Domingo 8 de Junio de 2008_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

¿QUIÉN ES BUENO Y QUIÉN ES MALO?

“En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.

Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?” Jesús los oyó y les dijo: “No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

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1.- Muy queridos amigos:

Extraña actitud entraña el corazón de tantos hombres, los cuales nos sentimos superiores a los demás, pero todavía es más extraña y nociva la actitud de aquellos hombres que nos solemos juzgar como buenos, a costa del desprecio de los hermanos.

Los hombres, tal parece que no hemos comprendido la realidad sobre la salvación que nos trajo Jesucristo, la cual por ser divina, tiene alcances universales. Los seres humanos no hemos comprendido que Dios ama a todos los hombres y, que espera algún día tenernos reunidos como su familia, en torno a la mesa del banquete eterno.

Esos hombres erráticos de todos los tiempos de todos los pueblos y de todas las religiones, entre los cuales estamos tú y yo, hemos estado luchando y fracasando ante esa gran tentación que amenaza al hombre religioso: la reducción del particularismo. Los hombres nos hemos encargado de segregar y proscribir al hermano.

“¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?” –preguntamos los fariseos- Y es que no comprendemos la lógica de Dios.

2.-     Somos precisamente los hombres, aquellos que hemos fraccionado esta tierra que Dios nos ha dado. Los seres humanos somos los que nos hemos dado a la tarea de crear esas líneas imaginarias que marcan las fronteras en la geografía de este mundo. Todo esto, hasta cierto punto, es comprensible y hasta un cierto punto útil. Y no obstante, nuestra verdadera complicación radica, en el hecho de que no hayamos alcanzado a comprender que en la geografía de Dios no existen los confines, que para Él no hay lugares limítrofes. En la geografía del divino Creador no se han diseñado distancias y, por tanto, para Él no existen los distantes. Y en cuestiones de humanidad, para Él no existen las castas, y por lo tanto no existen los propios ni los extraños.

Somos los hombres los que nos hemos encargado de separar a nuestros hermanos por colores, por raza, por cultura, por economías y por ideologías. Los hombres hemos fabricado los ghettos, las alambradas y los muros. De una u otra manera todos los hombres, solemos despreciar a los que son distintos a nosotros, y le hemos querido llamar pureza a nuestro racismo y al desprecio por el hermano le hemos llamado patriotismo. 

3.-     Este domingo, conforme al Evangelio leído, tenemos que reconocer, con verdadera vergüenza, que la frontera más dolorosa y la más intransitable suele ser la frontera religiosa, y que las guerras más despiadadas han sido, son y serán aquellas que emprendemos los hombres en el “supuesto” nombre de Dios.

El que los hombres nos sintamos distintos a los demás no genera pecado alguno –puesto que lo somos-, pero sí el sentirnos superiores a los demás, y más aún, trasladar nuestro afán de superioridad al plano moral y religioso despreciando, desacreditando, condenando, y muchas veces, atacando al que no piensa como yo y como tú, o que no pertenece a nuestro exclusivo círculo. A esto, se le llama fundamentalismo.

El hombre fundamentalista en lo religioso, suele dar un paso más allá de la sola discriminación, y es que él mira a los enemigos propios como si fueran los enemigos de Dios; es por ello que el Señor Jesús, en su sabiduría y amor, nos pide amar a los enemigos y rezar por ellos. El Señor Jesucristo, bien sabe que en el momento en que tú y yo rezamos por alguien, ése alguien, por quien elevo una plegaria, ha dejado de ser mi enemigo.

4.-     Los cristianos tenemos que ser coherentes con esa fe que profesamos. Nosotros debemos luchar contra la hipocresía de nuestro propio fariseísmo.

Se trata de la falsedad, porque en nuestra visión de la vida, nosotros siempre somos los héroes y los otros son los villanos, nosotros somos los buenos y los otros son los malos. Muchos predicadores, incluyéndome yo y muchos de los que conoces, parecemos esos niños que juegan a los policías y ladrones, en donde nosotros seremos siempre los guardianes del orden y los demás son los que delinquen. En el guión de la trama que nosotros mismos hemos redactado, nosotros seremos siempre los santos y los otros serán los pecadores.

Nosotros, claro que por supuesto, que somos Abel y los otros son los Caínes. Pero, ¿Quién es realmente bueno y quién es auténticamente malo en la vida?

5.-     Hoy, el Evangelio nos presenta el relato vocacional de Mateo, el recaudador de impuestos, acompañado del reproche de los fariseos ante el llamado que Cristo le hace y ante ese “permiso” tomado para sentarse a su mesa y el no obstaculizar que otros publicanos se sentaran junto a Él.

Los fariseos suelen ser tan rígidos en sus esquemas que parecen no haber comprendido que la operación de Dios tiene dos nombres: misericordia y paciencia. Y estas son las principales estrategias del divino redentor: misericordia y paciencia.

