Domingo 9 de Marzo de 2008_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

EL FUNERAL DE LA VIDA Y LA FIESTA DE LA MUERTE.

En aquel tiempo, se encontraba enfermo Lázaro, en Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que una vez ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera. El enfermo era su hermano Lázaro. Por eso las dos hermanas le man­daron decir a Jesús: "Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo".

Al oír esto, Jesús dijo: "Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella".

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro; Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días más en el lugar en que se hallaba. Después dijo a sus discípulos: "Vayamos otra vez a Judea". Los discípulos le dijeron: "Maestro, hace poco que los judíos querían apedrearte, ¿y tú vas a volver allá?" Je­sús les contestó: "¿Acaso no tiene doce horas el día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque le falta la luz".

Dijo esto y luego añadió: "Lázaro, nuestro amigo; se ha dor­mido; pero yo voy ahora a despertarlo". Entonces le dijeron sus dis­cípulos: "Señor, si duerme, es que va a sanar". Jesús hablaba de la muerte, pero ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Enton­ces Jesús les dijo abiertamente: "Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, para que crean. Ahora, vamos allá". Entonces Tomás, por sobrenombre el Gemelo, dijo a los demás dis­cípulos: "Vayamos, también nosotros, para morir con él"."

Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya  cuatro días en el sepulcro. Betania quedaba cerca de Jerusalén, como a unos dos kilómetros y medio, y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte de su hermano.  Apenas oyó  Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora estoy segura de que Dios te con­cederá cuanto le pidas".

Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará". Marta respondió: "Ya sé que resucitará en la resurrección del último día". Jesús le dijo: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siem­pre. ¿Crees tú esto?" Ella le contestó: "Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo".

Después de decir estas palabras, fue a buscar a su hermana Ma­ría y le dijo en voz baja: "Ya vino el Maestro y te llama". Al oír esto, María se levantó  en el acto y salió hacia  donde estaba Jesús, porque él no había llegado aún al pueblo, sino que estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con María en la casa consolándola, viendo que ella se levantaba y salía de prisa, pen­saron que iba al sepulcro para llorar allí y la siguieron.

Cuando llegó María a donde estaba Jesús, al verlo, se echó a  sus pies y le dijo: "Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano". Jesús, al verla llorar y al ver llorar a los judíos que la acom­pañaban, se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: "¿Dónde lo han puesto?" Le contestaron: "Ven Señor, y lo verás". Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: "De veras ¡cuánto lo amaba!" Al­gunos decían: "¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento; hacer que Lázaro no muriera?"

Jesús, profundamente conmovido todavía, se detuvo ante el se­pulcro, que era una cueva, sellada con una losa. Entonces dijo Je­sús: "Quiten la losa". Pero Marta, la hermana del que había muerto, le replicó: "Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días". Le dijo Jesús: "¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?" Enton­ces quitaron la piedra.       

Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: "Padre, te doy gracias Por­que me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea, para que crean que "tú me has enviado". Luego gritó con voz potente: "¡Lázaro, sal de allí!" Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: "Desátenlo, para que pueda andar ".

Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Momento 1

Momento 2

Momento 3

Momento 4

Audio 1

Audio 2

Audio 3

Audio 4


1.- Muy queridos amigos:

Para el Señor no existen los imposibles. Si la semana pasada hablamos de disfunciones, es decir enfermedades, refiriendo aquellos ojos que no ven, los oídos que no escuchan, las manos que no trabajan o los pies que no saben caminar. El día de hoy las situaciones se han disparado en cuanto a grado de dificultad se refiere: ya no se trata de disfunciones, como el órgano de un cuerpo que no funciona, sino que se trata de una defunción. Hoy se nos habla de un Defunctus: aquel que ha dimitido en su función.

Ya no se trata tan sólo de un órgano que no funciona, sino que el milagro que hoy tiene que realizarse es con una persona que ya no funciona.

Y esta situación nos permitirá visualizar a Jesucristo como el dueño y Señor de la vida. Es por ello, que quisiera pedirte permiso para que el día de hoy analicemos en su conjunto los tres relatos de resurrección que se nos ofrecen en los Evangelios.

2.-     Jesucristo resucitó a Lázaro, hermano de Martha y María, como lo leemos en este día, pero también resucitó a la Hija de Jairo y a aquel hijo de la viuda de Naím. Pero,... vayamos por orden en cuanto a las edades biológicas se refiere para que después podamos aterrizar en un contenido global, que pueda favorecer algunos elementos que el día de hoy se nos presentan.

3.-     Jesucristo es dueño y Señor de la vida en cualquier etapa que estemos viviendo las personas: al resucitar a la Hija de Jairo, el Señor le está devolviendo la vida a una niña pequeña, al resucitar al hijo de la viuda de Naím el Señor realiza el milagro de la vida con un joven, y al resucitar a Lázaro está regresándole la existencia a un adulto.

