Domingo 14 de Junio de 2009_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

IMPORTANCIA DE LAS PEQUEÑAS COSAS

 “En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos de las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”.

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.”

 

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1.-Muy querido amigo:

Con que torpeza emitimos nuestros juicios las personas hoy en día. ¿No te has dado cuenta?

En la actualidad, las personas vivimos en un mundo cuantificante, en el cual el uso de las matemáticas se utiliza como si fuese el único criterio valorante. ¿Cómo comprender que hoy en día la cantidad haya pasado a formar parte de nuestra actitud ante la realidad de la vida?

En realidad. ¿Cuál es el origen  de las matemáticas, sino precisamente ese deseo de ubicar al individuo dentro de la multiplicidad del universo y del mundo? ¿Cuál es el origen de la geometría sino exactamente esa relación numérica que se da entre las cosas?

Y así las cantidades las utilizamos para medir el trabajo, el esfuerzo, la fatiga, los logros y también los fracasos. Digamos que las matemáticas son parte de nuestra visión de la vida.

2.-     Y a todos nosotros que nos manejamos en la vida diaria con todos esos criterios tan incomprensibles, pero al mismo tiempo tan arraigados, este domingo, el Señor Jesucristo en su enseñanza nos subraya reiteradamente la importancia que tiene la calidad sobre esa necesidad que tiene el hombre de las cantidades.

Al Señor Jesucristo, le interesa más la calidad que la cantidad. El Señor no se deja impresionar ni por nuestros volúmenes ni por nuestras estadísticas. Al Señor no le impactan ni nuestros largos rezos ni nuestros rostros alargados por el sacrificio.

El pensamiento de Dios no suele ser como nuestro pensamiento.

Dirán ustedes ¿Por qué el cura, ahora, le estará dando tanta importancia a las cosas insignificantes y no a aquello que puede ser realmente significativo en nuestra consideración?

Leer honestamente el texto de la Palabra de Dios de este domingo, y el adentrarnos al Evangelio mismo meditado íntegramente, nos puede dar la respuesta.

3.-     ¿Te acuerdas, cuando los apóstoles le dijeron a Jesús: ¡Señor, aumenta nuestra fe!? El Señor subrayó entonces el valor de una fe tan pequeña como un grano de mostaza pero tan grande como para mover las montañas.

¿No lo has olvidado? Al Señor Jesús le gustó más la pequeña ofrenda de una viuda pobre, que le ofreció un don que humanamente no era tan deslumbrante, pero que con ello le ofreció todo lo que ella tenía para vivir, y prefirió esta aún sobre el abundante y sonante dinero del rico que le da mucho, pero que le ofrece de aquello que le sobra.

El Señor nos ha enseñado sobre la importancia que posee un poco de sal para darle sabor a la vida, así también de un poco de luz que puede iluminar a todos en la habitación, de un poco de aceite adicional, el cual podría significar la verdadera diferencia entre la vida eterna o la condenación perpetua.

Hoy mismo, el Evangelio nos habla de la grandeza potencial de un grano de mostaza y de la significativa diferencia que logra un poco de levadura mezclada con la harina.

Las pequeñas cosas son las que pueden hacer nuestra vida distinta, sobretodo, hacen diferente la auténtica vida cristiana.

El hombre actual se ha olvidado de las pequeñas cosas y, con ello, también se ha olvidado de vivir.

4.-     En estos nuestros tiempos, en que el mundo está cansado, que los jóvenes no le encuentran el sentido a la vida, que muchos de los padres están fatigados, que muchos esposos están turbados o desorientados. Nos hace falta un poco de sal para darle sentido a la existencia, nos falta un poco de luz para recorrer nuestro camino, nos hace falta un poco de fe para que transforme el mundo entero, y, sobre todo, nuestro mundo.

¿No te has dado cuenta cómo unas pocas notas embellecen una melodía? ¿No te has fijado cómo unas pocas palabras manifiestan el sentimiento más sublime? ¿No has visto cómo un poco de agua sacia al sediento y un poco de pan sacia al hambriento? ¿Quisieras ignorar que un poco de tiempo para escuchar a alguien, permite que la persona descanse en su corazón? ¿No has observado cómo unas pocas semillas consiguen una cosecha para alimentar a un pueblo? ¿Quieres negar que un poco de levadura fermenta toda la masa?

5.-     Son esas pequeñas cosas las que olvidan los esposos.

¡Qué diferentes son las cosas con el paso del tiempo!

Cuando se vivía el noviazgo, ellos hablaban largo y tendido por teléfono, a toda hora. La cuenta del teléfono subía exageradamente. Las visitas a la casa de la enamorada se prolongaban hasta desesperar a los familiares. Eran tantos los temas que se podían abordar, parecía que podían componer el mundo, solamente entre ellos dos.

Ahora, nos resulta triste el constatar que las conversaciones han desaparecido en muchos de los casos; en otros casos se limitan a monosílabos; y en la peor de las situaciones se ha cambiado el diálogo por los gritos y las ofensas con el lenguaje hiriente.

En relación a las pequeñas cosas, la etapa del noviazgo tenía como su característica la delicadeza. Cada uno de los enamorados se esforzaba por ganarle al otro en la creatividad; era una competencia romántica, una especie de olimpiadas del corazón. Los regalitos el día del cumpleaños, en los aniversarios y en otras muchas fechas vistas siempre como especiales, ¡era imposible que se pudieran olvidar! Siempre había en el léxico de los enamorados nuevos piropos por agregarle a los diccionarios y por sugerirles a los miembros de la Real Academia de la Lengua Española. Eran cosas, quizá simples, como una invitación a tomarse un refresco o a comerse un helado..., pero, ¡todo parecía un poema!

