Domingo 20 de Junio de 2010_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

LA PARADOJA DEL CRISTIANISMO.

“Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos contestaron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías, y otros, que alguno de los antiguos profetas que ha resucitado”.

El les dijo: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Respondió Pedro: “El Mesías de Dios”. El les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie.

Después les dijo: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”.

Luego, dirigiéndose a la multitud, les dijo: “Si alguno quiere seguirme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga. Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará”.

 

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  1.-     Muy gentil amigo:

Ante todo, este día quiero expresar mi reconocimiento así como dirigir un respetuoso y cordial saludo a todos los padres de familia, tanto a los padres biológicos como a los padres de adopción.

No obstante, antes de que reflexionemos sobre el tema de la paternidad, te quiero invitar para que, a la luz del Evangelio de este día, insertes en tu diccionario cotidiano un concepto poco usual: la palabra Paradoja.

Paradoja en cuanto término se define como una contradicción existente entre dos cosas o ideas. En cuanto a método del pensamiento la paradoja es una figura mental que emplea expresiones o frases que envuelven en sí mismas la contradicción.

Digamos simple y sencillamente, para no complicarnos, que la paradoja es una contradicción...

2.-     El Señor Jesús, dentro del amplísimo repertorio de técnicas para enseñar solía usar la contradicción o la paradoja para enseñarnos las verdades de la eternidad: ¡el que tenga oídos para oír que oiga! ¡Quieres quitar la paja en el ojo ajeno y no eres capaz de quitar la viga que tiene en el tuyo! ¿No te parece paradógico el obrar del hombre?

Podríamos decir que el cristianismo es la religión de la paradoja. Y esto aparece en las enseñanzas de Cristo pero también acontece con la vida misma de Jesús.

El Dios que se ha hecho hombre es una contradicción, y el Dios que ha dado su vida por nosotros es la paradoja más radical de las que se predican en esta tierra. Pero, ¡pensándolo bien!, también es paradógica, para la razón no para la fe, la resurrección: Cristo resucitó y nosotros resucitaremos con un cuerpo espiritual. ¿No es esto una contradicción? ¿O es cuerpo o es espíritu? Pero el Señor nos dice que se trata de un cuerpo espiritual aquel con el que gozaremos de la eternidad. Y nosotros creemos en Él y le creemos a Él.

3.-     Pero. vayamos por partes e iniciemos con la primera de las páginas de esta historia, aunque si fuésemos fieles al método de la paradoja tendríamos que empezar desde la última de ellas, que es la página de la resurrección, en donde la historia en realidad está comenzando...

No obstante, al hablar del nacimiento de Cristo hallamos que antes de su naciento se encuentra la primera paradoja: en Nazareth una Virgen que concibe y en Belén esta Virgen da a luz sin perder la virginidad. Y así ha querido Dios que fuese la historia de la salvación.

Para el juicio solamente humano el nacimiento del Hijo de Dios a través de una mujer tan sencilla y con un orígen tan humilde es también una contradicción, pero esto no es más que el principio de toda una historia paradógica.

4.-     El nacimiento acontecido en Belén, y todo aquello que encierra, es una de las paradojas más grandes: allí se encuentra por un lado, la soberanía del Señor de la vida, y por la otra, su necesidad. Allí se combina la divinidad con la dependencia, la posesión de todas las cosas con el despojo del existir, la más grande de las riquezas con la más inocente de las pobrezas.

Se trata del mismísimo Hijo de Dios, el dueño de todo y de todos, en cuyo nombre se pide prestado un pesebre para que allí nazca,...

Pero la historia continuará así de paradógica: ya que él mismo quiso pedir una barca para predicar, él fue aquel que tomó prestados de aquel joven cinco panes de cebada y dos pescados para multiplicarlos y saciar a la multitud. Él pedirá un asno prestado para entrar a Jerusalén, y para la cena de las cenas tendrá necesidad de un cenáculo prestado que se le acondicione; y en los momentos cruciales de discernimiento, el traspatio de aquel préstamo se convierte en el mejor lugar de encuentro con el Padre de bondad: el huerto de los olivos desde el cual eleva la plegaria de mayor confianza y de abandono que ha existido.

5.-     Se trata del Divino Menesteroso, en labios de Don Manuel García Morente y decir ésto es una paradoja: ¿un ser divino puede ser menesteroso o un menesteroso podría ser considerado un Dios? Al final, la historia terminará exactamente con el mismo tenor: morirá despojado el dueño de todas las cosas y habrá necesidad de que se pida un sepulcro vacío para que descanse Aquel que no tiene donde reclinar la cabeza. Y, ¡todavía más!, será en un trozo de tierra prestado desde donde acontezca el milagro de los milagros: la resurrección gloriosa.

Y es que, a veces Dios se permite tomar prestadas las cosas de los hombres para recordarnos que todo procede de Él, y que todo le pertenece.

Toda la historia de Dios es de paradojas, y la paradoja no tiene otro mensaje sino el decirnos que para Dios no existen los imposibles, aunque para los hombres esto no sea más que la espina de lo irracional como lo ha mencionado Maurice Blondel: una Virgen que concibe y da a luz, una mujer estéril y anciana que da a luz al precursor, el agua que sale de la roca que golpea Moisés, el Dios que nos da a comer de su carne...

6.-     La paradoja, la contradicción... y así es todo el Evangelio: Sí solamente pensáramos en la profundidad de la invitación que nos hace el Señor a reconocer que a aquellos que dan fruto Él los poda para que den más fruto, nos encontraríamos con la humana contradicción, se trata de la paradoja.

