Domingo 17 de Febrero de 2008_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

TRIUNFAR ES DE HUMANOS

“En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¿qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.

Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: “Éste es mi hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: “Levántense y no teman”. Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús.

Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.


Momento 1

Momento 2

Momento 3

Momento 4

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1.- Apreciables amigos:

Quisiera agregar en este día una tercera montaña sumamente importante en la vida de nuestro Señor.  ¿Te acuerdas? La semana pasada al hablar acerca de las tentaciones mencionábamos la importancia de dos montañas y hoy te invito a pensar en una tercera.

Y es que existen tres montañas que ocupan un lugar clave en la vida del Señor Jesús: en la primera de ellas se nos predicaron las Bienaventuranzas, casi al inicio de su vida pública; la segunda de ellas es el Monte Tabor, y es la que el día de hoy añadimos, desde el cual se nos ofreció una relampagueante manifestación de su gloria; y, en la tercera, el Monte Gólgota, será el lugar en el que ofrezca su sacrificio para la salvación de todos los hombres.

2.-     El día de hoy, el Evangelio nos sitúa en el segundo Monte: el Tabor.

¿Alguien piensa que en el Tabor se nos ofrece uno de los hechos más extraordinarios? Y tenemos que darnos cuenta de que el acontecimiento de la Transfiguración no es, en modo alguno, un milagro extraordinario para aquel que era el Hijo de Dios.

No se trata de una luz que le esté revistiendo desde fuera, sino de aquello que él contiene en su interior y que ahora está traspasando los hilos de su ropaje terreno. En su Transfiguración, el Señor nos muestra la gloria de su naturaleza divina.

El estado de gloria no es lo anormal, sino la normalidad en el Hijo de Dios.

La divinidad estaba oculta en la humanidad y sólo se traslucía con la virtud que salía de Él, así como en sus palabras y hechos. En el Monte Tabor se suspende por unos instantes el estado anormal, para dejarse ver en su forma natural.

¡No es un Milagro, el momento fugaz de la transfiguración!. Milagro eran todos esos otros momentos en los que la divinidad quisó adoptar los procesos y las manifestaciones de una humanidad que fue asumida desde el mismísimo momento de la encarnación.

3.-     Querido amigo:

La enseñanza de Cristo en este día no debe de ser otra que la invitación para que también nosotros mostremos, a aquellos que tienen un contacto con nosotros, quienes somos en la vida.

La exhortación que se nos hace, es a que dejemos ver en la vida lo que llevamos en el interior de cada uno de nosotros: Somos hijos de Dios. Es verdad que el hombre es barro, pero también es cierto que somos espíritu.

Los seres humanos somos el centro y la cúspide de la creación de Dios.

Recuerda como en cada uno de los días de la creación se fue manifestando la bondad que le imprimió el Divino Creador a las obras de sus manos. Sin embargo, al crear al ser humano el beneplácito de Dios se muestra todavía superior. Después de que en cada uno de los primeros cinco días al terminar con su jornada creadora, la Escritura dice: Vió Dios que estaba bien,... llegó entonces el sexto día, en el cual Dios creó al hombre, y al concluir su obra maestra narra la Escritura: “Vió Dios que todo estaba muy bien”. Dios había creado al hombre a su imagen y semejanza.

4.-     El lenguaje que utiliza el libro del Génesis nos ayuda a comprender la constitución de todo ser humano: somos barro y espíritu.

El barro nos habla de nuestra fragilidad, de nuestras limitaciones, de nuestras incongruencias y equivocaciones.

El Espíritu, por su parte, nos habla abiertamente del soplo de Dios que le ha dado vida a nuestros cuerpos inertes y que nos ha hecho superiores a todas las demás creaturas.

Con este binomio de composición, comprendemos que nuestra vida se desarrolla entre la limitación del barro y la manifestación del espíritu.

5.-     “Errar es de humanos”, nos dice un refrán que muchos hemos convertido en una especie de máxima de verdad para nuestra vida. Se trata de una especie de bandera que hemos enarbolado en el mástil de nuestra barca para cruzar por las mares de la existencia. Se trata de una expresión de la ingenuidad y de la necedad que se convierte en un discurso programático.

¡Errar es de humanos!, es una verdad. Pero una verdad a medias, que como todas la verdades a medias se suele convertir en una de las más grandes mentiras.

¡Errar es de humanos!, -es cierto- pero también lo es el triunfar, el tener aciertos e ilusiones, el poseer ideales, el soñar en la vida y el levantarse con la victoria.

Y entre estas dos expresiones y manifestaciones, es donde se va escribiendo nuestra vida.

6.-     Nuestra historia cristiana se escribe, digámoslo en el lenguaje de este día, entre un estarnos desfigurando y un irnos transfigurando.

Somos muchos más de los que pensamos, aquellos que nos desfiguramos en la vida.

