Domingo 11 de Febrero de 2007_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

AL VIVIR BIEN EL PRESENTE OBTENEMOS LA ETERNIDAD

“ En aquel tiempo, Jesús descendió del Monte con sus discípulos y sus apóstoles y se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente, que había venido tanto de Judea y de Jerusalén, como de la costa de Tiro y de Sidón.

Mirando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: Dichosos ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios. Dichosos ustedes los que ahora tiene hambre, porque serán saciados. Dichosos ustedes los que lloran ahora, porque al fin reirán.

Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Pues así trataron sus padres a los profetas.

Pero, ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen ahora su consuelo! ¡Ay de ustedes los que se hartan ahora, porque después tendrán hambre! ¡Hay de ustedes, los que ríen ahora, porque llorarán de pena! ¡Hay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe, porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas! ”.

Momento 1

Momento 2

Momento 3

 

1.- Muy querido amigo:

Una de las enfermedades que están afectando seriamente al ser humano de nuestro tiempo, radica en esa miopía de visión en la que nos encontramos una gran cantidad de personas, quienes pensando sólo en la inmediato y transitorio vamos dejando en el oscuro calabozo del olvido nuestra propia vocación a la trascendencia, y con ello vamos comprometiendo nuestra vivencia de la eternidad para ir pagando la factura de lo efímero.

Tal parece que queremos negar o ignorar que, cuando Dios hubo creado al hombre quizo que en su constitución tuviera una apertura hacia la trascendencia. El hombre tiene necesidad, está sediento, se enceuntra en una ansiosa búsqueda de Dios, o como lo ha dicho San Agustín: “Nos hiciste, Señor para ti, y nuestro corazón no descansará hasta que regrese a ti”.

2.-     Los cristianos predicamos al ser humano como un ser CAPAX DEI, es decir con la apertura y la posibilidad de buscar y encontrarse con Dios,  aunque debemos ser conscientes de que el fin último de todo hombre sólo ha sido conocido en Cristo, y ese fin último nos lo ha mostrado en un solo destino: la eternidad.

Sin embargo, el hombre pareciera querer dirigirse reiteradamente al camino contrario para el cual fue destinado. Es entonces, que no se llega a la meta, no se consigue nuestro verdadero fin, se falla en el blanco, y sobreviene la peor de nuestras frustraciones.

En la comprensión de que el ser humano trae grabado en su interior su propio proyecto, y aceptando que ese proyecto de convierte en la meta de sí mismo y, más aún, por el conocimiento absoluto de la plenitud de la verdad que hemos obtenido en Cristo, sabemos que fallar en el blanco no significa otra cosa sino el “perderse a sí mismo”. Y es esta la más real y dolorosa de las consistencias del pecado.

Resulta verdaderamente lastimero el que el hombre quiera quedarse sólo en lo material y se olvide de lo espiritual, que se conforme con lo inmediato y que desatienda lo trascendente, que se engolosine con el placer pasajero y con ello abandone la esperanza de la eternidad, que se deje deslumbrar por el brillo del hedonismo y vaya abandonando el significado del verdadero amor.

3.-     Mucho más allá de nuestra condición humana que necesita de Dios, se encuentra la Buena Nueva que Jesucristo nos ha traído y con ella la invitación para que dirijamos nuestra mirada hacia las Bienaventuranzas, es decir, nos invita a esperar en un futuro de bondad saliendo de nuestros límites del tiempo y del espacio.

Mucho más allá de un rígido presente vivido en lo físico se encuentra la promesa de la Vida Gloriosa con Dios. Seran Bienaventurados significa: en el futuro les espera la bondad, o por mejor decirlo como cristianos, Aquél que es la Bondad; recibirán la vida, o lo que es mejor residirán al lado de Aquel que es la Vida.

La vacua sociedad de nuestro presente sigue ofreciéndonos esas falsas promesas de vida fácil y nos va ofertando sus propias propuestas de felicidad, y desde la apreciación más realista, pareciera que nos está convenciendo.

4.-     Nuestra sociedad se encarga de ofrecernos la felicidad en la sonrisa maquillada de los artistas; sugiere y nos convence con su discurso sobre esa felicidad fundada en los viajes de placer, en los anuncios, en los adelantos domésticos, en todo lo que al momento produce el gozo de un placer. Y todos, indistintamente hemos caído, poco o mucho, como víctimas de la seducción que nos produce esa invitación para que simulemos la felicidad consumiendo, teniendo y gozando cuando la ocasión se nos presenta.

