Domingo 27 de Mayo de 2007_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

LO NATURAL Y LO SOBRENATURAL.

“Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz sea con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado.

“Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”.

“Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban al Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Momento 1

Momento 2

Momento 3

Momento 4

Momento 5

Muy queridos amigos:

Es hoy la fiesta de Pentecostés, es nuestra solemnidad del Espíritu Santo.

El secreto de esta fiesta del Espíritu Santo estriba en el desarrollo de nuestra capacidad para así reconocernos como personas ante Dios, ante los demás y, quizá lo más difícil, ante nosotros mismos. El mensaje universal del día de Pentecostés se debe traducir en una llamada personal que Dios nos está haciendo para vivir conforme a nuestra dignidad.

Hoy tenemos que hablar acerca del Dios que le ha hablado a los hombres y que les está revelando su apreciación acerca de nuestra dignidad.

2.-     Ante la presencia de Dios solamente podremos llegar cuando valoremos nuestra persona, nuestra existencia irrepetible, ese obsequio divino que nos ha distinguido al ofrecernos nuestras facultades espirituales identificadas como naturales: voluntad, libertad e inteligencia; y también aquellas sobrenaturales como son los virtudes que mencionaremos más adelante.

Hoy se nos invita para que no caigamos en esos determinismos ofensivos a Dios, de tal manera que estemos abiertos a la relación con los demás y con apertura a Dios.

Pero, debemos cuidar el no quedarnos sólo en el caracol hermético de nuestra persona, ya que el secreto de Pentecostés también estriba en valorar realmente la persona de los demás. El secreto de Pentecostés no se ubica en el conquistar las masas sino en el conquistar a las personas. En el secreto del don de Pentecostés: No nos servirá de nada el aprender la diversidad de las lenguas de esta humanidad, si antes no hemos aprendido la lección que nos aclara sobre la diversidad de personas.

3.-     El ser humano es un proceso. No es una cosa acabada como la piedra o como el automóvil. Las potencialidades para nuestro crecimiento son casi infinitas, a causa de la generosidad y alta estima que nos ha tenido Dios. En este tenor tenemos que aprender que toda persona puede y debe superar sus desequilibrios, sus condicionamientos, sus limitaciones. Por desgracia, tenemos que aceptar que muchos hombres todavía no hemos llegado a conocer todas nuestras potencialidades, esto es, la completa riqueza de nuestros valores en germen.             

Es por ello que quisiera proponerte el recuperar esas cuatro verdades que se predican de cada persona humana, en donde estamos tú y yo, y todos aquellos que nos rodean:

4.-     LA INVIOLABILIDAD:         Hay terrenos en los que los otros no pueden penetrar sin el permiso expreso de cada persona, se trata de un espacio interior que nos pertenece, y que es inviolable. Esa misma experiencia, a lo largo de todas las épocas, es la que les ha impedido a los esclavos resignarse a la condición de ser sólo unos objetos de mercancía. Por eso mismo, toda forma de imposición, de degradación y de tortura para violar las conciencias, nos provoca  indignación.

5.-     LA DIGNIDAD Y EL VALOR: Aquello que es inviolable sueles ser aquello que se reconoce como un valor. La mayor desgracia de alguien radica en el ser miserable, en el vivir en la mendicidad cuando Dios nos ha ofrecido todosu tesoro. No existe mayor pobreza que la se genera en un alma menesterosa, y que se autodevalúa en el minosprecio.

La toma de conciencia de la dignidad de las personas, o sea, de su valor insustituible, imposeíble, se manifiesta a veces en gestos muy sencillos, pero que trascienden en la apreciación del hermano.

El otro merece nuestro respeto. La dignidad de la persona se basa en el valor que ella es y que se impone a todos, por ser participante de un valor absoluto que le da fundamento, es decir, Dios de quien procede el hombre a su imagen y semejanza.

6.-     LA INTERIORIDAD:         Otro factor que distingue a la pesona de las cosas u objetos es el de la interioridad. Esta realidad es sagrada, por lo cual se convierte en profanación cualquier intento por someterla bajo una presión exterior.

Se trata del hombre mismo, en cuanto que se conquista y se construye. Los animales tienen una interioridad ya totalmente terminada y constituida, pero nosotros no, nuestra programación radica en la no programación.

El hombre como lo decía Nietzche es alguien interminado e indeterminado. Sólo y en la medida de que el hombre sea capaz de liberarse de sus determinismos, heredados o adquiridos será más hombre, y mediante un don de sí mismo, en el amor, que es apertura al otro, cada vez más amplia y mucho más acogedora podrá obtener la realización del proyecto que Dios ha trazado en su interior, que es al mismo tiempo un no-proyecto o un proyecto por escribir en la inteligencia, la voluntad y la libertad.

7.-     LA LIBERTAD:     El paso de fuera hacia dentro jamás puede ser un atraco, debe ser por el contrario un encuentro respetuoso. Esto lo conoce Dios y lo ha querido respetar. La libertad en el hombre es una experiencia original e inalienable. Podríamos afirmar que matar la libertad es matar al hombre.

No obstante, la libertad siempre será una conquista. En este aspecto es conveniente que jamás se confunda nuestra libertad con la anarquía. A fin de que el hombre se libere de las esclavitudes que vienen de fuera, tiene necesidad de aprender a liberarse de aquellos apegos que le son más dominantes y tiránicos: los que vienen de dentro, es decir, nuestra pasiones y apegos.

Debido a lo anterior, será necesario y conveniente que no se confunda la libertad con la independencia: Hoy hacen falta más que declaraciones de independencia que se hagan declaraciones de interdependencia. O cómo lo firmaría Victor Frankl el problema en Occidente no es otro sino el que haya ereguido una estatua de la Libertad sin haber levantado una estatua de la responsabilidad.

8.-     Todo lo anterior es referido a los elementos naturales de la persona, pero quisiera no quedarme en un puro naturalismo sino que nos abrieramos a la vida sobrenatural, a la vida de la gracia, a nuestra vida cristiana.

¿Por dónde sopla el Espíritu Santo? ¿Por dónde sopla el viento de Dios? El viento silva rabioso, revuelve, levanta, arrastra, desbarata, bufa, desordena, sacude, arranca de raíz, barre, abofetea. Ese es su oficio.

Dejemos que sople con fuerza, consintámosle que hoy haga volar los sombreros de nuestras cabezas.

Hagamos la prueba, al menos por esta vez, de acogerlo como elemento de turbación, improvisación, verdadera inspiración, desorden, desbarajuste de todas nuestras reglas prefijadas, desaparición de todos los programas ya definidos, como portador de cosas jamás vistas, jamás oídas, jamás experimentadas antes.

