Domingo 14 de Enero de 2007_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

LOS INVITADOS A LA FIESTA

“En aquel tiempo hubo una boda en Caná de Galilea, a la cual asistió la madre de Jesús. Este y sus discípulos también fueron invitados. Como llegara a faltar el vino, María le dijo a Jesús: “Ya no tienen vino” Jesús le contestó: “Mujer, ¿qué podemos hacer tú y yo? Todavía no llega mi hora”. Pero ella dijo a los que servían: “Hagan lo que él les diga”.

Había allí seis tinajas de piedra, de unos cien litros cada una, que servían para las purificaciones de los judíos. Jesús dijo a los que servían: “llenen de agua esas tinajas”. Y las llenaron hasta el borde. Entonces les dijo: “Saquen ahora un poco y llévenselo al mayordomo”.

Así lo hicieron y en cuanto el mayordomo probó el agua convertida en vino, sin saber su procedencia, porque sólo los sirvientes lo sabían, llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo sirve primero el vino mejor, y cuando los invitados han bebido bastante, se sirve el corriente. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora”

Esto que Jesús hizo en Caná de Galilea fue la primera de sus señales milagrosas. Así mostró su gloria y sus discípulos creyeron en él”.

Momento 1

Momento 2

Momento 3

 

1.- En Canná de Galilea todo se encuentra preparado. Aquellos novios y su familia con muchos días de anticipación, quizá meses, o posiblemente un par de años, se fueron aprovisionando, arreglando las cosas, preparándose en lo personal y disponiendo los espacios. Ahora, por fin ha llegado el gran día y con él han llegado los invitados, cada uno ocupa su respectivo lugar,...

¿Te acuerdas cuando tú viviste la intensidad de la preparación del matrimonio o acaso será que lo estás viviendo ahora? Yo en lo personal guardo con amor el recurdo de mi ordenación sacerdotal y de todos los preparativos que antecedieron tan importante momento en mi vida.

Yo hablo de mi ordenación sacerdotal tú puedes entenderme cuando te hablo del matrimonio. Si lo has vivido, si hoy lo experimentas o si estás por decidirlo, no está de más el trasladar la escena de Caná de Galilea a nuestra propia geografía.

2.-     Los jóvenes con antelación van pensando en el gran día, y llega el momento de iniciar con los ahorros, de tal manera que el privarse de un antojo a favor del gran día es algo que no cuesta tanto porque se sabe estará destinado a un momento que no tiene comparación.

La petición de la mano de la amada, realizado con temor y temblor, suele ir acompañada del compromiso formal en el que se toma con seriedad a la otra persona, a las dos familias, a la Iglesia y,... principalmente a Dios.

Pronto se llegan los días en que hay que separar la Iglesia, comprar el vestido, proveerse de un traje de gala, comprar el calzado, ir contratando los distintos servicios que amablemente nos ofrecen los profesionales, en un evento que sin lugar a dudas tiene que ser inolvidable, puesto que es único, singular y, para nosotros, irrepetible.

Es entonces cuando hay que pensar en las invitaciones, en el platillo, en el brindis, en la música, en los arreglos y en mil cosas más. ¡Que bien vale la pena cualquier sacrificio!

El tiempo es inexorable y llega el momento en que hay que llevarles las participaciones a los amigos, los parientes, los vecinos y a los compañeros. Esos fines de semana invertidos para recorrer las calles de la ciudad redituarán en presencia de quienes más amamos y nos aman. Y es aquí, precisamente, en donde el Evangelio nos invita a meditar.

3.-     ¿Te acuerdas de Caná de Galilea?,... en esta fiesta de bodas han llegado dos invitados sumamente especiales: el Señor Jesús y la Virgen María.

Se trata de dos invitados indispensables, ya que ellos se encargarán de que la fiesta tenga un buen desarrollo y de que cuando algo amenace su interrupción se pueda prolongar en la transformación del don que supera nuestra propia intención.

En mis palabras no puede ni debe haber engaño: Es, sin duda, el Señor Jesús el que lo puede todo y quien realizará el milagro, quien puede transformar todas las cosas porque Él mismo las ha creado, pero es la Virgen María la que tiene un corazón de Madre y quien posee una mirada solicita, es ella la que como buena mujer detecta, sin que le digamos, las necesidades en nuestros hogares, y quien intercederá para que se pueda recibir el favor de su Hijo.