¡Lástima que estas cosas tan pequeñas y bellas se reserven sólo para el tiempo del noviazgo! Son cosas muy sencillas, es cierto; pero que manifiestan lo que hay en el corazón, que patentizan en la vida diaria que en el corazón existe una llama que está ardiendo. Cuando se descuidan estas cosas se vive en la fatalidad. El no valorar las pequeñas cosas va minando la vida de muchos matrimonios.

6.-     Cosas como lo anterior nos las recordaba el poeta Ovidio cuando escribía sobre esa gota de agua que horada la roca, no por su fuerza o por su volumen, sino por su persistencia.

En nuestra cultura, existen cientos de historias que resaltan la importancia de las pequeñas cosas: esa puerta cerrada que impide que se ingrese a una casa, ese documento sin firmar que no permite alcanzar el negocio de la vida. Se cuenta que el mismo Thomas Alva Edison perdió una patente por un decimal mal colocado. ¿Quién no leyó en la primaria aquella narración sobre la batalla que se perdió por la falta de un clavo en la herradura de aquel caballo?

Aquellos que colindan con mis pocos años: ¿A poco nunca se pusieron sentimentales al escuchar aquella bella canción de Roberto Carlos titulada: Detalles? ¿Quién de ustedes siendo mi contemporáneo no se acuerda de la certeza literaria de aquella canción de Juan Manuel Serrat titulada: “Aquellas pequeñas cosas”?

7.-     Así es también, en nuestra aspiración y búsqueda de la vida eterna, no podemos desatender nada en absoluto. Todo es importante.

¡Date cuenta!  Para un cirujano no hay pequeñas cosas: el menor de los errores es cuestión de vida o de muerte. Para un abogado no existen las pequeñas cosas: la más mínima o vaga confusión le puede costar la libertad a su cliente. Para un arquitecto o un ingeniero no existen las pequeñeces: un error de cálculo o de diseño puede ser fatal.

Lo anterior puede hacerte comprender entonces que, para un clérigo no puede haber pequeños problemas: ¡Discúlpame!, pero cuando se trata de la salvación de los hombres, no existen cosas que sean pequeñas.

En la vida ordinaria, ¡Sé cuidadoso con las pequeñas cosas! Decía Demóstenes que “los grandes sucesos dependen de los incidentes pequeños”.

Son las pequeñas cosas las que hemos olvidado los hijos, quienes somos muy buenos para exigir, pero no somos capaces de colaborar. Buenos para exigir los “derechos” y pésimos para corresponder en nuestros deberes.

8.-     Las pequeñas cosas nos ayudan o nos destruyen. La polilla es tan diminuta pero en una noche puede consumir una enciclopedia.

Son las pequeñas cosas las que hacen felices o desdichadas a las personas. Las más grandes cualidades nacen siendo pequeñas cosas y los más grandes vicios así empiezan también, con esas “cosillas insignificantes” que desatendemos. Una gran construcción se inicia con pequeños bloques y un gran incendio se inicia con una pequeña chispa.

El arte de la vida consiste en ésa nuestra capacidad para no desatender ni lo pequeño ni lo grande. Pero, para ello hay que pedirle a Dios su sabiduría: Resulta extraño ver cuántos matrimonios no comprenden que, cediendo uno en las cosas pequeñas y ordinarias, uno podrá triunfar en las verdaderamente grandes y extraordinarias.

9.-     ¡Compréndelo! Todo lo que hagamos tendrá su trascendencia en nosotros, o en los demás. Y no podemos seguir viviendo como si las cosas no tuvieran ninguna importancia.

Cuando lleguemos a comprender que las grandes consecuencias provienen de las cosas insignificantes, tendremos la claridad suficiente para llegar a pensar que no hay cosas pequeñas.

Es necesario que los cristianos sepamos estar en nuestro lugar y afirmar nuestras convicciones, comprendiendo que si la superficialidad y la frivolidad han producido todo el daño que han producido, también la firmeza y la solidez de nuestras convicciones son el principio actual de redención tanto para la sociedad, así como para el individuo.

Seamos firmes en la sabiduría de Dios y comprendamos que Dios bendice al hombre que sabe la trascendencia de sus palabras, de sus juicios, de sus decisiones y de su conducta. Dios bendice al hombre que sabe de la trascendencia de las pequeñas cosas.

 

CONTINGENCIA AMBIENTAL.

“En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos de las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

1.-     Queridos amigos:

Cuando escuchamos el texto anterior de la Palabra de Dios todos nosotros solemos inmediatamente identificar dos factores como los más importantes para obtener una cosecha congruente: una buena semilla y una buena tierra.

Sin embargo, esta tarde, a la luz de la Palabra de Dios, quisiera invitarte para que percibas el cómo en la buena cosecha de Dios serán necesarios no dos sino tres factores: Una buena Semilla, Una buena Tierra, ya referidos, y un favorable Medio Ambiente. Estos tres elementos nos ayudarán para que así podamos dar abundantes frutos. Hablemos sobre cada uno de ellos.

2.- En primer lugar, para obtener una cosecha abundante, nos hace falta una buena Semilla: En la dinámica del Reino de los Cielos la Semilla es la Palabra de Dios, y su calidad es inmejorable. La Palabra de Dios es creadora y recreadora. La Palabra de Dios tiene esa fuerza interna que sana y que vivifica. La Palabra de Dios tiene un dinamismo liberador y plenificante.