El viento tiene una característica: es incontrolable, imprevisible, no programable. Así es el Espíritu Santo. Lo anterior lo atestiguamos y lo profesamos, no obstante es necesario atender algunos elementos que nos pueden ayudar a no caer en los equívocos de los que somos propensos todos los cristianos.

9.-     El Espíritu Santo no sólo santifica y dirige al Pueblo de Dios mediante los sacramentos y los ministerios y le adorna con virtudes, sino que también va distribuyendo gracias especiales entre todos los fieles, dando a cada uno según quiere sus dones, con los que les hace aptos para ejercer las diversas obras y deberes que pueden ser útiles para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia, según aquellas palabras: “A cada uno se le otorga... la manifestación del Espíritu para común utilidad”. Estos carismas, tanto los extraordinarios como los ordinarios, deben ser recibidos con gratitud y consuelo, porque son útiles a las necesidades de la Iglesia.

Recordemos que el criterio esencial para juzgar el valor de cualquier carisma jamás será su carácter espectacular ni la intensidad de la experiencia espiritual personal que se presupone a los mismos o se presume en los mismos, sino su utilidad con vistas a la edificación de la comunidad en la Iglesia.

Es por ello adecuado el que recordemos que por encima de todo carisma, válido tanto para la vida personal como para la comunidad, está el don de la caridad, que es auténtica participación del Espíritu Santo, ya que proviene de él.

10.-   Como nos lo demuestra la experiencia, todos los carismas, aunque sean buenos en sí mismos y estén originalmente ordenados al bien común, pueden encerrar el peligro de una autobúsqueda o de una autocomplascencia, en vez de una verdadera preocupación del servicio a los demás. Los carismas pueden también estar en contraste con el espíritu del evangelio, que es un espíritu de mansedumbre, discresión y humildad.

Contrario a lo anterior, el don de la caridad discierne todos los demás; su presencia da vida a todas las virtudes y asegura la autenticidad de la vida espiritual. Dilata el corazón y supera los límites que se derivan del egocentrismo; es además la plenitud de la ley nueva, cuya fuente inmediata es la presencia del Espíritu Santo en nuestros corazones. La vida en el Espíritu deberá mostrarse a través de los frutos del Espíritu.

Fue el mismo Jesús el que dio a la imagen del fruto un sentido espiritual dinámico, desconocido en el Antiguo Testamento: “El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto” (Jn 15,5). Al decir esto, sugería al mismo tiempo el misterio del crecimiento del reino en nosotros y su fuerza de manifestación.

11.-   El Espíritu Santo, al derramarse en nosotros en la plenitud de sus variados dones, produce unos efectos deleitables que se han dado en llamar los frutos del Espíritu Santo, por comparación con la vida vegetal.

La imagen evangélica del fruto indica siempre, junto con la realidad interior, una manifestación que puede percibirse desde fuera ¿No es acaso el tipo de fruto producido por el árbol el criterio de discernimiento que enseñó Cristo a los apóstoles cuando les dijo: por sus frutos los conoceréis? ¿Acaso se  recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos.

El fruto evangélico está ligado eminentemente a la actividad apostólica pero también a la vida cotidiana, todo ello dirigido a la glorificación final del Padre: “Mi Padre recibe gloria cuando producís fruto en abundancia” .

Fruto es lo que se recoge al final de las ramas, provenientes de una sabia vigorosa, y con los que nos deleitamos. Fruto es lo que se recolecta de un campo sembrado y cultivado. Se trata de la cosecha del Espíritu Santo.

La Palabra de Dios en la carta del Apóstol san Pablo a los Gálatas nos dice que "el fruto o cosecha del Espíritu" es: amor, alegría, paz, comprensión, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza (Gal 5,22).

En el fondo se trata de vivir la caridad. Los frutos del Espíritu Santo en nosotros son una imitación frágil del amor de Cristo, manso y humilde de corazón, hombre para Dios y hombre para los hombres, libre y verdadero, exigente y misericordioso, recogido y abierto a todos.

Los frutos del Espíritu Santo son la vivencia de las bienaventuranzas.

12.-         Resultado de ello es el gozo anticipado de la posesión de Dios. El Espíritu no es sólo una garantía de la herencia que se nos debe como a hijos de Dios, sino que es un verdadero anticipo de la misma; es como un borbotón de agua que brota en lo más profundo de nuestro ser y que llega, que se prolonga hasta la vida eterna, conforme lo dicho por Jesús: "El agua que yo le daré se hará en él manantial de agua que brotará para vida eterna".

Y puede surgir una pregunta: ¿Quién percibe los frutos del Espíritu Santo en nuestras personas? ¿Nosotros o aquellos que nos rodean?

Santo Tomás de Aquino dice que somos nosotros, y nos menciona que la vida en el Espíritu restaura a sus poseedores con santa y sincera delectación.

Sin embargo, el absolutizar lo anterior podría conducirnos hacia una perspectiva individualista. El fruto al percibirse en el actuar debe ser captado por los reciben nuestro actuar apostólico o el beneficio de una vida cristiana en lo cotidiano.

Para comprender la vida espiritual es suficiente reconocer esta manifestación de la presencia del Espíritu en sí mismo y fuera de sí. Bajo múltiples formas, es la señal de que la vida cristiana es una verdadera vida. Una pequeña semilla va creciendo, se convierte en un gran árbol que produce frutos, y esos frutos son sabrosos para uno y para el prójimo.

 

 

 

LAS MANIFESTACIONES DEL ESPÍRITU SANTO

 “Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaro de alegría. De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así tam bién los envío yo”.

 “Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban al Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán son perdonar”.

1.-     Muy queridos hermanos:

Quisiera en esta fiesta de Pentecostés hablar sobre las manifestaciones del Espíritu Santo en nuestras personas.

Nuestro Bautismo nos ha infundido la gracia santificante y los dones del Espíritu Santo. Y esto incluso en los niños pequeños; porque, aunque no pueden ejercitar actualmente estas virtudes y esos dones, los reciben en forma de hábitos para disponerlos a los actos futuros.

Se trata de nuestra vida sobrenatural que se desarrolla a través del principio operativo humano, que es el espíritu, elevado a un plano sobrenatural por el Espíritu de Dios. Esta elevación se realiza a través de las llamadas fuerzas sobrenaturales, que son las virtudes infusas y los dones del Espíritu Santo.

2.-     Las virtudes infusas se dividen en teologales y morales. Las virtudes teologales ordenan al hombre a su último fin, que es Dios; las virtudes morales remueven los obstáculos que el hombre encuentra en la consecución de dicho fin, de tal modo que las fuerzas naturales del hombre, sigan el dictamen de la razón, guiada por la fe.

