Domingo 18 de Mayo de 2008_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

EL AMOR ES CAUSA NO EFECTO.

“Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios”.


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1.- Estimados amigos:

Hablar de la Trinidad es hablar de la única historia cristiana sobre Dios, así como hablar de la única posibilidad de que nuestra historia sea verdadera y auténticamente cristiana.

Y esta historia cristiana no es otra historia que la historia del amor. Se trata de una historia de amor en la que el Dios de todo y de todos ha querido ingresar en las coordenadas de nuestra propia historia y con ello ha conseguido que los hombres pudiésemos traspasar nuestras propias coordenadas, y que, a través de ello, pudiésemos escribir nuestra propia historia, allá en donde no existen las coordenadas y en donde el tiempo no tiene otro nombre sino el de la eternidad.

2.-     Esta es la historia del Amor, que nos manifiesta la historia de Dios y que se convierte en la historia del hombre.

Se trata de la historia de Dios puesto que el amor tiene su orígen en el Dios que ha creado al hombre a su imagen y semejanza; pero una historia que ha tenido su razón de ser, su esencia, su fundamento y su realización en la recreación del hombre efectuada con el sacrificio de Cristo. Y así de esta manera, si bien en el hombre, como íkono de la Trinidad creado en el sexto día del principio de la historia se tiene ya un adelanto de lo incomprensible, en el sexto día de la recreación que efectúa Cristo hemos contemplado y comprendido la certeza de las certezas que sobre Dios el hombre pudiera tener: Dios es el que ama.

La historia del amor es también el proyecto cristiano para la historia del hombre. Así desde su origen, puesto que Dios ha querido que el amor sea uno de los distintivos fundamentales de la persona humana: sólo el hombre es capaz de amar; pero sobre todo en la plenitud, de tal manera que el amor se convierte en el auténtico factor cristiano.

Amor verdadero es el humano y amor eminente es el divino. Se trata de un amor que ennoblece, que enriquece y que nos asemeja a Aquel que es el Amor. El hombre cuando verdaderamente ama se asemeja más a Dios.

3.-     Y es esta la historia del Dios, Uno y Trino y la historia de los que creen, aman y esperan en el Dios, Uno y Trino...

Ninguna prueba del amor divino hay tan patente como la prueba de la encarnación que hoy nos expone el Evangelista san Juan. La prueba por la que el Dios, creador de todas las cosas, se hiciera criatura, la prueba por la que el Señor se hiciera nuestro hermano, la prueba por la que el Hijo de Dios se hiciera hijo de hombre.

Ernest  Bloch, el teórico marxista,  en la página 1482 de su obra “Das Prinzip Hoffnung” (El principio de la Esperanza),  afirmaba:

 “Se reza a un niño nacido en un establo. No cabe una mirada a las alturas hecho desde más cerca, desde más abajo, desde más en casa. Por eso es verdadero el pesebre: un origen tan humilde para un Fundador no se lo inventa uno. Las sagas no pintan cuadros de miseria y, menos aún, los mantienen durante toda una vida. El pesebre, el hijo de carpintero que se mueve entre gente baja y el patíbulo final..., todo eso está hecho con material histórico, no con el material dorado tan querido por la leyenda”.

Se trata del material histórico del amor. Un amor que es tendencia del hombre hacia el bien, y es que sólo el bien es causa del amor.

Si alguna vez alguien ama el mal sería porque lo percibiría como un bien  engañosamente aparente. Y es de esta manera, que cuando un día deja de ser “un bien” aquello que se ama, el amor se corrompe y no da frutos... Esto sucede con el hombre, pero no así con Dios.

En la historia de Dios el amor ha salido de la cuna y se ha proyectado hasta la tumba, y más allá de la tumba.

4.-     Sabemos que el cristianismo no es el monopolio del amor, ni es un amor distinto, nuevo o meramente espiritual: es simplemente el Amor. ¿Su novedad? La esperanza secreta que lleva en sus entrañas, por el hecho de que el amor cristiano no es una flor que muere con el tiempo, sino una flor que sobrevivirá para siempre por ser más fuerte que la muerte. Pero no es un amor distinto, es simplemente el Amor.

En Cristo hemos comprendido que el amor, en su sentido estricto, es la entrega personal y desinteresada por otra persona y con ello hemos comprendido que el amor se manifiesta a través de las obras. El amor mucho más que dar es el darse a uno mismo. En Cristo hemos conocido que lo característico del amor es el ir transformando al amante en el amado.

Jesucristo es el Dios del amor. Para conocer qué es el amor verdadero, cuáles son sus características y cuáles son sus cualidades, es necesario ver a Jesús, su vida y su conducta. Jamás las palabras dirán tanto sobre el amor como aquello que nos enseñan los hechos, sobre todo cuando los hechos abarcan toda la vida y han rebasado la frontera de la muerte: “Tanto amó Dios al mundo que nos envió a su único Hijo para que todo el que crea en Él no se pierda sino que tenga la vida eterna”. Y nos dirá más adelante: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”.

En Cristo, acorde con san Pablo, hemos conocido las dimensiones de la anchura y de la longitud, de la altura y de la profundidad del Amor más puro que existe.

5.-     Y no obstante, este mundo que Dios ha amado tanto, no es lo que Dios ha querido que fuera, y  hoy nos encontramos a raudales con la evidencia del egoísmo.

