Domingo 11 de Abril de 2010_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

VIVIR LA VIRTUD DEL TIEMPO

“Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz sea con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: “La paz sea con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban al Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Tomás uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz sea con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.

Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritas en este libro. Se escribieron éstas para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre”

 

Momento 1

Momento 2

Momento 3

Momento 4

Evangelio Diario

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   1.-    Muy querido amigos: ¡Felices pascuas de resurrección!

¿Sabías tú que el insigne escritor francés Jean Baptista Poquelín, “Moliere”, célebre autor del Tartufo y del Médico a Palos, tiene una obra titulada El Burgués Gentilhombre, en la cual se nos presenta a un personaje económicamente rico, a quien se le llama el “señor Jourdain”, el cual al escuchar que se había puesto de moda el que las personas hablaran en prosa, ni tardo ni perezoso quiso estar a la vanguardia de las requisitorias de la sociedad, para lo cual contrató al mejor de los maestros de la Francia de ese entonces, con tal que le enseñara todas las artes que fueren necesarias, y así poder hablar en prosa, no importaba el costo, ¡dinero tenía suficiente!?

¡Qué ingenuo el hombre! No se daba cuenta, de que toda su vida se la había pasado hablando en prosa, y de que en prosa es la forma normal de comunicarnos.

2.-     Esta imagen nos puede provocar risa, y sin embargo resulta aleccionadora para muchos de nosotros, especialmente para aquellos que llamándonos cristianos, en muchas de nuestras actitudes dejamos mucho que desear. Así mismo, nos presenta  la razón de muchos de los errores a los que somos propensos a causa de esa nuestra ingenuidad.

Y es que, resulta increíble esa inocencia mezclada con crasa ignorancia, que padecemos un gran número de los bautizados.

No puede ser posible el alcanzar a entender como un fiel cristiano posee en Cristo el Camino y que se pase la vida en búsqueda de veredas o de atajos. Resulta increíble que en Cristo se posea la Verdad y que nos encaminemos tras esas verdades parciales, tras las falacias y nos engolosinemos con las demagogias. Es irónico y hasta sarcástico el pensar que en Cristo poseamos la Vida verdadera y que nos autoengañemos ante fugaces intentos de sobrevivencia.

3.-     Y,... somos tantos los cristianos que, como el señor Jourdain, andamos en búsqueda de alguien que nos enseñe a hablar en prosa, cuando toda nuestra vida hemos hablado en prosa, y qué digo ¡en prosa!, resulta necesario decir,... ¡la mejor de las prosas!

Andamos buscando que se nos enseñe a hablar del amor, cuando hemos conocido el verdadero Amor en la expresión más grande y perfecta que se ha manifestado en la historia, y esa ha sido precisamente la historia de la Pascua anunciada, proclamada y celebrada.

Andamos buscando que alguien nos enseñe a hablar de la sencillez, cuando Dios mismo se anonadó y se hizo sencillo ante nosotros,... tan sencillo ha querido ser Dios en su nacimiento,... como en su muerte de cruz.

Andamos buscando a alguien que nos enseñe sobre el sentido que tiene el dolor, cuando Cristo mismo nos ha mostrado el poder salvífico que puede tener el dolor humano.

Andamos buscando que se nos enseñe acerca del sentido de la muerte, cuando la muerte para nosotros ya no es una incertidumbre; la muerte no tiene dominio sobre nosotros, y es que,... solamente ha existido uno en la historia que, habiendo muerto, ha regresado con una nueva expresión de la vida, y ese es Jesucristo.

Andamos buscando que nos hablen sobre la eternidad cuando Aquél que es Eterno ha ingresado en la historia, y la ha vuelto a traspasar en el misterio de su resurrección, con la consecuente riqueza que se nos otorga.

4.-     Hoy, segundo domingo de Pascua, el resucitado abre tanto los ojos de nuestro cuerpo, como los de la mente y los del corazón, para enseñarnos la Verdad en torno a la virtud de la Esperanza que debe guiar nuestra existencia.

Al contemplar la imagen del resucitado, la puerta de la esperanza se abre, de par en par, para todo hombre. En Cristo, que ha vencido todo aquello que a los hombres nos aquejaba, hemos encontrado una razón para seguir esperando.

Y será la Esperanza cristiana, la virtud que transforme nuestras aptitudes y nos conceda esas actitudes necesarias para ver y actuar en la vida de una forma distinta.

5.-     ¡Es Cristo nuestra esperanza!

Una esperanza que nos ayuda a motivarnos aún en la adversidad, para que nos sintamos lo suficientemente hábiles, y así encontremos nuevas formas de alcanzar nuestras metas en la vida.

Es la esperanza de Cristo la que nos vuelve seguros cuando nos encontramos sumergidos en un problema, y aquella que nos permite vislubrar que las cosas pueden y van a mejorar, con la ayuda de Dios.

Esta virtud cristiana, que brota de la fe en el resucitado, nos capacita para así encontrar la manera de alcanzar nuestros objetivos, o modificarlos sensatamente si estos se vuelven imposibles.

