Domingo 9 de Diciembre de 2007_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

UNA VOZ QUE CLAMA EN EL DESIERTO.

   

 “En aquel tiempo, comenzó Juan el Bautista a predicar en el desierto de Judea, diciendo: “Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca”. Juan es aquel de quien el profeta Isaías hablaba, cuando dijo: “Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”.

Juan usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. Acudían a oírlo los habitantes de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región cercana al Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el río.

Al ver que muchos fariseos y saduceos iban a que los bautizara, les dijo: “Raza de víboras, ¿quién les ha dicho que podrán escapar al castigo que les aguarda? Hagan ver con obras su arrepentimiento y no se hagan ilusiones pensando que tiene por padre a Abraham, porque yo les aseguro que hasta de estas piedras puede Dios sacar hijos de Abraham. Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé fruto será cortado y arrojado al fuego.

Yo los bautizo con agua, en señal de que ustedes se han arrepentido; pero el que viene después de mí, es más fuerte que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará en el Espíritu Santo y su fuego. Él tiene el bieldo en su mano para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue”.

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Momento 2

Momento 3

Momento 4

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1.- Muy queridos amigos:

 “  La voz que clama en el desierto”, que es referida en el Evangelio, me ha hecho recordar un pensamiento y una situación, y en realidad, te he de decir que el pensamiento ha brotado de esta situación y que la situación ha sido iluminada por este pensamiento. ¡Vayamos por partes!. El pensamiento es de Don Miguel de Unamuno que nos dice: “Las paredes oyen; oyen todo... Las voces perdidas y muertas resucitarán un día y formarán un coro, un coro inmenso que llene el infinito. ¡Habla y enseña aunque no te oigan!” Es ahora el momento en que te puedo explicar la situación: se trata de la educación de los hijos,… dime: ¿no es este quehacer una situación no pocas veces identificable con ese clamar en el desierto?, y,… ¿ no es aplicable que en este quehacer es necesario entender que: “Las paredes oyen; oyen todo... Las voces perdidas y muertas resucitarán un día y formarán un coro, un coro inmenso que llene el infinito. ¡Habla y enseña aunque no te oigan!”

2.-     El Doctor Omar Kawas, Catedrático del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Nuevo León nos compartía en esta semana algunas ideas en un panel sobre la manera en que se pueden solucionar los conflictos en la relación padre-hijo que te quiero compartir a ti también a través de este privilegiado medio.

El nos mencionaba en primer lugar diez claves para le educación de los hijos que ahora te hago extensivas:

  • No tenerle miedo a Educar la voluntad de los hijos así como sus sentimientos.
  • Entender que la cólera es nociva para la educación de los hijos.
  • Asimilar que el secreto que un hijo confía al padre debe guardarse.
  • Descubrir que la mejor escuela de la vida es el ejemplo de los padres.
  • Cultivar la conjugación de los siguientes verbos: orientar, esclarecer, amar, comprender, incentivar.
  • Tener paciencia con los hijos, en la comprensión de que el desahogarse es una necesidad psicológica de toda persona.
  • Aprender que hay que saber escuchar en silencio.
  • Después de escuchar hay que dialogar con calma y serenamente.
  • Los consejos y recomendaciones que se ofrecen a los hijos, deben ser bien dosificados.
  • Incentivar el bien en los hijos, impartir buenas costumbres, valorizar las buenas obras y no tenerle miedo a estimular.

3.-         ¿Predicar en el desierto? En realidad tienes que comprender que existe un período en el que la tierra es virgen y que no debes escatimar los esfuerzos por prepararla para los buenos frutos que permanecen. Por ejemplo es necesario saber que entre los 0 a los 10 años, la inteligencia del niño necesita del cariño y la tranquilidad de su hogar para así desarrollar al máximo su capacidad

El aspecto emocional en esta etapa, sí puede influenciar el desarrollo de la personalidad y ayuda a llevar al máximo el potencial existente.

En este tiempo sí es que les queremos hacer el bien es necesario el No hacer la tarea por ellos, ser creativos para así hacerlo sentir hábil y capaz, efectuar los implementos necesarios para así permitir el desarrollo de la imaginación, y sobre todo, independientemente de las guarderías, los abuelos, las catequesis, los colegios, las tutorías, los campamentos, los clubes, es necesariono olvidar que los primeros y principales educadores son los padres.

No olvides que: La familia constituye la unida social básica y su tarea más importante consiste en realizar un proceso relacional que permita la estabilidad del grupo familiar y social.

4.-         ¿Predicar en el desierto? Pareciera que esto sí es así en… ¿la adolescencia? Hablemos un poco sobre esta etapa. La adolescencia es considerada en sí misma una etapa de crisis y es que en ella, enprimer lugar, se produce una fuerte integración social en el grupo de iguales, y por lo tanto es un momento crítico en la formación de la identidad de las personas, atrayendo consigo uno de los más grandes regalos que Dios nos ha dado: aparece una moral autónoma en la capacidad de deliberar y sobre todo de decidir, aún con los posibles logros o, también las equivocaciones que le acompañen. La adolescencia es una época en la que la persona busca, quiere llegar a ser alguien, pero no sabe cómo. Aquí la mejor orientación, el mejor consejo y, sobre todo el mejor de los ejemplos es aquel que refuerza algo que más que aprendizaje será y debe ser una actitud den la vida: Libertad es igual a responsabilidad.