6.-     ¿No lo quieres creer? Entonces respóndete: ¿Quién es bueno y quién es malo en los campos de Dios? Al inicio de la historia o en el transcurso de la misma, el hombre puede equivocarse. Dios prefiere esperar el desenlace para que termine la película de nuestra vida. El Señor espera a que se desarrolle cada acto y que también concluya la escena final y, aparezcan ya los créditos en la pantalla de la existencia, para que entonces no haya margen alguno de error y sobre todo,... porque espera ese sorpresivo cambio que provoca el arrepentimiento humano como para ofrecernos su no tan “sorpresiva” misericordia.

¿Quién es bueno y quién es malo? Dios no suele precipitarse. Esta actitud del Maestro a favor de Mateo, tiene tanto eco a lo largo y ancho del Evangelio.

¿Te acuerdas? Un Padre tenía dos hijos y le manda a uno trabajar y dice que sí va pero no fue, el otro le dice que no al principio, pero sí lo hace. ¿Quién resultó ser el bueno y quién el malo al final?

¡Haz un poco de memoria!: En la parábola llamada del Buen Samaritano, en donde al ver a un hombre herido, ni el sacerdote ni el levita se detienen a ofrecerle auxilio, y el único que se detiene a hacer una obra de misericordia es un “mal llamado”, por los judíos, “apestoso Samaritano”. Sí, fue un Samaritano, a quién los judíos del tiempo de Jesús, le llamaban “perro”, por ser considerado un mestizo, el cual se comportó como prójimo del hombre mal herido en el camino. ¿Quién es bueno y quién es malo en el desenlace de la historia?

¿Puedes hacer otro esfuerzo? En el templo, frente al altar de Dios hay un virtuoso y presuntuoso fariseo y, a la distancia, un publicano que ante Dios ni siquiera levanta la cabeza y solamente alcanza a reconocerse como un "pecador", y a pedirle incesantemente perdón. Dice el Señor que el publicano bajó justificado y que el impecable fariseo no. ¿Quién es realmente bueno y quién es malo?

La historia parece no terminar, sí es que no perdemos la memoria: Una mujer es sorprendida en flagrante adulterio y sus acusadores tienen ya las piedras en sus manos para lapidarla. Jesús escruta, interroga, va directo a lo esencial y luego le deja al hombre que decida y actue: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. ¿Quién resultó ser el malo en la historia?

7.-     Y la verdad que Dios nos enseña, continúa interminablemente. Las historias son insistentes y, con ello, se vuelven contundentes: Un padre tiene dos hijos y el menor le pide la parte de su herencia, y va y malgasta sus bienes de forma disoluta. El otro permanece en casa, al parecer fielmente. Termina la parábola y ¿Quién fue el bueno y quién fue el malo?

Concluyamos, de una buena vez, sin que con ello silenciemos la elocuencia de Dios: Jesús va a comer a la casa de Simón el fariseo y, una mujer de mala vida se cuela en la reunión y se sienta a sus pies, está llorando y con su llanto lava los pies del Maestro. El virtuoso  fariseo ciertamente no se imaginaba tan inesperada e incómoda visita en su propia e “impecable” casa y emite su juicio de la descalificación ajena y de su autocalificación hipócrita. ¿Te acuerdas del Evangelio? ¿Quién fue el bueno y quién terminó siendo el malo?

¿Quién es bueno y quién es malo? ¡Dios no tiene prisa! Él sabe, que solamente al final de la historia, nuestras buenas obras se ubicarán muy por encima de nuestras solas apariencias. El Señor sabe que no basta con una buena reputación ni tan sólo con palabrerías, no son suficientes linajes ni credenciales. Cristo sabe que no basta con que el hombre le llame: “Señor, Señor” para que entre al Reino de los cielos.

8.-     Aquellos que citan tantas ocasiones, al tocar las puertas de las casas, el texto de Romanos 10, 9-10 diciéndote que “basta con que tú confieses con tu boca y que creas con tu corazón que Jesús es el Señor y tú serás salvo”, tienen que hacer un gran esfuerzo de memoria para recordar lo que dice el mismo Jesucristo en el Evangelio de san Mateo capítulo 7, versículos 21 al 28 que leíamos la semana pasada: “No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos”. ¿Quién es bueno y quién es malo?, al final de la historia…

El Señor en el Evangelio del día de hoy, nos está invitando para reconocer que todos ante Dios podemos tener un cambio. Hoy se nos menciona, que ante Dios, sea cual fuere nuestra forma de vida, seguimos siendo personas y que todos merecemos respeto y una nueva oportunidad. Al sentarse en la mesa de la casa de Mateo, Dios nos está diciendo que Él tiene siempre un nuevo boceto para la historia del hombre.

9.-     Y esta es la mejor de las noticias para ti y para mí que somos tan pecadores, ¡no para los que se sientan justos, ni para aquellos que se sientan los sanos!: Cuando aquellos que te rodean piensen que tu vida se te ha ido de las manos, Dios tendrá preparado siempre un nuevo proyecto.

Y es que, cuando juzgamos, o somos engreídos o somos injustos. Dios tiene criterios dispares a los que tienen los hombres. Solamente Dios conoce el desenlace de la trama de nuestra vida. Hoy, aparece un Dios paciente, un Dios que ve el corazón, un Dios que le da nuevas oportunidades al hombre.