Será la esperanza, la que nos muestre ese camino necesario para no renunciar, y para tener la capacidad de reducir una tarea monumental en fragmentos más pequeños y manejables, pero sin claudicar de inmediato.

Abrigar esperanza en la vida diaria significa que no abdicaremos ante la ansiedad abrumadora, ni ante una actitud derrotista, ni ante la depresión, cuando tú y yo, como cualquier persona nos enfrentemos a desafíos o contratiempos.

6.-     Y es que para los cristianos el vivir es creer, es decir, dar crédito, aceptar, esperar lo que no se ve todavía y dar tiempo para que se nos vaya descubriendo.

Nosotros sabemos que en las decisiones más importantes de nuestra existencia, la razón nos ayuda, pero la razón nunca basta. Es por ello que los cálculos más reflexivos han de complementarse, y ser avalados, por la fe y la esperanza. Estas virtudes serán siempre la garantía de alcanzar lo que uno sueña. Será aquí, en donde la esperanza fortalezca nuestras convicciones y encauce nuestras emociones.

La esperanza puede hacer que el nacimiento, el matrimonio, la graduación,  la consagración, la ordenación sacerdotal,... toda nuestra vida, y la misma muerte, sean contempladas de forma distinta.

¿Por qué no darnos cuenta de que se vive de lo que se espera? ¿No te has dado cuenta de que un niño es fascinante en sí mismo y en cuanto a la promesa que representa? Los que dan un hijo al mundo, hacen un gran acto de fe y se abren a  los caminos de la esperanza.

Un matrimonio o la consagración a Dios es una apuesta idéntica ¿Quién puede garantizar el éxito, quién puede asegurar que dure, sino es Dios y el amor cristiano que, como lo definía Gabriel Marcel, y san Pablo mucho antes que él,  amar es “esperar siempre en el otro”?

Los esposos se aman en cuanto esperan el uno del otro maravillas que nadie más podría aportarles.

Lo mismo sucede en nuestra experiencia de la muerte, ya que ese momento nos interpela: ¿te confías o no te confías? La verdadera muerte no está en el morir, sino en dejar de creer. La verdadera vida consiste en seguir esperando, aun ante la muerte.

7.-     Es aquí y solamente aquí, en donde encontramos que la Resurrección se convierte en la fuente verdadera de nuestra esperanza.

¡Qué triste, mi querido señor Jourdain, que pagues a extraños para que te enseñen a hablar en prosa, cuando toda la vida has hablado así!

¡Qué triste, cristiano, que busques bagatelas y limosnas, cuando posees en tu propia vida el mayor tesoro que existe!

¡Qué triste bautizado, que los astros, los cometas, los horóscopos, los signos, las cartas, el café, la tarot, los amuletos y los talismanes reciban toda tu confianza como para permitirles “marcar” tu destino, cuando en Cristo has conocido la Verdad!

8.-     En Cristo hemos recibido la enseñanza más autorizada en torno a la Vida y a la muerte, a la noche y el día, a la Familia y la Amistad, al Trabajo y el Descanso, a la Oración y el Apostolado, a la Enfermedad y las obras de Misericordia, al Amor y el Perdón...

Jesucristo no es un camino más que se nos propone, sino que Él es el Camino. El Señor no es una verdad más de las muchas que se han propuesto en los púlpitos de los hombres, sino que Él es la única Verdad. Jesús no es una de las formas posibles de vida, sino que Él es la Vida.

9.-     Muy querido señor Jourdain, ¡no te has dado cuenta! Toda tu vida has hablado en prosa. Reflexiona y acércate a tu parroquia, y encontrarás aquello que te exige solamente la plena conciencia y un poco más de tu interés.

 

 

ONCE DÍAS DE TINIEBLAS.

Tomás uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz sea con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.

1.-     Para nuestra forma de pensar, el protagonista, o mejor dicho, el antagonista de la escena evangélica es Santo Tomás, sin duda alguien que ha sido conocido como el incrédulo, pero también le agregaría el día de hoy,... alguien aislado de la comunidad que no es capaz de confiar a la primera en sus compañeros, en sus amigos, en la Comunidad Apostólica, en lo que Pedro y los demás Apóstoles le dicen, y lo peor de todo,... ¡en lo que Cristo les había prometido!

Su incredulidad surge de la negativa para recordar todo lo que el Señor les había enseñado, pero sobre todo de una actitud reacia para creerle a la comunidad de los creyentes, aquello que ellos han visto. En realidad, no ha creído ni siquiera a su Maestro, mucho menos creerá en los condiscípulos.

2.-     Cada uno de nosotros también hemos pasado, pasamos y pasaremos, como santo Tomás, por momentos en que no podemos creer que la resurrección sea posible. Y nuestra negativa para aceptar el hecho que los otros hayan visto, supondrá la máxima prueba que un hombre incrédulo puede pedir.

Y aquí nos queda la constancia del hecho, como si fuera una muestra de la situación de ánimo que viviremos en nuestros momentos de incredulidad.

A Santo Tomás no le sirvió la prueba de los demás. Se puede estar en nuestra vida Diez contra Uno, y aún así nos parecerá un argumento mucho más importante nuestra negativa que aquello que los otros Diez puedan afirmar.