La evidencia experimental de los efectos dañinos de una vida sin amor se encuentran en los cada vez más llenos consultorios de los psiquiatras, en la depresión y en la neurosis, en la violencia, en la desintegración, en tantos inadaptados, en el hambre de notoriedad, en la mendicidad de afecto, en nuestra volcadura hacia las cosas, en la absolutización de lo pasajero y en la pérdida de respeto por nuestras personas. La ausencia del amor nos hace perder el sentido del propio valor, el vacío de sentido en nuestra identidad, el conservar el odio y el temor, así como la tortura ante nuestras ansiedades.

Y es que, constantemente encontramos en nuestra vida esas ocasiones privilegiadas de manifestar nuestro amor a Dios y al prójimo, y no las aprovechamos nosotros a favor del otro ni el otro a favor de nosotros. Y esto se convierte en un círculo vicioso en donde no terminamos de comprender, de que no podemos esperar que el otro me ofrezca lo que yo no soy capaz de ofrecerle.

Para vivir cristianamente no es necesario que estemos esperando ocasiones excepcionales para amar. Hemos de aprender a amar en lo corriente, en lo cotidiano, en lo ordinario, en la vida diaria y aun en lo mal llamado “rutinario”, y esto, a través del espíritu de servicio, con el trabajo bien hecho, con la servicialidad y con la presencia, con una conversación amable, sin herir nunca, con la serenidad en los momentos de dificultad y de cansancio...

6.-     Es el Amor cristiano en nuestra vida aquel que se encargará de transformar la misma vida: la nuestra y la de los demás. Y es que el Amor no es algo que se genera sino algo que está generando.

Fíjate como hoy en día la gente habla del amor como si fuese algo que uno puede dar, como si fuera un ramo de flores u otro obsequio. Y así muchos piensan que dan el amor: simplemente nos lo endilgan como si fuera una carga inútil y,... perfumada. En lo personal no creo que el amor sea algo que podemos dar.

El amor es más bien una fuerza en nuestro interior que nos permite dar otras cosas y más que cosas darnos a nosotros mismos. El amor es un poder motivador. El amor nos faculta para ofrecer fortaleza y vigor, libertad y paz a otra persona, ternura y amabilidad, comprensión y servicialidad. El Amor no es un efecto, sino una causa. El Amor no es un producto sino productor. El Amor es una fuerza semejante y superior a cualquier energético. El Amor auténtico no tendrá ningún valor si nosotros no podemos dar algo más por medio de él.

7.-     En Cristo hemos comprendido que el amor jamás se pierde, así como una palabra o un gesto de amabilidad nunca se pierde. El amor va pasando de una persona a otra hasta que, por fin regresará a uno. De la misma manera, debemos darnos cuenta que todo en nuestra vida tiene efectos y afecta al otro, igual que una piedra produce ondas concéntricas al caer en las aguas tranquilas. Todo aquel que piense que su vida no toca al otro es alguien que podría pensar que su cuerpo no tiene sombra.

El amor es la causa humana por excelencia pero tendrá siempre necesidad de sus efectos. Santo Tomás de Aquino ha señalado cinco efectos del amor en nuestra vida: primero, la unión de quienes se aman; segundo, la identificación de voluntades; tercero, la admiración gozosa hacia la persona que se ama; cuarto el celo, que busca desinteresadamente el bien de quien se ama, hasta llegar a los mayores sacrificios; y quinto el sufrimiento compartido, por el que se hacen propios las penas y dolores de la persona a la que se ama.

8.-     El amor es la explicación de todo. Un amor que se abre al otro en su individualidad irrepetible y que le dice la palabra decisiva: “Quiero que tú seas quien eres”. Si no se comienza por esta aceptación del otro, como quiera que se presente, reconociendo en él una imagen real, aunque empañada, de Cristo, no se puede decir que se ama verdaderamente.

Y así en todos los ámbitos, así en la relación filial como fraternal, así esponsal como paternal. En una familia no es el amor pasional y sensible, sino la caridad, que es el Amor que viene de Dios, la que afianza las buenas obras entre los casados.

Por experiencia todos nosotros sabemos que, cuando soportamos pruebas difíciles por alquien a quien queremos, no se derrumba el amor, sino que crece. Y así ha sido en la vida de los santos, que han soportado por amor a Dios cualquier contrariedad, y se afianzan en su amor con ello; es como un artista, que se encariña más con la obra que más sudores le cuesta.

Nuestra felicidad brotará de esa capacidad de armonizar lo que tenemos, lo que se valora y aquello que se ama. El amor produce en el hombre la perfecta alegría y conduce a la felicidad. Pero, no puede ser feliz quien no tiene lo que ama, sea lo que fuere; ni el que tiene lo que ama si es pernicioso; ni el que no ama lo que tiene, aun cuando sea lo mejor.

9.-     Y así se vive la vida, y solamente así la vida resulta vivible: Ser amado sin amar es egoísmo, amar y ser amado es amistad y amar aun sin ser amado es caridad. El egoísmo: todo para sí; la amistad: algo para sí y para el otro; la caridad: todo para los demás, y al final de cuentas para nosotros, pero sin intereses mezquinos.

Egoísmo, amistad y caridad, tres ritmos del corazón diferentes: el egoísmo empequeñece, la amistad lo vivifica y la caridad le diviniza.

