Domingo 4 de Febrero de 2007_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

CONFIANZA Y ESFUERZO PARA SER PESCADORES DE HOMBRES

“En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la Palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra, echaré las redes”. Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!” Porque tanto él como sus compañeros estaba llenos de asombro al ver la pesca que había conseguido. Lo mismo pasaba a Santiado y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron”.

Momento 1

Momento 2

Momento 3

 

1.- Muy querido amigo:

El texto del Evangelio de este domingo me ha traído a la memoria aquel texto conocido de espiritualidad como la Fórmula de San Ignacio de Loyola “De tal manera debemos esforzarnos como si todo el éxito dependiera únicamente de nuestro esfuerzo; y al mismo tiempo, de tal manera debemos confiar en Dios como si todo dependiera exclusivamente de Él”.

¿Sabes? Evitando el riesgo herético de aquellos que proponían entre Dios y el hombre una igualdad de fuerzas, que las equipararía, concibiéndolas prácticamente como idénticas, tenemos que hablar del Dios que ha querido darle un lugar al hombre y que ha respetado ese lugar que le corresponde al hombre. Tenemos que hablar de aquello que San Ignacio de Loyola llegó a comprender cuando hablaba de la importancia que tiene tanto el esfuerzo humano así como nuestra plena confianza en Dios.

2.-     Dios es el dueño y el Señor de todo, pero ha querido requerirle al hombre su digna participación en la historia de la salvación. Recordemos que Dios ha querido necesitar de un pesebre para nacer, de agua para convertirla en vino, de 5 panes y de 2 pescados para alimentar a una multitud, y hoy, de una barca para predicar, así como de las redes, pero también de la confianza y del esfuerzo de San Pedro y de su hermano para realizar la pesca milagrosa. Y así continuará esta historia de Dios y de los hombres: Dios después querrá necesitar de un borrico para ingresar a la ciudad santa y de un cenáculo para entregársenos en el sacramento que nos ofrece el Pan de la Vida y el Cáliz de la Salvación, él querrá requerir de un sepulcro para en él poder descansar el sueño de la muerte, e incubar en su silencio la verdadera Vida de los hombres.

3.-     El Evangelio nos dice que Dios sabe esperar en el hombre y que confía en él, y que ha querido correr el riesgo que brota del amor, como para darle un lugar muy especial a su esfuerzo y a participación, al mismo tiempo que le pide al hombre que confie en que Él lo puede todo. Digamos en el inicio de este mes de Febrero que es ese ejercicio del amor auténtico que como lo definía Gabriel Marcel: Amar a alguien es esperar siempre en él... Y tiene razón cuando hemos dejado de esperar en una persona es porque hemos dejado de amarle.

La historia de Dios en la historia del hombre es la historia del Dios que quiere que el hombre tenga la confianza de que las cosas pueden ser mejor sí es que acepta que Dios es el primero que confía en él. Así sucedió en aquel amanecer del Mar de Galilea. “-Toda la noche hemos trabajado en la pesca y no ha caído nada-”. Cristo nos invita entonces a no perder la confianza, nos invita aintentarlo una vez más, aún y a pesar de aquella pesca infructuosa de la noche precedente, fiándonos en su Palabra, y en su persona.

Se trata del Dios que puede callar las balbuceantes palabras de nuestra ingrata experiencia y de nuestras desilusiones, para que su Palabra se convierta en el verdadero imperativo de nuestra vida.

Y, es aquí, en donde tenemos que comprender que la mayor parte de nuestros problemas no tienen otra ubicación y otro inicio sino en esa nuestra tentación a que en el cansancio surja el desaliento y la desilusión, provocadas por nuestros fracasos, y nuestra impotencia ante nuestra pretensión de autosuficiencia. O, por mejor decirlo ya desde ahora, el olvido del hombre de que sus capacidades verdaderas se manifiestan en la capacidad de un Dios que nos invita a confiar en Él, pero también a comprender que sin Él no podemos nada.

