pablo ha presentado un matiz nuevo y exclusivo de una teología que sólo puede ser cristiana y de un cristianismo que se convierte en una teología con rasgos insospechados por cualquier pensamiento humano. Se trata de una teología que entiende dinámicamente el escándalo de la cruz: como crisis ante el aparente fracaso de la cruz, pero como crisis que supone el viraje de dos términos en un espacio que separa el sábado del domingo de Pascua y que manifestará el sí del Padre eterno a la obra redentora de su Hijo.

La cruz ya no será para san Pablo ni para el cristiano una ignominia, sino un título de gloria, primero para Cristo, luego para todos los cristianos. Se trata de Dios que ha clavado la sentencia de la ley en la cruz de su Hijo.

6.-     Adoramos, señor, la llaga de tu sacratísimo costado, y por ella te pedimos la gracia de encontrar siempre en él un refugio seguro contra todas la tentaciones y asalto del maligno enemigo. Amén.

son las tres de la tarde del viernes santo del año 100, por la sangre de Cristo derramada en la cruz hemos sido reconciliados todos los seres. La cruz se yergue entre las fronteras de las economías del Antiguo y del Nuevo Testamento para suprimir las antiguas divisiones causadas por el pecado, restableciendo la paz y la unidad entre judíos y paganos para que no formen ya sino un solo cuerpo.

 

VIACRUCIs DE LA HIsTORIA (1).

señor mío Jesucristo que nos invita a tomar la Cruz y seguirte, caminando tú delante para darnos ejemplo: danos tu luz y tu gracia al meditar en este Vía Crucis tu pasos para saber y querer seguirte.

Madre dolorosa: inspíranos los sentimientos de amor con que acompañaste en este camino de amargura a tu Divino Hijo. Amén.

son la tres de la tarde del viernes santo del año doscientos. La Iglesia celebra el viacrucis de Jesucristo.

Los cristianos han hecho práctica, camino, culto, testimonio y espiritualidad la doctrina de la cruz contenida en el Nuevo Testamento.

La Santa Cruz aparece pintada y grabada en las catacumbas, en las paredes y en los sarcófagos. Se le contempla como el árbol de la vida.

El árbol de la cruz, en los frescos de las catacumbas es representada como árbol florido del nuevo paraíso, tan amplio como el cielo abriendo sus dos brazos para abarcar el universo. se ha comprendido que la redención de Cristo no se limita a los hombres, sino que alcanzaba al universo todo.

Primera estación: Jesús es condenado a muerte.

Señor, que al recordar la condena injusta que tú sufriste, nos cuidemos de no condenar a los hermanos...

Los primeros cristianos descubren en algunos signos del Antiguo Testamento anuncios que presagiaban la presencia de la cruz en la obra de la salvación. El cayado de Moisés, la encina de Mambré, incluso la zarza y la columna de fuego en el camino del Éxodo.

Son las tres de la tarde del viernes santo del año doscientos y así predica Clemente en Alejandría:
“Aquel fuego, que parecía una columna, y el fuego que consumía la zarza eran símbolos del fuego sagrado, que se saca de la tierra y vuelve de nuevo llameante al cielo a través del madero, por cuyo medio nos fue dada la visión espiritual”.

Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

segunda estación: Jesús con la cruz a cuestas:

Señor, concédenos, para hacernos digno de ti, el saber aceptar nuestras cruces de cada día, con amor...

Algunas imágenes referidas por los primeros cristianos, se antojan extrañas tales como el recuerdo de la TAV que utilizaban los judíos para sellar, así como también la imagen de las alas de Dios, recordando la expresión utilizada por Jesús en el apóstrofe a Jerusalén, o algún otro texto de orígen salmódico ó profético, pero,... todo es útil para predicar la cruz.

son las tres de la tarde del viernes santo del año 300, y así predica Lactancio:
“Dios en su pasión extendió sus brazos y abarcó el orbe de la tierra para indicar por adelantado que desde Oriente a Occidente habría de congregar bajo sus alas un pueblo futuro”

Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

 

Tercera estación: La primera caída de nuestro señor Jesucristo:

Señor, todo aquel que camina, cae. Que sepamos levantarnos y ayudemos a los demás a seguir caminando...

Los cristianos hemos encontrado en la imagen de la Santa Cruz, un camino por el cual transitamos en la vida diaria.

Son la tres de la tarde del viernes santo del año 305 y ya se preparan los conversos para su bautismo, esperan escuchar en la pascua de resurrección que el sacerdote exprese en un rito que se escuchará como si fuera el más bello de los discursos programáticos para la vida del bautizado:
“          Recibe la señal de la Cruz, tanto en la frente como sobre el corazón: toma la fe en los mandamientos celestiales.
Te signo la frente, para que recibas la Cruz del Señor.
Te signo los oídos, para que escuches los preceptos divinos.
Te signo los ojos, para que veas la claridad de Dios.
Te signo la nariz, para que percibas el buen olor de la suavidad de Cristo.
Te signo la boca, para que pronuncies palabras de vida.
Te signo el pecho, para que creas en Dios.
Te signo las espaldas, para que cargues con el yugo de su servicio.
Te signo cuanto eres en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, para que tengas vida eterna y vivas por los siglos de los siglos”.

Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Cuarta estación: Jesús se encuentra a su santísima Madre:

Señor, que nosotros seamos para quienes nos rodean una presencia de paz, y un estímulo que aliente a seguir caminando...

