Domingo 22 de Abril de 2007_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

“OS DARE PASTORES SEGÚN MI CORAZON”.

“En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta manera:

Estaban juntos Simón Pedro, Tomas (llamado el Gemelo) Natanael (el de Caná de Galilea), los hiijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar. Ellos le respondieron: “También nosotros vamos contigo”. Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.

Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿han pescado algo?” Ellos contestaron: “No”. Entonces él les dijo: “Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán Peces”. Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados. Entonces el discipulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: Es el Señor. Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros.

Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: “Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar”.Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: Vengan a almorzar”. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres?”, porque ya sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Después de almorzar le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” “El les contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis corderos”. Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” El le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”. Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tu bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta a mis ovejas. Yo te aseguró: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otros te ceñirá y te llevará a donde no quieras”. Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios”. Después le dijo: “Sígueme”.

Momento 1

Momento 2

Momento 3

Momento 4

Muy queridos amigos: ¡Felices pascuas de resurrección!

Les sigo saludando en la alegría del Señor Resucitado.

El jueves santo del año 1992, que era a la sazón el día 16 de abril, nuestro entonces Santo Padre, el Papa Juan Pablo II, citando el texto del Profeta Jeremías (3,15): “Os daré Pastores según mi corazón”, nos entregó un bellísimo documento sobre el sacerdocio ministerial, que era el fruto del trabajo realizado por la Octava Asamblea Sinodal Ordinaria de los Obispos, la cual se llevó a cabo en la ciudad de Roma del 30 de Septiembre al 27 de Octubre del año 1990.

En esta exhortación post-sinodal enfatizaba la importancia del ministerio sacerdotal: “... sin sacerdotes la Iglesia no podría vivir aquella obediencia fundamental que se sitúa en el centro mismo de su existencia y de su misión en la historia, esto es, la obediencia al mandato de Jesús ”Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes” (Mt 28,19) y “Haced esto en conmemoración mía” (Lc 22,19), o sea, el mandato de anunciar el Evangelio  y de renovar cada día el sacrificio de su cuerpo entregado y de su sangre derramada por la vida del mundo”.

2.-     El día de hoy, en que el Evangelio de San Juan, el discípulo amado, nos narra la aparición de Cristo resucitado junto al lago de Tiberíades, la manifestación gloriosa del Buen Pastor que va a donde están sus ovejas, resulta conveniente que reflexionemos sobre los motivos por los que el Buen Pastor ha querido dejar al frente de su rebaño a hombres como san Pedro y los otros apóstoles, y así a sus sucesores los Obispos, y como colaboradores a aquellos a quienes se nos ha confiado el Sacramento del Orden Sagrado en otros grados para el servicios de nuestra comunidad.

Importante será también, el no perder de vista, el cómo Jesucristo con su regreso al seno del Padre no ha querido que se termine su obra al frente de sus fieles, y es esto lo que nos puede ayudar a comprender que tampoco con la muerte de san Pedro, ni con la muerte de los otros apóstoles se puede extinguir la obra del Pastor supremo, que se sigue extendiendo en los sucesores del Pescador y del Colegio Apostólico.

El Señor quería que, mientras que hubiera un ser humano sobre la faz de la tierra, hubiese un hombre que le ofreciese el mensaje y el contenido mismo de la salvación que Cristo mismo le ha traído al mundo. Mientras no falte el rebaño de Cristo sobre algún lugar de este mundo que funciona como redil, no deberá faltar un hombre que pueda ser instrumento del Buen Pastor a favor de sus ovejas.

3.-     A este ejercicio eclesial, bajo la acción del Espíritu Santo en la gracia de Dios, de proveerle a la grey de Cristo de sus ministros le hemos llamado Orden Sagrado. Y, es que el Sacramento del Orden Sacerdotal está ordenado a la salvación de los hermanos, ya que el varón bautizado que recibe este sacramento posee una misión particular en la Iglesia, a favor de los hombres, y contribuye a la edificación del Pueblo Santo de Dios. Se trata del Sacramento, a través del cual, la misión confiada por Cristo a sus apóstoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el final de los tiempos.

Al acto sacramental que incorpora al orden de los Obispos, de los Presbíteros y de los Diáconos se le llama ORDENACION, pues confiere un don del Espíritu Santo que permite ejercer un poder sagrado que viene de Cristo a través de su Iglesia. Se le llama también CONSAGRACION porque es un “poner aparte” y un “investir” por Cristo mismo a favor de su Iglesia.

4.-     A lo largo de la rica historia de nuestra Iglesia, el ministro ordenado ha recibido diferentes denominaciones y, en cada una de ellas se manifiesta parte de la misión que se contrae al recibir la Ordenación Sacerdotal.

No obstante, el contenido y el semblante del Buen Pastor es una de las imágenes más solicitadas para hablar del sacerdocio en las obras eclesiales. Profundicemos en esta imagen sugerente del sacerdocio ministerial.

Jesucristo es, sin lugar a dudas, aquel en quien la imagen bíblica del Buen Pastor en el Antiguo Testamento ha alcanzado su pleno sentido. El es quien conoce, ama, llama por su nombre, camina delante, carga sobre sus hombros, apacienta,  y da la vida por sus ovejas.

5.-     No obstante, el Evangelio de este día nos traslada al momento anterior a la Ascensión del Señor y nos muestra como Cristo le quiso confiar a san Pedro la responsabilidad de apacentar su rebaño: “Apacienta mis corderos,... pastorea a mis ovejas...., Apacienta a mis ovejas”.

Y es que los apóstoles, así como sus sucesores que son los Obispos, y los presbíteros han sido puestos por el Señor para apacentar a su grey, es decir a la porción de su rebaño. Todos ellos deberán practicar el pastoreo no como dominadores sino en el servicio a los demás. Se trata del mismo Cristo que quiso establecer buenos pastores que en su nombre cuidaran de su Iglesia hasta el final de los tiempos.

A imagen de Cristo, Buen Pastor, los Sacerdotes deben por lo tanto de atender a los fieles cristianos. Santo Tomás de Aquino nos recuerda categóricamente de que “la salvación espiritual del rebaño es de más precio que la vida corporal del pastor”. Coincide el eximio doctor de la Iglesia con la enseñanza de San Agustín: “El amor del que apacienta las ovejas del Señor debe ser tan grande que sea capaz de vencer incluso el temor natural de la muerte, que hace que nos resistamos a morir aun cuando deseamos vivir con Cristo”.

6.-     Simón Pedro, hijo de Juan,...¿Me amas más que estos? Señor, tú sabes que te quiero,... tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero... Apacienta, pastorea,... mis ovejas, mis corderos...

Pero,... ¿Cuáles son las cualidades de aquellos que quieren ser un Pastor Bueno a imagen de Cristo?

Para conocerlas nos bastaría el leer y meditar los versículos 1 al 18 en el capítulo 10 del Evangelio de San Juan: caridad sin límites, la misericordia, la comprensión, la perseverancia, el consejo, la persuasión, la autoridad, la obediencia total y delicada, el silencio discreto y la palabra oportuna, inteligencia, humildad, mansedumbre, el corazón indiviso del celibato para dedicarse a todas y cada una de las ovejas, la servicialidad, la vigilancia, la paciencia, la pobreza, la moderación, la indulgencia, la integridad...

7.-     Es tan grande y perfecto el modelo que la impronta, es decir la imagen debería ser lo más fiel posible a ese modelo, al original que es Cristo. Santo Tomás de Villanueva agrupa en 4 categorías las cualidades que debe tener un Pastor Bueno:

 “Cuatro son las condiciones que debe reunir el buen pastor. En primer lugar, el amor: fue precisamente la caridad la única virtud que el Señor exigió a Pedro para entregarle el cuidado de su rebaño. Luego la vigilancia, para estar atentos a las necesidades de las ovejas. En tercer  lugar, la doctrina, con el fin de alimentar a los hombres hasta llevarlos a la salvación. Y finalmente la santidad e integridad de vida; ésta es la principal de todas las virtudes”.

No debiéramos olvidar jamás, todos aquellos que participamos de este sacramento, y aquellos que en el llamado vocacional aspiran a la Ordenación Sacerdotal, que el Sacerdocio de Aquel que es el Buen Pastor se ha manifestado perfectamente no en una ceremonia sino en un acontecimiento, en la ofrenda de su propia vida precisamente en la cruz (Heb 7,27; 10,12). El ministerio sacerdotal en la Iglesia debería ser el recurso en el que se hace visible y operante, aquí y ahora, el amor y los cuidados de aquel que por excelencia es el Buen Pastor, y es que es justo y necesario el recordar que el elemento más importante en esa especie de escrutinio que Jesús le ha realizado a san Pedro para poder así confiarle a su rebaño no gira en torno a su capacidad organizativa, ni en torno a su elocuencia, no se trata ni siquiera sobre el liderazgo ni sobre sus dotes de ideólogo sino sobre el amor: ¿Me amas más que estos?, le pregunta por tres ocasiones, y tú has de recordar que aquello que se pregunta o se repite por tres ocasiones en la Sagrada Escritura suele ser la plenitud, así como lo es el Dios que es tres veces Santo.