La cobardía, la mediocridad, la pereza, los miedos, las iras, los rencores, los celos, la superficialidad, las adicciones, el consumismo, el hedonismo, el materialismo y la falta de compromiso, no son más que las manifestaciones de aquellos que parecemos darle más importancia al recipiente de barro que al tesoro que en él se encuentra depositado.

7.-     La invitación es para que también nosotros nos transfriguremos.

El transfigurarnos significará un manifestarle amor a la vida y a las personas, el mostrar coraje en las dificultades, el presentar el rostro de la dignidad en los problemas que enfrentamos, el mantenernos unidos en familia aún en medio de los embates que sufrimos, el ser capaces de mostrarnos serviciales a pesar de las eventualidades y de nuestras perezas, el saber perdonar o el saber pedir perdón, para así solucionar esas diferencias que tenemos con las personas amadas.

Si aspiramos a la Transfiguración, tenemos que comprender, que el secreto de nuestra Transfiguración se encuentra en la Montaña.

Al mismo tiempo, debemos entender, que hay una actividad que nos posibilita esta transformación: la oración.

8.-     Y lo que nosotros hacemos es precisamente lo contrario: Es verdaderamente triste que el hombre actual no tenga un poco de tiempo ni para dirigirse a la Montaña ni para hacer oración. Hoy el ser humano se encuentra sumergido en medio del trajín diario, del tráfico y del asfalto de la vida. Son tantos los negocios que tenemos que atender en este mundo globalizado que parece que no nos hemos dado cuenta que se está fragmentando nuestra familia, nuestra persona y nuestra sociedad.

El resultado lo conocemos, bastaría que encendiéramos un solo instante la radio o el televisor, o que nos diéramos una paseada por las calles o los supuestos lugares de diversión: nos encontramos con personas sin rostro, entes sin identidad, gente que ha convertido sus noches en días y sus días en noches, casas que se están convirtiendo en dormitorios, en hoteles o en restaurants, hombre y mujeres encapsulados en la voragine de la vida y que no han sabido darse un poco de tiempo, para así perforar la existencia diaria y en la oración fabricar unos respiraderos como para no asfixiarse.

9.-     Y tú: ¿Qué has hecho de tu vida? ¿Te has desfigurado o te has transfigurado? ¡Respóndete con sinceridad!

Yo me resisto a creer, que un joven un día haya querido ofrendar su vida y haya tenido como un noble ideal el sacerdocio, como para que otro día sea solamente un sacerdote mediocre.

Yo me resisto a creer, que alguien haya querido casarse un día y formar una familia, incubando en su corazón la posibilidad del fracaso, o permitiéndose pensar por un solo instante en la infidelidad.

Yo me resisto a creer, que alguien un día haya querido ser médico, un samaritano de la salud, pensando solamente en su beneficio o en su cartera, y que con el paso del tiempo se haya convertido en un mercader de la vida y de la salud.

Yo me resisto a creer, que algún día alguien haya querido ilusionadamente ser maestro, como para convertirse solamente en un comerciante de las letras o un mezquino docente.

Yo me resisto a creer, que un día alguien haya pensado en ser arquitecto, y que en su mente no haya pasado la leve y peregrina idea de ser alguien que verdaderamente brinde un servicio al hombre y a la sociedad.

Yo me resisto a creer, que alguien un día se hubiera convertido en abogado descartando en su pensamiento la ilusión de impartir la justicia o buscar el honor de la verdad.

Yo me resisto a creer, que un joven no sea capaz de valorar su propia vida y que este pensando en malbaratarla o echarla a perder.

Yo me resisto a creer, que un joven prudente haya pensado, por un solo momento, en pisotear su salud con adicciones o en echar por el drenaje su sexualidad.

Yo me resisto a creer que exista un hombre sobre la tierra que un día no haya tenido sueños elevados, que un día no haya tenido nobles ideales, que un día no haya sabido valorar el porqué y para qué Dios lo puso en esta tierra.

10.-   ¡Tantas cosas se solucionarían si el hombre se diera tiempo para respirar el aire puro del Tabor!

Solamente aquellos que hayan querido “perder un poco de tiempo” para retirarse a la Montaña, podrán vencer en la batalla de los valles, podrán resistir a la tentación de ceder, de adaptarse y podrán recibir de Dios la gracia de, que en las dificultades, no se desfigure su rostro cristiano sino, que por el contrario, pueda llegar a transfigurarse.

EL MEJOR PAN PARA CAMINAR EN EL DESIERTO.

“En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.

1.-     Lo importante en la vida es la meta más que el recorrido. Es más estimable el final del viaje que el desplazamiento. No obstante, recorrido y desplazamiento son útiles para obtener aquello que aspiramos recibir.

La Pascua es el destino del viaje que hemos emprendido, la cuaresma no es más que un itinerario para conseguirlo.

