Domingo 19 de Agosto de 2007_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

TODA LA VIDA ES BAUTISMO.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y cómo me angustio mientras llega! ¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.

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Momento 2

Momento 3

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Muy queridos amigos:            

Te quiero invitar para que en este domingo nos demos la oportunidad de unir dos factores sumamente importantes: primero que nada el contenido del santo Evangelio que nos refiere un tema por demás complicado, el del Bautismo de Jesús que nos refiere su muerte y al mismo tiempo una invitación para que no le tengamos miedo a aquello que ha sido llamado la paradoja del cristianismo en la que se nos muestra el fuego y la división como el efecto de la venida de Cristo para cada uno de nosotros, si es que en verdad queremos asumir el mensaje del Evangelio; y segundo, una jornada que en nuestra arquidiócesis se ha iniciado el pasado miércoles 15 de agosto para reflexionar y en la oración pedirle a Dios el don de la paz para nuestra ciudad.

2.-         Iniciemos hablando sobre el Bautismo que Jesús ha de recibir y que sin lugar a dudas es una referencia clara a su Pascua que nos ha abierto a todos los hombres las fuentes de la salvación.  Él también había hablado ya de su Pasión que iba a sufrir en Jerusalén como de un “Bautismo” con que debía ser bautizado y como un “Cáliz” que tenía que beber. Los cristianos sabemos que el verdadero Bautismo de Jesús es el bautismo existencial de su muerte y que la Eucaristía por antonomasia es la que se celebra en el altar de la Cruz: “¿Podéis beber el cáliz que yo voy a beber, o a ser bautizados con el bautismo con que voy a ser bautizado?” (Mc 10,38), ha preguntado Jesús a los hijos del Zebedeo, aludiendo a ese cáliz y a ese bautismo existencial de la pasión. Y en  el Evangelio de san Lucas del día de hoy también encontramos esta expresión bautismal de su pasión: Tengo que recibir un bautismo, ¡y cómo me angustio mientras llega!

3.-         Hablemos también acerca de ese nuestro propio Bautismo existencial y entendamos que la muerte para los cristianos no suele ser algo que nos sucede sino Alguien que nos sale al encuentro.

En la visión cristiana de la muerte como bautismo hoy quiero compartirles una reflexión más que sobre la muerte sobre nuestra celebración cristiana de la muerte y, es que para nosotros los cristianos la vida la hemos para buscar a Dios, la muerte es para encontrarlo y la eternidad es para poseerlo, es por por ello, que les comparto primero un sermón de san Juan Crisóstomo que predicó en el oficio exequial de las Vírgenes Berenice y Prósdace en el siglo IV de la vida cristiana:

 “Al principio se hacían por los muertos señales de dolor y lamentaciones. Ahora se cantan salmos e himnos. Se lloró a Jacob durante cuarenta días, y otros tantos días lloraron los judíos a Moisés, porque en aquel entonces la muerte era la muerte. Ahora ya no es así: se dicen cánticos, oraciones y salmos, todo lo cual significa que este acontecimiento es fausto. En efecto, los salmos son señal de regocijo. Como nosotros rebosamos de alegría, cantamos por los difuntos salmos que nos exhortan a la confianza ante la muerte”.

3.-     Esto que nos narra el Crisóstomo es la vivencia de los primeros cristianos en un tiempo en que la fe estaba intensamente viva. Es por ello, que en las simbologías cristianas que aparecen grabadas en las catacumbas jamás aparecen motivos fúnebres sino que por el contrario se favorecen los emblemas de alegría y de esperanza: ahí estaba el Buen Pastor que nunca abandona a las ovejas mientras atraviesan las cañadas oscuras de la muerte, y que por el contrario las carga sobre los fornidos hombros para hacerles legar a los pastos de eternidad; así también, nos encontramos con el Pescador del Reino cargando en vilo aquella red que simboliza la pesca del tiempo para las mares de la eternidad; se favorecía la bella imagen de aquella confusión de María al pensar que hablaba con el jardinero la mañana de la Pascua y la representaban en aquel divino hortelano, que posee un huerto cuyos rosales son tan altos como los cipreses; así también la imagen de Jonás expulsado del vientre del cetáceo y que nos rememora que Jesús refirió la señal de Jonás como la única que nos iba a ofrecer; allí estaba aquella palma verde que era también prometedora en el sacrificio de los mártires; estaban los frescos representando el paraíso...