Otras veces el Evangelio nos sitúa frente a comportamientos moralmente heróicos, humanamente contradictorios. Son como una “provocación” al heroísmo de la vida: ¿Amar a los enemigos? ¿Castidad de por vida? ¿Alegría en el sufrimiento? ¿Renunciar a sí mismo por los demás?...

7.-     Y, ¿qué tal lo que nos dice el Evangelio el día de hoy? las pruebas, las persecuciones, los obstáculos, las cruces... todo esto no lo elijo yo por mí mismo. Ni llegan cuando yo lo preveo, ni de la manera más fácil para afrontarlos, ni de donde me los esperaba.

Una sola pregunta, ¡bueno! Mejor cuatro preguntas: ¿Estamos preparados para perder y así ganar? ¿Aceptamos morir para vivir? ¿Te has dispuesto a tomar la cruz? ¿Es posible negarnos a  nosotros mismos?

¡Fíjatecomo el día de hoy, el Señor difiere de los discursos humanos! Su propuesta es la de la paradoja. A San Pedro y a los otros apóstoles, el Señor no les promete menos horas de trabajo, ni convertirlos en dominadores, ni un aumento progresivo de sueldo, ni bonos para gestionar, ni temporales prestaciones de trabajo. Jesús invita a sus discípulos a renunciar a sí mismos, a tomar la cruz, les invita a perder la vida.

¿Se trata acaso de un juego? ¿De una adivinanza? ¿Son una utopía o una verdadera posibilidad estas palabras del Señor Jesús? Pareciera esto, en definitiva, una errónea estrategia en esa búsqueda de discípulos, se trata de un programa poco atractivo y escasamente alentador.

8.-Si quisiéramos utilizar un juego de palabras diríamos que este Evangelio parece una negación de la afirmación o, mejor dicho, una afirmación de la negación. Pero, ¿sabes?, nos presenta una verdad que se ubica en el tiempo y el espacio, aunque de la misma manera, se trata de una verdad que trasciende el tiempo y el espacio, y que se proyecta a la eternidad.

Se trata de la negación de esas rimbombantes afirmaciones del mundo y de la afirmación de todo aquello que el mundo detesta en su comodismo.

El Señor nos invita a perder la vida para ganarla. ¿Qué significa perder la vida para ganarla? ¿No estaremos hablando de la oposición a la alegría?

9.-     Y así es la historia del cristianismo: aquí los verdaderamente grandes son los más pequeños, los más pobres son los más ricos, los más débiles son los más fuertes, los últimos son los primeros, los que pierden su vida la están ganando,...

Y los hombres encontraron verdaderamente bella esta enseñanza contradictoria y sobre todo la paradoja de su vida y de su entrega. Y, de esta manera, por Jesucristo se construyeron majestuosos edificios como la Catedral de Chartres, la Basílica de Notre Dame, por Él grandes santos como san Francisco de Asís y la Madre Teresa de Calcuta han dedicado gozosamente su vida a servir a Dios y a los hombres. Para mayor gloria del mensaje de la paradoja Bach y Mozart compusieron, el Greco y Miguel Angel pintaron, San Agustín escribió y Pascal plasmó sus pensamientos.

La religión que Él nos ha dado es en realidad una forma de vida, no una forma de pensar o un conjunto de preceptos. Cuando alguien vive realmente esa experiencia, la religión cristiana vive. Sólo en la experiencia de fe queda en claro lo que Jesús significa.

10.-   El secreto de su poder sobre el corazón y la mente de los hombres estriba en sus enseñanzas, al mismo tiempo tan puras, tan majestuosas, tan sencillas y tan divinas. ¡Tan paradógicas!

Jesús pidió a sus discípulos más de lo que ningún otro maestro u hombre haya pedido: hacer el bien a aquellos que nos hacen daño, y orar por quienes nos persiguen; cuando te den una bofetada ofrecerle la otra mejilla, y cuando te despojen del manto ofrecerle también la túnica, si te piden caminar mil pasos camina dos mil.

Jesucristo ha usado la paradoja de una forma maravillosa para iluminarnos: ¡El amor es al mismo tiempo lo más frágil y lo más fuerte que existe! y esta es la más grande de las paradojas, si no lo quieres creer, contempla la cruz que tienes en tu habitación.

El Señor no nos engaña. Él nos presenta las exigencias del Reino: Renunciar a nosotros mismos, dar la vida, tomar la cruz.

Revisemos: ¿Cuántos de nosotros por evitar el sufrimiento y el dolor, queremos distraernos de nuestra misión y de nuestra renuncia?

En la realidad, estamos perdiendo la vida cuando no hemos hecho el bien a los demás, cuando no nos hayamos entregado... y, es entonces, que estamos perdiendo la posibilidad de la vida eterna.

 

AFIRMACIÓN Y RESPONSABILIDAD.

 “Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos contestaron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías, y otros, que alguno de los antiguos profetas que ha resucitado”.

El les dijo: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Respondió Pedro: “El Mesías de Dios”. El les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie.

1.-     Muy queridos amigos:

Existen dos mensajes que todo ser humano em esta tierra necesita recibir en algún momento de la existencia y que, si los recibe oportuna y adecuadamente, los guardará como un tesoro invaluable y al recurrir a ellos le ayudarán toda la vida.

