Domingo 18 de Febrero de 2007_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

AVANZANDO POR CAMINOS INTRANSITABLES

“ En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen, bendigan a quienes les maldicen y oren por quienes los difaman. Al que te golpee en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite el manto, déjalo llevarse también la túnica. Al que te pida, dale; y al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

Traten a los demás como quieran que los traten a ustedes; porque si aman sólo a los que los aman, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores aman a quienes los aman. Si hacen el bien sólo a los que ls hacen el bien, ¿qué hacen de extraordinario? Lo mismo hacen los pecadores. Si prestan solamente cuando esperan cobrar, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores prestan a otros pecadores, con la intención de cobrárselo después.

Ustedes en cambio, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar  recompensa. Así tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno hasta con los malos y los ingratos. Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados; den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos”.

Momento 1

Momento 2

Momento 3

 

1.- Muy querido amigo:

“¿Has venido aquí en busca de perdón? ¿Has venido aquí a resucitar a los muertos?... un amor, una sangre, una vida..., los unos con los otros, hermanos, hermanas...” (ONE de Bono).

Durante esos sucesos de violencia, que en estas semanas el hombre ha traído consigo y ante la beligerancia que sigue provocando el orgullo humano, tanto en nuestra vida local, como nacional y mundial, me ha venido a la memoria este poema de canción en torno a la utopía de la paz, de tal manera que la quise escuchar una y otra vez en esa grabación realizada hace doce años, el 12 de Septiembre de 1995 en Modena, Italia, durante un concierto en beneficio precisamente de los niños de Bosnia.

2.-     El día de hoy, en la Providencia que proviene de Dios, tu y yo hemos encontrado en las palabras de Cristo un poema infinitamente más bello, sobre ese proyecto que tiene Dios para que se realice el perdón, la fraternidad y la reconciliación, en una palabra, para que el amor cristiano se materialice y se convierta en praxis, para que pase de ser solamente algo afectivo para convertirse en una realidad efectiva.

Este mensaje, para ser entendido, deberá de ir unido a la totalidad de esas relaciones  que el Señor Jesús ha entablado con la Ley Judía. 

Solamente al leer esas enseñanzas y al contemplar el actuar del Señor Jesús, podremos entender las distintas reacciones que se han generado a lo largo de la historia sobre el mensaje de Jesús: desde su enfrentamiento contra el legalismo, la desautorización de la Ley y de su presunto carácter salvador, las correcciones que Jesús hace de la ley, y esos nuevos preceptos que Él decreta.

3.-     Al escuchar lo anterior, cualquier persona podría juzgar que un hombre en el cristianismo queda remitido a sí mismo, en una especie de autonomía que podría conducir a la anarquía y, a lo que de subjetivo tendría este factor.

Sin embargo, hoy mismo, el Evangelio nos muestra el nuevo trazo con el cual se diseña el rostro del hombre en Cristo: se le remite a la Gracia, al ideal que tú y yo tenemos en el Padre de bondad, y en el mismo Jesús.

El Evangelio de San Lucas nos presenta esas así llamadas antítesis del Sermón de la Montaña: “antes se dijo... pero ahora yo os digo”. En ellas nos manifiesta la radicalización más clara y total del ser del hombre: Se nos invita simple y complejamente para que tú y yo “Seamos misericordiosos como el Padre celestial es misericordioso”.

Jesús nos está presentando su proyecto de hombre. Él no sustituye unas normas de conducta por otras normas, digamos que Él no es moralista o un simple personaje ético de los que la historia ha tenido. Su enseñanza, en realidad, cuando es verdaderamente experimentada podrá ser dimensionada como una exigencia en mucho superior a la Ley de Moisés y a cualquier tipo de legislación.

4.-     Desde un juicio humano ecuánime y sincero, hablar del perdón y, más aún, de la oración que tenemos que hacer a favor del enemigo pueden y deben ser considerados como una especie de caminos intransitables y como preceptos impracticables.

Humanamente, los hombres que escuchamos sus palabras, y que tenemos la conciencia y la intención de querer vivirlas, al hacerlo realmente a conciencia nos vamos a sentir sin apoyos, sin seguridades y nos percibiremos expuestos a la intemperie así como totalmente vulnerables.