Las virtudes teologales sabemos que son tres: FE, ESPERANZA Y CARIDAD. La FE nos da a conocer a Dios y nos une a él, como Primera VERDAD. La ESPERANZA nos hace desearlo como el Sumo BIEN y nos da la seguridad de alcanzarlo. La CARIDAD nos une a Dios con amor de amitad, en cuanto que es la Suprema BONDAD.

Las virtudes morales son cuatro: PRUDENCIA, JUSTICIA, TEMPLANZA Y FORTALEZA. Cada una de ellas tiene un cortejo de virtudes derivadas y anexas.

La PRUDENCIA remueve los obstáculos que entorpecen al ENTENDIMIENTO; la JUSTICIA, los de la VOLUNTAD; la FORTALEZA suscita en nuestro interior el VALOR y la AUDACIA, y la TEMPLANZA modera la inclinación a los placeres sensibles.

3.-     Pero a pesar de todo lo anterior, las virtudes infusas resultan insuficientes para llevar al hombre a la santificación: esta insuficiencia no proviene de las virtudes, sino del sujeto que las recibe, es decir del hombre.

Es por lo anterior que todos necesitamos de un agente superior que venga a perfeccionarlas virtudes morales y teologales. Y ésta es precisamente la finalidad de los dones del Espíritu Santo. Movidos, no por la razón humana, sino por el Espíritu mismo de Dios, proporcionan a las virtudes infusas, sobre todo a las teologales, la atmósfera divina que necesitan para desarrollar toda su potencialidad.

4.-     ¿Qué diferencia existe entre virtudes y dones? La diferencia se comprende fácilmente mejor con unos ejemplos que refieren varios autores kerigmáticos.

Practicar las virtudes es navegar a remo; usar los dones es navegar a vela o mejor a motor; con éstos se avanza más y con menos trabajo.

Otro ejemplo: El niño que da algunos pasos, sostenido por su madre, es símbolo del cristiano que practica las virtudes con ayuda de la gracia; el niño, a quien la madre toma en sus brazos para que avance más de prisa es imagen del cristiano que usa de los dones del Espíritu Santo.

Un último ejemplo: el músico que pulsa las cuerdas, para sacar de ellas dulces sonidos, es imagen del cristiano que practica las virtudes; mediante los dones, es el Espíritu Santo quien hace vibrar las cuerdas de nuestra alma. De esta comparación han echado mano los Santos Padres cuando, para expresar la acción del Señor Jesús en la Virgen María, afirman: "era como una cítara suavísima de la cual se sirve Cristo para satisfacer al Padre".

Los dones nos colocan bajo la acción directa del Espíritu Santo, quien, viviendo dentro de nosotros, ilumina nuestro entendimiento, enciende nuestro corazón y fortalece nuestra voluntad, por lo que nuestros actos adquieren caracteres verdaderamente divinos.

Es propio de un artista poner su estilo, su inspiración, y por decirlo así, su alma en aquello que ejecuta; de modo que los conocedores, por el estilo, sacan el artista. Cada quien tiene su propio estilo, y el estilo es el reflejo de la propia personalidad. Con mucha propiedad se dice: "el estilo es el hombre". ¿No será esto lo que afirmaba Juan XXIII al referir que todo santo es una obra maestra del Espíritu Santo?

De esta manera, cuando el Espíritu Santo obra en nosotros por medio de sus dones, pone su sello, un sello divino, un sello inconfundible. Cuando los hombres obramos, ponemos un sello de fragilidad; cuando el Espíritu obra en nosotros, pone un sello divino de seguridad, de perfección, de elevación y, por lo mismo, tales actos tienen un modo enteramente celestial.

5.-     El nombre y el número de los dones del Espíritu Santo los hemos encontrado en Isaías 11,1-2. La Iglesia tomó las siete cualidades señaladas en dicho texto y elaboraron la teoría de los siete dones. En la Escritura el número siete significa plenitud. Al decir que los dones son siete está indicando  la plenitud del Espíritu Santo.

El don de entendimiento vuelve a la fe más lúcida y luminosa, y nos da una penetrante intuición de las verdades reveladas; pero sin declararnos el misterio. Además nos comunica una sensibilidad para conocer, en cada acontecimiento, la acción de Dios.

El don de ciencia, por su parte, hace que el hombre conozca y ame a las criaturas bajo la luz de Dios y con el mismo amor con que Dios las ama. Toda criatura viene de Dios, y refleja a Dios y, por lo tanto, nos lleva a Dios.

El don de sabiduría es como un rayo de sol: rayo de luz, que ilumina, esclarece y da brillo a los ojos del alma; y rayo de calor que calienta el corazón, lo abraza en amor y lo colma de gozo. Se relaciona con la virtud teologal de la caridad. Se diferencía del don de entendimiento en que éste es una mirada del espíritu, en cambio el de sabiduría es una experiencia del corazón; el entendimiento es luz, la sabiduría es amor. El don de sabiduría es más perfecto porque el corazón va más allá que el espíritu: penetra más hondo y entiende o adivina lo que la razón no atisba. El don de sabiduría es el que más enciende y aviva en nosotros la llama de amor divino; y nos hace experimentar las dulzuras y la bondad del Dios Uno y Trino que misteriosamente mora en lo más íntimo de nuestro ser, invadiéndolo totalmente,

Por el don de temor de Dios el hombre se siente penetrado de un sentimiento de dependencia de Dios; es decir, siente que por sí mismo no tiene nada, que todo lo ha recibido de Dios y que de él depende en cada momento. Por ello no se atreve a levantarse contra Dios, antes bien se mantiene en una actitud de humildad y de agradecimiento. Este sentirse criatura de Dios hace que el hombre se esfuerce por aceptar en todo su voluntad, viviendo en una actitud reverencial por no ofenderle.

El don de piedad hace que nos sintamos y vivamos como hijos de Dios. El Espíritu Santo nos une, nos transforma en Jesús, el Hijo del Padre, y por sus méritos y unión vital con El, nosotros somos también hijos. Sentirnos hijos de Dios, gozarnos de serlo, tal es el fruto del don de piedad. Y al sentirnos hijos de Dios y hermanos de Jesús, nos sentimos también hermanos de todos los hombres y los amamos como tales.

El don de consejo, por su parte hace perfecta la virtud de la prudencia, dándonos a entender pronta y seguramente, por una especie de intuición sobrenatural, lo que conviene hacer, sobre todo en los casos difíciles. El don de consejo produce también en el espíritu ese equilibrio que se necesita en el ejercicio de las diversas virtudes, a las que, sin este precioso recurso que regala Dios, es muy difícil de poner en su justo medio.