2.-     Nosotros practicamos una cuaresma de cuarenta días porque el Señor ayunó cuarenta días en el desierto para prepararse a su misión.

El número cuarenta es uno de los que están más cargados de sentido en la Escritura: Cuarenta días del diluvio, cuarenta días de exploración de la tierra prometida, cuarenta años de la marcha errante por el desierto antes de entrar en la tierra de la promisión, cuarenta días que Moisés permaneció en el Monte Sinaí en donde Dios ratificó la alianza, cuarenta días de marcha de Elías por el desierto y cuarenta días del anuncio de la destrucción de Nínive.

Los cuarenta días significan una nueva creación. La cuaresma nos hace una clara referencia a nuestro Bautismo, a nuestro ser creaturas nuevas.

La verdadera meta de la cuaresma es la de acercar a los fieles a Dios, entendido como la única fuente auténtica de santidad; esto, a través de la intensidad de una vida sacramental.

3.-     Y hemos llegado, mis queridos hermanos, a nuestro segundo domingo cuaresmal, en el que se nos permite contemplar la Transfiguración de Cristo.

Hace apenas una semana meditábamos acerca de las tentaciones que Jesús enfrentó en el desierto, y ya el día de hoy se nos lanza una invitación: que el camino que hemos iniciado en nuestra Cuaresma no nos impida visualizar la meta de la Pascua.

Y para que no olvidemos la meta pascual, en este camino de la Cuaresma litúrgica se nos hacen presentes en el Tabor dos personajes sumamente importantes en la Cuaresma de Israel: Moisés y Elías.

4.-     ¿Qué lugar tienen estos dos personajes? ¿Por qué precisamente Moisés y Elías y, por poner un ejemplo, no están allí Abraham y Jeremías?

Hay razones coincidentes en estos dos personajes que me gustaría referir:

Primero: Ambos, Moisés y Elías, vivieron su propia cuaresma. La Cuarentena de años de Moisés en el recorrido que le llevó hacia la tierra prometida y su cuarentena de días sobre el Monte Sinaí, así como los cuarenta días que Elías vivió en el Monte Carmelo en oración.

Segundo: A estos dos personajes durante sus cuarentenas se les permitió contemplar a Dios en cuanto es posible hacerlo aquí en la tierra: Moisés al ver su espalda y Elías al descubrirlo en la brisa suave.

Tercero:    Los dos fueron alimentados por un pan que Dios les concedió durante el tiempo de sus cuarentenas. Ambos en los días aciagos fueron consolados por Dios recibiendo el obsequio de un pan de orígen divino. Sobre Moisés e Israel conocemos hasta la saciedad, la referencia al maná proveniente del cielo con el que Dios les favoreció. Se trata de ese pan con el que Dios les nutrió para que, llenos de vitalidad, pudieran dejar atrás el Monte Horeb, y así llegar, después de su cuarentena de años, a la tierra prometida. Elías, a diferencia de Moisés, no llega al monte Horeb y a la visión divina sino al final de su santa cuarentena.

En Elías, las fuerzas necesarias para superar la prueba no le vienen de él mismo, al contrario: “... Anduvo por el desierto un día de camino y fue a sentarse bajo una retama. Deseó la muerte y dijo: Ahora ya basta, Yahwéh. Toma mi vida, que yo no soy mejor que mis padres.” Así, al cabo de un día, lo vemos desalentado. Pero Dios viene en su auxilio. “Echándose allí Elías, se quedó dormido. Pero el ángel de Yahwéh le tocó y le dijo: “Levántate y come.” Miró y vio en su cabecera una torta cocida y una vasija de agua. Se levantó, comió y bebió, y anduvo con la fuerza de aquella comida cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, Horeb”.

Cuarto: Los dos, Moisés y Elías, conforme a la Palabra de Dios y la tradición del pueblo Hebreo, recibieron el regalo de la asunción al cielo. De Elías es conocido el pasaje en el que se nos narra su ser arrabatado en aquel carruaje de fuego. De Moisés se termina el libro del Deuteronomio mencionando que no entró a la tierra prometida, sino que la contempló de lejos y que murió en el Monte Nebo, y que fue enterrado, pero que hasta el momento en que se escribe el libro del Deuteronomio no se sabía el lugar en que fueron enterrados sus restos mortales.

La tradición respetable de nuestros hermanos judíos, cree que Moisés al no entrar a la tierra prometida sino comtemplarla de lejos, recibió de Dios otro regalo en mucho más excelso que el ingreso a una tierra física, profesan que fue llevado por Dios a la verdadera tierra que mana leche y miel, confiesan que fue asunto al cielo, y que ese fue el premio de parte de Dios por todo su quehacer y su desgaste durante el desierto al frente de un pueblo de Israel tantas veces testarudo. Ellos manifiestan que, si no se sabe en que lugar fueron puestos sus restos mortales, fue porque Dios le concedió el regalo de su asunción al cielo.

