Domingo 2 de Diciembre de 2007_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

EL PORQUÉ SIEMPRE ENCUENTRA UN CÓMO.

   

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada.

Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”.


Momento 1

Momento 2

Momento 3

Momento 4

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1.- Muy queridos amigos:
                                                                                             
El domingo 28 de Agosto de 2005 les compartí un sobresaliente artículo de Marco Antonio Batta que él escribió para “Buenas Noticias”, y al que quiero hacer alusión el día de hoy. Te transcribo el artículo acompañado de mi alusión previa, puesto que este escrito nos ayudó a meditar acerca del llamado lenguaje de la paradoja cristiana que se sucede en la afirmación de las negaciones y en la negación de las afirmaciones:
                                                                                             
 “       El Señor Jesús nos indica la negación de la afirmación al aseverar que quien gana la vida la pierde y simultáneamente nos invita a perder la vida para ganarla, y es aquí en donde ubicamos la afirmación de la negación. Veamos que no es tan descabellada esta afirmación que el Evangelio.
                                                                                             
Y la verdad es que el día de hoy quisiera detenerme en una de las afirmaciones de la negación del mundo de hoy: Nuestro mundo niega y ataca la fidelidad en el matrimonio en tanto que nosotros la afirmamos. El mundo niega el amor generoso y desinteresado y nosotros apostamos por él. El mundo niega la posibilidad del sacrificio y nosotros lo reconocemos con valor salvífico.
                                                                                             
Vayamos pues al artículo de Batta: “Por desgracia, el mundo del fútbol no siempre se caracteriza por los buenos ejemplos. Más bien, a veces es necesario hacer “la vista gorda” para seguir alabando la calidad deportiva de algunos jugadores o entrenadores cuya vida privada deja mucho que desear. No es el caso de hoy. 
                                                                                             
El entrenador César Prandelli fue contratado hace tres meses por el Roma (“la Roma”, como dice el italiano). El equipo fue vice-campeón en el torneo del año pasado, tan sólo por debajo del Milán de Silvio Berlusconi. 
                                                                                             
Después de dirigir equipos modestos de segunda y primera división, como el Venecia o el Parma, ahora tenía en sus manos una de las principales formaciones italianas.
                                                                                             
El futuro para Prandelli no podía ser más prometedor: el reto de ganar el campeonato italiano con el así llamado “escudeto” y la posibilidad de participar en la Champions League, el torneo de mayor prestigio en Europa y en el mundo entero. Algo a lo que pocos pueden aspirar. De hecho, el 28 de septiembre de ese año 2005, el Roma debía enfrentarse al Real Madrid, en el estadio Santiago Bernabeu de la capital española. 
                                                                                             
Desde su llegada había trabajado por fortalecer el equipo: adquirió nuevos jugadores –entre ellos el defensa central francés Philipe Mexes– y dirigió los entrenamientos transmitiendo a los jugadores sus tácticas de juego. 
                                                                                             
Con todo, dos semanas antes de iniciar el campeonato, César Prandelli, de 47 años, renunció a su cargo. Dejó a un lado grandes sueños profesionales. ¿El motivo? La grave enfermedad de su esposa, Manuela. Él mismo lo explicó con estas palabras: «Ya no me siento tranquilo, me es difícil concentrarme, no puedo seguir aquí. Ahora debo estar con mi familia, junto a mi esposa».
                                                                                             
El gobernador de la región, Francesco Storace, comentó: «La decisión de estar al lado de su mujer en un momento dramático, demuestra que es también un gran hombre, capaz de anteponer a todo los verdaderos valores de la vida». 
                                                                                             
No cabe duda: el amor existe. El verdadero amor no se compone únicamente de romanticismo y atractivo físico. El amor auténtico es donación sincera y desinteresada al otro, tal como es, incluyendo sus defectos físicos o temperamentales y sus limitaciones, como por ejemplo, una enfermedad. Cuando esto falta, los “amores eternos”, esos que se juran a la luz de la luna, duran poco… Muy poco.
                                                                                             
Gracias, César, por tu testimonio –concluye Batta su artículo.
                                                                                             
2.-     -Y concluíamos- Esto es lo que el mundo no comprende: afirmamos lo que ellos niegan. Digamos que aquel que tiene un porqué en la vida encontrará siempre un cómo.
                                                                                             
¡Oye! Te pido que respondas con sinceridad a la siguiente pregunta: ¿No somos nosotros de los que tienen medios para vivir, pero nos faltan motivos para seguir viviendo?
                                                                                             
¿Y no estará ahí la raíz más profunda de nuestras depresiones, pesimismos y horas bajas? ¿No será ésta precisamente nuestra enfermedad terminal?
                                                                                             
3.-     Yo sé que te estarás preguntando la razón del porque inicié refiriendo una reflexión de hace dos años y medio, y, simultáneamente ¿qué tiene que ver esto con el comentario posterior y con el Evangelio de este domingo?
                                                                                             