8.-     Hermanos muy queridos: En este tercer domingo de la Pascua, muy cercano al segundo aniversario del Pontificado del Papa Benedicto XVI acaecido el pasado jueves 19 de abril y próximo al cuarto aniversario de la llegada a nuestra arquidiócesis de nuestro Señor arzobispo el próximo sábado 28 de abril, es necesario que al abrir los labios y el corazón le pudiéramos decir al Buen Pastor, ¡Señor, danos muchos y muy santos sacerdotes!

LEALTAD EN LA AMISTAD.

Después de almorzar le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” “El les contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis corderos”. Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” El le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”. Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tu bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta a mis ovejas. Yo te aseguró: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otros te ceñirá y te llevará a donde no quieras”. Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios”. Después le dijo: “Sígueme”.

1.-     Muy gentiles amigos:

Al leer el texto del Evangelio de este domingo, y al meditar sobre la altísima expresión del afecto del Señor, quisiera invitarte para que meditemos en torno al tema de la amistad cristiana.

Y es que en nuestro tiempo, el tema de la amistad es uno de esos temas sobre los que todo mundo habla con pretendida erudición.

2.-     Al igual que sobre los temas del amor, de la familia y de la muerte, si tú y yo, un día, navegáramos en la red o incursionáramos en una Biblioteca, y nos dedicáramos a inspeccionar en la información o en los libros que allí se encuentran, nos quedaríamos pasmados ante la gran cantidad de autores que han escrito verdaderos tratados sobre el tema de la amistad: filósofos, pensadores, científicos, teólogos, psicólogos, pedagogos, sociólogos, terapeutas y místicos,... por sólo referir a algunos.

Si quisiéramos encontrar una definición o una descripción sobre la amistad, jamás terminaríamos de recolectarlas. Son tantas y tan variadas las alusiones que pueden llegar a nuestras manos.

Nos encontramos con algunos pensamientos anónimos como aquel que dice que “en la prosperidad, nuestros amigos nos conocen; y en la adversidad nosotros conocemos a nuestros amigos.” Algunos son de la antigüedad como el de Epícteto: “Debemos rehuir la amistad de los malos y la enemistad de los buenos”; o como aquel otro de Aristóteles en su Ética Nicomaquea: “Si los ciudadanos practicasen entre sí la amistad, no tendrían necesidad de la justicia”. Decía Marco Tulio Cicerón en su Tratado sobre la amistad que “la amistad o encuentra a iguales o hace iguales”.

Y, ¿qué opinas sobre este pensamiento de Catón el censor: “Desata, pero no rompas, los lazos de la amistad sospechosa”?

Algunos pensamientos son de celebridades del tiempo moderno como este de Friedrich Nietszche: “Si eres un esclavo, no puedes ser un amigo. Si eres un tirano, no puedes tener amigos”; o aquel otro que fue escrito por Robert Louis Stevenson: “Un amigo es un regalo que uno se hace a sí mismo”.

Hay tantos pensamientos que me agradan, como aquel escrito por William Blake: “Es más fácil perdonar a un enemigo que a un amigo”; o el otro que bien podría parecerte contradictorio al anterior y que fue pronunciado por La Bruyére: “La amistad no puede ir muy lejos cuando ni unos ni otros están dispuestos a perdonarse los pequeños defectos”.

3.-     Hay pensamientos eminentemente cristianos, como la aportación de san Agustín, al decirnos: “Ante todo debéis guardaros de las sospechas, porque éste es el veneno de la amistad”. O, ¿qué te parece la magistral exposición del Beato Elredo en su Tratado sobre la amistad espiritual?: “Esta es la verdadera, la perfecta, la estable y constante amistad: la que no se deja corromper por la envidia; la que no se enfría por las sospechas; la que no se disuelve por la ambición; la que puesta a prueba de esta manera, no cede; la que, a pesar de tantos golpes, no cae; la que, batida por tantas injurias, se muestra inflexible.”

¿Sabes? El Beato Raimundo Lulio, filósofo y escritor franciscano que murió martirizado, en su estilo propio le pregunta a Dios sobre la amistad y nos comunica lo siguiente: “ Preguntaron al Amigo de dónde nacía el amor, de qué vivía y por qué moría. Respondió el Amigo que el amor nacía del recuerdo, vivía de la inteligencia y moría de olvido”.

4.-       Gentil amigo, que nos privilegias con el favor de tu atención, y con ello que permites que podamos establecer lazos semejantes a los de la amistad a través del pensamiento cristiano que semana a semana compartimos:

Debemos decir que la amistad cultiva en nosotros otras muchas virtudes: el desinterés, la comprensión, la condescendencia, el espíritu de colaboración, la servicialidad, la mutua preocupación, la promoción del otro,...

Te invito a que recuerdes tan sólo uno de los elementos de la amistad que es central en el mensaje del Evangelio, que el día de hoy exalta los divinos sentimientos que posee Cristo en su corazón y que espera correspondencia en el corazón de san Pedro: La lealtad y la necesidad de que la persona comparta con nosotros lo mejor de nuestra propia vida.

En primer lugar, la lealtad, aunque la refiera brevemente: La amistad de Jesús la experimentaron tantos hombres, entre ellos san Pedro. Pero, san Pedro ha autoexperimentado en su ofrecimiento al Señor la propia debilidad, los tropiezos, la fragilidad; y es por ello que resulta sorprendente la fineza con la que Jesús se acerca a él. Pedro ha negado conocerle en tres ocasiones y el ser uno de sus discípulos, y la verdad sea dicha, él no ha podido acompañarle ni siquiera una hora espabilado hace apenas dos semanas. Y, ¿sabes qué? El Señor Jesucristo es tan leal que la cobardía del hombre no ha podido romper esos lazos de amistad que Él le ofrece a Pedro, y que nos ofrece a cada uno de nosotros.

5.-     Pero,... ten invito a que pensemos, aunque fuere por un solo momento, también en esa necesidad de compartir lo mejor de nosotros a aquellos que amamos, aún cuando eso mejor se consiga a través de trabajos y de no pocos cansancios.

A lo largo de los siglos, en el cristianismo, la amistad sincera ha sido uno de los caminos que Dios ha beneficiado para que así muchísimos hombres se hubiesen acercado a la vida de la gracia. Algunos de ellos compartieron el ideal evangélico y juntos llegaron a vivir la santidad: Así los inseparables San Pedro y San Pablo, San Gregorio y San Basilio, San Agustín y san Ambrosio, San Francisco de Asís y Santa Clara, Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura, Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, la Madre Teresa de Calcuta y Juan Pablo II..., por sólo mencionar a algunos.

Y es que la amistad verdadera debe conducir a la comunicación de bienes, y esto debe hacernos pensar también en la comunicación del auténtico Bien Verdadero,... de Aquel cuyo amor vale más que la vida.

El buen amigo debe preocuparse por acercarnos a Dios, aún cuando nosotros estuviéramos imposibilitados para hacerlo. Se trata de un buscar acercarnos a Dios no solamente con un fin utilitarista y meramente pasajero, sino para que se establezca o se restablezca nuestra amistad con el Señor:

6.-     Y es que la amistad auténtica crea una armonía de sentimientos y de gustos que llega a prescindir del imperio y del amor de los puros sentidos, pero, en cambio, desarrolla hasta grados muy elevados, e incluso hasta el heroísmo, la dedicación sincera del amigo a favor del amigo. Digamos que la amistad cuando se suscita en la armonía llega a expresarse en la más dulce de las melodías.

Los encuentros, incluso casuales y provisionales, dan la ocasión a almas nobles y virtuosas para gozar de esta relación humana y cristiana que se llama amistad. Lo cual supone y desarrolla la generosidad, el desinterés, la simpatía y, especialmente, la posibilidad de mutuos sacrificios.

La amistad será pura y fuerte, si está sostenida y alimentada por la comunión de amor, que un alma cristiana sólo tiene con el Señor.

7.-     ¿Sabes? James Newton, en un libro titulado “AMIGOS EXTRAORDINARIOS” narra una anécdota que puede que, sea verdad o sea leyenda, pinta muy bien a Thomas Alva Edison y sobre todo retrata magistralmente el valor de la amistad. Cierta ocasión en que el insigne inventor estaba trabajando en el perfeccionamiento de su primera lámpara incandescente, le entregó una bombilla terminada a un joven ayudante, quien se puso muy nervioso y la llevó paso a paso escaleras arriba, pero en el último peldaño se le cayó. Todos los colaboradores se molestaron y tuvieron que trabajar otras 24 horas para hacer una nueva bombilla. Al cabo, el ilustre científico se la entregó al mismo muchacho, y a todos los sorprendió. Este gesto cambió la vida del muchacho. Edison sabía que estaba en juego algo más que el foco.