Pero, ¿qué hacer? Comenzar temprano, es decir en la niñez, es la mejor forma de prepararse para la adolescencia de los hijos. Para ello es necesario, el proveer un ambiente seguro y amoroso en el hogar, crear una atmósfera de honradez, confianza y respeto mutuo, permitirle la independencia apropiada para su edad, desarrollar una relación que le permita confiar en los padres cuando tenga preocupaciones o problemas, enseñarle la responsabilidad básica para con sus objetos personales y para con los suyos, enseñarle la responsabilidad de ayudar en la casa, y sobre todo, enseñarle la importancia de aceptar que en todas las cosas de la vida hay límites, excepto en el amor auténtico.

5.-     La adolescencia no hay que compararla con un desierto, sino con ese tiempo en el que quizá los sembradores nos hemos empezado a cansar con el paso del tiempo y con unos frutos que no aparecen conforme a los tiempos que dictan nuestros criterios.

Pero en realidad el árbol ya está erguido y ese es el principal fruto que en ocasiones no sabemos apreciar. El cansancio se acentúa en lugar de hacerlo la esperanza cuando los hijos empiezan a experimentar sorpresivos cambios en su comportamiento, en el momento en que se muestran inconformes con todo lo que antes era aceptado, ante las manifestaciones de que ellos necesitan de estar menos tiempo con sus padres, en esos períodos en que están muy atentos a su cuerpo, cuando los padres en realidad no están preparados para que ellos experimenten sentimientos nuevos como el amor, la verdadera amistad, los celos. Dime, todo lo anterior sería equiparable a ¿un predicar en el desierto?

6.-     Más bien, en no pocas ocasiones son los padres los que se han convertido en una tierra desértica, y si no lo crees tendrías que preguntarte: ¿Qué siento hacia mi hijo adolescente en este momento? ¿Qué significa un hijo adolescente para mí? ¿Veo a mi hijo adolescente como un seguro de futuro ante la soledad o las necesidades económicas de mi propia vida? ¿Quiero que él cumpla con mis expectativas y ambiciones? ¿No debería fiarme de él, porque yo no era de fiar cuando tenía su edad? ¿Me hacen sentir menos capaz su juventud, su vitalidad y las promesas que encierra su vida? ¿No le exigiré más por la angustia que a mí me produce el paso del tiempo? ¿Tengo miedo de perder el control y poder que ejerzo sobre él?

En realidad tengo que decirte que la paternidad es el ejercicio que en no pocas ocasiones se ha covertido en una superficie tan árida o más que el mismísimo desierto del Sahara.

La anterior afirmación que hago es fácil decirla, pero admito con respeto para tu persona que es difícil el ejercicio que tu realizas. Estos tiempos nuevos y cambiantes ha logrado que ustedes sean la primera generación de padres decididos a no repetir con los hijos los errores de nuestros progenitores, esto es positivo, pero hay algo más en tu contexto histórico: ustedes son la última generación de hijos que obedecieron a sus padres y son la primera generación de padres que obedecen a sus hijos.

7.-         Alguien se ha preguntado si existe la fórmula infalible para no equivocarse en la educación de los hijos y tendría que decirles que sí: No tener hijos. ¡Qué gracioso el padre Rogelio! ¿No te parece?

La verdad es que fórmulas infalibles las posee solamente Dios y nosotros las podremos compartir en el momento en que nos acerquemos a Él. Y esta es la invitación que este tiempo de adviento nos hace al dirigirnos hacia la grandeza de la Navidad.

8.-     Pero, entonces ¿qué es lo que debo hacer? Un primer aterrizaje: En primer lugar evita las frases inútiles y falases en el ejercicio de la paternidad, que ¿cuáles son? He aquí algunas de ellas: Lo hago por tu bien. Si me lo cuentas prometo que no me enfadaré. Solo te lo diré una vez. Te lo dije. Para que tengas lo que yo no tuve. Cuando tenía tu edad.... Lo entenderás cuando seas mayor. Algún día me lo agradecerás. Te arrepentirás si (no) lo haces.

¿Cuáles son los errores más frecuentes que padres y madres cometen cuando interactúan con sus hijos?

Evita la permisividad: Es imposible educar sin intervenir. El niño, cuando nace, no tiene conciencia de lo que es bueno ni de lo que es malo. Los adultos somos los que hemos de decirle lo que está bien o lo que está mal. Un hijo que hace “travesuras" y sus padres no lo corrigen, piensa que es porque sus padres ni lo estima ni lo valoran. Los niños necesitan referentes y límites para crecer seguros y felices.

No cedas en lo que es para bien de tus hijos: La primera regla de oro a respetar es la del NO. El NO es innegociable. Es el error más frecuente y que más daño hace a los niños. Cuando usted vaya a decir no a su hijo, piénselo bien, porque no hay marcha atrás. En cambio, el sí, sí se puede negociar.

Evita el autoritarismo: Es el otro extremo del mismo palo que la permisividad. Es intentar que el niño haga todo lo que el padre quiere anulándole su personalidad. El autoritarismo sólo persigue la obediencia por la obediencia. Su objetivo no es una persona equilibrada y con capacidad de autodominio, sino hacer una persona sumisa, esclavo sin iniciativa, que haga todo lo que dice el adulto. Es tan negativo para la educación como la permisividad.

La sobreprotección le transmite desconfianza al hijo y le impide aprender a resolver problemas así como a tolerar el fracaso.

Evitar la falta de coherencia: Las reacciones del padre/madre han de ser siempre dentro de una misma línea ante los mismos hechos. Nuestro estado de ánimo ha de influir lo menos posible en la importancia que se da a los hechos. Si hoy está mal rayar en la pared, mañana, también. Igualmente es fundamental la coherencia entre el padre y la madre.