Más aún, nuestra sociedad del consumo nos conduce al egoísmo, a la ignorancia sobre nuestra vocación, a la desatención de nuestros hermanos y al olvido de Dios. Nos hemos volcado hacia nosotros mismos y hacia las cosas, que nos hemos olvidado de la fraternidad, la solidaridad, la caridad y... de la eternidad.

5.-     El Evangelio de este domingo, nos está invitando para que asumamos y superemos el reduccionismo de nuestra visiones, que no ignoremos nuestras propias responsabilidades y a que seamos conscientes de sus consecuencias.

La Palabra de Dios, al leerse con la apertura de nuestra mente, pero sobre todo con la disposición del corazón, nos debiera hacer reflexionar sobre cómo en un sinfín de ocasiones la desgracia, la marginación o la injusticia se pueden generar a causa de la corresponsabilidad activa o pasiva de cada uno de nosotros. El que un solo hombre pudiera vivir en situaciones de escasez o de dolor, de llanto o de persecusión, debiera cuestionarnos automáticamente acerca de la cantidad de culpa que tenemos cada uno de nosotros directa o indirectamente en la existencia de esa situación.

6.-     Desde este ángulo, podremos entender la versión que nos ofrece el Evangelista San Lucas sobre las bienaventuranzas. San Lucas contrapone una serie de cuatro bienaventuranzas y cuatro malaventuranzas. Bendiciones y Maldiciones se van dirigiendo a través de conceptos correlativos; y ello permite que pueda haber una perfecta correspondencia entre los cuatro grupos de personas que en la eternidad serán señalados como malditos y los cuatro que serán reconocidos como benditos.

Es bueno que comprendamos lo que Dios nos expresa en la versión lucana: ni la pobreza ni el llanto, ni el hambre ni la persecución, son dichosas en sí mismas. Al mismo tiempo, en contraposición tenemos que entender que ni la riqueza en cuanto abundancia, ni la risa en cuanto a plenitud, ni la saciedad, ni la popularidad son malditas en sí mismas.

En realidad, se trata de la coexistencia simultáneamente de personas con actitudes distintas y contrarias; y por lo tanto, la posible corresponsabilidad emergida de la colindancia de situaciones tan contrastantes. Se trata de la riqueza en cuanto correlativa, cuando aquella riqueza convive de forma indiferente con la pobreza. Quizá podría ser la sola despreocupación de un rico epulón que coexiste con un mendigo llamado Lázaro, en un espacio tan estrecho y, sin embargo, la despreocupación del rico por el mendigo ha resultado motivo de condenación en palabras del Hijo de Dios.

Sin que pretendamos exceder los propios espacios y aventurarnos a un juicio que no nos corresponde, al pretender hacer un análisis estructural de las situaciones, deberíamos avanzar y comprender que la correlación implica un lazo, un vínculo y por lo tanto cierta culpabilidad. Se trata de un concepto que puede superar la pura coincidencia temporal: implica que uno de los miembros se apoya en el otro o lo necesita para existir.

7.-     Quizá lo podamos comprender mejor, aquellos que nos preciamos de vivir en un mundo globalizado. Nuestro mundo está tan unificado que difícilmente dejan de estar relacionadas unas situaciones con otras.

Este tipo de correlación nos permite comprender el lenguaje de san Lucas: buenaventurados los que lloran – ay de ustedes los que ríen. Bienaventurados los que tienen hambre – ay de ustedes los que se sienten satisfechos. Bienaventurados los pobres – ay de ustedes los ricos. Bienaventurados los que son perseguidos – ay de ustedes los que son elogiados... Sin la comprensión de esta correlación el Evangelio podría convertirse en una valoración masoquista o una justificación del llanto, la pobreza, la hambruna y la persecución.

Esta valoración, en sentido estricto, sería totalmente ajena a la promesa de eternidad que se adjudica a cada bienaventuranza

Debemos comprender que la salvación tiene una perspectiva universal, sin embargo el Señor ha querido hablar, dentro de ese muy amplio horizonte, de una puerta angosta.

El único paso autorizado, no es el de la conveniencia o la hipocresía, sino el del compromiso personal y el de la decisión de tomar en serio las exigencias del Evangelio, sin intentar astutamente reducir el cociente de dificultades.