En el Hijo de Dios a quien el Padre ha enviado por obra y gracia del Espíritu Santo hemos comprendido que  el amor auténtico se escribe amar, pero se pronuncia sacrificarse.

¡Oye!, y si el amor auténtico, aun el amor humano, da tantos consuelos aquí, ¿Qué será el Amor en el cielo?

 

 

 

 

LA PLUSVALÍA DE LA VIDA CRISTIANA.

“ Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna”.

1.-     Estimados amigos:

Este domingo en que glorificamos al Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, he querido pedirle a Dios que podamos recordar que todos nosotros bautizados al renacer del agua y del Espíritu Santo hemos sido constituídos en hijos del Padre eterno, que se nos ha obsequiado el ser hermanos de Jesucristo, Hijo eterno del Padre y que se nos ha transformado por la benevolencia de Dios en Templos del Espíritu Santo.

Creemos en el Dios que siendo Uno se abre a la diversidad y que siendo Diverso es constructor de la Unidad, y esto debe ser un modelo para nuestra familia.

Quisiera que las anteriores afirmaciones nos ofrecieran este día, esa luz que sólo viene de Dios para que ilumine un tema que es por demás doloroso en una vida que de pronto se experimenta oscurecida y que sigue lastimando a nuestras familias: el tema del suicidio.

2.-     Hoy, peor que nunca nos hemos dado cuenta de que esta enfermedad llamada suicidio está afectando a todo tipo de personas: ancianos, adultos, jóvenes y niños; hombres y mujeres; solventes y desposeídos; gente culta y personas sencillas; ciudadanos de la metropolí y habitantes de nuestros campos; empresarios y obreros; solteros y casados,... 

¿Cómo puede ser posible que alguien llegue a perder la propia valoración de su vida? ¿Cómo se puede llegar a tal grado de autodevaluación como  para que se debilite y llegue a desaparecer el más natural y sagrado de los instintos y de los mecanismos como lo es el de la sobrevivencia?

3.-     Recuperemos algunos datos para que nos ayuden a ailuminar este rincón tan oscuro en el desván de nuestra humanidad.

Juan Rof Carballo, en su artículo: LA TRISTEZA DE EUROPA, constata el enorme incremento del número de suicidios en el viejo continente, y precisamente en esos países calificados como "progresistas". Menciona Rof Carballo que de cada cinco habitantes de Alemania uno está sometido a tratamiento psicoterapéutico. Uno de cada cuatro tiene transtornos del sueño y lo que resulta más doloroso, una cuarta parte de los niños son calificados como enfermos, perturbados y minusválidos. El menciona que una mitad de los enfermos que acuden a la seguridad social son reconocidos como psicosomáticos. Y todo esto en un país "progresista".

¿Qué acontece con nuestra sociedad? ¿Por qué menospreciamos la vida?

4.-     Muchos hemos querido llamarle presuntuosamente a nuestro tiempo la era dorada de la humanidad, y esto en base a los adelantos tecnológicos y cibernéticos, y con ello todo el cúmulo de aplicaciones en el campo de la medicina, del diseño, de la ingeniería, de la arquitectura, de la biología, de la física, de la vida doméstica, entre otras más.

Tendríamos que ser objetivos y clarificar nuestros criterios de discernimiento. ¿A qué le llamamos dorado? ¿A un hombre que expulsa a Dios de sus ambientes?

¿Puedes llamarle edad de oro a este aniversario 63 de la conclusión de la segunda guerra mundial en una era en que se graban en las mentes escenas como las de Hiroshima y Nagasaki? ¿Podrá llamársele edad dorada a un tiempo en el que los sólos nombres de Auschwitz, los Balcanes, Bagdag, Gaza, y ahora Nueva York y Madrid traerán escenas de dolor a nuestro recuerdo? ¿Puedes llamarle época de Oro a este tiempo en el que el tráfico de narcóticos se ha convertido en un “negocio” tan próspero? ¿Puedes llamarle era de oro a este tiempo en que el hombre sigue queriendo ser dios y decidir quien vive y quien muere? ¿Podría esta ser nuestra Moderna Leyenda Dorada con tan alto índice de suicidios o con tanto espectro de soledad en el corazón del hombre?

¿Es la época de oro el tiempo de la muerte de los ideales, del vacío de sentido y de una búsqueda insaciable de nuevas sensaciones que nos regresan a la animalidad y que van contra la dignidad de la persona? ¿Es período dorado este tiempo de tanto permisivismo y de consumismo?

5.-     Todavía no termino de asimilar, ¡Quizá soy demasiado lento!, el que hasta hace unos cinco años un joven enamorado pudiera invitar a su enamorada a ver una película o a cenar, y que ahora el joven presuntamente enamorado hace extensiva una invitación a un bar, a un antro o a un motel a quien dice amar entrañablemente. ¿Son esas nuestras aspiraciones?

¿Vivimos hoy el tiempo de progreso o del regreso, hemos evolucionado o sufrimos una involución, vivimos realmente a la vanguardia o hemos sido enviados a la retaguardia de la historia?

Vivimos un tiempo en el que las personas tenemos nuestro bolsillo lleno pero traemos el corazón vacío.

Narraba Víctor Hugo con alegría y emoción: “Me encontré en la calle a un joven muy pobre, pero un joven que estaba enamorado e ilusionado. Llevaba un sombrero viejo y una chaqueta raída; el agua entraba por sus agujerados zapatos, y las estrellas, la estrellas entraban por su alma”.