Así pues, Moisés y Elías, quienes están con Jesús en el Tabor, tienen elementos que les relacionan estrechamente. Sin embargo su presencia en el Tabor es también en fuerza del testimonio que se necesita de dos personas para manifestar la veracidad de un acontecimiento. En Moisés aparece la ley testificando la divinidad de Jesucristo y en Elías aparece el testimonio de los profetas. El camino ha tenido su desenlace en la meta.

El recorrido hacia Dios en el Antiguo Testamento llegó a su destino pleno en la persona de Jesucristo. Y Dios, que es fiel, recompensa a sus siervos de la antigüedad que también le han sido fieles.

5.-     Muy queridos amigos:

Al igual que Moisés y Elías hemos inciciado nuestra cuarentena, de la cual llevamos apenas diez días de recorrido, y la Iglesia nos invita a no perder el fervor con el que iniciamos este camino.

Al igual que Moisés y Elías, hemos sido llamados a contemplar el rostro transfigurado de Cristo, y esto lo obtendremos en nuestra capacidad de transfigurarnos nosotros.

Nuestra transfiguración se logrará sólo si somos capaces de experimentar la muerte a nuestras propias iniquidades.

Recuerda que uno de los nombres de la penitencia es el de la mortificación. Mortificación implica muerte, eso es mortificarse, morir. De esto se trata sin duda en la cuaresma.

La ceniza nos ha recordado cuál es nuestro orígen y cuál puede ser nuestro destino... a no ser que le pidamos a Dios y nos acerquemos a Aquel que nos puede permitir el pasar de la corrupción a la incorrupción y de la muerte a la vida.

Son dos muertes las que comprende la Cuaresma: la iniciada el miércoles de ceniza y la del viernes santo, que se une a la celebración pascual.

¿No es evidente que para resucitar es necesario morir primero? La realidad de nuestra vida cristiana estará, pues, en proporción con nuestra generosidad durante la cuaresma.

La cuaresma debe dirigirnos a la celebración pascual como resucitados.

6.-     Al igual que Moisés y Elías pidámosle a Dios el divino alimento para nuestro caminar por el desierto de la vida.

Al igual que Elías, cuando el ayuno cuaresmal nos parezca demasiado austero, pensemos que es el tiempo de una práctica eucarística más ferviente. El maná, alimento en el desierto, al igual que la torta de Elías, ¿no son acaso figura de la Santísima Eucaristía?

Al igual que Moisés y Elías esperamos también ser conducidos hacia la Patria celeste.

Los cristianos comprendemos que nuestra Iglesia vive oculta en el desierto hasta que regrese Cristo. Mientras tanto, nos rehusamos a que Satán quiera convertir las piedras en panes y le pedimos a Cristo que sea Él, el que multiplique los pocos panes que ponemos con nuestro esfuerzo; más aún, le pedimos que podamos comprender el misterio por el cual, Él que se negó a convertir las piedras en pan, sí quiso convertir su Cuerpo Santísimo en pan de vida verdadera.

Pidámosle que seamos conscientes de que se ha inaugurado el tiempo nuevo, en el que maravillosamente vivimos del alimento del Pan de su Cuerpo y del Pan de su Palabra .

Pidámosle que en el momento concluyente del camino de la cuaresma de nuestra existencia, la Eucaristía también sea asumida no tan sólo como semilla de vida eterna, sino también como poder de resurrección, según sus mismas palabras: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día”.

Pidámosle al Señor que en el momento en que los cristianos iniciemos nuestro tránsito definitivo recibamos la ayuda para abrazar la muerte, misteriosamente unidos con el Señor crucificado y resucitado, quien nos espera con la plenitud de la vida.

7.-     Hermanos: El cristiano, quien ha salido de  la esclavitud del pecado al cruzar el Mar Rojo de su Bautismo, debe aprender a caminar por el desierto de la vida, recibiendo continuamente el verdadero maná en la Eucaristía de Jesucristo, nuestro Señor. De esta manera cuando se encuentre en la cercanía de cruzar el Río Jordán de su existencia, recibirá también en el pan de la vida la última ayuda que le fortalecerá mientras entra a la posesión de la verdadera tierra que mana leche y miel: la Vida Eterna.

La Eucaristía ha sido, es y será el verdadero alimento para los hombres,  superior al maná de Moisés en el desierto, y a la torta que Elías recibió de parte de Dios, tanto en  nuestro camino del tiempo como en nuestro camino hacia la eternidad.

8.-     ¡Qué lástima que algunos se hayan dejado seducir por las palabras de predicadores de cartelera, y hayan dejado de recibir un alimento que ni los ángeles pueden recibir! El Cuerpo y la Sangre de Cristo, Pan de vida y Bebida de salvación. ¿No lo crees así?