Antes de explicarte, te quiero comentar no la secuela del artículo de Marco Antonio Batta, sino la precuela como hoy le llaman, es decir el pasaje anterior, la historia desde la perspectiva de Manuela. Efectivamente Manuela Caffi en el 2005 ya estaba padeciendo un cáncer de seno agresivo y en una entrevista anterior le preguntó la periodista Arianna Ravelli del Corriere della Sera, si acaso había algo que prefiriera sobre el deseo humano de su mismísima salud física y ella respondió señalando una fotografía que estaba detrás de ella: “Si me dan a escoger entre mi salud física y estar en esa fotografía que ven allí, yo les diría que escogería estar en esa fotografía”. Ella se refería a una fotografía en blanco y negro en la que estaba ella con su esposo César Prandelli, ambos con Jeans y camisa blanca, jóvenes, bellos y enamorados, ella recargada en el hombro de su esposo cuando él militaba en el Atalanta. Después de que Manuela manifestó su predilección de estar en esa fotografía sobre su misma salud ella refería: “Se trata del tiempo de mayor felicidad, en el que yo era aficionada al futbol y le seguía por todas partes”.
                                                                                             
4.-     Y la historia de César Prandelli y Manuela Caffi escribió sus últimas líneas en este mes de Noviembre del 2007 al concluir la vida de Manuela teniendo ella 47 años de edad, el periódico Corriere della Sera puso en su nota: “Drama para Prandelli: ha muerto su mujer”.                       
                                                                                             
La verdad he de decirla, me hubiese gustado una mayor cobertura de la nota de parte de la prensa; puesto que busqué en los otros medios de comunicación escrita y brilló por su ausencia aunque no para los clubes: la Roma, la Juve, el Milán y el Inter, así como jugadores de la categoría de Francesco Totti y Rui Costa, el síndico de la Fiorentina Leonardo Domenici y el de la Roma Walter Veltroni, así como de algunos cantantes de la talla de Biagio Antoniacci, quien en un concierto en Florencia le dedicó a Manuela la canción “Sognami”.
                                                                                             
Y, ¿qué tiene que ver esta historia con el Evangelio? Muchísimo más de lo que te imaginas, empezando por entender que una vida, un matrimonio y un amor como el que ellos se tenían es fruto de la comprensión del Evangelio. Bastaría que leyerás la nota del Corriere della Sera de este martes 27 de Noviembre de 2007 que nos refiere la amistad, y más que la amistad una especie de dirección espiritual que tenían Cesar y Manuela con el hermano Elia, un religioso de Calvi en la región de Umbría.
                                                                                             
5.-     El Evangelio del día de hoy nos invita a comprender que nuestra vida no es tan sólo un Casarse, Comer y Beber, y nos advierte que quien así lo considere será sorprendido como lo fue la gente en tiempo de Noé. La exhortación para esta nuestra vida es la de considerarla como un adviento, es decir como un tiempo de espera, y para que esto pueda darse se tienen que vivir las actitudes de la vigilancia y la preparación: ¡Velen y estén preparados!
                                                                                             
¿Velamos auténticamente en nuestra vida o nos mantenemos somnolientos? ¿Estamos preparados o adolecemos por la indolencia y la negligencia?
                                                                                             
Se trata de vivir la vida, pero de hacerlo con actitudes cristianas. De dos hombres y de dos mujeres en la misma aparente situación uno es tomado y el otro es dejado. ¡Mira!, la explicación no está en la situación, sino en las actitudes. Los que participen de la vida de Dios que Cristo nos ofrece serán aquellos que en la mismísima situación que los demás vivan con actitudes distintas, y esta ha sido la vivencia de Cesar Prandelli y Manuela Caffi.
                                                                                             
El cáncer de Manuela empezó en el año 2000 y concluyó en el año 2007. La situación es indéntica a la de miles de personas que han sido atormentadas por esta enfermedad, pero las actiotudes son distintas... “Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada”.
                                                                                             
6.-         Cesar y Manuela vivieron estos episodios de su vida en la fidelidad que exige el matrimonio cristiano, que de acuerdo a la Carta a los Efesios debe vivirse en conformidad con el amor que Cristo ha tenido para con la Iglesia y que la Iglesia le debe a Cristo.
                                                                                             
La actitud distinta aparentemente hubiese sido la de la deserción, pero te quiero decir que no es así, ya que sí relées el Evangelio encontrarás que se nos menciona a dos hombres y a dos mujeres que se mantienen en la misma situación y la invitación final es la que nos marca la diferencia: “También ustedes estén preparados”. La diferencia no es la de la permanencia y la deserción sino las diferentes actitudes que se tienen en la permanencia, y esto en el matrimonio puede ser: o aguantar o ser verdaderamente fieles.
                                                                                             
7.-     Hoy se confunde, a menudo, la fidelidad y el aguante. Aguantar significa resistir el peso de una carga, y es condición propia de los muros y columnas.
                                                                                             
La fidelidad supone algo mucho más elevado: crear en cada momento de la vida lo que uno, un día, prometió crear. Para cumplir la promesa de crear un hogar con una persona, se requiere soberanía de espíritu, capacidad de ser fiel a lo prometido aunque cambien las circunstancias y los sentimientos que uno pueda tener en una situación determinada.
                                                                                             
El que es fiel a una promesa no debe ser considerado como terco, sino como tenaz, es decir, perseverante en la vinculación a lo valioso, lo que nos ofrece posibilidades para vivir plenamente, creando relaciones relevantes. Ser fiel no significa sólo mantener una relación a lo largo del tiempo, pues no es únicamente cuestión de tiempo sino de calidad. Lo decisivo en la fidelidad no es conseguir que un amor se alargue indefinidamente, sino que sea auténtico merced a su valor interno.        
                                                                                             