Debemos acercarnos a Dios con humildad, apertura, sencillez y confianza... Jesús se aleja cuando no los hay. El hombre humilde es el hombre de la verdad, aquel que es recto,… el coherente. El hombre soberbio es el que inventa, el que exagera,… el que se olvida de Dios y del hermano y solamente piensa en sí mismo, y en sus exclusivismos salvíficos.

 

LA MESA DE LA SOLEDAD Y LA MESA DE LA COMUNIDAD.

“En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.

Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?”

1.-     La salvación que nos ha traído Jesucristo tiene como destinatarios a todos los hombres.

La sangre del Señor ha sido derramada para la salvación de todos, y su alcance redentor sobrepasa cualquier tipo de fronteras, especialmente las del espacio y las del tiempo.

Sin embargo, esta redención de Jesucristo sólo podrá entenderla y aceptarla aquél que se sienta necesitado de la misma, es decir aquellos que se saben pecadores y, por lo tanto, que se sientan necesitados de la redención.

En cambio, a aquellos que se sientan que ya son justos, que piensen que ya están sanos o que consideren que ya están en el número de los salvados, esas presunciones les pueden convertir en irredentos.

2.-     Históricamente, se puede percibir la cercanía del Señor con todos aquellos seres humanos necesitados de la Buena Noticia de la Salvación.

Lo anterior, le llevó a tener una  Opción Preferencial, aunque no exclusiva ni mucho menos excluyente, por las personas marginadas de la sociedad judía de su tiempo.

Esto nos puede resultar irritante a no pocos, como les resultó irritante a los fariseos tal y como hoy nos lo señala el Evangelio. Se trata de uno de los puntos importantes que jugará un papel crucial, en aquel camino que tiene como desenlace, la condena y ejecución de Jesucristo en el Calvario.

Hablar de la cercanía de Cristo para con los marginados de su tiempo, es tocar un punto demasiado álgido y, que puede ser, también susceptible a una mala interpretación.

Sin embargo, dejar de referirlo, sería incurrir en una grave omisión, que pudiera ser culposa y condenable en nuestra vida y, sobre todo, en nuestra predicación.

3.-     Entendamos, que hablar de los marginados no es sólo hacer una referencia a los pobres económicamente. Si bien ellos están incluidos, ello no debe excluir a otro tipo de personas a las que se les condenaba a la proscripción social y religiosa, aún y cuando, en muchas ocasiones fueran solventes en lo monetario, tal y cómo es el caso del Evangelio de este día, y tal como acontecía con Zaqueo, con aquella mujer que derramó un frasco de alabastro que costaba 300 denarios, es decir el salario de 300 días, o por mejor decirlo de casi un año... 

4.-     ¿Quiénes son los marginados en tiempos de Cristo?

Se trata de todos aquellos que vivían, o se les hacía vivir, al margen de la sociedad judía de aquel entonces, y entre los cuales se podían contar: Prostitutas, Publicanos, Samaritanos, Gentiles, Leprosos, Enfermos, Mujeres, Viudas, Ignorantes, Niños, Pecadores Públicos, Limosneros, Gente del Campo, Pobres Económicamente...

Los miembros del Sanedrín, entre ellos los fariseos, llamaban a los marginados con un calificativo global y despectivo, les llamaban,… los pecadores.

A los ojos de los fariseos: eran la gente sin formación en la ley, los incultos, los que no podían salvarse porque no conocían la Ley de Moisés; y además eran considerados socialmente como los inmaduros, los ignorantes y los rudos.

En tiempos del Señor, se vivía en una sociedad teocrática en la que el vocablo pecador, no era una simple designación espiritual o moral, sino que se convertía en una designación sociológica.

Los marginados eran aquellos que estaban “fuera”, los mal vistos, los “outsiders” como hoy se les llama. Se trata de aquellos que son considerados enemigos y, a quienes se les llega a desplazar del ser los enemigos propios, para ser identificados como los enemigos de Dios.

5.-     El Señor Jesús les quiso llamar a este mismo grupo de personas: los Pobres, los simples, “los mínimos”, “los más pequeños”, “los insignificantes”…

Jesús ha llamado “pequeños” también a la Gente de corazón roto, a los que tienen peso de culpa, a los condenados por la sociedad, a los tristes, a los desanimados, a los que tienen hambre y sed, a los que lloran, a los enfermos, a los agobiados, a los últimos, a los perdidos… Ellos son los "mal vistos".

6.-     Al optar el Señor Jesús, por ese grupo de personas a quienes Él llama “los pequeños”, nos ha invitado a ver en su rostro su propio rostro: “aquel que dé un vaso de agua a uno de estos pequeños por ser mis discípulos no quedará sin recompensa”, “estuve sediento y no me dieron de beber;... ¿cuándo Señor? Cuando no lo hicieron con uno de estos pequeños conmigo lo dejaron de hacer...”, con lo anterior, y con el Evangelio de este domingo, el Señor nos deja en claro cuatro propiedades del mensaje de salvación que ha traído al mundo:

  • En primer lugar: la UNIVERSALIDAD de esa Salvación, en la cual tiene importancia, tanto el todo de la comunidad así como cada una de las partes en los individuos, incluidos aquellos a quienes los fariseos llaman pecadores.
  • En segundo lugar: la IGUALDAD de todos los hombres ante los ojos de Dios y la absoluta GRATUIDAD de los dones que Él nos ofrece. 
  • En tercer lugar: esa BONDAD de Dios, muchas veces incomprensible para los hombres.
  • Finalmente: el DINAMISMO de las diferencias entre los hombres, que hace que solamente aquellos que se acepten enfermos, puedan sentir la necesidad del médico, acercarse a Él y recibir sus beneficios.