Sin embargo, esa buena semilla de vida verdadera tiene necesidad de otros dos factores, para mostrar así su virtud.

3.- Y es aquí, en donde tenemos que hablar de ese segundo elemento necesario: la buena tierra. Existe la mala tierra en todos aquellos que muy lejos de asimilar y de trabajar nuestras cualidades solamente causamos tristeza y destrucción en las personas.

Hay algo, que en alguna parte de nosotros, está funcionando mal. Somos tantas las personas inútiles, aquellos que como tierras labrantías necesitamos de la labor del disco del arado para que parta en dos nuestras mediocridades, nuestra pasividad, nuestras tibiezas y nuestro egoísmo.

No nos gustan los sacrificios y, olvidamos que sólo mediante la violencia se puede barbechar la tierra y disponerla para una buena siembra.

Muchos de nosotros, somos en la realidad, no esa tierra mal dispuesta sino esos desolados desiertos en los que solamente existe la aridez y la muerte.

La aridez de nuestros desiertos no es solamente una cuestión ambiental, sino una pobre propiedad de nuestra composición. ¡Vamos!, te lo voy a explicar de otra manera.

Daniel Garric escribió en 1987 un artículo, en la publicación francesa: LE POINT, acerca del desierto y afirmaba: “La verdadera razón  de que el desierto esté seco no estriba en la escasez de la lluvia, sino porque la arena no retiene el agua”. El se apoyaba en las investigaciones de la empresa británica: Chemical Discoveries.

Es por ello que este domingo se convierte en el tiempo favorable, como para que revises la textura de esa tierra a la que Dios le envía continuamente la lluvia de su bondad.

4.-     Amable amigo:

Considero que en los campos del Señor hay de todo. Sin embargo, considero que la tierra de todos aquellos que me leen y escuchan tiene todas esas buenas cualidades. Estoy convencido de que este domingo me comunico, a través de este magnífico medio, a terrenos dispuestos y, que por eso, buscan escuchar enseñanzas sobre el Señor.

No creo, estarles hablando a terrenos pedregosos o llenos de maleza. No creo que tú que me escuchas seas esa superficie dura en la que la semilla no penetra. Más aún, creo que les hablo a terrenos que no son para producir el 30 o el 60 por ciento, sino que todos ustedes son una tierra selecta que puede producir el 100 por ciento de buenos frutos.       

Creo que cada uno de nosotros somos esa buena tierra a la que solamente le falta arreglarla un poco. A la que, posiblemente le falte la acción efectiva del Espíritu Santo.

Creo que todos nosotros, los de más edad y los de menos edad, los hombres y las mujeres, los ancianos y los niños, los más sofisticados y los más sencillos, somos esa buena tierra en la que Dios deposita su excelente e inmejorable Semilla esperando, con toda la razón del mundo y del cielo, levantar una buena cosecha.

Creo, así mismo, que cuando al Espíritu Santo bíblicamente se le compara con la imagen sencilla y sofisticada del agua es para aleccionarnos sobre aquello que nos puede volver fecundos en frutos de eternidad. Yo creo en la recreación del mundo por obra y gracia del Espíritu Santo, tal como lo dice el Salmo 104: “¡Envía, Señor tu Espíritu! Y renovarás la faz de la tierra”.

Creo firmemente que, así como la tierra árida no nos da fruto si no recibe el agua, así también nosotros, que éramos antes como una tierra árida, nunca hubiéramos dado el fruto de vida sin esta gratuita lluvia que nos viene de lo alto. Creo, que aunque fuéramos comparables con el desierto, Dios tiene el poder hasta para hacer salir agua de nuestra roca.

5.- Sin embargo, no debo hacer a un lado en mi reflexión una referencia al tercer factor: el Medio Ambiente.     En esta semana, en que lamentablemente se derrumbó el glaciar conocido como “Perito Moreno” en la Patagonia del Polo Sur Argentino, quisiera hacer hincapié en este elemento del Medio Ambiente, quisiera hablar de una Ecología de la Ética más que de una Ética Ecológica.

Les quiero hablar más que de una Ética del Medio Ambiente sobre el Medio Ambiente de la Ética.

Cuando el Medio Ambiente es adverso, poco puede hacer una Semilla por mejor que fuera, y muy poco puede hacerse en un buen terreno.

En la actualidad, sabemos que nuestro Medio Ambiente está alterado, que lo hemos alterado: la contaminación del aire y del agua, las pruebas nucleares, los elementos químicos en el campo y en los alimentos. Los gases contaminantes liberados en la atmósfera, por algunos artículos y enseres de uso doméstico e industrial que provocan erosiones, la lluvia ácida, esos nuevos acomodos ecológicos en el ritmo climático.

Hoy, los especialistas hablan del Ecocidio y, nos invitan a adaptarnos a los cambios ambientales. Llegan a hablar de una nueva etapa ambiental.

6.-     Sin embargo, es hoy tiempo de que apliquemos la Parábola del sembrador a nuestra vida: Existe una Buena Semilla, es la Palabra de Dios, creo que en nosotros existe una buena tierra para producir el 100 %. Pero creo que nuestro Medio Ambiente nos es más adverso de lo que pudiéramos imaginar.