Y así, aquellas celebraciones litúrgicas se vivían con las candelas encendidas en las manos de los fieles que acompañaban al difunto como un claro índice de la esperanza, y aquellos salmos graduales que se cantaban durante la liturgia de la pascua del cristiano estaban anunciando al mundo que el difunto estaba subiendo a la Jerusalén celestial, y al final de los ritos no se lloraba sino que había un banquete en el entendimiento de que el difunto participaba ya en el alegre festín del reino.

4.-     Es todo esto lo que nos ayuda a comprender aquella observación de Tertuliano en su libro sobre la mortalidad, cuando en el capítulo 20 escribe: “Como la muerte del hombre constituye su entrada en el cielo, es improcedente adoptar vestiduras negras cuando él mismo se ha revestido de vestiduras blancas”.

Y así eran también los temas de la liturgia de la Palabra: se leía en el libro del Éxodo como Moisés había sido liberado del poder del faraón; en los libros de Samuel como David había derrotando a Goliat; en el libro del profeta Daniel la historia de los tres jóvenes saliendo indemnes del horno ardiente; así también el pasaje en el que Daniel estaba rodeado de leones y, no obstante, salió ileso y ocupado en alabar a Dios,...

5.- La comunidad cristiana relacionaba la primera visita del cristiano a la Iglesia con aquella última que se efectuaba, en la primera visita fue traído en brazos y ahora es en la más importante es traído en hombros. Primero, el cristiano había entrado en la Iglesia y ahora estaba entrando a la vida eterna; y en la liturgia de las liturgias del cristiano se ha preparado el mismo hisopo y el mismo cirio pascual que se encendió en su bautismo; al inicio de la vida se le había vestido con la túnica blanca y ahora se le ha colocado el vestido de la fiesta; aquella flor ha caído en tierra porque el fruto verdadero ha brotado en el árbol de la vida cristiana; se había nacido para morir y ahora se muere para nacer; digamos que se han vivido momentos violentos en los dos partos, y estos acontecen con la convicción de que sí aquel que nace no es expulsado del vientre materno la matriz se puede convertir en un elemento nocivo y letal. El bautismo es una muerte y nuestra muerte es un bautismo, diría san Basilio Magno en su homilía 13: “Toda la vida es bautismo”.

6.- El Evangelio de este día, junto con el presentarnos el fenómeno sociológico que se vivió en el judaísmo a raíz del nacimiento del cristianismo, también nos recuerda que nuestra vocación como cristianos es para que no le tengamos miedo a las dificultades de la vida, y que es esto precisamente lo que nos puede ofrecer la auténtica paz.

Digamos que la conclusión del Evangelio de este día nos debe llevar a pedirle a Dios que les conceda la paz a los afligidos y la aflicción a los que nos sentimos en paz. Y es que la mayoría de nosotros avanzamos de puntillas por la vida para llegar a la muerte sanos y salvos. En nuestras oraciones deberíamos pedir: “Señor, que despierte antes de morir”. La vida se nos va. No nos conformemos con sólo bombear sangre.

7.-         Durante mi estancia formativa en el Seminario de Monterrey entre otros libros que se pusieron de moda se encontraba uno escrito por el Dr. Wayne Dryer titulado: “Tus Zonas Erróneas”, el cual me fue de gran utilidad como parte de un proceso de auto-revisión así como de auto-corrección positiva.

Ojalá pudieras entender que hoy en día, tengo que mencionarlo, la vida de las personas ha experimentado algunas modificaciones, de tal manera que no sólo tenemos que hablar acerca de esas zonas erróneas que nos hacen daño, y tendríamos que escribir un nuevo libro sobre una especie de “zonas cómodas” que nos impiden ser lo que Dios tenía proyectado que fuéramos, lo que los demás esperan de nosotros y aquello que nosotros mismos mereceríamos.

El resultado que nos atrae esa danza ejecutada exclusivamente en la pista de la comodidad es el triste espectro que contemplamos: Hoy abundamos tantos seres humanos que no padecemos de otra enfermedad que la de nuestra minusvalía psíquica. Nuestras parálisis no son las corpóreas sino las de la voluntad, las del amor propio, las provocadas por la ausencia de coraje en la vida.