8.-     Muy querido amigo: En la vida cristiana, los Encuentros personales y decisivos con Jesús se han hecho carne e historia en tantos personajes célebres del mundo de los convertidos: Paul Claudel, Edith Stein, Frossard, Baker... El efecto es siempre el mismo: la transformación de una vida.

La vocación cristiana es un encuentro personal, un seguimiento entusiasmado y una relación de amistad personal con el enviado de Dios.

El Señor Jesús no ha predicado ante todo la conversión del hombre a Dios, eso es religión, sino la iniciativa de Dios a favor de los hombres, eso es la fe.

Al mismo tiempo todo el que ha descubierto a Jesús debe preocuparse por comunicar su experiencia a los demás.

En el Evangelio de este domingo recibimos una gran enseñanza de parte del Señor. El Señor Jesús le reitera a San Pedro su Primado en la Iglesia después de su falla al negarle tres veces.

El Evangelio nos muestra claramente el amor de amistad. El Señor le reitera a San Pedro, a pesar de sus fallas, el primado en su rebaño.

9.-     Hablando de esos amigos que se preocupan por que las personas que queremos se acerquen a Dios, te quería compartir una variante de una narración que leí hace algunos años en un libro de Don Armando Fuentes Aguirre, titulado: Del amor, la familia y otros pensamientos.

“Se cuenta que había en aquella ciudad dos amigos que compartían el afecto sincero de la amistad desde la niñez: uno de ellos era profundamente creyente y piadoso, mientras que el otro se manifestaba y autodenominaba incrédulo y ateo.

El amigo creyente, rectamente preocupado por su amigo, buscaba convencer al renuente para que se acercara a Dios. Le ocupaba su tiempo el buscar que aquel amigo pudiera conocer y experimentar el amor y la bondad de Dios en su propia vida. Aguzó el ingenio y lo hacía de todas las formas pensables y posibles, hasta llegar a recitarle las argumentaciones que había dado San Ambrosio, San Juan Crisóstomo, san Anselmo de Canterbury, san Alberto Magno, San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino, y,... aquel hombre nunca creyó.

Le habló, lo mejor que pudo, del pensamiento de San Agustín de Hipona según se contiene en sus libros de las “Confesiones” y en la “Ciudad de Dios”, y aquel hombre le hizo caso omiso, vivía escondido en ese caracol de la incredulidad, que daba mil vueltas en los callejones del laberinto de su propia insensatez.

Finalmente, el tiempo separó a aquellos amigos, cada uno formó su propia familia. Sus quehaceres y sus trabajos les distanciaron y, antes de que se despidieran, el amigo creyente le dijo al incrédulo: “solamente me queda rezar por ti, para que un día encuentres a Dios, o mejor dicho: que Él te salga al encuentro”..., y le dejó a solas con sus pensamientos.

Años después, sucedió que aquel hombre que durante mucho tiempo se llegó a confesar hasta ateo, una mañana le fue a tocar la puerta al amigo creyente, lo cual le provocó gusto e incertidumbre, y le preguntó el cristiano al incrédulo acerca del motivo de su visita, y aquel hombre le contestó con una sonrisa luminosa: -Quiero decirte que ahora creo en Dios- ¡Estoy convencido de que Dios existe!

¿Adió? – le respondió el creyente-. Y pudieras decirme quien te convenció. No le hiciste caso ni a Santo Tomás ni a san Buenaventura, ni a San Anselmo ni a san Juan Crisóstomo, ni a san Alberto ni a san Agustín.

-¿Podrías decirme quién te convenció?-

A lo que respondió el anteriormente incrédulo: -“Es que ayer nació mi hijo”-... Y después de guardar un momento de silencio continúo diciendo con su voz entrecortada- “No hay duda: Dios existe, no me lo puedo explicar de otra manera. ¡Dios existe!...

 

SER UNO SÓLO.

Estaban juntos Simón Pedro, Tomas (llamado el Gemelo) Natanael (el de Caná de Galilea), los hiijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar. Ellos le respondieron: “También nosotros vamos contigo”.

1.-     Muy queridos amigos:

“En los matrimonios infelices no es el amor lo que falla, sino la amistad.” Reza una de las máximas de Nietzsche que leí cuando tenía 18 años y que te tengo quer confesar que no comprendí en el momento en que la leí, la he comprendido ahora con el paso de los años y con las lecciones que nos ofrece la vida, y que a mí en lo personal me ha ofrecido mi ministerio y mi contacto con este Iglesia y esta humanidad tan amada.

“En los matrimonios infelices no es el amor lo que falla, sino la amistad.” Hoy me ha asaltado en la memoria esta frase, al estar meditanto en torno a la Palabra de Dios que nos habla sobre la fineza de la amistad que Cristo nos ofrece, y hoy quisiera no perder la oportunidad de continuar reflexionando sobre el tema de la amistad, pero,... quisiéra hacerlo con una especial aplicación: la amistad que debe existir entre los esposos, amistad que en no muy pocas ocasiones brilla por su ausencia.

2.-     Primero, permítanme un breve tiempo para que comprendamos algunos otros elementos que sobre el tema de la amistad pudieran ser esclarecedores.

La amistad es una relación profundamente humana que brota de la posibilidad de encontrarse entre seres personales iguales, con inteligencia, con sentimientos, con emociones y con libertad. En esencia, podemos decir que la amistad no puede ser solamente un afecto, sino una relación social que, sin lugar a dudas, supone un afecto. Pero, lo más importante ha de ser siempre la relación, ya que el amor en muchas ocasiones no exige la reciprocidad, es decir, la correspondencia, y la amistad sí exige la correspondencia. Te lo explico con un ejemplo: un sentimiento tan noble como lo es el amor paterno no exige la reciprocidad, tal como acontece en el caso de muchos padres que aman a sus hijos aún sin ser correspondidos y esto no hace desaparecer el amor paterno sino que por el contrario lo encumbra, así tambien en el amor fraterno, tú y yo podemos amar entrañablemente a nuestros hermanos aún cuando ellos no nos quisieren, y esto no elimina ni mi amor fraterno ni el tuyo, sino que por el contrario lo purifica; en cambio en un sentido estricto no puede haber amistad sin la correspondencia.

La amistad como relación social encierra un doble aspecto. En primer lugar, la amistad supone la posesión común de ciertas cualidades, inclinaciones, actividades, gustos, aficiones, etc..., en las que los amigos convienen y, lo cual se constituye en un punto de encuentro entre esas dos personas. En segundo lugar, la amistad supone que las dos personas no sean precisamente en todo iguales, sino que debe existir entre ellas ciertas diferencias debido a las cuales se experimente la necesidad del otro y, así los amigos se puedan complementar mutuamente y puedan constituir una unidad orgánica, en la que cada uno tiene una función propia respecto al otro, se da una unidad en la diversidad.

La presencia en la amistad tanto de los elementos identificables como de los diferenciantes lo ha plasmado Maurois diciendo: “Ésta podría ser una buena receta para la amistad: tener los mismos gustos y oficios distintos”. La misma idea la manejaba Salustio diciendo: “Querer la misma cosa y no querer la misma cosa, ésta es la verdadera amistad”.

3.-     Pero vayamos al tema de esta amistad aplicada a los esposos. Y es que los hombres y las mujeres somos tan distintos. Pero,... al mismo tiempo, es en esa diferencia en donde se encuentra nuestra mayor riqueza.

La riqueza es la de la complementariedad, y complementariedad que destierra la soledad. De hecho, un amor no destierra en sí mismo la soledad. Sólo cuando estemos satisfechos de lo que somos y nos desempeñemos bien como personas independientes, podremos desempeñarnos bien en una relación. Para hacer una pareja sana no bastan dos mitades; se necesitan dos enteros.

4.-     Nos agrada el que en el matrimonio los esposos ya no sean dos, sino que los dos sean uno sólo. Nuestros problemas aparecen, cuando se pretende que ese ser “uno sólo” del matrimonio, sea el “yo” de mi persona que prevalezca sobre el “tú” de la otra persona, en donde el “yo” se encargue de hacer desaparecer del horizonte de la familia, de las amistades y de la sociedad, el “tú” del cónyuge.

En la realidad, el matrimonio no debería de ser ni el asesinato del “tú” ni la instalación del imperio tiránico del “yo”, sino el generoso nacimiento del “nosotros”, y será, solamente de esa manera, como se pueda entender el “ser uno sólo” del matrimonio cristiano.