Se trata del mensaje de la afirmación y del mensaje de la responsabilidad personal. Estos dos mensajes pueden ser comparados con esas dos piernas que una persona necesita para caminar con éxito en su vida cristiana, son como los dos ojos para ver la realidad, son como las dos manos para trabajar en nuestro proyecto, son como nuestros dos hemisferios para que sea humano nuestro pensar. Se trata de un binomio existencial en el que uno exige la existencia del otro y ambos se complementan.

Estos dos mensajes se llegan a convertir en la vida de un cristiano en una especie de embarcación, a la cual se le ha dotado de remos, de vela y de motor. Con estos dos mensajes el bautizado estará preparado para cualquier circunstancia en la vida: en algunos momentos avanzará fácilmente y sin dificultad con esa fuerza del combustible que Dios le obsequió, y cuando el viento pueda ser utilizado positivamente sabrá capitalizarlo para avanzar sin necesidad de gastar su combustible. Pero, sobre todo, cuando lleguen los momentos en que no disponga del obsequio del combustible, y cuando los vientos de la vida no le favorezcan en lo absoluto, él sabrá sacar fuerza de su propio interior para entonces tomar los remos y, dando brazadas, seguir avanzando contra cualquier adversidad.

2.-     ¡Fíjate como en el Evangelio del día de hoy aparecen esos dos mensajes pronunciados por el Señor! Jesucristo le dirige a san Pedro una grata afirmación pero estrechamente ligado a lo anterior respeta un mensaje de responsabilidad. La afirmación en el mensaje expresará el valor que posee la persona y el mensaje de la responsabilidad expresará ese costo que acompaña a nuestros valores, costo que se manifiesta en nuestros compromisos.

Existe en primer lugar una afirmación rotunda y humanamente impensable: "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos!" Y aparecerá simultáneamente la delegación de una responsabilidad: "Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia".

Esto, podríamos decirlo, no es nada nuevo. Ya el Señor en el Antiguo Testamento había emitido un mensaje valorativo sobre el hombre que era llamado a servirle. ¿No lo crees? Revisa en los libros de Samuel y de los Reyes la valoración que se hace de David, de Saúl, de Salomón, de Absalón…

Es cierto que tenemos que ser muy sinceros para percibir la absoluta gratuidad en la elección divina, pero al mismo tiempo debemos darnos cuenta de que el hombre que es llamado para servir a Dios tiene algunos factores positivos que Dios ha sabido descubrir,... y que el mismo le ha concedido. Negarlos sería ser injustos con Dios.

En pocas palabras, Dios es el primero que sabe apreciar al hombre. En el libro del Génesis, mientras que en los primeros cinco días después de la creación de la luz, de la bóveda celeste y todo lo demás, termina cada uno de los días con una certificación: vio Dios que todo estaba bien; al llegar al día sexto, el calificativo pasa del grado positivo al grado superlativo: Dios termina de crear al hombre y expresa que estaba muy bien.

Dios sabe apreciar al hombre. Dios, es el primero que sabe encontrar lo bueno en cada hombre, puesto que Él mismo conoce lo que nos ha concedido. Se trata de ese mensaje de afirmación y después vendrá el mensaje de la responsabilidad. Cuando Dios da “algo” lo da para “algo”.

El día de hoy, tú y yo, seguimos escuchando, de parte de Dios, estos dos mensajes: Una afirmación y un mensaje de responsabilidad.

El mensaje de la afirmación consiste en esto: Que tú eres un ser humano único. Que haz sido creado a imagen y semejanza de Dios. Que como persona humana eres centro y cúspide de la creación. Que eres irrepetible y por así decirlo, después de hacerte a ti, Dios “rompió el molde”. Que nunca ha habido ni habrá alguien como tú. Que tú eres un verdadero regalo para este mundo y que eres una persona de un inestimable valor para más personas de las que te pudieras imaginar.

Pero, es necesario que tú sepas que, junto con el mensaje de afirmación, sobreviene ineludiblemente el mensaje de la responsabilidad.

El mensaje de la responsabilidad es el siguiente: Dios ha querido necesitar de cada uno de nosotros para continuar perfeccionando su obra, de esta manera, al madurar y hacerte adulto, tú tienes que tomar tu vida en tus propias manos y responsabilizarte de tus actos. Sí ya eres un adulto, debes comprometerte y ser garante de tu vida, emociones y actitudes. El resultado de tu vida, Dios ha querido que esté en tus propias manos.

¿Sabes?El célebre psiquiatra vienés: Victor Frankl dice que la cosa más importante que, en los próximos 50 años (escribe a mitad del siglo XX), puede y debe hacerse, a favor del hombre es hacernos conscientes de nuestras propias fuerzas para cambiar y para crecer. Siempre podemos mejorar y todas las disciplinas deberían decirle al hombre: "Tú puedes hacerlo". La peor respuesta que le damos a Dios será siempre caer en el fatalismo: "Así soy yo".

Mucho más que Víctor Frankl, mucho más que yo y muchos más que cualquier otra persona, el Señor Jesucristo es el primero que cree en el hombre, en su valor, así como en su posibilidad de cambio y conversión, aún cuando el hombre haya caído. Contra todas las posturas negativas, fatalistas y deterministas, el Señor Jesús cree que el hombre puede volver a caminar, cree que el hombre puede volver a ver.

