Domingo 21 de Marzo de 2010_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

LA CLOACA SE HA ABIERTO

“En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos y al amanecer se presentó de nuevo en el Templo, donde la multitud se le acercaba; y él, sentado entre ellos, les enseñaba.

Entonces los escribas y fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola frente a él, le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos manda en la ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?” Le preguntaban esto para ponerle una trampa y poder acusarlo. Pero Jesús se agachó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Pero como insistían en su prenguta, se incorporó y les dijo: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”. Se volvió a agachar y siguió escribiendo en el suelo.

Al oír aquellas palabras, los acusadores comenzaron a escabullirse uno tras otro, empezando por los más viejos, hasta que dejaron sólos a Jesús y a la mujer, que estaba de pie, junto a él. Entonces Jesús se enderezó y le preguntó: “Mujer, ¿dónde está los que te acusaban? ¿Nadie te ha condenado?” Ella le contestó: “Nadie, Señor”. Y Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar”.

 

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Momento 2

Momento 3

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   1.-     Todo pareciera indicarnos que los escribas y fariseos no han entendido la dinámica de la misericordia.

¡Sí!, aquellos mismísimos personajes que el domingo pasado provocaron que el Señor sacara del tintero del corazón de Dios la así llamada: “Parábola del Hijo pródigo”, hoy nos ofrece una página hasta cierto punto incómoda para más de uno de los que estamos en este ejercicio de comunicación.

Que ésta es una página molesta lo podría demostrar nuestra propia actitud ante una situación idéntica en la actualidad...

Pero dejemos nuestro cuadro personal a un lado para así dirigirnos al cuadro evangélico: ”Ahí vienen los escribas y los fariseos, y esta vez se enfrentan con Jesús cara a cara”.

2.-     Jesús está enseñando en el patio del templo, después de una noche de oración. De pronto, el círculo de los oyentes se abre al escucharse un barullo que poco a poco se vuelve ensordecedor. Y ahí aparecen ellos, los impecables empujando groseramente a una mujer de “mala vida”.

Ni siquiera se atreven a tocarla, sólo la avientan, tienen miedo a contaminarse: ella es “impura” y ellos son los más “puros”.

 “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio...” ¿Qué mejor lugar para acusarla y, qué mejor lugar para poner a prueba al Nazareno, que el mismísimo Santuario de Dios?... la estuvieron espiando a ella y a Él, aguardando con paciencia y finalmente a ella la sorprendieron pecando y a Él enseñando. Un momento “providencial” para sus pretensiones y Providencial para las necesidades del mundo entero. Perdóname que te lo diga de esta manera, pero en sus palabras se vislumbra toda la satisfacción animal que tiene el sabueso que estuvo olfateando pacientemente hasta que agarró a su presa, y podría decirte que la presa más que ella es Él...

 “Maestro: Moisés nos mandó en la ley apedrear a estas mujeres...”. La estrategia es por demás inteligente: Moisés y la ley, referidos en el Santo Templo,... un callejón sin salida ante una multitud que le escucha y que está embelesada por su doctrina. Y es cierto. Cuando se pone un artículo de la ley de Moisés al lado de un pecado concreto, la conclusión surge con rigor matemático, como una operación aritmética: uno más uno tiene que ser dos, dos más dos son cuatro y no hay de otra..., pero,... si en la lógica de Dios Él quiere que uno más uno sean tres o que dos más dos sean uno... ¿no nos llegaría a molestar a nosotros? Pero tenemos que entender que las cosas cambian cuando al lado de un código se pone una persona, y no un pecado.

Pero también son éstas situaciones algo que los hombres no suelen comprender. Demasiadas complicaciones, demasiados dolores de cabeza; ¿a dónde iríamos a parar? Y las manos ya están deseosas de lanzar las piedras ¡no para acabar con el pecado, sino para acabar con los pecadores!

3.-     Oye Maestro,... pst, pst, ¡hey! ¿Tú que dices?. La trampa ha sido bien preparada con una perfidia bien calculada. Si dices “sí” pierdes y si dices “no” pierdes. La moneda está en el aire si cae una cara pierdes y si cae otra cara también pierdes. ¿Tú qué dices Maestro? ¿Te acuerdas que tú mismo habías afirmado que no venías a abolir la ley sino a darle cumplimiento? Por tanto, según la ley, esta mujer debe ser condenada, ¡debe morir! Al mismo tiempo si la condenas, vas a perder esa aureola de “misericordioso” que te has ganado, y perderías ese título de amigo de los pecadores, que te has granjeado ante el pueblo, sí la condenas, contradirías la parábola del Hijo Pródigo.

Pero si la dejas libre, demostrarás que estas pisoteando la ley, y lo harás aquí mismo en el Santuario del Dios santísimo, el mismísimo lugar que más adelante utilizaremos para condenarte a ti: Te tacharemos de hereje. Nuestra estrategia es perfecta.

Y, pareciera como si Jesús se desiteresase de la trampa que habían tendido a sus pies, y se inclina a los pies de ellos y a los de aquella mujer.

4.-     “Inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra”... ¿qué habrá escrito?...

Los comentadores se han lucido con muchísima imaginación en la interpretación del contenido de aquella escritura del Señor.

San Jerónimo afirma rotundamente que se puso a escribir la lista de los pecados de los acusadores.

Algunos afirman que era un gesto de la nueva creación, pues sus mismas manos habían sacado del polvo al hombre en los principios, algunos otros opinan que les está manifestando la consistencia de polvo que ellos tienen en el corazón como para convertirse en los jueces de aquella mujer.

Mauriac insinúa que lo hizo para no mirar a los ojos de la adúltera, evitando que se sintiera a disgusto y aumentara en ella la vergüenza. ¡No me parece esto muy conveniente!

5.-     Creo más bien, aunque es sólo una opinión, que con quienes no quiso cruzar la mirada fue con los acusadores. Y es que los ojos de aquella mujer como los de cualquier persona que reconozca su condición pecadora no se sienten dignos de mirar al Dios de la misericordia. Pero aquellos ojos de los pecadores, que se han automaquillado de puros y se atreven a condenar a su propio hermano constituyen un espectáculo de una falta de conciencia tan repugnante, que ni siquiera Jesús lo puede soportar.