Se trata de la afirmación de la primera persona pero en el plural, en un “nosotros”, que contempla la grandeza del “yo” y la inmensidad del “tú”.

Considero que el matrimonio no puede ser una resta sino una suma. La relación esponsal no debe ser un empobrecimiento sino el enriquecimiento. Y dentro de éste significado, el respeto por la otra persona tendrá siempre un lugar sumamente importante.

Muchos de nuestros problemas se originan por la incapacidad de respetar al otro en su identidad.

5.-     Más aún, pensando en esos momentos en que nuestras diferencias lejos de ayudarnos, pareciera que nos están distanciando, es el momento preciso para que los dos consideren, en la presencia de Dios, el revisar todos aquellos factores que lastiman al otro y que es preciso cambiar.

6.-     ¿A qué viene todo lo anterior?

Hace algunos años leí una obra de Barbara Silverstone titulada: “El amor que lastima” En donde ella manifestaba como, el aprender a pedir disculpas es un arte indispensable que exige la existencia de un verdadero propósito de cambio en las actitudes de los que pedimos disculpas a aquellas personas que lastimamos.

Barbara cuenta que ella se casó profundamente enamorada, -y ¿cómo debería casarse alguien que busca el matrimonio con rectitud, sino profudamente enamorada?-  pero sucede que al casarse no conocía una doble manía que tenía su esposo; digamos que había una especie de dimensión oculta en una habitación que no había abierto en aquella mansión que le deslumbró antes de casarse.

Los primeros meses se convirtieron en la prolongación de la luna de miel, todo era vivido como un platillo de miel sobre hojuelas. De las desconocidas manías de su esposo se dio cuenta en la primera oportunidad en que como matrimonio fueron a una reunión de amigos, a una reunión social. Era precisamente una boda y ella se sentía feliz de ingresar a aquel recinto de convivencia social del brazo de su amado, menciona que aunque las miradas de las personas estuvieran fijas en otro objetivo al cruzarse a su paso, ella se sentía como si toda la concurrencia le quisiera ver a ella acompañada del hombre de su vida.

Se sentaron a la mesa con varios matrimonio jóvenes, la mayoría de ellos amigos de él, y entonces emergió la primera de las manías: él se permitió en público hacer comentarios despectivos sobre ella, la ridiculizaba, le lastimaba; en medio de los amigos llegó a contar hasta situaciones de la intimidad provocando la risa de todos los invitados: él se estaba convertiendo en el alma de la fiesta, en el centro de la noche y ella,... en el hazmerreír de la reunión. Ella hubiera querido levantarse e irse a su casa, pero por educación no lo hizo, y aquella noche le pareció eterna.

Al fin retornaron a su hogar, y mientras se desplazaban en el coche de regreso a la casa ella iba sumergida en el dolor y al bajar del carro él simplemente le dijo: ¡Vamos!, no hagas papeles, no fue para tanto, ¡ya quita esa cara!

La cruda moral asaltaba su corazón y no le permitió en aquella noche poder conciliar el sueño, aunque dormían juntos en el mismo lecho, existía una distancia abismal entre uno y otro. Una vez que a la mañana siguiente el esposo se fue a su trabajo sin siquiera despedirse, por la tarde apareció la segunda manía de aquel hombre: le traía un ramo de rosas bellamente envueltas en papel de seda con una glosa en una tarjeta que colgaba de un listón: “Discúlpame, por haberte ofendido la noche de anoche. Te amo”. Él le dio un beso en la frente, y él mismo de forma acomedida, quiso poner aquellas rosas en un florero con agua y las puso sobre el buró que estaba orientado hacia el lugar en el que ella descansaba en el lecho matrimonial. Esto le devolvió la paz en su corazón, era como una medicina suavemente aplicada después de haber recibido una golpiza,... pero por lo menos aquello manifestaba reconocimiento y arrepentimiento.

Sin embargo, y por desgracia, las cosas no se quedaron allí, los problemas continuaron. Una ocasión aislada de aquella desazón no hubiera tenido gran problema, ni siquiera dos o tres,... pero que cada reunión social, su esposo se hiciera pasar el gracioso a costa de ella, se convirtió en una lastimosa situación que se repetío “ene” número de ocasiones a lo largo de varios años.

Y llegó el día en que ella se cansó, y ella mencionaba dos frases que todavía conservo en el primer cajón de una especie de archivero que tengo en la memoria: “El corazón es el único órgano que funciona a pesar de estar destrozado”. Pero él no tan sólo se conformaba con destrozar un corazón que le amó profundamente, sino que todavía después de destrozarle le seguía dando martillazos, sin piedad”. Y continúa con la segunda frase: “Cuando el amor es auténtico, el amor no perece de forma natural, al amor se le asesina”.  

Antes de que Bárbara se fuera a casa de su madre, esperó a que su esposo regresara del trabajo, y una vez que él le dio el acostumbrado beso en la frente y dejó el ramo sobre el buró, él se fue a una tienda de conveniencia a comprar algunos víveres, momento que ella aprovechó para tomar en sus manos cada uno de los tallos de aquel bouquet de rosas, y acto seguido con sus dedos índice y pulgar de la mano derecha iba empujando cada espina hacia fuera hasta cortarlas, y al hacerlo sus dedos empezaban a sangrar, las espinas ensangrentadas las iba poniendo sobre la funda de la almohada en el lecho matrimonial, y así cada espina y así cada uno de los tallos. Al concluir estaba la superficie de la almohada llena de espinas y de la sangre de sus dedos. Antes de marcharse a la casa de su madre, Barbara escribió en el reverso de la tarjeta que solía acompañar aquel ramo de rosas un texto: “Cuando me ofendes delante de las personas me lastimas más de lo que estas espinas han lastimado mis dedos. Ya no se puede seguir así”. 

7.-     “En los matrimonios infelices no es el amor lo que falta, sino la amistad”. ¡Cuánta razón tienen estas palabras!

En lo personal, he llegado a conocer a personas que se aman profundamente pero que se lastiman. Él está locamente enamorado de ella pero la ofende. Él me menciona que jamás había amado a nadie como le ama a ella, y yo le digo que le creo, pero le cuestiono: ¿Entonces porque le faltas el respeto en cada ocasión que puedes?. Se trata de amores tormentosos, puesto que sus relaciones interpersonales son deficientes.

Y un día gritan ellos a los cuatro vientos: Es que mi esposa me dejó, ¿por qué Dios lo permitió? ¡Momento!,... ¿quién dejó a quién?, y ¿por qué dices que Dios lo permitió? No será que un día tu esposa admitió que ella nunca significó nada para ti. ¿No sería que fuíste tú el que con tus actitudes le abandonaste y un día al marcharse ella fue porque se hizo por fin a la idea de que ella no significó nada para ti?

 

Muy querido amigo:

Te ofrezco a continuación una reflexión hecha hace algunos años que creo te puede ser de utilidad, y en la que se incluye al final el texto del Evangelio del día de hoy. No he querido mutilarla porque considero que te puede ayudar en su totalidad.

Puedes usarla para algún retiro, sólo te pediría que le acomodes adecuadamente los elementos específicos (mañana. Tarde, noche; grupo, organismo,...)

Con Afecto:
P. Rogelio.

 

ORACIÓN QUE SUSCITA COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN DESDE LOS TEXTOS DE LA APARICIÓN DEL RESUCITADO EN EL EVANGELIO DE SAN JUAN.

“Nuestro fin debe ser nuestra perfección; nuestra perfección es Cristo.” (San Agustín, Comentario sobre el Salmo 69).

Te pido que sigas este ejercicio de oración conforme los pasos que se van llevando, al final encontrarás no una sino muchas palabras que el Señor te dirige como persona y como laico en este ejercicio.

PRIMER MOMENTO:
¿Que es orar? Orar es un ejercicio de escucha, meditación y contemplación, que pase después a la acción.

Jn 21,1-3:
“          Después se manifestó de nuevo Jesús a los discípulos en el mar de Tiberíades; y fue de este modo: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, el llamado Dídimo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos, Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”, y le dijeron: “Nosotros también vamos contigo”. Salieron y subieron a la barca. Aquella noche no pescaron nada”.

DIGÁMOSLE A DIOS TODOS JUNTOS:


“Señor, enséñanos a meditar estas palabras, a masticarlas lentamente, a repasarlas una tras otra, para que tu fuerza y la fuerza de tu Espíritu se manifiesten por medio de ellas”.

Regresa ahora en silencio un minuto sobre el texto de san Juan que hemos leído:
“Después se manifestó de nuevo Jesús a los discípulos en el mar de Tiberíades; y fue de este modo: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, el llamado Dídimo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”, y le dijeron: “Nosotros también vamos contigo”. Salieron y subieron a la barca. Aquella noche no pescaron nada”.