El Señor Jesús, el Hijo eterno del Padre, cree en el hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y es Dios el que mejor le conoce. El Señor Jesús cree que el hombre puede volver a oír, cree que el hombre puede renovarse y puede ser un hombre nuevo. El Señor Jesús es el primero en creer que el hombre puede ser capaz de salir de su tumba y cree que el hombre puede volver a amar.
Y es tan real, la confianza que tiene el Señor Jesucristo de que los hombres podemos ser mejores, que precisamente por ello ha venido al mundo y por esta razón ha entregado su vida. Me uno a la visión de Cristo que descubre la bondad tanto en san Pedro, así como en mí, en ti y en cada uno de los seres humanos. Dios nos da un mensaje positivo, afirma la dignidad pero inmediatamente afirma la responsabilidad. El hombre es el cúlmen de la creación y es el lugarteniente divino, es el responsable de las creaturas y de otras muchas cosas que Dios ha querido confiarle. "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, por que esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia..".

Dios conoce la grandeza del ser humano. No se trata de exaltar sólo la naturaleza y de olvidarse de la gracia. Yo soy el primero en agradecer la gracia de Dios, pero estoy convencido de que la gracia no suple ni suprime nuestra naturaleza. Es Dios quien le exige al hombre responsabilidades, y Dios no suele exigir absurdos: ninguna otra criatura podrá tener responsabilidades.

El hombre es la criatura perfecta, imagen y semejanza de su Creador en la cúspide de la enseñanza del Antiguo Testamento, y que en el Nuevo Testamento ha sido convertido en Hijo de Dios, tal como se nos ha revelado a través de la persona de Cristo. El hombre puede ser responsable, Dios anuncia lo positivo y por eso confía en el hombre, Dios confía en el frágil Pedro, y en el frágil Rogelio. Dios confía que Pedro podrá custodiar a su Iglesia, y confía en que Rogelio podrá responderle en un ministerio que supera en mucho sus capacidades, Dios ha confiado que tú puedes responderle en una familia. Alguien ha comparado los mensajes de la afirmación y de la responsabilidad con "las raìces y las alas que Dios nos ha dado". Nosotros también necesitamos darles a los demás, tanto las raíces como las alas.

Las raíces de toda existencia humana son el fundamento del valor personal, de la confianza en sí mismo. Son la raíces de la  AFIRMACION, de la convicción en la unicidad propia. Y el amor incondicional nos ofrece esas raíces. Las alas de la existencia humana son la concientización de la RESPONSABILIDADpropia. El mensaje de las alas se da en esta manera: "Tienes todo lo necesario para elevarte, para cantar tu canto, para darle calor al mundo con tu presencia, la dirección de tu vuelo, el canto que entones y el calor que comuniques a este mundo, son responsabilidad tuya. Tienes que tomar tu vida en tus propias manos. No debes echar la culpa a los demás y quejarte de tu falta de oportunidades. Tienes que tomar la responsabilidad plena acerca del curso y dirección de tu vida". Dicen que el mensaje de las "raíces" le dice a la persona esa afirmación: "¡Tienes con qué!" Y que el mensaje de las alas le recuerdan su responsabilidad: "Sí tienes con qué, entonces ve por ello!"

Y, sin embargo, el día de hoy, se sufre a causa de la autonegación y de la irresponsabilidad. Y es que, cada uno va sufriendo por la atrofia de sus cualidades, o por el desconocimiento. Y cuando se atrofia la conciencia porque no queremos estar despiertos, porque no somos autoconscientes o porque tenemos miedo de aceptar el don de Dios y nuestro lugar en la historia de la salvación, no tendremos más remedio que arrastrarnos y mendigar toda nuestra vida.

 

 

LA PARADOJA POSITIVA DE LA PATERNIDAD.

 “Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, se dirigió a la multitud y les dijo: “Si alguno quiere seguirme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga”.

¿Paradoja? ¿Contradicción? ¿Pudiera ser la paternidad, que hoy se celebra en cada una de nuestras casas, catalogada como una paradoja, o como una contradicción?

En el marco de lo real, en esa relación que brota naturalmente y que se establece entre un padre y un hijo se vive la paradoja del amor,... Se trata de esa contradicción que se experimenta al vivir en carne propia un sentimiento que suele ser, al mismo tiempo, lo más fuerte y lo más frágil de cuanto hay en el mundo; se trata del más noble sentimiento, que llega a ser tan fuerte como el acero y cuya consistencia es tan intangible como lo es el humo.

La paternidad es tan contradictoria y tan incomprensible que logra amansar a las fieras y ablandar las piedras. Se trata de una experiencia singular que, a aquellos que son conscientes y que poseen un poco de sensatez, les traslada al otro ángulo de la existencia y les permite contemplar la vida desde una nueva óptica y experimentar en su corazón un sentimiento totalmente nuevo, desconocido e inimaginable, en el que aquel que llega a ser padre quisiera sufrir él primero a que sufrieran sus seres queridos, padecer algo él que el que puedan padecer aquellos a los que ama, llegar a pasar privaciones él que el que pasen privaciones sus hijos. Y, la verdad, es que esto suele ser toda una paradoja en aquellos que puedieran tener en lo cotidiano los mejores juicios, solucionar mil problemas, capitanear a un ejército de empleados, resolver las complejidades de medio mundo pero que hacia el interior de su propia casa va constatando, una y otra vez, la verdad de la sabiduría popular: “es más fácil gobernar a un pueblo que gobernar a un hijo”. Y la paradoja no suele ser otra que la contradicción que brota de ese ser consciente de que para regir a un pueblo uno necesita buenos pensamientos, pero que con los hijos los sentimientos le ganan, las más de las veces a los mejores pensamientos.