4.-     Y pienso ahora, en el Canná de Galilea de nuestro propio hogar y el de muchos consagrados,... y pienso en tantas fiestas inconclusas, no a causa de nuestras capacidades sino a causa de la más terrible de nuestras incapacidades, que aunque puede ser solamente una, nos va acarreando la peor de las amarguras.

Nuestras capacidades suelen ser excesivas: somos previsores, genios de la logística, que hasta llevamos un libro con aquellos pendientes que son necesarios, y quienes el día de hoy disponemos de los empresarios de la solemnidad y del glamour para hacer del momento algo inolvidablemente permanente, la prensa publica ediciones especiales sobre los mejores tips para la boda, las cadenas televisivas nos ofrecen pasarelas de consejos y hasta los hoteles y los centros de convenciones han construido el mejor de los negocios sobre esta roca, tan humana y tan común, como lo es de natural el nacimiento de una familia. Hoy, hasta te están ofreciendo organizar tu boda frente a la mar azul turquesa del caribe mexicano y otros en un crucero... Como sacerdote me entristece encontrarme con muchos jóvenes que son presa de los negociantes de las nupcias cuyo negocio es decirle a los novios que su celebración será única y diferente a las que se hayan celebrado en la ciudad, y en base a este criterio se llega a utilizar lo impensable: cientos de velas en la escalinata, frutas abiertas al pie del altar en forma de corazón, treinta niñas con vestido blanco sentadas en los escalones que suben al presbiterio,... su negocio es hacer de tu boda algo que no se haya hecho con nadie, aunque el autor de la boda haya sido desplazado a un segundo plano.

Parece ser que a nuestros jóvenes que aspiran y suspiran por el matrimonio no les falta nada de cuanto debería pensarse ni inventarse para hacer del matrimonio algo especial,... no les falta nada,... y esta es quizá su propia desgracia: ¡No les falta nada,... les falta Alguien!

5.-     Nuestra vida de familia, y del ministerio para no excluirme, es, sin duda, nuestra fiesta que se ha preparado con tanto esmero y que se ha iniciado solemnemente en la ceremonia religiosa. Fiesta preparada con esmero y a la que debiste haber llevado tantos y tantos invitados, pero sin que te olvidaras de esos dos invitados sumamente especiales e insustituibles: el Señor Jesús y su Madre Santísima.

¿No sé si lo sabrás? O quizá lo escuchas demasiado tarde, pero solamente ellos se pueden encargar de que tu fiesta nunca termine. Ellos son la única garantía y por ellos son indispensables.

6.-     ¿Pero que es la fiesta? ¿Qué entiende el cura por fiesta como para que lo enfatice con ahínco?

La fiesta en el matrimonio es la alegría, la armonía, la paz, la fe, la esperanza, el amor, el perdón, el entendimiento, la sinceridad, la comprensión, la ayuda mutua, la servicialidad, la sencillez, y principalmente la presencia de Dios...

Y ni siquiera los más nefastos conflictos pueden terminar con la fiesta cristiana, sino que por el contrario, la prolongan y la fortalecen en la capacidad que se posee al estar cercano a Dios de resolverlos y de resistir las pruebas que tiene por naturaleza la vida cotidiana.

7.-     ¿Verdad que hay momentos en que nuestra fiesta sufre amenazas?

Te quería comentar que el último libro del filósofo y psicólogo Italiano  Piero Ferruci, "Nuestros maestros los niños" ya ha sido traducido a 11 idiomas. Allí él dice: "Ha hecho falta tiempo, pero al final me he dado cuenta: la relación con mis hijos pasa a través de la relación con mi mujer. No puedo tener con ellos una buena relación si mi relación con ella no es buena".

La experiencia clínica de Ferruci le ha demostrado que "cada ser humano es el resultado de la relación entre dos individuos: su padre y su madre. Y esa relación sigue viviendo dentro de nosotros como una armonía bellísima o como una laceración dolorosa. La relación entre nuestros progenitores -dice Ferruci- nos constituye en lo que somos. Y esto es verdad también en la época de la familia dormitorio, de los progenitores single, de la fecundación artificial, de la manipulación genética, de los vientres de alquiler, de los bancos de espermatozoides... Un niño siente con todo su ser la relación entre sus progenitores, sea cual sea, la siente en sí mismo. Si la relación está envenenada, el veneno circulará por su organismo. Si la atmósfera no es armoniosa, crecerá en la disonancia. Si está llena de ansias e inseguridades, también su futuro será incierto" .