A veces es difícil no perderlos. Perder los estribos supone un abuso de la fuerza que conlleva una humillación y un deterioro de la autoestima para el niño. Además, el niño se acostumbra a los gritos a los que cada vez hace menos caso.

Gritar conlleva un gran peligro inherente. Cuando los gritos no dan resultado, la ira del adulto puede pasar fácilmente al insulto, la humillación e incluso los malos tratos psíquicos y físicos, lo cual es muy grave.

El niño aprende muy pronto que cuanto más promete o amenaza un padre menos cumple lo que dicen. Cada promesa o amenaza no cumplida es un girón de autoridad que se queda por el camino. Las promesas y amenazas deber ser realistas, es decir fáciles de aplicar. Un día sin tele o sin salir, es posible. Un mes es imposible.

No negociar nunca implica rigidez e inflexibilidad. Supone autoritarismo y abuso de poder, y por lo tanto incomunicación. Un camino ideal para que en la adolescencia se rompan las relaciones entre los padres y los hijos.
Muchos padres se quejan de que sus hijos no los escuchan. Y el problema es que ellos no han escuchado nunca a sus hijos. Los han juzgado, evaluado y les han dicho lo que habían de hacer, pero escuchar... nunca.

Con frecuencia, los padres tienen poca paciencia con sus hijos. Querrían que fueran los mejores... ¡ya!. Con los hijos olvidan que nadie ha nacido enseñado. Y todo requiere un periodo de aprendizaje con sus correspondiente errores. Esto que admiten en los demás no pueden soportarlo cuando se trata de sus hijos, en los que sólo ven las cosas negativas y que, lógicamente, "para que el niño aprenda" se las repiten una y otra vez.

9.-         ¿Cómo lograr una autoridad positiva?

Tener autoridad, que no autoritarismo, es básico para la  educación de los hijos. Debemos marcar límites y objetivos  claros que les permitan diferenciar qué está bien y qué está mal, pero uno de los errores más frecuentes de padres y madres es excederse en la tolerancia.

Actuaciones paternas y maternas, a veces llenas de buena voluntad, minan la propia autoridad y hacen que los niños primero y los adolescentes después no tengan un desarrollo equilibrado y feliz con la consiguiente angustia para los padres.


                                                                                             

LA VOZ ES UN VEHICULO PARA LA PALABRA.

 “En aquel tiempo, comenzó Juan el Bautista a predicar en el desierto de Judea, diciendo: “Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca”. Juan es aquel de quien el profeta Isaías hablaba, cuando dijo: “Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”.
                                                                                             
1.-     Muy queridos amigos:

Hoy, es ya el segundo domingo del Adviento, la Navidad se acerca y es por ello que, en no pocos de nosotros, toda clase de objetos y preparativos empiezan a saturar nuestras mentes y a desgastar nuestros bolsillos.

Lo más importante será el no perder los elementos verdaderamente cristianos de un tiempo tan grande como el que estamos por celebrar, y al cual nos estamos preparando. Es por ello que en lo litúrgico, poco a poco se harán presentes aquellos personajes que son indispensables para nuestra celebración cristiana. El cuadro de escena progresivamente se irá llenando por aquellos grandes invitados a la fiesta cristiana de la Navidad.

2.-     La semana pasada apareció el primero: el profeta Isaías, y hoy aparece el segundo: San Juan Bautista, presentado como la voz que clama en el desierto.

Juan es el hijo de Zacarías e Isabel, que saltó en el vientre materno al escuchar el saludo de la Virgen María, y que fue reconocido por Jesucristo como el hombre más grande de los anteriores al Reino. Él es el precursor anunciado por los profetas, aquel que prepara el camino,... San Juan Bautista es un hombre bueno, íntegro, honesto, sencillo, valiente, libre, crítico, con una fuerte espiritualidad, austero y, entre otras muchas cualidades, es un hombre consecuente con su predicación.
Es justo que le ofrezcamos su lugar preponderante, sin que por ello olvidemos a Aquel que le ha querido llamar a su ministerio, y que le ha hecho sobresaliente.

San Juan Bautista, así como todos nosotros, es, sobre todo y ante todo, un instrumento al servicio de Dios: Juan es la Voz que clama en el desierto.

Resulta adecuado el que recuperemos algunos elementos que son propios de nuestro servicio que le ofrecemos a Dios.

3.-     El ser instrumentos de Dios exige tres convicciones: En primer lugar, la consciencia de que Dios es el factor importante, Él es la sustancia, el contenido, lo primordial y el esencial. En segundo lugar, caer en la cuenta de que nosotros somos como el vehículo, es decir, el medio por el cual se ofrece ese factor divino: la Buena Nueva de Dios en nuestras palabras, su presencia en nuestra compañía que consuela y fortalece al necesitado, la traducción concreta de su amor en nuestras propias acciones. Y en tercer lugar, también es fundamental el ser conscientes del rostro de aquellos que son los destinatarios del contenido de nuestra vida cristiana y de la vocación que hemos recibido.

En primer lugar, necesitamos resaltar la importancia de Dios. Si el Bautista es la voz que clama, no debemos perder de vista a Jesucristo, aquel que es la Palabra. Responde: ¿Qué es más importante la voz o la palabra?

Una cosa es el simple fonema, lo puramente pronunciado, y otra cosa es la comunicación de sí: la Palabra. La voz no es más que uno de los posibles vehículos con los que cuenta Aquel que es la Palabra para comunicarse.

