Domingo 26 de Agosto de 2007_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

LA UNIVERSALIDAD DE LA SALVACIÓN.

“En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?”
                                                                                             
Jesús le respondió: “Esfuércense por entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: “¡Señor, ábrenos!” Pero él les responderá: “No sé quienes son ustedes”.
                                                                                             
Entonces le dirán con insistencia: “Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas”. Pero él replicará: “Yo les aseguro que no sé quienés son ustedes. Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal”. Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera.
                                                                                             

Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios. Pues los que ahora son últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos”.

Momento 1

Momento 2

Momento 3

       
       

Muy querido amigo:
                                                                                             
Te comparto un texto antes de iniciar nuestra reflexión: “ Dios se ha revelado a nosotros y nos anuncia todo. No se preocupa del resto del mundo; somos los únicos seres del mundo con quienes entra en comunión.”     
                                                                                             
Con esas palabras caricaturizaba a los cristianos el filósofo epicúreo Celso en su obra: Discurso verdadero. En el tenor de estas palabras podemos darnos cuenta de que las dificultades que enfrenta el mensaje cristiano no son nuevas.
                                                                                             
2.-     Los cristianos confesamos y celebramos al Dios con nosotros. Se trata del Dios que no está ausente y que se ha hecho presente en nuestra historia. Pero esta confesión y esta celebración debe transformarse en un lenguaje que pueda leerse en nuestra vida cotidiana tanto por aquellos que viven con nosotros como por aquellos que nos encuentran al caminar por los polvos de los caminos.
                                                                                             
Creemos que en Cristo, Dios ha roto el silencio y ha querido salir del velo de misterio; se ha dirigido al hombre y le ha revelado los secretos de la vida personal; le ha manifestado un designio inaudito e impensable de una alianza establecida con todo ser humano y que posee vistas a la participación de una vida que sobrepasa cualquier pretensión, esfuerzo y posibilidad.
                                                                                             
Dios, el Dios vivo, el Dios verdadero, el Dios del amor le ha hablado a la humanidad. Esta Palabra, que en un principio todavía fue lejana, confusa, intermitente, como si fuera una serie de sonidos sueltos y cuya unidad casi no podía percibirse, en Jesucristo, Hijo Eterno del Padre, Verbo del Padre, se nos da toda entera, se hace Evangelio encarnado, se proclama, clara y distinta, como mensaje de salvación anunciado y vivido.
                                                                                             
La revelación es en sí misma un misterio primordial, en el que Dios nos comunica todos los demás misterios, porque es la manifestación del designio de salvación que Dios concibió desde toda la eternidad y que ha realizado con Jesucristo.
                                                                                             
3.-     Ha sido por esta revelación que hemos conocido los dones de la salvación, los medios para alcanzarla y los compromisos que el mismo hombre adquiere ante el Don de Dios, que es su mismo Hijo.
                                                                                             
Los dones de la salvación tienen que ver precisamente con la culminación del misterio de la Palabra que se ofrece. La Palabra articulada, proclamada o proferida, se ha hecho Palabra inmolada. Cristo en la Cruz nos ha manifiestado el amor que nos tiene el Padre hasta pronunciar el grito inarticulado en el que todo se dice y se atestigua. La Palabra de Dios se ha agotado hasta el mismísimo silencio, y de esta manera todo aquello que era incomunicable se ha expresado con los brazos extendidos, el cuerpo desangrado y el corazón atravesado por la lanza del soldado.
                                                                                             
Jesucristo es el mismo Don que el Padre eterno nos ha ofrecido. Él es la Gracia Increada, como  le llamamos en la teología, sin embargo es Él aquel que nos consigue un sinfín de efectos saludables, a los que les hemos llamado: gracias creadas, puesto que Dios las ha suscitado para nuestro bien y bendición.
                                                                                             
Los beneficios oscilan entre la gracia que sana al hombre del pecado y la gracia que eleva al hombre a una dignidad insospechada: ser hijo de Dios. Podríamos incluir entre los dones, también la Paz que hemos obtenido, la Amistad ofrecida, el don precioso e inmerecido de la inhabitación divina y, un sin fin de añadiduras evangélicas propias de la misericordia del Dios que nos ha amado tanto. Hermosa añadidura de la que no se escapa absolutamente nada.
                                                                                             