8.-     Las zonas cómodas de nuestra vida tienen dos máscaras: el miedo y la incongruencia.

Y, es que, no se necesita de un gran esfuerzo de análisis como para que hoy te puedas dar cuenta de cómo muchas personas no llegamos a gozar auténticamente de la plenitud de nuestras capacidades, porque nunca las ponemos a prueba, o mejor dicho, ¡le tenemos demasiado miedo a la prueba!

Algunos autores nos han mencionado que el mayor promedio de las personas utilizamos sólo el 10% de nuestras capacidades y que el 90% restante yace enterrado en las tumbas de los fantasmas de los miedos, los pánicos y la angustia. Y, es que las personas le tenemos miedo a fracasar, por lo cual solemos cavar un agujero y nos escondemos en un cómodo rincón, y cada nuevo día lo convertimos en algo idéntico al ayer y, lo peor de todo, en un molde de nuestro mañana, porque en esa forma nos sentimos cómodos y no corremos absolutamente ningún riesgo.

9.-     Otro efecto de las zonas cómodas en nuestra vida es el de esas incongruencias que nos atraen la auto-destrucción.

O, ¿dime sí o no es cierto que la causa principal de nuestros fracasos es ese pensamiento destructivo que provoca la acción incongruente con nuestros objetivos personales? Piensa en un vendedor que ha considerado progresar pero que desde sus zonas cómodas se comporta de un modo grosero  para con sus clientes, o el de una persona que necesita un trabajo y que se pasa la vida viendo la televisión acostándose a las tres de la mañana y levantándose a las 12 del mediodía a leer los avisos de ocasión en la prensa. La incongruencia entre lo que queremos y lo que hacemos nos destruye: alguien quiere ser un escritor y no se pone a hacer ensayos, alguien quiere graduarse y no aprovecha el tiempo de su formación académica…

Y así te darás cuenta de que la diferencia más grande entre la gente que alcanza el éxito en la vida y los que fracasan no suele ser el talento, sino la persistencia, es decir el no tenerle miedo a ingresar a nuestras áreas incómodas para modificar las cómodas. Mucha gente considerada brillante que conocemos se da por vencida y la que realmente sobresale es la que practica la inflexible e incómoda congruencia. ¿Quién quiere correr el riesgo de recibir un golpe más? El que sigue en la búsqueda del éxito, a pesar de lo poco atractivo que se presente el proceso.

10.-   Y es que los éxitos en la vida se consiguen por la suma de las cosas, y este es otro factor de poca comodidad, pero que al cultivarlo nos ayuda a crecer. Veo al hombre que pica piedra dando martillazos sobre la roca, asesta quizá un centenar de golpes antes de que aparezca la menor resquebrajadura. Sin embargo al centésimo primer martillazo, se abrirá en dos. Cualquiera que contemplara la última escena pensaría que fue ese golpe el que partió en dos la roca, sin embargo, todos sabemos que no fue el último golpe el que lo hizo, sino la suma de todos los anteriores.

La diferencia existente entre los triunfadores y los perdedores, en esta vida y en la eterna, es que los triunfadores se levantaron una vez más de los que se cayeron.

No le tengas miedo a aquello que altera nuestra vida, recuerda que el carácter puede manifestarse en los grandes momentos, pero se forja en los pequeños.

Te invito a ingresar al campo de la incomodidad, a recibir el bautismo del sacrificio. Salir de nuestras zonas cómodas significa agrandarse, soñar el sueño imposible, alcanzar lo que antes nos habíamos intentado por no arriesgarnos al fracaso.

 

 

EL ANHELO DE PAZ.

¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.

0.-     Muy queridos amigos:

En este domingo te invito a unirnos a la intención de nuestra arquidiócesis de Monterrey para reflexionar y orar para pedirle a Dios el don de la paz. Iniciamos:

1.-     ¿Qué es lo que ha pasado en nuestras calles?

2.-     ¿Qué es lo que sucede en nuestra ciudad?

3.-         ¿Cuál es la razón por la que en un espacio que hasta hace algunos años era plácido y seguro y en donde se experimentaba agradablemente nuestro desarrollo, repentinamente se ha introducido la hoz que destroza y que deja tirados los cuerpos en los caminos?