7.-     Es conveniente, y no presuntuoso, el que conozcas que un escritor llamado Joachim Jeremías, converso del judaísmo al cristianismo, quien conoce a la perfección la cultura judía de tiempos del Señor, en su obra “Teología del Nuevo Testamento” afirma:

Existe una norma de los judíos: “Un fariseo no se queda de huésped con ellos, los mal vistos, ni los recibe en su casa”. Más tajante era un comentario sobre la Ley, llamado el Midrash de Samuel que decía: “está prohibido apiadarse de alguien que no tiene formación”, por eso no es extraño que una Oración de la comunidad esenia de Qumrán rezara de esta manera: “No voy a apiadarme de todos aquellos que se apartan del camino”.

8.-     Los que se oponían a los pequeños, eran principalmente los fariseos de aquel tiempo; pero también los fariseos de nuestro tiempo.

Los cristianos, tenemos que ser coherentes con la fe que profesamos. Debemos luchar contra el fariseísmo, que es también nuestra tentación y la de todos las religiones. Luchemos contra nuestro complejo de élite que nos lleva a tener una actitud que se convierte en veneno circulando en las venas de la vida cristiana. El fariseísmo de los que nos llamamos cristianos nos hace sentirnos que solamente nosotros somos los puros y los justos. A la Iglesia le hacemos más daño los hipócritas que los ateos.

9.-     El genial escritor de la Rusia zarina FREDOR MIJAILOVICH DOSTOIEVSKY en su novela de “Los hermanos Karamasov” nos narra de una forma genial y única la intransigencia farisaica no tan sólo de las aurtoridades de su tiempo, ni tan sólo de la Iglesia ortodoxa rusa, sino de muchos de los que nos llamamos cristianos:

La escena se desarrolla en una habitación de aquel edificio en el que se ejercía la justicia oficial en el cual se juega con una especie de contrastes. Allí contrastaba aquella luz que iluminaba el rostro del juez y la oscuridad en la que estaba envuelto el acusado, así como la significativa elevación de aquel que ejercía la justicia y la ubicación sobresalientemente baja de aquel que estaba siendo juzgado.

“          Estaba el Santo Tribunal, el Santo Oficio y el Inquisidor empezaba a escrutar al acusado:

"Encausado", dijo el Gran Inquisidor,  "se os acusa de incitar a la gente a quebrantar las leyes, las tradiciones y las costumbres de nuestra santa religion ¿Cómo os declaráis?:
"Culpable, su Señoría".

"Encausado se os acusa de frecuentar la compañía de herejes, prostitutas, pecadores públicos, recaudadores de impuestos y aquellos ocupantes extranjeros de nuestra santa nación  ¿cómo os declaráis?"
            "Culpable, su Señoría"

Encausado, por último, se os acusa de revisar, corregir y poner en duda los sagrados dogmas de nuestra fe. ¿Cómo es que os declaráis?".
"Culpable, su Señoría".

Por último, el inquisidor con un tono triunfal cuestiona: “¿Cuál es vuestro nombre, encausado?...”                       
En tanto el encausado levantando el rostro y la mirada saca su cara de aquella oscuridad y contesta con respeto: "Jesucristo, su señoría".

10.-   Muy queridos amigos: Pensemos ahora en los pequeños de nuestro tiempo. ¿Quiénes son nuestros marginados?

No se trata solamente de los pobres en lo económico, ya que, sucede también a esta sociedad cristiana que, al hablar de “gente baja” o de “gente corriente”, no aprendemos a distinguir ni entre lo sociológico ni lo moral,… mucho menos lo económico.

Hoy, los marginados y, nuestros pequeños, son también los indígenas, los indigentes, los niños que vagan por nuestras calles, los limosneros, los seropositivos, los drogadictos, los alcohólicos, las prostitutas, tantos desempleados y subempleados, muchos de los divorciados, los ancianos, los niños en el vientre materno...

No obstante, pensemos aunque sea por un momento, también, en los marginados y pequeños que están a nuestro lado. Se trata de los que no comparten nuestras ideas, los que no se comportan según nuestros gustos, los que “aparentemente” nos fastidian con sus problemas, los que nos molestan con sus miserias, los que no respetan nuestros programas.

¡Cuántos pequeños y marginados, excluidos, rechazados, condenados a la soledad, en nuestro programa familiar y personal! Pensemos en el matrimonio mal avenido, en la madre soltera, en el hijo con alguna dependencia o aquel que ha fracasado...

11.-   Busquemos restituir en nuestra Iglesia a los marginados de nuestra sociedad, pero busquemos restituirlos también a la vida de Dios de nuestra Iglesia doméstica.