Pero, vayamos por partes, porque en lo que te he hablado aparece una doble expresión de la paradoja de la paternidad: en primer lugar la paradoja, llamémosle buena, de quien cambia positivamente su estilo, sus costumbres y su apreciación de la vida ante la experiencia de la paternidad, y en segundo lugar existe una paradoja, llamémosle mala, de quien sabe que no debiera cambiar sus pensamientos cuando estos son para el bien de los que ama.

Primero, hablemos de la paradoja positiva, se trata de un cambio radical, de la transformación bondadosa de quien pudo haber pensado y opinado mil cosas sobre la vida y todo lo que le rodea, pero que un buen día, recibe de Dios la posibilidad de experimentar en el alma un sentimiento nuevo, que no le puede dejar seguir siendo el mismo.

¿Sabes? No creas que aquello que te estoy compartiendo brota de la educación en un marco cultural mexicano, lo cual pudiera bondadosamente predisponernos,... Lo que te comparto brota más bien de ese marco en el que Dios quiso que se encuadrara el ser humano,... es un marco tal y como Dios tuvo a bien concedérnoslo.

¿No lo crees? En uno de sus cuentos, el escritor mozambiqueño Mia Couto describe el retrato de un general que fue formado bajo la más estricta disciplina militar, esto hacía que en su vida y en su actuar se manifestara severo y muchas veces autoritario, se le veía inflexible y hasta mezquino, pero un día su vida cambio. Un día aquel general recibió un regalo inimaginable: el nacimiento de un hijo. Se trataba de aquel que llevaba su sangre, que era herencia de su herencia, carne de su carne. El regalo de Dios le transforma, poco a poco aquel hombre sucumbe ante el encanto del pequeño, y con enorme gozo, aquel áspero general empieza a comportarse como,... un niño.

Esto no es otra cosa que la bondadosa paradoja de la paternidad

Otro ejemplo, ahora no de la literatura universal sino,... de la vida real, se trata de una vida y de una historia de alguien que tiene nombre y apellido. Y se trata de la paradoja de una vida que puede ser tan sofisticada en cuanto un posicionamiento en el jet-set empresarial o estar en el top de la lista del Forbes, y que se vuelve demasiado sencilla en su expresión, un ser que llega a conocer la grandeza de lo ordinario al experimentar en su corazón este afecto tan singular; se puede ser el más connotado de los intelectuales ante la sociedad, no tan sólo estatal, sino nacional e internacional, pero al tener al propio hijo en los brazos la grandeza de todo el universo se compacta en un ser indefenso, se percibe por primera ocasión, que existen tantos elementos que verdaderamente son trascendentes en lo cotidiano, en los que se tiene que confesar que el más sabio de los intelectuales ha resultado un verdadero ignorante.

José Eduardo Agualusa es un pretigiado columnista de una publicación periodística de Lisboa, Portugal, ... se trata de un ejemplar de la prensa escrita titulado: El País.

José Eduardo Agualusa es uno de esos periodistas sabelotodo, genios del análisis, que en su columna puede hablar sobre cualquier tema. Ha hablado con erudición sobre todos los libros, su acervo le permite emitir juicios sobre música, sobre viajes; es un pozo de sabiduría y el mejor especialista al catalogar todo tipo de películas; ha escrito hasta de recetas exóticas, parece que todos los temas los domina y hasta llega a discutir con prodigiosa sensatez sobre el incierto futuro de la humanidad;... pero en realidad no lo conocía todo y él mismo un día llego a confesarlo, existía un ámbito de la vida totalmente desconocido, el mejor de todos en su apreciación: el tema es el de la paternidad. A raíz del nacimiento de su hijo ha tenido que aprender a hablar sobre temas verdaderamente trascendentes: pañales, jabones y lociones para bebé, marcas de leche en polvo y sus niveles, juguetes y juegos, o de cómo aliviar un cólico a media noche. Fue entonces que se convirtió en un experto de la profilaxis y de la ejecución de todos los consejos.

¿Sabes?, esto no es otra cosa que la paradoja de la paternidad. Si te quisiera poner el mejor ejemplo de esta contradicción debo compartirte lo que sucedió un día durante mi tiempo de formación en el Seminario.

Siempre tuve excelentes maestros, a todos los recuerdo con cariño. No obstante y sin lugar a dudas, uno de los mejores fue un reconocido intelectual de nuestra sociedad neoleonesa, de quien conocímos sus hijos y a los hijos de sus hijos, omito ahora el nombre pero no su grandeza, que al final de cuentas es lo que le da el verdadero nombre a un hombre. En sus clases dominaba con acierto los temás más abstractos y hasta elaboró una popuesta de pensamiento que le han hecho ingresar al reducido mundo de los filósofos de talla universal. Admiración, reconocimiento y respeto producían sus cátedras. La sociedad filosófica alemana le dio un título poco común: HER DOCTOR.

Y un buen día, al desplazarme a la ciudad de México para continuar con mis estudios entre los años 1986 al 1992, Dios me tenía reservada una grata sorpresa, un jueves, junto con otros compañeros quisimos ir en un día de asueto a un parque que entonces se llamaba: Reino Aventura. Nos divertimos de lo lindo. Y de pronto al descansar sentado en una banca, mi mirada se topó con un hombre adulto cuya cara me era demasiado familiar, pero las circunstancias eran inimaginables, el rostro era sin duda el de aquel HER DOCTOR en Filosofía, pero ¿qué hacía allí con una mano al volante de un carrito chocón y con otra mano aplastando hacia abajo el cabello de su cabeza,... con un niño pequeño a su lado, quizá uno de sus nietos, de quien brotaban como caudales las cristalinas y sonoras aguas de la sonrisa, y en cuyo rostro se percibía el bello paisaje de la alegría?

