Domingo 17 de Junio de 2007_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

Muy queridos amigos:
Con la gratitud para con Dios de tres cosas hoy te comparto varios recursos: la primera gratitud es por mi padre, del que estoy orgulloso; la segunda es por un programa de radio que hoy cumple cinco años de estar al aire: Camino, Verdad y Vida en la T Grande del 990 del AM; y la tercera es por disponer de este medio que me permite llegar hasta tu vida.
Cuatro modelos de homilía corresponden al Evangelio de este domingo y ocho reflexiones son sobre el don de la paternidad.


DOBLE “ERRE”: REMORDIMIENTO Y PERDON.

“En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tómo consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies, los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.

Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: “Si este hombre fuera profeta, sabría que clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora.

Entonces Jesús le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. El fariseo contestó: “Dímelo, Maestro”. El le dijo: “Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?” Simón le respondió: “Supongo que aquel a quien le perdonó más”.

Entonces Jesús le dijo: “Haz juzgado bien”. Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Entré a tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama”. Luego le dijo a la mujer: “Tus pecados te han quedado perdonados”.

Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: “¿Quién es éste, que hasta los pecados perdona?” Jesús le dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado; vete en paz”.

Después de esto, Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la buena nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y curadas de varias enfermedades. Entre ellas iban María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes”.

Momento 1

Momento 2

Momento 3

Momento 4

Reflexión 1

Reflexión 2

Reflexión 3

Reflexión 4

Reflexión 5

Reflexión 6

Reflexión 7

Reflexión 8

Muy queridos amigos:

Les quiero compartir una de las historias acerca de un niño como cualquier otro. Esta es la historia de un niño tierno y dulce, era casi un querubín caído del cielo, era como un ángel que todo mundo quería, se trata de la historia de un niño al que simple y sencillamente le llamaremos con un nombre: el pequeño Rogelín.

¡Exacto! Se trata de la historia del pequeño, tierno y dulce niño Rogelín. Un niño con unos buenos padres que le amaron demasiado y con unos hermanos, de los que se siente profundamente orgulloso.

2.-         Sucede que cuando el pequeño Rogelín tenía cuatro años, ¡no hace mucho tiempo que digamos en realidad! Jugaba, dormía, rezaba, ayudaba en casa,... una vida normal, una vida con la grandeza de lo cotidiano y la excelsitud de lo ordinario. Sólo había algo que le preocupaba a la madre del pequeño Rogelín: Al hablar batallaba para pronunciar la doble “r”. Las palabras que llevaban “ERRE” la pronunciaba con “ERE”. Y así decía “caro”, en lugar de “carro”, pronunciaba “churos” en lugar de “churros”, o decía “pero” en lugar de “perro”, ¡Lo bueno era que los “perros” no le entendían como para que se molestaran!

Y aconteció que la madre del pequeño, tierno y dulce niño llamado Rogelin, preocupada por lo anterior, le comentó al médico de la clínica y le pedía consejo a los maestros de sus hermanos mayores. Y de esta manera, un buen día recibió la receta de sentarse con su pequeño hijo a ayudarle a realizar algunos ejercicios, quizá conocidos por gran parte de nuestros lectores.

Todas las tardes, se sentaba la señora Virginia con el pequeño Rogelín y le decía, a ver dí después de mí: “erre” con “erre” cigarro, “erre” con “erre” barril, rápido corren los carros del ferrocarril. Y al principio el pequeño, tierno y dulce niño llamado Rogelín decía con torpeza aunque con mucho esfuerzo: “ere” con “ere” cigaro, “ere” con “ere” baril, r-ápido coren los caros del ferocaril.

3.-     No, no, no, ¡no! Otra vez, “repeat after me”: “erre” con “erre“ cigarro, “erre” con “erre” barril, rápido corren los carros del ferrocarril... “Ere” con “ere”,... “ere” con “ere”,... “ere” con “ere”,... “erre” con “erre”,... “erre” con “erre”... “Erre” con “Erre” cigarro, “erre” con “erre” barril, rápido corren los carros del ferrocarril.

¡Muy bien!, ¡muy bien! Le decía doña Virginia al pequeño, tierno y dulce niño llamado Rogelín.

Y así aconteció con aquel pequeño niño de algún lugar cercano, y de tiempos no muy lejanos, que batallaba para pronunciar la doble “erre”.

Y acontece ahora, mi muy querido amigo que este niño aunado a los hombres de nuestros tiempos, muchos más de los que te imaginas, batallamos con la doble “erre”, y ya no se tratan de problemas de dicción, que serían los menos trascendentes, sino de problemas de reducción.

4.-     Hay una doble “erre” que se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para no pocos; así como en desaliento, soledad, abandono y lágrimas de tristeza para muchísimos más de los que pudieras pensar.

La doble “erre” a la que me refiero es la que está compuesta por la “erre” del remordimiento y por la “erre” del rencor.

5.-     En primer lugar sufrimos por la “erre” del remordimiento. Se trata de la inquietud y del desasosiego interior. Remordimiento ante una acción mala efectuada o ante una acción buena que no se ha realizado, inquietud ante una palabra que lastima y que ha sido pronunciada o ante una palabra curativa que no se ha expresado, desasosiego ante un presenciar alguna situación y no ayudar en lo que podemos ofrecer o desasosiego ante nuestra ausencia culposa en esos momentos que se exigía nuestra presencia. Remordimiento ante algo que quisiéramos que fuera distinto y que ya no puede serlo. ¡¿Cuánto daríamos por regresar al tiempo atrás?! Y no, es posible hacerlo ya.

Y tenemos que asimilar que los remordimientos se pueden evitar en nuestra vida únicamente por medio de atenciones, con acciones, con palabras o con nuestro hacernos presentes ante quien necesita de nuestra compañía, en el momento en que lo necesita.

Quizá uno de los remordimientos que más nos lastime en nuestros días sea aquel que proviene de una actitud torpe,... y es que la torpeza para esta doble “erre” no proviene de la lengua sino del cerebro, o lo que es peor, la torpeza del corazón.

6.-     Fíjate como en nuestros días nuestros juicios son torpes, y muchos padres de familia son seducidos por esa propuesta de nuestro tiempo que es conocida como la ley del mínimo esfuerzo,... o de la búsqueda y consecusión del más inmediato y máximo rendimiento con la menor de  nuestras fatigas. Y por desgracia esto lo vivimos también en el interior de nuestras familias, y se nos olvida que con las personas que amamos y que nos aman no debemos ni escatimar esfuerzos, ni regatear dedicación, ni ser míseros en nuestro amor.

Hoy los padres de familia, buscan conseguir los frutos inmediatos, aunque sean efímeros; andan tras la consecusión de la gratificación menos complicada aunque sea fugaz,... y dolorosa sino ahora sí después. Y no se dan cuenta de que en la familia, con las personas que amamos, con aquellos que Dios nos ha confiado, más que buscar los frutos de la inmediatez se deben buscar aquellos frutos que permanecen, los frutos para el mañana,... y más aún como cristianos buscamos los frutos de la eternidad.

7.-     Pero lo olvidamos, tan fácilmente. Y es que es más satisfactorio “aparentemente” ser popular en las encuestas y sondeos con nuestras familias que convertirnos en los odiosos de la novela y que se provoque una estrépitosa caída en el índice de nuestra aceptación en el populómetro seductor de los incautos del raiting. Pero,... te has preguntado, ¿cuál es el costo de nuestras acciones?

8.-     Se busca el fruto inmediato, y así los padres de familia todo aquello que se les pide lo dan, ¡sin reflexionar!; todos los permisos solicitados los otorgan, nada niegan y nada rehusan, ¡sin dialogar profundamente entre ellos! Y con este tenor, viene de inmediato el abrazo, el beso, los hijos se avalanzan en el cuello del padre o de la madre y te dicen: “eres el mejor papá del mundo”, “eres la mamá más buena del mundo”,... y, ¿a quién  de nosotros no lo seduce, un beso, un abrazo, o tal título o condecoración: “el mejor papá del mundo”? Frutos, sin duda, dulces y atractivos, pero frutos que un día nos pueden amargar la existencia.

Un día, cómo en muchos casos que conoces, querrás que la historia pudiera ser distinta y ya no puede serlo, quisieras ahora sí regresarle el tiempo al reloj de la familia y no está ni en tus posibilidades ni en la de nadie el realizarlo. Y, es entonces, cuando escuchas en el eco de la conciencia: ese “eres el mejor papá del mundo” que va cincelándote el alma y te cobra la factura de la inocencia, cuando quisieras que alguien que ya no está a tu lado, pudiera estar un solo instante contigo, y no lo está, ni lo estará jamás.

9.-         ¡Cuesta trabajo el decirlo! Pero no hemos entendido que si realmente queremos a alguien de verdad, no todos los permisos se dan, ni todas las cosas se les compran, ni todo se les consciente, y que al negar algunas cosas podremos obtener una reacción de desacuerdo y de ingratitud, pero que esto es lo menos que nos puede y debe preocupar.