La cruz nos recuerda el corazón abierto, en donde se derrama lo último de la sustancia de Jesús: sangre y agua, se trata de los sacramentos de la Iglesia. De la misma manera en que la primera mujer nace del costado del primer hombre dormido, ahora el Dios que se ha hecho hombre, quiere que en su dormición terrena pueda salir de su costado la nueva humanidad. Y allí se encuentra en la fidelidad su santísima Madre.

Son las tres de la tarde del año 370 y así predica san Ambrosio en la catedral de Milán:
“Cristo ven en busca de tu oveja, no por medio de siervos, ni por medio de asalariados, sino ven en persona. Tómame en esta carne que cayó Adán. Tómame, no de Sara, sino de María... Llévame a la Cruz, que es salvación para los que yerran; sólo allí encuentran descanso los que están fatigados, y vida, los que están muriendo”.

Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Quinta estación: El cirineo ayuda a Jesús a cargar con la cruz:

Señor, que sepamos donar un poco de nuestro tiempo y de nuestro amor a aquellos que lo necesitan...

La cruz no está hecha para soportarse sino para tomarse. El dolor, que acompaña tantas veces la vida de todo hombre y de cualquier cristiano, puede ser un medio que Dios le envía para ejercitar y robustecer sus virtudes y para unirse a los padecimientos de Cristo Redentor.

La cruz cuando se acepta produce paz y gozo aún en medio del dolor; cuando no se acepta, el alma queda desentonada o con una íntima rebeldía que sale enseguida al exterior en forma de tristeza o malhumor.

Son las tres de la tarde del viernes santo del año 380 y san Cirilo predica en Jerusalén:
“            En la cruz Dios extendió sus brazos para abarcar todo el orbe de la tierra

Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Sexta estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús:

Señor, ayúdanos a ser también como la Verónica: cristianos valerosos, para solidarizarnos con lo que lloran y sufren...

La cruz se ha convertido en un signo de bendición que nos enorgullece. Es posible que en los inicios de la Iglesia los círculos en los que se movían los cristianos se mofaran al contemplar la Cruz. En nuestro tiempo, es posible que no exista alguien que se ría de la cruz al contemplarla físicamente, pero sí de su significado y de todo aquello a lo que nos invita.

Son las tres de la tarde del viernes santo del año 400 y así predica san Juan Crisóstomo en la Catedral de Constantinopla:
“Oigan esto cuantos se avergüenzan de la Pasión y de la Cruz de Cristo. Porque si el Príncipe de los Apóstoles, aun antes de entender claramente este misterio, fue llamado Satanás por haberse avergonzado de Él, ¿qué perdón pueden tener aquellos que, después de tan manifiesta demostración, niegan la economía de la Cruz? Porque  si el que así fue proclamado bienaventurado, si el que tan gloriosa confesión hizo, tal palabra hubo de oír, considerad lo que habrán de sufrir los que, después de todo eso, destruyen y anulan el misterio de la Cruz”.

Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Séptima estación: Jesús cae por segunda ocasión:

Señor, que no nos desalentemos frente a nuestros fracasos o debilidades, sino que sepamos levantarnos y sigamos caminando...

Cuando la Iglesia salió de las catacumbas, se reprodujo con profusión la señal de la cruz y se extendió su culto. Se adornaron entonces las fachadas de las casas, los dinteles de las puertas, las decoraciones de los interiores en las casas de los cristianos. En lo litúrgico había un culto de veneración que tenían los primeros cristianos a la cruz de Cristo.

Tertuliano nos da ya noticia de la señal de la cruz, que se hacía con el pulgar y el índice de la mano derecha y que se trazaba sobre la frente.

Son la tres de la tarde del viernes santo del año 410 y de nuevo San Juan Crisóstomo, predica sobre la importancia que tiene la imagen de la cruz:
“Que nadie se avergüence de los símbolos sagrados de nuestra salvación (...); llevemos más bien por todas partes, como una corona, la Cruz de Cristo. Todo, en efecto, entra en nosotros por la Cruz. Cuando hemos de regenerarnos, allí está presente la Cruz; cuando nos alimentamos de la mística comida; cuando se nos consagra ministros del altar; cuando se cumple cualquier otro misterio, allí está presente siempre este símbolo de victoria. De ahí el fervor con el que lo inscribimos y dibujamos, en nuestras casas, sobre las paredes, sobre las ventanas, sobre nuestra frente y en el corazón. Porque éste es el signo de nuestra salvación, el signo de la libertad del género humano, el signo de la voluntad de Dios para con nosotros”.

 “...No hay mejor joya en la corona imperial que la cruz que la remata (...). En las casas, en las calles, en el desierto, en los caminos, en los montes, en las cascadas, en las colinas, en el mar, en el bosque, en las islas, en los lechos y en los vestidos, en las armas y en los tálamos, en los convites y en los vasos religiosos, en las joyas y en las paredes decoradas, en los cuerpos de animales enfermos, en los cuerpos de los hombres posesos, en la guerra, en la paz, en el día y en la noche..., todos buscan su inefable gracia. Nadie se avergüenza de este signo de la cruz”.

Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

 

VIACRUCIs DE LA HIsTORIA (II).