Los medios por los que se reciben las gracias que Dios nos ofrece, Él ha querido vincularlos con su Iglesia, depositaria del tesoro de la revelación y de los sacramentos que Cristo mismo nos ha dejado como medios ordinarios para obtener los beneficios salvíficos.
                                                                                             
4.-     Sin embargo, no debemos ni podemos perder de vista la necesidad de la respuesta humana. Una propuesta espera siempre una respuesta, la verdad es que, Dios ha querido convertir al hombre en un interlocutor que pueda asumir una sola consecuencia: el compromiso.
                                                                                             
La Palabra siempre ha de suponer un yo y un tú. Toda palabra que ha sido proferida implica también el deseo de ser escuchada por un tú, ya que viene cargada por la existencia de aquel que la ha pronunciado. Es entonces cuando la palabra y la respuesta se convierten en una expresión de ese misterio divino que posee el misterio humano: el diálogo.
                                                                                             
Es precisamente esta mecánica exigida y establecida por el diálogo lo que nos permite comprender que la revelación condiciona la opción de la fe, porque si Dios se ha manifestado a la humanidad y se ha probado sólidamente el hecho de esta Palabra, la opción de la fe ya no es una opción ciega, sino una opción humana, conforme a la naturaleza de un hombre considerado como un ser inteligente y libre.
                                                                                             
5.-     La Revelación y la Fe deben ser visualizadas como palabra y respuesta. La revelación de Dios es esencialmente el ejercicio de Aquel que saliendo del misterio Intrapersonal establece una relación interpersonal por lo que exigirá una respuesta de Fe en el hombre que deberá salir de lo intrapersonal para manifestarse también en lo interpersonal. La revelación no es la manifestación de algo, sino la manifestación de Alguien a alguien y la fe no será la adhesión a algo sino la adhesión a Alguien.
                                                                                             
La Palabra de Cristo ha puesto al hombre ante una opción decisiva: en pro o en contra de la vida. Cristo vino, no a juzgar, sino para salvar y para dar la vida. Más su palabra, al ser palabra de salvación, lleva consigo para el que la rechaza, juicio y condenación: “Y si alguno escucha mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo, porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene ya quien le juzgue; la palabra que yo he hablado, ésa le juzgará en el último día”.
                                                                                             
La salvación sólo llega por Jesucristo, así en lo ordinario como en lo extraordinario.
                                                                                             
6.-     No obstante, el tema del particularismo en la revelación, puede ser incómodo a más de uno. Son tantos los que se resisten a creer que Dios se haya revelado a un pueblo particular, a los judíos y no a una raza africana, por ejemplo, hace veintiun siglos y no hace treinta o diez... La encarnación del Hijo de Dios, única, absoluta  y definitiva, en un pueblo les parece también arbitraria e inaceptable.
                                                                                             
Entendamos, que no nos toca a nosotros determinar lo que Dios debe o no debe hacer en la economía de la salvación. Más aún, debemos afirmar que, en la realidad, Dios no escogió a Israel sino que fue Dios el que formó a Israel,... Israel no existía. Y en lo relacionado a la Iglesia tenemos que afirmar lo mismo: No fue Dios el que eligió a la Iglesia, sino que Él fue el que la formó. La Iglesia, tampoco existía como pueblo antes de la intervención histórica de Dios.
                                                                                             
7.-     A Dios no le molesta el particularismo, lo que le molesta es la exclusión que hacemos nosotros de los otros. Y es que la elección de Dios siempre estará ordenada al servicio, puesto que una de sus cualidades es la de la funcionalidad. A los cristianos nos ha llegado la elección por Jesucristo, pero Jesucristo se hace con su muerte y resurrección el centro de una comunidad que rompe los límites del espacio y del tiempo.
                                                                                             
La Palabra de Dios debe extenderse a todas las naciones; se concentra en Jesucristo, pero en orden a su universalización.
                                                                                             