Tú sales, cada día o cada semana, de nuestros templos parroquiales con los mejores propósitos, pero una vez que estás en la calle, o que llegas a tu casa, a las aulas, a la oficina o llegas a tus círculos de amistades, te encuentras con un ambiente nocivo para que la Palabra de Dios, la mejor Semilla, pueda producir buenos frutos. Y todos nuestros buenos deseos se quedan sólo en muy buenos propósitos.

Tampoco podemos aislarnos, como es la tendencia de algunos de los que nos llamamos cristianos. Puesto que Cristo nos ha dicho que nosotros debemos ser la sal para la tierra y la luz para el mundo.

7.-     Amigos, nuestro Medio Ambiente necesita de higiene: en la calle y en algunos lugares de diversión aparece como una especie de lluvia ácida la pornografía, la violencia, el alcoholismo y la drogadicción.

¡Tu Medio Ambiente necesita higiene! En algunos planteles educativos, tú vas con la mejor disposición  de estudiar y te encuentras con un ambiente adverso. Pulula, como verdadera inversión térmica, la mediocridad, el soborno, el ausentismo y el engaño.

¡Tu Medio Ambiente necesita higiene! En algunos círculos laborales aparecen mares contaminados, son lugares en donde se fomenta la injusticia, la infidelidad, en donde existen los así llamados dobles frentes y la perniciosa doble moral, en donde en nuestras fiestas antes se contrataba una orquesta o una banda para amenizar y que ahora se utilizan los “vanguardistas” servicios de algunas bailarinas menesterosas, convirtiéndose en ambientes dionisíacos, verdaderos bacanales. Los habitantes de Sodoma y Gomorra se hubieran asustado de muchas de nuestras reuniones.

¿No te parece extraño y contradictorio, el que, para que haya una reunión de trabajo se tenga que ir a un centro de prostitución?

¡Tu Medio Ambiente necesita higiene! En nuestros mismos hogares existe contingencia ambiental por el odio y los rencores, por la apatía o porque algunos no nos interesamos de cumplir nuestras obligaciones. La persona prefiere no estar en la casa, los hijos se la pasan en otros hogares, la madre se la pasa con sus amigas un buen tiempo del día, el esposo le da dos vueltas a la manzana en el coche antes de decidir llegar a su casa.

¡Tu  Medio Ambiente necesita higiene! No puedo creer que en algunas fiestas muy cercanas a nosotros para despedir a la soltera o al soltero, se tenga que traer un Show de Trasvestistas, o unas bailarinas o bailarines menesterosos de vestuario.

No soy pesimista, yo creo en la bondad del hombre, pero también creo que el hombre ha viciado su medio ambiente y no sabe como descontaminarlo. Al final de cuentas el ser humano no es tan sólo el único animal que tropieza dos veces con la misma roca, sino también aquel que construye la trampa y cae en ella.

8.-     ¡Hace falta higiene ambiental! Al igual que en el ámbito físico nos hace falta sanear nuestro Medio Ambiente vital, al igual que en lo físico podríamos denunciar nuestra incapacidad de transformar las estructuras de pecado.

Sé, que nosotros no podemos hacerlo todo, pero sí podemos hacer algo, y es de ese algo de lo que Dios nos pedirá cuentas a ti y a mí. Nos toca tomar acciones personales o familiares, que seamos capaces de limpiar el entorno más cercano, nuestra esfera existencial.

Empieza por lo más cercano, inicia con acciones concretas.

Si tú y yo, y si todos los que estamos en este ejercicio de comunicación este domingo nos diéramos a la tarea de barrer la acera de nuestras casas, las cosas pueden mejorar notoriamente en nuestra sociedad.

 

 

EL GRANO DE TRIGO QUE MUERE

“En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos de las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

1.-     Muy queridos amigos:

Hoy es domingo, es la fiesta de la Pascua semanal y, junto con ustedes elevo una plegaria a Dios, por todos aquellos que viven el Domingo sin ocaso.

El grano de trigo de nuestros seres queridos difuntos ya ha caído en la tierra y, ahora obtiene frutos para la eternidad.

Debemos ser conscientes de que el cristiano durante su vida diaria vive la siembra de un futuro imperecedero.

2.-     Y es que al venir a este mundo todos fuimos colocados en esta tierra como el germen de una semilla dada por Dios que tendrá su final, cuando cada uno haya sido liberado de la tierra y sea aceptado en el reino eterno de Dios. Mientras nos llega ese momento, el creyente estará sujeto a los avatares y condiciones de una creación de la que, en muchas ocasiones, sólo comprendemos que vivimos, y nada más.

Comprendemos que vivimos, ¡así es!, pero al mismo tiempo sabemos que esta vida es pasajera, transitoria, efímera y fugaz.

Lo peor, que le puede suceder al cristiano, es que se encapriche con aquello que no es más que un camino y un pasar. Lo peor que nos puede suceder, es que convirtamos los medios en fines y nuestros viajes en destinos.

Pero hay algo peor que el querer quedarse para siempre en el camino. Hay algo peor que el querer afincarse a lo que esta vida ofrece. Hay algo peor que esto, que en sí mismo nos trae siempre decepciones y desengaños, y que al final nos genera el llanto de la pérdida.

Peor que lo anterior, es el no darse cuenta de que la vida de cada uno es una siembra para la eternidad. ¡Eso es peor! No querer ver que en esta vida vivimos para un futuro y que el futuro será irremediablemente el fruto de nuestra tierra sembrada en el presente. Y ahí está nuestra suerte y nuestra desgracia.