6.-     Muy queridos amigos:

Hoy, por desgracia estos jóvenes van desapareciendo de nuestro horizonte, y esto es culpa de todos: hoy nos encontramos con jóvenes elegantemente vestidos pero que traen raída el alma, sus zapatos están lustrosos pero su corazón está agujerado, traen camisas de marca pero en su interior se encuentra el vacío.  

¿Quién puede ignorar la reflexión de un Jorge Luis Borges en la edad jovial, escribiendo ante el lamentable escape de la vida perpetrado por el mejor de sus amigos? Borges acusaba a este mundo en el que vivimos de no enseñar a amar a las personas:

“No te culpo, naciste en este mundo tan bello, pero nadie te enseñó a oler las flores. Naciste en este mundo tan maravilloso pero nadie te pidió que te detuvieras un momento a contemplar el cielo. Naciste en este mundo increíble, pero nadie te dijo un día que te amaba.”

7.-     Es lamentable, pero hoy vivimos y padecemos en la soledad. La soledad provocada por la indiferencia es un fenómeno de nuestras ciudades. Es una forma ampliamente extendida, que se debe a un estilo de vida impuesto por el mundo moderno. Al crearse la indiferencia se crea el abandono.

Las apariencias nos muestran supuestas "cercanías": la ciudad, el teléfono, los automotores, el  metro, las vías aéreas, la internet. Pero en realidad es el reinado de la "célula" y del "encarcelamiento". Es posible cruzarse con un vecino sin identificarlo y sin identificarse. Se puede morir el hombre, sin que nadie se entere, sin que nadie se preocupe por él.

Los hombres pasan, desfilan y se van. En la ciudad suenan las campanas de la soledad. El indiferente encuentra a su alrededor sólo indiferencia.

Se padece la soledad que nace de la incomprensión por parte de los que estan cerca de nosotros: parientes, amigos, compañeros de  trabajo. Soledad tanto más penosa cuanto que proviene de aquellos con los que, normalmente, deberíamos contar más en nuestra vida.

Esta soledad se encuentra en las Familias, dónde los esposos viven codo con codo, en donde cohabitan padres e hijos, arrimados el uno al  otro. La familia se encuentra sin hablarse, o se habla sin encontrarse de verdad, ya que se sienten incomprendidos. Es el drama actual entre padres e hijos; unos padres impotentes y sin recursos, a pesar de su inmensa buena voluntad; unos hijos que abandonan el hogar dando un golpe a la puerta, para juntarse con grupos inadaptados o escapando por la puerta falsa...

8.-     También hay soledad por el abandono, el desamparo y el rechazo: es la soledad más vaga, la más visceral y la más profunda. Es la experiencia de la total devaluación y desintegración del ser. "Para aquellos que te abadonaron tú no has valido un centavo". Es el estado de algunas personas de edad avanzada, pero también de los niños y de muchos jóvenes. Es el estado de los enfermos crónicos, de enfermos terminales, de muchos discapacitados. El hombre se experimenta en "el desván de la vida": en donde van a parar los objetos inservibles. Experimentan una muerte social que pronto se convertirá en biológica.

También hay soledad provocada por el aislamiento, del hombre que piensa poder vivir sólo. Aparece en personas que han conocido pronto el fracaso en su vida, pero sin aceptarlo ni superarlo. Se han llenado de amargura, de resquemor, de agresividad contra todo y contra todos. Una vida que podría dar todavía fruto se hace estéril a la fuerza. El aislamiento puede coincidir con la vida en medio de la masa. El aislamiento es un estado de ruptura consigo mismo y con los demás. Y no es raro que conduzca también,... al suicidio.

Aquí está el número tremendo de divorcios, de dramas conyugales y familiares, que nos revela una forma trágica de esta soledad. Por diversos motivos, dos personas que en un tiempo preciso no podían vivir la una sin la otra empiezan a huir el uno del otro, a odiarse  y a agredirse mutuamente. Esta ruptura engendra, al mismo tiempo una espiral de rupturas y de aislamientos: entre los hijos y los padres, entre los hijos en guerra contra una sociedad que los ha reducido a no pertenecer a nadie. Éste fenómeno de "soledades en cadena", es una de las tristes características de nuestra época.

9.-     Y querámoslo o no, este es el medio ambiente en el que aparece como una sombra danzando en los tejados de nuestras casas la lúgubre muerte con el peor de los antifaces: el del suicidio.

Junto con elevar a Dios una oración por cada una de sus familias, les quiero recordar que: "El suicidio no es un acto aislado, sino el final de un proceso". Es decir, en la vida del propenso o del “candidato” se van sucediendo una serie de actitudes y de avisos que van dirigiéndose hacia la puerta falsa. Te puede parecer extraño pero el suicida te avisa, no una sino muchas veces. Y la familia debe estar unida y atenta no tan sólo para observar, sino también para interpretar los signos manifiestos.

10.-   También quisiera invitar a los familiares de alguien que haya interrumpido su vida que no dejen de rezar por él o por ella. Es posible que ésto nos cause mayor violencia a algunos de nosotros que hemos memorizado la doctrina antigua en la que al suicida se le condenaba eternamente.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice en el número 2282: "Transtornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida."