El Evangelio debe predicarse a toda creatura. Los cristianos tenemos que entender que la elección de parte de Jesucristo es gratuita, funcional e inalterable. El don de Dios para el cristiano no es una fuente de privilegios sino de responsabilidades.
                                                                                             
8.-     Y la Iglesia será infiel a la Palabra de Dios, en el momento en que olvide su vocación misionera y las dimensiones de universalidad que se contienen en el mensaje de la salvación.
                                                                                             
La Iglesia no puede ni debe olvidar que no es dueña sino sierva, guardiana e intérprete de la Palabra que Dios nos ha enviado y, por la cual ha sido engendrada.
                                                                                             
Todos nosotros, los cristianos de la actualidad creemos sin haber oído, visto ni contemplado al Dios vivo. Nuestra fe ha nacido gracias al testimonio apostólico y a la fe en ese testimonio, que se ha seguido manifestando en los sucesores de los Apóstoles. Reconocemos en ellos las mociones del Espíritu Santo.
                                                                                             
9.-         Jesucristo, quien tiene el poderío universal, quien posee, por su victoria, las llaves de la región de los muertos y quien ha tenido a bien comunicarle al humilde pescador estas mismas llaves, nos ha adoctrinado en el sucesor del pescador, en su Vicario, acerca de la buena noticia de una salvación que alcanza a todos los hombres.
                                                                                             
¿Cómo y con qué derecho podríamos silenciar el contenido de la Revelación que se ha manifestado en forma tan bella en el Evangelio de San Lucas? Vendrán muchos del Oriente y del Occidente, del Norte y del Sur, y participarán en el banquete del Reino.
                                                                                             
Resulta claro en otros, que se dicen cristianos, la poca comprensión que se tiene del mensaje de Jesucristo, al querer reducir el Reino de Dios a un pequeño grupo de predestinados, ¡Claro entre los cuales estarán siempre ellos! ¿No te parece demasiada presunción? Nosotros no dudamos de Dios sino de nosotros mismos. Reducir el Reino de Dios. ¡Nada hay más aberrante que esto! Su Santidad Juan Pablo II nos hablada en Dominus Jesus acerca de aquellos que o por no haber eschchado el mensaje de Jesucristo o por no haberlo escuchado adecuadamente,... “Ellos se salvarán por caminos que sólo Dios conoce.” La Iglesia reitera, en congruencia con el Evangelio de Jesucristo, la doctrina ya expuesta en la Nostra Aetate.
                                                                                             
Resulta doloroso para nosotros el que por nuestro mensaje inadecuado, quizá más que por las palabras mucho más por nuestras actitudes, haya personas que no quieran recibir los beneficios de Jesucristo. Ante los hombres que defienden sus proposiciones, debemos ser respetuosos, pero sin olvidar que en Jesucristo hemos conocido no proposiciones humanas sino la Verdad Divina. Las verdades del Reino se aceptan con libertad y nunca a la fuerza, y si alguna fuerza podría utilizarse no sería otra sino la fuerza que posee la misma verdad. “Aquél que te creó sin ti, no te salvará sin ti” decía ya San Agustín a los cristianos del siglo V.
                                                                                             
10.-         Hermanos: Confesemos y celebramos al Verbo de Dios encarnado. Verbo de Dios en estrecho diálogo con el Padre, que nos habla su lenguaje; pero que es también Verbo Encarnado y que nos puede hablar en términos humanos aquello que Él sabe.
                                                                                             
Con toda sencillez, ante Aquel que ha querido condescender en la Encarnación y promovernos a nosotros por la Adopción Divina, pidámosle su luz para que profundicemos en su mensaje: ¡Señor, ábrenos! Yo les aseguro que no los conozco. Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal... ¿Qué ¡qué!?... ¡Oye! ¿Verdad que no todo en la salvación es confesar a Jesús como Señor? Es que, no pocos dirán, Romanos 10,9 dice... Sí tú confiesas con tu boca y crees en tu corazón que Jesús es Señor, serás salvo,... ¡El Evangelio no miente! ¡Señor, ábrenos! Yo les aseguro que no los conozco.