Así mismo, Jesucristo es el dueño y Señor de la vida, independientemente del grado de dificultad o del tiempo que pudiera haber transcurrido desde que se interrumpieron los signos vitales en una persona: así resucita a la Hija de Jairo cuando han pasado algunos momentos de su muerte, el Señor iba de camino y le piden que ya no llegue a la casa puesto que la niña ha muerto, y el Señor manifiesta que la niña está dormida y le dirá: Talita Kum, Niña levántate; en el caso del Hijo de la Viuda de Naím, el Señor se topa con el cortejo de la muerte, ya llevan a sepultar a aquel joven, lo cual significaba que llevaba apróximadamente unos dos días de muerto y el Señor le dice: Joven, a ti te lo digo, levántate; y, finalmente, el caso de Lázaro, que hoy leemos, es mucho más complicado,... y es que ya lleva cuatro días en el sepulcro, y hasta la misma hermana del amigo le dice al Maestro que Lázaro ya está experimentando el proceso natural de la descomposición, y el Señor grita ante la sepultura: “Lázaro, sal de ahí”.

Jesucristo es el dueño y Señor de la vida, y es aquel que le ofrece el consuelo a cualquier persona que se acongoja humanamente a su benevolencia, ante la propia pérdida de un ser querido: en el caso de la niña de Jairo se trata de un padre que está experimentando el dolor en el corazón; en el caso del joven, hijo de la viuda de Naím, es una mujer viuda la que después de haber perdido su nexo con el pasado al enviudar, ahora ve desanudarse el lazo con el presente y con el futuro al perder al único hijo; y en el caso de Lázaro ya no será ni un padre ni una madre, sino unas hermanas estrechamente vinculadas en un afecto fraterno al amigo del maestro, las que están llorando por el hermano que ha muerto.

Fíjate, cómo Jesucristo es el dueño y Señor de la vida al resucitar tanto a la niña, como al joven y así también al adulto; Cristo es el dueño y Señor de la existencia no importando el tiempo que hubiera transcurrido desde que se detuvieron los signos vitales: pueden ser instantes como en el caso de la niña, dos días de muerto en el joven de la viuda o hasta cuatro días no de muerto sino de sepultura en el caso de Lázaro; Jesús es el dueño y Señor de la vida y es el único que le puede ofrecer la paz tanto al corazón del padre, como al de la madre y, así también al de las hermanas.

4.-     Sin embargo, tenemos que decir que en estos tres relatos de resurrección se nos presentan situaciones muy distintas a las que acontecieron en la noche de la Pascua, en la que Jesucristo resucitó, y hacia la cual nos dirigimos en nuestro recorrido cristiano.

Y la razón ya la tenía en los labios Martha al señalizar que ella creía en que su hermano resucitaría en la resurrección del último día.

El Señor no obstante realiza en Betania una de las señales que atraerá la fe de muchos judíos, y que a la postre será como la gota que derramará el vaso de las intenciones del Sanedrín, aquellos que ya quieren acabar con la vida de aquel que devuelve la vida.

Tú y yo sabemos que aquella niña, la hija de Jairo volvió a morir, sí tu quieres después de 50 años, y hasta podemos imaginar que ella llegó a tener una familia y que fue feliz, pero la muerte biológica es algo que en algún momento iba a regresar a la habitación de su existencia. Así mismo, somos conscientes de que el hijo de la viuda de Naím también un día vio interrumpidos sus signos vitales, quizá después de haber hecho abuela a la que un día fue viuda, y quien recibió del Señor Jesús la oportunidad de rehacer su presente y su futuro en aquella resurrección que nadie solicitó al Nazareno y que brotó más bien de su corazón bondadoso que le desgarra su corazón divino el ver las lágrimas de una madre de familia, y es que el fantasma de la hermana muerte un buen día iba a sobrevolar y a ejecutar su danza sobre el tejado de su casa. Finalmente, es obvio que con Lázaro ha sucedido exactamente lo mismo que a los anteriores dos personajes,... cinco, diez, quince, veinte o más años después, pero un día tenía que dar el paso del tiempo a la eternidad ayudado por la complicidad de una muerte que de enemiga se ha convertido en la mejor de las amigas.

5.-     Lo anteriormente mencionado no sucederá con Jesús, una vez que el domingo de la Pascua nos acceda a la escatología que ha irrumpido en la historia de los hombres en aquella madrugada del primer día de la semana. 

Y, ¡Fíjate! Como suele ser tanta nuestra confusión, que hoy existen tantas personas que al perder a un ser querido parecen reclamarle a Dios lo acontecido, y hasta le dicen retadoramente entre sus oraciones y llantos que: “si Él resucitó a Lázaro, que resucite también a su hijo, a su hermano, o a su esposo...”

Y hoy, tengo que decirles, que nosotros no esperamos participar de una resurrección como la de Lázaro, y es obvio que tampoco como la de la hija de Jairo ni como la del hijo de la viuda de Naím, sino que esperamos una resurrección como la de Jesús, como aquella que aconteció el domingo de Pascua en la que Cristo ya no ha de morir, mientras que aquellos que hemos mencionado volvieron a morir. ¿Te das ahora cuenta de cómo un mismo término se utiliza para referir conceptos y realidades tan distintas?