Preocupémonos de recuperar a todos aquellos que se han alejado, o que han sido expulsados de nuestros círculos.

¡Evangelicemos!, Iluminemos toda vida con el mensaje cristiano, tanto a través de las palabras pero principalmente con la coherencia de nuestras acciones. Aceptemos al hermano pero siendo celosos del cristianismo.

Incentivemos una pastoral en cada una de las situaciones especiales en la que viven y sufren tantas personas a las que proscribimos. Pero, tengamos cuidado de que los cuidados pastorales especializados, por ser tan especializados, no se encarguen de marginar en nuevos campos de concentración a aquellos a los que el Señor quiere restituir a la sociedad de su tiempo y de nuestro tiempo.

Nadie debe ser excluido de nuestro amor, ya que Cristo se ha unido en la encarnación a cada hombre, especialmente a los más pobres.

 

MADRE Y MAESTRA.

Cuando Jesús estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Él y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?” Jesús los oyó y les dijo: “No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

1.-     Muy queridos amigos:

Una visión actual de aquello que es nuestra Iglesia se la debemos al Papa Juan XXIII, el Papa llamado bueno, el cual al hablar sobre la Iglesia la definió como Madre y Maestra.

Al hablar de la Maternidad de la Iglesia habló sin duda de su fecundidad, lo mismo que del amor que debe manifestar para con aquellos que somos sus hijos. Hablar del lugar de la Iglesia como Maestra nos debe recordar su función de conducir, educar y orientar a aquellos que el Señor le confió.

Madre y Maestra: Se trata de experimentar a los hombres como sus hijos y se trata de la labor de procurarles alimentos que realmente les nutran.

2.-     Hoy en la primera lectura del profeta Oseas se resaltan estos dos elementos en Dios: Dios como Padre quiere más que sacrificios sobre su altar que haya misericordia en el corazón de sus hijos, y como Maestro de los hombres quiere que sus hijos adquieran conocimiento de Él aún sobre los mismísimos holocaustos que podrían ofrecerle:
“Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios, más que holocaustos”

Se trata de ese lenguaje de la misericordia y de ese mensaje de corrección que también nos ofrecen las actitudes de Jesús en el Evangelio. Y es que sólo se podrá hablar con toda propiedad sobre Dios cuando hayamos aprendido el lenguaje de la misericordia y cuando este lenguaje nos haya transformado. ¿Quiéres tener una definición sobre lo que es Dios? Tendrás que aprender que Él se define como el que ama y como Aquél que sabe perdonar a todos los hombres.

3.-     Y éste es también el mensaje del Evangelio en el día de hoy: Dios da siempre una oportunidad al frágil. El Señor nos invita a reconocer que todos los hombres ante Dios pueden tener un cambio. Qué ante Dios sea cual fuere nuestra forma de vida seguimos siendo personas y que todos merecemos respeto y una nueva oportunidad.

Cuando para el hombre su historia se haya terminado, cuando para los que te rodean tu vida se te haya ido de las manos, Dios siempre tiene preparado un nuevo proyecto.

Hoy, Dios nos invita a sacar del casiller a nuestro hermano para quitarle esa etiqueta inamovible de su frente.

4.-     Jean Anouilh, el escritor francés, nos relata en su drama “VIAJERO SIN PASADO” una historia que nos puede ayudar a comprender el pecado en el que incurrimos aquellos que no dejamos que el otro pueda ser mejor y que con ello anulamos su proyecto, nuestro propio proyecto y el proyecto de Dios.

“          Un joven soldado había recibido durante la guerra un disparo en la cabeza que le privó completamente de la memoria. Llega un momento en que ya no sabe como se llama, de dónde es, ni reconoce a su familia. La noticia de este caso se difunde por la radio y la prensa con la petición de que se presenten en el cuartel los posibles parientes. Tras haberse recibido una serie de comunicaciones, el joven es enviado en una gira con el objeto de que se presente y se cerciore de si realmente son sus padres algunos de los que se han puesto en comunicación.

En los primeros casos no se trata más que de referencias erróneas con sus consiguientes decepciones, hasta que una familia al verlo exclama a coro: ¡Pero si es nuestro hijo! ¡Es nuestro hermano! Se trata de una familia solvente de la sociedad. Pero mientras que los suyos lo reconocen, él, el hombre sin memoria, sigue sin poder recordar y sintiéndose incapaz de participar y terriblemente extraño en medio de los suyos.

Entonces se les ocurre una brillante idea: le intentan refrescar la memoria recordándole algunas de la impresiones más fuertes de la juventud. Le llevan, por ejemplo, a una escalera en el segundo piso de la construcción, desde la cual empujó en una ocasión lleno de ira a un compañero de juegos que al caer se le rompió el cuello y un brazo: un tremendo recuerdo de la juventud que le estaba impactando en la memoria. Pero aún y con las imágenes que empiezan a moverse en su memoria, él permanece inalterable; parece que su memoria le traiciona. Lo toma entonces una empleada de la casa a la que le había causado mucho daño con sus travesuras de niño y ésta le pregunta entre lágrimas si ya no se acuerda de lo que le había hecho.