 

LA PUERTA ANGOSTA.

“En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?”
                                                                                             
Jesús le respondió: “Esfuércense por entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: “¡Señor, ábrenos!” Pero él les responderá: “No sé quienes son ustedes”.

1.-     Muy queridos amigos:
                                                                                             
Te quiero confiar algo: este texto del Evangelio es muy especial para mí por una razón muy especial: fue el texto que me preparó cristianamente para llegar a la parroquia en la que hoy estoy ejerciendo mi ministerio a favor de una comunidad muy amada.
                                                                                             
Hoy estaba acordándome de cómo hace tres años, se cumplirán el próximo martes, llegué a la muy querida comunidad parroquial del Rosario.
                                                                                             
2.-     Me acordaba de aquellos preparativos de hace tres años, en ese quitarle hojas al calendario, y más aún en ese tomar el calendario para cambiarlo de habitación que me había hecho pensar en el día tan especial que en aquel entonces se avecinaba,... así como en los días sumamente especiales que había vivido.
                                                                                             
El salir, en aquellos días, de aquella habitación en donde me había encontrado gratamente acomodado durante aquellos últimos nueve años, y en el percibirme que iniciaba un camino para dirigirme a una nueva casa en donde habría de vivir, con la que a partir de aquel entonces ha sido mi familia, me había hecho recuperar todas las bondades de esta vida que había vivido, he vivido y vivo en la proximidad y en la distancia del tiempo, todo ello con la mirada ubicada en la promesa de bondad que Dios me ha hecho extensiva.
                                                                                             
Aquellos días, el pasado de mi historia repentinamente se había sacudido la membrana de polvo que le aprisionaba y le había dado rienda suelta al asalto de unos recuerdos sin gobierno. De pronto había perdido la firmeza que ofrecía aquel presente para así ubicarme en la transición, por un momento dejé de ser un pretensioso sedentario y me hube convertido en un nómada de mi propia historia, y mientras que me desplazaba con esperanza cristiana hacia un mañana que se aproximaba iluminado por la lámpara de la ilusión, los tiempos pretéritos me jaloneaban de la orla de mis ornamentos pidiéndome un espacio en el baúl de mi existencia.
                                                                                             
3.-     Mis muy estimados hermanos y amigos:
                                                                                             
Parecía aquello ser una ficción,... pero la historia y los recuerdos habían recorrido rauda y velozmente su camino sin que educadamente le pidiera permiso una época a la otra, o una etapa a su heredera. Simple y sencillamente habían reclamado sus derechos con el pasaporte y la visa que ellos han adquirido al ser parte de mi propia historia.
                                                                                             
Y así, de súbito, al meditar a lo largo de aquella semana intensamente especial en este mismo texto del Evangelio que el día de hoy reflexionamos, los recuerdos de la infancia también demostraron que conservaban el vigor de antaño. 
                                                                                             
El recuerdo se encargó de tocar el cristal de la ventana y me pidió ingresar a la habitación de mi consciencia... se trataba de una escena de la infancia, mi madre me había dado algunos consejos antes de dormir, y me había dicho: el día en que mueras te vas a quedar dormido y despertarás para contemplar el rostro de Dios, y entonces Él te mostrará dos caminos para que elijas: uno de ellos estará hermoso y lleno de flores, intensamente iluminado, con adornos de oro,... será amplio, sumamente atractivo y también te mostrará otro camino más sinuoso y en declive con subidas y bajadas, lleno de piedras y espinas, menos iluminado y menos atractivo, y te preguntará cuál de los dos escoges y tú le dirás que quieres el segundo, que escoges el camino de piedras y de espinas, el camino difícil y poco atractivo, y entonces Dios te dirá que has elegido bien porque es el camino que Él eligió en la tierra y que al final de ese camino se encuentra la gloria y la eternidad... No se te olvide, porque habrá un día en que no despertarás aquí, sino que al abrir los ojos lo verás a Él, así que,... a dormir, y ya sabes lo que tienes que elegir...
                                                                                             