AHORA MEDITEMOS EN CUATRO REALIDADES:

PRIMERO: Jesús se manifestó –   Él hace visible el misterio de Dios entre nosotros.
Se manifestó no significa tan sólo el que se haya hecho ver, sino que significa que Él se hizo comprender y conocer como un amigo, como salvador y resucitado.
Jesús está manifestando su gloria, su poder, su verdad.
“De nuevo” se nos dice:      -Quiere decir una vez más, nuevamente, y esto nos debe dar ánimo. ¿No es suficiente manifestarse una vez? Para Dios, ¡no! Jesús comprende nuestras necesidades y Él no suele ser avaro.
“En el mar” se ha mencionado:      -“Mar” es una palabra mágica que recuerda la liberación de la esclavitud, las tempestades en el Tiberíades, las amenazas al sentir que nos hundimos.

SEGUNDO: a Simón Pedro: Se trata de su nombre de judío y su nombre cristiano, de su nombre de familia y el nuevo nombre, se refiere a la historia de la naturaleza y la historia de la gracia.          
Él representa a la humanidad en su fragilidad más que en sus glorias, en sus debilidades, en sus inconsistencias, en sus impulsos y temores. Nos representa a todos nosotros como hombres y como mujeres, como laicos y como sacerdote.
No obstante lo anterior, Pedro es Simón hijo de Juan, él es Céfas, es la Piedra de la Iglesia, él es el Pastor a quien Cristo le confiará su rebaño.

TERCERO:  Sus compañeros. Se trata de otros seis discípulos que son mencionados, o  por lo menos referidos.
Tomás:          Tenía un hermano que se había desarrollado simultáneamente en el útero de su madre, era el gemelo o “dídimo”. El es el apasionado (“Vayamos a morir con Él” mencionó: Jn 11,16). Pero también él es un hombre duro, desconfiado, testarudo, incrédulo (Jn 20,24-29).
Alguien que ha pasado a la historia por haberle agregado 8 días a los 3 días de la oscuridad en su incredulidad. Mientras que los demás apóstoles estaban alegres porque se habían encontrado con el Maestro resucitado, él pasó otros ocho días sin comprender la alegría de los demás. No lo podía hacer,... hasta que no metiera su mano en el costado del maestro y los dedos en los agujeros dejados por  los clavos en sus manos.
Natanael:       Se trata de un hombre sencillo, al que todo le va bien, (como a muchos de nosotros) el cual ha aceptado después de sus dudas la manifestación del Mesías. El había dicho: “¿Acaso puede salir algo bueno de Nazareth?”, y el Señor  le ha respondido a sus dudas con el elogio, como a muchos de nosotros: “Aquí hay un verdadero isarelita en el que no hay doblez” (Jn 1,41-47).
Hijos de Zebedeo: Santiago y Juan: llamados “boanerges”, son los hijos del trueno, unos hermanos de carácter coléricos, dos personas difíciles, de quienes el Evangelio nos hace referencia sobre sus impulsos y las iras contra la pobre Samaria y que mandaron a su madre a solicitarle al Maestro ocupar un lugar a la derecha y a la izquierda del Maestro.
Y otros dos:   De quienes no sabemos absolutamente nada.
En estos siete discípulos todos estamos incluidos: “queremos ir a pescar” es la expresión más afortunada y nos ofrecerá la experiencia más afortunada.

CUARTO: Era de noche menciona el Evangelista que estuvo allí presente. Se trata de una realidad dura en la que no se logrará nada.
Y allí en la noche, el Señor nos invita para que no le tengamos miedo a la noche.

Digamos al Señor la siguiente oración todos juntos: “Señor, enséñanos a orar, enséñanos a orar como Iglesia, enséñanos a orar en tu Espíritu”.

HAGAMOS ORACIÓN PERSONAL EN SILENCIO.

ORACIÓN DE ALABANZA.

Ahora les invitó para que hagamos una oración de alabanza. Repetirán:      Te damos gracias, Señor.

Porque te manifestaste a Pedro y le diste la fuerza de ser tu testigo:
Te damos gracias, Señor.
Porque te manifestaste a tu Iglesia en la Resurrección, en la fuerza de la consolación, confortando a tus amigos:
Te damos gracias, Señor.
Porque te manifestaste a nosotros, tu Iglesia, aún en nuestros cansancios, en nuestras fatigas; porque te acuerdas de nuestra vida y no nos abandonas en nuestra noche y en nuestra mar:
Te damos gracias, Señor.

ORACIÓN DE PETICIÓN.

Presentemos a Dios nuestras súplicas, repetirán:         Manifiéstate, Señor.

A esta tu Iglesia que te busca con insistencia y te quiere ver en las sombras de la noche, te pedimos:
Manifiéstate, Señor.
A esta tu Iglesia que te quiere testimoniar en la fuerza del hoy y que siente que le falta la valentía y la luz necesarias:
Manifiéstate, Señor.
A estos discípulos tuyos que desde su apostolado te imploran, que te invocan en el silencio y en el secreto de una vida que sólo tu conoces:
Manifiéstate, Señor.

SEGUNDO MOMENTO:
Recuerda: Orar es un ejercicio de escucha, meditación y contemplación, que pase después a la acción.

Jn 21,4-6 :
“          Al ser de día, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿tienen algo de comer?” Le contestaron: “No”. El les dijo: Echen la red al lado derecho de la barca, y encontrarán”.

DIGÁMOSLE A DIOS TODOS JUNTOS:


“Señor, enséñanos a meditar estas palabras, a masticarlas lentamente, a repasarlas una tras otra, para que tu fuerza y la fuerza de tu Espíritu se manifiesten por medio de ellas”.

Aquí la palabra central: “¿Tienen algo de comer?” Ahora te invito para que, en un ejercicio de “lectio divina”, hagamos uso de nuestros sentidos para que en este ambiente de oración podamos recrear la escena del Evangelio.

Dividamos el texto sagrado en tres momentos:

PRIMERO: Hay siete discípulos en la barca, después de una larga noche de trabajo: ¿Cómo será su estado de ánimo?
Tratemos por un momento de mirar sus rostros, su mirada, como si los viéramos al amanecer: los ojos hundidos por el cansancio.
Algunos rostros expresan frustración.
Otros rostros expresan resignación.
Allí están ellos en su barca, después de otra noche infructuosa...

SEGUNDO:  Y ya por la mañana viene Jesús: El Señor viene cuando está aclarando el día.
¿Tienen algo de comer?- es su pregunta.
Y nosotros como los apóstoles le decimos que: “No, no hemos logrado nada, Señor”.

TERCERO: “Echen la red al lado derecho de la barca, y encontrarán”. Ordena el maestro.
El Señor nos ha dicho tres cosas:
Primero: Aunque en algún momento pensemos que ya hemos hecho todo, cuando estamos con Él todavía hay algo por hacer
Segundo: Nos invita para que escuchemos su Palabra. En estos quehaceres no hace falta que ellos reaprendan el oficio del pescador, lo conocen a la perfección, sino que hace falta el aprender a escuchar sus indicaciones y ser enviados por Él.
Tercero: El Maestro nos enseña que es necesario que reencontremos el sentido de los gestos sencillísimos que hemos hecho siempre, pero nos hace falta hacerlos junto con Él.

Les invito para que vuelvan sobre las palabras, reflexionen sobre los sentimientos que tuvieron los siete discípulos en la noche, cuando no pescaron nada. Pregúntate si tú estás viviendo una experiencia como ésta.

Piensa que Jesús está cerca de nosotros aunque no nos demos cuenta, aunque no lo reconozcamos. Él está allí a la orilla mirándonos que tenemos el rostro desencajado a causa de la inoperancia de nuestro trabajo. Él siempre tiene una solución.

Digamos al Señor la siguiente oración todos juntos: “Señor, enséñanos a orar, enséñanos a orar como Iglesia, enséñanos a orar en tu Espíritu”.

HAGAMOS ORACIÓN PERSONAL EN SILENCIO.

ORACIÓN DE HUMILDAD.

Ahora les invito para que a cada invocación respondan:          Danos tu Espíritu, Señor.

Señor, no hemos pescado nada o muy poco, pero tenemos mucha confianza y te suplicamos:
Danos tu Espíritu, Señor.
Señor poco conocemos tu Palabra y no sabemos transformarla en alimento para nuestra vida. Para que podamos ser testigos de tu Palabra y decir palabras verdaderas, capaces de alimentar a otros que escuchan, te suplicamos:
Danos tu Espíritu, Señor.
Para que podamos leer tu Escritura y gustarla, sentirla arder dentro de nosotros y transmitirla a los demás, te suplicamos:
Danos tu Espíritu, Señor.
Para que en toda nuestra Iglesia las palabras, los gestos, las celebraciones, los ritos, los Sacramentos sean alimento de la fe, signo de la fe para quienes no creen, te suplicamos:
Danos tu Espíritu, Señor.