Y,... Santo Tomás ha pasado en la historia del cristianismo como el prototipo del incrédulo.

3.-     Y, no obstante, hay quien ha dicho que su incredulidad ha sido mucho más valiosa que la fe de los demás.

Y es que, así como santo Tomás, hay muchos que no le creemos a San Pedro y a los otros apóstoles, aduciendo siempre nuestra necesidad, y nuestro derecho, de tener los contactos tangibles y existenciales para que nos podamos abrir a la fe.

4.-     La incredulidad será también la tentación de todo ser que viva su existencia al margen o aislado de la comunidad. En realidad, no se puede confiar en la resurrección desde la soledad y el aislamiento.

La resurrección solamente se ve, se conoce, se celebra y se vive cuando se participa y se vive en comunión con los creyentes que también viven y esperan lo mismo. Y,... ¡Eso es la Iglesia!

Y estas son también nuestras posibilidades: la soledad o la comunidad, la fe o la incredulidad. Todos podemos optar:  "O incrustarnos en el seno de la familia, de la Iglesia, de nuestra sociedad. O vivir incrédulos de lo que los demás nos quieren compartir y así mantenernos aislados, viviendo, o por mejor decirlo, sufriendo la más terrible de las soledades".

Lejos de la comunidad de creyentes, lejos de San Pedro y de los demás Apóstoles, lejos del Papa y de los Obispos, lejos de la Iglesia, se vive la incredulidad, y la incredulidad se convierte en soledad, y la soledad acaba con la vida de las personas.

5.-     En lo personal, yo me resisto a creer que todos ellos, los grandes hombres y  mujeres de la Iglesia, de todos los tiempos y de todos los pueblos, hayan errado al confiar en el Señor Jesús y en el anuncio de vida y resurrección.

Yo me resisto a creer que todos aquellos que lo han dejado todo a lo largo de la vida, que han renunciado a sí mismos, que han tomado la cruz de Cristo, que han ofrecido su propia existencia, que han vivido la caridad perfecta, y con ello la santidad, que han revolucionado su tiempo y su espacio, lo hayan podido hacer al margen de su comunidad, al margen de la Iglesia. Recuerda que los grandes reformadores del cristianismo no son los que se alejan de la Iglesia sino aquellos que permanecen en el seno de la Iglesia. Lutero no ha sido el reformador del cristianismo, los reformadores son los santos, como lo fue san Francisco de Asís y otros.

6.-         Pienso en el temperamental y apasionado san Pedro, en el Docto y comprometido san Pablo; mi pensamiento se dirige hacia el coherente San Juan Bautista o bien hacia el Místico Evangelista san Juan; por un momento estoy pensando en el inquieto y empecinado San Agustín de Hipona así como me voy encontrando con los eximios San Irineo de Lyon, San Gregorio de Nisa, San Gregorio de Nacianso, San  Basileo, San Juan Crisóstomo, con San León Magno y con san Atanasio.

Me imagino y espero gozar de la eternidad al lado del angelical san Francisco de Asís, o junto al genio de santo Tomás de Aquino en la eterna contemplación del hermoso rostro de Cristo. Pienso, por un instante, en un honesto San Juan Bosco, en un servicial San Juan Bautista de la Salle y en el incansable San Ignacio de Loyola.

Me imagino gozando de una vida infinitamente mayor que una visión en éxtasis, al lado de Santa Teresa de Ávila, o de Santa Teresita del niño Jesús. Pienso aunque sea por un solo momento en el compartir una fe tranformada en contemplación gloriosa al lado de la mismísima Madre de Dios. ¡Es la fe en Jesucristo! ¡Es la fe de la Iglesia!

7.-     Me siento profundamente orgulloso de la Santa Madre Iglesia, a ésta a la que le llamamos católica, y de la cual todos los que hoy se enorgullecen de llamarse cristianos han tenido como madre y de ella han recibido el alimento, de sus pechos se han amamantado, aunque algunos después de haberse nutrido de lo mejor de ella, al sentirse mayores han renunciado al hogar materno, ¡y se han sentido adultos e independientes!

La polémica suscitada en torno al Pseudo-Evangelio de Judas Iscariote nos debe llevar a pensar bien las cosas. Si fuéramos realmente coherentes sabríamos que sin la Iglesia católica, que ha sido siempre dócil al Espíritu de Dios, ellos no existirían como cristianos ¿de dónde hubieran salido ellos y cuál verdad habrían creído, si nuestra Iglesia no hubiera guardado celosamente y predicado fielmente el depósito de la fe en Jesucristo? ¿Cuál evangelio predicarían ellos si la Iglesia no lo hubiese conservado y defendido? ¿Cuál Biblia llevarían bajo el brazo si la Iglesia católica no hubiese guardado fielmente bajo la acción del Espíritu Santo los textos sagrados, incluso hasta el ofrecimiento de la vida de muchos de sus primeros hijos? ¿Cómo iban a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, si los Papas san Celestino y san Dámaso no hubiesen defendido al lado de los Obispos san Atanasio de Alejandría y san Paulino de Antioquía el símbolo de la fe que ahora profesamos?