Y será precisamente, al estar en ese lugar, que nos podemos dar cuenta de que el hombre que Jesús concibe es un hombre al que le es exigido mucho más que a nadie (puesto que las exigencias que sobrevienen con el amor y con la misericordia de Dios son las exigencias más radicales), pero simultáneamente, y aunque te pueda parecer contradictorio, a este hombre también le es exigido mucho menos que a nadie: pues el único precepto que se le da es el mandato del amor, y el amor no es otra cosa sino la más profunda verdad que Jesús nos ha enseñado sobre el hombre, y la más radical de las exigencias.

Es precisamente esa exigencia del amor radical que Cristo nos enseña, con sus palabras y sobre todo con su vida, lo que en la realidad nos enterará de lo que es estar desarbolados, al aire libre, sin un amparo y sin un abrigo.

Podremos entonces cada uno preguntar al Señor junto con sus apóstoles: “Pero ¿Cómo puede ser esto?...”, “si las cosas son así, entonces ¿quién puede salvarse?...”.

5.-     Jesús nos dará respuesta, y no apelará a las fuerzas que acompañan a la voluntad humana, ni negará la imposibilidad de estos factores, sino que nos remitirá a la única fuerza que nos ayudará a alcanzar su nuevo proyecto humano: La Gracia. “Es imposible para los hombres pero no lo es para Dios...”; “es para aquellos que el Señor les haya permitido aceptarlo...”.

Lo anterior, es la equivalencia a lo que el mismo Evangelio nos muestra el día de hoy: “Sed Misericordiosos, como vuestro Padre celestial es misericordioso”. Mientras que, San Mateo nos dirá que: “seamos perfectos como el Padre celestial es perfecto”, San Lucas preferirá hablar de la Misericordia. Es aquí, en donde la utopía humana se enuncia y se pronuncia convirtiéndose en el mensaje cristiano de una realidad: Lo que a Dios le corresponde por naturaleza, el hombre lo puede alcanzar solamente por la Gracia.

Así, la oposición del Señor  Jesús a la Toráh, o ley mosaica superará todas las oposiciones que existan entre letra y sentido, exterioridad e interioridad, culto y obrar ético, e implicará una nueva y en mucho más radical oposición: la oposición existente entre la Ley y la Gracia dirigida hacia la comunidad judía del tiempo de Jesús y, bien podríamos decir, que también a la oposición existente entre la Gracia de Dios y esas adquisiciones de las solas fuerzas del hombre, tanto de los platónicos de aquel entonces, como de los platónicos desvelados de nuestro entorno.

Si somos cristianos conscientes, nos daremos cuenta de que el Evangelio de hoy nos sitúa allí en la frontera que existe donde acaba nuestro mundo y sus posibilidades, y en dónde se abre el universo y el futuro de Dios. Las exigencias llegan a ser tales que implican un fin de este nuestro mundo mezquino y un viraje real en la marcha de nuestra historia.

6.-     ¿No estás de acuerdo con alguna de las apreciaciones que te he manifestado? Entonces, te pido que releas el Evangelio detenidamente y que te des un poco de tiempo para dirijir la mirada hacia el pasaje que nos narra el Segundo libro de Samuel.

¿Para qué te ha puesto Dios nuestro Señor al enemigo en las manos? ¿Para matarlo? ¿Para acabar con él? ¿Para aniquilarlo? ¿Para que sacies tu sed de venganza? ¿O te lo pone al alcance de la mano para que le ofrezcas el perdón y la ayuda?

Seamos capaces de atender este mensaje del Evangelio en el que se nos está invitando no tan sólo a perdonar al enemigo, no es solamente que no le hagamos daño, sino que se nos está invitando para que aprendamos a amarlo: “Amad a vuestros enemigos, hagan el bien a los que les odian, bendigan a los que les maldicen, oren por los que les injurian. Al que te pegue en una mejilla preséntale la otra...”

Pensemos y repensemos en lo que hemos leído, y sobre todo pongámoslo en práctica, y nos daremos cuenta de que el Señor no tan sólo nos está invitando a dejar pasar al enemigo sin hacerle nada, sino que se trata de que le encontremos y de que no le dejemos ir sin hacerle algo,... el bien.

Debemos comprender que un buen cristiano no es aquel que no hace mal a nadie, sino aquel que hace el bien a todos sin distinciones, aún a los que le odian.