La conclusión entonces parece clara: si quieres ser un buen padre, sé un gran marido. Si quieres ser una buena madre, sé una gran compañera para tu marido. Esto que parece simple, en la práctica no lo es. ¿Por qué? Ferruci responde en primera persona, con gran humildad:

"A veces he olvidado esta realidad. He tenido demasiada confianza. Sabiendo que nuestra relación va bien, la he dejado allí". Abandonada la relación a su propia suerte, pronto aparecen los disgustos, las recriminaciones.

Cuando un matrimonio reacciona a tiempo y recupera lo bello de su amor, los primeros en darse cuenta son los hijos. Y cuenta su propia experiencia, después de una temporada en que, obsesionado por escribir sus libros, comenzó a levantarse a las 5 de la mañana y a pasar el día rabiando por el ruido y las interrupciones:

"Comencé a sentirme deprimido, algo no andaba bien. Al fin comprendí lo que sabía pero no quería admitir. El orden de mis prioridades estaba equivocado.

Decidí devolver a Vivien, mi mujer, un marido que no se cayera de sueño. Después ocurrió algo sutil y sorprendente. Mejoró la relación entre Emilio y Vivien. No es que fuese una relación mala, pero había algo que no me gustaba. A menudo Emilio era descortés con ella y hablaba conmigo como si Vivien no existiera, ignorándola como el machista más encallecido. Después lo he entendido: Emilio me mostraba cuál era mi actitud hacia Vivien... Era yo quien la transformaba en una sombra. Por fortuna me di cuenta a tiempo".

8.-     ¡Oye! Amigo, sí tú, pst, pst, ¡hey! tú:

¿Cuántos Canás de nuestra familia han dejado de ser fiesta para transformarse en cementerio de nuestro egoísmo?

Y la razón estriba no en que nos falte algo sino en que nos falta Alguien. Alguien que venga acompañado de su Madre Santísima.

Mira: Aquí no hay duda ni engaño, mucho menos aberraciones: Jesucristo es quién lo puede todo, pero es la Virgen quien tiene un corazón de Madre, y quien le pide a su Hijo por aquellos que pasan necesidad.

Invita a la Virgen para que venga con su hijo a tu fiesta de familia y dile: ¡por favor Madre, cuando veas que la fiesta amenaza con interrumpirse, cuando veas que en lugar de amor existe el odio, cuando te des cuenta de que en lugar de comprensión existe la distancia, cuando el egoísmo haga desaparecer la generosidad y el rencor el perdón, dile a tu Hijo que nos está faltando el vino, dile a tu Hijo que en cualquier momento la fiesta se acaba, dile a tu Hijo que nos dé el buen vino, porque si tú se lo pides Madre, tu Hijo nos dará un vino nuevo que superará en calidad, aquello en lo que habíamos convertido nuestra vida.

9.-     ¿Sabes? Yo no me puedo imaginar Canná de Galilea sin Jesús y sin la Virgen, sin aquel que lo puede todo y sin aquella que intercede por todos. Lástima que en tantos Canná de Galilea en nuestros tiempos, no haya un espacio para ellos, o haya quienes quisieran re-escribir el texto sagrado, borrando de la escena a la Madre de Jesús.

¿Por qué tanto odio para alguien que amó tanto a Jesús y a quien Jesús tanto amó con un corazón tan divino?

 

¿DÓNDE REALIZAR EL PRIMER MILAGRO?

“En aquel tiempo hubo una boda en Caná de Galilea, a la cual asistió la madre de Jesús. Este y sus discípulos también fueron invitados. Como llegara a faltar el vino, María le dijo a Jesús: “Ya no tienen vino” Jesús le contestó: “Mujer, ¿qué podemos hacer tú y yo? Todavía no llega mi hora”. Pero ella dijo a los que servían: “Hagan lo que él les diga”.