8.-     En lo personal, y con serios fundamentos; no con los argumentos de apariciones de ángeles, sino con la doctrina que Cristo resucitado le ha dado a Pedro y a los otros apóstoles, te quiero decir que le creo más a la Iglesia del sucesor de san Pedro y de los sucesores de los apóstoles que a quien viene a tocar la puerta de mi casa y no es capaz de creer aquello que creen san Pedro y sus sucesores, por el sólo hecho de no haber metido la mano en su costado o no haber tocado sus llagas. Cada vez que los contemplo me viene a la memoria aquella sentencia y bienaventuranza expresada tan claramente por el Señor Jesús: "Tomás, tu crees porque has visto, dichosos los que creen sin ver".

Pero bueno, ya seguiremos hablando más adelante sobre los incrédulos, hoy es el tiempo de hablar sobre la incredulidad.

9.-     ¿Tú te acuerdas? Hemos hablado desde hace dos semanas de las semanas en la vida: al iniciar la semana santa hablábamos de la semana de la recreación. La semana pasada hablábamos de la grandeza de la resurrección acontecida en el primer día de una nueva semana que no ha terminado en la vida del cristiano.

Y, el día de hoy, surge de nueva cuenta la contabilidad de los días, y la representación de la vida en la presentación de una semana.

Pero,... temo decirte que la semana de la que hablamos hoy resulta triste el presentarla, puesto que más que vida trae muerte, más que traer alegría nos sumerge en la tristeza, más que insertarnos en el grupo de los creyentes nos mantiene al margen de la comunidad,... no podemos hablar el mismo lenguaje, tampoco entender el porque de su despreocupación, de sus cantos, de sus rezos, de sus celebraciones,... de las danzas y del abrazo, de su buena cara y aspecto, de su sueño infantil, de la energía que tienen para realizar sus arduas faenas y agotantes jornadas. Hoy, tenemos que hablar con tristeza de la semana de la incredulidad.

Se trata de una semana que ha vivido, o mejor dicho, sobrevivido y malvivido Tomás. Un Tomás que por su incredulidad le agregó otros ocho días al Misterio de la Vida en su propia vida. ¡Fíjate!, como Tomás no vivió tres días en la tristeza, sino que por su falta de fe, transformó los tres días del sepulcro en once días de oscuridad.

10.-         ¿Sabes? Guardo con mucho cariño aquél poster que encontré en la Parroquia de san Juan Bosco cuando llegue aquél jueves 03 de Septiembre de 1992. En la oficina que ocupe estaba colgado en la pared aquel impreso que tenía un joven pidiendo limosna con una taza deportillada en la mano, su vestidura rota y sucia, y su porte lamentable provocaba lástima. En el calce del mismo se encontraba una leyenda igualmente triste: "Ayúdame que mis días son màs oscuros que tus noches".

11.-         Querido amigo:

A tí te toca optar, o por la comunidad o por la individualidad y el aislamiento. O por lo que san Pedro y el Colegio Apóstolico testifican o por tus incredulidades. Será difícil, no puedo decir "imposible", que hoy sigas reclamando meter tus dedos en las llagas y tu mano en el costado. Es difícil no puedo decir "imposible"

Pero recuerda que en el incrédulo exactamente esto sucede: se pierde el sentido de la realidad, de lo que hacemos y la razón de la existencia.

 

PASAR DE LA NOCHE AL DÍA.

“Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz sea con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

1.-     Muy queridos amigos:

¡Que distintas se miran las cosas de esta vida cuando en el corazón se posee la flama de la esperanza! Y no es que la vida sea distinta,... los que son distintos son aquellos que poseen en el cofre de la existencia el tesoro de la fe.

La bóveda celeste se ha tornado en una oscura caverna mientras que el cristiano puede emerger victorioso de la fosa fatal. Es de noche en el cielo uránico, pero es de día en el corazón de la Iglesia, y de aquellos que crean por la predicación de la Iglesia.

La invitación de este domingo no es otra, sino el que permanezcamos estrechamente unidos como familia de Dios, como cuerpo de Cristo, como edificación construída en Cristo, la piedra angular y sobre el cimiento de las doce columnas de los apóstoles del Cordero. Será esto lo que nos ayude en los momentos de adversidad.

2.-         Muchas personas hemos llegado a pensar que el acercarnos a Dios nos hace inmunes a las dificultades. Y se encuentran en un error.

Aún los mismos sacerdotes y las personas consagradas tenemos que enfrentar en algún momento de la vida, la muerte de un ser querido, la enfermedad que nos postra en el lecho, la soledad, la injusticia, la persecución. El que alguien entre a un grupo apostólico o vaya a una experiencia de retiro, no le aleja de los problemas, no le vacuna contra las dificultades, no le aisla de la incomprensión, del posible desempleo y de cualquier tipo de situaciones difíciles en la familia.

La vida no cambia en la cercanía con Dios, quienes cambiamos somos nosotros y ésto es lo que nos capacita para vivir la existencia de una forma distinta. La muerte no es el final para nosotros; la enfermedad y el dolor han adquirido matices salvíficos; en las dificultades es cuando surge el brillo de la fe y la esperanza.