7.-     ¿Difícil? ¿Caminos transitables o intransitables? ¿vías accesibles o inaccesibles? ¡Y quién te engañó al decirte que ser cristiano era fácil! Todo aquel que dice que el ser cristiano es fácil, o es que no conoce lo que es el ser verdaderamente cristiano, o es aquel que piensa conocerlo pero que no lo ha vivido.

El Evangelio nos está exhortando a perdonar de corazón a nuestro hermano, y a conseguir esto a través de nuestra profunda adhesión con Dios. Se trata de ingresar al nivel y a la órbita de la vida cristiana y, se trata de acceder a la superioridad, no de quien se siente más que los demás por ofrecer el perdón, sino de aquel que es capaz de aceptarlos a todos independientemente de su rostro.

Tiene razón, el inglés Francis Bacon, el filósofo no el pintor, cuando refiere en uno de sus célebres pensamientos que: “Vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonando, uno se muestra superior a él.”...  Pero, en la apreciación cristiana, no se trata de la superioridad de alguien que pudiera sentirse orgullosamente virtuoso y digno de ser imitado, sino que se trata de la superioridad que acompaña a alguien que ha logrado acceder a la gracia de Dios para que así podamos ser misericordiosos como solamente Dios es misericordioso.

Decía aquella sabia canción que cantaba Bono en Modena: “¿Has venido aquí en busca de perdón? ¿Has venido aquí a resucitar a los muertos?... un amor, una sangre, una vida..., los unos con los otros, hermanos, hermanas...”

Hermanos muy queridos:

¡Ojalá que todos nosotros perdonemos de corazón a nuestros hermanos! Eso es vida cristiana auténtica.


ERRAR ES DE HUMANOS, PERDONAR ES DIVINO.

“   En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar  recompensa. Así tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno hasta con los malos y los ingratos. Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados; den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos”.

1.-     Queridos amigos:

Al leer este pasaje del Evangelio, se dio cita inmediatamente en mi memoria una frase que leí hace algunos años cuando cursaba los estudios filosóficos y que conservé apuntada bajo el cristal del escritorio y bajo el nítido cristal de mis recuerdos y de mis afectos: ERRAR ES DE HUMANOS, PERDONAR ES DIVINO”.

“ERRAR ES DE HUMANOS, PERDONAR ES DIVINO”. Con esta frase de Alexander Pope quiero abrir la puerta de este segundo momento de nuestra reflexión. De acuerdo al pensamiento de este poeta inglés del siglo XVIII, pareciera que las ofensas y los errores formaran una parte ineludible de la vocación humana, así mismo parece afirmar que el perdón encierra la totalidad de nuestra vocación cristiana.

Tú y yo sabemos que el hombre, mientras está de camino por esta vida, puede ofender o bien puede ser ofendido. Y lo más lamentable de todo, al mismo tiempo, conocemos que lo más grandioso será el darnos cuenta de que solamente puede herirnos aquella persona a la que amamos.  Así lo afirmaba Jorge Luis Borges: “La verdad es que nadie puede herirnos, salvo la gente que queremos”.

2.-     En este marco, en el que aún muy a nuestro pesar, en ocasiones soy yo quien te lastimo y en otras tú quien me lastimas y en no pocas ocasiones sin que nos demos cuenta, o si nos damos cuenta suele suceder sin malicia, el gran distintivo que marca la enseñanza cristiana es el tema del perdón. Podemos decir que el perdón forma parte importante del factor cristiano, o digamos que es el ingrediente cristiano más necesario en nuestra vida. Por Cristo y en Cristo, hemos conocido que el perdón se ha convertido en la manifestación más nítida del amor que alguien puede tener en su corazón.

Sin embargo, los cristianos debemos contemplar el perdón con ojos muy distintos de aquellos que no reconocen la fe en Jesucristo.

El Padre del Cielo, el Padre Bueno se ha convertido en nuestro mismísimo modelo en esa puesta en práctica del perdón, se nos invita para que seamos misericordiosos como el Padre celestial es misericordioso.

Esto es lo que hoy nos recuerda el Señor Jesús: Nos pide que perdonemos como Dios perdona. Ni te equivoques ni te engañes: no se trata de que Dios perdone igual que nosotros, sino que nosotros aprendamos a perdonar de la misma manera que lo hace Dios.

Como si fuera un recurso de contrastes, la Palabra de Dios señala en la primera lectura de este día, lo mezquino que resulta albergar en nuestro corazón el rencor y la cólera: son llamadas cosas abominables.