1.-     Muy estimados amigos:

¿En qué lugar te hubiera gustado que se iniciara la vida pública del Señor? ¿Dónde te hubiera agradado que realizara su primer milagro?

Te pido permiso para que hagamos un recorrido a través de las avenidas, calles, callejones y andadores de nuestra mente, para que así detectemos cómo nuestro pensamiento no suele concidir generalmente con el pensamiento de Dios. Al indagar por los recobecos de nuestra memoria, percibiremos como nuestro cuadro de valoración no coincide con la jerarquía de prioridades de Dios.

¿En dónde le hubiésemos sugerido a Dios que realizara la primera manifestación de su gloria? Sabemos que después habrá muchos milagros, puesto que lo puede hacer, sí sí, pero, ¿en dónde realizar el primero? Tendrá la virtud de ser el primero.

2.-     Es posible, que muchos de nosotros hubiésemos elegido el escenario de dolor que acompaña un funeral, como el lugar idóneo para que Jesucristo se manifestará como el dueño de la Vida... Otros, quizá pensaríamos que el lugar adecuado hubiese sido un lúgubre hospital plagado de enfermos terminales para que allí se pudiese contemplar que Él es el médico divino... No faltará quien piense que el mejor lugar sería el austero desierto, ¡sí el desierto!, ¡el sotano del universo!... para que el Señor al re-convertirlo en un verde prado recupere aquello que se tornó en aridez por culpa de nuestro pecado. Serán escasos, pero existe alguien que estará pensando que lo adecuado ha de ser la majestuosidad del Templo, en una Liturgia Solemne y frente al mismísimo altar de los sacrificios, para que todos puedan contemplar al Santo de los Santos que ha plantado su Tienda entre nosotros.

Podríamos engrosar nuestro elenco con otras muchas e incontables sugerencias y, sin embargo, hoy también tenemos que comprender la sabiduría de Dios.

3.-     El Evangelista san Juan nos narra amablemente la inauguración de la vida pública de Jesús, y la primera de las señales de la divinidad de Cristo se realiza, ni más ni menos, que en el contexto de una fiesta de bodas, en Caná de Galilea.

Distan apenas muy escasos aquellos días en que el Señor Jesús llamó al seguimiento a un pequeño grupo de discípulos, y ahora repentinamente le tienes con ellos en medio de la algazara de una fiesta de matrimonio.

Y, ¿por qué allí el primer milagro?

Hay tantos que no hubiésemos sospechado tal ambiente para el inicio de la formación de aquellos seguidores, incluso algunos que pensaremos que éste era el lugar menos idóneo, o por lo menos que esta situación debe ser estimada, sino como mezquina, sí como una situación demasiado trivial o quizá corriente, u ordinaria, o cotidiana para el primer milagro que ha de inaugurar la salvación que ha llegado a todos los hombres.

Y, no nos damos cuenta de que el Señor ha elegido el mejor de los lugares y la situación más necesaria: una fiesta de bodas y la formación de una familia.

4.-     Y es que el Señor conoce el corazón del hombre de todos los tiempos y sabe a la perfección que la más dolorosa de las muertes, la más lamentable e incurable de las enfermedades y la más triste e incorreguible de las ardideces se ubica precisamente en ese santuario vacío de nuestros propios hogares, allí en donde Dios ha sido expulsado, y en donde Dios ya no se puede pasear para visitar a sus moradores, y allí es precisamente donde ya no se le ofrece un sacrificio.

Nuestra familia, y toda familia, como aquella de Caná de Galilea necesita de las señales de Cristo.

5.-     La más terrible de las muertes ha llegado cada día a más hogares, y se trata del asesinato que perpetra el egoísmo y la soberbia. Una canción popular dice con ironía: “Me casé el viernes, me divorcie el lunes”. Jocosamente este canto de tristeza refleja la más lamentable tragedia de nuestra sociedad: la inestabilidad del matrimonio, y por consiguiente, del hogar. Muchos de nuestros jóvenes que le tienen miedo al matrimonio religioso y que están optando por “unirse” simplemente, deberían recrear su pensamiento y sus sentimientos al contemplar al Cristo sentado a la mesa de la fiesta de boda en Caná de Galilea.

