Domingo 3 de Febrero de 2008_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

SEREIS BIENAVENTURADOS...

“En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces comenzó a enseñarles y les dijo:

 “Dichososo los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los que sufren, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia porque será saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”.

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Momento 2

Momento 3

Momento 4

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1.- Muy queridos amigos:

¡Cuánta razón tiene Gilles Lipovetsky, en el momento en que en su libro “La era del vacío” critica la incoherencia existente en esos grandes adelantos de nuestra época que nos han acarreado enormes fracasos en lo humano, al afirmar que hoy en día “Han desaparecido los sordos, los ciegos, los lisiados, pero ha surgido la edad de los que no quieren oír, de los que no quieren ver y de los que no son capaces de caminar ni de esforzarse en la vida.”!

Y, es que, tú estarás de acuerdo conmigo, sobre su existencia y corroboración  que nos es tremendamente inobjetable, y así, de esta manera, una de las enfermedades, quizá la más agresiva, que está afectando seriamente al ser humano de nuestro tiempo, radica en esa miopía en la que nos encontramos muchos seres humanos, pensando sólo en la inmediatez y olvidándonos de esa trascendencia que tenemos como nuestra propia vocación.

Vivimos de tal manera que pareciera que el ser humano pretende negar o, por lo menos ignorar que el buen Dios al crear al hombre, ha querido que en su propia constitución poseyéra una apertura hacia la trascendencia. El hombre tiene necesidad, está sediento, se encuentra en una ansiosa búsqueda de Dios.

2.-     Los cristianos predicamos al hombre como CAPAX DEI, es decir, capaz de Dios, y hemos adquirido la conciencia de que el fin último de todo ser humano ha sido perfectamente conocido en Cristo, y de que ese fin último Él nos lo ha señalizado en la eternidad.

Sin embargo, el hombre pareciera tener sus cualidades atrofiadas al estarse dirigiendo recurrentemente al camino contrario para el cual ha sido destinado. Y es entonces, que no se llega a la meta, que no se consigue nuestro verdadero fin, y se falla en el blanco. Y, sobreviene la frustación y con la frustración el más lamentable de los fracasos.

En nuestra comprensión de que el ser humano tiene grabado en su interior su propio proyecto y la meta de sí mismo y, más aún, por el conocimiento absoluto de la plenitud de la verdad que hemos obtenido en Cristo, fallar en el blanco significa para nosotros “perdernos a nosotros mismo”. Es precisamente en esta situación en donde tiene su consistencia el pecado y cada una de sus consecuencias para nosotros.

El Señor nos ha enseñado que el hombre que no es capaz de dominarse a sí mismo no es feliz.

3.-     ¡Qué lástima que el hombre se pase la vida negando el proyecto de Dios y quiera quedarse sólo en lo material y se olvide de lo espiritual, que se conforme con lo inmediato y que desatienda lo trascendente, que se engolosine con el placer pasajero y que abandone la esperanza de la eternidad!

No olvidemos que más allá de nuestra condición humana, que necesita de Dios y que reclama a gritos desesperados su presencia entre nosotros, también se encuentra aquella verdad que Jesucristo nos ha traído y esa invitación para que dirijamos nuestra mirada hacia las Bienaventuranzas, es decir, que el Señor nos invita a que creamos, esperemos y amemos un futuro perfecto en la bondad en el que saldremos de los límites de este tiempo y de este espacio.

Jesucristo nos invita a ser conscientes de que mucho más allá de nuestro rígido presente se encuentra la promesa de nuestra Vida Gloriosa con Dios.

“Seréis Bienaventurados” significa: que en el futuro nos espera la bondad, o por mejor decirlo como cristianos, en la eternidad nos espera Aquél que es la Bondad.

4.-     Y no obstante, los hombres seguimos cometiendo errores de fatalidad. La vacua sociedad en el presente nos seduce con sus falsas promesas de vida fácil y con sus propias propuestas de felicidad.

El hombre es un ser con sed de infinito en una sociedad que nos instala en el presente.

Nuestra sociedad se ha encargado de ofrecernos la felicidad en lo efímero, así en la sonrisa maquillada de los artistas; así nos oferta y nos vende la felicidad tanto en los viajes de placer como en los anuncios de la falsedad; así en los adelantos domésticos como en todo lo que al momento instantáneo produce el gozo de un placer. Y todos, la verdad es que todos hemos caído, un poco o un mucho, en la seducción de esa invitación para ser felices consumiendo, teniendo y gozando cuando la ocasión se nos presenta, y un día, si seguimos viviendo de esta manera, pagaremos la más dolorosa de las facturas.

Más aún, nuestra sociedad del consumo nos ha ido conduciendo al egoísmo, al individualismo y al olvido del otro como hermano y al olvido de Dios como Padre; y quizá lo más doloroso sea nuestro olvido de vernos a nosotros mismos como hijos, sin lo cual lo anterior, es obvio que desaparece o se desvirtúa. Los hombres nos hemos volcado hacia nosotros mismos y nos hemos olvidado de la fraternidad, de la solidaridad, de la caridad y... de la eternidad.