Para el creyente en Jesús todo tiene solución. Lo que sí se convierte en insolucionable suele ser nuestra propia actitud de resistencia ante aquello que se antoja humanamente absurdo, y peor aún nuestra incapacidad que brota de nuestra no aceptación de aquello que viene con su Palabra. Los resultados insospechados serán la ocasión que Dios está buscando para manifestarnos la fiabilidad de sus mandatos y de su acción que quiere que sea conjunta con la nuestra.

4.-     ¿No lo quieres creer? Entonces revisemos la escena del Evangelio.

San Pedro es un viejo lobo de mar –digámoslo con respeto-, es un hombre habituado a los mares, a sus artes y oficios. Es el hijo de Juan el pescador, y es un técnico en redes y mareas, conoce todos los cursos que sobre estas lides podrían enseñársele y posee, digámoslo así, todos los recursos que humanamente puede tener. ¡Bueno, casi todos!

Y, ante el mandato de un Carpintero, de Aquel que vivió toda su vida en la lejanía de este mar, que puede conocer de maderas, pulimentos y muebles, pero no de mares ni de peces, de Aquel a quien el Monte Tabor le marca una frontera geográfica, antes de que pueda acercarse a este lago, san Pedro le responde con la obediencia.

El versado pescador de aquellos mares vuelve entonces a lanzar las redes en la dirección que le manda con tanta seguridad Aquel que le convertirá en Pescador de Hombres, no en virtud de esperanzas humanas, sino únicamente en la obediencia total a Dios: “Señor, en tu nombre, sólo porque tú lo dices, lanzaré otra vez la red”. Y lo que pudo antojarse como si fuera un verdadero absurdo se convierte en un auténtico y memorable milagro.

Se trata de uno de esos tantos hechos, calificados como absurdos, y que suelen acontecer en la vida de aquellos que confían en Aquel que puede convertir lo imposible en posibilidad y nuestros fracasos en nuevas y oportunas adquisiciones.

5.-     Esto lo afirmaba San Cipriano en sus predicaciones cuando advertía a los cristianos que Dios le había encomendado: “         Esta es la diferencia entre nosotros y los que no conocen a Dios; estos en la adversidad se quejan y murmuran; y a nosotros, las cosas adversas no nos apartan de la virtud, sino que nos afianzan en ella.”    

Y es que debes saber que el esfuerzo y la confianza nos serán exigidos y son estas virtudes las que dimensionarán de una forma distinta nuestra vida. La vida que vivamos es la mejor forma de predicar y de comunicar un poco y un mucho de nuestro ser bautizados a un mundo que necesita nuevos pescadores. Enfoquemos nuestra mirada a la enfermedad y podrás mostrar tu propia aprobación ante lo que dice G. Colombero en su libro: La enfermedad, una oportunidad para el valor: “Mil personas afectadas por la misma enfermedad ofrecen mil modos diferentes de ser hombres. Uno sale de la enfermedad siendo más hombre y otro menos, uno más adulto y otro más niño; hay quien sabe esperar y lucha contra toda evidencia, y hay quien considera muy ardua la esperanza; hay quien abdica después de tres días, y quien no lo hace ni siquiera después de diez años” .

El cristiano sabe que aunque la mar le niegue en variadas ocasiones la buena pesca, uno no debe desesperar y debe ofrecerle a Dios los dos regalos referidos: esfuerzo y confianza. Patt Barnes nos narra en el Guideposts la siguiente anécdota de vida: La vendedora de flores sonreía; su arrugado rostro resplandecía de gozo. Por impulso, tomé una de sus flores.

Se ve usted muy feliz esta mañana – le dije.

-¡Claro! – exclamó-. Sobran los motivos.

Aquella mujer vestía tan pobremente y se veía frágil, que su actitud me intrigó.

-Sobrelleva sus problemas admirablemente – la elogié.

Ella me explicó entonces:

-Cuando crucificaron a Cristo, el Viernes Santo, fue el día más triste de la historia. Y tres días después, Él resucitó. Por eso yo he aprendido a esperar tres días siempre que algo me aflige. Las cosas siempre se arreglan de una u otra manera en ese tiempo.