Enrique Rojas durante una Conferencia en la Universidad de Navarra el 21 de Noviembre de 2001comentó acerca de la situación en el Caná de Galilea de nuestro tiempo: que si hasta este momento había dos epidemias en el mundo moderno, la droga y el SIDA," ahora existe una tercera: la epidemia de rupturas conyugales". Al respecto señaló como en algunos países, como EEUU, Japón, Alemania o Inglaterra, alrededor del 50% de las parejas están rotas.

6.-     Es también nuestra familia la que en sus enfermedades necesita del milagro de la curación que Cristo nos puede ofrecer. Y es que una especie de lepra se está viviendo en nuestros hogares, y consiste en esa falta de cohesión entre cada uno de los miembros que le formamos y que provoca que sus distintos organos se vayan cayendo pieza por pieza. Se trata de esos girones en la carne y en el alma de nuestra realidad familiar, que se van desprendiendo y que nos mantienen mutilados. Nuestras familias son verdaderos rompecabezas que terminarán siendo auténticos rompecorazones.

Y así nuestras casas se han convertido en el hospital más saturado, porque con nuestra familia, nuestra vida personal también se va haciendo girones.

El rompecabezas de nuestra familia solamente encontrará cohesión cuando Cristo venga a nuestro Caná y se convierta en el más importante de nuestros invitados y nos auxilie para que práctiquemos el amor auténticamente cristiano entre cada uno de los miembros. Ya San Agustín utilizaba esta comparación al hablar de la Iglesia y de cada uno de nosotros como si fuéramos esos bloques de concreto que la formamos. La caridad que viene de Cristo es el pegamento que le da cohesión a las distintas piezas de nuestra construcción.

7.-     Resulta que nuestra familia, lejos de ser el paraíso de los orígenes se ha transformado en el más árido de los desiertos a causa de nuestra incapacidad de entablar una verdadera comunicación.

Durante el noviazgo, los que ahora son esposos, provocaban que la cuenta del teléfono subiera exageradamente. Ellos platicaban largo y tendido, a toda hora, posiblemente resolviendo la inquietante razón del porque no existen pingüinos en el África o lagartijas en la Antártida. Las visitas del enamorado a la casa de la novia se prolongaban hasta desesperar a los parientes y a los vecinos. Ahora en cambio, las conversaciones de los esposos se caracterizan por los desabridos monosílabos que parecen “lenguaje morse”. Ya no se platica, se rehuye al diálogo y entre muchos esposos ya se ha suplantado por el messenger. La televisión, el periódico y la navegación por las mares virtuales se han convertido en los pretextos más favorecidos para no platicar, para no contemplar la mirada de quien amamos ni escuchar el palpiteo de su corazón; para ensimismarse en el silencio más pesado y distanciador.

Si no se diáloga, sí se grita, se ofende con palabras zahirientes. Se dicen cosas, que abren profundas heridas, que después cuesta tanto cerrar. Todo esto mata al amor y convierte nuestros jardínes en desiertos. Porque el amor es comunicación, es compartir, dar y recibir. En muchos hogares como que se les olvidó platicar, y eso es terrible. Vivir con alguien, durante muchos años, y no saber platicar con esa persona, es algo que no puede recibir el nombre de matrimonio, al menos el nombre cristiano.

8.-     Ernesto Sabato, el novelista argentino tiene una novela sobresaliente titulada: El túnel escrita en el año 1948 cuando él apenas tenía 37 años.

El protagonista de la novela es un individuo que se encuentra aislado en una especie de campana de vidrio, y que necesita comunicarse con su familia, pero aquel grueso muro de cristal se lo impide.

La novela de Sabato es un verdadero símbolo de nuestras familias y de nuestra sociedad moderna. En nuestros días se repiten miles de “slogans”, pero los hombres cada día dialogamos menos. La sociedad y la familia no saben conversar y llevan en esta falta de comunicación el fatídico germen de la discordia y de la incomprensión, llevamos el germen de una soledad que más temprano que tarde destruirá ineludiblemente nuestra vida.

9.-     El Señor quiere entrar al Caná de nuestra casas y convertir el agua  de nuestro desencando en el más delicioso vino, que recupere el elemento festivo de nuestra vida familiar.

El quiere que nuestro corazón se convierta no en una alcancía de alfileres de rencores y resentimientos, sino en ese depósito que atesore aquellas monedas de plata y de oro, de los más gratos recuerdos y los más nobles sentimientos.