Y continúa el número 2283: "No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que Él sólo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida."

11.-   Te invito a que seas preventivo y a que les concedas a tus hijos un chaleco salvavidas para los momentos de naufragio: este chaleco salvavidas se confecciona de fe, de auténtico amor y de esperanza cristiana.

Y para aquellos que han padecido el dolor de la autopérdida irreparable de un ser querido nunca olviden que por muy grande que sea la miseria del hombre la misericordia de Dios será siempre mayor.

 

 

 

EL AMOR ES MUCHO MÁS QUE UNA DEFINICIÓN.

“            Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios”.

1.-     Muy gentiles amigos:

En nuestro tiempo, todo mundo habla acerca del amor con pretendida erudición. Resulta sorprendente el encender la radio o la televisión, ir al cine o escuchar alguna conferencia, y encontrarnos con un sin fin de personas que aparentan ser doctos sobre la materia. Más sorprendente aún, nos debe resultar esa frivolidad con que algunos medios y conductores abordan un tema tan trascendente, apropiándose el título de expertos.

2.-     Si tú y yo, un día, incursionáramos en una Biblioteca y nos dedicáramos a inspeccionar en los libros que allí se encuentran, nos quedaríamos pasmados ante la gran cantidad de autores que han escrito sobre este tema: filósofos, pensadores, científicos, teólogos, psicólogos, pedagogos, sociólogos, terapeutas y místicos,... por sólo referir a algunos.

Si quisiéramos encontrarnos una definición o una descripción sobre el amor, jamás terminaríamos de recolectarlas. Son tantas y tan variadas las alusiones que, acerca del amor, pueden llegar a nuestras manos.

Cuando estudiaba la Filosofía, discutíamos los alumnos en las aulas sobre las opiniones que emitían santo Tomás de Aquino y san Agustín, el primero Aristotélico y el segundo Platónico. Se ama lo que se conoce decía Santo Tomás, Se conoce lo que se ama decía san Agustín. Y nos preguntábamos ¿Qué es primero?, ¿Primero se conoce y luego se ama?, ¿o primero se ama y luego se conoce? ¿Qué es primero la acción de la inteligencia o la acción de la voluntad?... Y las discusiones no terminaban.

3.-     Ahora bien, ¿Cómo se define el amor? La Madre Teresa de Calcuta, una mística activa del siglo XX, nos decía “no importa lo que das sino el amor con el que lo das”. Gabriel Marcel, filósofo personalista abiertamente católico, escribió que amar a alguien será esperar siempre en él. Don Manuel García Morente, Decano de la Facultad de Filosofía en Madrid y, después de reconvertirse, se llegó a ordenar sacerdote, con pleno conocimiento de la realidad, redactaba que el amor es el rosal que tiene más rosas y que tiene más espinas. Henry D. Thoureau defenderá que el amor debe ser una luz para la vida y no solamente una llama.

¿Qué otra definición pudiéramos tener sobre el amor? Erich Fromm escribe que el amor inmaduro es aquel que dice: “Te amo porque te necesito” y que el amor maduro es el que dice: “Te necesito porque te amo”. Mucho antes, decía con entusiasmo el filósofo Platón que, con un solo toque de amor cualquier persona se convierte en poeta. Blas Pascal, místico del siglo XVII, en sus Pensamientos dejó escrito: El corazón tiene razones que la razón no comprende, más tarde este pensamiento se le ha atribuido a  Antoine de Saint Exúpery. Y, en el siglo XIX, Friedrich Nietzsche había dicho lo mismo al expresar: “Siempre hay un poco de locura en el amor. Pero siempre hay un poco de razón en la locura”.

Se preguntarán ustedes ¿Habrá otras definiciones o alusiones?: “Ama y haz lo que quieras” decía también San Agustín. Por su parte, Santo Tomás de Aquino nos dice: “Ama todo lo que puedas”. San Juan de la Cruz, en tanto, escribía: “Donde no hay amor pon amor y sacarás amor” y sentenciaba el mismo místico un poco más adelante: “Que es dolencia de amor que no se cura, sino con la presencia y la figura”. San Bernardo de Claraval, por propia cuenta, será el autor de aquella famosa sentencia: “La medida del amor es amar sin medida”.

4.-  ¿Qué tan cierta te parece la siguiente afirmación de La Rochefoucauld: “El mismo viento que apaga una llama, aviva una hoguera; así pasa con la ausencia: mata el amor pequeño y acrecienta uno grande”?

En realidad La Rochefoucauld se inspiró en una antigua seguidilla popular que se cantaba con esta estrofa:

El amor que te tengo
Parece sombra,
Cuanto más alejado
Más cuerpo toma.
La ausencia es aire
Que apaga el fuego corto
Y enciende el grande.

¿Alguien más en la historia quiera incluir algún otro elemento? Cuando a Sigmund Freud le pidieron una definición acerca de la salud mental y emocional, dijo: “Es la capacidad de trabajar y amar”. De la misma manera, Alfred Adler expresó que “Todos los fracasos humanos suelen ser el resultado de una falta de amor”. Finalmente dentro de los psicoterapeutas, Karl Menninger, gustaba de repetir: “El amor cura todo. Cura a aquellos que lo dan y cura a aquellos que lo reciben”.