Mi madre, ¡tengo que decirlo!, conocía poco de la ciencia teológica que se enseña en las aulas y en las universidades, pero ella conocía a la perfección el mensaje del Señor que uno aprende al escuchar su Palabra y en la contemplación de la cruz de la salvación,... la cruz de Cristo ese libro siempre abierto y siempre nuevo e inagotable en sus enseñanzas... 
                                                                                             
4.-         Esfuércense por entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán.
                                                                                             
Es la puerta angosta la que precisamente el hombre no elige, se trata de situaciones poco atractivas en lo inmediato, y eso sí demasiado exigitivas, sobre todo para todos nosotros que vivimos cautivos de una subcultura en la que la ley del mínimo esfuerzo se ha convertido en esa muralla que prometía protegernos y que ha terminado aprisionándonos en una nueva esclavitud, es difícil que lo entendamos aquellos que estamos acostumbrados a cultivar en nuestro huerto los frutos de lo inmediato, sin darnos cuenta que son al mismo tiempo los frutos de lo efímero y de lo fugaz.
                                                                                             
Esfuércense por entrar por la puerta que es angosta,... y que lo entienda el padre de familia que por no complicarse la existencia todo lo permite, todo lo ofrece, nada niega y nada prohibe,... sin lugar a dudas es el mejor de los caminos para convertirse uno en la estrella del populómetro, y entonces te abrazan los hijos y te dicen que eres el mejor papá del mundo,... y ¿a quién no le gusta escuchar esas palabras? y que se le calienten los oídos con lisonjas, son frutos de lo efímero, y no los frutos que permanecen, no son los frutos del mañana, ni mucho menos los frutos de la eternidad, los cuales se cultivan en el esfuerzo, el cansancio, en la vivencia de la rectitud, en la corrección, y el acompañamiento, sabiendo que no todo se permite, no todo se otorga, hay cosas que se deben negar y no se le debe tener miedo a prohibir algún tipo de situaciones,... pero sí un día ejerces esto en la paternidad, ¡sabrás lo que es bueno!, ya que ellos te verán con caras largas, te torcerán la boca y fruncirán el seño, el llanto querrá arrancarte a través del chantaje las cosas y los permisos que tú sabes no son útiles ni oportunos para quienes tú amas. Son los frutos de quien no recibe la gratificación inmediata pero que sabe que es esta la forma en que se debe trabajar la tierra de nuestro huerto...
                                                                                             
Pero debes saber que es esto lo mejor, y debes pedirle a Dios que te ayude a no claudicar en tu empeño, y quizá te pueda reconfortar la conciencia de cómo terminan las historias de aquellos que nos conformamos con la puerta ancha y rehusamos la estrechez de la puerta de la exigencia,... sin lugar a dudas es agradable que te abracen y que te digan que eres el mejor papá del mundo, al permitirlo todo y al darlo todo,... pero, ¿cúal es la factura? es doloroso encontrarnos en un momento de la vida y en un lugar de la historia en donde estas palabras empiezan a taladrar nuestros oídos: “eres el mejor papá del mundo” al convertirse en un implacable verdugo cuando un día quisieras ver a quienes no puedes ver, escuchar a quienes no puedes escuchar, ni volverás a ver ni volverás a escuchar,... cuando un día quisieras reescribir la historia, regresarle las hojas al calendario y cuando al tomar el reloj de arena buscares un poco del polvo de la vida en ese estrecho embudo en el que de forma insobornable se contemplan en el silencio de su reflejo las lágrimas inagotables que brotan del fondo del alma: “eres el mejor papá del mundo”...
                                                                                             
5.-         Esfuércense por entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán.
                                                                                             
Y es que a todos nos agradan no anchas, ni de dos hojas, sino las puertas de cuatro hojas, es más quisiéramos y hasta propondríamos que ya no hubiese puertas. ¡Qué genial idea la del Padre Rogelio!... Y, esto es ahora, no tan sólo en nuestros jóvenes sino también entre los padres.
                                                                                             
6.-         Oye,... Te acuerdas de esa historia reciente en la que discutía nuestra sociedad acerca del aborto, y quizá esa historia en la que sin discusión hoy viven nuestras familias y nuestros jóvenes.
                                                                                             