Seguía sonriendo al despedirse de mí. Sus palabras me vienen a la mente cada vez que estoy en dificultades: “Hay que esperar tres días.”

6.-     Muy querido amigo:

El cristiano debe esforzarse en lo humano y confiar en lo cristiano en que nuestra pesca será generosa aún en medio de esa mar caprichosa que en ocasiones pareciera burlarse de nuestros esfuerzos y nunca debemos perder la confianza.

Esfuerzo y confianza nos pedirán las estaciones de nuestra vida, tanto para soportar los vientos helados de las dificultades y las tormentas que en ocasiones parecieran destrozar el corazón. Esfuerzo y confianza son necesarios para resistir nuestros inviernos y aguardar serenamente los días de abril.

Esfuerzo y confianza son necesarios, si somos capaces de comprender que durante nuestros días vivimos momentos de sol y momentos nublados y, que durante nuestras noches la luna suele ser tan cambiante, y que cuando parece haber llegado a la plenitud inicia el decrecimiento. Esfuerzo y confianza tienen que hacerse presentes para no temerle a los cuartos menguantes de la vida y saber esperar los crecientes.

Esfuerzo y confianza serán las herramientas necesarias de aquellos que han escuchado la invitación para ser pescadores de hombres en estos mares siempre cambiantes en los que vamos navegando. Ser pescadores significa tener paciencia y significa saber esperar.

Dios quiere necesitar de ti y de mí. La barca y las redes le pertenecen a san Pedro, pero la iniciativa y el milagro le pertenecen a Dios.

Entendiendo que Dios y el hombre no son magnitudes simétricas, pero con nuestra confianza puesta en Él y con la dignidad de nuestro esfuerzo podremos conseguir pescas abundantes en nuestra vida. ¡Solamente así!

 

PESCADORES Y NO SEMBRADORES.

“En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron”.

 

1.-     Muy queridos amigos:

Jesucristo, El Señor, en su sapiente y divina pedagogía aplicada al mensaje de la salvación de todos los hombres, gustaba de utilizar una infinidad de recursos destinados a que el hombre adquiriera una mejor comprensión del mensaje Divino.

Uno de esos muchos recursos utilizados es el de los oficios que los hombres efectuaban en su tiempo: De esta manera, al invitar al hombre a  trabajar a favor del Reino de los Cielos, el Señor, analogaba este quehacer con los oficios de aquellos tiempos para con ello manifestar las cualidades que se esperan de nosotros.

Pastor, Carpintero, Administrador, Mayordomo, Comerciante, Constructor, Estratega Militar, Rey, Gobernante, Sastre, Juez, Viñador, Vinicultor, Posadero, Sacerdote, Levita, Recaudador de Impuestos, Médico, Jardínero, Alfarero, Costurero, Ama de casa,... son solamente algunos de los muchos oficios referidos por el Señor en su enseñanza.

2.-     Pero, sin lugar a dudas, aquellos quehaceres que son comúnmente asociados, y que más son utilizados, para referir la labor de Cristo y la de sus apóstoles son los oficios del Sembrador y del Pescador. Estos son los dos oficios que no escapan de nuestra memoria ni de nuestra referencia cristiana.

El día de hoy en que el evangelio nos trae a nuestra reflexión esta invitación del Señor: "¡No temas desde ahora serás Pescador de hombres!" resulta necesario que clarifiquemos principalmente las actitudes que encierra este oficio para que así asimilemos la actitud que nos invita a cultivar.

3.-     Muy queridos hermanos:

Como un mecanismo de ayuda, o como un método de asimilación, el día de hoy podemos utilizar el contraste y la comparación, es por ello que en este día quisiera referir esos dos oficios más usados y que ya he mencionado, para que entonces distingamos sus diferencias y captemos la invitación que el Señor nos hace cuando quiere que seamos Pescadores de hombres.