Pero ellos insisten, y no se dan cuenta de que están dejando la cloaca al descubierto. Quieren conseguir la sentencia a cualquir precio.

6.-     Entonces Jesús se incorporó y les dijo: adelante, condénenla; lapídenla según la ley. Pero sólo les pido una cosa: aquel de ustedes que esté libre de pecado, que sea el primero en arrojar la primera piedra...

Y sucedió entonces como si hubiesen levantado la tapa de una alcantarilla. Un hedor terrible iba diseminándose en el medio ambiente.

Y cada uno de aquellos hombres tuvo que reconocer que el hedor brotaba de su propia pudredumbre interior, de esa descomposición orgánica que viene con el propio pecado de cada uno de ellos, incluso de aquellos que parecían estar tan ocultos, les iban invadiendo y les quitaba poco a poco las fuerzas e iban dejando caer las piedras al suelo, y es que de pronto se volvieron tan pesadas como el plomo,...

En realidad, su propio artificio se volvió contra ellos mismos, estaban en el mismísimo santuario de Dios, y aunque ellos no lo reconocieran ante el mismo Dios que conocía a la perfección su propio interior, y aunque no lo reconocían, allí por lo menos en el Santuario no podían falsear las palabras...

Y Jesús sigue sin mirarles a la cara. Se Inclina de nuevo, escribe en la tierra... Y ellos se iba retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta que no quedó ninguno.

7.-     ¡Oye! ¿No te has preguntado: Por qué precisamente empezaron los más viejos?

¿Quizá porque el más viejo es el que tiene más pecados?

¿O, quizá, porque los más viejos fueron los más prudentes y se quedaron afuera del círculo, enviando a los más jóvenes por delante, para no dar ellos la cara ante el maestro?

Probablemente por ambos motivos a la vez. Y yo añadiría un tercer motivo: los viejos están más maliciados; saben por experiencia, cómo van a terminar esos encuentros con el Nazareno. Corren el riesgo de terminar avergonzados ante todos. Más vale batirse en retirada, apenas asoma el peligro, antes de que suceda lo irremediable. No vaya a ser que a Jesús se le pueda ocurrir decirle a alguno: Oye, tú, sí tú el que está al fondo. Pero sí el otro día..., a tal hora, en tal lugar, hiciste...., dijiste..., pensaste...? En realidad, el maestro no suele obrar así, pero todos somos propensos a que se pudiera exhibir nuestra vida oculta, y es mejor, no correr el riesgo de que identifiquen mis repugnantes aromas.

8.-     Se van. Quizás masticando rabia. Pero se van. El seguro de la trampa se ha desprendido y ha volado por los aires, y ha caído sobre ellos mismos.

Se hace el vacío. El tribunal ha dejado repentinamente solas las butacas y el presidium. Se queda sólo Jesús ante la mujer.

Aquella mujer se va recobrando del miedo que la aplastaba como una tenaza implacable.

Incorporándose Jesús le dijo: -mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?

9.-     Finalmente estaba ante un hombre que le miraba sin despreciarla.

Nadie, Señor. -Jesús le dijo: Tampoco yo te condeno.

Yo no te condeno. Dentro de poco yo seré condenado en tu lugar. Yo pagaré por tu pecado. Vete y en adelante no peques más.

Mujer, ya no hagas daño. A mí  no me haces daño, pero debes dejar de hacerle daño también a los demás.

Ya no pecaría más ¿Cómo iba a tener ganas de pecar en adelante? Se sentía curada para siempre por aquella mirada que la había salvado de todos. Perseguida, penetrada, invadida por el recuerdo de una bondad, de un afecto tan tierno; ya no tendría necesidad de llenar su pobre vida de pecados. Se marchó agradecida, no condenada.

Fue suficiente una mirada de bondad, una palabra limpia, un gesto de amigo, para poner a aquella mujer de pie, para transformarle la existencia.

Y también Jesús se fue del Templo. Había logrado aumentar su clientela reclutada en los bajos fondos, entre aquellos que la malicia de los hombres había apartado desdeñosamente.

 “Lo que estaba perdido...”

Con aquellos individuos, con aquellos que eran considerados basura entre los fariseos, su paraíso no se quedaría vacío.

 

 

EL FANGO EN LAS MANOS.

“En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos y al amanecer se presentó de nuevo en el Templo, donde la multitud se le acercaba; y él, sentado entre ellos, les enseñaba.

Entonces los escribas y fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola frente a él, le dijeron: “Maestro, estamujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos manda en la ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?” Le preguntaban esto para ponerle una trampa y poder acusarlo. Pero Jesús se agachó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Pero como insistían en su prenguta, se incorporó y les dijo: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”. Se volvió a agachar y siguió escribiendo en el suelo.

1.-     En este Evangelio, pareciera como si nos estuviéramos contemplando en el espejo.

Un episodio como el de Cristo y la adúltera debería ser suficiente para quitar de la boca de un cristiano toda palabra de condenación contra un hermano y para desvirtuar todo gesto de castigo.

Pero no es así. Un episodio de tanta energía no ha logrado desaparecer uno de los oficios más antiguos del mundo, y no me refiero a la prostitución, sino a la pretensión de estar una y otra ocasión confesando, exhibiendo y acusando los pecados ajenos.

Un oficio o quizá un juego en el que se ejercita la sociedad. Incluso es el juego de una sociedad cristiana y de la pseudocristiana.

Aquel que no haya tomado parte en él, que tire la primera piedra,... ¡perdón!,... quise decir que levante la mano. Oye, ¿y por qué tú y yo traemos piedras en las manos que hemos levantado?

2.-     ¡Tienes toda la razón! Algunos no traemos piedras, y es que lo que pasa es que somos menos “primitivos”, somos menos violentos en la ejecución. Muchos hemos cambiado las piedras por el fango, y nos dedicamos en la vida no a predicar el Evangelio sino a estar tirando lodo hacia todas partes, y todos, absolutamente todos los que no están conmigo, en mi grupo, son unos pecadores, hijos de satanás, ellos son la prostituta del apocalípsis, son los luciferianos, nosotros en cambio, somos los santos de los últimos días, los perfectos, la iglesia de la luz del mundo, los verdaderos testigos de Jehováh, los puros, los del ejército que va a obtener la salvación, los que hemos ingresado al castillo del rey, los que somos salvos...