ORACIÓN DE ALABANZA.

Regresemos a la Alabanza, por ello les invito a repetir:            Te alabamos, Señor.

Señor, queremos darte gracias porque mientras los apóstoles litigaban en la barca, tú estabas allí, y esta escena es la imagen de nuestra Iglesia, de nuestra diócesis, de la CAL, de nuestros movimientos, organismos, agrupaciones y asociaciones y de nuestra familia. Nosotros somos lo que estamos sobre esta barca, pero Tú estás en la orilla, resucitado, en la luz, y piensas en nosotros:
Te alabamos, Señor.

Porque tú estás esta mañana cerca de cada uno de nosotros, en medio de nosotros, y si tuviéramos que caminar por un valle oscuro, tú estás con nosotros:
Te alabamos, Señor.
Porque tú estás cerca de todo hombre que sufre, cerca de toda persona que vive el drama del pan, y estás allí para invocar nuestra presencia y nos llamas:
Te alabamos, Señor.

TERCER MOMENTO:
“Orar es un ejercicio de escucha, meditación y contemplación, que pase después a la acción”.

Jn 21,5-8:
“Jesús les dijo: “Muchachos, ¿tienen algo de comer?” Le contestaron: “No”. El les dijo: Echen la red al lado derecho de la barca, y encontrarán. Echaron la red como Jesús les había dicho, y no podían sacarla por la cantidad de peces. Entonces el discípulo a quien amaba Jesús, dijo a Pedro: “Es el Señor”. Simón Pedro al oír: “Es el Señor”, se puso el vestido, pues estaba desnudo, y se echó al mar. Los demás discípulos llegaron en la barca, pues no estaban lejos de la tierra, sino a unos doscientos codos, arrastrando la red con los peces”.

Antes de empezar con nuestra meditación, hagamos todos juntos una oración para empezar:
“          Líbranos, Señor Jesús, de la esclavitud de las palabras: haz de nuestro corazón, nuestros labios, nuestros oídos, instrumentos dóciles al soplo del Espíritu, y haz esta obra, sobre todo en esta mañana y en este momento de nuestra vida, porque el compromiso sentimos que se va haciendo más difícil y nos damos cuenta que estamos caminando realmente en el desierto, por fidelidad a ti a quien queremos encontrar. Concédenos saber caminar y no detenernos. Y aquí estamos delante de ti, Señor Jesús, como los siete pescadores desafortunados, repitiendo el gesto de sacar la red y encontrarla vacía, pero que una vez más, están listos para volver a echarla por tu mandato. Danos, Señor, la orden de echar la red, y lo haremos en tu nombre”.

Muy bien, aquí la Palabra importante del Evangelio es la siguiente: “¡Es el Señor!”

DIGÁMOSLE A DIOS TODOS JUNTOS:


“Señor, enséñanos a meditar estas palabras, a masticarlas lentamente, a repasarlas una tras otra, para que tu fuerza y la fuerza de tu Espíritu se manifiesten por medio de ellas”.

Ahora meditemos sobre la fortuna de los siete pescadores desafortunados, sobre su sacar las redes vacías que demuestran la ineficacia del esfuerzo humano cuando nos falta el sentido y cuando no hay obediencia a Dios.

Aquí mismo, en este segmento nos daremos un tiempo para fijarnos en el efecto de la fuerza de la fe: Simón Pedro se echa al agua y los otros discípulos que arrastran con fatiga las redes llenas, en efecto se trata de dos imágenes de la fuerza de la fe.

Pero vayamos por partes y dividamos nuestra meditación sobre el trozo del Evangelio en tres momentos:

PRIMERO: El “no” pronunciado por los siete pescadores desafortunados: El “no tener nada que comer” significa esterilidad, incluso en lo religioso.
Se trata de la fatiga generada por el sacar una red, que no sirve para nada. Ser los expertos en algo que no está fructificando. En estos términos ¿de qué sirve ser experto?
Se trata de gestos, palabras, cosas repetidas, hechas como una gran máquina que no está produciendo el verdadero alimento.
Por el “no” que pronuncian los discípulos se condena toda esterilidad humana, toda repetición de gestos sin contenido y sin verdad: palabras de cortesía sin cortesía, palabras de saludo sin acogida, reuniones de personas de Iglesia que no están unidas, gestos de amor sin amor, gestos de vida sin fecundidad.
El “no” de los discípulos, la red que va y que viene sin alimentar a nadie y sin compensar la fatiga de nadie es, pues, símbolo de la respuesta desesperada de los hombres y las mujeres que no saben amar y cuya vida es estéril, aún cuando se sientan expertos en lo que siempre han realizado.

SEGUNDO: El grito de la fe: “Entonces el discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: “¡Es el Señor!”
Pidámosle a Juan, apóstol y evangelista: “Haz que penetremos el secreto de cómo surgió en ti esta palabra que es quizá una de las más bellas de todo el Evangelio”.
Y él nos respondería que esta exclamación espontánea, inmediata, nace en el corazón e irrumpe irresistible por la boca como consecuencia de algunas actitudes del “hombre misterioso” que ha aparecido a la orilla del mar tan pronto amanece.
Juan tiene cuatro claves de lectura para exclamar así: ¡Es el Señor!

  1. La hora matutina que era la hora de la oración de Jesús.
  2. La fuerza y al mismo tiempo la mansedumbre que tiene su Palabra: “Echen la redes”. Se trata de una palabra sencilla que exige obediencia, pero que no es rígida;
  3. La inesperada correspondencia que se ha dado entre la Palabra y el acontecimiento: las redes se llenan;
  4. Y finalmente, por lo imprevisible del acontecimiento. Así obraba el Maestro cuando le pedía al hombre poner sus cinco panes, llenar de agua los odres, quitar la piedra, y ahora de nuevo: echar la red...

Juan nos dice: El acumularse de estas constataciones, una tras otra, marcó en mí, de improviso, un paso de cada una de las cosas a la plenitud del corazón: ¡Es el Señor! No tenía la menor duda.

TERCERO:  Nuestro pasaje nos revela la fuerza avasalladora de la fe, ante todo en Pedro que se lanza al mar.
Simón Pedro es el hombre resuelto, que pone el pie fuera de la barca, que sale de sí porque ha visto al Señor, que se libera de todo lo que lo retenía, lo que le ocupaba.
Pedro es la imagen de una respuesta inmediata: que le hace salir al hombre de sí y le coloca en la justa posición.
Pero el pasaje nos muestra a los otros seis discípulos que, en una actitud más razonada, llegaron con la barca arrastrando la red llena de peces.
Ellos siguen a Pedro pero su actitud es distinta: sienten la necesidad de arrastrar la red, y honran al Señor de esa manera.
Pedro es el “entusiasta” y los demás son “prácticos”: Ellos comprenden que si dejaran escapar los peces que el Señor mismo les dio generosamente sería como no tributarle honor al dueño de todo.

La diversidad de actitudes nos ilumina y nos advierte que en la Iglesia, en nuestra parroquia y en la docencia, hay tareas diversas y que lo importante es que todos estén unidos al único Señor. Cada uno responde con esos tiempos, con esas medidas, pero lo importante es ver al Señor e ir hacia él, medirse con él.

Les invito al silencio del corazón, gusten de las palabras del Señor, vuelvan sobre ellas, miren al Señor como Él nos mira, mírenlo mientras que Él nos mira, como amados y servidos.

El Señor nos hablará en el silencio y nos hará comprender en dónde estamos llamados a desenmascarar nuestra esterilidad espiritual, nuestros gestos sin contenido ni significado. Nos enseñará cómo disponernos para el grito de la fe, cómo expresar la fuerza de la fe y nos volverá a llamar para que hagamos algo a lo que nos llamó hace algunos “tres años” en que Él empezó su vida pública y vino a nosotros.

Dejémosle que nos diga: ¡Ven!

Digamos al Señor la siguiente oración todos juntos: “Señor, enséñanos a orar, enséñanos a orar como Iglesia, enséñanos a orar en tu Espíritu”.

HAGAMOS ORACIÓN PERSONAL EN SILENCIO.

AHORA OREMOS TODOS JUNTOS:   “Señor haz que te demos tiempo, que te demos nuestro tiempo, nuestros minutos, nuestro cuerpo, nuestra familia, nuestro silencio, nuestra adoración. Señor, haz que escuchemos la palabra que quieres decirnos y que contemplemos tu mirada sobre nosotros”

ORACIÓN DE ALABANZA.