Por eso la actitud de fidelidad se nutre de la admiración ante lo valioso. El que malentiende el amor conyugal, que es generoso y oblativo, y lo confunde con una atracción interesada no recibe la fuerza que nos otorga lo valioso y no es capaz de mantenerse por encima de las oscilaciones y avatares del sentimiento. Será esclavo de los apetitos que lo acucian en cada momento. No tendrá la libertad interior necesaria para ser auténticamente fiel, es decir, creativo, capaz de cumplir la promesa de crear en todo instante una relación estable de encuentro.        
                                                                                             
Así entendida, la fidelidad nos otorga identidad personal, energía interior, autoestima, dignidad, honorabilidad, armonía y, por tanto, belleza.
                                                                                             
8.-     Y tú, ¿estás vigilante?, ¿ te mantienes preparado? La vida cristiana no se identifica solamente con un estar situados sino sobre todo de mantener actitudes adecuadas: Velen y estén preparados.

 

EL ENTORPECIMIENTO DE LOS SENTIDOS.

 “En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre”.

1.-     Muy queridos amigos (as):
                                                                                             
A toda luz, a todos nos resulta evidente que nuestra realización humana será inseparable de la posesión de ciertos bienes que nos permiten cubrir nuestras distintas necesidades básicas,... no obstante, en ningún caso nuestra realización humana se puede reducir solamente a ello,...  no se puede empobrecer al hombre queriendo que sea, consista o se construya en sólo un conjunto de bienes.
                                                                                             
Y es esta la apreciación y la invitación que la Iglesia, en su liturgia, nos hará extensiva durante este Adviento naciente, el cual como río de aguas caudalosas tendrá la desembocadura de su cauce en la mar de una Navidad auténticamente cristiana. Navidad dirigida a reconocer la majestuosidad del Dios de la vida que ha querido compartir la sencillez de nuestra condición humana. Para lograr lo anterior, se nos invitará a que también nosotros salgamos, tanto de nuestra comodidad como de esos apresuramientos que están consumiendo nuestra vida, en orden a que vayamos en búsqueda del Dios que le da sentido a nuestra existencia y a todo lo que humanamente hacemos con honestidad.
                                                                                             
2.-         Efectivamente, todos los cristianos recibimos, ya desde el día de hoy, un llamado para que superemos nuestros movimientos primarios, que nos sobrepongamos a esa nuestra simple orientación instintiva hacia un mundo terreno, temporal y experimental, para que así nos dispongamos a desarrollar nuestra apertura hacia los bienes superiores, los que trascienden,... especialmente a Dios, el Bien Supremo del cual se participa toda bondad.
                                                                                             
Se nos hace una advertencia concreta para que no dejemos que nuestros sentidos se entorpezcan, y que con ellos se entorpezca nuestra mente, nuestros afectos y nuestra misma vida cristiana, y que atrofiándose nuestra vida perdamos la destreza, y no poseamos ni la agilidad ni la motivación para buscar vivir en el mejor de nuestros días nuestra propia Navidad con el Dios que ha rasgado los cielos para conseguir venir Él a nosotros e ir nosotros a donde Él.
                                                                                             
¿Torpeza de los sentidos? Pareciera una exageración y no es así del todo.
                                                                                             
3.-     Dos son las direcciones en las que nuestros sentidos se entorpecen el día de hoy, como en los tiempos antiguos y en todos los tiempos: algunos de nosotros los atrofiamos por nuestra apatía y algunos otros a causa de los excesos.
                                                                                             
En nuestra apatía, somos tantos los que sufrimos, y hacemos sufrir a muchos, a causa de la irresponsabilidad. Nuestras cualidades se van atrofiando junto con la vida y la propia conciencia; y cuando se atrofia la conciencia porque no queremos estar despiertos, porque preferimos estar adormilados, porque tenemos miedo de aceptar nuestra vocación a la eternidad no tenemos más remedio que arrastrarnos y mendigar en una vida que ya no es verdadera vida. Y un día mendigaremos en esta vida que se nos dé un poco de salud, un poco de paz, un poco de amor y un poco de comprensión. Lo más lamentable de todo, será cuando llegue el día que debería ser el “mejor” de nuestros días, y que entonces mendiguemos la eternidad, después de habernos pasado el tiempo eximiéndonos de nuestros propios compromisos existenciales. 
                                                                                             
4.-     Y la apatía, no es más que el primero de nuestros caminos a la perdición, ya que existe una segunda vía que pareciera ser una autopista hacia nuestro propio fracaso y condenación...
                                                                                             
El exceso, es el segundo factor que nos atrofia. Hoy se entorpecen nuestros sentidos en el placer, el hastío, la embriaguez y la repugnancia. Se trata de una vida que todo lo permite y que se ha olvidado del valor de la austeridad y del orden. El consumismo, el materialismo, el hedonismo, el relativismo y el libertinaje se han convertido en la expresión constante y sonante del aprisionamiento esclavizante de nuestra sed de trascendencia en el sólo abrevadero de lo temporal.
                                                                                             