 

DARLE CUERDA NUEVAMENTE AL RELOJ.

En aquel tiempo, se encontraba enfermo Lázaro, en Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que una vez ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera. El enfermo era su hermano Lázaro. Por eso las dos hermanas le man­daron decir a Jesús: "Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo".

Al oír esto, Jesús dijo: "Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella".

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro; Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días más en el lugar en que se hallaba.

Muy estimados amigos:

Parecería que Dios no ha comprendido acerca de las necesidades  que vive el hombre y parecería que el hombre no capta aquello que es necesario en la voluntad de Dios.

El Señor Jesús al parecer no había captado aquella emergencia que se estaba viviendo en la casa de Betania, y al mismo tiempo, parece que los hombres no hemos asimilado adecuadamente la lección que Dios quería ofrecernos en Betania.

El Evangelio enfatiza, muy a propósito, el gran afecto de parte de Jesús para con aquel enfermo y para con aquella familia, y parece querer subrayar el propósito con el que se efectúa aquella tardanza humanamente incomprensible a causa de los afectos.

2.-     El hombre tiene que aprender a interpretar la tardanza de Dios, sobretodo cuando empieza a desesperarse en medio de sus propias necesidades, como una invitación para que en ningún momento ni circunstancia se desfallezca en la esperanza.

Al parecer, en no pocas ocasiones, Dios se tarda o en escuchar las oraciones o en atender las necesidades,… y esta interpretación humana se puede dar desde la misma pérdida de Jesús en el templo cuando tenía los doce años de edad y que fue encontrado hasta tres días después de haber sido perdido, al parecer también se tarda en reaccionar cuando la tempestad está zarandeando la embarcación en la mar de Galilea, así también parece tardarse cuando aquel funcionario real le dice con afecto: “No tardes, porque mi muchachito puede morir”,… y así sucede ahora que en medio de la emergencia se detiene dos días más en aquella población.

3.-     Y es posible que lo primero que tú y yo tenemos que asimilar en este día es precisamente este tema tan importante acerca de la diferencia existente en el tiempo de Dios y el tiempo de los hombres.

Y es que la sucesión de los instantes en Dios se le llama eternidad y aunque pareciera que en ocasiones Dios no capta las urgencias en el hombre, él tiene siempre una solución independientemente de las agravantes que se adquirieran con esta sucesión de instantes llamada tiempo en los hombres.

Lo mismo puede Dios hacer el milagro con el hombre en disfunción como con el hombre que vive la defunción. Dime, ¿No es acaso Él el que nos ha dado la vida a todos nosotros?

Y no obstante más allá de la salud en esta vida o incluso de un revivir a esta vida, el verdadero milagro que Él quiere compartirnos es el de una resurrección en la misma calidad que la suya. Pero los hombres parece que no hemos terminado de asimilar el proyecto de Dios en la eternidad y queremos eternizar el tiempo.

Acerca del tiempo decía Antonio Machado que El hombre es el único ánimal que usa relojes. Es decir está señalizando la Conciencia de nuestra temporalidad, del fluir de la vida y como lo decía José María Cabo de Villa: en los relojes de la vida: Todas las horas hieren, pero la última mata.

El tiempo todo lo desgasta: oxida las armas, despinta la bandera. Hace ridículos los vestidos, arruga los rostros, consume los plazos de la poliza, pone un límite al solemne compromio del amor humano y constituye un desafío a las promesas humanas, y aún a pesar de todo lo anterior, para todos aquellos que creemos en el Dios de Jesucristo, el tiempo no es más que la antesala de nuestra eternidad.

4.-     ¿Qué sí acaso existe una diferente valoración de este tiempo en los hombres cercanos a Dios y los que su cercanía se ha limitado a una pura aproximación?

Bastaría que un día te dieras la vuelta a unas capillas ardientes para así identificar a aquellas personas que poseen una fe auténticamente cristiana y aquellos que en el desconocimiento se han perdido de lo mejor. Allí te encontrarás con personas que lloran por igual pero que lo hacen de una forma distinta. Unos lloran por amor y por dolor como el mismo Jesús ha llorado por el amigo, mientras que otros lloran porque han desanidado de su corazón la fe sincera así como una auténtica esperanza.

Decía Don Miguel de Unamuno que “el alma es un manantial que sólo se revela en lágrimas. Hasta que se llora de veras no se sabe si se tiene o no alma”, y esto es cierto, aquellos que lloran por amor y por dolor no pueden evitar que ese manantial de afecto que llevan en el alma se pueda desbordar a través del cauce de sus lagrimales,… pero aquellos que no tienen ni fe ni esperanza lo que no pueden contener es su propia frustración y amargura. Ambos lloran en el mismo lugar, pero mientras que aquellos que lloran por amor y por dolor lo hacen apaciblemente, aquellos que han perdido la fe y la esperanza lo hacen rompiendo la placidez de aquel recinto y provocando que la piel se erice en no pocos, y todavía en medio de sus lágrimas se escuchan sus más amargados reclamos: “¡Si tú resucitaste a Lázaro!, ¿Por qué no resucitas a mi familiar?”