3.-     Somos unos obstinados entrometidos: policías, espías, jueces, fiscales, ejecutores. Todo a la vez.

Pero el oficio cristiano no lo cumplimos: el de verdaderamente ayudar al hermano. Ni siquiera en los tiempos libres. Ni siquiera como un hobby. Estamos demasiado ocupados lanzando fango al rostro del hermano. Estamos demasiado ocupados en los asuntos de los demás. No nos queda tiempo para vivir como cristianos, pero sí como aquellos fariseos aunque falsamente nos llamemos cristianos.

El Señor Jesucristo, el día de hoy nos invita a la conversión.

4.-     Hablando de conversiones, hoy me asalta en el recuerdo, aquella bella anécdota en la vida de Charles de Foucauld, que él mismo contaba.

El era miembro del ejército francés durante la Primera Guerra Mundial, un buen día presumía las insignias de la milicia ante sus sobrinos, eran demasiadas las distinciones, él les iba explicando el valor y la forma en que había obtenido cada una de ellas.

Todo iba bastante bien, hasta que su sobrina más pequeña le preguntó: “¿Y de Dios qué has obtenido, tío?...” Él se quedó pensativo.

Efectivamente, Charles de Foucauld, uno de los grandes místicos del siglo XX, experimentó un gran vacío en su interior después del ejercicio de las armas.

Fue entonces, que se fue recorriendo las calles de París en la búsqueda del Dueño de la Vida, y en las calles ingresaba a todo templo que se encontraba.

Ingresó a Templos de diferentes denominaciones cristianas y en muchos de ellos salía insatisfecho al escuchar mensajes como este: “Bienvenidos hermanos, aquí nos encontramos los elegidos de Dios, todos aquellos que nos hemos de salvar, nos encontramos en este recinto solamente los santos y los puros”.

Recorrió otros templos, y el mensaje seguía en la misma consonancia, resonancia y repugnancia: “Sean bienvenidos los santos de Dios, los que están en el libro de los elegidos, allá afuera está la escoria, los que están perdidos, los idólatras, los que ofenden a Dios, los que se van a condenar en el intenso, lento y eterno fuego del infierno.”

Seguía Charles de Foucald, en su camino, recorriendo templos sin sentirse a gusto.

Un buen día, llegó a la Iglesia parroquial de San Pablo Apóstol, e ingresó en el preciso momento en que daba inicio la celebración de la Santa Misa. Un sacerdote principiaba la celebración del Señor, con los ritos iniciales: “Hermanos: sean bienvenidos a la Casa de Dios. Antes de empezar a celebrar estos sagrados misterios de la redención, reconozcamos que todos nosotros somos pecadores ante Dios, y que estamos necesitados de su infinita misericordia. Hermanos: les invito para que ante Aquel que conoce el secreto de la vida, y que nos ama tanto y que está siempre dispuesto a perdonarnos, a pesar de nuestras muchas flaquezas, le pidamos perdón por nuestras faltas y nos dispongamos al encuentro con Él, en la mesa de la Palabra y en la mesa de la Eucaristía”.

En ese momento, Charles de Foucald se sintió a gusto y dijo en su interior: “Este es un lugar para mí, aquí están los míos, los pecadores que necesitan de la misericordia de Dios.”

5.-     Muy queridos amigos:

Algunas páginas dolorosas en la historia de la Iglesia, así como de las distintas iglesias y de las sectas, que alguna vez tendremos que meditar con lucidez, ahora cuando de las hogueras quedan solamente los restos carbonizados, constituyen documentación del precio que se ha tenido que pagar por el olvido de esta página incómoda del Evangelio. Hemos olvidado el episodio de la adúltera en la trama de la vida cristiana y nuestra vida ha dejado de ser cristiana.

Se ha llegado a lo increíble: “Yo te mato en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, y esto no tan sólo en la España Católica, también sucedió en la Sálem de las brujas de los cuaqueros; ha sucedido en  Corea de la Iglesia de la unificación; ha sucedido con el Ku Kux Klan que ha persiguido y dado muerte entre otras personas a los que no son protestantes es decir a los católicos en el Missisipi en llamas de 1974; sucedió con los anglicanos que mataron a 21 obispos, a más de 500 sacerdotes y mas de 72 mil fieles, entre ellos a Santo Tomás Moro... y de una u otra forma ha sucedido con todos los contingentes religiosos, bastaría que te preguntarás y respondieras con honestidad: ¿a qué denominación religiosa pertenece un presidente que en el norte de América, que en el nombre de Dios ha desatado una guerra a la que él ha llamado justicia divina?...

¿Hay alguien que haya encontrado la fórmula como para arrancar de la memoria aquella imagen del bebé aniquilado arropadito y con el biberón a un lado, o esa imagen de un niño que perdió sus cuatro extremidades, o ese rostro del niño lastimado por la granada de expansión con sus ojos blanquecinos perdidos en el horizonte de la sinrazón, o esa toma de una niña que ahora necesita protesis para desplazarse? Se hizo,... ¡En el nombre de Dios!

6.-     Pero, dejemos a los demás, y es que es mi vida y mi historia lo que aquí me debe interesar...

Evidentemente, mis pecados son espantosos: me da miedo quedarme sólo con ellos. Y busco la compañía de los pecados ajenos.

Mis virtudes son más bien frágiles, desde el momento en que necesito apuntalarlas continuamente con las culpas verdaderas o imaginarías de los demás.

Me he hecho muy hábil en la retórica como para repartir las responsabilidades del mal que advierto a mi alrededor. Esto para ti. Esto otro también para ti. Y al final no me queda ni siquiera una brizna de culpa en las manos.