La libertad es humana, y precisamente por ella, nosotros podemos elegir entre el sembrar para el futuro en vida, o en el sólo depositar en la tierra la corrupción y la muerte.

3.-     El hombre debe recordar que el presente compromete el futuro y que los cristianos debemos recordar que el presente compromete nuestra eternidad. Diría Ludwig Wittgenstein, que “la vida eterna les corresponde a aquellos que han sabido vivir el presente”.

Lo peor del hombre, es que no acierta a comprender y no quiere admitir que lo que haga en esta vida o lo que deje de hacer aquí, tiene repercusiones en la perpetuidad.

Hoy, el hombre no comprende que la creación se mueve y se crea por la eclosión de las semillas, resultado de la tierra que sembramos, que nace lo que había en germen, que se desarrolla lo que tiene un origen, que nada surge de la nada, y que el hombre está totalmente condicionado por lo que hace y por lo que siembra para vivir su futuro inmediato y para el futuro de la eternidad.

El presente de cada uno, lo que cada uno siente y vive, es el resultado de todo lo que ha sabido sembrar. Cuando nos olvidamos que todo lo que hacemos, y que la intención y el motivo de lo que hacemos un día germinará, es entonces cuando tendremos que recoger los frutos de nuestra incoherencia y de nuestra falta de previsión.

Si hoy vivimos tú y yo sin pensar, mañana tú y yo nos lamentaremos precisamente por no haber sembrado las semillas de la bondad.

Nuestra vida es el nacimiento de un germen, es el resultado de un crecimiento. Lo peor de todo serán siempre esos nuestros nocivos juicios que ignoran la bondad de Dios. Hay quien blasfema al decir que esta vida son las incoherencias, o lo que ellos inconsecuentemente llaman “los caprichos” de Dios. El cristiano, si es un buen sembrador no puede estar de acuerdo con esto, y por eso cada día, cada semana, cada mes y cada año deposita en la tierra lo que quiere recoger.

Pero, el hombre olvida esa imagen en su vida personal y cree que puede esperar un futuro feliz desde un presente sembrado en la corrupción, la pereza, la apatía, el desinterés, el abandono, la mentira, la injusticia, el soborno y todas esas formas con que nos sentimos tentados a vivir despreocupados y distraídamente.

4.-     ¿Te acuerdas de Goethe?. Sí, aquel que escribió el Fausto hace dos centurias. Johann Wolfgang von Goethe, escribió también los siguientes versos, que bien los podríamos aplicar a nuestras expectativas de eternidad estrechamente vinculadas con la siembra en el tiempo:

"No seremos nunca segadores
de frutos dorados y maduros
si no hemos sido sembradores
que han regado con lágrimas los surcos.

          No es algo que sólo heredamos,
este místico mundo de los hombres.
El campo de la vida da lo que plantamos,
una cosecha de espinas o de flores.

5.-     Amigos muy queridos:

Cuando pienso en la semilla que ha caído en la tierra. Cuando hablo sobre la muerte, en lo personal, prefiero compararla no con el pabilo de una vela que se extingue sino con un tapiz que termina de tejerse. La muerte para el cristiano no es en modo alguno el final sino el inicio. No es una realidad que se consume sino una obra que se perfecciona. Se trata del hombre que le da los últimos pincelazos al lienzo de su vida y que se presenta ante Dios con las obras de la existencia. ¡Esta es la visión cristiana!

6.-     ¿Qué diferencia existe entre la visión cristiana y la no cristiana? Muy sencillo, la diferencia se llama Pascua de Resurrección.

La resurrección de Jesucristo, es aquello que transforma la muerte y nuestra vida, que transforma todas las cosas,… aún las más complicadas de explicar.

¿Sabes? James Donovan, senador por el Estado de Nueva York, fue un ferviente partidario de la pena de muerte. A principios del año 1978 le escribió al Cardenal Fulton Sheen diciéndole que si no fuera por la pena capital, no existiría la fe cristiana. “¿Qué hubiera sido de su Iglesia”, preguntaba, “si Jesús hubiese sido condenado de ocho a quince años de cárcel, con la posibilidad de conmutarle la pena por su buena conducta?”

El Cardenal Sheen, quien se distinguió por el excelente uso del recurso de la radio y quien claramente se oponía a la pena de muerte, señaló en la siguiente emisión: “Amigos muy queridos: Fue la resurrección de Jesucristo lo que fundó nuestra Iglesia, no la crucifixión. Si el senador James Donovan es capaz de incluir la resurrección en la pena de muerte, yo estaría dispuesto a estudiar su posible aceptación.”

7.-     ¿Qué es la muerte sin la eternidad? ¿Cómo es contemplada la cruz sin la resurrección? Sin la resurrección, la cruz de Cristo era para los judíos un castigo y para los griegos una necedad o locura. Sin la resurrección, la cruz de Cristo era para los apóstoles un fracaso.

Es la resurrección, la que nos permite contemplar la cruz no como castigo ni como fracaso, sino como acontecimiento de salvación, como sabiduría y como victoria.

La resurrección nos permite contemplar el plan divino oculto detrás de todos los acontecimientos. Por la resurrección, sabemos que Dios sabe obtener bienes aún de todas aquellas realidades que aparentan ser males.  

8.-     Es esto lo que le conduce a san Agustín de Hipona a expresar en sus Confesiones: “No teme perder a aquellos a quienes ama quien los ama en Aquel que no se pierde”.

Nuestra vida terrena se prolonga en la vida celestial, la vida temporal aparece como la antesala de la habitación de la vida eterna. La vida terrena no se va a prolongar al negar la vida de la eternidad sino que se encogerá miserablemente.