5.-     Y tendríamos que decirle a estas personas que ni tú ni yo esperamos compartir una resurrección como la edxperimentada por la hija de Jairo, ni como aquella del hijo de la viuda de Naím, ni tampoco como la resurrección de Lázaro.

 

Es necesario dejar en claro que ni tú ni yo les envidiamos la resurrección a ellos. No les envidiamos su regreso a esta vida, puesto que esperamos una vida mejor y por lo tanto una resurrección gloriosa como la de Jesucristo. No los envidiamos a ellos estrictamente, aunque sí tenemos que admitir que existe algo que sí envidiamos: envidiamos la calidad de vida y el gusto por la misma vida que ellos debieron llevar después de su resurrección personal en el tiempo.

 

6.-     Imagínate por un solo momento a este Lázaro que hoy está recibiendo una segunda oportunidad en este mundo. ¡Él si tuvo que vivir cuando regresó de la muerte! ¡Él sí tuvo que vivir a contrarreloj cada una de las horas de su calendario! ¡Él si tuvo la oportunidad de aprovechar cada instante de tiempo! Me lo puedo imaginar después de resucitar, a veces, saboreando el resplandor de sol en su rostro, y también asimilando las caricias de la lluvia cayendo en sus mejillas, e incluso agradeciendo a Dios hasta por los ventarrones así como disfrutando del frío de la noche.  Le puedo casi ver inclinarse junto al brocal del pozo y bebiendo respetuosamente el agua cristalina, haciendo un cuenco con su propia mano, despacito y a sorbos, como si fuera el más añejo de los vinos de la mejor de las cepas. Le puedo imaginar agradeciendo y disfrutando por aquellos alimentos a los que poco tiempo atrás pudo haberse acostumbrado, así como convirtiendo en un verdadero banquete cada una de sus ya muy rutinarias horas de comida.

 

Le sueño sabedor, como muy pocos, de que, precisamente la vida es corta, de que hay que amarse a fondo, pero respetando a quienes están con nosotros, disfrutando extraordinariamente de aquellos seres a los que por la polilla de la rutina nos acostumbramos, tal como suelen ser nuestras hermanas,... padres, amigos, tu esposo o tu esposa, tus hijos y todos nuestros demás seres queridos.

7.-     La resurrección de Lázaro nos recuerda a todos que solamente aquellas personas que hayan experimentado la cercanía de la muerte saben valorar auténticamente la vida y sus regalos. Solamente las personas que hayan pasado por la experiencia de una enfermedad grave o que les hayan “desahuciado” médicamente y “hayan vuelto”, sólo ellos saben el verdadero significado de una palabra sagrada tantas veces profanada: la palabra vida.

El contraste entre las luces y las sombras nos hace resaltar el ser auténtico de las cosas. Y es así como aquellos que hayan experimentado el cansancio saben lo que es el descanso, los que conozcan el sol desgastante conocen acerca de la placentera sombra, los que hayan sentido la sed agobiante conocen lo reconfortante que es un vaso de agua, y aquellos que hayan caminado cerca de la enfermedad y de la muerte podrán saborear de seguro y con avidez la alegría de vivir.

8.-     La resurrección de Lázaro le ha cambiado la vida de aquella familia mientras que la resurrección de Jesucristo ha cambiado nuestra propia historia y ha cambiado toda la historia.

Nuestra vida cristiana es una fiesta, no un funeral. Pero no hay fiesta sino se vive auténticamente, aún a pesar de cualquier situación difícil, entre ellas la aparente tardanza de Dios en nuestras vidas y en medio de nuestras dificultades.

Al respecto te quiero compartir una escena de la vida que nos comenta Patt Barnes en el Guidepost de hace algunos años:

“La vendedora de flores sonreía; su arrugado rostro resplandecía de gozo. Por impulso, tomé una de sus flores.

Se ve usted muy feliz esta mañana – le dije.

-¡Claro! – exclamó-. Sobran los motivos.

Aquella mujer vestía tan pobremente y le veía frágil, que su actitud me intrigó.

-Sobrelleva sus problemas admirablemente – la elogié.

Ella me explicó entonces:

-Cuando crucificaron a Cristo, el Viernes Santo, fue el día más triste de la historia. Y tres días después, Él resucitó. Por eso yo he aprendido a esperar tres días siempre que algo me aflige. Las cosas siempre se arreglan de una u otra manera en un lapso de tres días.

Seguía sonriendo al despedirse de mí. Sus palabras me vienen a la mente cada vez que estoy en dificultades: “Hay que esperar tres días y todo se resuelve.” Y es verdad.  

9.-     Muy queridos amigos:

El Señor en ocasiones parece que se tarda y tú y yo debemos aprender dos cosas: primero que todo es posible para Él independientemente de lo que suceda y segundo, el tiempo no le afecta a Aquel que la sucesión de los instantes recibe el nombre de eternidad.