7.-     Mientras pronuncio una palabra de condenación, jamás he notado que mis oídos están sangrando ante aquella acusación de Cristo: El que de vosotros esté sin pecado, que arroje la primera piedra. Y es que tengo mis oídos llenos de secresiones, y la verdad es que en las manos no traigo piedras, traigo fango. Y según la opinión de mis asesores doctrinales el fango sí me está permitido, el fango sí que es lícito. Después de todo el fango no hace más que manchar, no hace tanto daño como las piedras.

Para condenar a los demás es preciso ser ciegos. Es más, para condenar a los demás es preciso que suframos de amnesia. Olvidarse de lo que es la realidad más constatable e indiscutible: Soy un pecador.  

Y es este el oficio más antiguo y el que parece no sufrir crisis con el tiempo, y se mantiene en la vigencia: el oficio del hipócrita acusador de los pecados del hermano.

Sin embargo, se trata de un oficio que está fabricando nuestra propia condenación. No hay dudas en este aspecto.

Mis juicios, mis sentencias de condenación, las acusaciones a los otros cuando los calificamos como hijos de satanás, el diablo en persona, son un material precioso. Dios lo conserva celosamente. Lo tiene todo registrado.

8.-     Algún día, en el atardecer dela existencia, me hará escuchar esa cinta magnetofónica. Todo justo, todo perfecto, todo legal.

Y el condenado seré yo mismo.

Se trata de una simple sustitución en el punto de mira.

Por lo demás, lo he buscado yo mismo, así lo he querido yo.

Calumnia, condenación, acusación, condena. Las piedras hacen daño.

Pero el fango no hace daño, es sólo tierra con agua.

El fango sólo ensucia. Sí, el fango ensucia. Y siempre va a parar a donde menos esperamos.

Me miro al espejo y me doy cuenta de que yo también me he ensuciado.

Y de que también el fango que traigo en mis manos ha salpicado el rostro ensangrentado de Cristo.

 

 

 

UNA MUJER LIGERA.

“Al oír aquellas palabras, los acusadores comenzaron a escabullirse uno tras otro, empezando por los más viejos, hasta que dejaron sólos a Jesús y a la mujer, que estaba de pie, junto a él. Entonces Jesús se enderezó y le preguntó: “Mujer, ¿dónde está los que te acusaban? ¿Nadie te ha condenado?” Ella le contestó: “Nadie, Señor”. Y Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar”.

1.-     ¡Qué escena tan más extraña y tan poco esperable! Y,... ¡qué comprometedor puede resultar, el sólo hecho de que se encuentre el Maestro sólo frente a una mujer tan ligera,... demasiado ligera.

No conocemos su nombre, aunque muchos de nosotros después de gastar una gran cantidad de nuestra materia gris lo hemos mezclado con el de María Magdalena, otros hemos dicho que es María la de Betania ¡exactamente la hermana de Lázaro y Martha!, y para ello hemos encendido discusiones interminables, miles de páginas con argumentaciones henchidas de citas, un gran número de referencias marginales en las Biblias comentadas, abundantes de indicios, capaces de desconcertar al más sagaz de los detectives,... y al final, una y otra ocasión, nos hemos dado cuenta de que en realidad solamente sabemos cuál es su profesión, o mejor dicho su actuación: cometer pecados, su  nombre lo desconocemos. Y esto no es algo que sólo sucede con ella, ésto también sucede en nosotros.

Algunos simplifican: las diferentes escenas de mujeres adúlteras nos hablan de una sola mujer. Otros sostienen: son dos mujeres distintas. Otros muchos insisten: no son dos sino tres mujeres diversas. Tratándose de pecadoras, no cuesta nada el multiplicarlas o el reducir en una sola, todas las culpas del mundo, con tal de que nosotros no estemos incluídos en este número...

2.-     De todos modos, a aquella mujer que iba siendo arrastrada a empellones, no le quedó mucho tiempo para enseñar ni su carnet de identidad ni su credencial que los censos romanos le emitían para mostrarla a aquellos bien pensantes de aquel entonces que se querían erguir como los bien actuantes, aunque a ellos poco les importan las presentaciones. ¡Oye!,.. pensándolo bien y con un poco de malicia o por lo menos con objetividad, ¿no te parece que si ella fue sorprendida en flagrante adulterio tenían que llevar empujando a dos personas, o por lo menos dejar a los dos personas en paz? Y si fue sorprendida, ¿qué andaban haciendo o qué andaban buscando aquellos que los sorprendieron?

Pero para ellos, las anteriores preguntas no son tomadas en cuenta, incluso podrían acusarnos a cualquiera de nosotros de querer encubrir a un engendro de Luzbel.

Todos se han dado cuenta: se trata de una de “esas”. Es una mujer ligera. Una mujer de la calle.

La desprecian los hombres, pero todos se han servido de ella.

Incluso los virtuosos tiene necesidad de ella, para sentirse buenos, para poder decir: “Yo no he caído tan bajo como ella”. Haberla sorprendido a ella es como una especie de autocanonización, que se funda mucho más en la depravación ajena que en los propios méritos.

3.-     Pero ella también conoce a los hombres. Quizá mejor de lo que éstos se conocen a sí mismos.

Y conoce también a sus mujeres. Las conoce a través de sus maridos... Ella tendría muchas historias reales por contarles a aquellos hombres o, por lo menos, algunas historias hipotéticas por darles a conocer a muchas mujeres, todas esas autojustificaciones de los hombres.

Aquella mujer conoce demasiado bien el hedor de una sociedad corrompida, aún cuando la pestilencia se confunda con el olor del incienso, o brote de aquellos que traen la Biblia bajo el brazo.

Ella conoce a las personas honradas. Aquellas que se cubren de honestidad, como si se tratase de una crema para la piel. Pero ella sabe, que bajo la mascarilla de moralina e hipocresía está todo lo demás.

¡No!, ella no se deja sorprender por las apariencias, ni por los carnets de aquellos que sí están gritando a los cuatro vientos su larga lista de credenciales amparados bajo un peinado impecable y una corbata reluciente,... o una falda que llega hasta los talones y una Biblia bajo el brazo y una revista en la otra mano.