Los frutos que realmente permanecen y que nos abren el horizonte para cosechar en la eternidad, son los frutos de la entrega generosa no los del egoísmo posesivo,... Los frutos duraderos y que pueden ser eternos son los del sacrificio y no los del comodismo, son los del trabajo y no los de la pereza, son los de aquellos que saben lo que significa el valor de la austeridad y no se empecinan en recibir y recibir, o en sólo estarles dando y dando a quienes un día se les debe decir que: “no”.

Esta vida y la vida eterna les pertenece a aquellos que hayan aprendido que si bien los seres humanos hemos nacido con nuestras manos cerradas, el proceso de crecimiento y maduración verdadera consistirá en ese aprender a abrir nuestras manos. ¿Te acuerdas que Ludwig Wittgenstein afirmaba que la vida eterna les corresponde solamente a los que hayan vivido el presente! Pues, esta es una de las verdades que tenemos que asimilar en nuestra vida cristiana.

10.-   Muy queridos amigos: No le tengan miedo al rechazo inmediato, sí es que tú sabes que el negar alguna cosa, o el abstenerte de darle un permiso es lo mejor para una persona en este momento, ¡no lo pienses dos veces! De no ser así un día esa “erre” de nuestros remordimientos te hara pasar el momento más intranquilo que te puedes imaginar.

EL VENENO DEL RENCOR.

“En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tómo consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies, los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.

Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: “Si este hombre fuera profeta, sabría que clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora.

Entonces Jesús le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. El fariseo contestó: “Dímelo, Maestro”. El le dijo: “Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?” Simón le respondió: “Supongo que aquel a quien le perdonó más”.

Entonces Jesús le dijo: “Haz juzgado bien”.

1.-         Estimados amigos: Hablemos ahora sobre otra “erre” nociva en nuestra vida: la “erre” del rencor.

El Evangelio de hoy es la narrativa de la humanidad, se trata de nuestra propia historia. Todos nosotros que hemos recibido la vida, también hemos sido perdonados y liberados por el Señor cada vez que lo hemos solicitado y que hemos reconocido nuestra culpa, pero... frecuentemente aquellos que hemos sido favorecidos por Dios nos hemos olvidado de aquello que nosotros mismos hemos recibido sin merecerlo y entonces nos manifestamos inflexibles ante el prójimo.

2.-     Se trata del Evangelio de Jesucristo, en el cual hemos conocido que es Dios quien se ha convertido en nuestro modelo en el ejercicio del perdón y que, esto será lo único que al final se nos podrá reclamar en caso de que lo hayamos olvidado: ¡Que seamos misericordiosos en el trato con el hermano!

El perdón ofrecido es una increíble posibilidad, de parte de aquel que es Padre bueno, para con todos sus hijos, y que espera que entre nosotros, los que nos llamamos y somos hijos, nos tratemos verdaderamente como hermanos. Se trata de una invitación para que imitemos esa misericordia sin límites que nos ofrece el Padre que nos ama, así como esa perfecta capacidad que posee Él de poner a cero las cuentas, de anular las deudas y de echar al saco desfondado del olvido cualquier acción cometida por nosotros o cualquier omisión disimulada.

Y, para que podamos entrar en esta dinámica divina, conocida como la mecánica del amor auténtico, primero que nada, debemos asimilar el perdón que Dios nos ofrece para que entonces ofrezcamos el perdón a nuestros hermanos. ¿Cómo se puede ofrecer indulgencia al hermano si es que nosotros nos sentimos intachables?

Ante Dios no puede haber ni simulaciones ni engaños, Él nos conoce a la perfección. Y todos nosotros, ¡todos estamos necesitados de su misericordia!

Los obstáculos para recibir el perdón de Dios son nuestros propios obstáculos, por lo que debemos reconocer que en nosotros está también la solución. El hombre no puede recibir el perdón de Dios si es que no se lo pide. Pero no se lo podemos pedir si es que no estamos dispuestos a reconocer nuestros errores. Y reconocer nuestro error supone la valentía de mirar despacio hacia el interior de nuestra conciencia para ver cómo estamos viviendo, cuáles son esos valores que nos mueven, dónde están nuestros ídolos. La vigilancia, la reflexión, la atención sobre lo que hacemos, nos llevará necesariamente a la claridad para ver dónde están nuestras fallas. Sólo después podemos pedir perdón.

3.-         Cuando seamos capaces de reconocer y aceptar nuestro egoísmo en cada uno de nuestros actos, cuando no tengamos miedo de aceptar nuestros errores, cuando aceptemos una conciencia en claridad, será entonces cuando empezaremos a vivir.

Y para que esto suceda, debemos abrir nuestro corazón con dos llaves. Primero reconocer, ver, aceptar mis faltas y, segundo, tener la actitud de arrepentimiento, quizá no siempre por la maldad, sino por la indolencia, la pereza, el abandono, el egoísmo despreocupado, el vivir como todos en un mundo que siempre será y aparecerá como escenario de la vida y,  por tanto, como lugar donde sólo aparece lo que se ve, pero no aquello que cada uno de nosotros vivimos y sentimos. Será entonces que se pedirá y experimentará el perdón.

Y así es como Dios nos ofrece el perdón. En Jesucristo, el Hijo eterno del Padre, hemos conocido la verdadera dimensión del perdón. Y con el perdón obtenido de Dios se soltarán las cadenas de nuestra culpa e iniciaremos una nueva historia de libertad.

4.-     Y una vez que en Cristo, se nos haya devuelto la vida, a través del don del perdón, entonces todos nosotros tendremos una deuda inacabable con el hermano deudor, la cual solamente se podrá saldar ofreciéndoles de corazón el perdón.

Y con ello se iniciará un segundo proceso liberador de nuestras ataduras. Si las primeras ataduras eran las de nuestros pecados, no menos duras son estas otras ataduras. Se trata de las cadenas esclavizantes de nuestro rencor, del resentimiento, de la molestia, de los resquemores, de la ira... No olvidemos que los pecados capitales son nuestras más cadenas más humillantes y que éstas cadenas y estos pecados no son otra cosa más que nuestra propia ausencia de dominio.

Después de experimentar la solución del propio conflicto, que el hombre ha creado para con Dios, ante el conflicto que pudiese tener para con el hermano al hombre no le queda más solución que perdonar, porque otras salidas, las del odio o la venganza, perjudican siempre a todos, primero a quien la padece y como consecuencia a los demás.

El mejoramiento humano se va a iniciar con el perdón de Dios que viene de fuera hacia adentro, o mejor dicho de arriba hacia abajo,... pero una vez que esto suceda nos falta el otro mejoramiento: el que viene de dentro hacia fuera, y de un lado hacia el otro, el mejoramiento de una relación entre iguales. Si la relación se ha mejorado con “Aquel que está arriba” gracias a a una generosidad insospechada, ¿por qué puede suceder que no seamos capaces de mejorar las relacionas colaterales?

5.-         Saber perdonar es querer vivir en libertad, es querer vivir hacia el futuro sin los lastres ni los rencores del ayer, es saber dar el paso hacia el dominio de mis instintos de venganza y de una justicia malamente tomada con la propia mano.

Todo acto de egoísmo en la vida nos encierra, y todo mirar hacia arriba nos eleva y nos comunica con los deseos más profundos de nuestro ser. El pecado suele ser, entre otras muchas cosas, ese dejarse arrastrar por cualquier cosa que acabe en mí y que sea sólo para mí.

Y aquí Dios, en el Evangelio de este domingo, nos sigue predicando la invitación a perdonar y a convertirnos. Y hablando de ese perdón que ofrecemos, es adecuado asimilar que no le podemos ni debemo introducir números a nuestro registro de la misericordia. No podemos establecer fechas en el calendario del amor. Cristo nos ha hecho entender que para el perdón no existe la última vez, al menos así Él ha actuado con nosotros, ¿y porque no actuar de esa manera nosotros con nuestros hermanos? ¡Es que Él es Dios!...

Por eso mismo, ¿no te parece que es mayor la desproporción de nuestra ofensa para con Él que la que pudo haber tenido mi hermano para conmigo?

6.-     El perdón que ofrecemos no debe terminar nunca, jamás debe  interrumpirse, nunca se debe acabar. El perdón es una historia estupenda ininterrumpida. Se trata de la historia cristiana. ¿Quiéres ingresar en esta historia o simplemente permanecer en tu antihistoria del egoísmo?

Y aquí, nos encontraremos con las más grandes de nuestras carencias. Se trata de nuestra necesidad de recibir una cirugía mayor. Esto sí que resulta difícil. Se trata de bajar hasta lo más profundo del corazón y limpiar todo perfectamente, como cuando una mujer un día limpia a conciencia su casa de las impurezas, como cuando un cirujano es solicitado para extirpar el tejido más profundo de cáncer.

El perdón, pedido y otorgado, se convertirá en una fuente de alivio. El expediente debe quedar limpio: La persona que ha sido perdonada ya no lleva la carga de la culpa. Pero la persona que perdonó ya no debe llevar la carga del resentimiento.