5.-     El Evangelio de este domingo, a través del realismo radical de las Bienaventuranzas, nos está invitando para que asumamos y que detectemos el reduccionismo de nuestra visiones, para que seamos conscientes de nuestras propias responsabilidades y para que seamos lo suficientemente maduros como para que así no le estemos reclamando a Dios al llegar ese día en que estemos pagando las consecuencias de nuestros actos y decisiones. Siempre que tú y yo sembremos tormentas estaremos cosechando tempestades.

La Palabra de Dios, nos debe hacer reflexionar sobre cómo en un sinfín de ocasiones la desgracia, la marginación o la injusticia se pueden generar a causa de esa corresponsabilidad activa o pasiva de cada uno de nosotros con este tipo de situaciones.

El que una persona viva situaciones de escasez o de dolor debiera cuestionarnos acerca de la cantidad de culpa que tenemos cada uno de nosotros en esa situación.

Desde este ángulo, será que podrermos entender las bienaventuranzas. Es bueno que comprendamos lo que Dios nos expresa en su Palabra: ni la pobreza, ni el llanto, ni el hambre, ni la persecución,... son dichosas en sí mismas. Lo son en la medida en que se viven cristianamente y en la medida que no nos alejan del camino de Dios, a diferencia de aquellos que alejándose de Dios van generando este tipo de situaciones tan dolorosas para sus hermanos.

6.-     Se trata en realidad de la lamentable coexistencia de personas, y por lo tanto, la posible corresponsabilidad emergida de la colindancia de situaciones tan contrastantes. Se trata de la pobreza en cuanto correlativa con aquella riqueza de un rico que convive indiferentemente con el pobre.

Sin que pretendamos excedernos de los propios espacios y sin que nos aventuremos a un juicio que no nos corresponde, por querer hacer un análisis estructural de las situaciones, deberíamos avanzar y comprender que una situación de correlación implica un lazo, un vínculo y por lo tanto cierta culpabilidad. Se trata de un concepto que supera la pura coincidencia temporal: implica que uno de los miembros se apoya en el otro o lo necesita para existir: el rico que necesita del pobre para existir como tal y que no le conviene su desaparición, aunque con ello se gane la propia desaparición eterna, y así el que ríe necesita del que llora y el satisfecho del que tiene hambre... Digamos que todo activo necesita de un pasivo para existir.

Quizá lo podamos y debamos comprender mucho mejor todos aquellos que nos preciamos de vivir en un mundo globalizado. Nuestro mundo está tan estrechamente unificado que difícilmente dejan de estar relacionadas unas situaciones con otras.

7.-     Este tipo de correlación nos permite comprender el lenguaje del Evangelio. Sin la comprensión de esta correlación el Evangelio podría convertirse en una valoración masoquista, y con ello patológica, del llanto, la pobreza, la hambruna, la sed, la persecución, el sufrimiento... Esta valoración sería totalmente ajena a una promesa de eternidad que se adjudica a cada una de las bienaventuranzas.

El Señor nos invita para que comprendamos que la salvación tiene una perspectiva universal, sin embargo el Señor ha querido hablar dentro de ese amplio horizonte de una puerta angosta, y exaltar a los que la usen en la fidelidad mientras que existe una clara denuncia para todos aquellos que fuerzan a su uso o que ante una disyuntiva concreta la evitan y optan por el amplio camino de la perdición.

Hoy debiéramos revisarnos todos aquellos que queremos acomodar el Evangelio a nuestra vida, muy lejos de amoldar nuestra vida al Evangelio.

¡Más claro ni el agua! Entendamos que el único paso autorizado a la vida eterna es el del compromiso personal y el de la decisión de tomar en serio las exigencias Evangélicas, sin intentar astutamente reducir el cociente de dificultades. Nuestra entrada a la eternidad no es cuestión de membresías ni de inscripciones, sino que es un asunto de amor. ¿Qué escoges?

8.-         Precisamente, nuestro cristianismo encuentra su fundamento en una postura ante la vida que cree en el triunfo del bien callado y de la labor no premiada; que cree en la elocuencia del testimonio y en la amplitud de las cosas ordinarias hechas con amor.

En la realidad, pasaremos a la amplitud del Reino, en la medida que vivamos la estrechez de una vida que sea consecuente con la amplitud de nuestro corazón. Y solamente así, nuestros horizontes se ensancharán si el corazón se dilata pasando por la puerta estrecha de la verdadera vida cristiana. La “estrechez” de la solidaridad, de la fraternidad y del servicio al hermano frente al egoísmo; la “estrechez” del propio control y de nuestro auto-dominio sobre el consumismo frente a la idolatría del dinero; la “estrechez” de la pureza y del amor sincero frente al amplio camino del solo placer y de un pansexualismo que domina a hombres y mujeres sin hacer alguna especie de distingos...