¿No te has fijado como, hoy en día, en dónde no se promueve la continencia sexual se pretende infringir la continencia de una vida?
                                                                                             
Alexis Carrel afirmó que lo sexual satura no solamente el cuerpo, sino también el alma de las personas. Por ello su propuesta como médico cristiano, premio nobel de fisiología, era la de no separar ni el cuerpo del alma, ni los instintos de los sentimientos.
                                                                                             
En lo sexual mencionaba el médico que el estado ideal antes del matrimonio, es el de la castidad, y aconsejada que para perseverar en este estado, era necesaria la educación moral temprana. Afirmaba que la continencia voluntaria en la juventud es aquello que realza y avala la vida y el amor, más que ningún otro esfuerzo moral o físico, y que ésta es la forma más alta de autodisciplina.
                                                                                             
Continencia se puede considerar como el reprimir, aunque también debe ser entendido como el moderar y el encausar.
                                                                                             
Si se entiende por continencia sólo aquello que bloquea se podrá argumentar que esto es una práctica represiva, si se comprende como la capacidad de autogobernarse ingresará entonces el factor humano, convirtiéndola en un medio y no en un fin.
                                                                                             
Nuestra sexualidad es un don de Dios. Al revés de los animales, que sólo ejercen la función reproductiva en la época de celo, el hombre pudiera realizarla en cualquier época. De allí la necesidad de que la inteligencia, el dominio de sí mismo y el amor sincero sustituyan al mero instinto en la conducción de la vida sexual.
                                                                                             
7.-     Y, ante una sexualidad que no es contenida, hoy se dispone de la continencia de la vida hasta en las legislaciones, con una ciencia médica que se convierte en asesina de una vida que debiera salvaguardar.
                                                                                             
El Evangelio del día de hoy debiera ser comprendido por nuestros jóvenes, para así comprender que la puerta del amor es tan estricta como estrecha, y que sus exigencias son más profundas y penetrantes de lo que pensamos.
                                                                                             
Enseñar que las manos no son tentáculos sino instrumentos de afectividad, y que ni la industria pornográfica ni los dueños de los antros conocen auténticamente lo que es el amor, porque no tiene en cuenta al hombre y porque no son capaz de considerar personas con pensamientos y sentimientos, sino que sólo consideran los cuerpos desnudos en exposición vulgar de frustración y mezquindad.
                                                                                             
La vida humana es, desde su concepción, un valor intrínseco que posee sus propios códigos genéticos, únicos e irrepetibles.
                                                                                             
¡No traspasemos la frontera de la barbarie atentando contra la dignidad del hombre!

 

TERCERA EDAD.                                                                                       

“  Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: “¡Señor, ábrenos!” Pero él les responderá: “No sé quienes son ustedes”.
                                                                                             
Entonces le dirán con insistencia: “Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas”. Pero él replicará: “Yo les aseguro que no sé quienés son ustedes. Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal”. Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera.
                                                                                             
Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios. Pues los que ahora son últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos”.

1.-     ¡Qué bello es el Evangelio! Que impresionantemente hermoso y que hermosamente estricto y sincero.
                                                                                             
-“No se quienes son ustedes”- Pero,... Señor, “hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas”. “Yo les aseguro que no sé quieres son ustedes”.
                                                                                             
2.-     Muy queridos amigos:
                                                                                             
Jesucristo murió como consecuencia de haber vivido el amor con libertad  y solidaridad. La muerte del Maestro no es consecuencia de una incomprensible justicia del Padre, que necesitaría de sangre inocente para aplacar su ira, sino que fue una consecuencia de su vida.

Pero esa vida de amor manifiesto se convirtió en conflictiva para aquellos que se sentían amenazados en su comprensión de la religión de tal manera que decidieron quitarlo de en medio. ¿Sabes una cosa? A Jesús no lo matan los malos, sino los oficialmente buenos.

Y quizá, esta sea la más lamentable de las constataciones, los oficialmente buenos, hoy también seguimos obrando con torpeza.