REGALOS FUGACES PARA LO TRANSITORIO.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¿qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.

Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: “Éste es mi hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor.

1.-     Muy queridos amigos:

¿Cuántos de nosotros vivimos sumergidos en esa necedad de no comprender la virtud del tiempo?

Para los tres discípulos, la transfiguración del Señor, supuso una visión fugaz que les permitió salir de sus dudas y les confirmó en la fidelidad.

Pero,... de la misma manera en que aparece en la noche profundamente oscura, el trazo repentino y efímero del rayo para iluminar transitoriamente la negra bóveda, de esa misma manera aquel momento de dicha y de gloria celestial estuvo caracterizado por la brevedad.

No nos toca ni a tí ni a mí el decidir ni el cómo ni el cuándo, ni mucho menos la duración de tiempo en la que se debe manifestar Dios, pero sí nos toca a tí y a mí abrir bien los ojos para reconocerlo.

2.-     Somos tantos de nosotros los que en la relación con Dios, lo mismo que con las personas que nos rodean, quisieramos congelar ese instante fugaz para hacer otras cosas en el “mientras tanto” de la vida, o bien para quedarnos en un eterno “mientras tanto”, sin que por ello avancemos hacia un destino de eternidad.

En lo que se refiere a Dios, Él jamás nos abandona, y nos va asistiendo para otorgarnos aquellos bienes que más necesitamos, en el momento en que más los necesitamos.

Y, resulta que nosotros queremos que nuestros momentos de extrema felicidad se detengan y quedarnos en ellos para siempre. Quisiéramos que nuestros calendarios ya no se deshojaran y que los relojes se detuvieran, quisiéramos quedarnos en la montaña de Dios y no regresar a nuestros deberes cotidianos.

Se trata de esos momentos en que nosotros también queremos plantar tres tiendas para que la experiencia se congele, ¡cuando todo se acaba!

La vida cristiana para que sea una vida auténtica tiene que vivirse bajo la evidencia del encuentro, de no ser así dejará de ser cristiana, por que dejará de ser vida.

La transfiguración será un regalo que se recibe cuando Dios quiere y como  Él quiere, pero que requiere por parte nuestra, esa apertura de nuestro ser para que Dios pueda aparecer en el Tabor de nuestra existencia.

Dios es Vida, es Amor, es Trascendencia, es Inefable y es Inexplicable, sólo aparecerá cuando el hombre esté abierto a todo lo posible y a lo imposible, cuando el hombre pueda ser capaz de soñar e imaginar, cuando el hombre pueda ofrecerle una fe sincera que no busque transformarse aquí en la tierra en una certeza de eternidad. La fe es experiencia de nuestra vida, la visión permanente será la experiencia de la eternidad.

3.- Nuestra fe que es catalogada por no pocos como un peso, deberá ser considerada en su sentido auténtico como un alivio. ¡Es cierto! que la podemos sentir como un peso cuando nos fijemos sólo en sus exigencias consecuentes de nuestro cristianismo. Pero el cristiano que sea fiel, en el momento más oportuno encontrará en la fe ese alivio necesario, cuando esa fe con su luz ilumine los problemas de la vida y llene de nuevas esperanzas el corazón cansado.

Recuerda que la fe tendrá siempre sus pruebas para fortalecerse: una fe sin crisis es una fe infantil, una fe en crisis, podríamos llamarle que es una fe adolescente; pero una fe que subsiste a pesar de nuestras muchas crisis es una fe adulta.

4.-     Dios sabe lo que cada uno necesitamos y nos lo concede en el momento oportuno. Te quería comentar lo siguiente:

Considero que el compositor francés Héctor Berlioz al inicio del siglo XIX, poco podía pensar que una de sus muchas composiciones musicales iba a ser motivo para la conversión cristiana de uno de los más grandes pensadores de la España del siglo XX.

Don Manuel García Morente es una de las grandes figuras españolas del siglo XX, fue Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, y cuenta él mismo su conversión la noche del 29 al 30 de abril de 1937.

García Morente un día de cansancio provocado por la sinrazón de una guerra civil que iba devastando a su patria, en su casa, enciende la radio para distraerse, y escucha fragmentos de la obra “La infancia de Jesús” de Berlioz. Esta obra le sumergió en un estado de “deliciosa paz”. La marea de la belleza iba aliada con la revelación de un Dios hecho niño, que esconde su divinidad de forma humilde. Y suscitó en su inquieta imaginación una visión intensa de escenas de la vida de un Dios hecho un ser menesteroso, como nosotros, y entregado a hacer el bien hasta su muerte en una cruz. Esta imagen abrió por primera ocasión en su vida: la confianza y el amor.

Y llegó la conversión, pasó de la noche a la luz, después se haría sacerdote.