9.-     El acceso a la bienaventuranza del reino pasa por la cruz del trabajo cotidiano y de una vida auténticamente virtuosa. Hoy debemos elegir entre el placer inmediato o el acceso a la vida eterna.

Asimilemos, en fin, el programa de santidad que Jesucristo nos ha expuesto en el Sermón de la Montaña, cuya obertura son las bienaventuranzas que este domingo hemos leído y que se centra, motiva y fundamenta en la santidad misma de Dios a quien servimos y en nuestra esperanza de obtener la eternidad viviendo coherentemente y sin egoísmos nuestro presente.

LOS DOS MONTES MÁS DIFÍCILES DE ESCALAR.

 “En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces comenzó a enseñarles y les dijo:

 “Dichososo los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia porque será saciados.

1.-     Muy queridos amigos:

Dos montes nos sirven de referencia a un drama escrito con una tinta indeleble divina y con la tinta sangre humana en dos actos. En el primer acto nos encontramos expectantes en el Monte de la Bienaventuranzas y en el segundo acto nos encontramos exultantes al mismo tiempo que sumegidos en el silencio contemplando el Monte Gólgota. Aunque esto último parezca ser contradictorio, en realidad más contradictoria resultó ser la respuesta de los hombres.

Estos dos montes que son inseparables y aparentemente contradictorios, o por lo menos contrapuestos, como lo son el día y la noche, y la mar y el litoral de la tierra que le contiene nos presentan un solo mensaje.

2.-         Jesús, al inicio de su vida pública ha querido subir al primero de los montes y nos ha predicado las Bienaventuranzas, y no obstante, al final de su vida pública subirá al segundo de aquellos montículos para poner en práctica lo predicado. Sin duda el más grande mensaje, y me refiero al segundo, antecedido del más bello de los discursos programáticos.

Y es así, por aquello que aconteció en el segundo de los montes, el que todos nosotros y todos los hombres podemos llegar a ser conscientes de que las Bienaventuranzas son la esencia de nuestro cristianismo, pero será necesario que un día las intentemos vivir para que entonces nos acarreemos la ira del mundo y para que, ineludiblemente estemos dirijiendo nuestra existencia al segundo de los montes.

Y es que todo el mundo quiere ser feliz pero en otro camino muy distinto al de las Bienaventuranzas.

3.-     En las Bienaventuranzas se están desafiando las máximas humanas que escuchamos seductoramente en los corredores de la vida cotidiana: “Es que sólo se vive una vez”, “Hay que aprovechar al máximo la vida”, “El sexo sirve para el placer, no para el amor o la vida”, “cada quien es dueño de su cuerpo”, “tú no te traumes con tus prejuicios”, “el deber ser sólo se encarga de martirizarte”, “la mujer no debe reprimirse”, “Hoy todo se vale”, y en no pocas ocasiones se llega hasta manejar lo más sagrado: “Él nos dijo que nos amáramos los unos a los otros”, argumentaban unos homsexuales en la televisión...

Las bienaventuranzas se convierten en un atentado contra todas esas palabras programáticas que conforman el vocabulario de nuestro mundo de “éxito”: seguridad, riqueza, risa, popularidad, satisfacción, compensación, protagonismo, placer, sexo, venganza, violencia, comodidad, confort, dominio...

4.-     Y será así que Cristo responda a aquellos que dicen: No puedes ser feliz sino eres rico... Bienaventurados serán los pobres.

Cristo les precisa a aquellos que aclaman con soltura: No dejes que se salgan con la suya, tienes que acabar con ellos... Bienaventurados serán los misericordiosos.

Jesucristo escucha al mundo y responde con serenidad a aquellos que mencionan: Ríe y el mundo reirá contigo... Bienaventurados serán los que lloran.

Jesús ama y desea todo bien a los que opinan que: Si la naturaleza te ha dado instintos no debes reprimirlos... Bienaventurados serán los limpios de corazón.

El Señor, Siervo Doliente y varón de dolores, ofrece su dolor por aquellos que nos proponen: Procura ser popular y conocido... Bienaventurados serán los perseguidos.

Jesucristo ofrece la paz, que traspasa todo esfuerzo y anhelo humano, a aquellos que consideran que el tiempo de paz es para prepararnos a la guerra diciéndoles...Bienaventurados serán los pacíficos.

Cristo ha respondido a las malaventuranzas del mundo con las bienaventuranzas del Reino.

5.-     Y será así, que aquel día de las Bienaventuranzas, Cristo hubo firmado su sentencia de muerte. Será otro día, durante la hora sexta, que se escuchará que el martillo estará entonando su canto triste y los clavos penetrarán a través de la carne humana del Hijo de Dios, para con ello, estar ejecutando la sentencia.