Por último, el don de la fortaleza nos ayuda a vencernos a nosotros mismos y superar todos los obstáculos que encontramos en el camino del amor. También nos ayuda a trabajar con constancia y acierto en las obras de apostolado, sin desfallecer.

6.-     Los dones del Espíritu Santo los tenemos todos los cristianos; nos han sido infundidos en el bautismo y en la confirmación. Pero, los dones, lo mismo que las virtudes, son preciosas semillas que necesitan ser cultivadas. Nuestro trabajo, nuestro esfuerzo de cristianos consiste en ir cultivando con exquisito cuidado estos gérmenes preciosos que Dios ha querido depositar en nosotros.

Este cultivo podemos hacerlo de tres maneras principalmente:  

Primero: sentir hondamente nuestra incapacidad y acudir con frecuencia al Espíritu Santo, diciéndole con el Salmista: "Señor, muéstrame tus caminos y enséñame tus sendas. Guíame en tu verdad; enséñame tú, que eres mi Dios y mi Salvador" (Sal 25, 4-5).

Segunda:         Desarrollar en nosotros las virtudes; éstas se hallan a nuestra disposición, son los instrumentos de nuestro trabajo espiritual. Por medio de las virtudes infusas, que recibimos con la gracia de Dios, podemos ir perfeccionando una por una todas nuestras facultades y disponiendo toda nuestra vida interior. Y a medida que las virtudes crecen se va preparando el terreno para que el Espíritu Santo tome su lugar y, con un trabajo, más digno, consume nuestra obra, que es su obra. Toda obra de artesanía requiere una preparación o una mano negra; ésta corresponde a nosotros. Después viene el trabajo fino, que corresponde al artista, que en nuestro caso es el Espíritu Santo.

Y finalmente: Ser dóciles a las inspiraciones del divino Espíritu. Cuando le prestamos atención amorosa y constante a esa voz misteriosa del Espíritu de Dios; cuando nuestro corazón es dócil, entonces podemos escuchar mejor la voz del Espíritu, podemos recibir con mayor perfección sus inspiraciones. Y cuanto mejor recibamos éstas, más se irán perfeccionando y afinando en nosotros esas emisiones misteriosas, que son los dones del Espíritu Santo.

 

 

PLENAMENTE HUMANOS.

“Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”.

1.-     Muy queridos amigos:

El día de hoy ha visitado la habitación de mi memoria y ha tocado fuertemente la puerta de acceso aquella Rima V de Don Gustavo Adolfo Becquer, y es que me parece aplicable a  lo que acontece con la obra del Espíritu Santo hoy en día en la Iglesia, una Iglesia que nació como un grano de mostaza, eran apenas 12 hombres rudos,... y que con el tiempo ha ido creciendo, los grandes Imperios y sus gobernantes han pasado a los libros de historia, han quedado hundidos bajo el polvo de desiertos, sus vestigios aparecen en los museos, y aquel árbol que nació por el Espíritu de Cristo siendo apenas un pequeño grano de mostaza sigue creciendo y esperando el momento oportuno para romper con las barreras del tiempo y del espacio y así ensanchar sus ramas en los campos de la eternidad. 

Así menciona la Rima V:          

Espíritu sin nombre,
Indefinible esencia,
Yo vivo con la vida
Sin formas de la idea.

Yo busco de los siglos
Las ya borradas huellas,
Y sé de esos imperios
De que ni el nombre queda.

2.-         Quisiera, querido amigo, pedirle a Dios esta tarde el don de su Espíritu Divino para cada uno de los que entablamos este ejercicio de comunicación, pero sobre todo para aquel o aquellos de nosotros que hayamos ido perdiendo la alegría de la vida, para aquellos de nosotros en los que los rasgos de nuestro ser personas e hijos de Dios se hayan ido desdibujando con el paso del tiempo, para aquellos de nosotros que nos hayamos masificado y que hayamos perdido nuestra identidad. Digamos juntos: ¡Ven Espíritu Santo!

Se trata de pedir el Espíritu Divino para así inyectarle vitalidad a este mundo que hemos recibido en herencia. Escribía el psiquiatra vienés Víctor Frankl en su libro: "El hombre en busca de sentido", que todos tenemos que aprender que lo importante en nuestra existencia no es el saber lo que espero de la vida sino aquello que la vida espera de mí.

Y es que la vocación del hombre es la de ser señor y no esclavo de las cosas. Se trata de humanizar lo material y no de materializar lo humano.

Pero por desgracia, es lamentablemente constatable como se ha degradado a las personas imprimiéndoles un valor comercial: nos hemos convertido en materia de compra, de intercambio, de inversión o de venta. La persona se ve degradada. En la vida todos nos necesitamos, pero por desgracia este mundo nos dice que tenemos un "valor comercial", y debiéramos reírnos de ello. El problema surge cuando ese comportamiento se hipertrofia y se hace posesivo, explotador. Entonces tratamos al otro como cosa, como un instrumento. Su interioridad, su individualidad, su valor y su libertad, que referimos en el primer espacio de reflexión, ya no existen para el usuario.

" Un instrumento animado", esa es propiamente la definición del esclavo. No importa para nada su yo, su personalidad; lo que importa será siempre su rendimiento

3.-         Wayne Oates decía: "El esclavo del trabajo desaparece de la comunidad humana... come, bebe y duerme su profesión. Se despierta a una hora fija, en la oficina se muestra cruel en sus propias exigencias para una realización perfecta... Al regresar al hogar, se va enseguida de cabeza en busca de su estudio o taller con el fin de aprovechar al màximo las restantes horas del día."

Fíjate como hoy en día la gente habla de éxito y parecen referirlo sólo a la producción de dinero. Pero, ¿sabes?... estoy convencido que una persona que ha producido grandes cantidades de dinero pero ha perdido a su familia, no debiera considerársele una persona exitosa. Estoy convencido que una persona que haya logrado amasar una gran fortuna en el banco pero que ha sacrificado su salud, no puede considerarse una persona de éxito.

Que lamentable el constatar al mirar en el espejo de nuestra franqueza, como nuestro rostro está esbozado en la descripción de Oates. La tarea del hombre es hacer de este mundo, y de esta creación algo más humano,... más cristiano. ¡Ven, Espíritu Santo!