El atractivo inmediato y efímero de esta sociedad de consumo nos ha impulsado a renunciar al esfuerzo de buscar y de vivir los valores espirituales y religiosos, que si bien tardan en conseguirse, poseen la permanencia en esta vida y se convierten en nuestra llave para abrir la puerta de la eternidad. Y así, resulta constatable que nuestra visión hedonista de la sexualidad la ha reducido a ser un simple bien de consumo. De la misma manera, nuestra experiencia desviada de la libertad ha hecho que concedamos un asentimiento ciego a nuestros instintos.
                                                                                             
Hoy en día, en el embotamiento de nuestra mente, hemos renunciado al crecimiento, a la paz del corazón y a nuestra vocación de trascendencia.
                                                                                             
Hoy, nos hemos dejado engañar con los argumentos más infantiles. A primera vista, parece que sólo es bueno aquello que no nos duele, que sólo hay que buscar lo que nos es agradable;... se nos ha convencido de que es malo renunciar cuando se ofrece y decir que no, cuando se podría decir que sí, que todo sacrificio es malo y que todo placer es bueno.
                                                                                             
Nos han embaucado después de que hemos permitido que se nos mintiera. Todos, al parecer, hemos caído en la trampa que provoca el barniz de lo material y el oropel del consumismo. En el afán de ganarnos la “vida” no hemos tenido tiempo para vivir y no tenemos tiempo para Aquél que es la misma Vida.
                                                                                             
5.-     ¡Ah!, tal pareciera que este cura, el día de hoy al amanecer lo primero que hizo fue ponerse las gafas del pesimismo. Y la verdad, es que las realidades no pueden ni aceptarse con afirmaciones gratuitas ni negarse con descalificaciones gratuitas.
                                                                                             
¿Qué te parece si mejor le dejamos un espacio a la afirmación de una descalificación que Mario Benedeti hizo al periódico El País hace trece años, exactamente el 28 de Marzo de 1994?: “El anhelado bienestar sólo se compone de bienes y disfrutes materiales, y su obligado surtidor es el mercado de consumo; nadie menciona, ni por equivocación, el bienestar de la conciencia, la salud y los estados de ánimo, la necesidad del descanso, la recompensa del goce”, y yo podría agregarle, ¿quién incluye nuestra dimensión espiritual en el ideal del bienestar?
                                                                                             
Ojalá, que pensarás bien las cosas antes de que te ubicarás en un posicionamiento, y ojalá que cambiarás de posicionamiento antes de que las situaciones sean irreversibles.
                                                                                             
6.-         ¡Hagamos un alto en la vida! ¡Tenemos que darnos el tiempo para tener un respiro! ¿Qué es el Adviento sino un tiempo para detenernos, y un tiempo para que en la conversión volvamos a empezar, siendo capaces de corregir nuestra existencia?
                                                                                             
Vamos a darnos un poco de tiempo para que hagamos un alto, te lo enseña el Señor, yo te lo comunico y te lo agradecerá más de uno, aparte de aquel que miras en el espejo cada mañana. ¡No dejes que tu imagen en el espejo emprenda la mudanza antes de que hagas un alto en tu vida! ¡No dejes que tu imagen se desvanezca en el espejo de tu familia! ¡Haz algo! ¿Cuándo? Ahora...
                                                                                             
La verdad es que, yo no sé a dónde vamos tan de prisa, pero el apresuramiento ya se nos ha hecho costumbre, nuestra vida se mueve por la inercia y ha dejado de ser una reflexión. Nos diría José Narosky: “Quien apura su vida, sólo apura su muerte”. Y la peor Muerte sobrevendrá después de que se acabe esta pseudo-vida vivida en el auntoengaño.
                                                                                             
Lamentablemente, no nos damos cuenta de que nuestros auntoengaños se convertirán en autodestrucción. Somos tantos, los que nos sentimos dueños de la existencia; los que creemos que tenemos nuestra vida, el tiempo, las cosas y las personas compradas.
                                                                                             
7.-     La invitación del Evangelio no es otra, sino a que nos mantengamos despiertos y a que asumamos nuestras responsabilidades. Se nos invita para que dejemos de hacer las cosas, porque así se han hecho desde tiempos de Noé y desde antes del diluvio.
                                                                                             
Velen y estén preparados, porque no saben qué día vendrá si Señor.
                                                                                             
Se trata de,... ¡que no estemos adormilados por el desgano, ni vivamos sedados por los enervantes del consumismo!
                                                                                             
La vigilancia debe ser una actitud del cristiano en cada momento. Porque cuando sin querer nos descuidamos, casi sin darnos cuenta, ya no tenemos presente el por qué de nuestra vida.
                                                                                             
Vigilar significa que, en lo espiritual, nunca podremos descansar creyendo que ya hemos llegado, que ya estamos bien.
                                                                                             
La atención ha de ser constante, pues el contagio, el mal se infiltra cuando bajamos la guardia. El mal está siempre ahí, por siempre atento y se apodera de nosotros cuando nos confiamos. Y ése es el peligro constante, no que aceptemos el mal, sino que se apodera poco a poco cuando los hombres no estamos vigilantes.
                                                                                             
Debemos renunciar a lo fácil como norma, al éxito como fin, al podium como situación.                                                             
                                                                                             