4.-     ¿O es que nos hemos acostumbrado a que esas amenazas en forma de cuerno de chivo se encarguen de desintegrar prematuramente a las familias?

5.-         ¿Cómo puede ser que quienes estaban ayer en el útero de la ciudad hoy no están y todos coincidimos en que antes de tiempo se les ha extirpado de la placenta de nuestra familia de manos de quienes no tienen derecho de acabar con la vida y alterar nuestra historia?

6.-     ¿Qué es lo que se necesita para que la paz regrese a nuestras calles, vidas y familias?...

7.-         Escribía el célebre jesuita Theilhard de Chardin: “Llegará el día en que, tras aprovechar el espacio, los vientos, las mareas y la gravitación, aprovecharemos las energías del Amor en beneficio de Dios y en beneficio del hombre. Y ese día, por segunda vez en la historia del mundo, habremos descubierto el fuego”.

8.-     La paz en esta tierra aparece como un anhelo del reino de los hombres y como una de las características del Reino de los cielos.

Se trata de una necesidad que apremia en nuestros corazones y que solamente Dios puede satisfacer plenamente.

Vivimos en esta selva de asfalto, en la jungla de concreto y este hombre que vive golpeando el rostro del hermano, está reclamando la paz para su vida.

9.-         Decía Séneca: “una era construye las ciudades y una hora las destruye”, y ¡cuánta razón tenía!, el pasado martes 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, el jueves 11 de marzo de 2004 en Madrid, el jueves 7 de julio de 2005 en Londres, y por desgracia casi todos los días de este 2007 en nuestra propia ciudad, lo pueden tristemente ratificar.

10.-         Entendamos que el hombre no puede encontrar, al  margen de Dios, la verdadera fisonomía de la paz.

¿Quién puede olvidar a un gran hombre como lo fue San Agustín buscando y solicitándoles la paz a los mares-oceános, a las montañas y a los astros del cielo,... en donde una y otra vez recibe la invitación para buscar más arriba de sus propios ojos, y cuándo un día es capaz de buscar efectivamente más arriba encuentra auténticamente la paz?

¿Quién puede olvidar aquellas escenas trágicas que se muestran como reflejo de esa miseria humana que quebrantan la paz en el hombre, como la de Otelo que por celos le ha cortado la vida a Desdémona en la obra de Shakespeare?

¿O quién puede olvidar la escena de Lady Macbeth huyendo de su propio conflicto de conciencia que le interroga en aquel olor penetrante de la sangre en sus propias manos y que no lo ha podido borrar de su piel ni con los perfumes más caros traídos de Arabia?

11.-   El hombre busca la paz y él mismo se encarga de destruirla.

¿Sabes? En la cercanía con aquellos estragos que la Segunda Guerra Mundial había traído a la humanidad, en unas heridas que estaban todavía sin cicatrizar, y por una guerra fría que se iba acentuando progresivamente, Su Santidad Paulo VI, el año del 1967 estableció en nuestra Iglesia Católica la Jornada Mundial de Oración por la Paz, a celebrarse todos los días Primero de Enero de cada año civil. Se trata de una invitación para que todos los fieles cristianos, eleváramos una plegaria para conseguir de Dios este don por el que el hombre se afana todos los días de su vida.

12.-   ¿En qué consiste esa paz de la que todos los hombres nos sentimos  necesitados? La anhelaban los hebreos, los griegos y los romanos,... y la anhelan todos los hombres de todos los tiempos y de todos los espacios.

El pueblo Hebreo entendía la paz como la prosperidad material y espiritual del hombre, los Griegos, por su parte, la entendían como un estado libre de contrastes en el cosmos, y los Romanos la pretendieron como la prosperidad Universal.

13.-   El hombre actual sigue caminando en la búsqueda de la paz verdadera. Según se nos ha dicho, Neil Armstrong, John Aldrin y sus compañeros que alunizaron, llevaron una inscripción en metal que dejaron en la superficie lunar aquel 20 de julio de 1969, y que es todo un testimonio del anhelo de todos los hombres de todos los pueblos: “Hemos venido en busca de la paz para toda la humanidad”.

14.-   ¿En qué consiste la paz que nos brinda el Reino de Dios?