 

 

 

 

 

 

LA CELEBRACIÓN DE NUESTRO VIERNES SANTO

“Cuando llegó María a donde estaba Jesús, al verlo, se echó a  sus pies y le dijo: "Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano". Jesús, al verla llorar y al ver llorar a los judíos que la acom­pañaban, se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: "¿Dónde lo han puesto?" Le contestaron: "Ven Señor, y lo verás". Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: "De veras ¡cuánto lo amaba!" Al­gunos decían: "¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento; hacer que Lázaro no muriera?"

1.-     Muy queridos amigos:

¡La paz sea con ustedes! Este es el saludo del Señor resucitado, vencedor de la muerte.

Queridos padres de familia, que han experimentado el dolor más intenso al contemplar la repentina interrupción del camino de alguien a quien un día cargaron alegremente en sus brazos. ¡La paz sea con ustedes!

Estimados esposos cristianos, que han experimentado la dolorosa separación física del compañero de la vida, de aquellos con quienes les unían lazos más grandes que los del afecto. ¡La paz sea con ustedes!

Apreciables hijos de familia, que no han podido evitar el ser invitados a contemplar la última función, asistir a la conclusión de la jornada y de la existencia terrena de quienes nos dieron la propia existencia y mucho más que la existencia. ¡La paz sea con ustedes!

Amados jovenes que, en un corazón que quisiera experimentar sólo el afecto, han conocido el dolor y la impotencia humana por la perdida de aquellos que han llevado nuestra propia sangre. ¡La paz sea con ustedes!

2.-     ¡La paz sea con ustedes! Es el saludo del Señor resucitado que nos dirige a todos y cada uno de nosotros.

¡La paz sea con ustedes! Fue el alegre saludo que el dueño de la vida le dirigió a sus apóstoles cuando estaban escondidos amedrentados en el Cenáculo. ¡Sí!,... Después del Viernes Santo, posterior a la muerte más injusta, inexplicable e inaceptable que ha acontecido sobre la faz de la tierra, el Señor Resucitado saluda a sus discípulos diciendo. “¡La paz sea con ustedes!”.

Ellos no comprenden lo que sus ojos miran, la razón no asimila lo que contemplan y, ante el silencio de la incomprensión de los apóstoles, el Señor les muestra sus manos lastimadas, las palmas de sus santísimas manos perforadas por el hierro de los clavos. Esas manos que acariciaron el rostro de los niños, que abrieron los ojos del ciego, que abrazaron misericordiosamente al pecador... Ahora, esas manos tienen grabada la huella de la violencia y del desatino humano,... y al mostrarles sus manos y su costado les vuelve a repetir con tranquilidad: ¡La paz sea con ustedes!

Este es el saludo del Señor victorioso para cada uno de nosotros.

3.-     Queridos amigos: María se encuentra nuevamente a los pies del maestro: pidiendo ya no la vida para ella sino para su hermano.

Y es hoy, en el quinto domingo de la cuaresma en que al meditar sobre la resurrección de Lázaro será adecuado que cada uno de nosotros considere la identidad de la muerte con los ojos del cristiano, puesto que la resurrección de Lázaro será la razón para que se agilice la muerte del dueño de la vida que vencerá a la muerte en singular combate.

4.-     Y es de esta manera, en que aquel día inolvidable en el que murieron biológicamente nuestros seres más queridos, fue, es y será transformado para todos nosotros en una celebración.

Te preguntarás: ¿cómo puede hablar el cura de celebración cuando se experimenta la ausencia y el dolor hace girones el alma?

Te quiero recordar que el día de la muerte es para nosotros una celebración. Los cristianos hemos recibido nuestra vida para buscar a Dios, la muerte la recibimos para encontrarlo y la eternidad nos es dada para poseerlo. El día de la muerte celebramos el encuentro con Dios de nuestros seres queridos, la Pascua cristiana de los seres más amados.

5.-     Las lágrimas no desaparecen tan fácilmente de nuestros ojos. Bastaría recordar el Evangelio de hoy que nos presenta al Señor llorando cuando Lázaro murió, y cómo la gente decía: ¡Mira cuanto le amaba!

Cristo nos ha mostrado que las lágrimas pueden ser sagradas. Las lágrimas no constituyen un signo de debilidad, sino de fuerza.

Nuestras lágrimas pueden transmitir con mayor elocuencia que mil estrofas juntas tres mensajes: un dolor indecible, un profundo arrepentimiento o un amor inefable.

No obstante, debemos cuidar que si bien nuestras lágrimas pudieran expresar el dolor del corazón, jamás deberán expresar ni falta de fe ni falta de esperanza.

6.-     Para conseguir que nuestra fe no desfallezca cuando fallecen los que amamos, debemos tener cuidado para no separar la integridad del mensaje cristiano.

El Viernes Santo está íntimamente unido al Domingo de la Pascua, la Cruz se une estrechamente a la Resurrección, es por ello que la Cruz de Cristo tiene para nosotros un sentido que lo trasciende todo.