5.-     Y, ¿cuál es la aportación de los poetas? Alfonso Karr dirá que: “el amor nace de nada y muere de todo”, ¡cuánta verdad tiene! Y, que te parece el pensamiento de Don Ramón de Campoamor: “Todo en amor es triste, más, triste y todo, es lo mejor que existe”.

Y también hay los anónimos como aquel que dice: “Ámame menos a la vez y me amarás por más tiempo”... En lo personal, me agrada ese pensamiento anónimo que dice que en no ser amado hay mala suerte, pero en no saber amar hay infelicidad.

¡Oye!, te prometo ya no alargarme más en esta lista de alusiones. Pero por favor ¡Dime!, ¿qué te parece el siguiente soneto?:

“        Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde, animoso.

No hallar fuera del bien centro y reposo,
Mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
Enojado, valiente, fugitivo,
Satisfecho, ofendido, receloso.

Huir el rostro al claro desengaño,
Beber veneno por licor suave,
Olvidar el provecho, amar el daño;

Creer que un cielo en un infierno cabe,
Dar la vida y el alma a un desengaño:
Esto es amor. Quién lo probó lo sabe”.

Que,... ¿Quién lo escribió?, ¡no me lo vas a creer!,... un sacerdote, Don Felix Lópe de Vega, aquel que es considerado como uno de los más grandes baluartes de la letra castellana, ubicado sólo después de Cervantes.

6.-     Pongamos un límite a nuestras inspecciones. Ya que podríamos seguir ocupando la totalidad del espacio de la reflexión rememorando tantas y tan distintas alusiones o definiciones acerca del amor.

7.-     Todo aquello que con seriedad se diga acerca del amor puede ser grato e iluminador, pero nos toca ahora, dirigir la mirada hacia Aquél que personifica el amor. Para los cristianos, el amor ha tenido su pleno significado en Cristo Jesús. Se trata del amor verdadero y auténtico. Se trata de Aquél que siendo enviado por el Padre eterno nos ha manifestado la proporción con que hemos sido amados.

Dios Padre nos dió en Jesús todo y lo mejor. No tiene otro Hijo de reserva, se trata del Único Hijo. En Cristo, se ha despojado a favor de los hombres.

El poeta Archibald McLeish menciona que los símbolos nos afectan más que las ideas. Los católicos tenemos sobre los altares de nuestras iglesias un gran crucifijo. Bajo Él pende un letrero imaginario y silencioso en el que deberíamos leer cada uno de nosotros lo que hoy hemos leído en el Evangelio: “Tanto amó Dios al mundo que nos envío a su único Hijo para que todo el que crea en Él no se pierda sino que tenga vida eterna”.

8.-     ¿Sabes? Hoy, me entristece el que los cristianos renunciemos al rostro claro del amor que Dios nos ofrece. Me parece lamentable que andemos en la vida, como si fuéramos limosneando un poco de cariño tras creencias equivocadas e inseguridades erróneas. ¡Qué triste que, olvidando la grandeza de nuestra fe, andemos suplicando esperanzas vacías en otros lugares! Es, verdaderamente lamentable, el que, como lo decía el profeta Jeremías, hayamos dejado el manantial del agua viva y andemos en búsqueda de esas cisternas agrietadas.

9.-     Lo más lamentable en el cristiano, es la posibilidad del olvido de ese significado del amor auténtico y verdadero: ¡Qué extraño el pensamiento de alguien que se quiere llamar cristiano y que olvida que Cristo vino al mundo para salvar y no para condenar! Olvidamos que el Señor Jesús vino al mundo como el divino médico, no por los sanos sino por los enfermos; que como Salvador y Redentor vino al mundo no por los justos sino por los pecadores.

Resulta repugnante para cualquier cristiano serio, el que se siga predicando por las calles: Dios Padre había sido ofendido por el hombre y esa ofensa adquirió matices de inmensidad, por razón de aquel que fue ofendido. Que esa ofensa no podía ser saldada por el hombre ni por un ángel, sino que tenía que venir el Hijo de Dios a hacerse hombre para saldar esa ofensa contra el Padre Eterno. ¡Qué extraño pensamiento de los que ignoran el mensaje del Evangelio y presentan al Padre Eterno como si fuera alguien inmaduro y vengativo, como alguien que pareciera negarse a dar el perdón hasta que Cristo con su muerte pueda cumplir el capricho de sus peticiones! A todos esos predicadores de la venganza se les olvida el Evangelio de Jesucristo que nos habla  sobre un amor infinito del Padre que no nos acusa sino que nos manda a su Hijo para manifestarnos el amor que nos tiene.

10.-   ¡Que mensaje tan distinto y tan distante de lo que el Evangelio nos anuncia! ¡Qué raro que el día de hoy persistan los hombres atemorizados por mensajes de condena y de coacción espiritual y que ellos mismos renuncien a recordar que Dios es Padre! ¡Qué extraña actitud la del hombre que prefiere el mensaje de un Dios que castiga, en lugar de contemplar el rostro de un Padre que ama y que la prueba del amor que nos tiene, es precisamente que sigue a la espera de cada uno de nosotros!

11.-   ¿A qué nos invita la Palabra de Dios el día de hoy? El amor no es una definición, sino el distintivo fundamental de la enseñanza de Cristo.

En Jesucristo, que ha venido al mundo y que se ofrece en la cruz, hemos comprendido que el amor auténtico no se limita a dar, sino que se expresa en el darnos a nosotros mismos.