4.-         Pidámosle al Espíritu Divino que venga a reforzar el aprecio por nuestra propia vida, por esta vida que Dios nos ha dado, por estos talentos con los que Él nos ha obsequiado,... sobretodo al estar sumergido en la mar de un mundo que nos hace voltear a contemplar el rostro de los demás y que nos invita a ser calcas, imitaciones, digámoslo con claridad y con vergüenza, calcamonias, monos reproducidos en tinta impresa, mimetizadores, repetidores de patrones de conducta,... que lamentable que por estar a la moda, y por repetir los moldes haya quien perfore sus pieles o convierta en un mapa humano al templo del Espíritu Divino. Sé que muchas cosas son convencionales, y que otras son movimientos neoculturales y por ello exigen de cualquiera de nosotros tolerancia, pero créeme que no alcanzo a entender ni mucho menos a imaginar que a una pintura de Van Gogh alguien le ponga lentejuelas o que a una escultura de Miguel Angel alguien se atreviera a romper el mármol para colocarle luces nocturnas con sus conductores necesarios.

5.-         Hablando del piercing,...¿No sé si has leído aquel pensamiento escrito por el español Carlos Goñi Zubieta, Doctor en Filosofía sobre los pendientes que nos salen? Te lo comparto y te deseo que puedas tener el juicio más equilibrado sobre el mismo:

“         Antes, para "desmarcarse", bastaba con llevar el pelo largo. Ahora, en cambio, muchos jóvenes y no tan jóvenes necesitan clavarse un anillo o un pendiente en la parte del cuerpo más inimaginable. Lo de colgarse un pendiente en el lóbulo de la oreja ya no "marca" lo suficiente; se han de buscar -removiendo la antropología- nuevas zonas, sólo accesibles a la última estética y a la cirugía de aficionado. No basta con rodearse la oreja con una hilera de pequeñas bisuterías, ahora se llevan "grapas" en las cejas, la cara, los labios, la lengua o el ombligo.

Dejarse taladrar el cuerpo para hacer bonito puede ser razonable, pero resulta desproporcionado; dejarse taladrar el cuerpo porque está de moda puede ser una razón irracional, pero resulta creíble; dejarse taladrar el cuerpo para llamar la atención puede ser demasiado caro, pero resulta efectivo. Yo creo que las razones que impulsan a tantos jóvenes a usar aros y pendientes están más allá de la pura estética, la moda o el llamar la atención. Generalmente utilizan estas excusas porque saben que nadie les va a entender; dicen que les gusta, que hacen lo que quieren, que se sienten mejor... y, claro, la gente no les comprende.

Buscar los motivos en otras culturas, en pueblos indígenas del Amazonas o en ritos ancestrales de nuestros antepasados, me parece descontextualizar demasiado un fenómeno actual. Sería como argüir en favor de la droga el tan socorrido ejemplo de los indios andinos; o para defender la infidelidad conyugal, acudir a las culturas polígamas. Claro que el ser humano, a lo largo de la historia, ha utilizado el adorno personal por distintos motivos y de diferentes maneras. Muchas personas se han tatuado el cuerpo o se han deformado los labios; se han afeitado la cabeza o se han colgado aros. Se trata, a mi modo de ver, de intentar entender por qué lo han hecho de esa especial manera.

Cuando un joven se pone un pendiente ha tenido que violar, en cierto modo, las reglas del juego social y se ha tenido que someter -dependiendo de la parte del cuerpo a agujerear- a una dolorosa intervención quirúrgica. Esta acción no puede ser gratuita, no puede explicarse únicamente desde la moda o la desmesura juvenil; seguramente tiene un fundamento mucho más profundo que las heridas que dejan indelebles en la carne. Yo creo que los pendientes no se ponen, sino que "salen", crecen desde dentro, desde el inconformismo de muchos jóvenes que no tienen quiénes les escuchen. De pronto llegan a casa, abren la puerta y dicen: "Papá, me ha salido un pendiente". Quieren decir que sólo han sido capaces de expresar su rebeldía de esa manera, que no les han enseñado otra, que no pueden hablar con otras palabras. Quieren mostrar que ya no hace falta que gritéis, ni que os rasguéis las vestiduras, que ya de nada sirve preguntarles el porqué, o echarles de casa; porque los agujeros que les han salido demuestran que habéis llegado demasiado tarde.

Cuando "salen" los pendientes hay algo que queda dentro, muerto, ahogado, dormido. La rebeldía juvenil toma la forma de erupción cutánea, afloran los agujeros y emergen los brillos. Su rebeldía, ignorada y apagada, como un catarro mal curado, comienza a dejar sus secuelas. Los "mayores" no hemos hecho nada por reconducir esa radiante energía, no hemos sabido darle oportunidades para que se manifieste con armonía. La hemos ahogado a base de silencios, la hemos debilitado a fuerza de comodidades, la hemos desviado con problemas y ocupaciones. Son ellos los que se están produciendo heridas, porque saben que no se puede crecer sin cicatrices”.

6.-         ¿Sabes? Muy querido Templo del Espíritu Divino: ¡Ojalá valoráramos más nuestra vida y nuestro cuerpo, y le salvaguardáramos. Cada quien de nosotros es tal cual es, no hay duplicados, nadie puede ser lo que no es genéticamente, nadie puede ser sustituido, ni desechado, nadie puede pretender ser lo que no es.

La enfermedad que marchita la vida de muchos de nosotros es el querer compararnos con otros o reproducir vidas que no son las nuestras, considerando que ellos son mejores que nosotros mismos, conduciendo este pensamiento a una baja estima, que nos llena de mala envidia, celos y complejos.

Es absurdo que, por ejemplo, el roble se compare con el pino y se autodestruya porque no puede ser tan alto como él; es locura que el pino alto en vez de gozar su altura, se maltrate porque no puede dar uvas, y así..., es lamentable que los únicos que no estemos contentos con nosotros mismos seamos nosotros mismos. ¡Ven Espíritu Santo! Te necesitamos.

7.-         Pidámosle a Dios, el Espíritu de hijos no el de esclavos, pero junto con el Espíritu que nos hace hijos, pidámosle que nos convierta en hermanos, sobre todo en este tiempo en el que la globalización nos ha fraccionado y en el que la soledad ha dejado de ser un visitante y se ha convertido en el incómodo inquilino de muchas de nuestras casas, en las que muchos más de los que te puedas imáginar están hambrientos de una pequeña muestra de afecto.

¿Sabes? Los estudios continuamente han revelado que la necesidad de un contacto físico es algo innato en todos los animales de sangre caliente; el contacto los hace sentirse más cómodos y ser más pacíficos. Por otra parte, la privación del contacto a menudo conduce al abatimiento, pérdida del apetito, apatía y a una disminución del funcionamiento eficiente. El doctor Harold Voth, prsiquiatra de la Fundación Menninger en Kansas, ha declarado,

"Un abrazo puede disipar la depresión... permitiendo que el sistema inmunológico del cuerpo se ajuste. Los brazos infunden nueva vida a un cuerpo cansado y nos hacen sentir más jóvenes y vibrantes. En el hogar, los abrazos cotidianos reforzarán las relaciones, reduciendo las fricciones de una manera significativa."