Las conclusiones de una reflexión sobre la eternidad no nos llevan a una tranquilidad adormecedora como nos acusaba Ludwig Feuerbach, sino que nos conduce a una incesante vigilancia.

El más allá le pone los cimientos a las relaciones del más acá.

El hombre no es un ser para la muerte sino un peregrino en búsqueda de la luz, de un nuevo horizonte.

La muerte no se debe comparar con la inmensa mar irreversible sino con un arroyo muy poco profundo que nos ayuda a cruzar la frontera para la vida.

Un mundo abandonado por el amor habrá de asumirse en la muerte... Dónde persiste el amor, dónde el amor triunfa de cuanto quiera degradarlo, la muerte acaba definitivamente vencida.

“Aquel a quien el amor no toca, camina en la oscuridad” decía Platón, en su diálogo del “Banquete”. “El que no ama camina en las tinieblas” nos dice el Evangelio.

El misterio de la muerte se esclarece solamente por el misterio del amor: A la muerte del ser amado, la única actitud verdaderamente espiritual es, en consecuencia, la de la fe y la oración.

9.-     Cantaba la Iglesia primitiva:

“Alguien muere y es como unos pasos que se detienen, pero para nosotros es en realidad para emprender un nuevo viaje.

Alguien muere y es como una semilla que cae en tierra y para nosotros es en realidad para ser transformado y producir un fruto de abundancia.

Alguien muere y es como una puerta que se cierra y para nosotros es en realidad para entrar a parajes que transforman la vida.

Alguien muere y es como una voz que se silencia y para nosotros es en realidad para escuchar y entonar un nuevo canto”.

La resurrección nos hace comprender de modo distinto nuestra muerte, y esto se ha manifestado en el gran tesoro de nuestra santa Madre Iglesia, la cuál tiene, no dos décadas sino dos milenios de fidelidad a Jesucristo.

Elevo a Dios una plegaria para que la Pascua de nuestros seres queridos, de mi padre y de mi madre, de tu padre y de tu madre, nos permita a ti y a mí vivir nuestra Pascua de Conversión, y que un día nos reditúe en vida eterna.

Dios nos invita a distinguir entre lo perecedero y lo eterno, entre lo efímero y lo vital. Sólo pensando en la muerte se puede vivir despierto”, decía Don Miguel de Unamuno, y sólo así el grano que caiga en la tierra no se perderá.

 

 

EL SEMBRADOR DE LA EDUCACIÓN

“En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos de las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.”

1.-     Muy queridos amigos:

Al encontrarme este domingo con la parábola del sembrador, no quiero perder la oportunidad de invitarles a reflexionar, sobre la necesidad que tenemos de darles una buena educación a aquellos que Dios nos ha confiado.

La presente aplicación de la Palabra de Dios, no es en modo alguno una arbitraria y subjetiva disposición de un mensaje que Dios nos ofrece en su bondad.

Lo que hoy hemos escuchado en el Evangelio, no es más que una manifestación de la infinita sabiduría de Dios.

Jesucristo, aquel que era Dios desde el principio, en su sapiente y divina pedagogía gustaba de utilizar una infinidad de recursos destinados, a fin de que el hombre pudiera adquirir una mejor comprensión del mensaje Divino.

Uno de esos muchos recursos utilizados por el Señor, es el de ejemplificar con algunos oficios de su tiempo. De esta manera, al invitarnos a trabajar por el Reino de los Cielos, el Señor comparaba los quehaceres de algunas profesiones, para con ello, manifestar las cualidades que debe tener el trabajo que realizamos a favor del Reino de Dios.

Los quehaceres del Pastor y del Carpintero, del Administrador y del Comerciante, del Constructor y del Juez, del Viñador y del Médico, son solamente algunos de los oficios referidos por el Señor en su enseñanza.

2.-     El oficio del sembrador nos presenta a un Dios sumamente generoso en su trabajo a favor de los hombres. En ese trabajo en realidad, Dios le  está dando mucha mayor importancia a la siembra que realiza, que a la recolección de los frutos.

Este sembrador divino no le niega su buena semilla ni al terreno comprimido de los superficiales ni al campo pedregoso de los inconstantes. Tampoco le niega la semilla al terreno lleno de espinos de aquellos que nos deslumbramos por el brillo del oropel.

Fíjate como este sembrador es obsequioso, y al encontrarse con una tierra buena, sabe que cada terreno tiene distintas potencialidades y, no se manifiesta como si fuera egoísta para privilegiar solamente al que le da el ciento por uno. Este sembrador acepta, que algunos aún siendo buenos, puedan ofrecerle el treinta y otros el sesenta por uno. 

Esta será una de las mejores enseñanzas del día de hoy: Dios, nuestro sembrador bueno, encuentra mayor alegría en la siembra que en la cosecha.

Dios te espera, Dios tiene paciencia contigo y te invita a tener paciencia contigo mismo y a tener paciencia con los demás.

3.-     Apliquémoslo a nuestra vida. “En la educación de los hijos –como lo decía Don Jacinto Benavente- hay mucha mayor alegría en la siembra que en la cosecha”.

A un auténtico cristiano, le debe importar más la cantidad y la calidad de sus esfuerzos que la cuantía de los resultados que los demás nos ofrecen.

¿Qué es lo que siembras en tus hijos? ¿Cuáles son las semillas que depositas en su conciencia?