¿Qué puede ser el Viernes Santo sin el Domingo de Pascua? ¿Qué es la Cruz sin la Resurrección?

La Cruz sin la Resurrección, para los judíos no es más que un castigo. La Cruz sin la Resurrección para los apóstoles es sólo un fracaso. Unicamente en la medida en que la Cruz se une a la Resurrección, la Cruz se convierte en un mensaje de salvación para todos los hombres.

7.-     En nuestra vida acontece lo mismo: ¿Qué ha sido  el viernessanto de nuestros seres queridos sin el domingodepascua? ¿Qué es el misterio de la cruz de aquellos a quienes amamos sin la esperanza de la resurrección?

Sin la esperanza de la resurrección, la cruz de los que amamos es un castigo y el viernes santo será visto como un fracaso. La resurrección cristiana es la que se encarga de transformalo todo.

8.- La resurrección nos permite comprender que nuestra tumba no es más que la cuna y que el cementerio es el dormitorio de nuestra eternidad. Los cristianos hemos comprendido que la muerte no es la última estación en el trayecto de la vida, sino que en Cristo resucitado hemos asimilado que existe una estación que está más allá de la conclusión de nuestros días.

Para los que creemos en Jesucristo la muerte no es mas que el inicio del nuevo día y el amanecer de nuestra esperanza. La muerte es como el despuntar de una luz de eternidad.

¡Cristo ha resucitado! El árbol de la Cruz ha florecido y ahora posee frutos de eternidad que le convierten en el verdadero árbol de la vida, y que nos anuncia sonoramente el inicio de una primavera de gloria.

El domingodepascua ha transformado nuestro viernessanto, la resurrección ha transignificado la cruz y... ha transfinalizado la muerte.

8.-     San Agustín ha dicho que la muerte es el paso de la noche al día definitivo, en donde el Sol que nace de lo alto será contemplado en toda su majestad. San Juan Crisóstomo concibe la muerte como el dulce sueño que nos hace despertar a una nueva realidad, en donde la realidad supera totalmente lo que hayamos soñado en esta vida; también dice que es el fin del espectáculo en el teatro de la vida, dónde el telón se corre, se regresan las vestimentas y los guiones, ya no hay rey ni hay vasallo, no hay rico ni hay pobre, todos regresamos ante nuestro guionista, que es Dios. Bousset describe la muerte como la necesaria destrucción de un derruido edificio que permite levantar una nueva edificación, de tal manera que el inquilino que somos cada uno de nosotros pueda vivir en la eternidad. Es la muerte el transportarnos a la fiesta del Cielo, lo dice San José María Escrivá de Balaguer. No es otra cosa sino el tiempo de la cosecha, comentaba el Cardenal Newman: la buena semilla ha caído en la tierra y ha llegado el tiempo de recoger la mies, nos presentaremos ante Dios no con las manos vacías sino rebosantes de frutos. Santo Tomás de Aquino dice que la muerte es como cuando alguien recibe la noticia de que un hermano suyo ha sido ungido como Rey de un país lejano y que nosotros deseamos marchar, encontrarnos y vivir con Él, y para ello somos capaces de abandonar lo que tengamos que abandonar. La muerte no es el punto final sino un viaje que emprendemos hacia la eternidad, decía San Cipriano.

11.-   Muy queridos amigos: ¡La paz sea con ustedes!

Este es el saludo del Señor resucitado a los apóstoles que se encuentran encerrados, atemorizados. Y al verlos sumergidos en la incomprensión, el Señor les muestra sus manos lastimadas por los hierros y les vuelve a decir: ¡La paz sea con ustedes!

Y, el Señor victorioso al mostrarles sus manos con las huellas de la sinrazón humana, al pedirles que acerquen su mano para tocar su costado, les está diciendo: ¡La paz sea contigo! Yo también sé lo que es el dolor. Yo también sé lo que es el abandono. Yo también sé lo que es la soledad. Yo también conozco lo que es la muerte. Yo también sé lo que es la injusticia. Yo también conozco el cansancio. Yo también sé lo que es estar en la cruz con el cielo entenebrecido, y sé lo que es exclamar desde la cruz esa cuarta Palabra que tú posiblemente has pronunciado en variadas ocasiones: ¡Dios mío, Dios mío, porque me has abandonado!

Yo también sé lo que es el dolor. ¡ La paz sea con  ustedes!

Este es el saludo que Jesucristo resucitado dirige a cada uno de nosotros: ¡la paz sea con ustedes!

 

 

LA CLOACA DE LOS ESPECTADORES.

Jesús, profundamente conmovido todavía, se detuvo ante el se­pulcro, que era una cueva, sellada con una losa. Entonces dijo Je­sús: "Quiten la losa". Pero Marta, la hermana del que había muerto, le replicó: "Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días". Le dijo Jesús: "¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?" Enton­ces quitaron la piedra.     

Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: "Padre, te doy gracias Por­que me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea, para que crean que "tú me has enviado". Luego gritó con voz potente: "¡Lázaro, sal de allí!" Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: "Desátenlo, para que pueda andar ".