8.-     La entrada al Reino no es cuestión de membresías ni de inscripciones, no es asunto de presunciones ni de chantajes, sino que es un asunto de amor.

Diría con enorme elocuencia, santo Tomás de Aquino, en su tratado sobre la caridad:
“  Ni el don de lenguas, ni el don de la fe, ni otro alguno, dan la vida si falta el amor. Por más que a un cadáver se le vista de oro y piedras preciosas, cadáver sigue.”

En la realidad, pasaremos a gozar de la amplitud del Reino, en la medida que vivamos la estrechez de una vida consecuente con el mensaje de una amplitud del corazón. Nuestros horizontes se ensancharán si el corazón se dilata pasando por la puerta estrecha de la verdadera vida cristiana. La “estrechez” de la solidaridad, de la fraternidad y del servicio al hermano, se enfrenta al egoísmo; el control y el dominio del consumismo están situados frente a la idolatría del dinero...

Asimilemos, en fin, el programa de santidad que Cristo expuso en el discurso del Monte, cuya obertura son las bienaventuranzas y que se centra, motiva y fundamenta en la santidad misma de Dios a quien servimos y en nuestra esperanza de obtener la eternidad viviendo coherentemente y sin egoísmos nuestro presente.

 

 

 

COEXISTIR SIN CONVIVIR.

“  En aquel tiempo, Jesús descendió del Monte con sus discípulos y sus apóstoles y se detuvo en un llano.

Mirando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: Dichosos ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios.

Pero, ¿ay de ustedes los ricos, porque ya tienen ahora su consuelo!

Dichosos ustedes los que ahora tiene hambre, porque serán saciados.

¡Ay de ustedes los que se hartan ahora, porque después tendrán hambre!

Dichosos ustedes los que lloran ahora, porque al fin reirán.

¡Hay de ustedes, los que ríen ahora, porque llorarán de pena!

Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Pues así trataron sus padres a los profetas.

¡Hay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe, porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas ”.

1.-     Muy queridos amigos:

Hace un año me tocó ir a dar un curso a unos sacerdotes de una diócesis hermana y recuerdo con claridad un comentario de un hermano sacerdote que mencionaba como un comentario a mi exposición las dificultades que se enfrentan en la vida diaria para vivir el ideal del Evangelio. Recuerdo que él me decía: “Padre Rogelio: aquí en esta diócesis tenemos muchas reuniones pero no estamos realmente unidos...”

¿Sabes? Me quedé pensando en esto toda aquella tarde, ya que considero que es muy cierta aquella afirmación, una cosa es el reunirse con las personas y otra muy distinta el unirse a la personas.

Esto me viene a la memoria el día de hoy en que el Señor Jesús nos muestra esa enfermedad que nace de nuestro desinterés y que puede ir provocando la muerte de aquellos que Dios ha puesto a nuestro lado, y aquí tú y yo tenemos que evitar ese miedo que experimentamos para hablar sobre aquellos que coexistimos pero que no convivimos en nuestra vida real, así mismo tenemos que empezar por pensar en primer lugar en nuestra familia.

Y es que, tenemos que admitir con una cierta vergüenza la veracidad de algunas expresiones que evidencian nuestras incapacidades, tal como lo hacía aquella célebre y tristemente constatable rima de Don Ramón de Campoamor, el poeta español del siglo XIX:

“Sin el amor que encanta,
la soledad del ermitaño espanta.
Pero es más espantosa todavía
La soledad de dos en compañía”.

2.-     Y es que, mucho más cercano a ti y a mi de lo que pudiéramos imaginar, resulta que en una misma casa convivimos una familia, pero con una distancia tal que emulamos los contrastes resaltados por el Evangelio. Los consanguíneos y los consortes coincidimos en las cordenadas del tiempo y del espacio, pero sin preocuparnos. Vivimos juntos aquel que llora y aquel que ríe, el rico y el pobre, aquel que tiene hambre y el saciado, aquel que es aceptado y el rechazado.