3.-     El cristiano ha comprendido     que Dios no quiere el dolor, ni la muerte, ni la enfermedad, ni la soledad, ni el abandono y tanto es que no lo quiere, que precisamente lo que mismo que nos hace sufrir a nosotros, fue lo que hizo sufrir a Cristo en el camino de la cruz y en el Calvario. El cristiano ha comprendido ahora, que no debemos ponerle un signo de interrogación a aquellas situaciones de la vida en donde Dios le ha puesto un punto final.

El que Dios se haya subido a nuestra barca nunca será señal de una travesía tranquila, sino una señal de que a pesar de las adversidades podremos arribar felizmente al puerto.

4.-         ¿Sábes? El pensador inglés John Thelwall, del siglo XIX, consideraba ´injusto influir en la mente de un niño inculpándole opiniones antes que haya llegado a la edad del raciocinio para que pueda escoger por sí mismo´. Ante lo anterior Samuel Taylor Coleridge, amigo de John Tewall, nos narra una esclarecedora anécdota en el libro TABLE TALK, con fecha del 27 de julio de 1830:

 “Mostré a John Thelwall mi jardín, y le dije que era mi jardín botánico. ¿Cómo –preguntó-, si está cubierto de malezas?” “Oh –repliqué-, es porque todavía no han llegado a la edad del raciocinio y la elección. Como ves, las malezas se han tomado la libertad de crecer, y me pareció injusto inculcar al suelo prejuicios a favor de las rosas y de las fresas.”

5.-         Hablando sobre el tema de la fe, y de la formación en la fe. ¿Sábes? En la actualidad muchos padres de familia están sumamente preocupados del crecimiento físico de sus hijos, lo mismo que del crecimiento intelectual, y... ¡qué bueno que lo hagan!, pero les falta una verdadera preocupación por su crecimiento espiritual.

Es de todos conocido, que cuando los hijos tienen algunos logros en el aspecto físico el padre de familia se siente orgulloso. A los padres nunca les ha molestado, el que sus hijos experimenten su desarrollo biológico, todo lo contrario, ésto les provoca complacencia, y hasta presunción.

De la misma manera, cuando los hijos tienen algunos logros académicos los padres se sienten realizados. Podríamos decir, que los logros de los hijos son también logros de los padres. Hoy los padres se preocupan, con toda la razón del mundo, de la educación básica y profesional de sus vástagos. Ellos quieren que estudien otra lengua extranjera, que se inicien desde muy niños en el mundo de la cibernética.

Todo lo anterior me parece valioso,... pero me preocupa y debiera preocuparnos el que no exista la misma preocupación por la educación religiosa. Un hijo podrá pasarse hasta 17 o más años en las aulas antes del ejercicio de su vida profesional, y en lo religioso,... los papás hasta se molestan, y reclaman, y le llegan a llamar a la Iglesia burocrática, por el simple hecho de que en algunas ocasiones, se les pida un mínimo año de catequesis. Y así es ésta historia,... somos tantos y tantos los que nos hemos quedado en la infancia de la fe.

6.-     ¡Qué doloroso encontrarse hoy con todos esos aduladores que reptan en lugar de ensayar el vuelo, que ofrecen fáciles estupefacientes que idiotizan pero que no ayudan al hombre a ser un hombre verdadero!

Recuerda que la fe tendrá sus pruebas que le fortalezcan: Hermanos una fe sin crisis es una fe infantil, una fe en crisis podríamos llamarle que es una fe adolescente; pero una fe a pesar de nuestras crisis es realmente una fe adulta.

Y esta es nuestra propia vida, la de aquellos que se han quedado pobres del alma, aún cuando rebosen sus bolsillos. ¿Te acuerdas de aquel triste lamento convertido en aquel tristemente bello poema de Gloria Fuertes titulado otros pobres?

Hoy me entristecen otros pobres.
Me dan pena los mendigos,
los mendigos de letras,
los mendigos de duda,
los mendigos de ciencia,
esos sí que me dan pena.
Los que no tienen nada
duermen a pierna suelta,
en un banco, en el puente,
beben en la taberna,
dicen: "¡Dios se lo pague!",
se rascan una pierna,
se comen un tomate
y piensan que son profetas.
Mendigo es el que dice:
¿Y si Dios no existiera?

7.-     ¿Y tús hijos no estarán muriéndose en la más lamentable mendicidad?

Hay quien todavía piensa que la fe es solamente un peso que se debe soportar, y la verdad es que no puedo estar de acuerdo con ello. ¡Bueno! Les doy un margen de razón, para no caer en la intolerancia del pensamiento. Nuestra fe es un peso si tú lo quieres ver así, pero acepta que también se tranforma en un alivio.

Sentimos la fe como un peso cuando nos fijamos sólo en sus exigencias. Pero se transformará en el mejor de los alivios cuando con su luz iluminemos todos esos problemas que suele tener nuestra vida y se encargue de llenar de esperanza el corazón. Pidámosle a Dios que nos deje sentir la eficacia de su presencia en nuestras vidas.