Pero,... somos una cultura de individuos en su mayoría bien vestidos, alimentados en exceso y con buenos automoviles. Tenemos tanto y a pesar de ello sufrimos una de las privaciones más peligrosas... la incapacidad de expresar nuestro amor con un afecto franco y honesto y sin temor. Se necesita tan poco para abrirles los brazos a los demás. Es una de las declaraciones más claras y más expresivas que podemos hacer.

¡Ven Espíritu Santo!

 

¿MANOS O TENTÁCULOS?

De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”.

“Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban al Espíritu Santo”.

1.-     Muy queridos radioescuchas:

Decía el Cardenal Fulton Shenn, uno de los clérigos que mejor uso le dio a la radio: “pensar en la fraternidad de los hombres sin pensar en la paternidad de Dios es hacer de los hombres un linaje de bastardos”.

El Espíritu Santo nos une, nos transforma en Jesús, el Hijo del Padre, y por sus méritos y unión vital con El, nosotros somos también hijos. Sentirnos hijos de Dios, gozarnos de serlo, tal es el fruto del don de piedad, que ya hemos referido.

Y al sentirnos hijos de Dios y hermanos de Jesús, nos sentimos también hermanos de todos los hombres y los amamos como tales.

La ausencia de una conciencia de lo anterior, es posiblemente la más grande deficiencia en un cristiano, y nuestra más grande desventaja.

Hablábamos en los anteriores segmentos de esa necesidad que tenemos los unos de los otros, y quizá la triste constatación de que el egoísmo en la actualidad ha evolucionado en tal manera hasta convertirse en soledades compartidas.

2.-         Enrique Rojas, Psiquiatra Matritense, refiere el siguiente pasaje en una de sus conferencias:

“ Una tarde de domingo me encontraba visitando a un amigo que vivía con su hijo de cinco años; en medio de nuestra charla el niño se acercó y le dijo a su padre:¿hoy viene mamá?, el padre responde: No. Mañana hijo. -(Nuevamente habla el niño) Pero yo quiero verla hoy y quiero estar con ella... Su padre tratando de consolarlo lo abraza y le dice que falta poco y la verá.

Muchas situaciones similares podemos escuchar, leer o presenciar en donde se vive el sufrimiento de no contar con la familia completamente constituida. Sin entrar en juicios sobre las personas, es una realidad que la formación natural y espiritual de las familias está siendo víctima de un resquebrajamiento. ¿Por qué víctima? Porque hay victimarios, y ellos son los que promueven una cultura en donde los valores y los principios éticos no se enseñen y no se vivan, difundiendo así la idea de que la familia sea concebida cual si fuera moda y no la unión física y espiritual de un hombre y una mujer que en matrimonio para toda la vida se comprometen a colaborar con la obra natural y creadora del Amor, y junto a sus hijos lleven a la plenitud la misión de ser padres y madres de familia”.

¡Ven Espíritu Santo! Y ayúdanos a ser más afectuosos, danos el don de la sabiduría, que es una luz tuya no en el entendimiento sino sobre nuestro sentimientos. Y es que todos necesitamos del afecto de alguien, tenemos necesidad de ser importantes para alguien, sentirnos personas.

3.-     Te quería comentar que en la primavera del año 1961, el psiquiatra Dr. Robert Coles estudiaba la lucha de los niños negros del sur para la integración racial de las escuelas, con muy pesimistas posibilidades para lograrlo. El doctor entró como maestro a una de las escuelas de Louisiana para observar por dentro el fenómeno. Hay algo que llamó poderosamente la atención del psiquiatra, al ver el Dr. Coles la forma en que cuatro niñas negras de seis años respondían a las constantes provocaciones con tranquilo valor, se puso a pensar qué daba a estas pobres y vulnerables niñas tanto valor y tanta resistencia. Ninguna de sus entrincadas explicaciones sociológicas daba razón de ello. Entonces escuchó a la madre de Nathalie, una de las niñas de color:

"Mi niña regresa a casa de la escuela, y oye a todos esos niños blancos gritándole, y no les va a dar el gusto de mostrarles que sí está asustada, ni por un momento; pero sí lo está. Yo sé que así es. Y lo primero que de verdad hace al llegar de la escuela es venir conmigo, y yo la abrazo, le agarro su cabeza, le agarró su brazo y la aprisionó junto a mí, después de un momento, se va entonces a comer algo, a tomarse un jugo, a jugar... Yo también me perturbaría, pero gracias a Dios mi mamá todavía vive con nosotros, y voy con ella, para que ponga su mano en mi cabeza y en mi brazo, para que me abrace, a fin de que me tranquilice de nuevo; entonces yo también puedo abrazar a mi hija. Mi madre por su parte todas las noches reza ante un Cristo que tiene en su habitación y yo sé bien que Él la abraza".

La verdad es que los abrazos suelen tener capacidades terapéuticas de tal manera que cualquier médico, cualquier pedagogo y cualquier psicólogo nos podrían decir que en su justa dosis los brazos de una madre es la mejor fuente de seguridad en la formación del carácter de una persona. ¿Y quién de nosotros no ha sentido un abrazo medicinal? Uno de esos abrazos que todo lo curan desde un raspón hasta un corazón destrozado?

4.-         Helen Colton refuerza esto con investigaciones que indican que: "Cuando se toca a una persona, la cantidad de hemoglobina en la sangre aumenta en forma significativa. La hemoglobina es la parte de la sangre que transporta el abastecimiento vital del oxígeno a todos los órganos del cuerpo... incluyendo el corazón y el cerebro. Un incremento en la hemoglobina tonifica todo el cuerpo, ayuda a impedir la enfermedad y apresura la recuperación de un padecimiento”.

Y no obstante, es lamentable nuestra insensatez y con ello viene nuestra degradación. ¿No te parece lamentable que una jovencita en la ciudad de México esté necesitada de notoriedad y para ello se desnude en una gasolinera mientras que los socorristas están atendiendo a las víctimas de un lamentable accidente automovilístico? ¿Cómo puede un corazón encontrarse tan vacío? ¿Te acuerdas de esa escena en la historia urbana?

Pero no vayamos tan lejos ¿No te parece dolorosamente escándaloso el hecho de que una jovencita que apenas está cruzando el umbral de la adolescencia a la juventud, en un estadio de futbol americano se sienta necesitada de ser popular aunque sea por un momento, de llamar la atención, de convertirse en el centro de la atención de alguien, de quien sea, aunque sea por el despojo de sus ropas exteriores e interiores, permitiendo que los que le rodean manoseen unos pechos aún en flor? ¿Te acuerdas o ya has olvidado esa escena en la prensa?