8.-     ¿Qué hacer para mantenernos despiertos? Quizá, tendríamos que visitar los panteones, los hospitales, los reclusorios, los psiquiátricos, los asilos, los orfelinatos,... si lo hacemos nos ayudará a reflexionar en muchas cosas y a encontrarle un poco de sentido a lo que hacemos.
                                                                                             
Al Señor, solamente se le puede esperar en el estupor de la vigilancia, con las puertas abiertas de par en par, manos trabajadoras, ojos liberados de la pesantez, y corazón finalmente curado de la dureza que provocan nuestra apatía y nuestros excesos.
                                                                                             
No dejemos que nuestros sentidos se atrofien. No debemos vivir de las ilusiones, porque luego vienen las desilusiones desgarradoras.
                                                                                             
El cristiano tiene dos alternativas: vivir solamente el instante o trascender en la historia para llegar hasta la eternidad. Y tú, ¿qué eliges?

 

CAMBIAR LAS ESPADAS EN ARADOS.
                                                                                             
1.-         Hermanos muy queridos:

Quiero hacer algo inusual en relación a nuestros tres segmentos de reflexión que comparto domingo a domingo contigo. Quiero leer y meditar sobre un texto de la primera lectura tomado del libro del profeta Isaías, y es que, este hijo de Amós es uno de los personajes necesarísimos en el adviento de la humanidad, y en el adviento de todo cristiano: se trata del profeta que nos anuncia el nacimiento del Hijo de Dios:

“Él será el árbitro de las naciones y el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados y de las lanzas podaderas; ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adistrarán para la guerra.”

Y, es que, junto con el anuncio de la venida del Salvador de todas las naciones se nos invita a que nos dejemos transformar por Él,... transformación que en el ambiente de nuestro adviento litúrgico y de nuestro adviento existencial no tiene otro nombre sino el de conversión. 

2.-     La Liturgia de la Palabra en el día de hoy, nos invita a reconocer que todos ante Dios podemos tener un cambio. Nos menciona que ante Dios, sea cual fuere nuestra forma de vida, todos seguimos siendo personas, y que cada uno de sus hijos somos merecedores de respeto y de una nueva oportunidad.

Entendemos por conversión en el sentido más directo: “Hacer de una cosa o persona algo distinto, y así, se convierte la materia en los procesos de industrialización, se convierte una moneda de una denominación en otra que nos es de utilidad, se convierte información de imagen en códigos de lectura cuando escaneamos algo,... entre otras muchas aplicaciones”.

Ahora bien, desde el enfoque cristiano la conversión se entiende como: “Aquella acción por la que alguien que no conocía a Cristo se vuelve hacia Él, o por la que quien se separó de Él, por el pecado, retorna a su amistad.”

3.-         Tenemos que entender que la conversión es una acción constante, y más aún, permanente de nuestra vida, puesto que la conversión significa  crecimiento, y debemos ser conscientes de que en el momento en que una persona deja de crecer se inicia el proceso de la muerte.

Y, la verdad, es que muchos presumimos de nuestra conversión o de la conversión de otra persona, como si fuere un acto único y aislado en la trama de nuestra historia.

En ocasiones, me dicen algunas personas:“Mire, ese es un convertido...” Y no pocas veces les pregunto inmediatamente: -¿Cuántas veces?-.

Para muchos cristianos, quizá más para los que caemos frecuentemente en la hipocresía, la conversión representa un fenómeno excepcional, glamoroso y clamoroso, del que son protagonistas individuos que pasan de las tinieblas del error a la luz de la verdad, que se transladan de una conducta perversa a una vida “ejemplar”, de pecadores a “impecables”, de pertenecer a la Babilonia a formar parte del “grupo de los que son salvos”..., tendríamos que revisar con la lectura real del Evangelio los niveles de sangre farisaica que circula en nuestras venas,... pero eso es otro tema.

Ellos y nosotros parecemos no sospechar que la conversión es un deber fundamental y habitual en la vida de todo cristiano, y que esto se debe inscribir en el registro de lo cotidiano. La conversión cristiana debe ser un empeño de cada día, un empeño que suele ser fatigoso y, en no pocas ocasiones, doloroso.

4.-     Y la verdad tiene que ser dicha: la conversión frecuente es necesaria, ya que nunca estamos totalmente donde Jesús está. Nos falta mucho. El Señor piensa “distinto” que nosotros. El Señor ama “distinto” que nosotros. El Señor mira “distinto” que nosotros. Nuestros sentimientos son distintos a sus sentimientos, lo mismo que nuestros pensamientos de sus pensamientos. Nuestra lógica es distinta a la lógica de Dios. Es por ello, que necesitamos constantemente de conversión. Necesitamos cambiar el corazón, cambiar los pensamientos y cambiar los sentimientos.

5.-         ¡Necesitamos cambiar! Y es que hoy, tú y yo, nos vamos dando cuenta como progresivamente va invadiendo a nuestra ciudad un espíritu navideño. Las calles de la ciudad se preparan, se preparan los comercios, se preparan los colegios y muchos lugares de trabajo, se preparan los medios de comunicación, se preparan las casas y, ¡resulta lamentable decirlo!, lo único que no vemos que se prepare son las personas, nuestro corazón no se prepara.