Los cristianos entendemos la paz como nuestra unión con Dios y la recepción plena de sus dones. La paz cristiana es aquella que sobrepasa todo anhelo y esfuerzo humano, y es uno de los frutos del Espíritu Santo, así como una de las características del Reino de Dios.

15.-   La paz de Jesucristo aparece como uno de los elementos centrales del mensaje Evangélico. Desde las primeras escenas en Belén hasta sus últimos episodios en el cenáculo el día de la resurrección, el mensaje de la paz va danzando a lo largo y ancho de la Buena Nueva que el Señor Jesús nos ha traído.

Al nacer en el tiempo el Hijo eterno del Padre, el canto de los ángeles es exclamación de gloria para Dios y un sincero deseo de paz para los hombres. Al concluir el Evangelio, el mensaje es también de paz: Jesucristo que ha resucitado, muestra sus llagas ahora glorificadas y al saludar a los apóstoles desconcertados, les dice en repetidas ocasiones: “La paz sea con ustedes”. Es Cristo, el Rey de la Paz, Aquel que ha vencido con la mansedumbre y con su propia vida, la violencia de Caín y la de todos los hombres.

16.-   Los acontecimientos desgarradores en nuestra ciudad y en nuestro mundo de estos nuestros días y de estos nuestros años deben dejarnos en claro aquello que nunca será la paz. Debemos darnos cuenta de que la paz de Dios no es como la paz del mundo. La oferta del mundo parece decir: Vive tu vida, sé feliz, disfruta cuanto puedas y deja los asuntos importantes para cuando no haya más remedio. Esa paz es cómo si prefiriéramos unos momentos de locura a toda una vida de verdadera paz.

17.-   Hoy, para solucionar nuestros muchos problemas, los hombres hemos creado imágenes ficticias de la paz, tan bellas como las esferas pero tan frágiles como las mismas.

Y nosotros debemos ser conscientes de que tanto la paz como la guerra comienzan en la propia casa. Si en verdad queremos paz para el mundo, debemos comenzar por amarnos mutuamente dentro de nuestras familias.

18.-   ¿No te has dado cuenta? Si a este mundo podemos llamarle: familia global, a nuestros hogares podemos llamarles: Universo concentrado. Pensemos en ese nuestro microcosmos que es nuestra propia casa y consideremos las siguientes imágenes ficticias de la paz: Unos la entienden como la ausencia de conflictos. Otros más viven la paz de aquel que impone y de aquellos que son sumisos. Y otros, finalmente, viven la paz de los que no se comprometen ni se preocupan por el otro.

Digamos que algunos parecen amar la paz de los sepulcros en tanto que otros parecer preferir la de los esclavos.

19.-   La paz cristiana no es la ausencia de conflictos sino la capacidad de solucionarlos. La paz auténtica no puede ser confundida ni con la subterránea paz de los sepulcros, en donde no hay vida y prevalece la muerte, ni con la paz de los subyugados esclavos quienes se auto-engañan al encumbrar la paz de sus cadenas y que han perdido la dimensión de su propia dignidad. La paz no será jamás del que vence sino del que convence.

20.-   La paz de Jesús tampoco es el conformismo con la injusticia, la violencia, el egoísmo, el desamor, la dulce comodidad del status quo, el laxismo y la mentira.

21.-   La paz de los cristianos es la paz que Jesús llamó suya y que es mucho más que unas relaciones sociales no-violentas. La paz es la plenitud de la dicha y del perdón. La paz auténtica se convierte en acciones no en omisiones, la paz genuinamente cristiana se construye, es algo por lo que se trabaja y, aunque no lo entiendas de inmediato, es algo por lo que se lucha, y como lo ha dicho el maestro le pertenece a los que se han violentado.

22.-   Se trata de la paz de un corazón que está bien con Dios, y por eso está en condición para estar en bien con todos los hombres y consigo mismo.

La verdadera paz que nadie nos puede quitar es la que cada uno puede lograr desde la fidelidad a la Vida y al Amor. La Paz Cristiana se consigue, no tan sólo en el respeto al derecho ajeno sino también en el mismo ejercicio de los propios deberes y obligaciones.