Hoy el hombre,... y muchos pseudocristianos, quieren negar las Bienaventuranzas y afirman que Cristo vivió su tiempo y que nosotros vivimos el nuestro. En realidad, todos lo sabemos, el Sermón del Monte está en discrepancia de todo lo que el mundo aprecia, en aquel tiempo, en este tiempo y en todos los tiempos.

Y así, el mundo actual también se encargará de crucificar a todos los que intenten vivir tal Sermón, tal como Cristo mismo tuvo que morir. El Calvario es el precio del Sermón de la Montaña. El segundo Monte sobrevendrá a cobrar la factura del primero de los Montes.

Y es así, como nos vamos dando cuenta de que sí sólo las medianías sobreviven en este mundo, serán las actitudes firmes y las voluntades inquebrantables iluminadas por la gracia de Dios aquellas que nos llevarán a la vida verdadera.

6.-         ¿Sabes qué? ¡Déjale, déjale! Déjale que venga a predicar las bienaventuranzas y un día el hombre se encargará de exigirle el pago con su vida del más bello de los mensajes.

¡Déjale, déjale! Déjale que venga este mundo a hablar sobre los pobres... y Él mismo será tan pobre que así como no tuvo un lugar para nacer,  mañana no tendrá en donde reclinar la cabeza, y en el último de sus días tendrá necesidad de un sepulcro prestado para que descanse su muerte después de su muerte.

¡Déjale, déjale! Déjale que venga a este mundo que predica su mensaje de los fuertes, del rencor, de la venganza y del odio y que Él alabe a los que sufren... y Él mismo conocerá en carne propia lo que es el sufrimiento y los golpes.

¡Déjale, déjale! Déjale que venga a exaltar a los que lloran en este mundo que exalta la hilaridad y las componendas... y Él mismo recibirá burlas, risas y traición, y le coronarán con espinas para que también llore, no las lágrimas sino la sangre carmesí.

¡Déjale, déjale! Déjale que venga a este mundo satisfecho con sus verdades relativas y acomodaticias, y que ni acepta ni respeta la verdad absoluta y universal, para que entonces predique que son Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia... y ellos mismos, a través del consenso de las multitudes permitirán que se elija a Barrabás sobre el buen Jesús, que solamente se encargó de hacer el bien.

¡Déjale, déjale! Déjale que venga a este mundo violento y que sólo piensa en sí mismo, y que nos diga que son bienaventurados los que tienen misericordia,... y encontrará que para él no existirá la misericordia y que habrá cinco ríos de sangre que brotarán de su cuerpo mancillado, que el vinagre y la hiel saciarán su sed, y que una lanza se hundirá en su costado, aún después de muerto.

¡Déjale, déjale! Déjale que venga a este mundo que predica con todo tipo de altavoces el placer, la esclavitud de los instintos, la castidad como el sexo frustrado, la pureza como frigidez, la continencia como una anormalidad y la unión del hombre y la mujer hasta la muerte como algo insoportablemente existente sólo en los enfermos de la mente; déjale que venga a este mundo que dice que el matrimonio solamente dura cuanto duran las glándulas, que la carnalidad está sobre el espíritu y que las vírgenes son unas neuróticas, y que diga que son bienaventurados los puros y los limpios de corazón... y Él mismo se verá colgado de la cruz, y en su desnudez se convertirá en el más dolorosamente célebre de los espectáculos para los ángeles y los hombres.

¡Déjale, déjale! Déjale que venga a este mundo de venganzas y de hipocresías y que nos diga que son Bienaventurados los que luchan, los que se esfuerzan, los que se violentan, los que construyen la paz,... y entonces vendrán los ejércitos de los hombres para hacerle la guerra al Hijo de Dios y se impondrá violentamente la ley del acero y de los golpes, de los azotes y de las espinas, de los clavos y de la hiel y le colocarán un letrero en su suplicio y un centinela en su sepultura.

¡Déjale, déjale! Déjale que venga a este mundo de aduladores, de lambiscones y de hipócritas, y que nos diga que los perseguidos a causa de la justicia son los bienaventurados, y que seremos bienaventurados cuando nos injurien, nos odien, nos persiguen..., y Él mismo se encontrará sin un amigo, proscrito en la otra montaña, con una multitud enardecida que gritará hasta la locura: “crucifícale, crucifícale”, y con su carne colgando de su cuerpo como jirones de púrpura divina.

¡Déjale, déjale...! Él comprenderá que no pueden separarse las Bienaventuranzas de la cruz. Y tendrá que aceptar que las Bienaventuranzas concluyen en la cruz, y aprenderá y a amar esa cruz en donde muere el hombre viejo que llevamos todos los hombres dentro de nosotros.

7.-     Y también a nosotros, las Bienaventuranzas nos llevarán a la cruz..., y está sera nuestra propia historia y es nuestra oportunidad de acceder a la vida eterna.

Y es que sólo así, solamente así... podremos llegar a obtener el Reino de los Cielos prometido a los que son fieles...