3.-     El rencor y la cólera, respaldados por el orgullo y la soberbia, son aquello que nos impide perdonar al hermano. Ese resentimiento va provocando una serie de efectos nocivos en nuestra vida: son como una especie de residuos en el fondo del corazón que pueden intoxicar la totalidad de la vida cristiana, son como esas adherencias que forman parte de nuestros órganos, las cuales podrían causar alarma al ser descubiertos por cualquier médico sensato.

Al final de cuentas, somos tú y yo los que nos volvemos esclavos de nuestros resentimientos, ya que el rencor no suele dañar a aquella persona que se le tiene, sino a aquel que lo tiene y lo quiere conservar.

Saber perdonar es querer vivir en libertad, es aprender a vivir hacia el futuro sin lastres ni rencores, es saber dar el paso definitivo hacia el dominio de mis sólos instintos de venganza y de mi propia justicia. 

4.-     Te quería referir este día lo que escribe Francine Cockenpot, una joven mujer salvajemente agredida en su casa, en un libro titulado: EL AGRESOR. Ella vivió un largo combate interior antes de poder finalmente perdonar. Sin embargo, gracias a la ayuda de Dios, pudo ella liberarse del saco de resentimientos, rencores, odios y resquemores que llevaba cargando durante largos años en sus frágiles espaldas. De acuerdo a su libro, este fue su itinerario hacia la luz que proviene con la paz:

 “Lo que me has hecho, difícilmente puedo perdonártelo...
no soy capaz de perdonártelo.
Dirígete al que hizo a los lobos al mismo tiempo que a los hombres.
Dirígete al que sabe que tú no eres un lobo, sino un hombre...
Yo no tengo el valor de mirarle,
Porque lo que tú has herido en mí, es la imagen misma del hombre.
Dirígete a Él y olvídame; yo soy un obstáculo entre Él y tú...

Espero de Ti, Señor, la experiencia del perdón.
No el que se desvía, no el que olvida,
Sino el que se acuerda para amar más,
Para devolver la vida a lo que estaba muerto o era “no vida”.
Espero de Ti, Señor, que mi agresor viva en mí
Como un hermano al que no habría conocido bastante pronto
Para amarlo e impedirle ser un asesino...Te dejo.
Sigue tu vida. Yo intentaré vivir la mía.
No serán jamás las mismas, ni la mía ni la tuya...
Entre tú y yo hay una vida destruida y quizá la esperanza...
De una vida de la que yo no conocía nada,
de la que tú no conoces nada.
Otra vida, otra tierra fertilizada por la sangre y el incendio.
Otra vida para ti y para mí.Quizás Señor...
Cuando me presente ante ti
te hablaré de él primero.
Puede que nadie jamás te haya hablado de él.
Puede que nadie jamás te haya pedido
con tanta fuerza para que se convierta en tu hijo pródigo...

Perdóname que te diga: No me salves sin salvarle.
Padre, en tus manos encomiendo mi alma.
Tómala ensangrentada y torturada, y pacifícala.
La justicia de los hombres no da paz,
sino que condena los remordimientos e incita a la revancha...
Tú sólo lo levantas de nuevo.
Tú solo, con una mirada de amor,
Transformas en hombre al que vivía con los lobos.
Yo no sabía que tú ibas a permitir
Que su salvación estuviera ligada a la mía por el crimen de sangre.
Padre, en tus manos encomiendo nuestras almas.”

5.-     ERRAR ES DE HUMANOS, PERDONAR ES DIVINO: ¡No hay ninguna duda de que es el perdón el que nos acerca a Dios! Es el perdón lo que nos permite mostrar en nosotros el rostro amable del Nazareno, de aquel que perdonó hasta a sus verdugos. Ya san Juan Crisóstomo, les decía a sus feligreses de Constantinopla, a través de su predicación, en los principios del siglo V: “nada nos asemeja tanto a Dios como estar siempre dispuestos a perdonar”.

El camino que se nos muestra el día de hoy, es doble en su destinatario, el ofensor y el ofendido, pero coincidente en su contenido: invitarnos a la conversión. El perdón exigirá la conversión de las dos partes, tanto la del que delinque como la del afectado. Hace falta la conversión tanto de aquel que tiene que pedir perdón como la conversión de aquel que tiene que perdonar. En realidad se trata de una situación en la que nos encontramos cada uno de nosotros: recibimos el perdón de alguien y, casi simultáneamente, debemos obsequiárselo a alguien.