La ofensa nos causa una herida y cuando la persona nos pide perdón está intentando sanar esa herida, pero tal parece que a nosotros nos gusta ir caminando con las llagas abiertas, puesto que no somos capaces de perdonar, y con ello no somos capaces de sanar.

Resulta increíble que nosotros mismos hayamos creado y vayamos alimentando las circunstancias del rencor y del odio, y que con ello vayamos amargando nuestro ser, nuestra vida, nuestra existencia. Soy yo el primer afectado por mi rencor, el que me esclavizo por mis resentimientos.  Mi rencor no le causa daño a aquel que se lo tengo, él o ella muchas veces ni cuenta se han dado. Mi rencor me daña a mí mismo.

7.-     Y es que Dios nos dio la vida,... se nos ha dado un trozo de vida, un poco de tiempo, un poco de inteligencia, un pedazo de voluntad, una historia de libertad, y tal pareciera que el hombre quiere hacer de ésa vida única e irrepetible en lo temporal, una vida llena de resentimientos, una vida en la que los peores residuos, como si fueran adherencias en nuestro corazón, le fueran destruyendo por dentro.

Dios, al darnos la vida, nos dio una eficiente embarcación para que con ella recorriéramos la masr de la existencia, y parece ser que el hombre la quiere llevar llena de lastre y quiere hacer difícil su propio trayecto, y hacer amarga su propia vida.

Dios nos ha querido dar dos pies para caminar, y Dios nos quiere en la vida ligeros de equipaje para que caminemos con dignidad y con un destino en la eternidad, pero parece ser que el hombre quiere llevar esa losa que le esclaviza,... y tarde que temprano esa losa se convierte en el propio sepulcro, porque el hombre va muriendo por dentro, sin darse cuenta puesto que se ha acostumbrado a su propio sarcófago.

8.-     Para una mente que no perdona el pasado y el futuro siempre serán iguales. Se trata de una persona que se resiste al cambio. El hombre lleno de rencor no quiere que su futuro sea distinto del pasado.

El hombre que recibe el perdón y que ofrece el perdón será capaz de enderezar su pasado y ofrecer esperanzas a su futuro. El perdón recibido y ofrecido permite corregir nuestras retrospectivas y optimizar la prospectiva.

 

EL TALENTO PROPIO DE LA MUJER.

“En aquel tiempo, Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la buena nueva del Reino. Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y curadas de enfermedades. Entre ellas iban María, llamada Magdalena; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes”.

1.-     Muy queridos amigos:

Hablar de las mujeres en la Sagrada Escritura significa sin lugar a dudas encontrarnos con el contraste que se nos ofrece al desplazarnos de un lugar sometido a la oscuridad para ingresar a un espacio bañado por la luz. Sobre todo si tenemos en consideración el lugar que se les ofrece en el Antiguo Testamento con aquel obtenido en el Nuevo Testamento, y sobre todo si nos referimos al que el Señor les ha ofrecido.

2.-     En el Antiguo Testamento al igual que en el Medio Oriente antiguo y, tengo que decirlo también en el reciente, toda mujer es considerada una menor de edad, un cero a la izquierda. Su influencia quedaba practicamente vinculada a su función maternal. Las imágenes de mujeres heróicas en el judaísmo son exaltadas o en función a resaltar el papel del varón, Rut, Betsabé, Abigail, Raquel, Sara; o descritas con virtudes viriles, Judith, Débora, las madre de los 7 hijos en el libro de los Macabeos… Al final de cuentas, la mujer aparecer subordinada al varón.

Cuando la mujer vive la etapa como hija de familia la femina es posesión del padre de familia, y cuando ella se casa se convierte en posesión del esposo, a quien le reconoce como su “baal” en hebreo, su “despotés” en griego, su “dominus” en latín o su “señor” en castellano.

3.-     Es cierto, que ya en el Antiguo Testamento se nos hablaba de la mujer desde su creación en la igualdad de dignidad con el varón aún en la diferencia de sexos, sin embargo, la verdadera situación y valoración de la mujer solamente fue revelada en la venida de Cristo.

El retrato del contraste en los sexos que favorece al varón se manifiesta todavía el día de hoy en la oración del israelita. El varón dice con ingenuidad: “Seas bendito, Dios nuestro, por no haberme hecho gentil, ni mujer, ni ignorante”, mientras que la mujer parece rezar con naq cierta resignación: “Loado seas, Señor, por haberme creado según tu voluntad”.

La mujer, no obstante, es contemplada desde la vida cristiana en una nueva óptica, y esto aparece desde la misma Anunciación del Arcángel divino a la Virgen María, y con ello la encarnación por obra y gracia del Espíritu Santo en el vientre inmaculado de la Virgen Madre. En la Virgen María se ha encarnado el ideal de la mujer, pues ella dio nacimiento al Príncipe de la vida. En María, la mujer se llega a convertir en el ideal y el modelo para la vida cristiana, pero también cuando el Señor nos ha hablado de las vírgenes fieles y de aquellas que son imprudentes. ¡Nada más inusual en el tiempo del Señor que el poner a la mujer como ejemplo!

4.-     El día de hoy el Evangelio, nos habla de aquellas santas mujeres que ayudaban al Señor, que le ofrecían con sus bienes y que le seguían. Y esto fue lo que aconteció en aquel entonces y lo que acontece hoy en día en la Iglesia.

¿Te acuerdas? Cuando en la pasión del Señor, como producto de la acción desalmada del Sanedrín, se desaparecieron atemorizados los varones y los jefes de la Iglesia, fue cuando apareció la “Iglesia de las mujeres”. Se trata del grupo firme que “de lejos” y “de cerca” le acompaña  y que cuida de Él. Ellas son las testigos en su muerte; se habla de “muchas” que le acompañas, además de las tres que se citan por sus nombres en el Evangelio del día de hoy. Las mujeres son testigos de su sepultura, ya que a la hora de depositar el cuerpo de Jesús en el sepulcro ellas estarán presentes, y luego serán ellas las primeros testigos de la resurrección.

5.-     Y así ha sido la historia en la historia del cristianismo, la mujer ha sido en el mundo como un Ángel custodio del alma cristiana, especialmente en nuestro continente,... pero por desgracia en la historia se le ha marginado y se le sigue marginando.

Su colaboración ha sido invaluable, Son las mujeres las que han colaborado en la preservación de la familia y en la transmisión de la fe.

Ellas son los agentes cualificados del cambio democrático en la historia, y las que se han encargado de introducir los valores morales en nuestra vida social. Su papel nunca será juzgado como secundario o marginal, aunque así se le trate.

El Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, ha reconocido como beneficiosa su presencia en la vida social, económica y política a nivel local, nacional e internacional. Ha hablado claramente que la mujer tiene el derecho a insertarse activamente en todos los ámbitos públicos, y esto debe protegerse.

Y no obstante, resulta lamentable la violencia y la manipulación en contra de la mujer, las muertas de Juárez y las víctimas de la violencia intrafamiliar en nuestra ciudad no son más que la punta del iceberg.

6.-         Nuestra sociedad masculinizada debiera estar dispuesta a pedirle perdón a las mujeres en el nombre propio y en el nombre de Dios.

Y esta es, por desgracia, también la historia hacia el interior de la Iglesia, el día de hoy resulta necesario que la Iglesia atienda a toda mujer, sobre todo a la mujer consagrada, es imprescindible el que se elabore una antropología en la que se manifieste la igualdad de los derechos, el entender su vocación y su misión, así como el dignificar su lugar en la familia.

No tan sólo la Iglesia podría ser considerada comoinjusta, lo es también la sociedad en lo general. ¿Sabías que el artículo 23 de los Derechos Humanos en el parágrafo segundo dice a la letra: Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual? Y,… ¿sabías que hoy en día en una ciudad como la nuestra en términos generales se les paga un 35% menos por un trabajo igual al del varón?

7.-     El día de hoy, en que el Señor nos muestra su capacidad de ofrecerle a la mujer la salvación cristiana y de darle a las mujeres un lugar intenso en la obra de la salvación de todo el género humano, nos resulta exigitivo el que dirijamos la mejor de nuestras miradas hacia la mujer, y qué mejor mirada que la de nuestra reflexión, una mirada del corazón y una mirada desde la fe.

Pero hay riesgos también por evitar: Debemos ser cuidadosos de que la propuestas de la emancipación de la mujer, no se convierta en un mimetismo provisional en el que se ensalce al hombre a costa de la mujer.

Ojalá que aprendiéramos a distinguir entre las propiedades y las apropiaciones de la mujer. Una propiedad es aquello que le es propio a la mujer y que no le es propio al varón. Diferentes de las propiedades son las apropiaciones: atribución o asignación de propiedades o actividades que convienen al hombre y a la mujer en base a su esencia común, pero que se adjudican a la mujer porque guarda una cierta afinidad con las propiedades. Siéntate a pensar por un momento: ¿cuáles son las propiedades y cuáles son las apropiaciones?