Hace algunos años,... muchos años tendría que decir,... le hicieron una entrevista a Don Andrés Henestrosa y entre tantas preguntas que le hicieron le cuestionaron sobre su vida religiosa. Le preguntaron concretamente si creía en Dios, y entonces vino aquella afirmación de Don Andrés: "Sabes: Yo soy ateo de día y,... piadoso creyente de noche.

8.-     ¡Oye!¿Y tú familia no estará sumergida en la más terrible de las oscuridades? No pierdas de vista la labor profética que realizamos cada uno de los bautizados,... tambien los padres de familia.

Te quiero compartir que en lo personal disfruto de una forma muy especial de todos esos ritos de la Iglesia que se encuentran insertos en las Celebraciones de los Sacramentos. Uno de esos momentos se realiza en la celebración de un Bautismo, en el que la Pascua nos ha hecho vivir.

La Santa Madre Iglesia le pide al papá que sea él, el padre de familia, el que encienda el cirio bautismal de sus hijos con el Cirio Pascual encendido solemnemente del fuego nuevo en la Madre de todas las liturgias, aquella que celebramos hace una semana, en la Vigilia Pascual, la fiesta del Resucitado.

Y lo que enfatiza la Iglesia con este gesto es por demás interesante: “El padre biológico, aquel que se ha preocupado de engendrar para la fe debe recordar que la educación en la fe cristiana de sus hijos no es tan sólo un deber materno sino que también le corresponderá al padre de familia educar con palabras y obras a sus hijos en la fe cristiana, aquel que se ha de encargar de cuidar la vida física de los hijos deberá preocuparse de cuidar la vida espiritual”.

9.-     Muy queridos amigos:

Ojala que comprendiéramos que cualquier momento en la vida recibe su consistencia y su significado verdadero en la medida en que estamos unidos a Cristo, en la medida de que tengamos fe. Aún la tristeza, la soledad, el dolor, el abandono, los cansancios, las desilusiones y la mismísima enfermedad...

¿La enfermedad? ¡Claro, que la enfermedad! Recuerdo en este momento una afirmación categórica del médico Herbert Benson, profesor adjunto de medicina de la Universidad de Harvard y autor del libro: “Curación milenaria: poder y biología de la fe”. Afirma el catedrático: “La medicina moderna es como un banco de tres patas. Los medicamentos y la cirugía son dos de esas patas; la tercera es lo que la gente hace por sí misma: se trata de la fe en Dios y la oración”.

¿Y tú ya pasaste de la noche al día? ¿Y a tus hijos ya les entregaste la lámpara de la fe? Recuerda lo afirmado con insistencia: La lámpara no anula la noche pero nos ayuda para que nuestros pies no tropiecen en medio de la oscuridad de nuestras dificultades.

 

 

ESPERANDO CONTRA TODA ESPERANZA.

Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritas en este libro. Se escribieron éstas para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre”

 

1.-     Muy queridos amigos:

Cuando los vicarios episcopales y los decanos de nuestra arquidiócesis, presididos por nuestro señor Cardenal, nuestros Obispos auxiliares y la Vicaría de Pastoral, preparábamos los guiones de predicación para los ejercicios cuaresmales de este año pensábamos en un esquema del Kerygma como el apropiado conforme a la invitación de nuestra misión continental. Durante la sesión en la que estábamos aprobando el contenido final, recuerdo que nuestro Señor Cardenal enfatizó un factor para que se incluyerá en los mismos… Nos habló de que no olvidáramos referir la virtud de la esperanza, puesto que este tiempo de crisis económica, de desempleo, de violencia e inseguridad necesitan que los cristianos no olvidemos esta virtud necesaria para que tengamos actitudes distintas ante situaciones que están fuera de nuestro control.

Efectivamente el guión de nuestra reflexión llevó por título: DISCÍPULOS Y MISIONEROS DE LA ESPERANZA - de la esperanza humana a la esperanza cristiana -. Esta es la razón por la que este día quisiera ahondar sobre esta virtud cristiana.

2.-     Hablemos pues, sobre la esperanza. Le menciona san Agustín al Señor en las Confesiones: “Toda mi esperanza estriba sólo en tu gran misericordia”.

Pero,… ¿qué es la esperanza? La esperanza es la virtud por la cual Dios nos da la seguridad de alcanzarle a Él y los bienes que nos tiene prometidos. Es la virtud por la cuál se mantiene el rumbo de la vida del hombre y se da sentido a su existir terreno.

3.-     La esperanza se manifiesta a lo largo del Antiguo Testamento como una de las características más esenciales de la piedad del pueblo de Dios.

En el Génesis se habla ya de la esperanza en la victoria de la mujer y su descendencia sobre los poderes del mal (Gen 3,15), así como la esperanza de un mundo nuevo después del diluvio (Gen 9, 1-17).

Isaías, en medio de las decepciones del reinado de Ezequiel, anuncia la esperanza de la llegada del Mesías, a condición de que no se apague la fe (Is 7,9-14). Jeremías ultrajado y aprisionado, no podrá menos que decir: “Dichoso el hombre que confía en Yahwéh y cuya esperanza es Dios”, en el momento en que Babilonia se vuelve amenazadora, declara que: “el Señor reserva a su pueblo un porvenir lleno de esperanza” (Jer 17,7). Pero es en los Salmos donde se repite sin cesar la plena confianza en el Señor, origen de toda esperanza: “No dejes confundida mi esperanza” (Sal 119, 116; Cfr. 25,2; 28, 7; 31,7; 71, 5; 61, 4; 119, 81; 33,18; 72,4; 46,3; 12,8...).

