Domingo 25 de Noviembre de 2007_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

LA AUTORIDAD DEL QUE MUERE EN LA CRUZ.

   Cuando Jesús estaba ya crucificado, las autoridades le hacían muecas, diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido”.

También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a él, le ofrecían vinagre y le decían: “Si tú éres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: “Este es el rey de los judíos”.

Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: “Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro le reclamaba, indignado: “¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho”. Y le decía a Jesús: “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí”. Jesús le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Momento 1

Momento 2

Momento 3

Momento 4

Audio 1

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1.- Muy queridos amigos:

¡Qué extraños son los procedimientos de los hombres! ¿No te parece?... Y, ¿ahora que traerá este cura? Preguntará más de uno de mis amables lectores. Te pido que me tengas un poco de paciencia... Iniciemos:

¿Cuántas veces el ser humano ha pretendido que Dios se le asemeje, muy lejos de que sea él el que se fuere asemejando a Aquel que posee la perfección? ¿Cuántas veces hemos querido que el Evangelio se amolde a nuestra forma de vida, lejos de que sea nuestra vida la que se pudiera amoldar al Evangelio?

2.-         Jesucristo es el Rey de Reyes, el Rey del universo, el Rey de la Paz y así lo profesamos, lo proclamamos y lo celebramos en este importantísimo día litúrgico.

Pero, por ventura te habrás preguntado alguna vez: ¿En dónde están los fundamentos y la identidad del Reinado de Cristo?

Te invito para que reflexionemos sobre ello.

3.-     El primer elemento y el más importante, tenemos que decir: el que Cristo sea Rey tiene sus fundamentos más profundos en su propia identidad divina, su ser el Verbo de Dios e Hijo eterno del Padre de la bondad.

Para Jesucristo no resultan necesarios, y puedo decir que hasta se llegan a convertir en estorbos, todos esos simulacros de poder y de esplendor con los que se rodeó en otros tiempos la monarquía, con toda su pompa y su majestad, con toda su soberbia y su vanagloria, con todo su engreimiento y su efímera hegemonía; sino que su reinado es algo mucho más radical, algo más sólido y mucho más firme ya en sí mismo, precisamente por la identidad de Cristo Jesús: Él es el Dios de Dios, la Luz de Luz, es el Dios verdadero de Dios verdadero. 

4.- Pero además tenemos que subrayar un segundo elemento, que aún cuando es menos esencial, no deja de ser importante como para que podamos comprender mejor en que consiste su reinado: Jesucristo nos ha enseñado que su reinado no es de este mundo, su majestad no consiste en un sólo proclamar leyes y poner gravámenes sobre las espaldas de los súbditos, tal como lo han hecho y lo hacen los reyes de la tierra, sin que ellos sean capaces de tocarlas ni siquiera con la punta de un dedo.

5.-         Podríamos decir que a ese primer reinado que le toca a Jesús en su propio ser y en su propia identidad, sigue el segundo reinado que es el de la identificación de Cristo con todo lo que Él mismo enseña.

Jesucristo ha ido paso a paso durante su vida e incluso durante el ofrecimiento de su muerte, legislando con su testimonio y con su ejemplo, de tal manera que Cristo con la congruencia entre el decir y el hacer ha alcanzado otra de las manifestaciones de la autoridad, para que así pueda enseñar y orientar a los hombres por el camino de unos mandamientos, que Él mismo ha vivido antes de exigirlos.

Acuérdate del estribillo que recorre nuestros Evangelios: “La gente se admiraba de su doctrina porque hablaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.” Jesucristo ha enseñado con la autoridad de Aquel que enseña lo que ha vivido en la primera persona del singular.

¡Date cuenta! El Evangelio de este día nos muestra cómo el reinado de Cristo es distinto del que comúnmente se ejerce sobre la faz de la tierra.

Y es así como tenemos que comprender que, cuando nos presentemos ante Él, Él no nos va a juzgar en base a esos criterios que se promulgan y que no son vividos, como hacen las autoridades en el mundo, sino que juzgará a las naciones y a los hombres en base a su propia experiencia y a su propio testimonio.