Conoce a aquellos que sí están obligados a recitar sus muchos méritos diciendo: “Somos salvos”, y a ponerse la careta de la hipotética virtud para así esconder la escoria.

Ella, por lo menos, tiene el mérito de presentarnos su verdadera cara, una cara demasiado conocida por muchos. No muy limpia que digamos, pero su cara al fin de cuentas.

4.-     Y, en lo más profundo de su alma, ella conserva sin lugar a dudas el mejor de los secretos que defiende celosamente, y que Jesús supo descubrir inmediatamente al ver su cara.

¿Qué es lo que veían aquellos hombres en esta mujer? A una desvergonzada. Veían sólo fango y oscuridad. Veían a alguien irrecuperable.

Jesús no. El no se resigna. Más aún precisamente por personas como ella Él ha venido al mundo. Y es que Él dirige la mirada a lo más profundo que hay en ella, por debajo de la mezquindad y la miseria. Y tras haber superado el túnel oscuro de la malicia, los ojos de Cristo se posan en algo que queda aún “intacto”, hay algo puro en ella bajo la barrera de la maldad, algo queda de la infancia, aunque haya que ir a buscarlo muy en el fondo.

Y es que no nos damos cuenta de que, como lo ha mencionado Paul Claudel, aún en el avaro más roñoso, en lo más profundo de una perdida prostituta y del borracho más irrecuperable existe un alma inmortal, santamente ocupada en respirar, que, excluida de día, practica la adoración nocturna.

5.-     Se trata del secreto de personas nobles en algún momento venidos a menos, arrinconados en una escuálida mazmorra, y que guardan en el fondo de un arca una joya minúscula que les recuerda los tiempos dichosos. También ella. Una existencia destrozada, pero existencia al fin.

Y allí, en un rincón, en un ángulo de la existencia, protegido contra las desilusiones en serie y las experiencias más degradantes, hay un trozo de esperanza. Esperanza de encontrar a alguien que no la considere solamente como un instrumento de placer, sino a alguien que en realidad le ame. Esperanza de poder ofrecerle su corazón. Esperanza cada vez más lejana, pero esperanza al fin que le permitiría volver a empezarlo todo de nuevo, de partir un día otra vez de cero. Esperanza de ser tratada como persona y de ser comprendida.

6.-     Pero, a los ojos de aquellos hombres estos anhelos resultaban difíciles, o mejor dicho imposibles. A los ojos de aquellos hombres ella era simplemente una pecadora. Pero por dentro todo era distinto, y Dios bien lo sabía, y ella bien sabía que Dios lo sabía.

Y allí estaban aquellos hombres a la espectativa acompañados de sus malos pensamientos. Dostoievsky nos advertía de que sí los pensamientos de los hombres oliesen, se esparcería por el mundo un hedor insoportable y todos huirían afectados por la peste.

Cristo no sólo percibía el olor de ciertos pensamientos, sino que los conocía como si fuese un discurso en voz alta, y nada le llega a provocar la más ingrata de las sorpresas que esa necedad que brota de nuestra incapacidad de reconocer nuestra propia necesidad y de acusar las necesidades de los demás.

7.-     Y es aquí en donde vamos perdiendo. No queremos darnos cuenta de que todas esas veces en que empujamos a las personas hacia el rincón inevitable de una condenación, que brota de ese querer imponernos sobre los demás, nos provoca las peores pérdidas al perderlos a ellos. En la contienda del orgullo, todas esas ocasiones en que vencemos en una discusión con nuestra contundencia, vamos perdiendo lo más importante: las almas.

El pecador como persona y como hijo de Dios, mucho más que estar necesitando de la condenación está necesitando del perdón. Y es esta la comprensión del Señor.

“El que esté libre de pecado que tire la primera piedra...”

8.-     Un cepillazo en ese Taller de Nazaret trasladado a Jerusalén, y que es capaz de levantar esa piel, delicada, de todos los fariseos y escribas de aquel entonces y de éste entonces, incluso aquellos que hablamos a través de la radio o en la predicación, y la de aquellos que están escuchando y que esto pareciera empezarles a molestar.

Y ellos se alejaron, todavía con sus pensamientos escondidos. Pero sus murmuraciones y escándalos no le impiden a Jesús que realice hasta el fondo su acción de recuperación de la mujer.

“Mujer, ¿dónde están los que te acusan? ¿Nadie te ha condenado?”.

“Nadie, Señor”.

9.-     El estrépito de los pensamientos y los gritos que brotan de los malos sentimientos de aquellos que se alejaban en el silencio no perturba en lo más mínimo la fórmula de la absolución que Jesús pronuncia con solemnidad: “Mujer, yo tampoco te condeno. Vete y no peques más”.

El efecto del perdón lo llevas en tu interior: la paz, ¡vete en paz!, no destruyas lo que estás recibiendo.

La mujer se va. Todos consideraban que habían traído ante el Señor a una mujer demasiado ligera...

Aunque en verdad solamente ahora ella se siente verdaderamente ligera. Su caminar es ahora distinto. El Señor le ha quitado del fondo del alma la loza que le había vuelto difícil el caminar.

Cristo le ha devuelto un corazón nuevo, puro y fresco como el de un niño. Ahora puede volver a amar de verdad. Porque se ha sentido amada.

10.-   Y será el amor lo que le impida ser mala, no la condenación ni esas piedras o el fango que el hombre traía en las manos.

En realidad, la mujer adúltera nunca olvidará la experiencia de perdón que Jesús les ha ofrecido. Jamás podrá arrancar de su corazón lo que aconteció con su vida después de encontrarse con el Nazareno.

Y aquellos fariseos, que querían estudiar las reacciones de la misericordia en el corazón de Dios, tienen que alejarse del Templo, y darse cuenta de que sí quieren ellos conocer algo sobre aquel que verdaderamente habita en el Templo de la majestad, se verán obligados a dirigirse a aquella mujer.

Y con ellos todos las personas virtuosas de este mundo.

11.-   El amor cristiano debe ir más allá de los vicios, más allá del hedor de los demás. El amor nos debe sumergir en la hondura y buscar, descubrir, despertar, urgar hasta encontrar todo lo que hay de intacto y puro, incluso en aquellos seres que catalogamos como los más perversos.