5.-     Queridos amigos:

Nuestro problema es el querer entender la vida, incluso la cristiana, como si fuera un destino y, no es así, el cristiano la debe entender como un viaje.

La gran tentación de San Pedro y de muchísimos cristianos es la de plantar una tienda aquí y no darnos cuenta que todo lo que sucede en los términos espacio-temporales es pasajero.

En la Transfiguración, cuando la gloria de Dios iluminó momentaneamente a la persona de Jesús, la reacción de san Pedro fue típicamente humana: quiso plantar tres tiendas ahí y quedarse para siempre en la montaña.

Es auténticamente humana, porque todos nosotros queremos hacer lo mismo: queremos que los momentos de extrema felicidad se cristalicen y quedarnos en ellos para siempre. Pero nuestros relojes siguen caminando y los calendarios siguen deshojándose. Necesitamos bajar de la montaña de felicidad suprema. Sin embargo, puesto que la vida y la muerte significan algo para nosotros, es realmente crítico e importante el recordar que un día subiremos al monte del Señor y contemplaremos su belleza para siempre.

6.-     Pero,... ¿qué hacemos nosotros? Parece ser que en el trato con las personas también nos hemos olvidado del carácter de transitoriedad que tiene nuestro tiempo y, por ende, nuestra vida aquí en la tierra.

No nos damos cuenta que el trabajo puede esperar mientras mostramos el arcoiris al niño, pero el arcoiris no esperará mientras nosotros trabajamos, y no temo el decirte que tampoco tus hijos.

Ray Bradbury, el célebre autor de ciencia ficción, al cual conocí al leer "Las crónicas Marcianas" tiene un libro llamado: "El Encanto del Diente de León" en el que narra la historia de un hombre que trabaja en su laboratorio durante semanas enteras, meses y años, construyendo una Máquina de la Felicidad.

Finalmente parecía haberlo logrado sólo para darse cuenta de que al encenderla un circuito se incendia y provocó que aquel invento se transformara en un total fracaso. Al final decepcionado se sienta en una silla y ve a sus seis hijos a través de la ventana de su casa.

A la luz de la lámpara, sentados en el concreto del patio ellos juegan y le recuerdan, aquel hombre sale de su laboratorio y al sentarse con sus hijos se puso a jugar con ellos; y menciona Bradbury: ésta es la verdadera Máquina de la Felicidad. Lástima que la presencia de las personas sea como el encanto del Diente de León, que sea algo que pueda desaparecer pronto sin que los disfrutes, o sin que los quieras disfrutar.

7.-     ¿Quién no se acuerda de aquel texto que se encuentra en el cristal de tantas vitrinas, escritorios, recepciones  o mostradores?
" El siempre decía que se retiraría
cuando hubiera conseguido un millón limpio;
y así se afanó desde la mañana al atardecer,
de día en día, y de año en año.
Al fin abrió el libro mayor y observó el importe del capital anotado;
pero cuando comenzó a vivir se encontró con que ya había muerto."

8.-     Vendrá un momento en que relojes y calendarios hayán terminado su misión con cada uno de nosotros.

Pidamos a Dios que nos permita disfrutar de la dulzura de su Persona y que no olvidemos disfrutar de aquellos que nos rodean.

Al meditar sobre la Transfiguración, pidámosle también su luz que ilumina nuestra vida cuando está sumergida en la noche oscura.

Es de noche, Señor, para la persona que está sumergida en la enfermedad

Es de noche para todos aquellos que se encuentran en la desesperación.

Es de noche para quien experimenta una especie de sinsentido en la vida.

Es de noche para quien ha perdido a un ser querido.

Es de noche para aquellos que de pronto se han quedado solos.

Es de noche para aquél que se encuentra injustamente encarcelado.

Es de noche para aquellos que no tienen un pan para darles  de comer a sus hijos.

Es de noche para tantas personas aunque los relojes de las otras personas estén marcando el mediodía.

Es de noche para tantos seres humanos, a pesar de que el sol se encuentre en el meridiano.

9.-     Y somos tantos los que quisiéramos saltar por encima de las tinieblas y que nos iluminara inmediatamente la luz. Demasiado simple. Porque es necesario pasar a través de la noche, explorarla de fondo. También la noche tiene indicios de luz.

Cuando pienses que todo está perdido, cuando pienses que todo se ha acabado. Entonces nos queda Cristo, entonces nos queda Dios.

Entonces Dios nos enciende una lámpara para que caminemos en la oscuridad. La lámpara no elimina la noche, pero nos permite caminar para que nuestros pies no tropiecen.
LEVANTAR LA MIRADA PARA NO PERDERSE.

Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: “Éste es mi hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: “Levántense y no teman”. Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús.

Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.

1.-     Muy queridos amigos:

La Transfiguración de Jesucristo en el Tabor es una anticipación de la gloria de Cristo, a fin de que los cristianos podamos alentar nuestro caminar y no claudiquemos cuando nos encontremos bajo cualquier condición en la vida.