Es así como podemos y debemos decir que el reinado de Jesucristo tiene sí su fundamento en el ser, pero que Él ha querido que tuviera su consistencia en su quehacer.

6.-     Si una enseñanza tuviéramos que elegir para este segmento de reflexión, considero que no puede ser otra, sino el ir aclarando para así pedirle a Dios que nos ayude a comprender que no debemos divorciar nuestro ser del quehacer, así como nuestro quehacer de nuestro ser.

Algunos vamos enfatizando y presumiendo nuestro ser pero hemos olvidado nuestro quehacer, algunos otros cumplimos con algunos o muchos de nuestros quehaceres, pero nos vamos olvidando de nuestro ser. Las dos situaciones son verdaderamente lamentables.

Apliquémoslo a nuestra vida, para que así lo comprendamos.

En primer lugar, gran parte de nuestros problemas consisten en esa búsqueda de algunos de nosotros, que nos conformamos con el ser: Muchos nos conformamos con lo que hemos recibido, aquello con lo que se nos ha constituido y hemos olvidamos el obrar coherentemente con lo anterior.

Muchos se conforman con haber engendrado, no pocos nos conformamos con habernos ordenado sacerdotes, otros con haberse casado o con la consagración en una hermosa liturgia. Pero..., no manifestamos en la vida lo que somos. Nuestro ser va muriendo por esa inconsistencia que provoca la ausencia de nuestro quehacer.

7.-     Pero también hay otros que nos hemos conformado con el quehacer y nos hemos olvidado del ser. Aquellos que nos conformamos con la sola manifestación de unas acciones olvidando las propias convicciones y, muchas veces hasta la propia identidad.

Somos aquellos que cumplimos con la realización de algunas acciones, de una parte o casi la totalidad de nuestros quehaceres, pero nos olvidamos del ser. ¿No lo entiendes? Te lo explico entonces de otra manera: ¿Ser padre significa solamente proveer un hogar? ¿Ser padre significa solamente llenar una alacena y un refrigerador? ¿Ser padre se identifica con el sólo pagar una colegiatura o saldar los servicios de una casa? Te fijas, cómo el cumplir con los quehaceres se puede hacer al margen de la conciencia y la coherencia con el ser. Y, es que, hoy abundamos aquellos que solemos dar cosas pero que no nos damos a nosotros mismos, aquellos que cumplimos con lo superficial pero que no ofrecemos nuestra donación.

8.-     Hoy el Evangelio nos enseña, en el rostro de Cristo que es capaz del ofrecimiento de la propia vida, el rostro del Rey, el rostro de la autoridad, y una clara manifestación de lo que significa el unir en la vida nuestro ser con nuestro quehacer, y ¿sabes qué? Esto tiene su desenlace en la cruz.

Jesucristo es Rey principalmente porque Él es el Hijo eterno del Padre,... y, nadie lo pone en tela de duda,... pero su reinado sobre todo hace más relación con Él como Aquel que ha vivido coherentemente entre lo que dice y lo que hace, Aquel que ha legislado con su propio comportamiento, Aquel que ha usado la cruz y el gólgota cómo pretorio para el mundo. Efectivamente aquel lugar en el que estaban Pilato y Jesucristo es el pretorio, pero el praetor auténtico no era aquel que hemos considerado. El praetor era un magistrado en el gobierno romano y aquel que es Praetor literalmente obraba conforme al significado de la palabra: “el hombre que va antes que los otros”. Dime: ¿No ha sido precisamente Jesucristo Aquel que ha estado delante de nosotros para guiarnos y darnos ejemplo de aquello que nos pide?

9.-     Un último ejemplo te podrá ayudar en este momento: Muchas personas en este domingo nos hemos dado a la tarea de colocarle a Cristo una corona como esas coronas de los reyes de la tierra, un manto púrpura como el de los príncipes, un cetro en su mano como aquellos que comandan humanamente, y todo eso lo hacemos, según nosotros, para favorecer en nuestro propio juicio una imagen de Cristo Rey. ¡Qué absurdo!, queremos que Cristo sea Rey conforme a la imagen humana y mezquina del Reinado.