 

LOS INDIVIDUOS LLEGAN A SER PERSONAS.

“  Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna. "

1.- Muy queridos amigos:

Nuestra vida cristiana la hemos recibido como un regalo sobrenatural de parte de Dios, que eleva, la ya de por sí, muy digna naturaleza humana creada por Él mismo. Por tanto, una auténtica vida en Cristo consiste en la actuación de la gracia de Dios que, si bien eleva la naturaleza, nunca la suprime. Si Dios suprimiera la naturaleza no tendría mérito alguno la santidad ni culpabilidad el pecado.

La Solemnidad de la Santísima Trinidad nos invita a que dirijamos la mirada a este Dios uno en esencia pero triple en sus personas.

Un Dios que en no pocas ocasiones ha sido representado parcialmente: unos ven en él la luz y otros expresan su experiencia de oscuridad, algunos ven la altura y otros la profundidad, algunos la naturaleza y otros el Imperio, algunos el vacío y otros la pobreza, algunos el fuego intenso y otros el viento sutil, algunos el desierto y otros el verde prado.

Todas las expresiones anteriores nos muestran a un Dios que siendo Persona nos trata como personas a cada uno de nosotros y que quiere que como personas desarrollemos todos nuestros campos de posibilidades. Dios no es sólo para nosotros una afirmación especulativa sino una experiencia de vida.

La revelación nos ha mostrado a Dios que efectivamente se ha revelado, ha quitado el velo que cubría su rostro para mostrarnos su bondad, un Dios que establece relaciones con nosotros, un Dios que ha favorecido el encuentro con el hombre y que se ha manifestado como el Dios con nosotros, el Emmanuel, el Padre de bondad y el Espíritu del amor.

2.-  Se trata de un Dios que ha favorecido el trato personal con diferentes individuos, ya que para Él las personas tienen un nombre, porque al final de cuentas nuestro nombre va estrechamente ligado a la expresión de individualidad tenemos cada uno de nosotros. El llama a Simón por su nombre, le advierte a Martha sobre sus excesos, le saluda a María en el huerto del Getsemaní en la mañana de la resurrección, le reclama a Felipe el no asimilar todo lo que le ha revelado en su bondad, le indica a Tomás que son dichosos los que sin ver han creído e invita a Zaqueo a que descendiendo del árbol le abra las puertas de su casa y de su corazón.

El Señor sabe ver en nosotros personas y no cosas, ni casos, ni mucho menos problemas,...

Y esta es quizá la parte de nuestra vida que no hemos comprendido, nuestro ser personas. Ante Dios solamente podemos llegar cuando valoremos realmente nuestra persona como existencia irrepetible, con voluntad, con libertad y con inteligencia, para así no caer en determinismos, y que estemos abierto a la relación y con apertura a la Trascendencia.

3.-     Y es que el ser personas en el ser humano, se debe convertir en una de nuestras máximas fuerzas. Pero, al mismo tiempo, al no vivirse plenamente en sus cualidades, se puede convertir en nuestro máximo adversario, o por lo menos, en algún momento de la vida, en nuestro más duro e insobornable acusador.

Por persona entendemos el sujeto último de todo ser y de todo obrar. Se trata de un sujeto distinto a todo otro. Podríamos agregar a lo anterior, que la persona es aquella que recibe el don y la posibilidad del ejercicio de las facultades, así llamadas, espirituales: inteligencia, voluntad y libertad.

El ser persona es un elemento fuertemente dinámico, y esto puede ubicarse adecuadamente en esa posibilidad personal que tenemos cada uno de nosotros, de escribir el propio “argumento” de nuestra misma historia.

El ser persona es, al mismo tiempo, un gran reto, así como nuestro riesgo y puede convertirse en nuestro más crítico juez, ya que exige de nosotros el compromiso de ejercitar rectamente las facultades del espíritu.

4.- Solamente nosotros como personas humanas podemos elegir, discernir y amar. Podemos entender bajo este contexto aquella expresión del dominio común: “El hombre nace pero la persona se hace”. Aquí es también entendible aquello que el enciclopedista Jean Jacques Rousseau escribía en su libro titulado Las Confesiones: “Yo solo. Siento mi corazón y conozco a los hombres: no soy como ninguno de cuantos vi, y aun me atrevo a creer que como ninguno de los que existen. Si no valgo más, soy, al menos, distinto de todos. Tan sólo después de haberme leído, podrán juzgarme si la Naturaleza hizo bien o mal al romper el molde en que me vaciara”.

Lo que escribió Rousseau lo solemos utilizar en una expresión tan simple como profunda:“¡Después de que Dios te creó Él rompió el molde!”

Nuestro ser personas en la individualidad de nuestras realidades es algo constatable y una verdadera gracia en nuestra vida. Solamente nosotros los hombres podemos ser héroes pero también villanos, podemos ser protagonistas o antagonistas, podemos ser famosos o infames, solamente nosotros podemos aspirar a la santidad o ser pecadores.

5.- Se trata de la ley de la libertad de elección. No podemos sentirnos salvados por el sólo hecho de haber sido bautizados en la Iglesia Católica o en alguna otra confesión cristiana. Si bien, “somos salvos en Cristo al confesarlo y al creer con nuestro corazón”, tenemos que aceptar que entre el ser y el estar puede existir un abismo de distancia que solamente se puede superar con el bien obrar, con la fe operante, con la praxis cristiana o con la gracia ejercitada.