No quise importunarlo, le salude de lejos, quisá estaba descrifrando los aspectos omnienglobantes de la urdimbre humana,... y aquella noche elevé una oración por aquel maestro a quien no le había proporcionado en su verdadera grandeza, y no me refiero a la grandeza de alguien que tiene un cerebro de talla universal, sino a la grandeza de aquellos que conservan en su pecho un corazón de niño.

Se trata de lka paradoja de la paternidad, y de la de aquellos que ven escribirse en los nietos el segundo tomo se su propia historia, ¡quién no lo haya vivido no conoce lo que esto significa!

Una paradoja positiva. Te quería re-compartir una variante de una narración que leí hace algunos años en un libro de Don Armando Fuentes Aguirre, titulado: Del amor, la familia y otros pensamientos.

“Se cuenta que había en aquella ciudad dos amigos que compartían el afecto sincero de la amistad desde la niñez: uno de ellos era profundamente creyente y piadoso, mientras que el otro se manifestaba y autodenominaba incrédulo y ateo.

El joven creyente, preocupado por el renuente, buscaba convencerle para que se acercara a Dios. Le ocupaba su tiempo el buscar que aquel amigo pudiera conocer y experimentar la bondad de Dios en su propia vida. Aguzó el ingenio y lo hacía de todas las formas pensables, hasta llegar a recitarle las argumentaciones que había dado San Ambrosio, San Juan Crisóstomo, san Anselmo de Canterbury, san Alberto Magno, San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino, y,... aquel hombre nunca creyó, vivía escondido en ese caracol de la incredulidad, que daba mil vueltas en los callejones del laberinto de su propia insensatez.

Finalmente, el tiempo separó a aquellos amigos, cada uno formó su propia familia. Sus quehaceres y sus trabajos les distanciaron y, antes de que se despidieran, el amigo creyente le dijo al incrédulo: “solamente me queda rezar por ti, para que un día encuentres a Dios, o mejor dicho: que Él te salga al encuentro”..., y le dejó a solas con sus pensamientos.

Años después, sucedió que aquel hombre que durante mucho tiempo se confesó ateo, una mañana le fue a tocar la puerta al amigo creyente, lo cual le provocó alegría e incertidumbre, y le preguntó el cristiano al incrédulo acerca del motivo de su visita, y aquel hombre contestó con una sonrisa luminosa: -Quiero decirte que ahora creo en Dios- ¡Estoy convencido de que Dios existe!

Y pudieras decirme quien te convenció- le respondió el creyente-. No le hiciste caso ni a Santo Tomás ni a san Buenaventura, ni a San Anselmo ni a san Juan Crisóstomo, ni a san Alberto ni a san Agustín.

A lo que respondió el anteriormente incrédulo: -“Es que ayer nació mi hijo”-... Y después de guardar un momento de silencio continúo diciendo con su voz entrecortada- “No hay duda: Dios existe, no me lo puedo explicar de otra manera. ¡Dios existe!...

 

 

LA PARADOJA NEGATIVA DE LA PATERNIDAD.

“Un día en que Jesús había ido a un lugar solitario para orar, se dirigió a la multitud diciéndoles: “El que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará”.

Hoy quiero solicitarte una oración para agradecerle a Dios nuestro Padre, la oportunidad de estar ocho años al aire en el programa: Camino, Verdad y Vida en la T Grande. La primera emisión se realizó, por la gracia de Dios, el domingo 16 de junio de 2002, fiesta del día del padre. En lo personal, le agradezco a Dios por aquellos que han hecho posible este programa, unos por la confianza obsequiada, otros por el permiso otorgado, y otros más por lograr que sea operativa esta emisión; pero sobre todo, le agradezco a Dios por todos ustedes que con la gentileza de su atención han permitido que este programa llegue cada domingo al espacio sagrado de sus hogares. Una oración especial por aquellos que han recomendado este espacio radiofónico tanto verbalmente como por escrito.

Muy gentil amigo:

Hablemos ahora sobre esa paradoja, llamémosle mala, que tiene dos expresiones, una de ellas en quien sabe que no debiera cambiar sus pensamientos cuando éstos son para el bien de los que ama y una segunda en quienes siendo conscientes de lo efímero del tiempo no son capaces de eternizar el presente a través de los mejores recuerdos.

Primero la inconcebible contradicción que aflora en el actuar de quienes traicionan sus pensamientos a causa de sus sentimientos.

Esta paradoja tiene su origen en ese perder la vida a costa de querer conservarla. Simple y sencillamente, no queremos complicarnos, no se quiere tomar la cruz de la paternidad, se quiere llegar a la Pascua bordeando el viernes santo de la entrega y del sacrificio. Se quiere tener el primer lugar en el populómetro perdiendo la capacidad de analizar a fondo las situaciones que conlleven a actuaciones, que muchas veces no son comprendidas y que pueden llevar a la aridez de la no aceptación.

Y la verdad es que un padre de familia debe aprender a no tenerle miedo al desgaste de la entrega diaria. No debe temerle al sacrificio.

La fuerza de voluntad de un padre a favor de los seres queridos, es en el hombre la salvación de la propia familia.