4.-     Primero hablemos del agricultor,... se trata de aquel que todas las mañanas, cuando el día está todavía oscuro, se encamina automáticamente por el sendero que lo lleva hacia su terreno de cultivo. Incluso, su vereda está trillada de tanto ir y venir por el mismo lugar. Se trata de un camino andado y desandado, que lo conoce a la perfección como si fuera la palma de su mano. La vida de todos los días llega a tal punto que hasta sus animales van y regresan solos por el campo. Su itinerario es, hasta cierto punto, rutinario, ¡siempre el mismo! Recorre siempre el mismo camino que sus abuels y padres ya han recorrido. Sus hijos y sus nietos, sin lugar a duda, continuarán recorriendo la misma senda. El ya conoce en dónde se encuentra la piedra, dónde está la nopalera, en donde se ubica el árbol, en donde estará beneficiando la sombra al medio día, dónde se encuentra el lugar estratégico para ingerir sus alimentos.

5.-     A diferencia de todos lo anterior, el caso del pescador es muy distante y mucho muy distinto. En el mar no existen los caminos prefabricados, ni las veredas, mucho menos seguridades. Siempre se habrá que ir por nuevos derroteros y las anotaciones de la bitácoras de viaje se convierten en historias por reconstruir pero nunca en guías de recorrido. Nunca las olas son las mismas, ni puede ser la misma su intensidad, así como las corrientes submarítimas. Cada día el viento sopla distinto y hay que inventar un camino nuevo y acomodar de forma nueva la vela o sacar los remos para utilizarlos. El clima será siempre nuevo y distinto. En ocasiones se encuentra con un mar apacible, pero las más de las veces la mar está furiosa. En ocasiones, el viento sopla benefactoramente en la Popa y en otras sopla contra la Proa. El mar es caprichoso, en ocasiones por más esfuerzo que se imprima, la pesca se niega y en otros momentos pareciera que el mar está vomitándonos los peces.

Todas las mañanas el buen pescador tiene que pararse frente a la mar y preguntarle al Señor: "Dios, y ahora, ¿por dónde?, ¿dónde están los peces hoy?". El pescador pareciera repetir cada día con el salmista aquel hermoso Salmo 25: " Muestrame, Señor, tus caminos. Haz que tu senda pueda encontrar". (Sal 25,4).

El Pescador depende cada día de una cierta reflexión y de un contínuo cuestionamiento. Sabe, y esto es lo mejor de todo, que no tiene el camino hecho. El pescador tiene que ser creativo y siempre original. El mar con todas sus variantes se convierte en un desafío contínuo y diferente, y cuando parece que dominamos todos los factores habrá una nueva lección por aprender. Caprichoso pareciera ser el mejor de los apelativos que a la mar se le puede atribuir.

6.-     El sacerdote, y con él todos los cristianos, como nuevos Pescadores de hombres, cada día debemos también preguntarle a Jesucristo el camino que deberán de recorrer. Ellos dependen diariamente de Dios y no de un camino prefabricado.

Y no obstante, muchos de nosotros lejos de querer ser pescadores optamos por ser sembradores. Y no tiene problemas el oficio sino nuestras actitudes, y es que el Señor quiere que la labor evangelizadora tenga el dinamismo del pescador más que el costumbrismo del sembrador.

Muchos evangelizadores como si fuéramos labradores del campo del Señor hemos convertido nuestra labor apostólica en un camino super trillado. De esta manera al impredecible viento del Espíritu lo hemos esquematizado en un sistema y en un programa. Hemos convertido el viento impetuoso del Espíritu Santo en una especie de minisplit que manipulamos y que hemos acondicionado a nuestro beneplácito, que se puede regular de acuerdo a la comodidades o incomodidades del momento. Realizamos nuestra acción apostólica como recorriendo un camino rutinario, donde no hay lugar para esas sorpresas siempre gratas que nos ofrece el Espíritu Santo que lo mismo se manifiesta como una suave brisa que como un viento impetuoso.