Y es esto lo que podrá despertar lo mejor que hay en ellos y descubrirlo de nuevo. Al fin, aquella mujer experimentó la bondad de una vida auténticamente ligera.

 

 

 

LIGERO DE EQUIPAJE.

“Entonces Jesús se enderezó y le preguntó: “Mujer, ¿dónde está los que te acusaban? ¿Nadie te ha condenado?” Ella le contestó: “Nadie, Señor”. Y Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar”.

1.-     Muy queridos amigos:

Una visión muy actual de aquello que es nuestra Iglesia se la debemos al Papa Juan XXIII, el Papa llamado bueno, el cual al hablar sobre la Iglesia la definió como Madre y Maestra.

Al hablar de la Maternidad de la Iglesia el Papa nos habló sin duda de la función de su fecundidad, lo mismo que del amor que nuestra Iglesia debe manifestar para con todos aquellos que al ser engendrados en la pila bautismal por el agua y el Espíritu somos sus hijos. Hablar del lugar que tiene la Iglesia como Maestra nos debe recordar su segunda función: conducir, educar, alentar, corregir y orientar a todos aquellos que el Señor le confió.

La Iglesia es Madre y es Maestra: Se trata de experimentar a todos los hombres como sus hijos y se trata de la labor de procurarles aquellos alimentos que realmente les nutran, aunque en ocasiones no sean tan apetitosos, y es que tanto en el alimento como en el medicamento, y así en la oración como en el buen consejo, algo no tiene porque ser totalmente del agrado como para que nos sea de gran provecho.

2.-     Hoy en la primera lectura del profeta Isaías se resaltan estos dos elementos en Dios: Dios como Padre quiere que brote algo totalmente nuevo en la vida de sus hijos, y como Maestro de los hombres quiere que su pueblo supere todo aquello que en el pasado y en el tiempo antiguo pudo haber sido infructuoso.

Se trata de ese lenguaje de la misericordia y de ese mensaje de corrección que también nos ofrecen las actitudes de Jesús en el Evangelio. Y es que sólo se podrá hablar con toda propiedad sobre Dios cuando hayamos aprendido el lenguaje de la misericordia y cuando este lenguaje nos haya transformado. ¿Quiéres tener una definición sobre lo que es Dios? Tendrás que aprender que Él se define como el que ama y como Aquél que sabe perdonar a todos los hombres.

3.-     Y éste es también el mensaje del Evangelio en el día de hoy: Dios le da siempre una oportunidad a la persona frágil independientemente del pecado que se hbiese cometido. El Señor nos invita a reconocer que todos los seres humanos ante Dios pueden tener un cambio de vida siempre y cuando ingresen en la lógica de la misericordia divina. Qué ante Dios, sea cual fuere nuestra forma de vida y sean cual fueren nuestros muchos tropiezos tú y yo seguimos siendo personas y que para Él todos merecemos respeto y una nueva oportunidad.

Cuando para cualquier hombre su historia y sus horas se les haya terminado, cuando para aquellos que te rodean, tu vida se te haya ido de las manos, Dios siempre tiene preparado un nuevo proyecto.

Hoy, el Señor nos invita para que saquemos del casiller a nuestros hermanos para así quitarles esa etiqueta inamovible que les hemos colocado injustamente en su frente.

4.-     Jean Anouilh, el escritor francés,nos relata en su drama “VIAJERO SIN PASADO” una historia que nos puede ayudar a comprender el pecado en el que incurrimos todos aquellos que no dejamos que el otro pueda ser mejor y que con ello anulamos su proyecto, nuestro propio proyecto y el proyecto de Dios.

 “Un joven soldado había recibido durante la guerra un disparo en la cabeza que le privó completamente de la memoria. Llega un momento en que ya no sabe ni como se llama, ni de dónde es, ni reconoce a su familia. La noticia de este caso se difunde por la radio y la prensa con la petición de que se presenten en el cuartel los posibles parientes. Tras haberse recibido una serie de comunicaciones, el joven es enviado en una gira con el objeto de que se presente y se cerciore de si realmente son sus padres algunos de los que se han puesto en comunicación.

En los primeros casos no se trata más que de referencias erróneas con sus consiguientes decepciones, hasta que una familia al verlo exclama a coro: ¡Pero si es nuestro hijo! ¡Es nuestro hermano! Se trata de una familia solvente de la sociedad. Pero mientras que los suyos lo reconocen, él, el hombre sin memoria, sigue sin poder recordar y sintiéndose incapaz de participar y terriblemente extraño en medio de los suyos.

Entonces se les ocurre una brillante idea: le intentan refrescar la memoria recordándole algunas de las impresiones más fuertes de la juventud. Le llevan, por ejemplo, a una escalera en el segundo piso de la construcción, desde la cual empujó en una ocasión lleno de ira a un compañero de juegos que al caer se le rompió el cuello y un brazo: un tremendo recuerdo de la juventud que le estaba impactando en la memoria. Pero aún y con las imágenes que empiezan a moverse en su memoria, él permanece inalterable; parece que su memoria le traiciona. Lo toma entonces una empleada de la casa a la que le había causado mucho daño con sus travesuras de niño y ésta le pregunta entre lágrimas si ya no se acuerda de lo que le había hecho.

Al fallarle de nuevo la memoria, ella le ofrece una prueba de su identidad aludiendo a una mancha de nacimiento que lleva en su cuerpo. Ante un espejo constata que así es y parece que ya no puede escapar a la evidencia de quién es él.

De pronto aquel joven que vivía solamente en el presente y que no tenía otra cosa que la forja de un futuro, se encuentra con un pasado. De pronto aquel joven que viajaba sin equipaje se encuentra con una gran carga de culpas.

Aunque el joven lo recuerda, en realidad no lo soporta y se calla lo que ha conocido de repente. Ahora finge incomprensión.