En lo humano, todos lo percibimos: Comunicarse es algo que trasciende el puro acto material de emitir una voz,... de hecho también puede hacerse de otras maneras: la palabra también se comunica con gestos, con  acciones, con la mirada, a través de la escritura, con la música, y aún por los silencios; sin olvidar el así llamado, lenguaje paraverbal.

4.- ¿Quién puede olvidar aquel documental estelarizado por Kirk Douglas y Rachel Welch que obtuvo el Oscar de la Academia en 1980, titulado: “LA GRAVEDAD ES MI ENEMIGA”? En él se narraba la historia del joven Mark Hickks, quien siendo niño al caer de un árbol se golpeó la columna vertebral y quedó parapléjico. Mark gustaba del dibujo, pero ahora estaba imposibilitado para hacerlo con las manos. Él nunca se dio por vencido y aprendió a dibujar y a pintar con los dientes, lo hacía con tal perfección, que llegó a desarrollar una gran fuerza en sus músculos maxilares. ¿Puedes darte cuenta como un vehículo puede ser reemplazado por otro, cuando uno quiere? Lo importante no es el medio sino el contenido.

¿Quién podría olvidar aquella hermosa carta que escribiera la Dra. Sondra Diamond al Dr. Campbell, médico catedrático de la Universidad de Yale, en el NewsWeek? En la misiva que Sondra le dictó a su madre, le pedía al Dr. Cambell el que no utilizara el calificativo “vegetal” para referirse a los niños que tienen una malformación congénita. Le decía: “Le puedo apostar todos los sacos de fertilizante del mundo a que no puede usted imaginar que una “vegetal” es quien le está enviando esta carta, y que esa persona a la que usted llama vegetal ha llegado a sacar un Doctorado en Psicología, que doy asesorías y que escribo en el diario de mi ciudad. Es cierto, que necesito de la ayuda de mi madre, pero me considero una persona como usted y todos los que están leyendo esta nota”. La Palabra tiene muchos vehículos a su disposición.

¿Quién puede olvidar que San Pablo durante su cautiverio en Roma, se convirtió en un apóstol prolífico en su predicación y pudo llegar a tantos lugares remotos? La Palabra de Dios no se encadena, y aún cuando la voz no pudiera clamar en los desiertos, lo hará la Palabra escrita. En la prisión surgió gran parte del Epistolario Paulino que ahora leemos y meditamos en nuestras liturgias. Más importante que el canal de conducción es aquello que se conduce.

¿Quién puede olvidar a San Francisco de Asís, acompañado del hermano León, y predicando elocuentemente con el silencio? Solamente habían caminado sumergidos en el sigilo por las calles de un pueblo, y al regresar al convento el hermano León le recuerda al seráfico que habían salido del Convento a predicar. Francisco le contesta: “Ya lo hemos hecho, hermano León”. San Francisco sabe que el testimonio es uno de los mejores vehículos para la predicación. Se trata de la voz más convincente, persuasiva y expedita con la que cuenta la Palabra. El mismo les decía a los monjes, ¿te acuerdas? “Prediquen siempre el Evangelio, aunque en ocasiones usen las palabras”.

5.- Lo importante no es la tubería sino el agua, no es el cable sino la energía, no es el florero sino las flores, no es el vestido sino la persona, no es el vehículo sino el pasajero, no es el barniz sino la madera.... más importante que la Voz es la Palabra.

Y el olvido de lo anterior ha traído grandes problemas en el cristianismo.

Muchos de los predicadores nos preocupamos tanto por el uso del altavoz, de los recursos técnicos, electrónicos y cibernéticos, y nos hemos olvidado que lo verdaderamente importe es la fidelidad a Aquel que es la Palabra, ya que esto es lo que le puede dar autenticidad a lo que pronunciamos. Nos fiamos tanto de la tecnología de punta que nos hemos olvidado de la oración y de nuestra consciente preparación. Nos preocupamos y obsesionamos tanto por los “medios” a utilizar, que hemos descuidamos la sustancia, los contenidos y el mensaje. ¡Nos hemos olvidado de Dios!

Somos tantos los que al predicar nos la pasamos hablando de nosotros mismos que vamos silenciando la Palabra de Dios. Nos preocupa la postura, el énfasis, el traje utilizado, el chascarrillo referido. La predicación se convierte en una actuación que espera con ansia la retroalimentación del aplauso o de los gestos, del saludo o de la felicitación. Nos hemos convertido en los profesionistas de nuestra palabra, que hemos olvidado que el estilo de nuestra vida debería hablar por sí solo.

6.-     Cada uno de nosotros somos una voz que clama, pero el importante es Aquel que es la Palabra.

¡No le debemos tener miedo a predicar en el desierto! El desierto suele ser el vacío que se extiende en nuestro entorno. Y nuestra predicación más que en los auditorios, debería ser precisamente y sólo en el desierto, ya que es en el desierto por donde pasa Dios. El desierto es el lugar de las grandes noticias y es también el lugar del encuentro decisivo.

¿Cuál es el contenido de nuestra predicación?

¿Te has fijado, qué tantas cosas podemos hacer con nuestra voz? Podemos clamar, aclamar, reclamar, proclamar, declamar, hablar, decir, llamar, ordenar, enseñar, instruir, corregir, acusar, jurar, bendecir, maldecir, ofender, cantar, celebrar, alborozarse, confesar, rezar, gritar, quejarse, murmurar,... y otras muchas acciones más. ¿Cuál es mi prédica?

Hoy en día nuestra voz suele decir un sinfín de palabras que se convierten en un verdadero opio. Lejos de que nuestras palabras estimulen, parece que sólo se dedican a degradar, enardecer, ofender, desorientar, destruir y mentir.