La cruz conserva toda una carga de significación en el pensamiento cristiano de los siglos posteriores: se trata del  memorial de la Pasión de Jesucristo y de nuestra redención, es símbolo de la inmolación espiritual del cristiano, es signo de penitencia y de unión a los padecimientos de Cristo, es signo del sacrificio y de la propia entrega de la vida. Lo anterior le podrá hacer entender, a cualquier hombre, el porque la Iglesia contempla la cruz de Cristo, como signo de bendición y la propone como camino de espiritualidad: “ Sólo tú has sido exaltado por encima de todos los cedros; de ti estuvo suspendida la vida del mundo; en ti triunfó Cristo; en ti venció la muerte a la muerte para siempre”. Reza la antífona del benedictus en la fiesta de la santa Cruz.

Octava estación: Jesús consuela a la piadosas mujeres de Jerusalén.

Señor, que nosotrossepamos asumir una actitud de fe, amor y esperanza frente a nuestro dolor y al sufrimiento de lo demás...

La cruz de Cristo es el signo del misterio de la salvación. La Cruz conserva toda una carga de ejemplaridad para todos nosotros, el discípulo sabe que nunca será superior a su Maestro, y que debe aprender a reproducir todo aquello que su Maestro le ha dejado como ejemplo.

son las 3 de la tarde del viernes santo del año 460 y así predica el Papa san León Magno a los cristianos de Roma:
“La Cruz de Cristo, que ha sido colocada para salvación de los mortales, es, a la vez, Misterio y Ejemplo. Misterio, en cuanto que la fuerza de Dios despliega toda su potencialidad por medio de la Cruz; Ejemplo, en cuanto que la Cruz enciende en el hombre la voluntad de entrega”.

Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Novena estación: Jesús cae por tercera ocasión:

Señor, que no seamos causa de tropiezo para lo demássino una mano amiga que alivia y levanta...

Que la cruz es solidaridad, es algo que la Iglesia ha visto desde siempre en la forma misma de la cruz: expansión hacia todas las dimensiones del mundo, brazos abiertos que quieren abrazarlo todo. Será un recuerdo constante de que el cristiano debe aprender a abrazar, al igual que su Maestro, a todos los hombres.

son la tres de la tarde del viernes santo del año 600, san Gregorio Magno predica a los cristianos de todo el mundo desde la sede en Roma:
 “De dos modos podemos llevar la cruz del Señor, o afligiendo a nuestro cuerpo con la abstinencia o, por compasión al prójimo, considerando como nuestras sus necesidades. El que se conduele de las necesidades ajenas lleva la cruz en su corazón”.

Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Décima estación: Jesús es despojado de su vestidura:

Señor, cuando el dolor nos toque y nos despoje de nuestro egoímo y orgullo, que sepamos llenarnos de tu amor...

La cruz será para el cristiano una invitación a ejercitarse en las virtudes. Se trata de cultivar las que no se tienen y de crecer en las que se poseen. Con toda razón expresará el Doctor Angélico que en la cruz encontramos el ejemplo de todas las virtudes.

son la tres de la tarde de un viernes santo del siglo xIV y en algún lugar de Europa Tomás de Kempis escribe la Imitación de Cristo: 
“En la cruz está la salud y la vida. En la cruz, la defensa contra los enemigos. En la cruz, la infusión de la suavidad soberana. La cruz es la fortaleza del corazón. En la cruz está el gozo del espíritu. En la cruz está la suma virtud. En la cruz está la perfección de la santidad. No está la salud del alma ni la esperanza de la vida eterna en otro lugar, sino en la cruz”.

Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Décimoprimera estación: Jesús es clavado en la cruz:

Señor, que tengamos el valor de saber perdonar siempre y a todos...

El cristiano sabe que la cruz del Señor Jesús le espera cada día de la vida. Dificultades, enfermedades, desastres económicos y naturales, la muerte de un ser querido, contrariedades, imprevistos, infortunios, incertidumbres, incomprensiones. Diría San Francisco de Sales que la cruz está hecha de todos los tipos de madera que te puedas imaginar.

son la tres de la tarde de un viernes santo del año 1600 y predica san Francisco desde una Iglesia en sales, en la actual suiza:
“Nunca se ha sabido con certeza de qué madera fue la cruz de Nuestro Señor. Yo pienso que es para amar sin distinción las cruces que nos envía, sean de la madera que sean, y que no digamos: Esta cruz o aquélla no son amables, porque no son de tal madera.

Las mejores cruces son las más pesadas, y las más pesadas son las que más repugnan al corazón...; a medida que son más importunas, son mejores que los cilicios, las disciplinas, los ayunos y cuanto han inventado de austeridad.

Las cruces que nosotros hacemos o que inventamos son siempre bien pulidas por lo que tienen de nuestro y, por eso, menos fortificantes. Humillaos, pues, y recibid alegremente las que se os impongan sin vuestra voluntad. Lo largo de la cruz le da el precio, pues no hay pena más dura que la dure.”

Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Décimosegunda estación: Jesús muere en la cruz:

Señor, ayúdanos a comprender que morir no es quedar muerto, sino vivir plenamente...

La oración cristiana se dirige normalmente al Padre por Cristo, apelando a la virtud redentora del Salvador muerto en la cruz. Esta invocación se hace permanente a través del culto a la cruz. El uso de la cruz es una constante apelación objetivada a la gracia proveniente de la muerte en la cruz, como defensa contra los espíritus malignos y contra las tentaciones y como medio para obtener ayuda y protección.

son la tres de la tarde del viernes santo del año 1630 y Félix Lope de Vega Carpio escribe con gran soltura al contemplar a Cristo crucificado su rima sacra  xIV, conocida como de La Divina Espera amorosa :

Pastor que con tus silbos amorosos
Me despertaste del profundo sueño;
Tú, que hiciste cayado de ese leño
En que tiendes los brazos poderosos.