7.-     Pero vayamos por partes, y apliquemos este evangelio en lo inmediato a la vocación sacerdotal y, después al matrimonio.

Los sacerdotes del Señor hemos de abrir las velas de nuestra embarcación al viento del Espíritu Santo, para dejarnos conducir por su misterioso soplo que nunca es igual. Así como el Pescador tiene que renovar su rumbo cada mañana, el sacerdote cotidianamente se debe arriesgar hacia horizontes desconocidos, guiados sólo por el poder del Espíritu Santo.

En lo personal, en el camino de mi vida tanto vocacional como ministerial he podido entrar en contacto con muchos sacerdotes sumamente creativos, se trata de personas con inventiva, ministros sagrados que, en el Señor que hace nuevas todas las cosas, están sedientos de originalidad y cada día lo viven como un nuevo reto.

Por desgracia algunos otros, ¡no pocos!, pareciéramos tener un recetario que soluciona cualquier situación, somos aquellos que solemos decir: ¡Ah, este domingo toca este Evangelio!, ¡Ah, ya se está acercando la cuaresma!, sólo faltan 17 días, y sacamos de unos cajones llenos de polvo un montón de papeles avejentados en los que tenemos escrito todo lo que hay que hacer en la cuaresma, en la navidad,... y así todos los años y así toda la vida...

¡Qué lamentable que no vivamos la intensidad de una vida que tiene que ser siempre nueva, y que nos presenta siempre nuevos retos! Créemelo, este mundo en el que estoy viviendo, no es en lo mínimo el mismo que conocí cuando me ordené sacerdote hace casi diecisiete años, y este mundo por lo tanto me está exigiendo respuestas nuevas a problemas nuevos. Si así es, en lo referente a mis pocos años de ordenado, entonces podrás imaginarte que aquello que estudie en la universidad ha tenido que ser actualizado en un sin fin de ocasiones. Bastaría que sólo consideráramos uno sólo de los siguientes aspectos que nos exigen severamente: la violencia en nuestra ciudad, o el índice en el consumo de estupefacientes, o el número de divorcios, o las variantes en la apreciación de la sexualidad, o el consumo de alcohol de parte de las mujeres, o el calentamiento global que ha llevado a varios países a apagar por quince minutos el abasto de energía eléctrica de los monumentos emblemáticos,... ¿Te fijas como tenemos que asimilar que el Evangelio es el mismo y jamás cambiará, pero que esta mar de su pueblo y del mundo exige que innovemos nuevos métodos para pescar en un mar tan cambiante y al mismo tiempo tan amado?

Los sacerdotes debemos trascender nuestros caminos archiconocidos de pastoral ya obsoleta y aventurarnos a incursionar en nuevos derroteros en el mar de la evangelización, desplegando nuestras velas e innovando nuevos vehículos para adentrarnos en este mundo en el que nos ha tocado vivir y al que debemos evangelizar.

Debemos usar toda la astucia y el atrevimiento para propagar el Evangelio, aun por los medios hasta ahora imposibles. El Señor escogió valientes pescadores y no rutinarios labradores. Estamos llamados a ser pescadores de hombres.

8.-     Y, ¿qué decir sobre el matrimonio cristiano?

La creatividad es la más elemental de las cualidades que debe tener hoy en día un esposo cristiano y padre de familia. Tú, mejor que nadie, te das cuenta del cambio tan radical y vertiginoso que han vivido nuestras familias.

Y tú, te has dado cuenta de que los problemas que enfrentan hoy tus hijos no se parecen a aquellos que enfrentamos nosotros. Lo que nuestros padres hicieron por nosotros fue útil en su tiempo para nosotros, pero hoy tus hijos viven nuevos tiempos que exigen, ante todo, nuevas actitudes.

Yo soy el primero que reconozco que los valores jamás pueden cambiar al menos que no sean valores, pero al mismo tiempo puedo constatar que, aunque el pasajero sea el mismo el vehículo tiene que actualizarse, que aunque el sujeto es el mismo la vestidura no puede quedarse en la antiguedad.