Jesús murió porque fue rechazado, rechazado más que por el sistema judío, por el sistema humano, y aquí podríamos incluirnos, a la distancia y en la más lamentable constatación, muchos de los cristianos,... muchos de los que a los cuatro vientos, en nuestras casas y al visitar muchísimas casas ajenas le presumimo a medio mundo que nosotros hemos comido y bebido con Él y que le hemos visto,... aunque quizá no escuchado,... cuando Él ha predicado en nuestras plazas.

Y es que, actuamos de la misma manera en que se actuó cuando el hombre relgioso quitó de en medio al verdaderamente Justo, al Hijo eterno de Dios, al Hombre por excelencia.

Y esto debiera dejar sin palabras toda reflexión humana y toda predicación que no se proclama con la elocuencia de la vida: Nosotros: católicos, protestantes, evangelistas, mormones, testigos de Jehová,... también actuamos como cuando la Verdad fue silenciada, cuando el Camino fue interrumpido, cuando la Vida fue asesinada.

Y eso, conforme una pretensión de aquellos que. Aunque muy religiosos, le seguimos llevando al patíbulo en nombre de una vida muy a nuestra manera, de una verdad muy a nuestro gusto y para conservar nuestra propia apreciación de un camino tantas veces equivocado.

3.-     Y, sin embargo, ¡ojalá lo admitamos antes de juzgar esta reflexión!, hay una diferencia entre todos nosotros como nuevo pueblo de Dios, ¡y que referimos ser el único pueblo de Dios!, y aquel que entonces era considerado el pueblo de Dios: nosotros conocemos que el Gólgota se ha convertido en lugar sagrado, en primer lugar porque la cruz se ha convertido en el árbol de la vida, porque el sepulcro de Cristo se convirtió en la cuna de la glorificación, pero también desde otro aspecto que es necesario señalizar: Jesús ofreció en su oración todo lo que vivió desde el Gólgota: “perdónales porque no saben lo que hacen”.

4.-     Sin embargo, hoy quiero invitarte para que reflexiones lo siguiente, aunque nos pudiera incomodar: Fíjate como Cristo les ha ofrecido a los hombres de su tiempo el perdón sobre aquello que le hicieron, sobre las humillaciones que le infringieron, sobre el abandono perpetrado, sobre la risas burlonas, sobre el dolor compartido, sobre su misma muerte tan injusta... Y, no obstante, te quiero pedir que recuerdes algo qe está estrechamente unido al Evangelio del día de hoy: A Cristo no se le convence de nuestra bondad y de nuestros méritos solamente llamándolo y confesándolo con la boca y con el corazón diciendo que Él es el Señor. ¡Hay algo que Jesús no soporta! Aunque seamos de los privilegiados que le llamemos “Señor” también cuando El venga a nosotros en el encuentro definitivo: Nuestro olvido sobre los pobres y marginados.

¡Fíjate como en el juicio último a Él no le importarán nuestra serie de “credenciales” aparentemente impresionantes que le presentemos al Señor, ni nuestros privilegios, ni nuestra cercanía o familiaridad,... releé con detenimiento el texto de este domingo: Pero él replicará: “Yo les aseguro que no sé quienés son ustedes. Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal”. Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera.

Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino. Pues los que ahora son últimos, serán los primeros; y los que ahora son primeros, serán los últimos”.

5.-     Es el momento para que nos preguntemos con sinceridad: Tú y yo ¡Qué le llamamos Señor, Señor, y que hemos comido y bebido con Él, y que le hemos oído predicando en nuestras plazas!... ¿Qué estamos haciendo por el hambriento, por el enfermo, por el desnudo, por el encarcelado y por los otros necesitados?

El Señor nos invita no a presumir que lo confesamos sino a vivir la caridad. Se trata no tan sólo de no hacer el mal sino de aprender a hacer el bien. Se trata de la caridad. Pero, ¿qué es la caridad? Porque al final de cuentas es esto a lo que nos invita el Señor en el Evangelio.

Se trata de un amor sobrenatural, infundido en nosotros por el Espíritu Santo. La caridad, que tiene su raíz en la palabra latina carus: algo de gran valor, es la única virtud que permanece hasta el más allá y que conforme lo que nos dice el Evangelio nos puede permitir acceder al más allá.