5.-         ¿Sabes? Hay quien ha afirmado que la promiscuidad de muchos de nuestros jóvenes tiene su fuente en la carencia de ternura de la que han padecido. Resulta interesante ver que se convierten en "una presa fácil". Hacen cosas que son totalmente inusuales en ellos y que están fuera del perímetro de sus sistemas de valores. Y todo por experimentar un poco de afecto que se les ha negado.

Los adolescentes reconocen que la carencia de ternura en sus vidas a menudo los lleva a conductas promiscuas.

El secreto de Pentecostés estriba en reconocernos personas ante Dios. El mensaje de Pentecostés se traduce en una llamada personal. Hoy hablamos del Dios que habla a los hombres y que nos trata como a hijos.

Ante Dios solamente podemos llegar cuando valoremos nuestra persona, nuestra existencia irrepetible, que tenemos facultades naturales: voluntad, libertad e inteligencia; pero también facultades sobrenaturales.

De la visión antigua, en la que se veía al cuerpo como la cárcel del alma, el cristiano tiene que resaltar que el cuerpo se ha convertido en Santuario. Y así podemos recordar a Leonidas hacia finales del siglo II besando el pecho de su hijo Orígenes que acaba de ser bautizado, por ser este ya un Templo del Espíritu Santo y de la Trinidad completa.

6.-     Me llama la atención la explosión de libros sobre técnicas sexuales o de artículos en cualquier revista de los supermercados. Hoy testificamos que en la televisión abierta y que hasta por tonos de celular sobreabundan los consejos sobre posiciones en aquello que es sagrado al vivirse en el amor más auténtico. Leía sobre el fenómeno de este pansexualismo, la opinión de dos psiquiatras y los dos coincidían en que se debe a la separación entre la sexualidad y el verdadero afecto.

La sexualidad humana con el transcurso de los años ha perdido su relación con el afecto. La sexualidad puede estar por completo divorciada de cualquier semejanza con el amor; puede ser simplemente un acto de satisfacción genital. El cuerpo de un ser humano se utiliza simplemente para la satisfacción de las necesidades de otro, nada más. Al igual que una droga, el sexo sin amor se convierte simplemente en la expresión de una necesidad física básica y de un deseo personal.

7.-         Durante los últimos diez años, la literatura ha estado repleta de implicaciones de que la causa primordial de las relaciones insatisfactorias entre los adultos es la falta de conocimientos o de técnicas sexuales. El resultado ha sido la interminable producción de manuales sexuales, que han llegado a convertirse en verdaderos best-sellers. El doctor Theodore Isaac Rubin en su libro Uno a Uno  critica lo que él ha llamado: el atletismo sexual, la actitud de aquellos que buscan nuevas técnicas en torno a la intimidad y se olvidan de cultivar el amor:

"Esta actitud de hacer hincapié en lo mecánico resulta destructiva. Conduce a superficialidades y a una inversión de orgullo en el desempeño, en vez de llevar a un interés sano en una forma más rica de relacionarse. El atletismo sexual simplemente no proporciona satisfacciones más profundas ni perdurables y el hecho de esperarlas es buscar un desengaño... una decepción  que resulta destructiva en todas las áreas de la relación".

8.-     El psiquiatra Rollo May, en su obra clásica El amor y la Voluntad, confirma esta opinión, al decir:

"Una segunda paradoja es que el nuevo énfasis en la técnica del sexo y de hacer el amor, a menudo hace que el tiro nos salga por la culata. Con frecuencia se me ocurre que existe una relación inversa entre el número de libros de cómo hacerlo que analiza una persona, o una impresión a gran escala en una sociedad, y la cantidad de pasión sexual o incluso de placer que experimentan las personas involucradas. Equivale a una actitud mecánica hacia el acto de hacer el amor y todo eso va unido a una enajenación, a sentimientos de soledad y despersonalización”.

¡Ven, Espíritu Santo! Enseñanos a ser personas y a vivir como hijos de Dios.

 

LA TRIDIMENSIONALIDAD HUMANA.

 “Reciban al Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

1.-     Muy gentiles amigos: Una triste estampa va llenando las calles de nuestra ciudad y se va convirtiendo en un elemento más de entre los muchos que hay en nuestro ya acostumbrado paisaje urbano, se trata de una especie de mueble adicional en la habitación del mundo actual.

Su caminar es lento y su porte es lamentablemente extraño. Engendra pena el encontrarle al recorrer los caminos y llegar a los entrecruces,... genera dolor e impotencia verle llegar a un punto de su existencia, como si fuera un encontrarse en un permanente callejón sin salida.

Su fastuosa y presuntuosa riqueza se ha convertido en la más miserable de las pobrezas. Sus ambiciones se han transformado en su propia tumba. Su anterior laboriosidad traía consigo el disfraz y el maquillaje del engaño y, como si fuera Mozart, en sus largas e interminables jornadas diurnas y nocturnas, en el insomnio irracional que provoca el mezquino interés de lo económico, ha ido escribiendo su propio requiem sobre la superficie de la mesa del billar y en el imparable compás de las esferas de marfil que chocan y regresan al tope de las barandas. Es posible que él quisiera darle marcha atrás a las manecillas del reloj y si estuviera en sus manos le regresaría las hojas al calendario; sin embargo, va experimentando su propia incapacidad al estarse impactando una y otra vez contra el grueso muro de la inexorabilidad del tiempo, y de todas aquellas situaciones irreversibles que él mismo ha generado por la comisión o que, por lo menos, ha permitido en el descuido o en la omisión.

Se le ha llamado pomposamente el hombre unidimensional. Se trata, en la realidad, de un ser humano que ha polarizado su existencia, y en lo comprensible se trata de aquel hombre que no ha comprendido la necesidad de equilibrar la vida, sus intereses, sus trabajos, sus intenciones, sus motivaciones y sus acciones.

3.-     Y es que, todos nosotros debemos ser conscientes, de que las polaridades pueden tener diferentes expresiones; sin embargo, nuestro tiempo ha favorecido a los que, ambicionando lo material, han llegado a descuidar otras áreas también importantes de su vida. Y todos los días, nos vamos encontrando en el peregrinaje de la existencia con esos nuevos rostros de personas que, embriagados por los licores de la codicia, atraídos por la mercadotecnia de la seducción y el engaño de las luces de neón, han embotado su entendimiento y han adquirido, en la peor de las inversiones, la costosa membresía de este triste privilegio.