Al fallarle de nuevo la memoria, ella le ofrece una prueba de su identidad aludiendo a una mancha de nacimiento que lleva en su cuerpo. Ante un espejo constata que así es y parece que ya no puede escapar a la evidencia de quién es él.

De pronto aquel joven que vivía solamente en el presente y que no tenía otra cosa que la forja de un futuro, se encuentra con un pasado. De pronto aquel joven que viajaba sin equipaje se encuentra con una gran carga de culpas.

Aunque el joven lo recuerda, en realidad no lo soporta y se calla lo que ha conocido de repente. Ahora finge incomprensión.

Resulta que hay otra familia que también ha pasado aviso de que su hijo no ha regresado de la guerra, y entonces va a visitarla aunque es consciente de que ya no tiene sentido la búsqueda. También la nueva familia cae inmediatamente en la cuenta, en cuanto la ve, de que no es su hijo, pero por alguna razón aquella familia humilde necesita un hijo varón que ayude a aquel hombre anciano en los trabajos del campo y así se pone de acuerdo él con aquella familia para fingir que es su hijo.

¿Por qué? Por la sencilla razón de que allí podrá comenzar de nuevo, porque podrá ser un hombre sin pasado, ser ese viajero sin equipaje y únicamente disponer de su futuro.

5.-     Esta es nuestra historia y, por ejemplo, esta es la desgracia de los que abandonan la cárcel: se les continúa identificando con su acción pasada y no reciben más que negativas en su vida de exclaustración que se les empujará nuevamente a la enclaustración,... y esta es la desgracia de muchos de nuestros seres más queridos.

La conversión y nuestro recibir el perdón debe significar: lograr un nuevo futuro, que me quiten el equipaje, que se quede el pasado en el pasado y que se escriba un nuevo capítulo en mi existencia. Sanar porque el médico divino me ha tocado,... una historia nueva porque el pecador ha tenido frente a sí mismo al Divino Redentor

6.-     Cristianamente la conversión es también dejar a Cristo que Él cargue sobre sí mis propios pecados, que los lleve en mi lugar y recibir una nueva oportunidad.

Cuando Dios perdona no es que se refiera sobre el hombre como el que hizo tal o cual cosa, sino como aquel con el cual, a pesar de todo, se puede hacer algo nuevo.

Cristo se ha llevado mi pasado para que yo tenga una nueva oportunidad y consiga un nuevo futuro.

Pero,... pensemos en este momento en como nuestras etiquetas hacen que no creamos en el proyecto nuevo que representa el otro: ¡Ah!, es mi esposa, ¡Ah!, así es tu papá. ¡Ah!, tú sabes como son los hijos. ¡Ah! Es el publicano con el que come, y está también con los pecadores.

Esas etiquetas que ponemos a las personas son las que no les permiten cambiar. Los metemos en el casiller y no permitimos un cambio en sus personas.

Aquellos fariseos, doctos en la ley de Moisés que critican a Jesucristo por sus actitudes de misericordia, adolecen por la falta de comprensión sobre la única lección que no deberían haber olvidado: la lección de la misericordia de Dios: Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios.

7.-     Y es esta la mejor de las noticias para nosotros: Dios siempre tiene tiempo mientras que en el reloj de nuestra vida tengamos un poco de tiempo.

Podemos pensar en grandes personajes y hablar de su conversión al cristianismo, hablar de cuando el médico divino vino a ofrecerles la vida nueva.

El inglés Gilbert Keith Chesterton se convirtió y fue bautizado cuando tenía 48 años de edad. El filósofo existencialista francés Gabriel Marcel (muerto en 1973), escritor, filósofo, dramaturgo se convirtió al catolicismo y se bautizó en 1929, a la edad de cuarenta años.

Allí está el escritor italiano  Giovanni Papini, quien por su parte, se convirtió al catolicismo cuando en 1920 estando en un hospital, se acercó un sacerdote y le dijo si quería dialogar. Tras charlar un rato, Papini le dijo que se sentía insatisfecho con 39 años de vida y aunque ya había escrito varios libros (“tragedia cotidiana”, “experiencia futurista”) sentía que las manos las tenía vacías, y entonces le mostró sus manos. El sacerdote le pidió que repitiera el gesto. Al hacerlo, le colocó en las palmas un crucifijo, añadiendo: “Esas manos ya están llenas...”

De hecho, cuando un año después ya restablecido, escribía: “La Historia de Cristo”, él manifestaba que veía en el mundo una gran Cruz invisible, plantada en medio de la tierra: “Bajo esa cruz gigantesca, goteando sangre todavía, van a llorar y buscar fuerza los crucificados en el alma.”

8.-     Debemos predicar palabras que traspasen el corazón y no que se queden en una sola acaricia cutanea. La Palabra de Dios debe llegar hasta la médula de los huesos y no quedarse en una sola acción epidérmica.

Se trata de aceptar ubicarnos entre la espada y la pared y aceptar la acción del Evangelio de Jesucristo.

Para ello, no importan las complejas argumentaciones ni la sutileza de las palabras en las interpretaciones, se trata de algo más que provocar vagas emociones o irritaciones fatigosas.