7.-     El Señor nos invita para que nos demos cuenta sobre la trascendencia que tiene todo lo que decimos y todo lo que hacemos. Y es que no hay palabra, ni sentimiento, ni pensamiento del hombre, que no tenga trascendencia a su alrededor. Como no existe decisión, palabra o juicio del hombre que no tenga trascendencia hacia el futuro. Comprender esto es ser prudente, es ser responsables y ser sabios.

Si nuestra superficialidad y nuestra frivolidad han traído todo el daño que conocemos, entonces será en la medida en que haya firmeza y solidez en las palabras que son clamadas por nuestra voz, como podrá redimirse gran parte del mundo en el que vivimos.

Recordemos todos los cristianos que la palabra recta es la que procede de la capacidad de escucha, la que se dice a tiempo, la que se piensa serenamente y con dominio, la que es ponderada y amable, la que brota de un piadoso temor de Dios.

Recordemos los que hemos sido constituidos en predicadores, que la Palabra precisa y necesaria para nuestro pueblo viene de Dios y no puede ser suplantada por ninguna otra. ¿De qué sirve un vehículo último modelo si el Divino pasajero se ha bajado y ha preferido caminar por el desierto?


RELACIONES EN EL ANONIMATO.

“En aquel tiempo, comenzó Juan el Bautista a predicar en el desierto de Judea, diciendo: “Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca”. Juan es aquel de quien el profeta Isaías hablaba, cuando dijo: “Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”.

Juan usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre.

1.-         Amigo muy querido:

En una sociedad como la nuestra, en donde las relaciones humanas se han ido haciendo, a fuerza de abundantes, cada día más complejas y difíciles, el nombre de una persona parece que ya no significa nada.

¡Fíjate qué difícil nos resulta a todos el recordar el nombre de una persona que te ha sido presentada!, y cuántas veces nos lamentamos de que ya nos la han presentado en dos o en tres ocasiones, y no se nos queda el nombre, por más que queremos.

Y es que los nombres nos dice muy poco: en realidad no dice nada en sí mismo, y esto no solamente porque los nombres se repiten y los apellidos también, sino, sobre todo, porque una persona no se suele identificar ya con su patronímico ni con su gentilicio, sino que aquello que le identifica suele ser su aportación que ofrece a la sociedad.

Un día en tu vida que tengas pocas ocupaciones, dedícate a revisar el Directorio Telefónico y te podrás encontrar con páginas completas de algunos apellidos: Martínez, González, Garza, García, Pérez, Villarreal, Hernández... Te podrás encontrar incluso con la información de muchas personas que hasta llevan el mismo nombre y los mismos apellidos.

2.-     Te preguntarás: Entonces, ¿qué elementos pertenecientes a una persona pueden ser considerados como propios? ¿qué es aquello que nos es útil para identificarle?

Estarás de acuerdo conmigo, en que si bien frecuentemente se nos puede escapar el nombre de una persona, no se nos escapan las aptitudes, como tampoco se nos olvida su profesión o su servicio, su aportación a la comunidad. Son muchas las ocasiones en que no recordamos el nombre del médico, pero no nos olvidamos de lo que hizo: ¿Cómo se llama el doctor, el que trató bien a mamá? ¿Cómo se llama? ¿Cómo se llama? Y así en todos los campos: ¿Cómo se llama el mecánico? ¿Aquel que hace el trabajo bien? ¿Cómo se llama?... ¿Cómo se llama el abogado? ¿Aquel que sí es honesto? ¿Cómo se llama?... ¿Cómo se llama el padrecito que fue a ver a papá cuando estaba enfermo? ¡Te acuerdas! ¿Cómo se llama?

Y esto es lo que realmente se nos va quedando de las personas que tratamos en la vida, porque esto es lo que realmente identifica al hombre. No el cómo se llama, sino lo que hace; y tanto más será definida su identidad cuanto mayor significado tenga para la sociedad esa aportación, ese trabajo, ese servicio, por muy sencillo que nos parezca.

Hoy, el Evangelio nos presenta al Precursor. El cual es definido como "la voz que clama en el desierto, enderezad los caminos del Señor y allanad sus senderos". ¿Qué mejor identicación podría haber tenido?

En la misión que él tiene dentro de la redención es dónde él se identifica realmente y esa identidad de Juan el Bautista, fuerte y firme, quedará para siempre estampada en la historia de la Salvación cuando, de entre una multitud, él sea el que señale a Aquel que viene detrás de él y de quién no se siente digno ni de desatar las correas de sus sandalias.

3.-         Queridos amigos:

Ahora es el momento de la aplicación práctica: Este Evangelio ¿qué significa para nosotros? Pues mira, yo pienso que es tiempo de que cada uno de nosotros tiene que preguntarse: Y yo, ¿quién soy? ¿Cómo se define mi personalidad, cómo me ubico en medio de la sociedad, en medio de la Iglesia, entre mis semejantes y en la presencia de Dios nuestro Señor?

Y hay que reconocer que esta definición de personalidad e identidad es una de las luchas más duras que tiene que librar un hombre y una mujer a lo largo de su vida.

Y qué duro será para muchos de nosotros, el llegar a un momento de la existencia en que por no hacer nada resulta que no somos nadie. Qué difícil es llegar a un momento en el cual el reconocimiento de la inutilidad de nuestra propia vida nos hace perder hasta el sentido de nuestra misma identidad. Se trata de esas terribles crisis por las cuales podemos atravesar y por las cuales hemos atravesado todos nosotros.