23.-         Ciudadanos de nuestro tiempo: En el nombre de Dios y en el nombre del hombre, ¡no maten!, ¡No preparen a los hombres destrucciones y exterminio!, ¡No envenenen a nuestra juventud!, ¡No despojen al corazón de la inocencia y al cuerpo de su pureza!, ¡Piensen en sus hermanos que sufren hambre y miseria!, ¡No propicien la desintegración de nuestras familias!, ¡Respeten la dignidad y la libertad de cada uno de los hombres!, ¡No conviertan nuestras calles en campos minados ni en espacios cinegéticos!

24.-         Cristianos, ¡qué nada nos quite la paz del corazón! Que la paz del alma y del mundo la concede Dios a quienes le sirven y a quienes son capaces de soportar con alegría el peso de la vida y del servicio sincero a los hermanos.

 

EL TRIUNFO ES DEL CORDERO.

1.-         Continuemos reflexionando acerca del valor de la paz que nos ofrece Cristo y para ello te invito a que escuches el siguiente texto del Evangelio de san Juan:

“ Los judíos como era el día de la preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado –porque aquel sábado era muy solemne- rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas al primero y del otro crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y pél sabe que dice la verdad, para que vosotros también creáis. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: No se le quebrará hueso alguno...”
                                                                                             
2.-     Muy queridos amigos:                                                                 

Apaciblemente Jesús se ha acercado a esta humanidad como el Cordero de Dios, poseedor en su mirada del proyecto de su vida y suscitador en su propia vida de la mejor de sus miradas.

Se trata de Aquel que tiene precedencia sobre todos, que existía antes que todos, el Hijo eterno del Padre, ahora presente aquí en la tierra en la humildad del Cordero divino que ofrece su sacrificio en el silencio de su inocencia y en el misterio de la real divinidad unida a la verdadera humanidad.

Cordero Pascual, víctima inocente por cuya sangre hemos sido liberados todos los hombres de la esclavitud de nuestro Egipto espiritual.

3.-         Cordero de la Pascua verdadera y universal inmolado en la tarde de la preparación, en la víspera de la Pascua litúrgica de los judíos para convertirse en el Cordero que ha de descender al lugar de los muertos para comunicar la libertad eterna a todos los que esperaron la redención de Israel.

4.-         Cordero de Dios en el altar de la cruz, al que no se le quiebran los huesos, para ser inmolado como víctima sin defecto para la redención de un Nuevo Israel con alcances universales.

5.-         Cordero de Dios y Cordero de los hombres inmolado, degollado, sacrificado, y que permaneces de pie frente al altar del tiempo y de la eternidad.

6.-         Cordero celestial y triunfante que con tu muerte redentora te has alzado con la victoria, y que compartes el trono del Dios eterno, que eres digno de la adoración de todos los seres, y que has sido investido de poder divino.

7.-     ¡He aquí a Jesucristo! ¡He aquí al Cordero de Dios! Y en el Cordero divino he aquí la mirada y el proyecto de Dios, y en el Cordero de Dios he aquí nuestra mirada y nuestro proyecto.

La presencia del Cordero es elocuentemente persuasiva, y en ella se impone fuertemente ante nuestros ojos su fuerte carga de significado, su exhortación y un intenso contraste generado ante la propuesta actual del hombre y del mundo.

El verdadero triunfo es del Cordero de Dios no es del león solitario ni del ejército de lobos: el triunfo final es y será solamente de Aquel que ha ofrecido su vida sin algarabías inútiles. El triunfo auténtico viene de una vida que no se impone sino que se propone. El triunfo finalmente no es de aquel que vence sino de aquel que convence.

8.-     Y esta es la historia de aquel tiempo y la historia de todos los tiempos. El león atemoriza y los lobos destruyen, el Cordero ofrece confianza y nos ofrece salud.

El Cordero de Dios: he aquí nuestra mirada y he aquí nuestro proyecto.

El ser Cordero es para nosotros una actitud, una postura ante la vida que todos los hombres del mundo pueden comprender.

El Señor y Dueño de todo el mundo ha querido aparecer ante el mundo como Cordero, como aquel que es manso, como pequeño, como humilde, como aquel que ha venido a servir, aquel que pasa su vida haciendo el bien.

9.-     El cristianismo de aquellos que hemos conocido y que amamos al Cordero de Dios, es para nosotros el recuerdo presente y constante de una postura ante la vida de aquellos que creen en el triunfo del bien callado, en la victoria de la labor aparentemente no premiada.