Y, es que todos sabemos que el esfuerzo ya no está de moda, ni el de los hijos ni el de los padres, todo lo que supone sujeción o disciplina austera en los hijos, así como responsabilidad y obligaciones en los padres, se ha desvalorizado en beneficio de la ley del mínimo esfuerzo y del culto al deseo y de su realización inmediata.

La alegría auténtica en la paternidad sólo puede ser producto y consecuencia del esfuerzo. Solamente una vida con un trabajo lleno de sentido hace al hombre alegre con una alegría que tiene sus raíces en el sacrificio escondido.

Y no obstante es paradógico ese querer darle todo a los hijos, aún a sabiendas de que si la ausencia de amor es destructiva en la vida de cualquiera, los excesos de amor no son en sí mismos, menos nocivos.

¿Sabes? 'No podemos darte eso' son cuatro palabras mágicas que deberían formar parte de la educación de cada hijo. Un niño que jamás las ha oído, y al que tampoco se le haya exigido respetar su significado, seguramente ha sido engañado por sus padres. En la misma manera como el ejercicio corporal fortalece al cuerpo, la frugalidad vigoriza al espíritu. Sin esa disciplina ocasional, el carácter padece y muere.

Hablar de la paternidad es hablar de un don muy especial de parte de Dios. Y hablar de los dones de Dios será hablar de una tarea por realizar. Recordemos que los dones de Dios más que fuente de privilegios son siempre una fuente de responsabilidades.

Te quería comentar que el Centro Médico del Hospital Infantil de Akron, en Ohio, realizó un estudio de la vida familiar en su mejor expresión. Los investigadores les pidieron a maestros distinguidos de Estados Unidos que identificaran a 100 familias “excepcionales”, cuyos miembros parecieran especialmente amorosos, generosos y respetuosos entre sí. Luego, se procedio entrevistar a las familias para determinar qué factores contribuyen a que la infancia y la paternidad constituyan experiencias gratificantes.

El estudio revela algo importantísimo: no hay padres perfectos. Al mismo tiempo, revelaba cuatro realidades de la paternidad:

ES IMPOSIBLE HACER TODO BIEN:          Un padre se esfuerza por dar lo mejor a sus hijos. Sin embargo, la búsqueda de la perfección disminuye la eficacia y hace sentir incompetentes y culpables. Todos cometen errores.

ES INUTIL MIRAR HACIA ATRÁS... O HACIA ADELANTE:  La crianza de los hijos es una tarea que se realiza sobre la marcha. Cada día exige hacer juicios y tomar decisiones adecuadas al momento, aunque no se disponga de toda la información. Lo mejor es el vivir el presente, y no mirar hacia atrás, como sea para aprender, ni hacia delante, salvo para planear.

NO SIEMPRE SE GOZA DE LA SIMPATÍA FILIAL: Todos los hijos detestan a sus padres en ocasiones. Esta es una realidad de la paternidad sana, sobre todo al considerar que los padres responsables toman sus decisiones pensando en el bienestar a largo plazo de sus hijos, aunque estos no comprendan que se hacen las cosas por su bien.

La opinión de un hijo puede ser favorable para con sus papás, les puede tener en un alto concepto, sin embargo su opinión cambia en dos momentos: cuando los disciplinan y en la adolescencia. “Se debe preferir que se molesten antes de permitirles hacer algo que no se considere bueno para ellos”.

APRENDER A REIRSE DE LOS PROPIOS ERRORES:   Es bueno no ver con tanta gravedad las cosas, y aprender a divertirse con la paternidad.

Querido radioescucha:

Quisiera no agotar el tiempo de esta emisión sin que diga aunque sea una palabra sobre otra especie de paradoja “mala”: cuando el padre no sabe aprovechar la virtud del tiempo junto a aquellas personas que se nos ha permitido conocer.

Asko Sirkiä es un periodista de una publicación Tribune en Helsinki (Finlandia) y narra en un segmento titulado UN MOMENTO JUNTO AL MAR, como el recordar los recuerdos le dan un sentido especial a la vida, y un día, cuando lo necesitemos, le darán calor al alma:

 “Cuando llegué a casa, tras una larga jornada, me encontraba cansado y de mal humor, pues aún me faltaba mucho para terminar la tarea que tenía entre manos. Pensaba continuarla en casa, pero apenas me había quitado el saco cuando oí a mi hijo Ville, de 11 años, gritar muy entusiasmado:

-¡Oye, papá! ¿Tienes tiempo hoy? ¡Vayamos a probar mis gafas nuevas!

-Iremos otro día – gruñí.

-¡Anda, me lo prometiste ayer!

-Es cierto, pero ya no hay buena luz afuera.

La conciencia empezó a remorderme. Me sentía como el genio de la lámpara de aladino.

Le había comprado unas gafas oscuras a Ville la tarde anterior. Para que se las regalara, me había dicho: “Si las uso cuando vayamos a la playa, reducirán el reflejo del agua y podré ver los peces”. Era un argumento irrefutable, así que lo complací. Pensé que una petición conduce a otra y luego a otra más, pero recordé también las incontables veces en que, de niño, le pedí cosas a mi padre. Aunque tenía mucho que hacer, él siempre había sacrificado su tiempo para darme gusto.

Mi padre era muy hábil para el modelismo. Recuerdo en especial una ocasión en que me construyó una espléndida gasolinera de madera, a la que juntos, sentados en el piso de la sala, le dimos los toques finales con pintura blanca y azul. Lleno de orgullo, les mostré la gasolinera a mis amigos y les dije que la había construido con papá.