Y en este color de los términos que compartimos, bien podría parecer una contradicción el hablar de “la fragilidad en la vida de un cristiano”, sin embargo la conciencia de esa fragilidad, que brota no de Dios sino de nuestra inconsistencia, nos debe recordar la posibilidad de perder nuestra inserción en Cristo. ¡No dudamos de Dios sino de nosotros! Se trata de aquello que el mismo Evangelio nos advierte al decirnos que un sarmiento que se separa de la vid se seca y será cortado y lanzado a la hoguera. Se trata de aquel que es consciente, junto con el apóstol san Pablo de quien celebramos el pasado miércoles la fiesta de su conversión, de que después de haber dado la señal de partida para la más noble competición, puede quedar descalificado.

Este es el contexto en el que entendemos nuestra vida de bautizados como una lucha constante.

7.- En esto de ser personas el trato con los demás también es importante, ya que se nos invita a valorar la persona de los demás, a tratarles como personas y no como cosas, ya que hoy vivimos el más terrible de los pecados, consitente en el trato que infringimos a las personas cuando los vemos como aquellos que “fueron hechos para...”, lo anterior hace que le desdibujemos el rostro humano al hermano. La persona no tiene precio, de no ser así podríamos comerciar con el hermano.

Distingamos entre el ser persona y el ser sólo individuos: la persona se mueve en el ser y el individuo en el tener, la persona es abierta y el individuo vive en la cerrazón, la persona vive en las coordenadas del presente y el individuo en las de pasado y de un futuro del que nadie tiene certidumbre, la persona vive su existencia y el individuo lo racionaliza, la persona admira y el individuo critica, la persona experimenta el amor  el individuo se sumerge en el egoísmo, la persona ama y el individuo usa, la persona es libre y el individuo ha inventado nuesvas esclavitudes, la persona sabe aceptarse y el individuo permanece en la insatisfacción, la persona sabe superarse y el individuo se vive comparando con todo el que se encuentra.

8.-     Dios ama al hombre, le trata como persona y quiere que en la comunión con Él como personas podamos ofrecer los frutos que en el corazón tenemos.

Al final de cuentas, se trata de la cooperación del hombre a la acción operante de la gracia de Dios. El hombre es quien tiene que poner sus 5 panes y sus 2 pescados para que así sea Cristo el que los multiplique abundantemente y sacie el hambre de la multitud. Nosotros llenamos de agua los odres hasta el borde y Cristo se encarga de convertirla en un exquisito vino... Es el hombre que se pone de pie para gritar y con ello recibir de Cristo la luz en sus ojos ciegos... Es la mujer que estira la mano para tocar la orla del manto del Maestro... Es el pescador que desembarca cansado, fastidiado y desilusionado y que le hace caso al Maestro de remar mar adentro y de lanzar la red de nuevo para conseguir una pesca cómo jamás la hubo imaginado... Son aquellos hombres que saben que Jesús le puede devolver la salud al amigo pero que ellos tienen que ingeniárselas y hacer peripecias y malabares para que el Maestro tenga frente a sí aquel paralítico que saldrá de allí por su propio pie. Son aquellas hermanas y aquellos parientes de Lázaro que tienen que aprender que no pueden quedarse con los brazos cruzados y ser solamente espectadores sí es que quieren que Jesús le devuelva la vida a aquel que experimenta ya el proceso de la descomposición...

9.- Muy queridos amigos:

Reconozcamos la parte personal que tendrá siempre el proceso de la salvación.

No es el estar en un lugar, o con una congregación o comunidad, lo que nos hace santos ni tampoco lo que puede convertirnos en endemoniados. Se trata de nuestro ejercicio personal.

Ahora entiendo el cómo puede ser posible que también coincidan en el tiempo y en el espacio, devastadores destructores dignos de la amnesia colectiva junto a seráficas criaturas como lo fue San Francisco de Asís. Se trata del aprender a asumir nuestro rol como personas.

Ahora entiendo el por qué han concordado en nuestro tiempo otros devastadores que llegaron a proclamar nuevas guerras santas, guerras en el nombre de Dios, “tormentas en el desierto” y personas que han buscado vivir el más puro amor a Dios, como la Beata Madre Teresa de Calcuta, el inolvidable Juan Pablo II y otros muchos. Se trata de historias de personas que han asumido su compromiso con la vida y con la historia

10.- Se trata de la ley de la libertad, se trata de voluntades firmes iluminadas por la gracia de Dios, personas que han sido dóciles a los impulsos de la vida interior, pero que han puesto la parte que les correspondía en su propia historia de salvación.

La vida no sólo es algo que nos acontece. Podemos elegir, esa es nuestra grandeza o nuestra fragilidad. A cada instante elegimos qué dirección debemos tomar: hacia la luz o hacia las tinieblas, hacia la libertad o hacia la esclavitud, hacia la gracia o hacia el pecado.

Si el ser persona será siempre un proceso, ¡cuánto más lo será la vida cristiana! No somos más que cristianos en gestación, como lo recordaba Sören Kierkkegaard, y todos, tanto en el interior como en las afueras de la Sinagoga, necesitamos de la obra redentora del Hijo de Dios.

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