Todos necesitamos de la conversión, sin conversión no se pide perdón. También a los que hemos sido ofendidos nos hace falta internarnos en nuestra propia vida y revisar honestamente todo aquello en lo que nosotros hemos lacerado al hermano, todo aquello en lo que le hemos dañado o en lo que le hemos dejado de ayudar, reconocer nuestras comisiones y nuestras omisiones. De esta manera tanto el que ha pecado con la ofensa necesita conversión.

6.-     Sin embargo, también aquel que recibe una solicitud de perdón necesita un cambio en su vida, sin conversión no se sabe perdonar. Alguno pudiera presumirse como alguien sin faltas, que se ha esforzado en no ofender a nadie, y lo ha cumplido,... pero si no existe el amor en su corazón, esa persona posee el mayor pecado que puede haber, y por lo tanto, también necesita de la conversión.

Al final de cuentas todos, ofensores y ofendidos, debiéramos practicar la conversión ante un Dios que siempre nos perdona cuando nos convertimos con sinceridad, y al amarnos tanto nos invita a no volver a hacer aquello que nos daña o que daña al hermano.

7.-     Si tú y yo fuéramos sinceros, e hiciéramos en este momento un conteo escrúpuloso de todas esas ocasiones en que hemos sido perdonados por Dios, nos daríamos cuenta de que ha sido tan grande la deuda que Dios nos ha perdonado que, esto debiera ser un motivo más para que nosotros también practicáramos el perdón ante los pocos céntimos que quizá nos debe el hermano, muchas veces fruto de la ignorancia, o de algún error, posiblemente de algún olvido, o quizá algún momento de necedad.

Pero..., la verdad, díme por favor: ¿Qué son unos centavos que nos adeudan en comparación con la generosidad que Dios nos ha prodigado y que nos prodiga? Sin embargo, tú y yo somos orgullosos y soberbios al no perdonar de corazón al hermano.

Como ser humano, como cristiano y como sacerdote, estoy plenamente convencido de que, para que alguien solicite el perdón a alguien, suele hacer falta humildad en su corazón, puesta en práctica desde el momento en que reconocemos que hemos transgredido o lastimado a una persona. Sin embargo, también estoy plenamente convencido de que para que alguien de nosotros sea capaz de perdonar a aquel que nos ha ofendido, suele hacer falta amor cristiano en lo profundo de nuestro corazón. La persona que no ama no  es capaz de perdonar ni de pedir perdón.

 

 

RETROSPECTIVA Y PROSPECTIVA.

“  En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen, bendigan a quienes les maldicen y oren por quienes los difaman. Al que te golpee en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite el manto, déjalo llevarse también la túnica. Al que te pida, dale; y al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

1.-     Muy queridos amigos:

El Evangelio de hoy es el proyecto cristiano para la humanidad, se trata del boceto que se nos ofrece para nuestra propia historia.

Todos nosotros hemos recibido la vida de parte del Señor, pero también hemos sido perdonados por Jesucristo cada vez que se lo hemos solicitado y, en los momentos en que hemos sido capaces de reconocer nuestra culpa,... No obstante, al endurecer nuestro corazón, con muchísima frecuencia nos hemos olvidado de lo que nosotros mismos hemos recibido y nos solemos manifestar inflexibles y mezquinos ante el prójimo.

2.-     Hoy hemos escuchado el Evangelio de Jesucristo, en el cual hemos conocido que Dios Padre, es nuestro modelo en el perdón y que, este será el tema con el que al final de la vida se nos examinará antes de ingresar al Reino de la vida.

El perdón ofrecido es una increíble posibilidad, de parte de aquel que es Padre bueno, para con todos sus hijos, y que espera que entre nosotros también nos tratemos como hermanos. Se trata de la invitación para que nosotros imitemos la misericordia sin límites del Padre que nos ama, su capacidad de poner a cero las cuentas y de anular las deudas de todos independientemente del monto que tuvieran.

Antes de que pensemos en ese perdón que debemos ofrecerle al hermano, primero, debemos asimilar el perdón que Dios nos ofrece.

El hombre no puede recibir el perdón de Dios si no se lo pide. Pero no se lo puede pedir si no está dispuesto a reconocer sus errores. Y reconocer el error supone la valentía de aprender a mirar despacio y minuciosamente hacia el interior de nuestra conciencia para ver cómo estamos viviendo, cuáles son esos valores, dónde están nuestros ídolos que han ido desplazando la vida auténtica. La vigilancia, la reflexión, la atención sobre lo que hacemos, nos lleva necesariamente a la claridad para ver dónde están nuestras fallas. Sólo después podemos pedir perdón.