Yo no soy ducho para los modelos a escala; es más, ni siquiera los sé pintar bien. Lo que sí puedo hacer es dedicarle tiempo a Ville. Muy a menudo los adultos estamos agobiados de tareas y usamos esto como pretexto cuando los hijos nos piden hacer algo juntos.

Lo que ellos nos enseñan es que hay que disfrutar el momento, ya que puede ser más precioso de lo que creemos. No hay ayer ni mañana: sólo este instante. Nuestros hijos pronto habrán crecido y ya no necesitarán ni nos pedirán que pasemos tiempo con ellos.

Por eso, aquella despejada tarde de mayo, Ville y yo nos dirigimos hacia una playa cercana del distrito de Helsinki donde vivíamos. Había yo encontrado una viejas gafas oscuras para mí y, con ellas puestas, parecíamos actores de cine.

El sol ya se acercaba al horizonte. ¡Sólo las estrellas de rock usan gafas oscuras a esas horas del día! El mar estaba casi en calma, y un par de patos iban dejando una angosta estela en la luminosa superficie. Una gaviota chilló al pasar dando un giro sobre nosotros. El motor de un viejo bote traqueteaba lánguidamente al adentrarse en el mar, y los veleros se desdibujaban a lo lejos bajo la luz del ocaso.

Una vez en la playa, Ville recogió una piedra y la lanzó al agua. -¡Mira, papá, qué clara se ve allí abajo!- exclamó.

Yo no veía casi el mar, menos iba a ver la piedra, tampoco estaba seguro de que el niño la viera. Más no importaba. Ese momento se me quedó grabado en la mente para siempre: de pie, muy junto uno del otro, como un par de conquistadores, contemplábamos a través de las gafas oscuras los círculos que se dibujaban en la superficie del agua al hundirse las piedras.

Pasé el brazo sobre los hombros de Ville y permanecimos allí unos minutos antes de regresar a la casa. El sol ya se había ocultado y una suave brisa nos acariciaba el cuerpo. Ahí estábamos: padre, hijo y nuestras gafas oscuras.

La gasolinera en miniatura que mi padre construyó se rompió hace años y acabó en el basurero, pero conservo su recuerdo. Las gafas oscuras de Ville se rayarán y quizá las pierda. Aún así, creo que el recuerdo de haber estado con su padre a la orilla del mar le dará un día calor a su alma. De la misma forma en que mis recuerdos le dan calor a la mía.

 

EL GLADIADOR DE LA FAMILIA

“Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos contestaron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías, y otros, que alguno de los antiguos profetas que ha resucitado”.

El les dijo: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Respondió Pedro: “El Mesías de Dios”. El les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie.

Si alguno de ustedes ha visto la película EL GLADIADOR estelarizada por Russell Crowe y basada en la historia de la vida del general romano de nombre Máximo, llamado el magnánimo por el sabio Emperador Romano Marco Aurelio, se podrá acordar de aquel ofrecimiento de parte del Emperador al Gladiador y de aquella solicitud que le hace El Gladiador al Emperador, quien lo miraba con admiración y respeto y le estaba ofreciendo seguirlo encumbrando en su Imperio. El Gladiador, héroe de mil batallas y que acababa de vencer a los germanos, manifiesta la única necesidad verdadera que él tenía. “Pídeme lo que quieras” le ha dicho el augusto Monarca, a lo que el heroico guerrero le ha respondido: “Lo único que quiero, lo único que deseo es irme a mi hogar, ir con mi familia. Sueño con estar con los míos”.

¿Es tu deseo ir a tu hogar? ¿Es este espacio tu pasión dominante? ¿Darías cualquier cosa por gozar de la placidez que allí se te ofrece?

¿Qué es un hogar? El hogar por propia definición es el “sitio en donde se hace fuego”. El hogar es algo cálido, un espacio acogedor, algo que se busca con ansia. Decía Goethe que “el hombre realmente feliz es aquel que siendo Rey o Campesino encuentra la alegría en su hogar”.

Por desgracia, mucho más que unas hogueras, algunos hogares modernos se parecen a unos cuartos fríos. Se trata de un lugar en el que el ambiente es de frialdad y en donde nadie quiere vivir.

Ocasionalmente la esposa empieza a sentir su casa como si fuese una especie de pequeña jaula, y el esposo le da varias vueltas a la manzana antes de entrar en su casa.

Algunos autores han definido el hogar como “el lugar en el que vive una persona en la intimidad”. Pero cuando falta el amor, habrá tal vez una bonita casa, bien amueblada, un excelente coche a la puerta, pero allí no existe un “hogar auténtico”.

Decía Plinio el joven que a un hogar no le constituyen cuatro paredes, o la belleza de su construcción, sino que “el hogar es el lugar en dónde habita el corazón”. Y, por desgracia, el corazón ha emigrado de la casa desde hace no pocos años. ¿Las razones? Son varias y distintas, hoy te comento solamente una de ellas, en la que el rostro de la esposa ha desaparecido y con ello el rostro de la madre también.

¿Hay algo que puedas hacer todavía a favor de tu familia?

Hoy quiero invitarte para que revises como está transcurriendo la vida en el seno de tu hogar. Es posible que en ti mismo y en mí mismo se encuentre la causa que origina el fin de aquello que más amamos.

Ojalá que cuando alguien te pudiera estar ofreciendo el mundo entero para que lo domines pudieras responderle desde la sinceridad que se anida en lo más profundo de tu corazón: “Lo único que quiero, lo único que deseo es irme a mi hogar, ir con mi familia. Sueño con estar con los míos”.

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