Vuelve tus ojos a mi fe piadosos,
Pues te confieso por mi amor y dueño,
Y la palabra de seguirte empeño
Tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor, que por amores mueres,
No te espante el rigor de mis pecados,
Pues tan amigo de rendidos eres.

Espera pues, y escucha mis cuidados;
Pero; ¿Cómo te digo que me esperes,
Si estás para esperar los pies clavados?

Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Décimotercera estación: Jesús en los brazos de María santísima:

Señor, que el dolor por quienes amamos nos lleve a comprender a aquellos que están lejos de nosotros...

La proclamación de la victoria de Cristo por medio de la cruz nos da a los cristianos la seguridad de que, después del acontecimiento convulsivo de la muerte de Cristo, sufrida a favor de nosotros, nuestra existencia ha cambiado, la fuerza del pecado está quebrantada, el jefe de este mundo ha sido destronado.

son la tres de la tarde del viernes santo del año 1920 Giovanni Papini está en un hospital, se acerca un sacerdote y le dice que si quiere dialogar. Tras charlar un rato, Papini le dice al cura que se siente insatisfecho con 39 años de vida y aunque ya ha escrito varios libros siente que las manos las tiene vacías, y entonces le muestra sus manos. El sacerdote le pide que repita el gesto. Al hacerlo, le coloca en las palmas el crucifijo que estaba inicialmente sobre la cabecera, añadiendo: “Esas manos ya están llenas...”

Un año después (1921) ya restablecido, escribe su obra “La Historia de Cristo”, él manifestaba que ve en el mundo una gran Cruz invisible, plantada en medio de la tierra:
“Bajo esa cruz gigantesca, goteando sangre todavía, van a llorar y buscar fuerzas los crucificados en el alma.”

Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

Décimocuarta estación: Jesús es puesto en el sepulcro:

Señor, que no tengamos miedo de morir porque la muerte es un paso a la Vida que ere tú...

El signo de la cruz perpetúa ante la humanidad la invitación a seguir a Jesús crucificado por la vía de la obediencia absoluta a la voluntad del Padre hasta la muerte. La exigencia de este seguimiento se opone a la inclinación espontánea de asegurar la satisfacción del amor propio egoísta e inmanente como valor principal de la existencia. No hay que olvidar que el seguimiento de Jesús implica lucha y sacrificio, es decir, la “cruz”.

son la tres de la tarde del viernes santo del año 1930, Miguel de Unamuno escribe desde su estudio en salamanca:
“           Mientras la tierra sueña solitaria,
Vela la luna blanca;
Vela el hombre desde su cruz,
Mientras los hombres sueñan;

Vela el hombre sin sangre, El hombre blanco
Como la luna de la noche negra;
Vela el hombre que dio toda su sangre
Porque las gentes sepan que son hombres.”

Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

 

PÉSAME A LA VIRGEN SANTÍSIMA.

SALUDO INICIAL

 

El Salvador del mundo, a quien estuvo unida la Virgen Dolorosa, esté con todos vosotros.
R. Y con tu espíritu.

MONICIÓN

 

Hermanos:     Les invito para que en este ejercicio de piedad en el que le ofrecemos el Pésame a la Virgen María consideremos cómo el amor lleva todas las penas, todos los tormentos, todos los dolores y sufrimientos, la pasión, la cruz y la muerte misma de nuestro Redentor al corazón de su Madre Santísima.  Los mismos clavos que crucifican el cuerpo de su divino Hijo crucifican también el corazón de la Madre y la lanza que abrió el costado del Salvador fue aquella que atravesó el alma de nuestra Señora.  Y su pecho maternal, tan herido por el amor, no solamente no trata de curar su herida, sino que guarda celosamente las flechas clavadas en su corazón ofreciendo su dolor por los pecados del mundo.  Los exhorto para que mientras, con el alma emocionada, acompañamos a María en su dolor, unamos nuestra plegaria para que el Señor tenga misericordia de nosotros.  Amén.

¡Madre, llena de dolor, has que cuando expiremos;
nuestras almas entreguemos por tus manos al Creador!

Hermanos muy queridos: El drama más interesante de todo el mundo es el drama del alma humana. Si el alma no estuviera dotada de libertad, podría ir a las guerras y empresas sola y abandonada a sí misma; pero dueña como es de elegir, a diferencia del sol y la luna, el viento y las piedras, puede usar el tiempo y las cosas para decidir su destino, su eternidad y su juicio.

En este Pésame a la Virgen hagamos un recorrido desde las palabras que pudieron haberle dicho seis personas cercanas al Calvario: Simón Pedro, María de Betania, Judas Iscariote, Poncio Pilato, Claudia, la esposa del Procurador Romano y Herodes Antipas.

SIMON PEDRO.

¡Madre, llena de dolor, has que cuando expiremos;
nuestras almas entreguemos por tus manos al Creador!

Aquí estoy Madre, para acompañarte en este momento de dolor. Mi nombre es Simón y tu Hijo quiso llamarme Kefás, piedra. Experimento en lo profundo del alma un dolor indecible y un arrepentimiento verdadero por lo que ha sucedido, experimento, al mismo tiempo, un amor inefable por tu Hijo y por ti Madre del Divino Verbo.