Piensa en esas crisis en medio de las cuales andamos buscando una identidad por caminos equivocados, para toparnos en la pared, para lastimarnos y para herirnos y volver otra vez a buscar en otra forma o en otra parte, en una crisis existencial de gran sufrimiento, porque es la crisis más dura que puede afrontar el hombre. El comprender que no se es nadie porque no se hace nada por los demás.

Fíjate cómo nuestra ubicación viene junto con la identidad, en el momento en que nosotros descubrimos todo lo que podemos hacer por los demás y empezamos a hacerlo, brota de nuestro ser todo ese potencial inmenso que Dios ha puesto en nosotros: nuestros talentos. Cuando ponemos todo lo que somos al servicio de nuestros semejantes, viene la paz en el corazón y en la paz, el camino hacia la madurez y hacia la plenitud en lo humano y en lo cristiano.

Fíjate como también al poner todo nuestro ser en las manos de Dios para la salvación de los demás, encontramos nuestra identidad plena, en conciencia y delante de Dios, y podemos decir también nosotros: "yo soy la voz que clama en el desierto".

4.-         ¿Quiénes somos? Ojala pudiéramos decir con soltura y con conciencia: yo soy lo que hago por los demás, yo soy el que anuncio, yo soy el que curo a los enfermos, yo soy el que enseño a los ignorantes, yo soy una legítima autoridad sobre mí mismo, yo soy el que busca la aplicación de la justicia, yo soy el que sirve, yo soy el que acompaña al solitario, yo soy el que comparte con el hambriento, yo soy el que lucho por el necesitado. Ese "yo soy" que es el dominio, que es el control de nuestra vida, es finalmente nuestra verdadera personalidad.

El día de hoy, debemos preguntarnos: ¿Quién soy yo?

Y es que Dios nos pide que nos ubiquemos, porque Él quiere necesitarnos, y hay bastante dentro de nosotros que todavía no ha sido puesto al servicio de los demás y al servicio de Dios, para la salvación de todos.

Cada uno todavía estamos tratanto de saber quién somos. Y no se vale respondernos a nosotros mismos en esa forma superficial y materialista en la que ni eres lo que hicieron tus padres, ni eres lo que tienes.

Porque lo que tus padres hicieron es loable y amable pero tú éres el que debe construir el propio camino. Hoy nuestro país adolece por los artificios de los prestanombres, pero no te quedes solamente en los problemas por todos conocidos, me refiero a una clase de prestanombres que convierten a las personas en mediocres imitaciones y en consumidores de frutos que no han sembrado. Existen tantos padres que han sido eminentes profesionistas y que van legando su prestigio a sus hijos. No creo que exista un mal en ello, si el hijo realmente es competente y honesto en la vida, el problema lo encuentro cuando alguien va navegando en la mar de la vida en una barca ajena y cuando no conoce bien los artificios para conducirla a un buen puerto. El problema lo encuentro cuando el hijo quiere vivir de las rentas de lo que el padre alcanzó en la vida y se convierte en un embrión que camina, el nombre de su padre se convierte en su placenta y no alcanza nunca a desarrollarse. ¡Y es que mi padre es mi padre y yo soy yo! Lo que mi padre ha hecho es realmente de admirarse, pero a mí me toca ahora emprender mi camino.

5.-     El hombre no es lo que los padres hicieron, ni tampoco es lo que tiene, porque hoy mismo nos ha tocado descubrir la fugacidad de los bienes materiales. En realidad, tú y yo somos lo que hacemos.

“Juanes” existieron muchísimos en tiempo del Señor, como los existen el día de hoy en grandes cantidades, pero San Juan el Bautista es uno sólo, y lo es por ser "el bautista", el que bautiza, el que prepara el camino, el que clama y proclama, la voz que grita en el desierto, el hombre coherente, aquel que fue libre y crítico ante las situaciones de injusticia.

“Marías” también existieron muchísimas en tiempos del Señor como las existen hoy en nuestros tiempos, pero María de Nazareth, solamente hay una. Y lo es, sin duda, por lo que Dios hizo por ella, pero también por lo que ella hizo con el don de Dios.

María de Nazareth es la que escucha, la que ora, la que medita, la que pronuncia un “sí” que transforma al mundo entero, ella es la esclava del Señor y la que presurosa sirve a la pariente necesitada, la que se encuentra con el Arcángel de Dios y la que sale al encuentro de aquella prima anciana, ella es la que cuida con amor el fruto del vientre, la que con dignidad sale de su tierra en el cumplimiento de su misión, la que solícita vela por el matrimonio necesitado del buen vino, la que permanece fiel desde la cuna hasta la tumba, desde el pesebre hasta la cruz, aquella que no falla en la esperanza aún en medio de la oscuridad del viernes santo.

6.-     Y ¿tú quién eres? Y ¿yo quien soy?

“Padres Rogelio” pueden existir muchos, “Rogelios Narváez” los puede haber en gran cantidad. Pero yo, en lo personal, me defino por lo que yo hago, por mi aportación. Tú me identificas por lo que te ofrezco, por mis servicios, por mi consagración. Mi nombre va muy unido a lo que yo hago, y así mi nombre puede adquirir un valor en tu recuerdo. Y es aquello que sirviendo a Dios te ofrezco, lo que me identificará en tu vida y en tu pensamiento. Y aquello con lo que me presentaré un día ante el Señor.

En este adviento, Dios nos está permitiendo iniciar con una nueva oportunidad para el cambio, nos permite empezar otra vez con nuestro caminar. Lo que reflexionamos en este domingo no tiene como finalidad el que nos desalentemos, sino el que nos convirtamos y, que seamos capaces de empezar a aprovechar los momentos que Dios nos está brindando.