Cuando somos capaces de reconocer y aceptar el egoísmo ejercido en cada uno de nuestros actos, cuando no tenemos miedo de aceptar nuestro error, cuando aceptamos una conciencia en la claridad, se empieza a vivir.

3.-     Podríamos hoy decir que para que logremos experimentar el perdón y ofrecer el perdón a quien lo solicita, debemos abrir nuestro corazón con dos llaves, puesto que así es como está diseñada la puerta que ha cerrado a los demás y a mí mismo el rencor en nuestro corazón. La primera llave es el reconocer, ver, aceptar mis faltas y, la segunda llave: el tener la actitud de arrepentimiento, quizá no siempre por la maldad, sino por la indolencia, la pereza, el abandono, el egoísmo despreocupado, el vivir como todos en un mundo que siempre será y aparecerá como escenario de la vida y,  por tanto, como lugar donde sólo aparece lo que se ve, pero no lo que cada uno de nosotros vivimos y sentimos. Será entonces que se pedirá y se estará en la posibilidad de experimentar el perdón.

4.-     Amigos estimados:

Una vez que, se nos haya devuelto la vida, a través del don del perdón que viene del Dios que es compasivo y que es misericordioso, tendremos una deuda que solamente se podrá saldar ofreciendo de corazón el perdón a nuestro hermano.

Se inicia, entonces, un proceso liberador de todas nuestras ataduras. La ira es sólo una de nuestras cadenas más arbitrarias. Por favor, recuerda siempre que todos y cada uno de los pecados capitales, no suelen ser otra cosa, sino nuestra ausencia de dominio, y por lo tanto se convierten en nuestras propias prisiones.

Ante el conflicto del hermano con el hermano, no nos queda más solución que perdonar,... y es que las otras salidas: la del rencor, la del odio o la venganza, nos perjudican siempre a todos, primero a quien la padece, después a quien se le tiene, y como consecuencia a todos los demás que sufrimos al ver que se ofenden o que se guardan rencor.

5.-     El mejoramiento humano vendrá siempre de dentro hacia afuera. Saber perdonar es querer vivir en libertad, es saber dar el paso hacia el dominio de mis instintos de venganza y de mi propia imagen de “justicia”, la cual suele ser, aunque no lo creamos, cada vez más injusta.

Todo acto de egoísmo nos encierra, y todo mirar hacia arriba nos eleva y nos comunica con los deseos profundos de nuestro ser. El pecado es, entre otras muchas cosas, el dejarse arrastrar por cualquier cosa que acabe en mí y sea sólo para mí.

Hoy, la Iglesia, fiel a su misión de ser la continuadora de la obra de Jesucristo, nos sigue predicando la invitación a perdonar y a convertirnos. ¡Fíjate!, cómo no podemos ni debemos introducir números en el registro de la misericordia. No se pueden establecer fechas en el calendario del amor. Cristo nos ha hecho entender que para el perdón no existe ni la única ni la última vez. ¡Esto, y no otra cosa, es el auténticamente aprender a ser misericordioso como Dios es misericordioso!

6.-     El perdón que debemos ofrecer no termina nunca, no se  interrumpe, nunca se acaba. El perdón es una historia estupenda ininterrumpida

Es aquí, en donde nos encontraremos con la más grandes de nuestras carencias. Se trata de la necesidad que todos tenemos de una cirugía mayor para nuestra alma. Esto sí que resulta difícil, pero nunca imposible para un cristiano, puesto que tú y yo conocemos que existe un quirófano en la cruz de Cristo. La intervención quirúrgica consistirá en bajar hasta lo más profundo del corazón y limpiar todo perfectamente, como cuando una mujer limpia su casa de las impurezas, como cuando un cirujano extirpa el tejido más profundo de células cancerosas.

El perdón, pedido y otorgado, se convertirá en nuestra fuente de alivio. El expediente debe quedar limpio: Solamente así será como la persona que ha sido perdonada ya no deberá llevar la carga de su culpa, pero de la misma manera, la persona que haya perdonado ya no deberá llevar la carga del resentimiento.