Date cuenta de que, no es posible esperar que la conciencia sin cultivar nos dé frutos, no es posible cosechar en el campo de su conciencia ningún fruto que no se haya sembrado antes. El campo de la conciencia, que es nuestra vida, no depende de la suerte para que dé frutos, depende de los sembradores.

Sin embargo, al hombre actual le parece una pérdida de tiempo todo aquello que no tenga un éxito inmediato, todo lo que no dé, de forma rápida, un buen resultado. A nuestros hombres eficientistas de hoy en día, no les cabe en la cabeza el emplear el tiempo y el esfuerzo para cultivar su conciencia, ni la conciencia de los demás, y sólo se dedican a trabajar, y a ganar todo el dinero posible.

El padre y el educador tienen que parecerse a un sembrador y, por ello, puedo hablar de las siguientes características en su quehacer:

3.1.-  Ellos no pueden regatear las semillas de su ejemplo, de sus orientaciones, aún cuando caigan no pocas veces en un terreno inhóspito, esto no les puede ni les debe desanimar.

3.2.-  Ellos deben ser pacientes, para así aprender a sembrar a manos llenas y siempre esperar. Entendamos que aunque los hijos fuéramos una buena tierra, bien podemos pasar por alguna etapa difícil de la vida. ¿Alguien no?

3.3.-  Ellos deben tener esperanza: Si alguien no está convencido de que tarde o temprano se pueden obtener buenos frutos, no tendrá nunca la ilusión en aquello que está realizando fatigosamente.

3.4.-  Finalmente, ellos deben comprender la diferencia que existe entre los distintos tipos de tierra buena, por lo cual, no pueden, ni deben medir a todos los hijos con el mismo rasero. No se les pueden exigir a todos los mismos rendimientos.

Tenemos que aceptar el dinamismo y la complementariedad que brota de las diferencias entre las personas. ¿No te parece increíble que en la unión de nuestros padres, aún sabiendo que provenimos de dos fuentes genéticas  y morales comunes, los hijos podamos nacer con tantas y tan notorias diferencias? Esta es, precisamente nuestra riqueza y una de las manifestaciones de la sabiduría de Dios. Y en la obra de Dios hay un espacio para todos: El bosque sería silencioso si sólo les permitiéramos cantar a las aves que lo hacen mejor.

4.-     ¿Es sumamente complicada la labor de la educación de los hijos?

Debemos tener cuidado con los excesos, ya que si la falta del amor paterno a los hijos les puede matar, el exceso en el amor no es menos peligroso. El consentirles todo a los niños es la mejor manera de hacerles egoístas, individualistas y caprichosos. No podemos confundir el amor, que siempre es necesario, con el abuso del amor.

'No podemos darte eso' son cuatro palabras mágicas que deberían formar parte en la educación de cada hijo.

Hace tres días, y hace tres semanas y hace tres meses nos hemos levantado escuchando tosas esas terribles noticias sobre la vida que se corta dramáticamente. La velocidad, la impericia y la inmadurez, que nos hace pensar que el mundo nos pertenece, nuevamente les siguen jugando rudo a unos jóvenes y, lamentablemente, a sus familias...

Esa falsa seguridad que se convierte en capricho se convierte en la vulnerabilidad de nuestros jóvenes. ¿Sabes? Todas esas escenas de estos tiempos recientes y de siempre, me han hecho recordar la tragedia griega que nos narra la historia de Faetón, hijo de Febo.

"En la conversación se mostraba jactancioso y en su comportamiento inútil y arrogante. Como los amigos lo insultaron llamándolo bastardo, quiso demostrar a todos lo importante que él era. Acudió entonces al palacio de Febo y le preguntó si en realidad él era su padre. Febo le dijo que efectivamente lo era, y para demostrárselo le dijo a su hijo que le pidiera cualquier cosa. Faetón le pidió a su padre Febo que le dejara,… conducir el carruaje del sol.

El conducir el carro del sol no era cualquier cosa, según la mitología griega sólo Febo lo podía hacer. Cualquier otro ser que lo intentara lo tenía que hacer con el peligro de su vida.

Por eso, Febo, arrepentido de la promesa hecha a su hijo, y moviendo la cabeza, trató de disuadirlo con estas palabras:

"Tu petición me ha hecho ver, Faetón, que he hablado de forma temeraria. Lo que deseas hacer es peligroso. Es algo que está fuera de tu alcance, no apropiado a tus fuerzas ni a tus años juveniles. Dentro de tu ignorancia pretendes algo más de lo que incluso se pudiera conceder a los dioses. Hijo mío, si quieres alguna garantía de que eres en verdad mi hijo, te la estoy ofreciendo al demostrarte que temo por tu vida. Vamos, mírame a la cara. Sólo quiero que pudieras ver el interior de mi corazón y percibieras cuánta ansiedad paterna se encierra en él".

A pesar de sus súplicas, el hijo se mostró terco; y el padre no tuvo más opción que cumplir con el deseo manifestado y con la promesa ofrecida. El hijo persistió y el padre desistió. Con el corazón destrozado Febo acompañó a Faetón hasta el carro, y le advirtió que tuviera mucho cuidado con los caballos…

Faetón, lleno de orgullo y vanagloria por su juventud, su fuerza y sus “logros”, saltó dentro del ligero carro, satisfecho de poder tomar las riendas que su padre le había dado equivocadamente. Se situó en su puesto y le dio las gracias a su desventurado padre, despidiéndose para siempre...