No puedes cortar el traje de tus hijos con las mismas tijeras ni con los mismos moldes con que los que fueron cortados los nuestros, ni puedes sacar tus papeles amarillentos del archivero para solucionar situaciones que hoy en día son muy distintas a las que regían nuestras vidas.

El padre cristiano tiene que saber contemporizar, y con ello adaptarse y amoldarse al tiempo en el que tiene realizar su misión. Y con ello no perder la paciencia que exige su profesión de pescador, sería más fácil ser sembradores para que entonces simple y llanamente hiciéramos siempre lo mismo, sin tantas complicaciones,... y entonces vestir a tus hijos como si vivieran en los 70´s, y entregarles aquellos libros que traían a la madre patria en la portada, llevarles a la peluquería para que les corten en cabello regular o natural, ir al cine para que vean 3 películas por un mismo boleto, y apagar la luz a las 7:00 de la noche, una vez que la familia telerín nos cantaba que: “hay que ir a la cama, porque hay que descansar para que mañana podamos madrugar...” La verdad es que las cosas no son tan sencillas...

Y nos quedaríamos congelados en el tiempo si pudiéramos hacerlo,... pero con ello perderíamos de nuestro horizonte el reto que significa el ser pescadores en un mar que cada día es distinto y que exige cada día actitudes renovadas.

9.-     Hermanos muy queridos, vaya desde aquí, una oración y el mejor de los recuerdos para todos aquellos sacerdotes y padres de familia que sin perder sus valores supieron enfrentar cada escena del tiempo que Dios les permitió vivir, y que todos los días tuvieron actitudes renovadas para vivir de una forma verdaderamente ejemplar. Sabemos que ahora contemplan el rostro del Divino Pescador, y que Él se subió a sus barcas les sonrió, pronunció sus nombres y les ha llevado a esos mares en que la pesca es en mucho mejor,... Pídanle al Señor que envíe más jóvenes que quieran ser pescadores de hombres profundamente enamorados de Cristo y de su Iglesia, que lleguen a conocer y dominar las artes del pescador. 

 

APTITUDES Y ACTITUDES.

“ En aquel tiempo, Jesús dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra, echaré las redes”. Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

1.-     El día de hoy, que el Señor nos presenta un texto vocacional envió un saludo especial a todos los hermanos sacerdotes, así como una invitación a nuestro pueblo cristiano para que redoble la oración pidiéndole al Divino Pescador que nos envíe Pescadores de Hombres. Finalmente, les envío una invitación especial a nuestros jóvenes regiomontanos para que respondan con generosidad al llamado que Dios les está haciendo ante la necesidad imperante de muchos y muy santos sacerdotes que puedan servir a nuestro pueblo.

2.-     Muy queridos amigos:

El Evangelio nos muestra una escena compuesta por el Hijo de Dios y un grupo de personas, humanamente cansadas por la exhaustiva jornada nocturna, pero que poseen una serie de cualidades que no han querido dejar sepultadas bajo la superficie de la sinrazón: saben exteriorizar ante Dios sus desalientos, han aprendido a escucharle a Él, nunca pierden la confianza en Dios, no se resisten a la invitación del Maestro y saben obedecer ese consejo que viene del Señor y que para ellos se convierte en un imperativo.

Y con este telón de fondo, hoy resulta necesario que meditemos en torno a la insuficiencia del cúmulo de nuestras aptitudes personales si éstas se viven en la lejanía de Dios, así como la importancia que tienen nuestras actitudes en la vida sobre todo si son cristianas, para ello es necesario que nuevamente recreemos la escena evangélica.