Y es que en nuestro tiempo, las mujeres propenden demasiado a seguir los pasos de los hombres; a pensar como los hombres, a tratar de resolver los problemas generales de la vida como los varones. No es preciso que la mujer haga el trabajo del hombre. No hace falta que la mujer piense por el hombre. La misión de la mujer no es el realzar el espíritu viril, sino expresar la femineidad. La misión de la mujer no es el conservar un mundo hecho por los hombres, sino el crear un mundo más humano, haciendo que el elemento femenino participe en todas sus actividades.

8.-     Y es aquí, en donde sin ser retrógadas ni mucho menos en una injusta minosvaloración del trabajo profesional de las mujeres, quisiera enfatizar la grandeza del espíritu femenino-materno en un mundo como el nuestro. La mujer es competente y grande, tanto en su trabajo en lo profesional como quedándose en las duras faenas del hogar. La mujer es valiosa por lo que ella es más que por reproducir el rol masculino.

Y aquí tenemos que decir, que sólo las personas ignorantes e insensibles podrían menospreciar a las madres de familia que han resuelto quedarse en casa y cuidar de sus niños. Y, por desgracia ocasionalmente son las mujeres profesionistas las que desprecian a las que efectúan “sólo” el desgastante quehacer del hogar.

Recuerdo aquella respuesta de Linda Burton y que refiere Zig Ziglar,  en su libro: “Cómo criar hijos con actitudes positivas en un mundo negativo”, cuando las amigas de Linda, que trabajaban en una empresa, le decían en tono burlón después de que ella fue la mejor en la Universidad y que ahora se ha querido quedar cuidando a los niños después de renunciar a un trabajo prometedor y un jugoso salario: “Linda. Eres demasiado inteligente como para quedarte en casa” y ella les respondió: “Tienen razón. He llegado a la conclusión de que soy demasiado inteligente como para no quedarme en casa. Es allí en donde hacen falta los mejores talentos”.

9.-         ¿Saben? Estoy de acuerdo con Linda Burton, y tenemos que decir que la carrera más importante, más exigente y más satisfactoria que puede seguir una madre, es formar a sus hijos con actitudes positivas en un mundo tan negativo.

A la sazón de lo que te he compartido, te hago extensiva una rima anónima que leí hace muchos años:

Aristóteles, cuando escribió sus obras,
Y Milton, cuando afinaba sus rimas,
¿Tenían niños sobre las rodillas
pidiéndoles de comer?

¿A Dante, cuando contemplaba el infierno,
o Shakespeare, al escribir un Soneto,
¿los interrumpían sus hijos para quejarse
de que su pastel tenía salsa picante?

Sócrates, al enseñar a los jóvenes,
Y Platón, cuando redactaba el Fedón,
¿se preocupaban de limpiar la arcilla
con la que los niños jugaban?

Si Edmund Burke hubiera intervenido
En el aseo de los chiquillos
¿habría tenido tiempo y ánimo
para hablar de revoluciones?

¿Acaso no era necesario comprar la comida
cuando Darwin buscaba el orígen de las especies?
¿Y tenía aquél sabio que reñir a sus pequeños
para que dejaran de molestarlo?

¿Cuándo Holmes y Brandeis vestían togas de abogados
y exponían sus sabias opiniones,
¿No se amontonaban las sábanas y los calcetines sucios
hasta alcanzar la altura de un metro?

¡Cuánto más meritorios son los logros de las mujeres
que hacen verdaderos malabarismos
para cumplir con sus cosas
y con la crianza de los hijos!

LA DEGRADACIÓN DE LO AGRADABLE.

“En aquel tiempo, Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la buena nueva del Reino. Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres… Entre ellas iban María, llamada Magdalena; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes”.

1.-     Muy queridos amigos:

El Señor Jesús ha venido a perfeccionar y plenificar la revelación de Dios, en la cual se ha revalorizado el papel que tiene la mujer en la creación y entre sus seguidores. A los ojos del Redentor Divino, tan valioso es el varón como lo es la mujer, ambos poseen talentos que se complementan y aunque esos talentos marcan las diferencias existentes entre uno y otra, en la necesidad que brota de la relación entre segmentos complementarios se manifiesta también el equilibrio del valor recíproco.

Pudiéramos decir, en este contexto, junto con Marco Tulio Cicerón que: “existen dos clases de belleza en el mundo: el encanto y la dignidad. El encanto es la cualidad de la mujer, la dignidad es la cualidad del hombre”.

No obstante, al referirnos en esta reflexión al lugar de la mujer en la obra de Cristo, tenemos que preguntarnos. ¿Es sólo la belleza la cualidad que posee la mujer? Decía Pitágoras: "Escoge una mujer de la cual puedas decir: hubiera podido escogerla más bella, pero nunca mejor." ¿Qué es lo que la hace mejor y que es aquello que siendo mejor es superior a la belleza?

El talento de la mujer va muchos más allá del atractivo físico, y la verdad es que me entristece tanto, el ver a cualquier hora de la televisión abierta todos esos programas en los que la mujer ha quedado reducida a sólo una mercancía de adorno en las coreografías… Me agrada ver que en las reuniones sociales, las cuales se inician en muchas ocasiones en ceremonias religiosas, el varón vaya elegantemente vestidos, pero me desgrada contemplar el hecho de que en no pocas ocasiones la mujer considere que su arreglo personal será verdaderamente exitoso sólo si resalta llamativamente sus atributos orgánicos,… la verdad es que esto me parece denigrante de la condición femenina puesto que considero que la belleza física de la mujer se percibe también en la sencillez, en la discreción y que el “ser femenina” en una mujer va más allá de aquello que la sociedad machista y erotizada le ha dictado en el campo de la moda. Quizá aquí podríamos citar adecuadamente aquella referencia de Juan Llorente: “Agradar, agradar, agradar, siempre agradar, ¡Qué degradación!”

2.-     Si te menciono que la diferencia entre el hombre y la mujer es sexual, quiero pedirte que me tengas paciencia y que no te precipites en tus juicios, puesto que tienes que aprender a escuchar que lo sexual satura no solamente el cuerpo, sino también el alma tanto en el varón como en la dama. Entre el sexo masculino y el sexo femenino existen diferencias profundas. Aún en su entrañable, íntima y sagrada unión, los suele separar un abismo.

Alexis Carrel, premio nobel de medicina en 1912, ha señalado las diferencias sexuales entre el hombre y la mujer. El hombre es activo, duro, lógico. La mujer, pasiva, sentimental e intuitiva. El matrimonio, menciona el laureado médico, es la asociación de dos individualidades diferentes, pero que se complementan. Esas características diversas de los dos socios son las que determinan tanto el éxito como las dificultades inherentes a esta asociación.

La inteligencia femenina es diferente de la masculina, pero no inferior, -continúa el especializado en fisiología-. Recuerden todos, los casados y por casar, que la inteligencia, que ha hecho al hombre amo y señor del mundo material, puede darle también la llave áurea del palacio en que el amor guarda sus dulces, codiciados tesoros.

3.-     El principio que, al ser asimilado, puede solucionar muchos de los conflictos entre el varón y la dama no es otro sino el de la complementariedad.

Quizá la propuesta de Robert Stenberg pudiera ayudarnos a clarificarlo, ya que él nos propone la existencia de una inteligencia grupal al considerar que algunos grupos son màs eficaces que otros. Aunque un grupo no puede ser más inteligente que la suma total de todas sus fuerzas específicas, puede ser mucho más torpe si su funcionamiento interno no permite a las personas compartir su talento.

Yo, en lo personal, creo en la Inteligencia grupal, y la afirmó y la defiendo. La verdad, es que me parece increíble el resultado obtenido cuando dos personas o más llegan a unir sus talentos, sus virtudes, sus dones, sus carismas, sus genialidades, sus aptitudes y sus actitudes en beneficio de la humanidad, del núcleo de su sociedad inmediata,… o de su familia. En la historia, yanto la universal como la de la iglesia, hemos encontrado parejas de santos, de genios, de gente con talento…

Hay santos que van unidos: San Pedro y san Pablo, san Gregorio Nacianceno y san Basileo Magno, san Benito de Nurcia y santa Escolástica, santa Mónica y san Agustín, san Francisco de Asís y santo Domingo de Guzmán, santo Tomás de Aquino y san Buenaventura, san Ignacio de Loyola y san Francisco Javier, santa Teresa de Ávila y san Juan de la Cruz…

En lo musical no dejo de admirar la inteligencia grupal de Simón y Garfunkel, me parece increíble el talento de Lloyd y Weber, disfruto la música de Gloria y Emilio, considero que The Edge y Bono han logrado una genial combinación.

En el campo de la teología católica también tenemos grandes parejas como los de Maurice Flick y Zotlan Alzseghy, el de Johann Auer y Joseph Ratzinger (Hoy Benedicto XVI), de Karl Rahner y de Paul Overhage, Luis Alonso Schekel y Mateos, entre otros...

4.-     Al referir en este domingo el tema de la importante aportación que la mujer ofrece a la sociedad y a la Iglesia tengo que ingresar al campo de la familia.