1.-     Aunque con frecuencia las creaciones humanas sobreviven a sus autores, siempre estarán abocadas a la muerte, y su valor estará circunscrito por el tiempo y el espacio. Esto es constatable en la historia, así se llamen civilizaciones, imperios, reinos, empresas o negocios...

Aún aquellos hombres de la historia más ufanos, engreídos, soberbios y orgullosos, un día han quedado sepultados en el laberinto del olvido bajo la arena del desierto o se encuentran, a lo sumo, como una referencia en los libros de historia. También, han caído por su propio peso los gruesos muros y los antiguos sistemas que hasta hace poco tiempo se llegaron a considerar intocables, sólidos y perennes; ¿y los actuales?, los actuales también son transitorios. ¿Cuánto tiempo les durará la vida? Solamente Dios lo sabe.

La transitoriedad de las cosas terrenas era conocida, incluso por nuestros hermanos, que vivieron en esta amada tierra mucho antes de la llegada de los Españoles. Así reza uno de sus muchos y muy hermosos Cantares:
“            ¿Acaso de verdad se vive en la tierra?
No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí.
Aunque sea jade se quiebra,
Aunque sea oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra,
No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí”. (Ms. Cantares Mex., fol. 17r).

Lo anteriormente referido, pudiera antojársete como apuntando hacia el absurdo, ésto sería así, sólo en el caso de no ser iluminado con el acontecimiento de Cristo.

2.-     La estancia de Cristo, que comparte las situaciones humanas con nosotros, desde su nacimiento en este mundo, será la mejor garantía de que no hay nada de ingrato o de injusto en la existencia humana.

No obstante, será solamente la muerte y la resurrección de Jesucristo, la que nos ofrecezca el testimonio de que la existencia humana es buena, y de que todo en ella tiene un sentido.

El acontecimiento Pascual nos muestra cómo la vida y la muerte también se encuadran en el plan divino de la salvación, y cómo Dios sabe obtener el bien del mal.

Si la Encarnación del Divino Verbo ha sido la entrada de Dios en la historia, entonces la muerte y la resurrección del Hijo de Dios, hecho hombre, es el ingreso del hombre a la metahistoria, es decir el acceso a aquellas realidades que están más allá del tiempo y del espacio.

3.-     En Cristo, hemos comprendido que la muerte no es el término del existir sino que se convierte en el paso, la entrada y la liberación. La muerte es la salida de una condición y de un estado esclavizante para poder entrar en una situación de plenitud y de victoria.

Diría Santa Teresa de Ávila, que la muerte es solamente nuestra salida de una estancia de segunda para ingresar a la posada de la eternidad. La muerte, refiere la santa, debe ser contemplada como esa alegría que obtenemos al dejar el hospital, aún con la nostalgia de los médicos y las enfermeras con los que nos hemos familiarizado en el trato de la caridad.

Todo lo anteriormente referido, le ha heredado a la Iglesia el verdadero conocimiento en torno al destino final del hombre. La muerte es vista con los ojos del resucitado. La salvación eterna se encuentra solamente en Cristo Jesús.

4.-     Queridos amigos:

No podemos desligar esta tercera reflexión de la que compartíamos en ese segundo segmento en el que hacíamos memoria de la comprensión que de la muerte tienen los santos.

¿Sabes? Sobre las distintas apreciaciones acerca de la vida y de la muerte de aquellos que llegaron a vivir la etapa adulta de la fe, en lo personal me agrada esa última lección de cristianismo que le da Santa Mónica a su hijo, san Agustín.

Están ambos residiendo en Hostia, un puerto cercano a la ciudad de Roma, y una noche, en que santa Mónica experimenta el dulce vuelo del angel de la hermana muerte sobre su tejado, le pide a su hijo Agustín que le ayude puesto que quiere caminar en la playa, y experimentar en sus pies descalzos la humedad de la arena que ha sido bañada por las olas.

Agustín se ha aprestado a cumplir la voluntad de su madre, pero esa noche percibe la notable dificultad que tiene su madre para desplazarse, su caminar es humanamente torpe aunque lleva una sonrisa en su rostro. Por primera ocasión, de manera consciente contempla Agustín a su madre desgastada por el peso de los años, y se da por enterado de que gran parte de su desgaste físico ha sido ocasionado por sus actitudes renuentes de la juventud. Llora en el silencio Agustín mientras que lleva a Santa Mónica del brazo. Ella voltea a mirarlo y gracias a la luz refleja de la luna mira aquellas lágrimas de arrepentimiento rodar por sus mejillas, es entonces que san Mónica le dice a su hijo, unas palabras que su mismo hijo nos ha compartido en el libro de las Confesiones:

 “ No llores si me amas, si conocieras el don de Dios y lo que es el cielo.

Si pudieras oír el cántico de los ángeles y verme en medio de ellos.

Si pudieras ver los caminos, el horizonte y los senderos por los que ahora atravieso.

Si pudieras contemplar como yo, la belleza ante la cual las bellezas languidecen.