Sólo así podremos ser consolados por Aquel que enjuga las lágrimas del alma con manos divinas en una fiesta imperecedera...

Sólo así heredaremos una tierra nueva en una herencia de eternidad que trasciende lo que es efímero...

Sólo así seremos saciados por aquel que nos invita a un banquete de eternidad en las Bodas del Cordero...

Sólo así obtendremos misericordia en un juicio que emerge del corazón de bondad que fue traspasado en el tiempo...

Sólo así podremos ver verdadera y plenamente al Dios de la bondad en una visión beatífica que trasciende nuestra visión difusa en un espejo atrofiado por nuestros sentidos...

Sólo así seremos llamados hijos de Dios en los labios de un Padre de misericordia que esperará nuestro retorno a aquella Casa de la que un día salimos a emprender la aventura de un hijo que tantas veces se sintió autosuficiente...

Sólo así será como obtendremos un premio grande en los cielos en una corona que no se marchitará jamás...

LA PARADOJA COMO CAMINO.

 “En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces comenzó a enseñarles y les dijo:

Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”.
1.-     Muy gentil amigo

El día de hoy que el Señor nos propone las Bienaventuranzas como camino y como proyecto de vida te quiero invitar para que, a la luz del Evangelio de este día, insertes en tu diccionario cotidiano un término y un concepto poco usual: la palabra Paradoja.

Paradoja en cuanto término se define como una contradicción existente entre dos cosas o ideas. En cuanto a método del pensamiento la paradoja es una figura mental que emplea expresiones o frases que envuelven la contradicción.

Digamos simple y sencillamente, para no complicarnos demasiado, que la paradoja es,… una contradicción...

2.-     El Señor Jesús solía usar la contradicción o la paradoja para enseñarnos las verdades de la eternidad: ¡el que tenga oídos para oír que oiga! ¡Tienen ojos y no ven! ¡Al que tenga poco se le quitará y al que tiene mucho se le dará aún más! ¡Fuiste fiel en lo poco se te confiará lo que es de gran valor! ¡Quieres quitar la paja en el ojo ajeno y no eres capaz de quitar la viga que tiene en el tuyo! ¡El que quiera ser el grande que se haga el más pequeño!, ¡Los últimos serán los primeros! ¿No te parece paradógica todo este cúmulo de enseñanzas?

Podríamos decir que el cristianismo es la religión de la paradoja, y esto nos lo recuerda el día de hoy el mensaje de las Bienaventuranzas. La paradoja aparece en las enseñanzas de Cristo y acontece con la vida misma de Jesús.

El Dios que se ha hecho hombre es una contradicción, y el Dios que ha dado su vida por nosotros en el segundo de los montes es la paradoja más radical de las que se predican en esta tierra. Pero, ¡pensándolo bien!, también es paradógica, para la razón no para la fe, la resurrección: Cristo resucitó y nosotros resucitaremos con un cuerpo espiritual. ¿No es esto una contradicción? ¡Cuerpo espiritual! ¿O es cuerpo o es espíritu? Pero el Señor nos dice que se trata de un cuerpo espiritual aquel con el que gozaremos de la eternidad prometida en las bienaventuranzas. Y nosotros creemos en Él y le creemos a Él.

3.-     Pero, vayamos por partes e iniciemos con la primera de las páginas de esta historia que ha llegado al primero de los Montes, aunque si fuésemos fieles al método de la paradoja tendríamos que empezar desde la última de ellas, que es la página de la resurrección, después del segundo de los montes, en donde la historia en realidad está comenzando...

No obstante, el que hoy estemos tan cercanos a la fiesta de la Presentación del Señor, que ayer celebramos, nos ofrece la posibilidad, cuando hablamos del nacimiento de Cristo de hallar que desde antes de su mismo naciento se encuentra la primera paradoja: una Virgen que concibe y que da a luz. Y así ha querido Dios que fuese la historia de la salvación.

Para el juicio humano el nacimiento del Hijo de Dios a través de una mujer tan sencilla y con un orígen tan humilde ella y por lo tanto Él, y que esto se mantienga a lo largo de toda la vida, es también una contradicción,... pero esto no es más que el principio de toda una historia paradógica.

4.-     El nacimiento en Belén, y todo lo que encierra, es una de las paradojas más grandes: allí se encuentra por un lado, la soberanía del Señor de la vida, y por la otra, su necesidad. Allí se combina la divinidad con la dependencia, la posesión de todas las cosas con el despojo del existir, la más grande de las riquezas con la más inocente de las pobrezas, la misma potestad infinita con la debilidad del infante.

Se trata del mismísimo Hijo de Dios, Él es el dueño de todo y de todos, que durante la noche ha pedido prestado un pesebre para nacer,...