Esta es la apreciación que se encuentra en la enseñanza de Santo Tomás de Aquino que nos manifiesta que para que una persona ande rectamente por un camino es preciso que conozca antes, de algún modo el fin al que se dirige: “como el arquero no lanza con acierto la saeta si no mira primero al blanco al que la envía. Y esto es necesario sobre todo cuando la vía es áspera y difícil y el camino laborioso... Y por esto fue conveniente que manifestase a sus discípulos la gloria de su claridad, que es lo mismo que transfigurarse, pues en esta claridad transfigurará a los suyos”

“Mira a las estrellas y presta atención en tu camino” menciona un pensamiento anónimo muy relacionado con la manifestación anticipada de la gloria de Cristo en el Monte Tabor. O incluso lo contrario podríamos afirmarlo con Blas Pascal quien menciona en sus Pensamientos que “en el campo las ovejas de pastar y pastar sin levantar la mirada se llegan a perder”.

2.-     Lo que hoy la Iglesia nos recuerda es que nuestra vida es un camino hacia el Cielo. Y, en ocasiones, nuestra vida se vuelve complicada. Hoy el Señor nos manifiesta que hasta el último momento habremos de luchar contra corriente, y es posible que también llegue a nosotros la tentación de querer hacer compatible la entrega que nos pide el Señor con una vida fácil, como la de tantos que viven con el pensamiento puesto exclusivamente en las cosas materiales... ¡Pero no es así! El cristianismo no puede dispensarse de la cruz: la vida cristiana no es posible sin el peso fuerte y grande del deber... si tratásemos de quitarle ésto a nuestra vida, nos crearíamos ilusiones y debilitaríamos el cristianismo; lo habríamos transformado en una interpretación muelle cómoda de la vida.

La cuaresma apenas se ubica en su segundo domingo y el Señor quiere que no olvidemos el destino de este camino, que el transporte no lo convirtamos en destino, y que nuestros medios no los transformemos en fines.

La transfiguración en este segundo domingo nos invita a que no le tengamos miedo a ese nadar contra la corriente, puesto que en el río de la vida los únicos peces que no nadan contra la corriente son aquellos que están muertos.

3.-     Mencionaba san León Magno en el siglo V que en el Monte Tabor Dios se mostró en Jesucristo “en la claridad soberana que quiso fuese visible para estos tres hombres, reflejando lo espiritual de una manera adecuada a la naturaleza humana. Pues, rodeados todavía de la carne mortal, era imposible que pudieran ver ni contemplar aquella inefable e inaccesible visión de la misma divinidad, que está reservada en la vida eterna para los limpios de corazón”, aquella realidad que nos aguarda si procuramos ser fieles cada día de la vida.

También mencionaba San León Magno que: “El fin principal de la transfiguración era desterrar del alma de los discípulos el escándalo de la cruz” que poco antes había mencionado en el Evangelio y sin duda que empieza a aparecer en el horizonte cuaresmal.

También a cada uno de nosotros quiere el Señor hoy confortarnos con la esperanza del Cielo que nos aguarda, especialmente si alguna vez el camino se hace costoso y asoma el desaliento. Pensar en lo que nos aguarda nos ayudará a ser fuertes y a perseverar. No dejemos de traer a nuestra memoria el lugar que Dios nuestro Padre nos tiene preparado y al que nos encaminamos. Pero sobre todo no debemos olvidarnos que cada día que pasa nos está acercando un poco más.

4.-     San Pedro, Santo Santiago y San Juan han experimentado lo que es el Cielo. Después de ellos, Dios ha escogido a otros santos para que compartieran esta experiencia antes de morir: Santa Teresa de Ávila, san Juan de la Cruz, santa Teresita del Niño Jesús y el mismo san Pablo, entre otros muchos. Todos ellos gozaron de gracias muy especiales que Dios quiso darles y su testimonio nos sirve para proporcionarnos una pequeña idea de lo maravilloso que es el Cielo claramente manifestado en la Transfiguración del Monte Tabor.

Santa Teresita explicaba que el regalo de la visión de Dios es sentirse “como un pajarillo que contempla la luz del Sol, sin que su luz lo lastime.”¿No sería precisamente esto lo que contemplaba el Papa Juan Pablo II cuando al concluir su vida aquel 02 de abril de 2005 nos mencionó: “¡Soy feliz!, sedlo también vosotros”? Sabemos que su camino había terminado y que la meta se había alcanzado.

Cuenta Santa Teresa que hablando de Dios con el Padre García de Toledo, su confesor, vio a Jesús transfigurado que le dijo: "En estas conversaciones yo siempre estoy presente".