¡Créeme! De ninguna manera, estoy descontextualizando el mensaje evangélico: Estos cuatro pares de personas: rico y pobre, hambriento y saciado, el que llora y el que ríe, el aceptado y el rechazado, coinciden en la temporalidad en las mismas narraciones del Evangelio de san Lucas y, el Señor acusa a aquellos que no nos preocupamos a favor del hermano: El rico que no se preocupa del pobre que coexiste en la cercanía lo presenta en el rico Epulón y en Lázaro el pobre; el saciado y el que tiene hambre en una misma familia aparecen en aquel hijo que quiere alimentarse de las bellotas que se dan a los puercos y aquel hijo al cual no le ha faltado nada y a quien le dice el padre que todo lo del padre ha sido también de él; el que llora y el que ríe aparecen coincidiendo en el mismo espacio en aquella mujer que humedece y enjuga los pies de Jesús con su llanto y aquel fariseo llamado Simón que se burla de Jesús diciendo: si este fuera realmente profeta sabría que clase de mujer es la que le está lavando los pies; el que es perseguido y el que quiere gozar de la popularidad en la coincidencia del tiempo aparecen en el Bautista que es decapitado por predicar la verdad y aquel Herodes que quiere salvar su imagen ante un juramento expresado con ligereza; y la verdad es que tenemos que decirlo sin temor: estos pares de personas en codependencia coexisten en nuestra misma casa.

Tenemos que marcar una diferencia existente entre las personas y cualquier objeto: una silla coexiste con nosotros pero las persona no, ellos deberían convivir con nosotros.

3.-     En muchas de nuestras “hogares” se sobrevive al estar junto a personas que no tienen un mínimo interés en nosotros. Digamos que coexistimos el enfermo y el sano con su actitud de despreocupación, el desempleado en desesperación y el egoísta que vive en la abundancia y en la indiferencia, el que vive y sobrevive en la soledad y el hiper-sociable que es centro de reunión para todos menos de los que llevan sus mismos apellidos, y allí están también una persona presa por la cárcel de una enfermedad que le circunscribe y le proscribe y aquel liberto olvidadizo que presume a los cuatro vientos de su independencia, y de su desinterés.

Lo anterior, en el ámbito de nuestras familias no podrá ser considerado como un vivir sino como un sobrevivir, o respóndeme por favor a la siguiente interrogante: ¿De qué sirve que en nuestro tiempo la gente sea cada vez más longeva si cada día hay menos jóvenes dispuestos a oír a los ancianos y aprender de ellos?

El hombre de hoy, en todas las edades, se ha abandonado en los brazos del consumo y parece no querer darse cuenta de que se está sacrificando lo más importante en nuestra vida y que es nuestra vida misma. Al fallarle el ser al hombre ha buscado ansiosamente el tener, el coleccionar, el atesorar, el almacenar, el ostentar y entonces inicia una carrera interminable en la que compra libros que nunca lee, adquiere discos que nunca escucha, colecciona sellos, pipas, monedas y hasta palillos de cocktail, que se convierten en una yuxtaposición de recuerdos que le van quitando la vida auténtica.

4.-     Debemos darnos cuenta de este problema en la coexistencia y que en el matrimonio se presenta como un gran peligro no en las peleas, ni en las dificultades, ni siquiera en la mismísima infidelidad, sino en ese aburrimiento y esa rutina de un coexistir sin convivir auténticamente. Ese verse marchitar las ilusiones primeras, esa situación en que la pareja ha dejado ya de hablarse y hasta de reñir, para caer en una simple coexistencia en donde alguien llora y el otro ríe sin darse cuenta de lo que al otro le sucede, uno pasa hambre y el otro absolutamente saciado no percibe los padecimientos de alguien a quien ignora desde hace mucho tiempo, alguien  está mendigando un poco de amor mientras que el otro aburguesado en su egoísmo puede pasar por encima del otro sin siquiera registrarle en su radar de prioridades. El consejo que le da Sancho Panza a Don Quijote vendría como anillo al dedo para muchos matrimonios: “No se muera vuestra merced, señor mío, sino que siga mi consejo y viva muchos años, que la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie lo mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía” (IIa. Parte, Cap. 74).

La melancolía, ese recuerdo en la tristeza y el dolor de lo que antes fue y hoy no es, ni será; de lo que antes se vivió y hoy no se vive; de lo que antes fue amor y hoy es abandono en la coexistencia,... lo anterior es verdad como es verdadera aquella sentencia que posee Gibrán Kalil Gibrán al afirmar que “el amor que no se renueva cada día, se vuelve rutina y esclavitud”.

El amor habrá que construirlo diariamente, y esto es lo que nos recuerda el Señor el día de hoy al compadecerse del despojado y al lanzar su advertencia hacia aquellos que despojan a los demás de sus atenciones,... y se reconstruye fomentando ese tejido de detalles que lo hacen llevadero para que no se derrumbe ante el desgaste que sobreviene con la monotonía, las dificultades, los reveses y tantos imprevistos, como a lo largo de la vida habrán de sobrevenirle.