Que este adviento sea entonces una búsqueda apasionada de esa identidad  nuestra, porque en el momento en que cada uno de nosotros se encuentra a sí mismo, en ese momento se desencadena toda la riqueza interior, y todos los que nos rodean resultan beneficiados.

7.-         Amigos muy queridos:

Ayudemos también a quien no acaba de ubicarse, para que, encontrándose a sí mismo, pueda ser feliz, realizando sus tareas y poniendo a multiplicar los talentos que Dios le ha dado.

 

LA AUSTERIDAD QUE NOS ENRIQUECE.

Juan usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. Acudían a oírlo los habitantes de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región cercana al Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el río.

1.-     San Juan Bautista, el precursor, el profeta austero anunciaba al pueblo de Dios que ya se acercaba inminentemente la hora de Dios, y que era necesario prepararse al gran acontecimiento con un cambio radical de vida y de costumbres.

El contemplar esta imagen ascética en el horizonte de la historia de la salvación debe conducirnos a percibir la grandeza de una vida vivida en la sencillez.

Y es que a Dios le gusta la austeridad, y esto nos lo recuerda la fiesta de la Navidad que está cada vez más cercana en su celebración.

¿Sabes? Quizá no se haya escrito nunca una paradoja tan grande como ésta: por un lado, la soberanía del Señor, y por la otra, su necesidad. ¡Eso es la Navidad! En Jesucristo se combina la divinidad con la dependencia, la posesión de todas las cosas con el despojo del existir, la riqueza total con la pobreza.

Se trata del Hijo de Dios que ha pedido prestado un pesebre para nacer, será Él el que pida una barca prestada para desde allí predicar el Reino, es el mismo que toma prestado de aquel joven unos cuantos panes de cebada y unos peces para multiplicarlos y así saciar a la multitud. Es Cristo quien pide un asno prestado para entrar a Jerusalém, la razón que deben dar para explicar es que: “el Señor tiene necesidad de ello”. Es el mismo que necesita prestada esa habitación en lo alto para instituir el Sagrado Banquete de la Eucaristía, es el mismo que les había dicho a sus apóstoles que no tenía donde reclinar la cabeza.

Al final, la historia terminará con el mismo tenor de austeridad y con la misma paradoja: habrá necesidad de que se pida un sepulcro vacío para que descanse Aquel que es el dueño del Universo entero. Será desde allí, desde un sepulcro prestado, en donde se realice el acontecimiento que nos salva a todos los hombres: la resurrección del Hijo eterno del Padre.

2.-     Muy queridos amigos:

Son muchas las veces, en que Dios se permite tomar las cosas de los hombres para así recordarnos que todo procede de Él y que todo le pertenece, y que aún así Él gusta de la sencillez.

Y es la austeridad, un valor que debemos cultivar en esta fiesta cristiana de la Navidad.

Date cuenta de que vivimos en un mundo excesivamente consumista. En este mundo todo parece ser intercambiable por unas monedas, todo puede darse en trueque a cambio de unos centavos. En nuestro universo-mundo, una figura como la de san Juan Bautista nos puede parecer exacerbada, prohibitiva, y hasta propia de un manicomio o confundirse con un poseso.

Y es precisamente, mediante la grandeza de la sencillez en el precursor, en donde el Señor nos invita a desapegarnos de todo aquello que va saciando nuestro vientre y bolsillos, pero que va dejando el corazón y el alma empobrecidos.

¿No te has dado cuenta? Es mucho mayor la pobreza que genera la inconsciencia que la que es causada por la falta de dinero. Las mujeres y los hombres de nuestro tiempo van caminando por el mundo sin advertir la belleza, la bondad y la gloria de Dios circundante.

Sus almas son las pobres. Y el Señor nos dice que más vale ser pobre del bolsillo que menesteroso del alma.

3.-     Este tema de la austeridad y la cercanía con la Navidad me ha hecho recordar un  libro de Geraldine Brooks titulado: El Universo en un Jardín. En él narraba su asombro ante el consumismo en que se había sumergido su hijo Nathaniel.

” Me asombra la gran cantidad de bienes materiales que mi pequeño ya ha consumido. Tiene cinco años y ya descompuso una podadora de césped amarilla, un triciclo de manillar rojo, un señor papa con protuberancias marrón y verdes. Las cosas le duran hasta que el microcircuito se estropea o el plástico se haga añicos.

Los juguetes modernos no le dejan lugar a la imaginación: ahora son los microcircuitos los que piensan; los personajes de dibujos animados ya vienen con todo y diálogos solo basta aplastar un botón, y toda muñeca arrastra tras de sí un séquito de accesorios que comprar”.

Ella narra que cuando era niña en Australia, era llevada por su madre a recorrer la finca, allí en donde cada planta y cada piedra tenían una historia para contar. Una lagartija que se asoleaba sobre un ladrillo era el héroe en un cuento de dragones. Los hongos de forma quebrada eran la escalinata de un hada, que conducía hasta un reino secreto. Las margaritas tenían caras y las azaleas eran los vestidos de noche para que la margarita fuera de baile con un príncipe.

En el otoño las hojas caídas les permitían jugar a la tienda de los sombreros. No hacía falta gastar para jugar a estos juegos. Lo único que se necesitaba era la dedicación de su madre. Dice ella: Si examino los costosos regalos que recibe Nathaniel, parece que toda su gracia reside en que no necesitan la intervención de los padres, y parece ser que para eso los compramos.