Augusto Valensín, jesuita francés, escribe sobre la Transfiguración a la luz de los pensamientos que vivía cuando estaba esperando la muerte: “Estos son los sentimientos que me gustaría tener a la hora de la muerte: pensar que voy a descubrir la ternura. Yo sé que es imposible que Dios me decepcione. ¡Sólo esa hipótesis es absurda! Yo iré hasta él y le diré: No me glorío de nada más que de haber creído en tu bondad. Mas es aquí donde está mi fuerza. Si esto me abandonase, si me fallase la confianza en tu amor, todo habría terminado. Porque no tengo el sentimiento de valer nada sobrenaturalmente. No, cuanto más avanzo por la vida, mejor veo que tengo razón al presentarme a mi Padre como indulgencia infinita”. 
Aunque los maestros de la vida espiritual digan lo que quieran, aunque hablen de justicia, de exigencias, de temores, el juez que yo tengo es aquel que todos los días se subía a la terraza para ver si por el horizonte asomaba el hijo pródigo de vuelta a casa. ¿Quién no querría ser juzgado por él? San Juan escribe; "Quien teme, no ha llegado a la plenitud del amor” (1 Jn 4, 18). Yo no temo a Dios, y el motivo no es tanto que yo le ame, como el que sé que me ama él. Y no siento necesidad de preguntarme por qué me ama mi Padre o qué es lo que él ama en mí. Me costaría mucho responder a estas preguntas. Sería totalmente incapaz de res­ponder. Pero yo sé que él me ama porque es amor; y basta que yo acepte ser amado por él, para que me ame efectivamente. Basta con que yo realice el gesto de aceptar. Padre mío, gracias porque me amas. No seré yo el que grite que soy indigno. Porque, efectivamente, amarme a mí tal como soy, es digno de tu amor esencialmente gratuito. Este pensamiento de que me amas porque así te place, me encanta. Y así puedo librarme de todos los escrúpulos, de la falsa humildad que descorazona, de la tristeza espiritual, de todo miedo a la muerte”.
5.-     Ha  comentado acerca de la Transfiguración alguien tan cercano a nosotros como lo fue Lanza del Vasto: “Entonces, en la cumbre del cielo, estalla la grandeza de Dios de manera que ni siquiera nos hubiéramos atrevido a soñar. Estalla como una tempestad, pero como una tempestad que habla. Barre las resistencias, hace callar todo delirio y todo pensamiento y toda visión. Y toda figura se borra en la nube luminosa y ya nada subsiste en el abismo tonante, salvo la sombra luminosa de la revelación. Los tres apóstoles comprenden que están ante algo definitivo y terrible. Por eso caen al suelo, “se prosternaron rostro en tierra, sobrecogidos de un gran temor” (Mt 17,6). Han  entrado en contacto con la divinidad. Caen en oración”.

También ha comentado José Luis Martín Descalzo acerca de la transfiguración: “La zarza ardiendo de la eternidad está ante sus ojos. No fue pues una invención, ni un sueño, fue una realidad percibida por los apóstoles en su mundo interior, fue el descorrimiento de un velo que mil veces habían intuido y nunca comprendido”.

Romano Guardini le llama a este descubrimiento el fuego, esa unión misteriosa que hay entre el Hijo de Dios hecho hombre en Jesús y que hace de él un hombre hiperviviente en plenitud de vida humana pero elevada a dimensiones que jamás podremos los hombres entender.

6.-     Y en estas circunstancias la tentación en la pretensión del apóstol san Pedro de querer "hacer tres tiendas" está siempre presente en él, en nosotros y en todos los hombres.

Es curioso que el hombre se preocupe siempre por construirle una casa a Dios, cuando el mismo Dios es aquel que ha bajado a la tierra para vivir en las casas de los hombres. Digamos que Dios no tiene tanta la necesidad de metros cuadrados como de la acogida sincera en el corazón humano. Dios no quiere vivir en un "hotel para dioses" relegado como muchos de nuestros ancianos, en una especie de estacionamiento o de pensión. Dios quiere vivir en familia con los hombres, andar entre sus pucheros, como lo advertía santa Teresa de Ávila. Entendamos que por muy equipados que pudieran estar muchos de nuestros templos, esas tiendas que hemos levantado para Dios, sin la presencia de una comunidad viva, siempre le resultarán fríos a un Dios que busca el cobijo de los hombres.

El Dios-con-nosotros no puede quedar en una especie de producto situado en un mercado al que se acude cuando se necesitan servicios religiosos. Dios no es un objeto de consumo. Él es la vida misma del hombre, pero nosotros nos empeñamos en confinarlo en su casa en lugar de tenerlo como compañero continuo en el camino de la vida.

Dios quiere bajar del Tabor como ha bajado del cielo, y quiere que los hombres también descendamos para que así vayamos un día al Tabor de la eternidad que Él nos ha preparado. Pero para llegar a este destino sólo existe un requisito: levantar nuestra mirada para no perdernos.

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