¿Cómo es que empezó mi desventura habiéndome llamado tu hijo bienaventurado? Cinco cosas sucedieron Madre:

Primero: el descuido en la oración. Y es que ningún alma se apartó jamás de Dios sin haber renunciado primero a la oración. Es la oración la que estrecha la relación con el Poder divino y la que nos abre las puertas del cielo.

El nos había pedido velar en oración la noche de anoche cuando la luz de la luna iluminaba el Getsemaní y Él iba tiñendo de rojo con su sangre las raíces de los olivos.

Judás ya no estaba con nosotros. Tu Hijo había dejado a los otros ocho en un lugar apartado, mientras que a mí, a Santiago y a Juan nos había dejado a la distancia del tiro de la piedra.¡Qué medida de distancia tan significativa en la noche anterior a su muerte!

Pero la tristeza provocó que nuestros ojos se cerraran. El vino a nosotros dos veces a invitarnos para que no le abandonáramos en la soledad de su plegaria, pero no sé que sucedía en nosotros que no podíamos mantenernos espabilados. Yo no sé que pasó en mí, Madre, si yo mismo estaba tan habituado a las jornadas nocturnas. Todavía recuerdo  la pesca milagrosa cuando yo mismo le argumentaba a tu Hijo, mi trabajo nocturno: ¡Señor, toda la noche hemos trabajado y no hemos pescado nada!... Y ahora no sé que me pasó la noche de anoche, pero mis ojos se caían por el cansancio.

Y así regresó por tercera vez y nuevamente nos encontró durmiendo. ¿No sé que nos pasó a los tres? ¿ A los doce? ¿Y a todos los hombres? Yo podría argumentar que no tan sólo fui yo el que me quedé dormido, que también fue Santiago y Juan,... pero quién se excusa se acusa y no se vale ni diluir ni disminuir la propia culpa a costa de las culpas de los otros. No se vale, porque Tú misma,... y toda mujer es capaz de velar no una hora o una noche, sino día tras día y noche tras noche en presencia del peligro que amenace a su hijo. Mientras que los hombres estén durmiendo.

Y entonces sobrevino la segunda causa de mi desventura: la sustitución de la oración por la acción. A mí me ha pasado lo que les pasa a tantas personas que no han aprendido la lección más dolorosa expuesta en carne ajena: la mayoría de las almas cuando sienten la necesidad de hacer algo por Dios, buscarán el solaz de la actividad. En vez de ir desde la oración hacia la acción, descuidan la oración y resultarán ocupados en mil cosas. Es fácil que se piense que estamos haciendo la obra de Dios cuando sólo se está en un movimiento interminable o atareados sin un proyecto. Y yo no fuí la excepción.

En la confusión que siguió al arresto de Nuestro Bendito Señor me dejé dominar por mi impetuosidad. Y no comprendía que mi lucha no debe ser con las armas del mundo sino contra las armas del mundo.

Y así, la oración la cambie por la violencia para con el prójimo. Perdí la devoción por el celo y la ira. Mucho mejor hubiese sido que dedicara unas horas de mi vida activa para mi vida contemplativa. No había comprendido todavía que ninguna actividad puede reemplazar el velar y orar durante una hora.

Y llegó la tercera causa de mi desventura: la tibieza. Más rápido de lo que podía imaginar, y contra mi presuntuosidad e ímpetu interminable, me di cuenta de que la actitud religiosa sin la oración rápidamente degenera en indiferencia. Creía como muchos creerán que se puede ser demasiado religioso, demasiado celoso, o “gastar mucho tiempo en la Iglesia sin que asumamos las actitudes del Maestro”.

Después de que lo apresaron le fui siguiendo, pero de lejos. Primero abandone la oración después la acción, y ahora me conservaba a la distancia.

Había tenido el valor para desenvainar la espada unas horas antes, aún cuando estaba rodeado de soldados, y ahora estaba alejado. Cristo era mi pasión dominante y ahora yo me mantenía a la distancia como sí Él fuese sólo incidental en mi vida.

Y vino la cuarta causa, Madre, de mi infortunio: la comodidad, la búsqueda del confort. Y es que una vez que lo divino se esfuma de la vida, lo material empieza a reafirmar su imperio. Y cuando el Maestro pasaba incomodidades yo buscaba la satisfacción del cuerpo. No entre a la corte sino que permanecí fuera con los criados. Estaba sentado con aquellos que tenían encendida aquella fogata en el atrio.

Y así fue mi retroceso y mi regreso, mi camino hacia abajo: lo seguía de lejos, me detuve entre la gente sin ingresar a la corte y me senté cerca del fuego de aquellos que condenaban a tu Hijo. El confort, las comodidades y mis lujos habían hecho a un lado la fidelidad. Y, créeme, a pesar de estar frente a aquel fuego, en mi corazón se sentía el frío.

Y así llegué al momento final de mi desencanto: La pérdida de respeto humano. Se trata de aquella situación con la que negué mi fe y por desventura, manifesté sentirme avergonzado del Señor.

En el fuego ellos vieron mi rostro. Ante el tribunal el Señor daba testimonio de su divinidad y allá afuera estaba yo jurando ante los que me preguntaban que yo no lo conocía y con ello le negaba. Y así los oficiales, y aquella criada y la otra, y aquel hombre que reconocía mi forma de hablar con el acento propio de la provincia de Galilea. Y yo me encolerizaba, no conmigo, sino con aquellos que me reconocían. Cuanto dolor me provoca el constatar  que he visto y aprobado las cosas mejores, pero que he seguido las peores. Te ruego me perdones, Madre.