Algunos juguetes tienen alegres voces automáticas que hablan al pulsar un botón: “Escoge un amigo para ir a la tienda”, invitándolo a elegir entre sapos y ratones antropomorfos.

Todavía recuerda Geraldine aquellas invitaciones que le hacía su madre: “Vamos de compras. En el jardín hay un árbol donde se venden sombreros elegantes”,... y se la pasaban largas horas escogiendo entre las hojas de los árboles el sombrero más bello.

Termina Geraldine con una reflexión: “¿Me pregunto si todas las cosas que le he dado a mi  hijo no le habrán quitado algo?”

4.-     Esta Navidad, Dios nos está invitando para que cultivemos el valor de la austeridad. La austeridad, muy contrario a lo que muchos pensamos, no es el arte de decir que no a las cosas; es el arte de decir que sí. Educar a la familia en la austeridad no es una negación, sino una afirmación:

  • La austeridad es decir que sí a la CREATIVIDAD y a la IMAGINACION que dejamos despertar.
  • La austeridad es decir que sí a la ILUSION de no ahogarnos dándoles a las personas más de lo que necesitan.
  • La austeridad es decir que sí a su MADUREZ, pues no hemos llenado su corazón de necesidades absurdas e inútiles.
  • La austeridad es decir que sí a su FELICIDAD, pues la felicidad no se consigue con cosas, sino que sale de dentro, del alma.
  • La austeridad es decir que sí a la CAPACIDAD DE VALERSE POR SI MISMOS, sin necesidad de depender de los padres.
  • La austeridad es decir que sí a la LIBERTAD, a esa capacidad para hacer lo que se debe hacer y no dejarse llevar por el “gusto”, por las “ganas”, o por la “moda” y todo lo que anuncian en los televisores.
  • Austeridad es decir que sí a DIOS, que es Padre de todos y nos pide amor, entrega y servicio a los demás.

5.- ¿Sabes? Te quiero compartir que en la Navidad del año 2000, mientras pasaba algunas noches en el hospital junto al lecho de enfermedad de mi madre, pensaba en algún regalo que pudiera ofrecerles a mi padre y a mi madre, cuando lograra salir del hospital. Aprovechaba algunos de sus momentos de sueño para leer algunas publicaciones. Leía la Biblia, algunos libros de teología, documentos que tenía que revisar sobre el entonces Sínodo Diocesano y también leía algunas revistas. Leí una publicación navideña del Selecciones del Reader´s Digest de ese año 2000.

Devoraba los artículos, y entre aquellos temas me encontré con uno que me dejaba un mensaje que en ese momento estaba necesitando. Una mujer llamada Chiquita Woodard hablaba de “Los Regalos que alegran el corazón” e iniciaba con una frase que inmediatamente jaló mi atención: “No es necesario regalar algo caro para alegrar un corazón. Regalar es un acto de bondad, no una competencia para ver quién gasta más”.

Recomendaba cosas interesantes como el regalarles a los niños que les gustan las gomas de mascar un paquete de 500, o a las niñas que les gustan listones para el cabello, uno de cada color. Recomendaba a las mujeres regalarles a sus maridos que tiene como hobbie el cuidar su automóvil, una cubeta con accesorios de limpieza y un vale de “servicios y cuidados especiales para el coche”. Recomendaba regalarle a los esposos que gustan de la parrilla, un muestrario de cortes selectos o de salsas exóticas para las carnes, o bien si el esposo gusta de algún deporte o tiene un equipo favorito el regalarle boletos para algún evento deportivo importante en el que se incluyera un segundo boleto para su amigo inseparable que le acompaña al estadio. A los maridos les recomendaba regalar a la esposa cosas que no se enchufaran, e independientemente de lo que regalara que les escribieran una carta en la que narraran la felicidad que tenían por haberse casado con ella, y las razones que tienen para amarle. Aconsejaba a los que tienen kilómetros o millas acumuladas en los programas de viajero frecuente, el que ayudaran a que alguien se pudiera ir de viaje.

Todos los consejos me parecían sensatos y los leía con interés..., mientras leía los artículos me le quedaba mirando a mi madre en su  lecho de enfermedad, y pensaba en el mejor regalo para ella. Al hablar de las personas mayores, Chiquita Woodard aconsejaba en su artículo regalarles fotografías de las generaciones y álbumes o marcos para las fotografías, y decía que si se le regalaban algún artículo que necesitara baterías, las incluyéramos, si se les regalaban algunas jaulas o comederos para las aves se incluyeran raciones de alimento. Y concluía el artículo con una frase que me quedó grabada: Sin tener lugar a dudas, el mejor regalo es uno que no nos cuesta monetariamente. El tiempo es un bien escaso en estos días, que puede ser el regalo más valioso de todos.

6.-         ¡Cuánta razón hay en lo anterior! Y, si no lo quieres creer, te refiero dos cosas: en primer lugar te pido que te fijes como en los cuartos de los ancianos, en los hospitales y en muchas casas, así como en muchas hogares de reposo, abundan los alimentos, incluso los prohibidos, y algunos aparatos sofisticados, pero faltan las palabras de aliento, los gestos silenciosos y la presencia del cariño tan necesaria, y en segundo lugar te tengo que decir que esa fue la última navidad que mi mamá estuvo físicamente con nosotros, su familia.
                                                                                             
A Dios le agrada la gente austera, la Virgen María de quien hablaremos el próximo domingo nos lo recordará. Al final de cuentas, la Navidad no es más que la fiesta del Dios que quiso ser menesteroso.

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