El Cordero de Dios nos sugiere silenciosamente la grandeza de la pequeñez, la elocuencia del silencio y la proporcionalidad del ofrecimiento sincero.

El Cordero de Dios nos muestra la verdadera fuerza de Dios y de los hombres a través de una imagen sin alardes, ni imposiciones, ni dogmatismos, ni gritos, ni guerras, ni violencia.

10.-   Y así, hemos comprendido que el verdadero triunfo del hombre no suele ser visto en lo cotidiano, temporalmente no suele ser premiado, generalmente no es reconocido, casi siempre no se celebra en público.

Y así, ha acontecido que aquellos que no lo hemos comprendido hemos tenido que buscar nuestros propios triunfos en el aplauso, en el reconocimiento, en ese querer subir a toda costa un poco más, el tener un poco más, el querer ser un poco más..., ¡claro!, a costa de los demás.

11.-   El triunfo es del Cordero y de aquellos que quieren realmente servir como lo ha hecho el Cordero,... pero se trata de servir auténticamente, puesto que suele acontecer que somos muchos los que le queremos servir a Dios,... pero como consejeros, queremos diseñarle sus estrategias y con ello impornerle nuestros criterios,... los criterios del león y del lobo, no los del criterios del Cordero.

Jesucristo es manso y humilde de corazón.

En Cristo, el Cordero sin mancha que quita el pecado del mundo, Dios se ha manifestado en la sencillez.

El Cordero es nuestro símbolo y nuestra confesión. Al contemplar al Cordero de Dios sabemos cómo debemos actuar y cuáles deben ser nuestras convicciones.

12.-   Es esta verdad la que comprendía san Juan Crisóstomo al predicar aquella célebre homilía: “Mientras seamos corderos, la victoria es nuestra y superaremos a los lobos, aunque nos rodeen en gran número. Pero si llegamos a ser lobos, entonces seremos vencidos, porque entonces nos faltará la ayuda del Pastor. Este, en efecto, no apacienta lobos, sino corderos, y por esto te abandona y se aparta de ti, porque no lo dejas mostras su poder”

13.-   El Cordero de Dios es aquel que nos salva. El Cordero de Dios, Pastor eterno, nos ha lanzado una invitación para que seamos Corderos,... situación difícil, pero, ¿quién te engañó al decirte que la vida cristiana era fácil?

Difícil y, ¡más que difícil!, pero no imposible, sobre todo y aún cuando consideramos que este mundo se ha convertido en la estepa de los lobos, y para muestra bastaría un solo boton proveniente del casimir de un lobo que se ha exhibido en la pasarela de la humanidad en estos días en que la guerra, el hambre, los brotes endémicos y la violencia urbana del crimen organizado se han convertido en la escena cotidiana en los países asiáticos, en el norte de áfrica, en américa del sur, y hasta en nuestra misma patria y ciudad.

La necesidad insoslayable de la paz, los alimentos y los medicamentos han hecho que muchos medios informativos nos recuerden que “el mundo en el que vivimos se ha convertido en el campo de juego para la justa de unos lobos que han desplazado a los corderos”.

14.-   Los lobos continúan escribiendo con tinta sangre de inocentes nuestras líneas de la historia, como lo reflexiona Salvatore Quasimodo:
“        Eres tú el mismo, el mismo de la piedra y de la honda,
hombre de mi tiempo. Estabas en tu escondite, yo te he visto,
con tus alas malignas, meridianos de la muerte,
y en el carro de fuego, en el patíbulo, y en la rueda maldita que tortura-
Yo te he visto. ¡Eras tú!
Con tus ciencias hambrientas y sedientas de exterminio,
sin amor y,... sin Cristo.
Has seguido matando como siempre; como hicieron los padres,
Como mataron aquellos primeros animales que encontraste.
Esa sangre está clamando al cielo como la de aquel día,
Cuando un hermano le dijo al otro hermano: “vámonos de paseo”.
Y ese eco frío, cortante,
Ha llegado hasta ti, metiéndose en tu vida”.

15.-         ¿Sabes? Hoy se sigue escribiendo la historia de los lobos a través de una barbarie capaz de cosas inauditas, de refinamientos inesperados, pero al fin y al cabo barbarie.