En lo personal considero que los esposos deberían conformar la inteligencia grupal más cualificada. Personalmente recibí el regalo de ver a mis padres como una de esas parejas famosas y geniales a los que tanto admiro.

Dios los hubo puesto en mi vida y en la de mis hermanos como Piloto y Copiloto no digo en un carro, ni en un microbús, sino en el autobús de mi familia, ya que somos muchos hijos. En momentos mi padre era el que acelera y mi madre era la que frenaba oportunamente, en otras ocasiones mi madre era la que aceleraba y mi padre era el que tenía que frenar.

En no pocas ocasiones me han corregido, pero en todas ellos me han protegido. Quizá lo que te comento a continuación no es del todo edificante, pero te lo comparto y espero que sea útil para complementar lo que estamos reflexionando.

“Jamás se me olvida aquel año de 1978 en que fue, de acuerdo a mis recuerdos la última vez en que me dieron una nalgada para corregirme, y lo hicieron con toda la razón del mundo. Yo tenía entonces 12 años y, como adolescente sanamente precoz, me fuí sin permiso a un juego de Foot-Ball en la liguilla entre mis queridísimos Tigres y el Cruz-Azul, el juego terminó muy noche y por aquella Avenida Universidad no podían circular los camiones para regresar a la casa. Todos veníamos muy contentos y nos fuímos caminando hasta la Avenida Adolfo Ruíz Cortines, pero los camiones no pasaban, de tal manera que después de mucho esperar pudimos tomar un transporte. Era la medianoche cuando llegué a la casa, y mi padre me estaba esperando para hablar conmigo, aún cuando él se tenía que levantar a las 4 de la mañana para irse a trabajar,… recuerdo que me dió una buenas nalgadas y me mandó a dormir sin cenar,… al llegar a la cama me dí cuenta de que mi madre me había dejado unos sándwiches bajo la almohada”.

En realidad, mi madre siempre supo y aprobó lo que hacía mi padre y mi padre sabía y aprobaba lo que hacía mi madre,… supieron complementarse. Los esposos en la familia son como el cerebro y el corazón en un organismo, los dos son necesarios. Mis hermanos y yo hemos crecido agradecidos con las correcciones de mi padre y con las protecciones de mi madre.

En una familia debiera cultivarse la inteligencia grupal, en dónde las dos personas aportan sus cualidades en orden al buen funcionamiento del propio hogar. Decían los antiguos que detras de un gran hombre hay una gran mujer. Lo mismo tendríamos que decirlo al revés en un ejercicio de justicia: detrás de una gran mujer hay un gran hombre, aunque en lo personal prefiero decir que no es detrás ni delante sino al lado de una gran mujer donde hay un gran hombre y al lado de un gran hombre hay una gran mujer.

5.-         Revaloricemos también el lugar de la mujer en la Iglesia.

Y este es el pensamiento cristiano, así lo expresó Juan Pablo II, de grata memoria, en el mensaje que nos dio el 10 de Enero de 1995, en la Jornada Mundial de la Paz y que titulaba: La Mujer educadora para la paz: “cuando las mujeres tienen la posibilidad de transmitir plenamente sus dones a toda la comunidad, cambia la forma de comprender y organizar la sociedad, llegando a reflejar mejor la unidad sustancial de la familia humana. Esto trae la paz. Supone un progreso beneficioso la creciente presencia de las mujeres en la vida social, económica y política a nivel local, nacional e internacional. Las mujeres tienen pleno derecho a insertarse activamente en todos los ámbitos públicos y su derecho debe ser afirmado y protegido incluso por los medios legales donde sea necesario”.

Sin lugar a duda, es la fe la que ilumina la vida de forma distinta y mejor. Cuando en el sexenio pasado surgía el conflicto en reacción ante las declaraciones de un connotado político nacional sobre el lugar de la mujer en nuestra patria y el riesgo de la masculinización de la misma, pensaba en la necesidad que se tienen de llegar a un justo equilibrio que podría construir una relación auténticamente justa para con una mujer no pocas veces mancillada.

6.-     ¡Que el hombre y la mujer realicen su quehacer en la sociedad y en la Iglesia, sin que nos olvidemos de que si bien es cierto que el hombre es el presente de la mujer, también resulta cierto que la mujer es el futuro del hombre, y de la humanidad.

Alguien podría preguntar acerca del porque la mujer no puede acceder a la dignidad del sacerdocio ministerial, a lo que tendríamos que responder en la sinceridad: quizá las razones más que teológicas a alguien le parezcan más históricas, no obstante junto con el Papa Juan Pablo II tendríamos que decir que no se nos puede olvidar que la dignidad mayor en la vida cristiana no es la del sacerdocio ministerial sino la de la santidad y esta no es privativa de nadie.

7.-     La fe le permitió a una mujer como lo fue Madame De Gaulle el ser la dedicada madre de Ana, quien había nacido afectada por el gen causante de la Trisonomia del par 21, mejor conocida como mongolismo. Atendió a Anna con dedicación y amor hasta su muerte cuando en 1948 ella contaba con 20 años de edad. Fe que le permitió tener aquella sabiduría expresada en aquella entrevista efectuada para la publicación LE NOUVEL OBSERVATOUR, y en cuyas expresiones habrá alguien que no coincida con mi beneplácito: Le preguntaban acerca de la fórmula para resolver el problema del ser esposa de un roble real. Yvonne respondió: Yo elegí ser el suelo en donde él echara sus raíces

Ejemplos de mujeres grandes hay muchos, podría decir que por lo menos hay una historia de una mujer grande en cada casa, no obstante recurro a uno de los ejemplos más amables: Agnes Gonxha Bejaxhui, conocida como la Madre Teresa de Calcuta. Calcuta es la ciudad de los pobres y de la madre Teresa. Ella significó en un mundo de mediocridades el mejor ejemplo del amor en activo, un evangelio viviente.

8.-         Queridas amigas: a ustedes me dirijo al cruzar la puerta de salida en la habitación de nuestra reflexión de este domingo: Necesitamos más mujeres, necesitamos más Marías de Nazaret, más Santa Mónicas, más Santa Claras, más Santa Teresita del niño Jesús...

Necesitamos más Madres Teresa de Calcuta, ¡Bendito sea Dios que ella!, lejos de imitar el actuar de los hombres quiso vivir plenamente los rasgos de la femineidad, por lo cual consiguió que “este mundo fuese un mundo más humano” como lo expresó Jacques Chirac la noche en que murió la religiosa.

¡Compártanle al Señor sus bienes! Y, en este momento, no me estoy refiriendo a lo económico, ¡eso es lo de menos!, y eso también lo pueden hacer los hombres.

EL GATO QUE ESTÁ EN LA CUNA.

Hoy, te quiero compartir una escena de mi propia vida en donde conocí la escena de una vida, y en la que estoy convencido se reflejan muchas escenas de otras vidas, incluyendo posiblemente tu propia vida:

Cuando cursaba el tercer año de estudios en la secundaria número 33, del fraccionamiento Coyoacán, ¡no hace mucho tiempo que digamos, en realidad!, la maestra de lengua extranjera, es decir Inglés, evaluó la asignatura mediante la traducción de canciones de aquella época.

Era el año 1979, y recuerdo que un servidor escogió una canción que había salido en 1974, de un señor llamado Harry Chapin, cantante al que comparo con una de esas estrellas fugaces que cruzan por el horizonte del espectáculo y que de pronto desaparecen, pero que su aparición efímera causó alegría en el momento preciso que alguien lo estaba necesitando, la canción se titulaba: "El gato está en la cuna".

El canto presentaba la familia norteamericana en la sociedad de esos años 80´s muy parecida a la que viven hoy nuestras familias regiomontanas.

Se trata de una canción repetitiva, pero que a costa de ser insistente se vuelve contundente en su enseñanza, y que expresa la importancia del tiempo que los padres le deben dedicar a sus hijos.
Y el gato está en la cuna con la cucharilla de plata,
el niño azul y el hombre eN la luna.
"¿Cuándo vas a volver padre?" "No se todavía...
pero cuando vuelva estaremos juntos,
juntos y felices ese bello día".....
" Mi hijo nació hace pocos días;
vino al mundo en la forma normal.
Pero yo debía tomar aviones y pagar cuentas;
Él aprendió a andar durante mi ausencia.
Y ya sabía hablar sin que yo me hubiese dado cuenta,
cuando él iba creciendo me decía:
"Yo voy a ser como tú, papá;
¿sabes? Un día seré igualito a ti".
Y el gato está en la cuna con la cucharilla de plata,
el niño azul y el hombre eN la luna.
"¿Cuándo vas a volver padre?" "No se todavía...
pero cuando vuelva estaremos juntos,
juntos y felices ese bello día".....
El cumplió diez años hace pocos días;
"Gracias por la pelota, papá;
vamos a jugar: ¿tú me enseñarás?"
Si tuviera tiempo,... sí me encantaría,
Pero hoy tengo mil cosas por hacer.
Te enseñaré, quizá algún otro día".
"Está bien", dijo el chamaco
y mientras se alejaba, con una sonrisa me iba diciendo:
"Yo voy a ser como tú papá;
¿sabes? Un día seré igualito a ti".
Y el gato está en la cuna con la cucharilla de plata,
el niño azul y el hombre eN la luna.
"¿Cuándo vas a volver padre?" "No se todavía...
pero cuando vuelva estaremos juntos,
juntos y felices ese bello día".....
Él volvió del colegio hace pocos días
hecho todo un hombrecito. Yo le dije entonces:
"Hijo,... estoy orgulloso de ti; siéntate un momento,
vamos a platicar".
Él movió la cabeza y contestó sonriendo:
"Si tuviera tiempo sí me encantaría, pero tengo que salir.
Préstame las llaves del auto;
nos veremos,... algún otro día".