Conversión significará una historia nueva, una historia vuelta al revés con respecto a nuestras viejas y despreciables costumbres.

La vocación cristiana es un encuentro personal, un seguimiento entusiasmado y una relación de amistad personal con el enviado de Dios.

Al mismo tiempo, aquel que ha descubierto a Jesús debe preocuparse por comunicar su experiencia a los demás, como lo hizo san Mateo.

 

LA POESÍA MÁS PURA.

Cuando Jesús estaba a la mesa en casa de Mateo les dijo a los fariseos: “No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

1.-     Muy queridos amigos:

Les quiero preguntar: ¿Podría continuar siendo golondrina un pájaro si le cercenamos las alas? ¿O podría ser considerada como una rosa la flor sin pétalos ni fragancia? Quizá tú y yo tendríamos que argumentar que sí en los dos casos, y para la segunda de las interrogantes nos respaldariamos citando aquella composición  titulada: La Rosa de Hiroshima.

Pero,... quisiera dejar las especulaciones importantes pero no estrictamente imperantes para que entonces siendo más profundo lleguemos a la esencia de la vida cristiana: ¿Podría considerarse como cristiano alguien que no ama? Yo podría decir en base al texto del Evangelio de este día que un ave sigue siendo golondrina aunque le hayan cercenado las alas y que la flor sigue siendo rosa aunque no tenga pétalos ni fragancia, pero que el cristiano que no ama tendría que cuestionarse con sinceridad sobre su identidad, ante aquel que no puede ser engañado.

2.-     El Evangelio de este día me ha traido a la memoria el cuento aquel de Giovanni Papinni en el que uno de los exponentes del nuevo arte va reduciendo paulatinamente un largo poema como aquellos que escribió Goethe en la Divina Comedia y John Milton en el Paraíso Pérdido, hasta llegar a sintetizarlo en una sola palabra. Luego, no satisfecho aún con su maravilloso trabajo de síntesis artística, termina por suprimir la última palabra llegando así, según él, a lograr (! Oh prodigio del genio!) la "poesía pura".

Te tengo que decir que en el cristianismo existe una palabra que quedará siempre después de cualquier ejercicio de síntesis: la palabra Amor, y que esta palabra no podrá ser borrada sino sólo a fuerza de dar la vida por el amigo, puesto que allí se encuentra la expresión más auténtica del amor de Cristo y del amor del Cristiano. Es en la elocuencia del silencio de la cruz en donde se encuentra nuestra poesía más pura.

Pero,... resulta lamentable el hecho de que los cristianos no hayamos asimilado esta enseñanza cristiana sobre el amor. Hoy se vive en torno a un movimiento de la existencia que nos ha degradado, puesto que en lugar de progresar hemos tenido regresiones, en lugar de evolucionar hemos involucionado.

Hoy, en este domingo del tiempo ordinario, Dios nos propone asumir un nuevo movimiento existencial alimentado por la enseñanza cristiana, para que entonces podamos vivir en franco ascenso nuestra vida de fe.

3.-     Y es que los hombres de nuestro tiempo nos hemos convertido en espectadores, protagonistas y hasta en víctimas de la incongruencia.

¿Qué entiende el cura por incongruencia? Tú te preguntarás.

Entendemos por incongruencia: la disociación, la separación, el divorcio y la no correspondencia. Son las incongruencias las que provocan que el mundo agonice, que nuestra patria esté enferma, que la Iglesia se duela, que la familia sufra su destrucción y que los hombres ya no confíen.

Se trata de la incongruencia de nuestro mundo, con la cual tú y yo hemos puesto nuestro granito de arena, que ha colocado al hombre como centro de la cultura y que paradógicamente se ha tornado en una cultura deshumanizada.

Nos encontramos ante la degradación de la humanidad como especie, es el ocaso de una verdadera civilización que quiso estar humanizada, pero que equivocadamente desplazó a Dios de sus esquemas, y con ello asumió la más lamentable de las pobrezas.

La tesis del mundo tiene una evidencia experimental en los efectos dañinos de una vida sin amor que se encuentra en los cada vez más llenos consultorios de nuestros hermanos psiquiatras; así también en la violencia, en la desintegración, en tantos inadaptados y en la pérdida del respeto por nuestras personas.

El psiquiatra madrileño Enrique Rojas ha sentenciado con severidad algo que ni tú  ni yo podríamos desmentir: “La infancia ha dejado de ser la edad de la ilusión y de los sueños, a causa de tantos hijos de padres separados”. Podríamos contra-argumentar pero jamás desmetir, ¿que sí es más preferible el infierno dentro de una familia que se agrede o que sí es mejor aceptar que ya no se puede vivir junto al otro? Lo deseable sería que ninguna de estas situaciones se viviera.

4.-     Y es que la ausencia de Dios y de su enseñanza y testimonio de amor, nos hace perder la razón del propio valor y provoca el vacío de sentido en nuestra identidad, promueve que conservemos el egoísmo, el odio y el temor en el equipaje de nuestra vida, y llega a ocasionar la tortura de nuestras facultades por las ansiedades y las depresiones.