5.-     Bueno y, ¿cuál sería la propuesta cristiana? Necesariamente una caridad que nos hace dirigir nuestra mirada a un hermano que sobrevive con nosotros y que no se puede convertir en un accesorio de nuestra vida. Y, ¿qué es la caridad en las coordenadas de aquellos que viven cercanos a nosotros? Refiere un pensamiento anónimo que Caridad es el silencio... cuando nuestras palabras pudieran hacer daño; es la paciencia... cuando nuestro prójimo se muestra áspero; es la sordera... cuando se extiende el escándalo; es la consideración... hacia las tribulaciones ajenas; es la presteza... cuando nos llama el deber; es el valor... cuando estamos abatidos por el infortunio.

Se trata de una caridad que se manifiesta explícitamente en nuestra compañía para muchas más personas de las que te puedes imaginar. Ojalá que cada día fuéramos muchas las personas voluntarias que dedicáramos un poco de tiempo a prestar una ayuda, un servicio desinteresado a quien lo necesita,... y que vive con nosotros.

6.-     Y es que nuestra propuesta tiene una respuesta muy singular en una instancia importantísima: la Familia. Para nosotros los cristianos la familia más que un problema, es la mejor solución para nuestra vida. Porque la familia debe ser la mejor escuela para la humanidad, el mejor abrigo contra el desamor y el hospital mejor equipado para curar las heridas de la soledad.

Nuestra familia es el lugar en el que tú y yo, no deberíamos ser una persona más, sino que deberíamos ser muchísimo más que personas. ¿Sabes? Escribía Ana Frank, en El Diario de una joven acerca de esa necesidad que tenemos todos de que exista una persona para quien seamos únicas o únicos: “Una persona puede sentirse sola, aun cuando mucha gente la quiera. Es que todavía no es la “única” para alguien”.

7.-     Recordando lo anterior, quien de nosotros podría ignorar la reflexión de Jorge Luis Borges ante el lamentable escape de la vida perpetrado por un amigo. Acusa a este mundo en el que vivimos de no enseñar a amar a las personas: “No te culpo, naciste en este mundo tan bello, pero nadie te enseñó a oler las flores. Naciste en este mundo tan maravilloso pero nadie te pidió que te detuvieras un momento a contemplar el cielo. Naciste en este mundo increíble, pero nadie te dijo un día que te amaba.”

¿Y nosotros, en nuestra casa, coexistimos o convivimos?

 

EL RICO NO EXISTE SIN EL POBRE.

“ En aquel tiempo, Jesús descendió del Monte con sus discípulos y sus apóstoles y se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente, que había venido tanto de Judea y de Jerusalén, como de la costa de Tiro y de Sidón.

Mirando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: ¡Ay de ustedes los ricos, porque ya tienen ahora su consuelo! ¡Ay de ustedes los que se hartan ahora, porque después tendrán hambre! ¡Hay de ustedes, los que ríen ahora, porque llorarán de pena! ¡Hay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe, porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas ”.

1.-     ¡El Rico no existe sin el pobre!... Sé que este día me podrías acusar de insensato por mi afirmación y hasta reírte de mis elucubraciones, o por lo menos proponerte no volver a leer o escuchar este espacio de reflexión: ¡Claro que el rico no existe sin el pobre, cura estulto, como el día no existe sin la noche, ni la luz sin la oscuridad, ni el blanco sin el negro, ni el frío sin el calor, ni el bien sin el mal!,... y así podrías referirme con un reproche todo un elenco interminable.

Pero quisiera que lo considerarás con seriedad, ya que mi afirmación no trata solamente de una cuestión de lógica simple en la contraposición de contrarios o en la relación existente entre los opuestos, sino de un fenómeno socio-económico que nos hace sufrir intensamente y de una situación que no le es ajena a Dios, nuestro Señor.

2.-     Hoy, recuerdo con cariño a un maestro de economía que al exponernos su materia hace veinticuatro años afirmaba rotundamente y con mucha claridad el principio antes señalado: “Muchachos: Normalmente los grandes capitales acumulados en pocas manos suelen estar allí como un producto de la injusticia, ya sea porque la persona no paga los salarios que tiene que pagar con sus respectivas prestaciones y previsiones sociales, ya sea porque ha recibido un trato preferencial de “alguien” al conocer información privilegiada que la ha permitido hacer movimientos estratégicos o bien porque ha encontrado esos mecanismos sigilosos que le permiten la evasión de impuestos o la reprobable práctica del soborno  y olvidar sus responsabilidades sociales...”