Y nuestra propuesta no es otra que la del Cordero, ante la violencia, para el cristiano no hay más postura que la no-violencia. Pero la no-violencia auténtica es la de los verdaderamente fuertes no la de los resignados ni de los débiles, ni de los impotentes que se amargan la existencia; ¡entendámoslo bien!

Los hombres parece que hemos olvidado que la no-violencia debe ser la expresión clara de nuestra fuerza. Los cristianos debemos ocupar en la vida la parte que nos es propia: la del Cordero, aunque se rían burlonamente los lobos.

16.-   Ojalá, comprendiéramos que precisamente en donde los lobos están logrando su más preciada victoria es allí en donde ellos han conseguido que los corderos les imiten... Como lo corroboraba Mazzolari:

 “No se puede hacer una guerra sino de lobo a lobo, entre lobos, usando los métodos del lobo, mientras que en la guerra de guerrillas se participa de ella sin dejar de ser corderos pero imitando a los lobos,...

El lobo debe llevarse una sorpresa agradabilísima cada vez que se da cuenta y descubre que el cordero le imita.

Degollar a un cordero parece cosa fácil. Y no es así... El balido llega a lo más hondo del corazón;...

Que un lobo se convierta en cordero es menos monstruoso que el que un cordero se convierta en lobo. Cambiándose en lobo, el cordero demuestra que no cree en la bondad, mientras que el lobo, al vestirse de cordero, le rinde su homenaje.

El que muere como lobo tendrá la recompensa del lobo; quien muere como cordero, se asemeja al Cordero “que quita los pecados del mundo” y tendrá su recompensa.

El cristiano que ataca al maligno con los mismos medios del maligno ya es presa del maligno”.

17.-   Y, de esta manera, aunque hay quien se ríe de nuestra propuesta de corderos, aún así tenemos que gritar: ¡La violencia engendra violencia! La espiral de la violencia, no consigue nada, excepto heridas. En la guerra no existen soldados sin heridas.

Hay que salir de este cerco. Hay que romper esta concatenación de actos de violencia con un hecho nuevo: asumir una conducta distinta a la del adversario.

18.-   Hay que dar el primer paso para acercarse. Hay que salir del círculo infernal del odio y del rencor. Nosotros conocemos la salida: tener la idea prodigiosa de comenzar a amar al enemigo, es aquí en donde sucede lo inesperado.

19.-   El Cordero nos ayuda a pensar las cosas de forma distinta.Y sí lo pensamos bien, llegaremos a comprender que la capacidad de disculparse es probablemente uno de los atributos más civilizados del ser humano, y nos hace algo más que civilizados.

20.-   La misericordia nos hace creadores y el perdón nos dimensiona en otra órbita.

21.-   Dios es el Cordero, Él no se ha dejado esclavizar por el pecado, por la ira, por el rencor, no hace como nosotros. Cuando el primer hombre se escondía Él le salió a su encuentro y cuando el hijo del primer hombre se había manchado las manos de sangre Él le ha protegido. Dios da siempre el primer paso y su corazón nunca deja de latir por amor al hombre.

22.-   Se trata de ser libres, el Cordero de Dios es libre y nos pide que descubramos el rostro del hombre en el del enemigo y detrás de él el rostro del hermano... y el rostro auténtico de Cristo, del Cordero sin mancha.

23.-   ¿Ves a Cristo en el hermano? Si así le ves, descarga tu odio... ¡si es que te atreves!

24.-         Jesús, el Cordero de Dios nos ha enseñado a perdonar. Le reconocemos como el Cordero que nos ha venido a salvar, Aquel que le pedimos perdón y Aquel a quien le imploramos la paz.

25.-         Pidámosle la gracia de aprender a perdonar.

26.-   El Cordero de Dios nos muestra en su propia vida su propio mensaje: Perdonar es divino. ¡No hay alguna duda de que es el perdón el que nos acerca a Dios! Es el perdón lo que nos permite mostrar en nosotros el rostro amable del Nazareno, del Cordero de Dios, de aquel que perdonó hasta a sus verdugos.

27.-   El Cordero de Dios, es nuestra bandera, nuestra fe y nuestro proyecto.

28.-   Tu eliges: ¿ser cordero o ser lobo? Sólo tienes que recordar que el Buen Pastor, en Aquel que creemos y a quien amamos, no apacienta lobos sino sólo corderos.

 

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