La esperanza en el Señor, ubicada en medio de la angustia es especialmente grandiosa: “Mi alma aguarda al Señor. Aguarde Israel al Señor” (130,6-7).

Jesucristo nos anuncia, en cada página del Evangelio, un mensaje de esperanza. Cristo mismo es nuestra esperanza (1Tim 1,1). El es la garantía plena para alcanzar los bienes prometidos. En Él tenemos puesta nuestra esperanza y, llenos de ella, nos podemos acercar confiadamente a Dios Padre (1Tim 3,12). Nos ha prometido, ante todo, los bienes celestiales: “Esta es la promesa que Él nos hizo, la vida eterna” (1Jn 2,25). Por eso esperamos que un día nos conceda la eterna bienaventuranza y, ya ahora, el perdón de los pecados y su gracia.

4.-     Menciona san Agustín en su Sermón 21: “Entonces será la alegría plena y perfecta, entonces el gozo completo, cuando ya no tendremos por alimento la leche de la esperanza, sino el manjar sólido de la posesión. Con todo, también ahora, antes de que esta posesión llegue a nosotros, antes de que nosotros lleguemos a esta posesión, podemos alegrarnos ya con el Señor. Pues no es poca la alegría de la esperanza, que ha de convertirse luego en posesión”.

La esperanza brota del amor y del conocimiento en aquel que amamos y conocemos como alguien digno de nuestra esperanza. Así lo refiere santo Tomás de Aquino: “El que alguien nos ame hace que nosotros esperemos en Él; pero el amor a Él es causado por la esperanza que en Él tenemos”. Y también san Agustín: “La esperanza es imposible si no hay algún amor”.

5.-     El Señor mismo nos ha señalado que el objeto principal de la esperanza cristiana no son los bienes de esta tierra, que la herrumbre y la polilla corroen y los ladrones desentierran y roban (Mt 6,19), sino los tesoros de la herencia incorruptible, y en primer lugar la felicidad suprema de la posesión eterna de Dios.  Y así nos lo recordará también san Agustín: “No somos cristianos para buscar una felicidad terrena, que a veces no les falta a los ladrones y criminales. Somos cristianos por buscar otra felicidad, que recibiremos enteramente cuando se termine esta vida del siglo”.

No obstante lo anterior, como consecuencia, la esperanza se extiende a todos los medios necesarios para alcanzar ese fin. Bajo este aspecto particular, también los bienes terrenales pueden caer bajo el ámbito de la esperanza, pero sólo en la medida y en la manera con que Dios los ordena a nuestra salvación. “La esperanza tiende a la herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible del cielo y se funda en la protección del poder de Dios” (1Pe 1,4ss).

Es infundida por Dios en el momento del Bautismo como una disposición e inclinación permanente. Bajo el impulso de la gracia actual será después el principio de aquellos actos que ayudan al hombre, por encima de sus flaquezas y culpas, a superarse continuamente hasta alcanzar el fin supremo.

6.-     La esperanza es fuente de alegría y permite soportar con paciencia los sufrimientos (Col 1,11-24). El hombre que tiene esperanza ora confiadamente y con constancia en todas sus tribulaciones de su vida; soporta pacientementela tentación, las tribulaciones y el dolor; trabaja esforzadamente por el reino de Dios, y emplea todas sus fuerzas para lograr su fin eterno, a través de su quehacer humano. De forma magistral nos recordará San Cirilo de Jerusalén: “La esperanza del premio conforta el alma para realizar obras buenas”.

La esperanza lleva al abandono en Dios, pues sabe el cristiano que Él cuenta con todas las situaciones por la que ha de pasar nuestra vida: edad, enfermedad, etc... Sabe también que en cada situación tendremos todas las ayudas necesarias para salir adelante. San Gregorio Magno posee una hermosa homilía que nos recuerda lo anterior con las siguientes palabras: “Ni la cantidad, ni la calidad de los males que hemos cometido nos hagan vacilar en la certeza de la esperanza. Aumenta mucho nuestra confianza el hecho del buen ladrón, el cual no era bueno sino ladrón. Pensad bien cuán incomprensibles son en Dios las entrañas de misericordia. Este ladrón, que había sido preso en el camino con sus manos manchadas de sangre, fue colgado en el patíbulo de la cruz; en él confesó, en él fue sanado y en él mereció oír: Hoy estarás conmigo en el paraíso. ¿Qué significa esto? ¡Quién podría explicar debidamente la bondad de Dios! En vez de recibir la pena debida por nuestros crímenes, recibimos los premios prometidos a la virtud. El Señor ha permitido que sus elegidos incurran en algunas faltas para dar esperanza de perdón a otros que yacen agobiados bajo el peso de sus culpas, si acuden a Dios de todo corazón, y además les abre el camino de la piedad por medio de los gemidos de la penitencia”.