Quisiera que no te confundieras, ya que aquí en este espacio y momento no te estoy hablando de esos capitales sucios que tienen que ser “lavados” y que merecen toda nuestra desaprobación,...

Hoy quiero referir, sí con caridad pero también con claridad, a quienes tienen negocios lícitos pero que “han dado en el clavo” para que sus utilidades no se mermen sino que al contrario tengan cargo a alguien más, muchas veces inocente, con lo anteriormente señalado y también con otros maquillajes, así sean sus vacaciones, las camionetas de sus esposas y los carros de los hijos, las colegiaturas y los intercambios académicos, la gasolina de toda la familia, la despensa de la casa de la esposa y la de los papás de ambos, la ropa de los hijos y los juguetes en períodos navideños, los boletos de avión de terceros,... entre otras muchas cosas.

3.-     Respecto al respeto de las personas y de sus bienes en el séptimo de los mandamiento, el Catecismo de la Iglesia Católica en el número 2047, subraya la práctica de las siguientes 3 virtudes en un cristiano: TEMPLANZA, para moderar el apego a los bienes de este mundo; de la JUSTICIA, para preservar los derechos del prójimo y darle lo que es debido; y de la SOLIDARIDAD, siguiendo la regla de oro de la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, que “siendo rico se hizo pobre para que nos enriqueciéramos con su pobreza” (2Cor 8,9).

¿Y tú y yo en cual de ellas fallamos? ¿la templanza? ¿ la justicia? ¿la solidaridad?

Existe una aseveración del Doctor Alejandro Carreón que me agrada al afirmar desde el campo de la medicina que “la pobreza no existe en la Naturaleza: es un resultado de la manera absurda en que el hombre ha encarado su principal problema: el de vivir. Si el hombre la creó, es indudable que el hombre puede darle fin”.

No será esto, o algo muy cercano lo que apreciaba Franz Kafka al afirmar: “En la lucha entre nosotros y el mundo, respaldemos al mundo”. Pero buen, regresemos a la afirmación anterior: “la pobreza ha sido inventada por los hombres”, y se ha implementado a cualquier precio. Y así todos nos convertimos en víctimas de esta guerra del consumismo, que puede llegar a grados de increíble estupidez, de flagrante y tonta vanidad, ya que coexiste con la carrera, al revés, del hambre y la miseria.

Afirma John Steinbeck la desfachatez y la insensatez que nos provoca nuestra codicia: “ El hombre es el único zorro que instala una trampa, le pone la carnada y luego le mete la pata.” ¿Podrás darte cuenta que si te dedicas hoy a construir un prostíbulo, un día tus hijos podrían visitarle o trabajar en ese lugar? ¿Sabes para quién trabajas?

Recuerda que con la misma madera puedes construir una guitarra o un patíbulo. Se trata de los ingenieros, los médicos, los abogados y los maestros que con la misma ciencia pueden hacer el bien o pueden destruir. Con el mismo alcohol puedes sanar una herida o puedes hacerla más grande, pensando que alivias otra.

4.-     Jacques Barzun escribió un pequeño texto titulado: “Profesionales sin profesionalismo” en el que dice que hoy los médicos han dejado de ser los buenos samaritanos de la humanidad y ahora son vistos como buscadores de fortuna, a menudo de dudosa capacidad, que encubren unos a otros sus equivocaciones homicidas.

Los abogados, otrora defensores de los derechos privados y civiles, se les ve actualmente como individuos negligentes y estafadores que engañan deliberadamente al público por medio de un lenguaje concebido, aprendido y utilizado para confundir.

Los maestros perdieron su eficacia por la ineficacia en la enseñanza y por los abusos en torno a la niñez.

Los ingenieros físicos y químicos se volvieron sospechosos tras la bomba atómica de Hiroshima y el actual manipuleo de la vida.

Los periodistas cuando manejan noticia con la presentación parcial de una verdad, el sensacionalismo, los silencios supresores de la verdad, los vacíos sugerentes en algunos hechos, los rumores sin base, el engaño, los muestreos insuficientes, la generalización de hechos parciales, en el manipuleo de la información, la vulneración de la intimidad personal, la deformación de los valores, el interés mezquino y las realidades existenciales solamente frivolas.