Jesucristo no quiere que el corazón se atrofie porque esto provoca la muerte de nuestras familias. El resentimiento es como una especie de leucemia que envenena la sangre, y la muerte del matrimonio es inevitable.

La noche no debiera sorprendernos con el rencor en el corazón y ésta debería ser la norma en la vida esponsal. Sabia norma de los esposos debería ser el saber pedir perdón, pero sobre todo – lo más difícil- saber perdonar a diario.

Pidámosle al Señor que transforme el agua atesorada en los odres del corazón en el dulce elixir del vino del amor para que el corazón quede limpio de resentimientos, de odios. Será solamente así como el corazón se convertirá en el banco que salvaguarde las cosas más bellas de la vida familiar que le van dando sabor al hogar, al diálogo, a la unidad y al amor sincero.

10.-   Querido amigo:

¿Te das cuenta como el seno del hogar es el lugar que estaba necesitando del primero de los milagros del Dios que ama profundamente al hombre? Después pueden seguir todos los que tú quieras en dónde tú quieras, pero primero es lo prioritario.

 

EL ODRE DE LOS RECUERDOS.

Había allí seis tinajas de piedra, de unos cien litros cada una, que servían para las purificaciones de los judíos. Jesús dijo a los que servían: “llenen de agua esas tinajas”. Y las llenaron hasta el borde. Entonces les dijo: “Saquen ahora un poco y llévenselo al mayordomo”.

Así lo hicieron y en cuanto el mayordomo probó el agua convertida en vino, sin saber su procedencia, porque sólo los sirvientes lo sabían, llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo sirve primero el vino mejor, y cuando los invitados han bebido bastante, se sirve el corriente. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora”

1.-     Muy queridos amigos:

¿Para qué estamos utilizando los odres que Dios nos ha dado?

Aún cuando Cristo ha querido transformar el contenido de las purificaciones por un elemento de alegría, pareciera que los hombres preferimos almacenar en nuestros odres más los elementos penitenciales que los festivos, mucho más el rigor y el escrúpulo en la religión que la alegría y la flexibilidad en la buena nueva.

Y es que tal parece como si muchos de los cristianos prefiriéramos concebir la vida en Cristo como un desfile de personas amargadas con sus caras pálidas y  alargadas, lejos de entender que aquí no hay lugar ni para los aguafiestas ni para los que están a la fuerza, o porque no les queda de otra.

Y no faltan en nuestro tiempo, personas que gustan más de los odres del Antiguo Testamento que del Vino del Nuevo Testamento. Y no es que el Antiguo Testamento sea malo, no es malo pero sí es imperfecto, puesto que todo lo que es preparación está inacabado y lo inacabado no ha llegado a la perfección.

¿No te has dado cuenta como algunos de los que tocan a tu puerta de atosigan rezando de memoria los 678 mandamientos del Antiguo Testamento y desconocen que el amarnos los unos a los otros como Cristo nos ha amado es el mandamiento que nos hace cristianos.

Fíjate como algunos se molestan porque se les llama secta y ellos les llaman a los católicos luciferianos. ¿Qué será más ofensa y mayor falta de caridad? ¡Que incongruencia!

Cristo ha cambiado el agua de las purificaciones del Antiguo Testamento en Vino de alegría por el Nuevo Testamento.

Nosotros no queremos ser testigos de Jehová, puesto que esto se quedaría en la primacía del Antiguo Testamento. Nosotros somos cristianos porque en Jesucristo hemos conocido al Dios que nos ha amado hasta dar la vida por nosotros.

2.-     El Señor ha transformado el contenido de los odres en Caná de Galilea. Es necesario que le presentemos los nuestros.

Sé sincero, ¿Para qué utilizas los odres que Dios te ha dado? ¿Qué cosas hay en el fondo de ellos? ¿Hay elementos positivos o elementos negativos?

Los residuos negativos en la vida siempre nos provocan problemas.

Hablemos hoy, sobre el odre de nuestro corazón, y pidámosle a Dios que transforme nuestra tristeza en alegría, nuestros malos recuerdos en la más atractiva de las memorias y nuestro odio en reconciliación. Pidámosle que transforme nuestra agua estancada en el más exquisito de los vinos.