¡Créeme!, el día en que tu alma vuele hasta este cielo, al cual yo te he precedido.

El día en que la muerte venga a desatar los nudos como ha roto los que a mí me encadenaban.

Ese día me volverás a ver, y encontrarás en mi corazón tus ternuras aumentadas.

Me verás en la transfiguración, en éxtasis, feliz. Ya no esperando la muerte sino avanzando juntos.

Pues te llevaré de la mano por senderos nuevos de la luz y de la vida.

¡Enjuga pues tu llanto, y no llores si me amas!”.

5.-     Santa Mónica, una madre cristiana, le estaba dando a su hijo la última lección sobre la doctrina de Cristo. Le estaba explicando el último artículo de nuestra Fe que profesamos domingo a domingo: “Creo en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro”

¿No te has dado cuenta? Para los cristianos la muerte no puede ser un camino cortado sino una meta alcanzada.

6.-     En Cristo nos encontramos ante un Reino que no termina, más aún ante un Reino que se proyecta hacia la eternidad.

Sabemos que todo lo que nace de abajo es transitorio, inconsistente, limitado, condenado a la muerte. De abajo nace la prepotencia, la tiranía de todo género, la violencia, la injusticia, la codicia y los egoísmos.

Lo que nace de Dios es eterno, victorioso, glorioso y universal. De arriba nace la bondad, el amor, la justicia y la verdad.

La entrega desinteresada, la fidelidad, la compasión, la vida y la paciencia cuando son verdaderas, provienen de Dios.

Sobre la tierra nada hay que sea definitivo, siempre, ahora y luego, la vida verdadera se obtendrá como un encuentro con la luz y como una transformación de lo caduco.

Pero... ¿Cómo podremos obtener la vida verdadera que traspasa lo espacio-temporal? ¿Cómo podemos tener parte en ese Reino del que nos quiere hacer partícipe Aquél que es el Rey eterno?

Quiero decirte una cosa antes de continuar: La muerte para los cristianos no es algo que nos sucede sino Alguien que sale a nuestro encuentro.

7.-     Y ahora sí hablemos sobre las actitudes que tenemos que tener en lo cotidiano para que cuando Él venga a nuestro encuentro podamos decirle: Te estábamos esperando.

Se trata de no quedarnos tan solo como espectadores en la vida. Hay quienes han decidido en su modus vivendi ser sólo espectadores, y el Señor nos invita para que no tengamos los brazos inactivos. Él nos invita para que no nos pasemos la vida parados contemplando lo que Él hace sólo con los brazos cruzados. ¡Quiten la roca!

Hablemos sobre los muertos, y no precisamente sobre los que han experimentado la muerte sino sobre aquellos que aún cuando andan caminando, en la realidad ya no viven.

Y por desgracia nos damos cuenta de que esta nuestra vida es un juego en donde hay pocos jugadores y la mayoría nos conformamos con ser espectadores. Aquellos que sólo miran son las hordas que vagan por la vida sin sueños, sin objetivos, sin planes, sin pensar siquiera en el día siguiente.

¿Eres jugador o eres espectador? ¿Qué deseas de la vida? Date todas las probabilidades de triunfar y si fracasas, aprende a fracasar luchando. Y, es que, no hemos entendido que nuestros mejores rasgos y características pueden debilitarse, al igual que nuestros músculos, si no se emplean constantemente.

8.-     Todo el  mundo reconoce que para vivir es necesario dar, participar, colaborar, sentirse útil,...

Y es que nuestra vida es un proceso de crecimiento. Se empieza exigiendo al nacer, se pasa a dar para recibir, y se descubre la plenitud dando sin esperar.'

En estas condiciones, debemos considerar  que el juicio final no será sólo un día sino que es, ya desde ahora, un tribunal en sesión permanente.

Hay que aprender a dar el paso del deseo al amor, el paso del instinto al servicio en el dar.

El hombre puede tener la seguridad de que nuestro final será el paso y la consecuencia de lo que hayamos hecho en el presente, y a esto no debemos tenerle miedo, a nuestro egoísmo sí hay que tenerle miedo.

Si un embrión pudiera tener conciencia de elección, evitaría abandonar el conocido lugar en el que se va desarrollando y en el que sólo está recibiendo, porque no ve otra realidad.

La placenta del hombre es este mundo y no quiere salir de él porque desconoce la realidad total, porque no puede ver más allá de sus límites, pero si desarrolla ahora sus capacidades más profundas en el amor manifiesto, a través del amor sincero obtendrá una fuerza que es la fe y la esperanza, con esa fuerza podrá vivir cada acontecimiento, aún aquellos que le pudieran resultar difíciles o negativos, no como un obstáculo, sino como sucesos que van construyendo su futuro ya desde el presente.

___________________________________Firmar Libro de visitas

Biblioteca Virtual

Mar02

Feb24
Feb17
Feb10
Feb03
Ene27
Ene20
Ene13
Ene06
Dic30
Dic23
Dic16
Dic09
Dic02

2007

2006

2005

2004