La caridad no es sólo la primera de las virtudes, sino que es un orden distinto, superior. En este orden de lo definitivo, las demás virtudes valen únicamente en cuanto que nos ayudan al incremento de la caridad o están informadas por ella, ya que ésta nos configura en el modo de ser del mismo Dios y nos hace participar de su propia riqueza y felicidad, similarmente a cómo, por el amor a otra persona, hacemos de su felicidad o de su dolor, nuestra propia riqueza.

6.-     Hoy quisiera volver el rostro para mirar a los ancianos, a quienes celebraremos el próximo martes en la fiesta de san Agustín, día de los hermanos de la tercera edad.

Quisiera partiendo del Evangelio de este día, invitar a la familia y a la sociedad a contemplar en ellos no las virtudes en potencia sino la realización virtuosa del camino de la vida.

Ellos son los que nos han legado su herencia de trabajo y cuyos frutos nos siguen alimentando. Ellos han sido los creadores de la fisonomía del mundo que ahora disfrutamos. -¡Qué los jóvenes no perdamos la memoria!-. En los ancianos se encuentran las raíces del presente y la interpretación privilegiada de nuestros valores.

¿Cuántas veces los condenamos a una soledad involuntaria, pero dolorosa y desagarradora? Se trata del abandono, del desamparo y del rechazo. Les hacemos experimentar el dolor de la devaluación y de la desintegración del ser.

7.-         Nuestras familias debe recordar el cuarto mandamiento y deben esforzarse por conservar dentro del calor del hogar a aquellos que nos dieron su sangre, su carne y su herencia.

Solamente en un exámen emergido del discernimiento de una conciencia recta podrán percibirse las circunstancias que exijan para su bienestar un lugar de atenciones especiales y profesionales, en el que también se les debe brindar afecto y respeto. Cuidemos que los asilos no se conviertan en los desvanes de la vida a donde van a parar las cosas, ¡perdón!, las personas inservibles. Son tantas las ocasiones en que condenamos a los ancianos a una muerte social que pronto se convertirá en muerte biológica.

Nuestra sociedad debiera entender esta solicitud, para que respete el don precioso de la vida. Nuestra sociedad debe modificar sus criterios buscando favorecer la vida y rechazar la eutanasia que también se ha colocado en la agenda de los legisladores, y todo aquello que atente contra la vida.

8.-     Más allá de la moral cristiana que marca la pauta de la melodía existencial de los que somos hijos de la Iglesia, debemos invitar a nuestra sociedad para que practique una ética más humanista que cualitativa.

La ética cualitativa que rige muchos de las sectores de nuestra sociedad es una ética de la perfección, de la excelencia, que exhalta la belleza y los parámetros humanos de superioridad. Esta ética busca y exhalta un mundo más bello, más limpio, más indoloro  y más inodoro, pero menos humano. Son los “arios” de la medicina y de la genética atractivamente disfrazados de filántropos.

Una ética más humana considera la vida como algo valioso en sí mismo. Acoge con amor y cuidado a todo ser humano, sin distinción de tamaño, de edad, de forma, de pigmentación de su piel o de autosuficiencia. Toda vida vale la pena vivirse y todas las edades son respetables y muy dignas para la familia humana, y sobre todo para la familia cristiana que aspira a una vida que no tiene edad.

Permítanme emitir mi juicio cristiano y decirles que prefiero la ética humanista a la cualitativa, prefiero la ética pro-vida. Prefiero un mundo con algunas “imperfecciones”, pero que sea un mundo más humano y lleno de compasión, que sea un mundo más lleno de amor.

Se trata de entrar por la puerta angosta de la virtud, de los principios y de los valores. Y ¿tú por cuál puerta quieres entrar? Mejor dicho ¿a dónde quieres llegar? Si lo tienes en claro sabrás cuál puerta elegir.

Decía José Narosky, algo con lo que tenemos que coincidir conforme al Evangelio del día de hoy:
“Las puertas solamente se abren para quien gire el picaporte”

 

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