¡Madre, llena de dolor, has que cuando expiremos;
nuestras almas entreguemos por tus manos al Creador!

MARÍA DE BETANIA, LA HERMANA DE LAZARO.

¡Madre, llena de dolor, has que cuando expiremos;
nuestras almas entreguemos por tus manos al Creador!

María, Madre de Cristo y Madre nuestra, soy yo quien te habla, mi nombre también es María, me llamo igual que tú y junto con mis hermanos Lázaro y Martha vivimos en Betania, muy cerca de aquí, en el camino que sube a Jerusalén. Tú has de saber que mis hermanos y yo hemos gozado de la amistad de tu Hijo, que nuestra casa era su casa, que en nuestra casa Él se sentía a gusto, que le agradaba llegar de improviso puesto que sabía que nosotros no esperábamos obtener algo de Él sino ofrecerle algo a Él, Martha mi hermana se desvivía por disponer todo en la casa para que Él estuviera a gusto con nosotros, y a Él también le agradaba que yo me sentara a sus pies a escucharlo y en no pocas ocasiones, tan sólo a mirarlo. ¡Eso bastaba para mí! Mi hermano Lázaro, por su parte, era como un hermano para tu Hijo, tú sabes que cuando mi hermano murió, tu Hijo lloró por el amigo, en tal manera que todo mundo pudo percibir cuanto amor guardaba tu Hijo en su corazón para mi hermano. Hoy nosotros lloramos contigo la injusticia que al Rabuní se le ha cometido. Nuestras lágrimas expresan el amor que le tenemos no la falta de fe, son señal de dolor no de falta de esperanza, ¡ojalá que todos los hombres distinguieran entre estos dos tipos de llanto, para que no ofendieran a nuestro Maestro, a tu Hijo Santísimo!

¿Sabes, María? Te quería comentar que hace una semana, un día antes de que tu Hijo entrara con vítores a esta ciudad santa de Jerusalén, Él llegó a nuestra casa y le ofrecimos de comer, mi hermano estaba a la mesa con Él y, por supuesto, mi hermana Martha era la que servía,... y yo de pronto sentí la necesidad de efectuar un gesto que en ese momento yo misma no comprendí, pero que allí mismo Él nos explicó, aunque no llegamos a asimilar lo que Él nos explicaba: ¿Sabes? Él hablaba sobre su muerte que ya estaba cercana, lo cual nos causó mucho dolor...

¿Qué fue lo que hice? Le vi llegar, cansado del camino, todo parecía indicar que aquella subida a la ciudad Santa de Jerusalén estaba resultando demasiado exhaustiva para Él, sólo Él sabía porque. En ese momento recordé que tenía un frasco de perfume hecho de nardo puro, que estaba guardando para que yo pudiera usarlo en algún momento demasiado especial. Aquel frasco era de alabastro y tenía un cuello largo y estrecho, me lo habían traído de las tierras de los Persas, y me había costado trescientos denarios, “bastante caro” dicen algunos, otros mencionan que “ese tipo de perfumes son los que obsequian los Reyes de Oriente a otros Reyes cuando les nace un Príncipe”... María, Madre ¿Por qué te quedas pensativa?, ¿En qué piensas?, ¿De qué te estas acordando?...

...Te comentaba que Él estaba recostado en el triclinio ante la mesa, después de quitarle las sandalias, lo derrame en sus pies y toda nuestra casa se impregnó de aquella fragancia, todavía hoy el aroma se conserva en todas las habitaciones, en mis manos y,... en mi cabellera. Y es que antes de ponerle de nuevo sus sandalias le seque con mis cabellos el excedente de perfume.

Me acuerdo de que Judas, quien por cierto tenía la manía de ponerle precio a las cosas, más que pensar en el afecto que esta detrás de un obsequio, inmediatamente mencionó el costo de la fragancia: “ trescientos denarios, casi el salario obtenido en un año por un jornalero en su trabajo”,... yo me sonrojé, porque mi obsequio era sincero y no tenía la mínima intención de que se mencionara el costo de algo cuyo valor es muy distinto del costo, aunque el costo pareciera demasiado, yo lo entendía bastante bien cuando el Señor nos lo mencionó al aquilatar dos moneditas de aquella viuda que dio de lo que tenía para vivir.

Y es aquí, en donde el Señor mencionó algo que sigue resonando en mis oídos y que ahora he comprendido: “Ella se adelantó a ungir mi cuerpo para la sepultura”. Fue en ese momento que recordé que nuestro padre Jacob había vertido ungüento sobre una piedra, y de este modo la dedicó como altar de sacrificio a Dios.

Estoy aquí contigo, para decirte que no te hemos dejado sola, ni a Él tampoco, puesto que sé que Él tenía un gusto por mi familia, considero que a Él le agrada que yo tenga un afecto especial por ti que eres su Familia. Te quiero comentar que vengo de ver donde lo han puesto, ya que tengo allí otro frasco de perfume guardado para amortajarlo, yo no quiero que su cuerpo emita olores como los que emitía el cuerpo de mi hermano cuando  Él le resucitó, aunque tengo que decirte que poco antes de que resucitara a mi hermano, han mencionado algunos que Él dijo: “Tengo poder para dar la vida y poder para recuperarla”. Tú sabes que sólo Él sabe lo que dice, desde aquel momento en que en el Templo Él hablaba de ocuparse de las cosas de su Padre, y tú aprendiste a clarificar en tu corazón todas sus palabras.