Resulta que hay otra familia que también ha pasado aviso de que su hijo no ha regresado de la guerra, y entonces va a visitarla aunque es consciente de que ya no tiene sentido la búsqueda. También la nueva familia cae inmediatamente en la cuenta, en cuanto la ve, de que no es su hijo, pero por alguna razón aquella familia humilde necesita un hijo varón que ayude a aquel hombre anciano en los trabajos del campo y así se pone de acuerdo él con aquella familia para fingir que es su hijo.

¿Por qué? Por la sencilla razón de que allí podrá comenzar de nuevo, porque podrá ser un hombre sin pasado, ser ese viajero sin equipaje y únicamente disponer de su futuro.

5.-     Esta es nuestra historia y, por ejemplo, esta es la desgracia de los que abandonan la cárcel o salen del tutelar de menores: se les continúa identificando perpetuamente con su acción pasada y no reciben más que negativas en su vida de exclaustración que se les empujará nuevamente a la enclaustración,... y esta es la desgracia de muchos de nuestros seres más queridos: el estar enclaustrados en la cárcel de nuestra condena.

La conversión y nuestro recibir el perdón debe significar para todos nosotros: lograr un nuevo y prometedor futuro, que me quiten el equipaje de errores, que se quede el pasado en el pasado y que se escriba un nuevo capítulo en la historia de mi existencia. Sanar porque el médico divino me ha tocado,... se trata de una historia nueva porque el pecador ha tenido frente a sí mismo al Divino Redentor.

6.-     Cristianamente la conversión es también dejar a Cristo que Él cargue sobre sí mis propios pecados, que los lleve en mi lugar y recibir una nueva oportunidad.

Cuando Dios perdona no es que se refiera sobre el hombre como el que hizo tal o cual cosa, sino como aquel con el cual, a pesar de todo lo que haya hecho, se puede hacer algo nuevo.

Cristo se ha acercado a cada uno de nosotros y se ha llevado mi pasado para que yo tenga una nueva oportunidad y consiga un nuevo futuro en una nueva historia y un nuevo proyecto.

Pero,... pensemos en este momento en cómo las cadenas de nuestras etiquetas hacen que no creamos en el proyecto nuevo que representa nuestro hermano: ¡Ah!, sí, es mi esposa, ¡Ah!, así es tu papá. ¡Ah!, tú sabes como son los hijos. ¡Ah! Es la mujer de mala vida, aquella que solamente es conocida por sus malas acciones.

Esas etiquetas que ponemos a las personas son las que no les permiten cambiar. Los metemos en el casiller y no permitimos un cambio en sus personas.

Aquellos escribas y fariseos, doctos en la ley de Moisés que la citan con astucia y que critican a Jesucristo por sus actitudes de misericordia, adolecen por la falta de comprensión sobre la única lección que no deberían haber olvidado: la lección de la misericordia de Dios.

7.-     Y es esta la mejor de las noticias para nosotros:Dios siempre tiene tiempo para ofrecernos un futuro y una eternidad mientras que en el reloj de nuestra vida tengamos aunque sea un poco de tiempo, un resquicio, un grano en el embudo de los instantes.

Podemos pensar en grandes personajes y hablar de su conversión al cristianismo, hablar de cuando el médico divino vino a ofrecerles la vida nueva.

El inglés Gilbert Keith Chesterton se convirtió y fue bautizado cuando tenía 48 años de edad. El filósofo existencialista francés Gabriel Marcel (muerto en 1973), escritor, filósofo, dramaturgo se convirtió al catolicismo y se bautizó en 1929, a la edad de cuarenta años.

Allí está el escritor italiano  Giovanni Papini, quien por su parte, se convirtió al catolicismo cuando en 1920 estando en un hospital, se acercó un sacerdote y le dijo si quería dialogar. Tras charlar un rato, Papini le dijo que se sentía insatisfecho con 39 años de vida y aunque ya había escrito varios libros (“tragedia cotidiana”, “experiencia futurista”) sentía que las manos las tenía vacías, y entonces le mostró sus manos. El sacerdote le pidió que repitiera el gesto. Al hacerlo, le colocó en las palmas un crucifijo, añadiendo: “Esas manos ya están llenas...”

De hecho, cuando un año después ya restablecido, escribía: “La Historia de Cristo”, él manifestaba que veía en el mundo una gran Cruz invisible, plantada en medio de la tierra: “Bajo esa cruz gigantesca, goteando sangre todavía, van a llorar y buscar fuerza los crucificados en el alma.”

8.-     Debemos predicar palabras que traspasen el corazón y no que se queden en una sola acaricia cutanea. La Palabra de Dios debe llegar hasta la médula de los huesos y no quedarse en una sola acción epidérmica.

Se trata de aceptar ubicarnos entre la espada y la pared y aceptar la acción del Evangelio de Jesucristo. Para ello, no importan las complejas argumentaciones ni la sutileza de las palabras en las interpretaciones, se trata de algo más que provocar vagas emociones o irritaciones fatigosas.

Conversión significará una historia nueva, una historia vuelta al revés con respecto a nuestras viejas y despreciables costumbres. La vocación cristiana es un encuentro personal, un seguimiento entusiasmado y una relación de amistad personal con Dios.

Al mismo tiempo, aquel que ha descubierto a Jesús debe preocuparse por comunicar su experiencia a los demás, como lo hizo aquella mujer.

 

 

LA CLOACA SE HA ABIERTO.

“En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos y al amanecer se presentó de nuevo en el Templo, donde la multitud se le acercaba; y él, sentado entre ellos, les enseñaba.

Entonces los escribas y fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola frente a él, le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos manda en la ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?” Le preguntaban esto para ponerle una trampa y poder acusarlo. Pero Jesús se agachó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Pero como insistían en su prenguta, se incorporó y les dijo: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”. Se volvió a agachar y siguió escribiendo en el suelo.

1.-     Que ésta es una página molesta del Evangelio lo podría demostrar nuestra propia actitud ante una situación idéntica en la actualidad...

”Ahí vienen los escribas y los fariseos, y esta vez se enfrentan con Jesús cara a cara”.

2.-     Jesús está enseñando en el patio del templo, después de una noche de oración. De pronto, el círculo de los oyentes se abre al escucharse un barullo que poco a poco se vuelve ensordecedor. Y ahí aparecen ellos, los impecables empujando groseramente a una mujer de “mala vida”.