Nosotros cristianos, ¿cómo vamos a decirle a Dios que estamos felices porque viene sino hay cambios en nosotros? Posiblemente hay mucho que cambiar, egoísmos, envidias y rencores. Estos son los estorbos que impiden el paso del Señor. En el interior de cada cristiano deben ser derruidos los obstáculos.

Tenemos necesidad de una conversión constante y que sea sincera, convertir nuestro trato con los demás, con las personas que nos rodean. El hombre que sabe y conoce cuál es su destino, necesita conocer también que es lo que le puede servir para la vida eterna, y qué es lo que le puede impedir la consecución del logro de tan sublime fin.

En esto consiste nuestra preparación para navidad. ¡En esto consiste el Adviento! Ante todo, en que empecemos de una vez a ser tan cordialmente buenos, por amor de Dios, con nuestro prójimo, que arranquemos de raíz todo disgusto y malhumor, toda envidia y todo rencor.

6.-     Y todos necesitamos de la conversión. Tanto los que inician su vida cristiana como un día sucedió con san Agustín quien nos cuenta, como en sus años no cristianos, la sociedad de su tiempo le empujaba junto con el conjunto de sus amigos a la depravación. Eran los finales del siglo IV, él se convirtió en el 381 y él mismo en sus Confesiones nos narra esos esfuerzos que realizaba en su juventud para tratar de sobresalir, a cualquier costo: “Yo estaba avergonzado entre los otros jóvenes de que mi depravación no había llegado a un extremo igual a la de ellos; yo les oía hablar alardeando de sus hazañas, y cuanto más indignas y despreciables eran tanto más las pregonaban; así que me dediqué de lleno a las mismas hazañas, no sólo por el placer que encerraba el hecho en sí, sino por la complacencia de poder luego alardear”.

Te das cuenta como necesiamos de la conversión,... Jesucristo quiere liberar al hombre. Jesús nos invita a que abandonemos la orientación a las cosas para orientarnos al Creador. La conversión es un gesto fundamental que comporta no sólo dejar un tipo de actividad para dedicarnos a otra, sino orientar la vida y el corazón a una persona que nos trata como personas: Dios nuestro Señor.

¡Vamos! Si hasta alguien tan poco cristiano como lo fue Aldoux Huxley en su prólogo a “Un mundo feliz” refiere la necesidad de cambio en las personas: “El remordimiento crónico es un sentimiento sumamente indeseable. Si has obrado mal, arrepiéntete, resarce las consecuencias lo mejor que puedas, y dedícate a corregir tu conducta. Por ningún concepto caviles sobre tu error. Revolcarse en el lodo no es la mejor manera de limpiarse”.

7.-     La conversión la necesitamos todos, y una bella descripción de ella se manifiesta en la necesidad de cambiar las espadas en arados y las lanzas en podaderas. En lo material no se trata de cosas distintas pero en lo sustancial sí. Se trata de un mismo material utilizado de forma distinta: no para destruir sino para construir, no para herir sino para curar, no para golpear sino para acariciar, no para dejar sino para tomar,...

Y es que nosotros mismos podemos constatar como un médico con la misma ciencia puede preservar la vida o dar la muerte, una enfermera con su técnica puede asistir a un parto o ser comprada para apoyar un aborto, un abogado con los mismos conocimientos puede liberar al inocente o arruinarlo de por vida,... ¡Espadas o arados con el mismo material!

8.-         Conversión es hacer cosas nuevas con las cosas antiguas, y es que estos vicios son de antes y son de ahora, y lo señala Jacques Barzun quien escribió en un pequeño texto titulado “Profesionales sin profesionalismo” los vicios de los virtuosos: los médicos han dejado de ser los buenos samaritanos de la humanidad y ahora son vistos como buscadores de fortuna, a menudo de dudosa capacidad, que encubren unos a otros sus equivocaciones homicidas.

Los abogados, otrora defensores de los derechos privados y civiles, se les ve actualmente como individuos negligentes y estafadores que engañan deliberadamente al público por medio de un lenguaje concebido, aprendido y utilizado para confundir.

Los maestros perdieron su eficacia por la ineficacia en la enseñanza y por los abusos en torno a la niñez.

Los ingenieros físicos y químicos se volvieron sospechosos tras la bomba atómica de Hiroshima y el actual manipuleo de la vida.

El periodista cuando maneja las noticias con la presentación parcial de la verdad, el sensacionalismo, el silencio supresor, los vacíos sugerentes, los rumores sin base, el engaño, los muestreos insuficientes, la generalización de hechos parciales, el manipuleo de la información, la vulneración de la intimidad personal, la deformación de los valores, el interés mezquino y las realidades existenciales solamente frivolas.

Los últimos en ser censurados -menciona- por el público, son los austeros e insondables contadores, que ahora aparecen como especialistas en tergiversación, maestros en el arte de “cocinar” los libros.

Nos menciona que hay indicios de la paulatina degradación de las profesiones a nivel del comercio y de los oficios comunes.

Y menciona que el problema es la muerte del concepto profesión si no se recobra la fuerza mental y moral. Las luces de las profesiones se han convertido en fogatas que están incendiado al mundo entero y que dan muerte a la dignidad misma del hombre.