Y es que en nuestro corazón se conservan nocivos residuos, se guardan destructivos rencores y se almacenan resentimientos que nos intoxican.

Es increíble que muchos de nosotros hayamos creado y alimentado, o por lo menos permitido, esas circunstancias de rencor y de odio y vayamos amargando nuestro ser, nuestra vida y nuestra existencia.

Dáte cuenta de que soy yo el primer afectado por mi rencor, soy yo el que me esclavizo por mis resentimientos. 

El rencor no daña al que se le tiene, sino al que lo tiene y lo conserva, es allí en donde un nefasto sentimiento se transforma en resentimiento.

3.-     Hace falta que nos acerquemos a Cristo, a Aquel que puede transformar en luz el lastre de oscuridad que llevamos en el corazón.

Se nos dió la vida, un trozo de vida, un poco de tiempo, un poco de inteligencia, un pedazo de voluntad, y parece que el hombre quiere hacer de ésa vida una existencia de rencores y resentimientos, una vida en la que los residuos le van destruyendo por dentro.

Se nos dió una embarcación para recorrer la vida, y parece ser que el hombre la quiere llevar llena de lastres y hacer difícil su trayecto y hacer amarga su propia existencia.

Se nos han dado dos pies para caminar, y Dios nos quiere ligeros de equipaje para que caminemos con dignidad, pero parece que el hombre quiere llevar cargada esa losa que le esclaviza, y que tarde o temprano se convierte en su propio sepulcro, porque el hombre va muriendo por dentro.

Debemos liberarnos de aquello que nos esclaviza y como la crisálida se despoja del capullo para desplegar sus alas, debemos quitarnos las propias cargas, para que Dios transforme nuestra agua en vino. 

4.-     Y tú, ¿qué atesoras en los odres de tus recuerdos?

¡Recuerdos! Debemos darnos cuenta de que las personas están formadas de recuerdos. La mitad de lo que somos está determinado por nuestros recuerdos. Las cosas que suceden hoy en nuestra familia constituyen los recuerdos del mañana. Cualquier inversión en bondad, aliento y simpatía en bien de otra persona, es una inversión para toda la vida. Producirá abundantes dividendos en la vida de esa persona y en nuestra propia vida.

¿Te has dado cuenta? Hay recuerdos que suceden y hay recuerdos que se planean. Sí, algunos recuerdos suceden, como el primer día de clases, como el primer diente que se cae, como muchas otras cosas de la vida diaria. Pero otros recuerdos se planean, como la Navidad, los paseos y los cumpleaños. Me parece que es muy importante planear determinadas cosas, porque actúan continuamente como recuerdos en la mente y en el corazón de uno. ¿Sabías tú que la mitad de lo que somos está verdaderamente determinado por los recuerdos que llevamos dentro?

Pero más importante es que te dés cuenta de que las experiencias de hoy son los recuerdos de mañana. Y me parece que el recuerdo más importante que conservan los hijos, de su vida de familia, es el recuerdo del amor mutuo de sus padres.

Las únicas personas que conozco que no creen en el amor como una realidad permanente y digna de confianza, son aquellos que nunca han experimentado u observado el amor.

Los recuerdos son como esos discos compactos que siguen sonando en nosotros. Las cosas que nos han sucedido nos siguen llegando como un estribillo o como una pieza de música. Los recuerdos duran para siempre.

5.-     ¿Sabes? Barbara Bartocci escribió en 1988, un libro titulado “Los recuerdos perdurables” en el que narra el valor inestimable de... nuestros recuerdos.

Cuenta ella que, cuando su hijo Andy se iba a graduar de la Universidad ella salió a caminar con él por la playa. De pronto vio surcar en el cielo un par de aviones caza de la Armada estadounidense. Ella se le quedó mirando a su hijo mucho más alto que ella y le dijo:

-Tu padre se sentiría muy orgulloso de ti. –

En el rostro de Andy apareció entonces una extraña expresión.

-Mamá he pensado mucho en papá todo este año –murmuró, con un nudo en la garganta- Y... ¿sabes que es lo que más me duele?... Que no puedo recordarlo,... no recuerdo como era él...