3.-     Aquellos pescadores cansados acababan de desembarcar cuando el Maestro les pide que vuelvan a remar mar adentro, la fatiga se posa sobre su débil humanidad, pero al llamado del Señor son capaces de bogar, les está pidiendo un esfuerzo adicional, y ellos son capaces de adentrarse nuevamente en la mar. Pero junto con la invitación a navegar, de nuevo el Señor les pide una segunda acción: tirar de nuevo la red en la mar. Ante esta invitación, San Pedro no se opone, pero le comunica al Señor acerca de la intensa jornada terminada, y de los nulos y desalentadores resultados obtenidos, -esto es posible realizarlo y no debemos tenerle miedo, puesto que sabemos que si Alguien sabe escuchar es precisamente Dios- no obstante lo anterior, san Pedro le manifiesta su incondicional disposición para obedecer y para confiar en su Palabra: " Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra echaré las redes".            

Esta escena nos abre el horizonte de la mente y logra que nos adentremos hasta la cúspide de la altura y la parte más íntima de la profundidad de nuestro corazón, para que así comprendamos el significado y la diferencia  que existe entre nuestras aptitudes y nuestras actitudes. Y, querámoslo aceptar o no, nos muestra la superioridad que tienen las actitudes sobre nuestras mismísimas y más presuntuosas aptitudes.

4.-     Esto parece un juego de palabras,... pero, ¿qué es aptitud y qué es actitud?

Entendemos por una aptitud una disposición natural en una persona, se trata de una cierta idoneidad que tenemos como para realizar algo en la existencia. En cambio, una actitud es esa nuestra disposición de ánimo manifestada exteriormente ante cualquier situación que afrontemos, sea del tipo que fuere.

Juguemos con las palabras y digamos que en la vida hay personas que tenemos muchas aptitudes pero que nuestras nocivas actitudes nos llevan al fracaso, y que, así mismo, hay personas que no hemos sido dotados humanamente de muchas aptitudes pero que nuestras actitudes se han convertido en nuestra mejor carta de presentación.

Al final de cuentas, serán las actitudes y no precisamente las aptitudes aquellas que nos permitirán alcanzar, conservar y hacer crecer aquello que anhelamos.

No se trata de que neguemos las aptitudes puesto que estas se ubican dentro de los talentos que Dios nos ha dado en su generosidad, pero debemos afirmar las actitudes: San Pedro era sin duda un buen pescador, una persona apta, desde su infancia él recorría aquel lago de Galilea de cabo a rabo, pero ahora que la pesca se ha negado a sus abundantes y probadas habilidades, debe hacer surgir lo mejor en sus cualidades. Ahora que sus aptitudes no han sido suficientes, es cuando debe tomar parte, el uso de las actitudes: Pedro debe lanzar la red de nuevo y en el nombre del Señor, solamente porque confía en él, en la obediencia la pesca se vuelve mejor,... aunque de acuerdo a sus sensatas aptitudes y experiencia todo aquello fuera contrario a la lógica de la razón.

Y es que las aptitudes suelen moverse en el campo de nuestro entendimiento, en cambio, nuestras actitudes se desplazan a través del campo de la voluntad y mas concretamente de nuestra fe y esperanza.

Se trata de buscar a Cristo, y en el camino que El nos marca, encontrar el verdadero sentido a nuestra existencia y a todo aquello que hemos hecho y hacemos hoy en día.

El Señor nos invita a lanzar de nuevo la red, y con ello a dejar a un lado el cinismo derrotista para que nos pongamos a trabajar, a pesar de nuestro cansancio.

5.-     Dios nos invita a lanzar de nuevo la red para que tengamos un cambio de actitudes ante el desastre que el mundo nos presenta. En Cristo que ha vencido todo aquello que al hombre le aquejaba, el hombre ha encontrado una razón para seguir esperando y para seguir luchando, para no cruzar nunca los brazos.

Los hombres que confían en la Palabra de Cristo son capaces de motivarse ellos mismos, sentirse lo suficientemente hábiles para encontrar las formas de alcanzar sus objetivos, asegurarse cuando se encuentran en un aprieto que las cosas van a mejorar, ser lo suficientemente hábiles para encontrar formas de alcanzar sus metas o modificarlas si se vuelven imposibles, y tener la posibilidad de reducir sin miedo una tarea monumental en fragmentos más pequeños y manejables.