Ni siquiera se atreven a tocarla, sólo la avientan, tienen miedo a contaminarse: ella es “impura” y ellos son los más “puros”.

 “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio...” ¿Qué mejor lugar para acusarla y, qué mejor lugar para poner a prueba al Nazareno, que el mismísimo Santuario de Dios?... la estuvieron espiando a ella y lo estuvieron espiando a Él, aguardando con paciencia y finalmente a ella la sorprendieron pecando y a Él enseñando. Un momento “providencial” para sus pretensiones y Providencial para las necesidades del mundo. En sus palabras se vislumbra toda la satisfacción animal que tiene el sabueso que olfateó pacientemente hasta que agarró a su presa, y la presa más que aquella es Él.

 “Maestro: Moisés nos mandó en la ley apedrear a estas mujeres...”. La estrategia es inteligente: Moisés y la ley, referidos en el Templo,... un callejón sin salida ante una multitud que le escucha, embelesada por su doctrina. Y es cierto. Al poner un artículo de la ley de Moisés al lado de un pecado concreto, la conclusión surge con rigor matemático, como una operación aritmética: uno más uno tiene que ser dos, dos más dos son cuatro y no hay de otra..., pero,... si en la lógica de Dios Él quiere que uno más uno sean tres o que dos más dos sea uno... ¿no nos llegaría a molestar a nosotros? Pero tenemos que entender que las cosas cambian cuando al lado de un código se pone una persona, y no un pecado.

Pero también son éstas situaciones algo que los hombres no suelen comprender. Y las manos ya están deseosas de lanzar las piedras ¡no para acabar con el pecado, sino para acabar con los pecadores!

3.-     Oye Maestro,... ¿Tú que dices?. La trampa ha sido bien preparada con una perfidia bien calculada. Si dices “sí” pierdes y si dices “no” pierdes. La moneda está en el aire si cae una cara pierdes y si cae otra cara también pierdes. ¿Tú qué dices Maestro? ¿Te acuerdas que tú mismo habías afirmado que no venías a abolir la ley sino a darle cumplimiento? Por tanto, según la ley, esta mujer debe ser condenada, ¡debe morir! Al mismo tiempo si la condenas, vas a perder esa aureola de “misericordioso” que te has ganado.

Pero si la dejas libre, demostrarás que estás pisoteando la ley, y lo harás aquí mismo en el Santuario del Dios Santísimo,… el lugar que utilizaremos para condenarte a ti: Te tacharemos de hereje. Nuestra estrategia es perfecta.

Y, pareciera como si Jesús se desinteresase de la trampa que habían tendido a sus pies, y se inclina a los pies de ellos y a los de aquella mujer.

4.-     “Inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra”... ¿qué habrá escrito?...

Mauriac insinúa que lo hizo para no mirar a los ojos de la adúltera, evitando que se sintiera a disgusto y aumentara en ella la vergüenza. ¡No me parece esto muy conveniente!

5.-     Creo más bien que con quienes no quiso cruzar la mirada fue con los acusadores. Y es que los ojos de aquella mujer no se sienten dignos de mirar al Dios de la misericordia. Pero aquellos ojos de los que se han automaquillado de puros y se atreven a condenar a su propio hermano constituyen un espectáculo tan repugnante, que ni siquiera Jesús lo puede soportar.

Pero ellos insisten, y no se dan cuenta de que están dejando la cloaca al descubierto. Quieren conseguir la sentencia a cualquir precio.

6.-     Entonces Jesús se incorporó y les dijo: adelante, condénenla; lapídenla según la ley. Pero sólo les pido una cosa: aquel de ustedes que esté libre de pecado, que sea el primero en arrojar la primera piedra...

Y sucedió entonces como si hubiesen levantado la tapa de una alcantarilla. Un hedor terrible iba diseminándose en el medio ambiente.

Y cada uno de aquellos hombres tuvo que reconocer que el hedor brotaba de esa descomposición orgánica que viene con el propio pecado de cada uno de ellos, incluso de aquellos que parecían estar tan ocultos, les iban invadiendo y les quitaba poco a poco las fuerzas e iban dejando caer las piedras al suelo, y es que de pronto se volvieron tan pesadas como el plomo,...

En realidad, su propio artificio se volvió contra ellos mismos, estaban en el mismísimo santuario de Dios, y aunque ellos no lo reconocieran estaban ante el mismo Dios que conocía a la perfección su propio interior, y allí por lo menos en el Santuario no podían falsear las palabras...

Y Jesús sigue sin mirarles a la cara. Se Inclina de nuevo, escribe en la tierra... Y ellos se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta que no quedó ninguno.

7.-     Se van. Quizás masticando rabia. Pero se van. El seguro de la trampa se ha desprendido y ha volado por los aires, y ha caído sobre ellos mismos.

Se hace el vacío. El tribunal ha dejado repentinamente solas las butacas y el presidium. Se queda sólo Jesús ante la mujer.

Incorporándose Jesús le dijo: -mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?

9.-     Finalmente ella estaba ante un Hombre que le miraba sin despreciarla.

Nadie, Señor. -Jesús le dijo: Tampoco yo te condeno.

Yo no te condeno. Dentro de poco yo seré condenado en tu lugar. Yo pagaré por tu pecado. Vete y en adelante no peques más.

Mujer, ya no hagas daño, ya no te hagas daño. A mí  no me haces daño, pero debes dejar de hacer daño también a los demás.

Ya no pecaría más ¿Cómo iba a tener ganas de pecar en adelante? Se sentía curada para siempre por aquella mirada que la había salvado de todos. Invadida por el recuerdo de una bondad, de un afecto tan tierno; ya no tendría necesidad de llenar su vida de pecados. Se marchó agradecida, no condenada.

Fue suficiente una mirada de bondad, una palabra limpia, un gesto de amigo, para poner a aquella mujer de pie, para transformarle la existencia.

Y también Jesús se fue del Templo. Había logrado aumentar su clientela reclutada en los bajos fondos, entre aquellos que la malicia de los hombres había apartado desdeñosamente.

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