Pero la historia continuará así de paradógica: ya que él mismo quiso pedir una barca para predicar, él fue el que tomó prestados de aquel joven cinco panes de cebada y dos peces para multiplicarlos y saciar a la multitud. Él pedirá un asno prestado para entrar a Jerusalén, y para la Cena de las cenas tendrá necesidad de un cenáculo prestado que se le acondicione; y en los momentos cruciales de discernimiento, el traspatio de aquel préstamo se convierte en el mejor lugar de encuentro con el Padre de bondad: el huerto de los olivos desde el cual eleva la plegaria de mayor confianza y de abandono que ha existido.

5.-     Se trata del divino menesteroso, como le llamó Don Manuel García Morente, y decir ésto es una paradoja: ¿un ser divino puede ser menesteroso o un menesteroso podría ser considerado un Dios? Al final, la historia terminará exactamente con el mismo tenor: morirá en el despojo total aquel que es dueño de todas las cosas y habrá necesidad de que se pida prestado un sepulcro vacío para que descanse Aquel que durante su vida y en la misma muerte, no tiene donde reclinar la cabeza. Y, ¡todavía más!, será en ese trozo de tierra prestado desde donde acontezca el milagro de los milagros: la resurrección gloriosa.

Y es que, a veces Dios se ha permitido tomar prestadas las cosas de los hombres para así recordarnos que todo procede de Él, y que todo le pertenece.

Toda la historia de Dios es de paradojas, y la paradoja no tiene otro mensaje sino el decirnos que para Dios no hay imposibles, aunque para los hombres esto no sea más que la espina de lo irracional, como Maurice Blondel le quiso llamar a los milagros: una Virgen que concibe y da a luz, una mujer estéril y anciana que da a luz al precursor, el agua que sale de la roca que golpea Moisés, un maná que aparece prodigiosamente en el desierto, el Dios que nos da a comer de su misma carne...

6.-     La paradoja, la contradicción... y así es todo el Evangelio: Sí solamente pensáramos en la profundidad de la invitación que nos hace el Señor a reconocer que: a aquellos que dan fruto Él los poda para que den más fruto, nos encontraríamos con la humana contradicción, se trata de otra paradoja.

Otras veces, al igual que hoy en la Bienaventuranzas, el evangelio nos sitúa frente a comportamientos moralmente heróicos, humanamente contradictorios. Son como una “provocación” al heroísmo de la vida: ¿Amar a los enemigos? ¿Castidad de por vida? ¿Alegría en el sufrimiento? ¿Renunciar a sí mismo por los demás? ¿Perdonar de corazón al hermano? ¿Perder la vida para ganarla?...

7.-     Y, ¿qué tal lo que se nos dice el día de hoy? El dolor, las lágrimas, el hambre, la sed, las persecuciones,... todo esto no lo elijo yo conforme a un comportamiento regido sólo por mi humanidad. En realidad no llegan cuando yo lo preveo, ni de la manera más fácil para afrontarlos, ni “de donde” me los esperaba.

Una sola pregunta, ¡bueno! Mejor varias: Conociendo el contenido de este Evangelio ¿Estamos preparados para obtener el Reino de los cielos?, ¿para ser saciados por Dios?, ¿para heredar la tierra de la plenitud?,... ¿Estamos preparados para obtener su misericordia?, ¿para ser llamados hijos de Dios?, ¿para obtener la recompensa en la eternidad?...

¡Fíjate como el día de hoy, el Señor difiere de los discursos humanos! Su propuesta es la de la paradoja: Bienaventurados los pobres, los que lloran, los que sufren,... Bienaventurados los que tienen hambre y ser de justicia, los perseguidos por cauda de la justicia, los que luchan por la paz...

¿Se trata acaso de un juego de palabras? ¿Es esto una adivinanza? ¿Son una utopía o una mera posibilidad estas palabras del Señor Jesús? Pareciera esto, en definitiva,  una errónea estrategia, o mejor dicho la antiestrategia, en esa búsqueda de discípulos, se trata de un programa poco atractivo y escasamente alentador, o mejor dicho el antiprograma, en el mismísimo principio de su ministerio.

8.-     Si quisiéramos utilizar un juego de palabras diríamos que este Evangelio parece una negación de la afirmación o, mejor dicho, una afirmación de la negación. Pero, ¿sabes?, nos presenta una verdad que se ubica en el tiempo y el espacio, aunque de la misma manera, se trata de una verdad que trasciende el tiempo y el espacio, y que se proyecta a la eternidad.

Se trata de la negación de esas rimbombantes afirmaciones del mundo y de la afirmación de todo aquello que el mundo detesta en su comodismo.

El Señor en las Bienaventuranzas nos invita a perder la vida para ganarla. ¿No estaremos hablando de la oposición a la alegría?

9.-     Y así es la historia del cristianismo: aquí los verdaderamente grandes son los más pequeños, los más pobres son los más ricos, los más débiles son los más fuertes, los últimos son los primeros, los más importantes son los que sirven, los que pierden su vida son los que la están ganando,...