Él sabe lo que hará, y yo sé lo que quiero hacer, en tanto ya tengo el perfume preparado, pero tendrá que ser pasando el sábado, tenemos que esperar que pase la Pascua, y yo te prometo que antes de que aparezca la luz del primer día de la semana yo estaré allí para ungirlo de nuevo...

Soy yo María, Madre Santa, la que te acompaña, la más cercana a la Cruz el viernes santo y la primera en la Tumba en la mañana de la resurrección.

¡Madre, llena de dolor, has que cuando expiremos;
nuestras almas entreguemos por tus manos al Creador!

JUDAS ISCARIOTE.

¡Madre, llena de dolor, has que cuando expiremos;
nuestras almas entreguemos por tus manos al Creador!

Soy yo Madre, el que ahora te dirige la palabra. ¿Nadie podría pensar que yo tengo algo que decirte, o que tenga cara para decirte algo?

Tres años con el Maestro y ahora recuerdo aquello que el Maestro refirió en la parábola del sembrador: “éstos... no echan raíces en ellos, y así, dura muy poco; y luego viene la tribulación o la persecución por causa de la Palabra, y al instante se secan”.

Soy yo, quien te habla, algunos me llamarán tibio y otros renegado y quizá esta última expresión es la que más se avecina a aquello que he vivido, o mejor dicho en aquello por lo que he muerto en vida. ¡Renegado! Renegado es aquel que un tiempo fue bendecido por la gracia y la intimidad divina, y que más tarde la abandona. ¿Comprendes porque la palabra Renegado es la más propia?

¿Quién soy? Un día nací en Keriot y los amigos y familiares de mis padres llegaron con dádivas para aquel que estaba naciendo. Un niño que prometía, Judas me llamaron como una derivación del nombre de nuestro padre Judá. Y has de saber que yo era el único de Judea entre los apóstoles. Y que es porque los de Judea somos más hábiles para la administración que los Galileos, que tu Hijo quiso confiarme la bolsa apostólica.

Pero no pude vencer al peor de mis enemigos: la codicia, un pecado pernicioso, un pecado que se mantiene joven cuando todos los demás vicios envejecen.

Mi codicia ya se había manifestado en aquella casa, cuando aquella mujer pecadora se había introducido en la comida y había derramado los óleos en los pies del Nuestro Señor para enjugarlos con sus cabellos, y aquella casa se había llenado con la fragancia de aquel perfume. Me acuerdo de aquella postura de enojo de parte mía ante el despilfarro: “¿por qué no se ha vendido este perfume en trescientos denarios, para darlo de limosna a los pobres?” Y fue cuando tu Hijo ya anunciaba su muerte y manifestaba que aquel bálsamo era un adelanto de su embalsamiento... En verdad que nunca habrá desperdicio en un ministerio para el Amor Divino.

Y la codicia me fue devorando por dentro, por qué yo lo permití. Quizá tú no lo sabes, pero no  fueron trescientos denarios en lo que se pudo haber vendido aquel perfume sino la décima parte del costo de aquel perfume lo que acepté por entregar al Maestro. ¡Treinta denarios!, Madre, ¡treinta denarios! El costo de un esclavo como lo menciona nuestro profeta Zacarías 11,12. Tu hijo, tomó forma de siervo y fue vendido por el precio de un esclavo.

Me da pena. El maestro parecía conocer todo lo que había realizado en la oscuridad de mi corazón mezquino, y cuando en la última cena anunció que uno de los doce le iba a traicionar, le pregunte sí hablaba de mí y el asintió. Era de noche. Siempre es de noche cuando volvemos la espalda a Dios.

Y vino la aprensión, e iba delante de ellos y me acerque al Maestro para besarle. Después del crepúsculo los soldados no lo iban a reconocer por eso es que había pactado ofrecerle el ósculo de la amistad. Y él me dijo: “Amigo” y luego preguntó: “¿con un beso entregas al Hijo del hombre?”,... amigo, ¡amigo!, amigo, todavía me llamaba ¡amigo!, a pesar de que conocía lo que había tramado y realizado.

Madre, soy yo aquel que con una señal de afecto entregué a aquel que nos ama y que es fiel con todos. El nos había invitado para que cuando estuviéramos cargados y agobiados que recurriéramos a Él para obtener descanso, y yo lo olvide, o quizá estaba arrepentido de mi mismo pero no me había arrepentido con Dios.

Y luego, tú ya conoces el desenlace. Un desenlace distinto del que el Maestro hubiera querido, porque aunque yo sabía que como hijo pródigo iba a merecer el becerro gordo, yo prefería el becerro de oro sobre el becerro gordo.

Y así cuando el sol se ponía, dos árboles hacían historia: en uno de ellos estaba aquel que unía los cielos con la tierra y en el otro estaba yo, que siempre fui extraño para los cielos y para la tierra.

¡Madre, llena de dolor, has que cuando expiremos;
nuestras almas entreguemos por tus manos al Creador!

HERODES ANTIPAS.

¡Madre, llena de dolor, has que cuando expiremos;
nuestras almas entreguemos por tus manos al Creador!