9.-         ¡Cambiar las espadas en arados! Sé que nuestro problema es juzgar a una profesión por sus peores ejemplos. Sin embargo, es adecuado que comprendamos que hace falta que se regeneren moral e intelectualmente para que no se pierda el respeto y la confianza en nuestro mundo.

¿Sabes? En la obra “Becket o el honor de Dios”, de Jean Anouilh, hay una escena en la que Enrique II, Rey de Inglaterra acusa a Tomás Becket de no amar nada. Becket responde al Rey: “Yo amo una sola cosa, mi príncipe. Y de ello estoy seguro: hacer bien lo que tengo que hacer.”

¡Ojalá que esto se lo digamos un día al Príncipe de Paz y Rey de la Gloria.

 

BARCOS CON RUMBO.

Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”.
                                                                                             
1.-     Dice un refrán popular: ¡PARA EL BARCO QUE ZARPA SIN RUMBO, TODOS LOS VIENTOS LE SON CONTRARIOS!

2.-     Muy queridos amigos (as):

En este primer domingo de adviento en que el Evangelio nos dice: “¡Velen y estén preparados!” Debemos preguntarnos: ¿Estar preparados para qué? ¿Qué hacemos mal? ¿Qué cosas hacemos en la vida y de lo cual nos podemos arrepentir? ¿Vigilar, qué? ¿Cómo vivimos para no llorar cuando sea demasiado tarde?

Adviento, significa: “venida”. Y este tiempo litúrgico compuesto por cuatro semanas, nos prepara progresivamente para la celebración litúrgica de la primera venida de Cristo, el próximo 25 de diciembre, y nos debe preparar en actitudes concretas para que un día vivamos nuestra propia Navidad en la eternidad.

Digamos que existe un adviento litúrgico que consta de cuatro semanas y un adviento existencial, del que ni tú ni yo sabemos si estamos viviendo apenas nuestro primer domingo o si ya vivenciamos un cuarto domingo, muy próximo a nuestro nacimiento en la inmortalidad.

Y de esta manera, Dios a través de su Palabra de este tiempo litúrgico nos va a presentar algunos elementos que son fundamentales, en orden a que preparemos nuestro adviento existencial, y con ello el litúrgico.

3.-     El adviento es un tiempo de conversión, un tiempo para ingresar a nuestro interior, en orden a detectar tanto aquellos elementos nocivos en nuestra vida así como aquellos elementos positivos que no han sido suficientemente fortalecidos.

El adviento es un tiempo para que hagamos un alto en la existencia, y así una vez revisado el marco de la vida, nos dispongamos a continuar por el buen camino, o bien seamos capaces de retomar ese camino que hemos abandonado. Y, es que, nuestro problema en la actualidad radica en ser como esas barcas que zarpan sin rumbo por el camino de la vida.

4.-         ¡Fíjate! Como la solución de casi todos nuestros problemas nace cuando somos capaces de admitir nuestros errores, cuando miramos hacia adentro con sinceridad.

Se ha dicho con frecuencia que, "Un alcohólico no puede ser ayudado mientras que él no se reconozca enfermo.", y así se dice de cualquier adicción y padecimiento.

De la misma manera, en nuestra relación con Dios: los hombres no podemos recibir la vida que Dios nos ofrece si no se la pedimos. Pero cualquiera de nosotros no se la puede pedir si no está dispuesto a reconocer sus errores, aceptando que esta nuestra vida no es vida verdadera.

Y reconocer nuestros errores supone la valentía de mirar despacio hacia el interior de nuestra conciencia, para ver así cómo se está viviendo nuestra vida, cuáles son esos valores, dónde están nuestros ídolos.

Es la vigilancia, la reflexión y la atención sobre lo que hacemos, lo que nos lleva necesariamente a la claridad para ver dónde está el error. Sólo después podremos pedir el nacimiento de Dios en nuestro corazón.

Cuando somos capaces de reconocer y aceptar nuestro egoísmo en nuestros actos, cuando no tenemos miedo de aceptar nuestros errores, cuando aceptamos una conciencia en claridad, es entonces que se empieza a vivir.

5.-     Mi vida no es vida verdadera, mientras no pueda llegar al núcleo del problema que está en mí; en tanto yo no sea capaz de aceptar mi historia y sus inconvenientes con claridad y sin miedo; mientras no sea capaz  de arrepentirme y de vivir purificándome de los lastres que sin querer he ido aceptando. Se dice que: “No será posible vivir feliz en el presente a menos que el pasado se haya 'limpiado' y así nuestro futuro sea brillante y prometedor".  

El Evangelio de este domingo nos invita a que dejemos nuestra pasividad en la vida, y a que nos convirtamos en verdaderos hombres comprometidos con nuestra vida y con nuestra historia. Que dejemos de ser reactores y que nos convirtamos en los actores de ese trozo de trama que Dios nos ha confiado.

6.-         ¡Vigilar y estar preparados!, nos dice el Señor, y es que las cosas más bellas de la vida se pueden escapar, se pueden perder si vivimos en la somnolencia.