Los últimos en ser censurados por el público, los austeros e insondables contadores, aparecen como especialistas en tergiversación, maestros en el arte de “cocinar” los libros.

Hay indicios de la paulatina degradación de las profesiones a nivel del comercio y los oficios comunes.

El problema es la muerte del concepto profesión si no se recobra la fuerza mental y moral.

Las luces se han convertido en fogatas que están incendiado al mundo entero y que dan muerte a la dignidad misma del hombre.

5.-     Yo te quiero preguntar: ¿Nos damos cuenta del costo que tiene aquello que hacemos o que hemos dejado de hacer? Thomas Fleming es un historiador norteamericano especialista en el tema de los presidentes de los Estados Unidos de Norteamérica. En su libro: “The Man who dared tha Lighting: A new look at Benjamín Franklin” afirma que con mucha frecuencia que el presidente Franklin utilizaba una expresión para hablar del hombre que desatendía su familia en beneficio de su negocio, o cuando un avaro  rompía lazos de amistad en su empeño de afianzar su fortuna, observaba: “paga un precio muy alto por su silbato”.

Y nos cuenta que esta expresión nació de cuando el pequeño Franklin tenía apenas siete años de edad. Fue entonces cuando una persona fue de visita a la casa y le regaló algunas monedas. Poco después el pequeño Benjamín vio a un niño que jugaba con un silbato, y le cambió las monedas por el silbato. Luego anduvo un tiempo por todos lados, feliz, haciendo sonar su adquisición, hasta que se enteró de que había pagado por ella cuatro veces más de lo que valía. El silbato al instante perdió todo el atractivo para él.

Y tú, ¿no estará pagando un precio muy alto por tu silbato?

8.-     En realidad, tú y yo somos conscientes de que el problema central no tiene otro nombre sino el de egoísmo, y al mismo tiempos somos conscientes de que contra el egoísmo, y contra cualquier problema, no hay mejor solución que la del amor. Pero, ¿cómo?, ¿a quién, ¿de quá manera?, ¿quiénes?

El amor se expresará de una forma especial en nuestra capacidad que tengamos de acompañar: Al enfermo que vive en la incertidumbre cuando va al médico, a una persona anciana que quiere ir a tomar fuerza a la Iglesia, a quien se siente solo y pide un poco de nuestro tiempo para experimentar el calor de nuestra humanidad.

La pena interna que trae consigo la soledad se puede manifestar en ocasiones en signos externos de la depresión, nerviosismo.

Acompañar: con la visita a la persona que está recluída, con nuestro silencio elocuente  en la presencia al enfermo internado, con el amor al marginado para darle solidaridad.

Acompañar: al ciego y al desvalido, al mendigo y al necesitado, a quien sufre y llora para ofrecerle la fuerza de su brazo y mejorar su caminar.

Acompañar viene del latín y significa “comer el pan juntos”. Un pan, ya sea duro y amargo, ya sea tierno y sabroso. Pero siempre se ha de comer en fraternidad.

Acompañar indica bondad de corazón y un alma grande.

9.- Ojalá que abriéramos bien los ojos para así percibir que el pobre en más ocasiones de las que imaginamos suele ser un producto de los ricos, el que llora de aquellos que ríen, los que tienen hambre de los que viven saciados, los que son perseguidos a causa de los que buscan el reconocimiento, y será en estos renglones en donde la vida eterna se convertirá en nuestra incorruptible  e inalterable retribución o reprobación.

Franz Kafka es severo al afirmar: “El día del juicio no es un día. Es un tribunal en sesión permanente.”      Pero, ¿no te parece más severo el contenido del Evangelio: ¡Ay de ustedes los ricos,...! ¡Ay de ustedes los que se hartan ahora,...! ¡Hay de ustedes, los que ríen ahora,...! ¡Hay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe, ...! ”. Entonces, ¿por qué no haces algo ahora que todavía puedes hacer algo?

Yo preferiría la severidad reversible de un Franz Kafka en la temporalidad sobre aquella severidad que se pueda dar en un momento en el que ya no pueda hacer algo a favor de mi eternidad.

___________________________________Firmar Libro de visitas

Biblioteca Virtual


Feb04
Ene28
Ene21
Ene14
Ene07

2006

2005

2004