Ahora para orar utilicemos los dos primeros versículos del Salmo 145:
“Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
cantaré al Señor mientras exista”.

Dice el pasaje evangélico: “El discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor!”

Ahora los varones oremos juntos así: “Te doy gracias, Señor Jesús, porque el discípulo te reconoció; te doy gracias porque le abriste los ojos; te doy gracias porque se lo confió a Pedro; te doy gracias porque expresó también por mí las palabras de la fe. Te doy gracias, Jesús, porque pusiste en mi corazón y en mi boca estas palabras de la fe. Te alabo porque me diste la fe y porque en esta mañana, por la oración renuevas la palabra del discípulo”.

Las mujeres repetirán:        “Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
cantaré al Señor mientras exista”.

Dice el pasaje evangélico: “Simón Pedro, tan pronto como oyó que era el Señor, se lanzó al mar”

Ahora las mujeres oraran juntas así: “Te doy gracias, Señor Jesús, porque venciste las dudas y los temores de Simón Pedro. Te doy gracias porque no permitiste que se deprimiera, que no se encerrara en sí mismo sino que diera ese paso. Te ofrezco, Señor, mis amarguras, mis temores, mis reticencias, mi rigidez que me parece irreductible. ¡Tú, Oh Señor poderoso, triunfas sobre mí, hazme dar prontamente el primer paso así como hiciste listos el corazón  y el alma de Pedro! Gracias, Señor, porque pones en mi corazón la fuerza para dar este primer paso”.

Los hombres repetirán:       “Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
cantaré al Señor mientras exista”.

Dice el pasaje evangélico: “Los demás discípulos llegaron con la barca, pues no estaban lejos de tierra, sino a unos doscientos codos, arrastrando la red con los peces”.

Ahora todos oremos juntos así: “Te alabo y te doy gracias, Señor, porque has dado diversos dones en tu única Iglesia; porque le diste algunos dones a Pedro, otros dones a los discípulos. Haz que no nos quedemos mirándonos los unos a los otros, sino que seamos atraídos por la contemplación de tu rostro. Gracias, Señor, porque nos revelas tu rostro a todos los reunidos aquí”.

Todos repetirán:       “Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
cantaré al Señor mientras exista”.

CUARTO MOMENTO:
¿No lo has olvidado? Orar es un ejercicio de escucha, meditación y contemplación, que pase después a la acción.

Jn 21,9-14 :
“          Al saltar a tierra, vieron unas brasas con un pez encima de ellas, y pan. Jesús les dijo: “Traigan los peces que han pescado ahora”. Subió Simón Pedro, y trajo a tierra la red llena de ciento cincuenta y tres grandes peces; y, a pesar de ser tantos, no se rompió la red. Jesús les dijo: “Vengan y coman”. Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: “¿Tu quién eres?”, pues sabían que era el Señor. Entonces Jesús se acercó, tomó pan y se lo dio; lo mismo el pez. Así se apareció por tercera vez a los discípulos, después de haber resucitado de entre los muertos”.

DIGÁMOSLE A DIOS TODOS JUNTOS:


“Señor, enséñanos a meditar estas palabras, a masticarlas lentamente, a repasarlas una tras otra, para que tu fuerza y la fuerza de tu Espíritu se manifiesten por medio de ellas”.

En este trozo del Evangelio hay dos palabras centrales:
“Traigan los peces que han pescado ahora”.
                                   “Vengan y coman” .

Dividamos el trozo en dos momentos:

PRIMERO: La comida con Jesús: Se trata de una comida en la que el mismo Jesús resucitado les da de comer.
La alusión es claramente a la Sagrada Eucaristía, el momento en el que el resucitado les da de comer a los suyos convirtiéndose en misteriosa presencia”
También en la Eucaristía ninguno nos atrevemos a preguntarle: “¿Tú quién eres?, porque sabemos que es el Señor”.
Dice el Evangelio que “Jesús se acercó”. Jesús viene y es en la Sagrada Eucaristía el sacramento en el que Jesús viene a nosotros.
Se trata de una comida que ha sido sazonada por Él mismo y en la cual viene con el poder salvífico que nos hace exclamar: “¡Es el Señor!”

Hagamos oración todos juntos ante su presencia sacramental:
“¡Oh Señor, concédenos dejarnos formar por ti en la adoración! Concédenos abrirte nuestro corazón y nuestra vida; concédenos unirnos a tu adoración al Padre, a tu obediencia, a tu mansedumbre, a tu desapego, a tu pobreza, a tu valentía, te pedimos poder estar con confianza, como hiciste que estuvieran con confianza los discípulos después de las amarguras de la noche, con la discreta invitación: “Vengan y coman”, con la petición de colaboración: “Traigan los peces que han pescado ahora”, con el acercarte tú mismo para partir el pan y distribuirlo. Haz, Señor, que podamos sentirte presente así, con tu disponibilidad a servirnos en nuestra pobreza, a alimentarnos, a hacernos una sola cosa contigo, a comprometernos en tu adoración y obediencia al Padre”.

SEGUNDO: La plenitud de la pesca: Se habla de una gran cantidad de peces. De una multitud.
Se habla de ciento cincuenta y tres: tres veces cincuenta más tres. San Lucas nos dice que en la multiplicación de los panes los sentó en grupo de cincuenta.
Y Cualquiera que sea la explicación: ciento cincuenta y tres es un número exorbitante.
Se está hablando de plenitud: como el Maestro lo hizo con el vino en Cannan, así como promete el céntuplo por uno de recompensa.
Y se trata también de una red que no se rompe. Son tan importantes los peces que las redes que debemos usar tienen que tener cualidades especiales.

Hagamos oración ante su presencia sacramental:
“Señor, concédenos captar el sentido de nuestros gestos y de nuestros deseos, concédenos comprender que tú eres quien das plenitud y significado a todo nuestro ser.

Llena nuestra vida de plenitud. Concédenos el sentido global de lo que hacemos, concédenos la síntesis de todo lo que nos preocupa. Haz que podamos captar, contemplándote, la verdad de todas las cosas pequeñas que hacemos todos los días; haz que, como Iglesia, podamos ofrecer esta visión de unidad que confirma y da valentía a la acción moral de los hombres”.

Digamos al Señor la siguiente oración todos juntos: “Señor, enséñanos a orar, enséñanos a orar como Iglesia, enséñanos a orar en tu Espíritu”.

Ahora hagamos oración en el silencio de nuestro corazón. Coméntale al Señor lo que hace tiempo le quieras decir.

HAGAMOS ORACIÓN PERSONAL EN SILENCIO.

Terminemos el silencio diciendo todos juntos esta oración:
“          Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarte quién eras, porque sabían que eras el Señor. Jesús, nosotros sabemos que tú eres el Señor; no nos atrevemos a preguntarte quién eres, pero nos postramos en adoración ante ti. Tú eres el grande, el inmenso, el infinito, el altísimo, el poderoso, el bondadoso, el que ama hasta el extremo, el médico de nuestra vida, el amigo, el apoyo. Señor, te adoramos y te glorificamos”.

ORACIÓN DE SÚPLICA.

Ahora te invito para que hagamos una oración de súplica. Repetirán: Señor, ten piedad.

Señor Jesús, Hijo unigénito del Padre, que llenas el mundo con tu potencia:
Señor, ten piedad.
Señor Jesús, que llenas el mundo con tu potencia, llena con la fuerza de nuestro obrar, de nuestro seguirte, los lugares y los ambientes en los que obramos como jóvenes:
Señor, ten piedad.
Señor Jesús, que en el Sacramento de tu amor te donas a tu Iglesia y estás presente en medio de nosotros:
Señor, ten piedad.

ORACIÓN DE INVOCACIÓN.

En este momento hagamos una oración de invocación. Repetirán:    Ven, Señor Jesús.

Jesús, que te acercaste a los apóstoles, tomaste el pez y se los diste como también el pan, toma tú mismo la iniciativa de acercarte a nosotros, ven a nuestro encuentro. Nosotros te invocamos y te decimos con la Iglesia:
Ven, Señor Jesús.
Sobre nuestra familia, nuestro estudios y trabajos, nuestra parroquia, nuestra diócesis nosotros invocamos tu venida y el don del Espíritu Santo.
Ven, Señor Jesús.
En nuestras vidas, en nuestros corazones, en todos los que aquí estamos y estaremos en el fortalecimiento de un llamado que tú nos hiciste al inicio de tu vida pública en nuestra propia existencia, haz descender la fuerza de tu Espíritu:
Ven, Señor Jesús.
Sobre toda la tierra que tiene necesidad de significado, de sentido, de paz, de generosidad y de fraternidad, sobre los que sufren en la tierra, por todos ellos te pedimos, Señor, que hagas descender tu Espíritu de paz:
Ven, Señor Jesús.