La vigilancia debe ser una actitud del cristiano en cada momento, pero de una manera especial deben tenerla los recién-casados, aquellos que han cambiado su vida y que deben asimilar su situación: han pasado de ser sujetos pasivos y se han convertido en  los responsables de una familia, como hijos de familia eran excelentes ejecutores de un instrumento musical en la gran orquesta familiar, pero ahora se han convertido en directores de la propia orquesta, con batuta compartida y tocando, en muchas ocasiones, un concierto de piano a cuatro manos. No se deben sorprender al encontrar dificultades en el inicio, en el transcurso, y aún cuando los espisodios de la trama familiar apuntan hacia el final.

Es más, a lo largo de la vida ésta será la palabra clave: vigilar, estar alertas. Porque cuando sin querer nos descuidamos, casi sin darnos cuenta, ya no tenemos presente el porqué de tantos desvelos y preocupaciones. Bastaría una sola pregunta en esos momentos para solucionar cualquier problema: ¿lo que hago o dejo de hacer queda en mí, o tiene proyección y vida?

7.-     Uno de los peores males que puede vivir un matrimonio es el ingresar en el limbo de la rutina, el adquirir la membresía del club de la costumbre. La monotonía, es decir, ese estar escuchando todo en un mismo tono sin esas variantes que reflejan el don de la vida, o ese estar viendo siempre un mismo tono de color en nuestro horizonte sin la amplia gama de matices que nos ofrece Dios, es la peor de las polillas en los matrimonios.

Gilbert Keith Chesterton, en su obra titulada: “El Superviviente”, nos hace referencia a su propia historia y a la necesaria historia de cualquier persona, al hablarnos de un marido que, para conservar siempre vivo el amor hacia su esposa, se preocupa de seducir y reconquistar todos los días a su amada, pensando en mil estratagemas, con la novedad que le ofrecen todos los factores diferentes que tiene su amplia y enamorada imaginación: en ocasiones llega a casa con un sombrero de bombín, en otras utiliza unas gafas nuevas, algunos días llega con un bastón, en otras ocasiones lleva un obsequio de dulces, o chocolates o un ramo de flores; todo lo hace con una sola finalidad: no permitir que su matrimonio muera. Y  así es presentado el sobreviviente del matrimonio en la modernidad.

8.-     La mujer debería cuidar también todos aquellos detalles que, ella bien sabe, le han sido atractivos a su esposo desde el tiempo del noviazgo.

Y pudiera resultar contradictorio o por lo menos imcomprensibler el sólo hecho de pensar que, quizá uno de los momentos que provocan mayor crisis en el matrimonio es precisamente ese momento en que, como regalo de Dios, se asume el segundo papel en la trama del matrimonio: cuando ya no tan sólo son esposos, y empiezan a ser padres, en el momento que el amor de donación se convierte en un amor fecundo al recibir a aquellos que llevan tu misma sangre.

Y es que por cuidar a algunos nos olvidamos de los otros. La relación vertical con los descendientes hace que se olviden o que se descuide la relación horizontal con el cónyuge. Los casados deben ser conscientes de que el ser padres no los exime de las responsabilidades que tienen como esposos. Más aún deben ser conscientes de que la mejor forma de que puedan ser buenos padres parte del hecho de que sigan siendo excelentes esposos.

Resulta lamentable el que la atracción marital decline en muchas ocasiones cuando llegan los hijos.

Louise May Alcott en su novela "Mujercitas", narra la vida de un matrimonio normal: John y Meg están felices después de casados, todo corre viento en popa. La vida en el matrimonio parece ser una prolongación durante esos primeros años de las mieles del noviazgo.

El cambio sobrevino, después de que aquella esposa llamada Meg se embarazó y dió a luz gemelos, casi sin darse cuenta, ella y su esposo John se fueron apartando progresivamente. Con el paso del tiempo, la distancia se volvió costumbre, John muy rara vez platicaba con su esposa por las noches y empieza a pasar el tiempo en casa de una pareja joven de amigos, sin hijos. Ella, de pronto, se encuentra sumergida en la incomprensión, se siente hecha una matrona, desaliñada, descuidada, abandonada,... Y un día va a visitar a Marmee, su madre, para quejarse, la sabia Marmee gentilmente le recuerda que en lo que ella percibe, John todavía la quiere mucho y que él también la necesita, pero que ella sin percibirlo se ha abocado tanto al cuidado de los hijos que se ha olvidado por completo del cuidado del esposo, y que si ella quiere que las cosas se recuperen debe aprender a seguir siendo tan buena esposa así como ha sido una buena madre.

9.-         ¡Vigilar y estar preparados!

Nuestra vida cristiana es ofrecimiento, lucha, violencia, claridad, purificación. En una palabra la vida cristiana es conversión. ¡Esto es lo propio!

Lo totalmente otro, lo que no nos pertenece, es la tentación que se apodera, que engaña y que mata. Sólo se vive en el ofrecimiento y en el esfuerzo. Porque el que da la vida es Dios, y no podremos entrar al Reino mientras no seamos capaces de reconocer nuestros errores y cambiar.

Cada uno tiene los suyos, cada uno sabe por dónde entró el demonio del egoísmo, del dominio, de la pereza. ¡Pídele a Dios el don de la conversión que nos prepare para la celebración litúrgica de la Navidad!

Pero, sobre todo, pidamos a Dios que nos prepare para cuando celebremos nuestra propia Navidad en la contemplación de su divino rostro. ¡Nadie sabe ni el día ni la hora! Hay que estar preparados.

 

 

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