Remar mar adentro significa abrigar esperanza y con ello garantizar que uno no cederá a la ansiedad abrumadora, a una actitud derrotista ni a la depresión cuando se enfrente a desafíos o contratiempos.

El cristiano sabe esperar en Dios más que en las cosas, de tal manera que bien puede perder todas las cosas, pero eso no significa que deba perder su esperanza en Dios.

6.-     ¡Mira!, apliquemos el tema de las actitudes y las aptitudes a nuestra vivencia como familia y con ello quedará más en claro lo que significará el lanzar de nuevo la red cuando estemos agotados en la vida.

Tú y yo, conocemos cantidad de personas que desfilaron por las Universidades siempre con la mejores notas y hasta con menciones honoríficas, en la realidad son las personas más aptas ¡nadie puede negarlo!, pero sus actitudes negativas se convierten en su propia derrota. Y es que sin actitudes positivas al sobrevenir la crisis más ridícula ellos se vencen, renuncian, se cruzan de brazos, se sientan a llorar y claudican ante los problemas.

¿Cuántos de los esposos que nos escuchan o quev nos leen son esos discípulos a los que el Señor les ha mandado de dos en dos, y han sabido lanzar la red en el nombre del Señor? ¿Cuántos de ustedes en esas ocasiones en que la pesca se les niega en el nombre del Señor han continuado con su misión? ¿Cuántos de ustedes bien podrían expresarle a Jesús: Señor toda la noche hemos trabajado, Señor tenemos una semana intentándolo, Señor tu sabes que llevamos ya meses entregándonos, Señor tú sabes que llevamos años y años luchando y parece que no ha caído nada, pero en tu nombre Señor, sólo por que tú lo dices, hoy lanzaré la red y empezaré de nuevo mi jornada?

La jornada ha sido dura pero el Señor ha ido llenando sus redes. Y quizá el esposo que me escucha o que me lee, hoy le podría decir a su esposa, a su compañera de tantos años, aquel pensamiento de Ramuz:
"Te acuerdas mujer, no había nada para comenzar, todo estaba por hacer. Y nos metimos en la lucha, pero ha sido duro, demasiado duro. Hace falta coraje, hace falta perseverancia, hace falta amor y el amor no es lo que uno cree cuando se empieza.

El amor no es tan sólo esos besos que nos dimos, ni siquiera esas palabras que susurramos al oído, el amor no es tan sólo las caricias que compartimos ni siquiera ése estar tan juntos el uno del otro. El tiempo de la vida es largo y el día de la boda es un sólo día. Fue luego, tú te acuerdas, solamente luego cuando comenzó la vida. Hay que hacer y se deshace, hay que volver a hacer y se vuelve a deshacer.

Y luego vienen los hijos, hay que alimentarlos, hay que vestirlos, hay que educarlos. Es algo que nunca termina. Y luego caían enfermos. tú te pasabas la noche en vela y yo tenía que trabajar de la mañana hasta la noche.

A veces, uno se desespera, el tiempo pasa y no se avanza y a veces pareciera como si caminaramos hacia atrás.

Te acuerdas mujer, todas aquellas luchas, todos aquellos combates, solamente tú estabas allí y así yo pude apoyarme en tí y tu pudiste apoyarte en mí.

Tuvimos la gracia de estar juntos y nos metimos en la lucha, soportamos los golpes y las dificultades. Hoy mujer los hijos han crecido, ellos cumplen ya sus obligaciones.

Sabes mujer, el amor no es lo que uno cree cuando se empieza, el amor no es de un día, sino de siempre.

El amor es ayudarse, el amor es comprenderse."

7.-     Muy querido amigo: Estoy convencido de que no son las aptitudes las que sacan adelante a las personas sino las actitudes. Por desgracia, son cada día más frecuentes esas personas brillantes que se dan por vencidas. ¿Quién quiere correr el riesgo de recibir un golpe más? ¿Tú?

Pues,... en el Nombre del Señor te invito para que lances de nuevo la red. ¡No te arrepentirás!

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