Súbitamente, tras el joven atlético que miraba al cielo volví a ver al niñito tímido y solemne que Andy había sido a los cuatro años, cuando el avión caza de su padre se había estrellado durante la guerra de Vietnam.

-Me he esforzado muchas veces en... recordarlo... en imaginármelo... pero  no he podido. ¿Sabes? Me siento celoso de mi hermana Allison, mamá, porque era mayor que yo cuando papá murió. Ella sí lo recuerda-.

Guarde silencio. -Me asombró enterarme de ese hueco en la memoria de Andy, que yo nunca había sospechado. Mis propios recuerdos se desparramaron en mi mente: John con su uniforme de gala blanco de la armada cuando nos casamos... mi orgullo de cuando le prendí en su uniforme las alas de aquella insignia el día en que se graduó de la escuela de aviación... su rostro emocionadísimo cuando alzó en sus brazos a nuestra hija recién nacida, y después, a nuestro hijo.

Reviví la imagen de John, con Andy a caballo sobre sus hombros bajo el cielo de California un soleado día. ¡Cómo había reído Andy con la alegría de ese momento, hasta que le dolío la boca del estómago!

Yo nunca he podido olvidar esa escena tan bella, sin embargo mi hijo no lograba recordarla. Por más que se esforzaba, su padre nunca podía ser para él más que un fantasma o una figura vislumbrada en el reflejo del recuerdo de otras personas.

6.-     ¿Con cuánta frecuencia dejamos que se nos escape la esencia de los recuerdos?

Hoy te quiero decir que hay varias maneras de llenar nuestros álbumes mentales de recuerdos, de crear y retener remembranzas para conservar para siempre con nosotros la viva imagen de nuestros seres queridos.

Primero: hagamos inolvidable lo ordinario: y aquí los ritos familiares son fuente inagotable de algunos de nuestros mejores recuerdos. Para hacer inolvidables las cosas ordinarias sólo se requiere que estemos pendientes del simbolismo que los acontecimientos diarios tienen como metáfora del amor.

Segundo: Coleccione objetos de recuerdo: de esta manera, antes de arrojar a la basura sus cartas de amor o los primeros dibujos escolares de sus hijos, o algunas fotografías avejentadas, piénselo bien. Un día constituirán preciosos recordatorios. No crea que su desinterés en conservar tesoros familiares cuando tiene usted 25 años, habrá de durar toda la vida. Posteriormente quizá deseará haberlos conservado.

Tercero: prepare recuerdos para el futuro: Y es que todos tenemos estas oportunidades pero no todos las aprovechamos. A veces es algo sencillo: la decisión de un padre o de una madre de abstenerse de algún quehacer con tal de llevar a sus hijos de paseo por el parque durante una hermosa mañana o una apacible tarde. O hacer de repente una visita a algún vecino anciano, o quizá a ese anciano que es nuestro padre. Suele ser la suma de momentos como esos, cuando dedicamos tiempo a los demás, la que crea el bellísimo “collage” de nuestros recuerdos. Los fragmentos de amabilidad se van juntando a las demostraciones de afecto,  y juntos van integrando lo que serán las más hermosas remembranzas.

Y cuarto: Aprendamos a decir “te quiero”:      En lo personal, nunca olvidaré ese momento de aquel domingo 15 de abril de 1990 en que al salir de la Santa Iglesia Catedral revestido con mis ornamentos sacerdotales, mis padres me abrazaron y por primera ocasión escuche en labios de mi padre una expresión: “Hijo, te quiero”, “Tu madre y yo estamos orgullosos de ti”.

Con sus obras mi padre me lo había dicho tantas veces, con su trabajo, con sus cansancios y con sus desvelos, pero aquella ocasión fonetizó algo que tantas veces me había dicho en la elocuencia del testimonio, y aquello ha quedado grabado como uno de los momentos memorables en mi vida.

A algunas personas les cuesta más trabajo que a otras, pero aunque se diga torpemente, con vacilación o con un susurro, las palabras “te quiero” dichas a alguien querido crearán el más importante e imperecedero de los recuerdos.

7.-     ¡Oye!, hoy es tiempo, el Señor está sentado frente a nosotros en nuestro propio Caná. Revisa el odre de tu corazón y el de los tuyos y pídele a Cristo que transforme el agua de lo cotidiano en el suave vino de lo auténticamente cristiano.


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