Tenía ganas de conocerte, María,... yo siempre tengo ganas de conocer a las personas que tienen nobleza en su corazón, posiblemente porque yo no tengo nobleza en mi corazón, y así conocí al Bautista, conocí a tu Hijo, el Galileo como le llamaba la gente y yo era el tetrarca de Galilea, era justo que lo conociera... bueno me encontré con ellos más que conocerlos,... ¡Me encontré con ellos como esa roca se encuentra con esa otra roca y siguen iguales!

Sé que me conoces demasiado, puesto que conociste a mi padre,... ¡Exacto! Yo soy Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande aquel que cuando se enteró del nacimiento de tu Hijo mandó matar a todos los niños menores de dos años.

En realidad, más que romanos somos una familia muy cercana a los judíos y al mismo tiempo tan lejana. Mi familia es oriunda de Idumea, es decir descendía de Esaú, el hermano de Jacob, pues Esaú es padre de Edom aquel que fundó nuestra Idumea.

Y así ha sido nuestra vida, toda mi familia ha tenido que gastarse y desgastarse para mantenerse en el poder, cueste lo que cueste: Mi padre Herodes el Grande mandó asesinar a los niños inocentes, yo Herodes Antipas mande decapitar a Juan el Bautista, mi sobrino Herodes Agripa mandará degollar a Santiago, uno de los discípulos de tu Hijo.

¿Sabes? En realidad, no sé ni porque estoy aquí contigo, aparte de querer conocerte,... soy un hombre demasiado mundano, mi imperio es el reino de los sentidos...

Cuando Poncio Pilato aprovechó la coyuntura de mi presencia en Jerusalén por motivos de la Pascua de tu pueblo, queriendo que fuera yo el que le condenara, le recibí con morbo y frivolidad, veía y trate a tu Hijo como si fuera un bufón, desesperado por la emoción que pudiera depararme unos momentos de magia, de hechicería, de esos artilugios que todo mundo decía que Él hacía. La gente afirmaba que Él era un prestidigitador, un taumaturgo, que,... en realidad ese ha sido mi problema: en mi libertinaje he confundido la religión con la magia. Puedo decirte que tengo interés por la religión, que la he estudiado, la leo y la he llegado a conocer a fondo, pero nunca he querido renunciar a mis vicios.

Ví a tu Hijo frente a mí e inmediatamente le sature de preguntas, pero Él no pronunció ninguna palabra,... ¡Tú lo sabes! si aquello que Él me dijera me hubiese provocado satisfacción Él hubiese tenido un defensor en mí, pero si me hubiese censurado ya sabría Él con quien se estaba metiendo,... ¡No te creas! en realidad no hubiese hecho nada, ¿Por qué? Porque Poncio Pilato me lo había mandado para así librarse de la culpabilidad en su condena. ¡Ah! Pilato tan ingenuo, yo puedo ser proclive a las mujeres, pero él se olvidó que yo soy político de muy alta escuela y él no,... él es un simple procurador de justicia, que cayó como una palomita en las garras de un Sanedrín demasiado astuto, y él fue demasiado mediocre y cobarde, timorato y tibio,... fue por eso que le regresé a tu Hijo. La verdad es que si me hubiesen hecho lo mismo los judíos a mí, yo me hubiese burlado de ellos no por tu Hijo sino por mí, ¡ellos saben con quien se meten!

¿Sabes, Mujer? Me he preguntado si tu Hijo hubiese podido hacer algo por mí, y creo que sí, ya que Él cambió el corazón del corrupto Zaqueo, de la prostituta de Magdala, del ladrón arrepentido,... aunque tengo que decir que la dificultad de mi posible transformación estaba en mí y no en Él, ya que en Él yo no buscaba un milagro para creer sino para satisfacer mi curiosidad, le ofrecía a tu Hijo no un alma para que la salvase sino unos nervios para que me hiciera vibrar por la emoción, aplaudirle y ovacionarle, y después abandonarle... pero ¡nada!, y entonces lo desprecie, me burlé de Él, le puse un vestido blanco, para continuar con mi ruin sarcasmo, y es que has de saber que todos aquellos que pretenden una Magistratura en el Sacro Imperio Romano se les pone una túnica impecablemente blanca, es decir una túnica cándida, por eso les llamamos “candidatos”,... y después de mi felonía e ironía lo regresé a Pilato, de quien recuperé la amistad...

Sí, efectivamente tu Hijo logró que recuperáramos la amistad porque antes habíamos estado enemistados.

¡Madre, llena de dolor, has que cuando expiremos;
nuestras almas entreguemos por tus manos al Creador!

PONCIO PILATO:

¡Madre, llena de dolor, has que cuando expiremos;
nuestras almas entreguemos por tus manos al Creador!

Me conoces María, creo que sí, puesto que me veías a lo lejos y desde hacía un lejano tiempo sabías que había llegado a Palestina más a fuerza que con gusto. En realidad Palestina era para mí un pretexto o quizá un motivo para escalar la procuraduría en otras provincias.

Yo también tengo que pedirte perdón. Podría también lavarme las manos frente a ti para decirte que soy inocente de la sangre de tu Hijo, y decirte que me obligaron, pero tengo que reconocer que yo fui demasiado tibio, mediocre, pusilánime, timorato y cobarde ante el juego de la muerte que ejecutaba con maestría el Sanedrín. Pero, en ese juego yo era el árbitro y acepté el juego sucio y todos los excesos en cuanto a la rudeza se refiere. ¿Me faltó inteligencia? ¿Me sobró ambición? Creo que las dos cosas y este es mi delito.