7.- ¿Pero cuáles son los atentados contra la virtud de la esperanza? No cae en la desesperación quien padece dificultades y dolor, sino quien no aspira a la vida eterna y el que desespera de alcanzarla. Así lo afirmará el Crisóstomo: “Lo grave no es que quien lucha caiga, sino que permanezca en la caída; lo grave no es que uno sea herido en la guerra, sino desesperarse después de recibido el golpe y no cure la herida”.

La primera postura viene determinada por la incredulidad o por el excesivo afán en los bienes de esta tierra. La verdadera desesperación paraliza los esfuerzos para hacer el bien y superar las dificultades. A veces, la desconfianza está determinada por la debilidad del querer, por el esfuerzo que comporta la lucha ascética y el deber de la renuncia (la tibieza). Sobre el ánimo actúa en este sentido, de modo especial, la lujuria.

El desánimo, hermano menor de la desesperación, es un aminoramiento de la esperanza. Puede depender de la tibieza o de a pusilanimidad. Pero si no se le pone el oportuno remedio puede degenerar gradualmente en desesperación. Para combatir la desconfianza valen, sobre todo, el recuerdo de las noticias recibidas, la oración, la aceptación serena de la prueba y el humilde reconocimiento de nuestra propia miseria. En este sentido también San Juan Crisóstomo nos ofrece una bellísima enseñanza: “Esta virtud es como una fuerte cadena que baja del cielo y ata nuestras almas; si éstas quedan firmemente sujetas, va tirando de ellas poco a poco hasta unas alturas sublimes, y las sustrae a las tormentas de la vida presente. Pero el alma que, vencida por el desaliento, se suelta de esta santa ancla, cae inmediatamente y perece sumergida en el abismo del mal.

Nuestro adversario no ignora esto; por eso, en cuanto nos ve agobiados por el sentimiento de nuestras faltas, se lanza sobre nosotros e insinúa en nuestro corazón sentimientos de desaliento más pesados que el plomo. Si les damos acogida, ese mismo peso nos arrastra, nos soltamos de la cadena que nos sujetaba y rodamos hasta el fondo del abismo”.

8.-     También se opone a la esperanza la presunción, entendida como temeraria confianza en las propias fuerzas para alcanzar la salvación, o como espera del cielo sin la cooperación propia y sin renuncia a la culpa. Nuevamente el Crisóstomo nos ayuda a profundizar en este tema: “¡No desesperéis nunca! Os lo diré en todos mis discursos, en todas mis conversaciones; y si me hacéis caso, sanaréis. Nuestra salvación tiene dos enemigos mortales: la presunción cuando las cosas van bien y la desesperación después de la caída: este segundo es con mucho el más terrible”.

Nuestra esperanza en el Señor ha de ser más grande cuanto menores sean los medios de que se dispone o mayores sean las dificultades. Esperar en Jesús es confiar en Él, dejarle hacer. Más confianza, cuanto menores sean los elementos en que humanamente nos podamos apoyar.

9.-     ¿Con qué auxilios contamos? La devoción a la Virgen María es la mayor garantía para alcanzar la felicidad eterna a la que hemos sido destinados, a ella invocamos como SPES NOSTRA y CAUSA NOSTRAE LAETITIAE.

San Alfonso María de Ligorio habló de la siguiente manera: “María es puerto de los que naufragan, consuelo del mundo, rescate de los cautivos, alegría de los enfermos”.

Por su parte san Bernardo nos enseñará: “Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas con los escollos de la tentación, mira a la estrella, llama a María. Si te agitan las olas de la soberbia, de la ambición o de la envidia, mira ala estrella, mira a María. Si la ira, la avaricia o la impureza impelen violentamente la nave de tu alma, mira a María. Si turbado con la memoria de tus pecados,... temeroso ante la idea del juicio, comienzas a hundirte en la sima sin fondo de la tristeza o en el abismo de la desesperación, piensa en María.

En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir su ayuda intercesora no te apartes tú de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en ella piensas. Si ella te tiene de la mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegarás felizmente al puerto si Ella te ampara”.

También contamos con el Santo temor de Dios perfecciona la virtud de la esperanza. Por la esperanza anhelamos vivamente alcanzar la posesión de Dios; el temor nos lleva a evitar la dolorosa pérdida de Dios. La confianza en Dios y su inquebrantable firmeza no son anuladas por el temor. El Santo Temor de Dios hunde sus raíces en la inseguridad y defectible cooperación del hombre a los designios divinos. Precisamente la consideración de las debilidades humanas nos ayuda a poner toda nuestra confianza en Dios y a buscar tenazmente el apoyo de su gracia (2Cor 12,9).

San Francisco de Sales nos ha de recordar: “Debeis renovar los propósitos de enmienda que hasta ahora habéis hecho, y aunque veáis que, a pesar de esas resoluciones, continuáis enredada en vuestras imperfecciones, no debéis desistir de buscar la enmienda, apoyándoos en la asistencia de Dios. Toda nuestra vida seréis imperfecta y tendréis mucho que corregir; por eso tenéis que aprender a nocansaros en este ejercicio”.


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