Y el gato está en la cuna con la cucharilla de plata,

el niño azul y el hombre en la luna.

"¿Cuándo vas a volver hijo?" "No se todavía...
pero cuando vuelva estaremos juntos,
juntos y felices ese bello día".
Yo ya me he jubilado, mi hijo se ha marchado.
Le telefoneé hace pocos días:
"Hijo, Me gustaría verte, si pudieras venir..."
"Si tuviera tiempo, papá, sí me encantaría,
pero el trabajo, ¡tú lo sabes!; los niños, están malitos...
Me alegro de haber hablado contigo, papá.
Nos veremos algún otro día".
Cuando colgué el teléfono pensé:
Mi hijo ha crecido y actúa como yo;
Sí, mi hijo es igualito a mí”.

Y el gato está en la cuna con la cucharilla de plata,

el niño azul y el hombre en la luna

"¿Cuándo vas a volver hijo?" "No se todavía...
pero cuando vuelva estaremos juntos,
juntos y felices ese bello día".

Muy queridos amigos, yo no creo en la fatalidad. Como cristiano y como sacerdote no puedo aceptar ni la irracionalidad, ni mucho menos la blasfemia del determinismo. Yo no puedo creer en lo que hoy se ha dado a llamar “la ley del boomerang”, en dónde se dice que lo que uno avienta eso es lo que a uno le regresa. No puedo creer en coincidencias, pero sí creo firmemente en las consecuencias que entraña nuestro obrar. Creo firmemente que lo que sembramos es lo que cosechamos, y esto no es más que la mínima aplicación del principio causa-efecto. ¿Cómo quieres cosechar manzanas en tu huerto si nunca sembraste manzanas? ¿Cómo quieres cultivar duraznos en tus tierras si nunca los has sembrado?

Ojalá que, si tú eres padre de familia puedas corregir el trabajo que estás realizando en el jardín de tu propio hogar.

FAETON Y FEBO.

¿Es sumamente complicada la labor de la educación de los hijos?

¿Sabes? 'No podemos darte eso' son cuatro palabras mágicas que deberían formar parte de la educación de cada hijo.

La ausencia de esas palabras mágicas hacen que desgraciamente cada día sea más frecuente el levantarnos escuchando esas terribles noticias sobre una vida que se corta dramáticamente.

La velocidad, la impericia y la inmadurez, que hacen pensar que el mundo nos pertenece, y este pensamiento les sigue jugando rudo a los muchachos de nuestro tiempo y, lamentablemente, a sus familias...

Esas falsas seguridades se convierten en la vulnerabilidad de nuestros jóvenes.

Al escuchar esas noticias que han convertido nuestros periódicos en obituarios, y a nuestra radio en la miscelanea de la desgracia, me vino a la memoria aquella tragedia griega en donde se nos narra la historia de Faetón el hijo de Febo.

"En la conversación se mostraba jactancioso y en su comportamiento inútil y arrogante. Como los amigos lo insultaron llamándolo “bastardo”, quiso demostrar a todos ellos lo importante que él era.

Acudió al palacio de Febo y le preguntó si en realidad él era su padre. Febo le dijo que efectivamente lo era, y para demostrárselo le dijo que le pidiera cualquier cosa. Faetón le pidió a Febo que le dejara conducir el carruaje del sol.

El conducir el carro del sol no era cualquier cosa, según la mitología sólo Febo lo podía hacer. Cualquier otro ser que lo intentara lo tenía que hacer con peligro de su vida.

Por eso, Febo, arrepentido de la promesa hecha a su hijo, y moviendo la cabeza, trató de disuadirlo con estas palabras: "Tu petición me ha hecho ver, Faetón, que he hablado de forma temeraria. Lo que deseas hacer es peligroso. Es algo que está fuera de tu alcance, no apropiado a tus fuerzas ni a tus años juveniles. Dentro de tu ignorancia pretendes algo más de lo que incluso se pudiera conceder a los dioses. Hijo mío, si quieres alguna garantía de que eres en verdad mi hijo, te la estoy ofreciendo al demostrarte que temo por tu vida. Vamos, mírame a la cara. Sólo quiero que pudieras ver el interior de mi corazón y percibieras cuánta ansiedad paterna se encierra en él".

A pesar de sus súplicas, el hijo se mostró terco; y el padre no tuvo más opción que cumplir el deseo manifestado. Con el corazón destrozado lo acompañó hasta el carro y le advirtió que tuviera cuidado con los caballos.

Faetón, lleno de orgullo por su juventud y su fuerza, saltó dentro del ligero carro, satisfecho de poder tomar las riendas que su padre le había dado. Se situó en su puesto y le dió las gracias a su desventurado padre.

Los caballos, con la tendencia que tenían siempre a ser irrefrenables, notaron la falta de peso en el carro. Se sintieron libres para correr a sus anchas y así lo hicieron. Faeton se llenó de pánico y no tuvo la habilidad de saber manejar bien las riendas.

Al verse en ese apuro y contemplar desde aquellas alturas de vértigo la tierra en toda su extensión y tan alejada de él, se quedó pálido y con las piernas temblando lleno de miedo repentino, al tiempo que sus ojos quedaron deslumbrados por aquel exceso de luz...

Los caballos que respiraban fuego dominaban por completo la situación, ya que Faetón, repleto de miedo, había soltado las riendas. Los caballos volaron tan cerca de la tierra que ésta se prendió fuego, y naciones enteras ardieron en llamas,... y así nacieron los desiertos.

El carro se iba poniendo también al rojo vivo, y aquel desgraciado respiraba fuego ardiente. Envuelto en humo y en negra oscuridad, ni sabía dónde se encontraba ni a dónde iba, sino que se sintió arrastrado y al antojo de aquella pareja de caballos con alas desplegadas, iba sembrando por doquier la destrucción.

Cuentan los griegos que Febo lloraba por la inminente muerte de su hijo."

¿Te parece exagerado lo que hemos reflexionado? Entonces, te pido que releas los periódicos y pídele a Dios esa luz que clarifica la vida.

Debemos tener cuidado con los excesos, ya que si la falta del amor paterno, a los hijos les puede matar, el exceso de amor no es menos peligro. El consentirles todo a los niños es la mejor manera de hacerles egoístas, individualistas y caprichosos. No podemos confundir el amor, que siempre es necesario, con el abuso del amor.

 

EDUCAR A LOS HIJOS.

Con la muerte acaecida de Charles Schultz publicaron los periódicos algunas notas de su trayectoria. Una de ellas narraba su incursión en el dibujo.

“        El dibujo ciertamente no estaba muy bien hecho. ¿Cómo podía estar bien hecho si era de un niño de kinder? Sin embargo, la profesora estrecho al pequeño en sus brazos y le dijo:

-¡Qué bien dibujas!

Orgulloso, el niño llegó con su dibujo a casa. Lo mostró a su papá y él le dijo lo mismo: que su dibujo estaba muy bonito. Luego, solemnemente, clavó la hoja con una tachuela en la pared y anunció a su hijo que a todas las visitas les enseñaría aquel trabajo que lo hacía sentirse orgulloso de él.

De esto pasaron años. Sin embargo lo que le dijeron su maestra y su padre nunca se la olvidó a Charles Schultz, el creador de Snnopy, Charlie Brown y todos los personajes de “Peanuts”.

Esta escena me trajo a la memoria aquella composición que Gabriel CELAYA, el escritor español que murió en 1991, escribió sobre la educación de los hijos:

Educar es lo mismo

que poner un motor a una barca...
hay que medir, pesar, equilibrar...
... y poner todo en marcha.

Pero para eso,
Uno tiene que llevar en el alma
Un poco de marino...
Un poco de pirata...
Un poco de poeta...
Y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar
Mientras uno trabaja,
Que ese barco, ese niño
Irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
Llevará nuestra carga de palabras
Hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día
Esté durmiendo nuestra propia barca,
En barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada.

¿Sabes? He pensando en los deberes que tenemos los adultos hacia los niños:

Yo compararía la educación de los niños con la imagen de alguien que trabaja la tierra: El padre y el educador tienen que parecerse a un sembrador.