Y los hombres encontraron verdaderamente bella esta enseñanza contradictoria y sobre todo la paradoja de su vida y de su entrega. Y, de esta manera, por Jesucristo se construyeron majestuosos edificios como la Catedral de Chartres, la Basílica de Notre Dame, el Domo de Milán y el Domo de Florencia,... por Él grandes santos como san Francisco de Asís y la Madre Teresa de Calcuta han dedicado gozosamente su vida a servir a Dios y a los hombres. Para mayor gloria del mensaje de la paradoja cristiana Bach y Mozart compusieron, el Greco y Rafael pintaron, Miguel Angel esculpió y Gian Lorenzo Bernini construyó, San Agustín escribió, Santo Tomás de Aquino profundizó y Pascal plasmó sus pensamientos.

La religión que Él nos ha dado es una forma de vida, no una forma de pensar o un conjunto de preceptos. Cuando alguien vive realmente la experiencia de la paradoja, la religión cristiana vive. Sólo en la experiencia de la fe queda en claro lo que Jesús significa.

10.-   El secreto de su poder sobre el corazón y la mente de los hombres estriba en sus enseñanzas, al mismo tiempo tan puras, tan majestuosas, tan sencillas y tan divinas. ¡Tan paradógicas!

Jesús pidió a sus discípulos más de lo que ningún otro maestro u hombre haya pedido: hacer el bien a aquellos que nos hacen daño, y orar por quienes nos persiguen; cuando te den una bofetada ofrecerle la otra mejilla, y cuando te despojen del manto ofrecerle también la túnica, si te piden caminar mil pasos caminar dos mil.

Jesucristo ha usado la paradoja de una forma maravillosa para iluminarnos: ¡El amor es al mismo tiempo lo más frágil y lo más fuerte que existe! y esta es la más grande de las paradojas, si no lo quieres creer, contempla la cruz que tienes en tu habitación y que nos recuerda la segunda de las montañas.

El Señor no nos engaña. Él nos presenta las exigencias del Reino en las Bienaventuranzas.

Revisemos: ¿Cuántos de nosotros por evitar el sufrimiento y el dolor, queremos distraernos de nuestra misión y de nuestra renuncia?

En la realidad, estamos perdiendo la vida cuando no hemos hecho el bien a los demás, cuando no nos hayamos entregado... y, es entonces, que estamos perdiendo la posibilidad de la vida eterna en la Bienaventuranza.

EL ANTISERMÓN O EL SERMÓN DEL HOTEL.

 “En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces comenzó a enseñarles y les dijo:

 “Dichososo los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los que sufren, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia porque será saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”.

1.-     Muy queridos amigos:

Soy consiciente de que lo que te voy a compartir te puede provocar un enfado y que hasta podría generar tu permanente rechazo para este espacio, y créeme que soy el primero en reconocer y respetar tu reacción, pero no obstante quiero dejarte que seas tú el que decidas aprobar o no aprobar la parte de verdad que poseen las siguientes líneas del pensamiento.

2.-         ¿Sabes? Hace veinte años, cuando un servidor apenas contaba con 22 años de edad, leía uno más de los libros de uno de mis autores preferidos de aquel entonces,... y de este entonces. Ya había leído La Humanidad Nueva, El Proyecto de Hermano, El Clamor del Reino, Su tesis doctoral: Carne de Dios, y después leí entre otros El factor cristiano. El libro al que me quiero referir es uno pequeño titulado: Mitos, Sueños y Realidades del Rabino Ben Shalom, en el cual se presentan una serie de narrativas entre las cuales se encontraba la del Sermón del Hotel, en contraposición clara a lo que el Evangelio nos presenta el día de hoy pero con una clara referencia a lo que los periódicos de ayer, hoy y mañana nos narran de nuestro mundo y de esta nuestra ciudad. Nos puede molestar esta referencia, pero ojalá que también nos pueda hacer pensar:

De tanto repetirlo y saberlo de memoria, pocas cosas se han vuelto más insignificantes que el Sermón de la Montaña.

Para recuperar su significado puede ser útil compararlo con el sermón espontáneo de nuestro propio sentido común.

El mesías apareció en una sala de gala del Hotel Hilton. El cubierto costaba 25,000 pesetas. Y el mesías, viendo que estaban allí los suyos, abrió los labios y les enseñaba diciendo:

“         Dichosos los ricos, porque la ciencia y las leyes les darán la razón.

Dichosos los agresivos, porque se comerán el mundo.

Dichosos los que ríen, porque ellos serán envidiados.

Dichosos los que están hartos y no pasan hambre ni sed, porqué serán tenidos por justos.

Dichosos los inmisericordes, porque no les alcanzará la miseria.

Dichosos los turbios de corazón, porque sólo verán lo que les conviene.

Dichosos los que construyen armas, porque serán llamados bienhechores de la Humanidad.

Dichosos los que persiguen a quienes luchan por la justicia, porque de ellos es el reino de la tierra.