El hombre unidimensional al que me refiero es aquel que se encuentra narcotizado por lo material y que vive sus alusinaciones evadiendo las realidades. Es el ser ambicioso, se trata de aquel que vive obsesionado por hacer acopio desmesurado de los beneficios económicos, provocando el detrimento, la pérdida o el abandono de los otros bienes verdaderos que se le han heredado, y que por el afán de las apropiaciones va renunciando a sus propiedades, que en la lucha de las adquisiciones ha ido descuidando sus pertenencias, y que en la búsqueda de lo deslumbrante ha perdido el control de lo real. Se trata de un hombre que se ha encontrado con nuevos alucinógenos que le estimulan, y que al mismo tiempo le van mintiendo, entorpeciendo y degradando.

4.-     Este hombre unidimensional, en unión de otros miembros activos de tan selecto status, se ha encargado de construir una próspera y confortable metrópoli, en la que habita una sociedad que también adolece por la unidimensionalidad. Para esta sociedad, la productividad ha adquirido su carta de ciudadanía, y se ha ubicado paulatinamente y sin competencias reales, en el lugar supremo dentro de su escala de valoración.

Esta sociedad tiene su propia Constitución Política y sus propias Tablas de la Ley: Producción, trabajo, excelencia, éxito, puntualidad, laboriosidad, ahorro, calidad, eficiencia, certificación, globalidad, libre comercio, competitividad, porstgrados,...  se han convertido en su obsesión, en su juez y en su verdugo.

En más ocasiones de las que te puedieras imaginar: la productividad de la industria ha caminado al mismo ritmo de la fractura interna de las personas; la consolidación de los comercios ha ido de la mano con la destrucción de las familias; y los éxitos empresariales y esos ascensos laborales se han acompañado de la pérdida del verdadero rostro de la humanidad.

Hemos hipotecado nuestra propia vida, al dejar en el rincón del olvido las otras dimensiones que componen nuestro existir. Hemos renunciado a la sabiduría de Dios, quien, como Creador nuestro, hoy quiere explicarnos el proceso que tuvo la creación de aquella que considera como su obra maestra.

5.-     Y es que la afirmación primera de la visión cristiana del hombre reza así: el hombre es el centro y la cúspide de la creación. Este hombre no es unidimensional, sino que a diferencia de las demás creaturas tiene un triple componente: Carne, el aliento o el alma y el espíritu. El hombre bíblico, el hombre cristiano es tridimensional.

La dimensión carnal nos relaciona con el mundo inanimado, el cual también es obra de Dios. Y mientras que el alma es un elemento que relaciona al hombre con sus semejantes, el espíritu es un factor que le concede la apertura a Dios y que le dirige hacia la eternidad, que le permite trascender.

La carne nos relaciona con el mundo mineral, vegetal y animal, el alma nos relaciona con el hermano y el espíritu nos relaciona con Dios.

6.-     En la celebración del Pentecostés cristiano, simplifiquemos lo anterior en las siguientes palabras: Desde el principio de la creación el Espíritu que hemos recibido nos muestra quién es el hombre. El hombre no es sólo barro, sino barro y  espíritu.

De esta manera, en Pentecostés acontece una nueva creación, este hombre que a lo largo de la historia se había dejado guiar por su propio barro recibe la infusión del Espíritu Santo y se puede manifestar como creatura nueva.

Hoy, San Juan nos está hablando del anochecer en el día de la resurrección, se trata del domingo, se trata del primer día de la nueva creación, en el que el hombre nuevo recibe el don del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo actuará de manera invisible, más no inverificable y se encargará de transformar al hombre desde su interior: penetra en las almas de sus fieles, consuela, da paz en el corazón, sacia, lava, riega, sana, doma y encamina.

La enseñanza cristiana de nuestra Liturgia deberá ir dirigida en torno a este camino: Dios nos está invitando para que mostremos quienes somos en la vida. La exhortación que se nos hace, es a que dejemos ver en la vida lo que llevamos en el interior de cada uno de nosotros: Somos barro es cierto, pero también somos espíritu, y somos hijos de Dios.

7.-         ¿Sabes? En la actualidad, son varios los autores que nos hablan de la tridimensionalidad del hombre. Uno de ellos es Zig Ziglar,  en su conocido libro: CÓMO CRIAR HIJOS CON ACTITUDES POSITIVAS EN UN MUNDO NEGATIVO, y lamenta el autor el que los padres de familia se preocupen tanto sólo por el crecimiento físico e intelectual de sus hijos, pero olvidando el crecimiento espiritual.

Otros autores nos llegan a hablar de la tetradimensionalidad, es decir de cuatro dimensiones en la vida humana. Tal es el caso de Rumer Godden quien escribe un libro titulado: LA CASA DE LOS CUATRO CUARTOS, afirmando que cada uno de los hombres es como una casa de cuatro habitaciones: la física, la mental, la emocional y la espiritual: “Lo lamentable es que solemos pasar la mayor parte del tiempo en una sola de ellas, pero si no visitamos las cuatro todos los días, aunque sea para ventilarlas, algo nos falta.”

Y esta es en verdad nuestra historia. Somos pocos en realidad, entre nosotros, los que utilizamos al máximo las capacidades que Dios nos ha dado. Al vivir y darle importancia solamente a una dimensión en nuestra vida, somos como esas personas que poseen mansiones, y que sólo aprovechan el sótano en su existencia.

8.-     No obstante, el pecado del hombre actual estriba en el querer ser unidimensional. Los viejos Maniqueos han adquirido su visa internacional y ya se han cruzado la frontera que se encuentra entre la concepción de la espiritualidad del hombre, y residen hoy en el país de la sola corporeidad en el olvido de los espiritual. Los Maniqueos modernos han olvidado que la cárcel se ha convertido en templo, y que lo importante en el templo será ciertamente su hermosura, su dignidad, el decoro, el confort, el mueblaje, pero que al principio y al final de cuentas lo verdaderamente importante en un Templo, es Aquél que habita en él.

El hombre unidimensional es frágil e inconsistente. Se trata de una construcción sostenida en una sola columna, que enfrenta el riesgo del ocasional deterioro de ese monolito y, esto se convierte, al mismo tiempo, en su propia amenaza y en su propia ruina.

9.-         ¿Saben? No se me olvida aquella expresión escrita por aquel novelista católico Morris West en su libro de “Las Sandalias del Pescador”:

“Cuesta tanto llegar a ser plenamente humano
que son muy pocos los que poseen
el esclarecimiento o el valor necesarios
para pagar el precio requerido...”

  

10.-         Hermanos muy queridos:

Todos aquellos que queramos sostener nuestra vida sobre un solo pie de apoyo estamos corriendo el riesgo de la destrucción total cuando éste pie se destruya, y esto es lo más seguro sin duda y al mismo tiempo lo más lamentable.                                                                    ¡Ven, Espíritu Santo!

 

 

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