1.-     No pueden regatear las semillas de su ejemplo, de sus orientaciones, aún cuando caigan en terreno inhóspito, esto no les puede desanimar.

2.-         Deben ser pacientes: para aprender a sembrar a manos llenas y esperar. Entendamos que aunque fueran buena tierra los hijos, pueden pasar por etapas difíciles de la vida.

3.-         Deben tener esperanza: Si alguien no está convencido de que tarde o temprano recibirá buenos frutos, no tendrá nunca la ilusión en aquello que está realizando.

4.-     Y finalmente deben comprender la diferencia que existe entre la tierra buena: No deben medir a todos los hijos con el mismo rasero. No se pueden exigir los mismos rendimientos.

HABLAR CON EL MUCHACHO.

“Hablar con el muchacho”. John Aspi escribió en su agenda. Se lo había pedido su esposa, preocupada. Los maestros se quejaban de su hijo: que faltaba a clases, fracasaba una y otra vez en los exámenes, que se mostraba irrespetuoso. Además, que estaba gastando más dinero del que convenía a un chico de su edad. Y aquellas malas compañías que dejaban tanto qué desear, con aquellos amigos que se rumoraba se dedicaban a tomar cosas ajenas...

Pero,... después lo hago, -decía en su interior-... La mujer exagera...¡así sin las mujeres!... Tengo cosas en el trabajo, no debo quedarme atrás, se está acercando una excelente oportunidad de ascenso. Las juntas de la empresa no esperan. Y,... sí me dan el ascenso ellos serán los primeros beneficiados, estaremos mejor ubicados en lo económico... Pero, para que ella no se exasperara tome la agenda y le dije: en la primera oportunidad hablaré con él, esto es para mí sumamente importante, mira lo voy a agendar: “Ha-blar –con- -el- mu-cha-cho-” Ya está, vamos a dormir, mañana será otro día.

Y se fue pasando el tiempo, se pasaron los días, y nunca habló con el muchacho. Y un día el tiempo se vino encima, tan de repente.

Una tarde regresó John Aspi a la casa, con la espalda encorvada por el peso del sufrimiento y la vergüenza, entró en su cuarto y vio sus cosas. Ya no tenía que trabajar, le habían jubilado, mejor dicho le habían echado fuera, un día llegó alguien más joven que él... Y en su casa, todas las cosas parecían extrañas para él, como extraño había sido siempre su hijo para él. Quizá pudo decir alguna vez que tenía un hijo, pero su hijo no pudo decir jamás que tuvo un padre. Y su esposa se había ido, mejor dicho, su esposa un día se dio cuenta y aceptó con todo el dolor del corazón de que ella no significaba nada para él

 Y ahora la cárcel, la acusación –ya probada- de que su hijo andaba en cosas de drogas y de automóviles robados, y esa terrible fotografía en el periódico, y las conversaciones que cesaban mágicamente cuando llegaba él al círculo de sus amigos.

Sintió de pronto la ausencia del hijo, que ahora llevaba como una herida en la mitad del pecho y en lo más profundo del alma. Molesto, ahora levantaba los ojos al cielo y le reclamaba a Dios, su desventura... Él,... que trabajó toda la vida por su familia, que se fatigó a horas y deshoras, que siempre llevó las mejores cosas a su casa, que les ofreció los mejores regalos a sus seres queridos, que se medio mató para que no les faltara nada y, ahora Dios le pagaba de esa manera...¡Sin duda, aquello era injusto! ¿Por qué a él y no a otro?

Pensando en esto se dirigió al baúl de su recamara y se puso a revolver papeles viejos en busca de una fotografía que le diera al menos la imagen de un día pasado en familia, felizmente...  Y no encontró nada. Sólo se topó con la hoja rota de una agenda olvidada, y en ella una inscripción borrosa por el paso de unos años idos y que no habrían de volver: “Ha-blar –con- -el mu-cha-cho”.

Y vienen aquí nuestros primeros cuestionamientos: ¿Tengo tiempo, tiempo de sobra? ¿A quién consagro gustosamente mi tiempo? ¿Para quién no dispongo de tiempo? ¿A quién podría dedicar más tiempo? ¿Registro el tiempo dedicado a mis hijos, como un tiempo perdido o como un tiempo felízmente aprovechado?
                                                                                             

Y tú, ¿sabes cómo están tus hijos? Oye,... ¿y dialogas con ellos? Recuerda que una coas es dialogar y otra muy distinta el hablar: hablar es abrir los labios y dialogar es abrir el corazón. Date tiempo para hablar con tus hijos. Para que así después no le andes culpando a Dios de aquello, que tú no has querido asumir.

MOUNIER 1940.

¿Puede uno mirar la cosas distintas desde la vivencia de la fe?

Se conserva del filósofo personalista, católico, Emmanuel Mounier un epistolario abundante. En el se encuentra una serie de cartas para su hija Francoise Mounier en la que se dirige a ella tratando de fortalecerla ante la enfermedad que padece y que le llevará a la postre a la muerte:
“Francoise, hijita mía una nueva historia interviene en nuestro diálogo: resistir a las formas fáciles de una paz firmada con el destino, continuar siendo tu padre y tu madre, no abandonarte a nuestra resignación, no acostumbrarnos a tu ausencia, a tu milagro, darte tu pan diario de amor y el pan diario de la presencia, proseguir la oración que eres, reavivar nuestra herida porque esta herida es la puerta de la presencia, estar contigo”.

Esta carta se la escribió a su hija el 28 de septiembre de 1940. Mounier tiene 35 años cuando la escribe y su niña tenía 6 años.

Tiene razón Emmanuel Mounier, cuando menciona que no tan sólo hay que darle a nuestros pequeños, el pan para el vientre, sino también el pan que alimenta el corazón.

Y la fe logra que un hombre no desfallezca ante lo que humanamente es incomprensible. En verdad que este hombre de comunión diaria recibía de Dios la fuerza para afrontar cualquier tipo de circunstancias.

Si todavía no lo has captado, entonces te diré que nada me ha parecido tan conmovedor en este sentido como otro de sus testimonios, al comprobar que su primer hijo, como consecuencia de una encefalitis, quedaría sumergido para siempre en una misteriosa noche del espíritu, y entonces escribió otra de sus cartas:
“         No, no es posible que haya sido una casualidad, un accidente... Ha llegado Alguien; era grande y eso no es una desdicha... Sólo cabía guardar silencio ante ese joven misterioso que poco a poco nos fue llenando de gozo... Yo me acercaba a aquella camita sin voz, como a un altar de algún lugar sagrado en el que Dios hablaba por un signo... Nunca había conocido tan intensamente el espíritu de oración como cuando mi mano decía cosas a aquella frente que no respondía nada, cuando mis ojos se atrevían a fijarse en aquella mirada distraída que llevaba lejos, muy lejos detrás de mí, no sé que acto emparentado con la mirada que mira mejor que una mirada. Un Misterio que no puede ser más que un Misterio de bondad. ¿Habrá que llamarlo una gracia, una gracia demasiado pesada? ¡Una Hostia viva entre nosotros, muda como la hostia, radiante como ella!... Tantos inocentes desgarrados, tantos inocentes aplastados, ese niño inmolado día tras día era quizás nuestra presencia en medio del horror de los tiempos... Desde la mañana hasta la noche, no pensamos en ese mal como en algo que se nos quita, sino como en algo que damos, para no desmerecer de ese pequeño Cristo que está en medio de nosotros, para no dejarlo solo – a él que tiene que arrastrarnos-, no dejarlo solo a él trabajando con Cristo... No hay nada que se parezca tanto a Cristo como el inocente que sufre”.

Y tú, que has pensado acerca de lo que vives, ¿no será que nuestro dolor de muelas lo desproporcionemos ante lo que es verdaderamente importante, y que lleguemos a blasfemar, mientras que otros han encontrado en la fe en Dios esa lámpara que si bien no anula la noche, si nos ayuda para que nuestros pies no tropiecen?

PADRES ADOPTIVOS.

Uno de los temas de reflexión más complejos y más necesarios en la actualidad es, sin lugar a dudas, el de la paternidad.

Opinaba sensatamente Michael Levine: “Tener hijos no le convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no le hace a uno un pianista”.

¿Sabes? Muy Querido radioescucha:

El día de hoy me ha venido a la memoria un libro que en 1996 el escritor norteamericano Benjamín Stein publicó y que te quiero compartir. Se titula: “Más que todo el oro del mundo”.

En el escrito, Benjamín nos narra el cómo él llegó a comprender la importancia de la paternidad y lo presenta en tres escenas de su vida:

El primer momento, menciona él, fue cuando un buen amigo le dijo que tenía que recapacitar sobre la jerarquía de sus actitudes, ya que para su hijo él era un héroe y, que era una lástima el que se obsesionara tanto con el trabajo.

El segundo momento, nos relata, fue cuando otro amigo le aconsejó que debería aprovechar ese tiempo precioso mientras su hijo todavía deseaba estar con él. “Pronto, le comentó, llegará el día en que no querrá que lo vean con sus padres. Granjéate su cariño ahora, cuando aún es tiempo.”