Dichosos seréis cuando hablen bien de vosotros y os asignen las virtudes tópicas, mintiendo porque sois mis amigos. Dichosos cuando censuren toda crítica contra vosotros. Alegraos aquel día, porque habréis conseguido la máxima recompensa en la tierra. Pues así se ha hecho siempre con todos los que triunfan.

Oísteis que se dijo: “Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen”. Pero yo os digo: acabad con vuestros enemigos y no cedáis a la debilidad con ellos. Porque, si se conmueven las entrañas, ¿qué ventaja sacaréis de ello? ¿Acaso no puede ocurrirle eso mismo a cualquier ser humano? Y si os comportáis como seres humanos, ¿no tendréis que dejar que vuestro sol luzca para todos?

Oísteis que se dijo: “No matarás”. Pero yo os digo: todo el que no lleve su cólera hasta el final será tenido por estúpido ante vosotros. Y si tienes algo contra tu hermano, ve a llevar una ofrenda al altar, mientras acaban con él tus mercenarios. Y por la noche serás el más feliz de los hombres.

Y cuando hagas limosna, que pregone tu mano izquierda todo lo que está haciendo tu derecha. Porque, si no, ¿de qué te servirá la limosna que das? Encárgate de que salga al exterior, y los hombres, que miran al exterior, te darán la paga.

No atesoréis tesoros en vuestra conciencia, donde nunca podréis disponer de ellos. Atesoradlos en bancos suizos, donde no lo conocen vuestros enemigos y donde ni la Policía ni los jueces los harán desaparecer.

Nadie puede servir a dos señores, porque tendrá que estar contra el uno o contra el otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: servid al dinero, cuya existencia y cuyo poder son mucho más evidentes que los de Dios, y cuya recompensa es infinitamente más segura.

Y cuando queráis orar, decid: “Señor, santificaremos Tu Nombre mientras perdure nuestro reino y se cumpla nuestra voluntad en la tierra como la Tuya en el cielo”.

Todo el que escucha mis palabras y las pone en práctica se parece a un hombre sensato que edifica con buenos cimientos. Y cuando vienen huracanes o riadas, la casa resiste. Pero el que oye mi palabra y vacila se parece al hombre que edifica sobre arena: al primer golpe de viento se le derriba la casa...”.

Y cuando el mesías acabó de hablar, se maravillaban las gentes, porque hablaba con autoridad y tenía toda la razón del mundo.

3.-         ¿Verdad que te ha enfadado? ¿Negarás que este tipo de reflexiones nos generan incomodidad a no pocos? ¿Dime si de pensarlo un poco antes de rechazarlo no nos genera este pensamiento un poco de insomnio?

Y todavía se atreve José Ignacio González Faus a ponerle una post-data: Según confirman los investigadores más fidedignos, este mesías no fue condenado a muerte por nadie. En realidad, ni el Imperio ni el Sumo Sacerdote tenían nada contra él: incluso aceptó refrendar su título en unas elecciones democráticas, y salió reelegido cuantas veces acudió a ellas. De este modo se evitó el género humano la trágica necesidad de recordar ningún Viernes Santo. Tan sólo hubo que lamentar algunos miles de muertos, pero todos ellos tercermundistas, por supuesto.

4.-     ¿Y dime? ¿No es esto lo que ha generado este “mesías” llamado globalización en el rostro de nuestro pueblo latinoamericano. El Documento de Aparecida expresa sobre esto lo siguiente:

 “       La globalización hace emerger, en nuestros pueblos, nuevos rostros de pobres. Con especial atención y en continuidad con las Conferencias Generales anteriores, fijamos nuestra mirada en los rostros de los nuevos excluidos: los migrantes, las víctimas de la violencia, desplazados y refugiados, víctimas del tráfico de personas y secuestros, desaparecidos, enfermos de VIH y de enfermedades endémicas, tóxicodependientes, adultos mayores, niños y niñas que son víctimas de la prostitución, pornografía y violencia o del trabajo infantil, mujeres maltratadas, víctimas de la exclusion y del tráfico para la explotación sexual, personas con capacidades diferentes, grandes grupos de desempleados/as, los excluidos por el analfabetismo tecnológico, las personas que viven en la calle de las grandes urbes, los indígenas y afroamericanos, campesinos sin tierra y los mineros.

5.-         Ciudadanos de nuestro tiempo: En el nombre de Dios y en el nombre del hombre, ¡no maten!, ¡No preparen a los hombres destrucciones y exterminio!, ¡No envenenen a nuestra juventud!, ¡No despojen al corazón de la inocencia y al cuerpo de su pureza!, ¡Piensen en sus hermanos que sufren hambre y miseria!, ¡No propicien la desintegración de nuestras familias!, ¡Respeten la dignidad y la libertad de cada uno de los hombres!, ¡No conviertan nuestras calles en campos minados ni en espacios cinegéticos!

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