La ofensa nos causa una herida y cuando la persona nos pide perdón está intentando sanar la herida, pero tal parece que a nosotros nos gusta ir caminando con las llagas abiertas, con nuestros tejidos expuestos,... no somos capaces de perdonar al otro y, no nos damos cuenta de que, por esa misma razón no hemos sido capaces de sanar.

Resulta increíble que nosotros mismos hayamos creado circunstancias de rencor y de odio y, lo más increíble es que las sigamos alimentando, de tal manera que con ello vayamos amargando nuestro ser, nuestra vida, nuestra existencia. Soy yo el que me esclavizo con mis resentimientos. 

7.-     Bernard Häerhing es un sacerdote redentorista especialista en teología moral que escribe en una obra titulada:”La fe fuente de salud” el siguiente pensamiento:

"Una memoria completamente ocupada por recuerdos rencorosos, desempolvados continuamente, está seriamente enferma y será fuente y causa de muchas enfermedades para la persona afectada y para su entorno"

Los psicólogos también coinciden en esta información: es el rencor y tantas ataduras al pasado que han sido depositados en muchos corazones lo que enferma a la gente.

No sé si estés enterado, pero el 23 de Abril de 1992, hace quince años, la televisión de habla francesa en Canada emitió un programa televisivo llamado "La Marche du siécle" conducido por Jean Marie Cavada en el FR3. La razón del programa era instar a este mundo lleno de odio a perdonar. Decían: el perdón es una de las condiciones para la supervivencia humana. Pasaron en la emisión los resultados de la encuesta periodística del Nouvel Observateur, en la cual se les preguntaba a los jóvenes sobre la imagen que para ellos manifestara más el sentido del perdón y les ofrecieron varias opciones. Los jóvenes respondieron que la imagen que más les había impactado acerca del tema del perdón, era aquella en la que el Papa Juan Pablo II visitaba en la cárcel a Mehetme Alí Agca, aquel hombre que le intento asesinar en la plaza de San Pedro.

Eso es la vida auténtica: el entorno, los que me rodean y mis circunstancias; y resulta por demás empobrecido que mis circunstancias sean el rencor y la enemistad.

8.-     Aferrarse a la ira se convierte en el intento de querer agarrar un carbón ardiente con la intención de arrojárselo a alguien: es uno mismo quien, al final de cuentas, resulta quemado.

Con los rencores que llevamos en nuestra vida, somos muchos los que nos asemejamos el desierto, somos esa tierra en la que ya no crece nada, personas en las que ya no existe la alegría ni el bienestar.

Debemos predicar la necesidad de volver a Dios para el perdón de los pecados. Conversión significará una historia nueva, una historia vuelta al revés con respecto a nuestras viejas y despreciables costumbres.

La incapacidad de perdonar nos somete al pasado, a viejos resentimientos que impiden la entrada de aires nuevos en la vida. Nuestro propio rencor es un lazo que otros nos echan al cuello. Si no perdonamos, vivimos expuestos a lo que hagan nuestros enemigos, y caemos en un círculo vicioso de acciones y reacciones, de afrentas y venganzas, cada vez más violento. El pasado ahoga y devora al presente, hasta que el perdón libera a quien lo otorga.

Para la mente que no perdona el pasado y el futuro son iguales. Se resiste al cambio. No quiere que el futuro sea distinto del pasado.

El hombre que recibe el perdón y que ofrece el perdón será capaz de enderezar su pasado y ofrecer esperanzas a su futuro. El perdón recibido y ofrecido permite corregir nuestras retrospectivas y optimizar la prospectiva de la vida.

9.-     Entendamos la misma verdad pero ahora de otra manera: No podemos presumir del perdón de “El de Arriba” si no somos capaces de perdonar nosotros a “los que están abajo”. Presentado desde el lenguaje que el Señor Jesucristo nos ha enseñado: ¿Cómo podemos sonreír tranquilamente al Padre y obtener de Él grandes beneficios si a sus otros hijos, mis hermanos, los tratamos despiadadamente?

Todos aquellos que aspiramos a obtener la compasión de Dios deberíamos practicar la compasión con el hermano, todos aquellos que anhelamos ser beneficiados por la misericordia divina debemos ser misericordiosos con el hermano, todos los que queramos ser perdonados por Dios debemos aprender a perdonar... Seamos consecuentes con nuestra fe y con aquello en lo que esperamos, practicando la caridad con el hermano.

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