El momento decisivo, nos narra con emoción, fue cuando una noche, leyéndole un cuento infantil, su pequeño hijo le dio un beso y le dijo por primera vez, con voz clara y con una pronunciación perfecta: “Buenas noches, papá, te quiero mucho”.

Fue una de las noches más felices en la vida de Benjamín Stein, puesto que se trata de su único hijo,... “un hijo adoptivo”.

Pero un Hijo, sobre el cual, a partir de esos tres momentos, considera que el tiempo que pasa con él jamás será una distracción de su propósito en la vida. Sino que él es la razón de ser de ese propósito.

Muy querido radioescucha:

Hoy no puedo dejar de hacer alusión aunque sea brevemente a un hombre del cuál todos debemos aprender tanto. Y me refiero a san José.

Y es que hoy en día deambulan por nuestras calles tantos y tantos progenitores, y... son tan escasos los padres de familia. Si bien San José no fue el Progenitor del Señor Jesús, podemos decir que Él fue un verdadero padre para el Hijo del Padre Eterno: le amó, le cuidó, le alimentó, le protegió, se gastó y se desgastó por él, corrió riesgos por cuidar el don de Dios, fue a tocar puertas en tierras de desconocidos para conseguir trabajo y poder así ofrecerle manutención al Hijo eterno del Padre, que nació por obra del Espíritu Santo del vientre inmaculado de la Virgen.

¿Qué mejor ejemplo de paternidad podrían tener tantos hombres que se ufanan de ser progenitores?

San José, nos hace presente en la imagen sagrada de la Familia cristiana a todos aquellos hombres y mujeres que no han engendrado biológicamente, pero que han sido capaces de engendrar con su corazón.

San José nos recuerda que, más allá de la fecundidad genética, la fecundidad de la voluntad y la fecundidad que brota del amor sincero pueden y llegan a ser mucho más grandes a los ojos de Dios.

PROGENITORES Y PADRES.

Hablemos el día de hoy sobre la paternidad.

En nuestro tiempo, el ser padre se ha convertido en un “nombre” o en un simple “título” para muchos que desde hace tanto tiempo no tienen una verdadera y estrecha relación con sus vástagos.

No hemos aprendido a diferenciar entre el Progenitor y el Padre, y pensamos que son lo mismo. Y, sin embargo, son cada vez más los progenitores que nunca han llegado a ser verdaderos padres.

Decía el pueblo judío en su sabiduría de dominio popular, que el padre no es el que da la vida sino aquel que enseña a vivir.

¿Qué es un progenitor y que es un padre de familia? ¿Existe una diferencia?

El Progenitor es el que procrea y el padre es el que da la vida en lo cotidiano. El progenitor es el que engendra y el padre es el que acompaña.

Para ser progenitor basta y sobra con algunos segundos, en cambio para que alguien sea padre necesita de días, de meses, de años,... en realidad de toda la vida.

Para que alguien procree necesita solamente que dos células se fusionen, y entonces aparece el milagro sacratísimo de la existencia; en cambio para que alguien sea verdaderamente un padre, necesitará aprender a guiar, aconsejar, corregir y apoyar a sus hijos.

¡Fíjate! Como en nuestro tiempo hay actitudes erróneas que brotan de expresiones equivocadas, y que se nos han vuelto tan comunes.

En un primer lugar, se encuentra la actitud de aquellos que radicalizan en lo material su óptica sobre la paternidad, considerándose, si no en la teoría sí en la práctica, solamente como unos simples proveedores del hogar. La actitud tiene un respaldo en algunas expresiones que se inspiran en nuestra forma de apreciar, o mejor dicho de “despreciar” el don de Dios.

Cada día, es más frecuente que nos encontremos con aquellos padres de familia que dicen: “Es que quiero darle a mis hijos aquello que yo nunca tuve”.

Nuestro problema radica no en las pretensiones de una vida digna, sino en la apreciación de lo que es una “vida digna”, no en el querer bienestar para alguien sino en lo que yo entiendo como bienestar,... y en que muchos de los padres de familia, por querer darles a los hijos lo que no tuvieron, les despojan de aquello que si tuvieron.

Les ofrecen a los niños la ropa que no tuvieron, los juguetes con los que no jugaron, los viajes que no realizaron, los cursos que no estudiaron,... pero les despojan del cariño y de la presencia que disfrutaron, les privan del beso, del abrazo, de la palmada, del reconocimiento, de la corrección,... del tiempo y de tantas cosas verdaderamente bellas que sus padres,... cuando ellos eran niños, sí les ofrecieron, aunque hubiesen vivido modestamente en lo económico.

Hoy, hay en muchas de nuestras casas, tantos y tantos niños que sufren soledad a causa de la despreocupación y del desinterés, porque sus padres no se ocupan de ellos. Son aquellos que lo tienen todo, que suelen navegar en la mar de la abundancia, aquellos a los que no les falta “nada”, pero que les falta alguien, les falta tener un verdadero padre o no sólo un progenitor o un simple proveedor.

Este tiempo en que vivimos, en un sin fin de ocasiones, va trastornando nuestra escala de valores. Se nos han vendido y hemos adquirido imágenes ficticias de felicidad, las cuales nos han pedido a cambio la hipoteca de nuestra familia.

Y tú, es el momento en que te preguntes con honestidad, ¿Éres un verdadero padre o solamente eres un progenitor?

¡Cuanta razón tenía Federico Schiller, el escritor de Guillermo Tell, cuando en uno de sus dramas gritaba: “No es  la carne ni la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos”!

LAS VERDADERAS DESVENTAJAS.

Hemos hablado en otros momentos sobre los errores que se cometen en el ejercicio de la paternidad.

Los padres de familia deben comprender que la ausencia de amor es uno de los factores que más daño producen en los hijos, pero deben ser conscientes de que el exceso del añor también les destruye.

Muy queridos amigos:         Hablemos, sobre un error actual en muchos de los padres de familia: se trata de ese afán de querer hacer todas las cosas complicadas que a los hijos les corresponden, el querer resolverles todos los problemas y el intentar eximirles de las consecuencias de su obrar asumiendo sus responsabilidades en la vida.

La actitud anterior tiene su origen en una forma de pensar que a primera vista es correcta pero que no está libre de algunos errores: “es que no quiero que mis hijos sufran lo que yo sufrí”.

Cuando, en tantas ocasiones, escucho decir a mis amigos que esperan que sus hijos no tengan que pasar por las estrecheces que ellos padecieron, no estoy totalmente de acuerdo. Tú estarás de acuerdo conmigo de que tales estrecheces nos hicieron lo que somos.

Es posible padecer toda clase de desventajas. Sin embargo, los padres no se dan cuenta de que la peor desventaja que podremos enfrentar en la vida será el no haber aprendido a luchar.

Cuando queremos realmente a una persona tenemos que aprender a no sobreponer los afectos sobre los pensamientos. El buscar el bienestar de los que queremos nos debe exigir llamarles la atención cuando sea necesario, aún a pesar de la molestia que podamos provocar. Lo importante será siempre el bienestar de nuestros seres queridos. Es tan difícil lo anterior, que se dice que cualquiera sabe criar a los hijos. Cualquiera, salvo los padres.

Aceptemos que una de las enfermedades de nuestro tiempo es la tendencia del hombre a querer cobrar sin haber trabajado, a beber sin haber sudado, a cosechar frutos que no se sembraron; se trata de esa tendencia que tienen muchos de nuestros jóvenes a intimidarse ante las responsabilidades y a escandalizarse miserablemente ante el dolor.

Y la culpa la tenemos todos aquellos que actuamos sobreprotectoramente, y ésto provoca que algunos de nuestros seres queridos se vayan atrofiando en muchas áreas de la vida.

Dime: ¿Quién se engaña todavía creyendo que le está haciendo un bien a un atleta impidiéndole que se supere en entrenamientos severos? No será campeón jamás y un día el fracasado se va a volver contra quien le impidió el sufrimiento y la lucha por la superación personal.

¿Quién se engaña pensando que le está haciendo un bien a su hijo dándole lo que no ha merecido? Nunca aprenderá a valerse por sí mismo, ya que todo se lo resuelve su padre.

Los frutos de tu trabajo son tuyos y tú no puedes vivir la vida de tu hijo.

Una cosa es dar instrumentos de trabajo y otra cosa es darles los frutos de un trabajo que ellos no han realizado.

Cada uno debe aprender que nadie puede vivir la vida por nosotros y que vivir la vida es luchar. Vivir es arriesgar y es también sufrir derrotas; vivir es afrontar la enfermedad y el dolor y nadie puede vivir por ti como tú no puedes vivir por nadie.

Espero que nunca lo olvides: Vivir es aprender a disfrutar de la rosa y no tenerle miedo a la espina.

¡Cuanta razón tiene el pueblo chino cuando en uno de sus refranes de dominio popular nos dicen que: “es más difícil gobernar a un hijo que a una nación”!

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