ORACIÓN DE PETICIÓN.

Haz esta oración en el silencio de tu corazón:
“          Señor, ¿qué quieres que yo haga? ¿Qué quieres que yo haga por tu Iglesia y por el mundo en el que me has permitido vivir? ¿Qué quieres que haga por nuestra parroquia y a favor de los niños? Señor, haz que esta petición penetre en nuestra jornada que retomaremos el día de mañana y que haga surgir en cada uno de nosotros la respuesta concreta. María, Madre de Jesús y Madre de la Iglesia, Madre Santísima del Rosario, ayúdanos a responder a esta pregunta que es una invocación para cada uno de nosotros”.

QUINTO Y ULTIMO MOMENTO:
Sí, ¡Ya lo sé! Orar es un ejercicio de escucha, meditación y contemplación, que pase después a la acción.

Jn 21,15-19 :
“          Cuando comieron, dijo Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?” El le dijo: “Sí, Señor, tú sabes que te amo”. Le dijo: “¡Apacienta a mis corderos!” se volvió a decirle por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” El le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te amo” Le dijo: “¡Apacienta mis ovejas!” Por tercera vez le dijo: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Se entristeció Pedro porque le preguntó por tercera vez: “¿Me amas?” Y le respondió: “Señor, tú sabes todo, tú sabes que te amo”. Jesús le dijo: “¡Apacienta mis ovejas! En verdad, en verdad te digo que cuando eras más joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás tus manos, otro te ceñirá y te llevará dónde tú no quieras”. Dijo esto indicando con qué muerte glorificaría a Dios. Después añadió: “Sígueme”.

DIGÁMOSLE A DIOS TODOS JUNTOS:


“Señor, enséñanos a meditar estas palabras, a masticarlas lentamente, a repasarlas una tras otra, para que tu fuerza y la fuerza de tu Espíritu se manifiesten por medio de ellas”.

En este texto hay dos palabras centrales:
Una que marca la acción: “ Sígueme”
                                   Y otra que marca un destino: “A dónde tú no quieras”

Dividamos el trozo en tres momentos:

PRIMERO: Pedro nos habla: Él es el protagonista, si lo relees otra vez él es mencionado cinco veces en este trozo del Evangelio y los otros discípulos han desaparecido de la escena, o por mejor decirlo, ellos también son considerados como un factor de la encomienda que el Maestro le hace a Pedro.

Si dejamos que la Palabra de Dios sea contemplada, es decir, visualizada desde nuestras facultades, podemos ejercer la imaginación y escuchar lo que Pedro nos podría decir:
“Aquella noche y aquella mañana experimenté una inmensa plenitud, la plenitud de quien estaba haciendo gestos habituales –estaba acostumbrado a tirar la red, a contar los peces, a comer pescado asado en las brasas y pan-, pero me di cuenta de que esos gestos asumían una plenitud de sentido. Sentía que no los hacía como gestos míos, autónomos, los hacia como obediencia a Jesús: “Echen las redes”. Era mi obrar personal pero con otro significado, cuyo término era el Maestro. En lo cotidiano Cristo me estaba mostrando los bienes absolutos”.

SEGUNDO:  “Sígueme” Le dice el Señor.

Se trata de la última Palabra de Cristo a Pedro en el Evangelio de san Juan y, al mismo tiempo, la primera con la que se había iniciado la historia del seguimiento desde el primer capítulo del mismo San Juan: “¡Sígueme!”
No se trata solamente de dejar redes, la barca, de un oficio distinto, sino de “ser como Jesús”, de “ser como Él”.
“Sígueme” es el término último del conocimiento de Cristo, así como de la contemplación y la oración.
Todo aquello que se haga en nuestra vida y en nuestro grupo y que no termine en seguimiento es algo vacío y estéril; un solo ejercicio académico y un engaño, una repetición de lo mismo y un seguir estancados.
La auténtica acción contemplativa termina en el “Sígueme”. Aquí se inicia, se desarrolla y se concluye la vida cristiana. El Seguimiento auténtico es la perfección de la vida cristiana

Hagamos nuestra esta oración que hacía diariamente Sören Kierkegaard:
“Señor Jesús, Tú no viniste al mundo para ser servido, ni tampoco para ser admirado o simplemente adorado. Tú mismo eres el Camino, la Verdad y la Vida. Tú has deseado solamente imitadores. Por eso despiértame si estoy adormecido en este engaño de querer admirarte, en vez de imitarte y parecerme a Ti. Amén.”

TERCERO: “¿Me amas?” Le pregunta el maestro. Se trata de una triple interrogación con una triple respuesta, algunos mencionan que el Señor lo hace a causa de aquella triple interrogación que condujo a aquella triple negación durante la noche de la aprehensión.
Independientemente de lo anterior, aquello que en la Escritura se repite tres veces suele ser la plenitud como el tres veces Santo.
Y en aquel interrogatorio Pedro no es cuestionado sobre sus capacidades, sus habilidades, su conocimiento, su cultura, su astucia, su capacidad de organización o su elocuencia, y todas aquellas cosas que le podrían facilitar el gobierno; Simón Pedro es interrogado, en cambio, sobre el amor.
Esta es la pregunta que nos hace a nosotros: ¿sabes amar, sabes amarme?
Pedro responde no con un “Sí” que sería colocarse él como garantía, ni tampoco un “No sé”. Su respuesta es: “Tú lo sabes”. Coloca a Jesús por delante.

CUARTO:     Y finalmente llegamos al desenlace: “Irás a dónde tú no quieras”.
Jesús le reconoce a Pedro en su independencia que ha vivido: Simón, cuando eras más joven tú mismo te ceñías, al aventarte de la barca tú mismo te has ceñido, pero llegará el momento en que te llevarán a donde tú no quieras.
Las palabras son, hasta cierto punto humanamente desalentadoras, pero sinceras. El ministerio que le espera es sumamente pesado.
El discípulo no es mayor que el Maestro, y ya el mismo Maestro había ido a donde humanamente es desagradable: “No se haga mi voluntad, sino la tuya, Padre”.
La mejor respuesta a Dios será el decirle: “Señor, no a donde yo quiera, sino a donde quieras tú”: Te entrego mi voluntad y mi vida

Hagamos oración en el silencio de nuestro corazón: ¡Haz una oración personal ante el Señor Sacramentado!

GUARDAR SILENCIO.

Concluyamos ahora juntos con esta oración:
“Señor Jesús, desde tu cruz nos dices: Sígueme. ¿Qué quiere decir para mí este seguirte? ¿Qué puedo hacer por ti, Señor mío y Dios mío? Si al escuchar esta llamada mis impulsos me llevan hacia ti: ¿me darás la fuerza y la valentía para poner el pie fuera de la barca? Tú sabes que soy débil, Señor, pero te amo: ¡Tú sabes que te amo!

Tú sabes que nosotros como grupo, interrogados sobre el amor, dudamos, sentimos miedo, no sabemos qué contestar y, como Pedro, estamos adoloridos y tristes. Pero cada uno de nosotros te decimos con toda la confianza de nuestro espíritu: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo” AMEN.

Muy queridos catequistas:

Jesús llama a los primeros discípulos, que luego serían el núcleo primordial de sus apóstoles: “Cómo san Andrés y otros siguieron a Cristo Nuestro Señor”.

Hoy nos encontramos con un bajón espectacular de vocaciones consagradas en toda la Iglesia y en el compromiso sincero de muchos cristianos. Es decir, no sólo hay escasez de candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa, sino que el drenaje de hombres y mujeres que han vuelto la vista atrás, después de poner la mano en el arado, es muy elevado.

La vocación cristiana no es sólo la sacerdotal y la religiosa, sabemos que también como laicos comprometidos se puede servir al Señor. Pidamos, no obstante, por los consagrados y las consagradas puesto que sabemos que es un índice que marca la seriedad entre los discípulos de Cristo. Alguien les ha llamado a los consagrados “los cristianos de alto voltaje”. Así lo debieran ser, al menos por llamamiento y obligación.

Ante tal estado de la cuestión en claroscuro, nosotros como laicos debemos adentrarnos en la llamada que aquí y ahora sigue haciéndonos Cristo, “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Porque hoy, como ayer y mañana, ser cristiano es seguir a Jesús y ayudar a que otros también lo sigan.

Recuerda: Orar es un ejercicio de escucha, meditación y contemplación, que pase después a la acción. Terminemos este ejercicio de contemplación para que podamos ir a la acción de la vida cristiana.

 

___________________________________Firmar Libro de visitas

Biblioteca Virtual

Abr15
Abr08
Abr01
Mar25
Mar18
Mar11
Mar04
Feb25
Feb18
Feb11
Feb04
Ene28
Ene21
Ene14
Ene07

2006

2005

2004