Pero la incongruencia no es tan sólo de este nuestro mundo sino también de parte de aquellos que nos llamamos cristianos.

Se trata de la incongruencia de los que nos llamamos creyentes. Es nuestra incongruencia, consistente en la distancia que existe entre nuestro decir y nuestro hacer, y que se llama fariseismo. Y, desgraciadamente existe también esa incongruencia ubicable en la separación entre lo que somos y lo que dejamos de hacer y que se llama incoherencia.

5.-     Seamos sinceros, aunque sea por un solo momento, ante nosotros mismos y ante Aquél que conoce el secreto de nuestra vida:

Tan incongruente es el que predica y no vive lo que enseña, como el que posee una identidad y no vive de acuerdo a la misma.

A nosotros, los consagrados, los que ejercemos un ministerio a través de la enseñanza, de la santificación y de la conducción se nos puede tildar de incongruentes, cuando no vivimos lo que predicamos y cuando somos buenos para imponer cargas sobre los hombros de los demás, pero que nosotros no somos capaces de tocar ni con la punta del dedo. Sin embargo, también existe incongruencia en todos aquéllos que no actuamos en la vida diaria de acuerdo a nuestras responsabilidades bautismales.

Incongruentes son aquellos esposos “pseudocristianos”, que en los viajes viven como si fueran solteros; incongruentes son muchos matrimonios “cuasimísticos” que guardan rencores ancestrales en su vida; incongruentes son los jóvenes “farisaicos” que en el camino al matrimonio realizan sus despedidas como si fueran paganos; incongruentes somos esos hijos tan “apostólicos” y que olvidamos que el apostolado empieza en nuestra casa...

6.-     Y, precisamente, ante la tesis del mundo, que nos propone la incongruencia, y esos efectos destructivos que nos ha acarreado, hoy, la Palabra de Dios nos propone su tesis que funciona como antítesis de lo anterior y que nos debe levar a la más bella síntesis: la necesidad de conocer verdaderamente a Cristo y de actuar acorde al conocimiento de sus enseñanzas.

Recuerda que el conocimiento de Cristo no es tan sólo una pura información intelectual. El ser un auténtico cristiano no consiste ni en la presuntuosa abstracción especulativa de algunos ni en la orgullosa memorización superficial de otros.

Conocer a Cristo, no es una tarea solamente de los que se consideran doctos y caen en los sofismas. Conocer a Cristo, no es tan sólo el discutir, precisar, definir y discurrir. Conocer a Cristo no es tan sólo un traer la Biblia bajo el brazo. Conocer a Cristo no es tan sólo un traer un Cristo colgado en nuestro pecho. Conocer a Cristo no es tan sólo un hacer oraciones largas y engreídas. Conocer a Cristo no es tan sólo traer una calcamonía en el carro o un Rosario amarrado del espejo retrovisor como si fuera un amuleto. Conocer a Cristo no es tan sólo el acudir a una carpa, como tampoco lo es el ir a un templo climatizado. Conocer a Cristo no es ni repetir de memoria textos bíblicos ni quedarse en la infancia del estudio de la Biblia.

El conocimiento que se queda en los conceptos se dirige hacia el caracol de la indiferencia. El verdadero conocimiento del Señor engloba los conceptos de intimidad y de relación personal con Él. El conocimiento de Cristo debe ser íntimo y profundo. Solamente este tipo de conocimiento nos llevará a elaborar nuestra síntesis existencial.

7.-     Y es que el amor es nuestra síntesis. Es el amor la quintaesencia del mensaje cristiano. En el amor no existe un lugar para la incongruencia.

Es por ello, que el amor cristiano tiene dos vectores: se trata de amar a Dios y de amar al prójimo con intensidades semejantes. ¡Comprende! que Dios no quiere el don de mi amor para Él en su altar, sin el don del amor al prójimo en la vida diaria.

No nos engañemos pensando que amamos a Dios sin la necesidad de amar al hermano, ni viceversa. No nos imaginemos que porque vamos a tocar las puertas para ofrecer revistas, Biblias y mensajes repetidos de memoria ya somos cristianos, cuando tenemos muchos años sin tocar la puerta de nuestros padres y hermanos de sangre para preguntarles sí se les ofrece algo. ¡Es que el grupo apostólico o la congregación se han convertido ahora en mis hermanos! Ojala no olvides que esos siete mandamientos del decálogo que nos hablan de los deberes con el prójimo después de que los primeros tres nos recordaron los deberes para con Dios, inician con el cuarto mandamiento, y que este mandamiento se refiere a nuestros padres y al honor y respeto que nos merecen. En pocas palabras el amor al prójimo empieza, antes que en la carpa, en el templo o en la calle, en nuestra propia casa.

8.-     Amar a Dios sin amar al hombre es conocido como Hipocresía, amar al hombre sin amar a Dios se le llama Filantropía, pero amar a Dios y amar al hombre como hermano es lo que recibe el nombre cristiano de Caridad.

 

Alguien podría preguntarnos, entonces, acerca del costo del ser cristianos y la respuesta inmediata tendría que ser: el amor es el precio, ¿estás dispuesto a pagarlo?

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