Los briosos e indomables caballos, con la tendencia que tenían siempre a ser irrefrenables, notaron de inmediato la falta de peso en el carro y la falta de vigor en aquellos brazos. Los corceles se sintieron libres para correr a sus anchas y así lo hicieron. Faetón se llenó entonces de pánico y no tuvo la habilidad de saber manejar bien las riendas.

Al verse en ese apuro y contemplar desde aquellas alturas de vértigo la tierra en toda su extensión y tan alejada de él, Faetón se quedó pálido y con las piernas temblando lleno de un miedo repentino, al tiempo que sus ojos quedaron deslumbrados por aquel exceso de luz...

Aquellos caballos que respiraban fuego estaban dominando por completo la situación, ya que Faetón, repleto de angustia, había soltado las riendas. Los caballos volaron tan cerca de la tierra que ésta se prendió fuego, y naciones enteras ardieron en llamas. La mitología narra así el nacimiento de nuestros desiertos, ¡ojalá que los ubicáramos en a geografía de nuestra familia!

Aquel carro se iba poniendo también al rojo vivo, y aquel joven en desgracia respiraba fuego ardiente. El jactancioso mozo envuelto en humo y en negra oscuridad, ni sabía dónde se encontraba ni a dónde iba, sino que se sintió de pronto arrastrado y al antojo de aquella pareja de caballos con las alas desplegadas, que sembraba por doquier la destrucción.

Cuentan los griegos que Febo lloraba por la inminente muerte de su hijo."

6.- Oye, ¿Te parece exagerada nuestra reflexión o su aplicación? Entonces, te pido que releas los periódicos de estos últimos tres días, de estas últimas tres semanas, de estos tres últimos meses, de estos tres últimos años, de estas tres últimas muertes,… y pídele a Dios esa luz que clarifica la vida.

Pídele al Señor, esta tarde, que como buen sembrador tú deposites las buenas semillas sobre la tierra de la conciencia de tus hijos. Es cierto que la cosecha no depende totalmente de ti ni de mí, pero sí depende de ti y de mí la siembra.

 

EL SEMBRADOR DE LA EDUCACIÓN (Tv-Edit).

“En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos de las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

1.-     Muy queridos amigos:

Al encontrarme este domingo con la parábola del sembrador, no quiero perder la oportunidad de invitarles a reflexionar, sobre la necesidad que tenemos de darles una buena educación a aquellos que Dios nos ha confiado.

2.-     Y es que el oficio del sembrador nos presenta a un Dios sumamente generoso en su trabajo a favor de los hombres. En ese trabajo en realidad, Dios le  está dando mucha mayor importancia a la siembra que realiza, que a la recolección de los frutos.

Fíjate como este sembrador es obsequioso, y al encontrarse con una tierra buena, sabe que cada terreno tiene distintas potencialidades. 

Dios te espera, Dios tiene paciencia contigo y te invita a tener paciencia contigo mismo y a tener paciencia con los demás.

3.-     Apliquémoslo a nuestra vida. “En la educación de los hijos –como lo decía Don Jacinto Benavente- hay mucha mayor alegría en la siembra que en la cosecha”.

A un auténtico cristiano, le debe importar más la cantidad y la calidad de sus esfuerzos que la cuantía de los resultados que los demás nos ofrecen.

¿Qué es lo que siembras en tus hijos? ¿Cuáles son las semillas que depositas en su conciencia?

Date cuenta de que, no es posible esperar que la conciencia sin cultivar nos dé frutos, no es posible cosechar en el campo de su conciencia ningún fruto que no se haya sembrado antes. El campo de la conciencia, que es nuestra vida, no depende de la suerte para que dé frutos, depende de los sembradores.

Sin embargo, al hombre actual le parece una pérdida de tiempo todo aquello que no tenga un éxito inmediato, todo lo que no dé, de forma rápida, un buen resultado. A nuestros hombres eficientistas de hoy en día, no les cabe en la cabeza el emplear el tiempo y el esfuerzo para cultivar su conciencia, ni la conciencia de los demás, y sólo se dedican a trabajar, y a ganar todo el dinero posible.

El padre y el educador tienen que parecerse a un sembrador y, por ello, puedo hablar de las siguientes características en su quehacer:

3.1.-  Ellos no pueden regatear las semillas de su ejemplo, de sus orientaciones, aún cuando caigan no pocas veces en un terreno inhóspito, esto no les puede ni les debe desanimar.

3.2.-  Ellos deben ser pacientes, para así aprender a sembrar a manos llenas y siempre esperar. Entendamos que aunque los hijos fuéramos una buena tierra, bien podemos pasar por alguna etapa difícil de la vida. ¿Alguien no?

3.3.-  Ellos deben tener esperanza: Si alguien no está convencido de que tarde o temprano se pueden obtener buenos frutos, no tendrá nunca la ilusión en aquello que está realizando fatigosamente.

3.4.-  Finalmente, ellos deben comprender la diferencia que existe entre los distintos tipos de tierra buena, por lo cual, no pueden, ni deben medir a todos los hijos con el mismo rasero. No se les pueden exigir a todos los mismos rendimientos.

4.-     ¿Es sumamente complicada la labor de la educación de los hijos?

Pídele al Señor, en este día, que como buen sembrador tú deposites la buena semilla sobre la tierra de la conciencia de tus hijos. Es cierto que la cosecha no depende totalmente de ti ni de mí, pero sí depende de ti y de mí la siembra. Y esto es lo que el Señor nos pedirá en cuenta.


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