¿Sabes una cosa? Para mí no existe imagen más hermosa de Cristo Rey, que la imagen de Cristo crucificado. ¿Por qué? Porque nos muestra abiertamente a Aquel que está sobre todos y sobre todo, enseñándonos con el ejemplo de su vida. A la autoridad natural de Aquél que es el Hijo eterno del Padre, le agregamos la autoridad de Aquel que nos ha amado hasta dar su vida por nosotros. La Cruz no es una imagen que pudiera envilecer sino una imagen que engrandece en toda la proporción posible a Aquel que ya era grande por sí mismo.

10.-Te lo explico con esta otra imagen: Me tocó ver a mi madre muchísimas veces en su lecho de enfermedad, ella tenía una autoridad natural innegable: me dio la vida y muchísimo más que la vida. Lo anterior, me hacía verla con todo el respeto que se merecía. Pero el llegar a contemplarla en su lecho de enfermedad, me llevaba a ver a aquella que poseía la autoridad de la coherencia, aquella que estaba en su cruz de enfermedad a causa de su desgaste amoroso por mí, por mis hermanos y por mi padre. Clavada en la cruz de la dependencia, flagelada con el látigo de los continuos dolores, con sus manos llagadas por sus quehaceres y sus pies perforados por los deberes, con su frente punzada por las espinas del tiempo y del cansancio.

La veía, en cierta manera, incomodarse cargando una cruz muy difícil de llevar, ¿quieres saber cuál? En sus últimos momentos, ya no podía valerse por sí misma para sus necesidades personales... Pero siempre la pude ver con una sonrisa, en la cuál lo decía todo: le alegraba vernos bien aunque ella se hubiera consumido con los años y con esas huellas imborrables que como fiel dama de compañía vienen de la mano del tiempo. Al verla en su lecho de enfermedad veía a aquella a quien he considerado una reina sin duda por que me dió la existencia,... pero sobre todo veía en esa cama de hospital a aquella que obtuvo la más grande autoridad, la autoridad de ese amor inmenso que nos obsequió, motivo por el cual se fue consumiendo en sus noches y sus días.

11.-         ¿Entiendes ahora porque te digo que la imagen más bella de Cristo Rey es la imagen de Jesucristo crucificado? Su ser que sobrepasa todo lo que podamos pensar se unió a su quehacer que ha sobrepasado todo lo que podíamos esperar.

Yo no me avergüenzo de Cristo crucificado, todo lo contrario, me siento orgullosísimo de Él. Sé que ha resucitado, sé que está glorificado..., pero su cruz me recuerda la autoridad de Aquel que muere porque me ama. ¡Lástima que hoy en día haya tantos enemigos de la cruz de Cristo! Y que se burlan de que haya un Cristo crucificado en nuestra casas y templos.

10.-         ¿Quieres un consejo? Hoy en la fiesta de Cristo Rey no le pongas a la imagen del Señor una corona de oro, ni un manto de púrpura, ni un cetro, ni lo sientes en un trono. Él no los necesita. -¡Es que quiero que parezca un Rey!- Él es Rey por lo que es y por lo que ha hecho. ¿Por qué mejor, en lugar de que hagamos a Cristo tal y como son nuestros reyes, nuestros reyes no se hacen tal y como es Cristo? 

 

AUTORIDAD Y AUTORITARIOS.

“Cuando Jesús estaba ya crucificado, las autoridades le hacían muecas, diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido”

También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a él, le ofrecían vinagre y le decían: “Si tú éres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: “Este es el rey de los judíos”

1.-         Repentinamente se han encuentrado frente a frente aquellos que gobernaban Israel y el Rey que vino a enseñarnos la bondad de un reinado que se extiende desde la eternidad. Ellos le hacen muecas y Él les ofrecerá el perdón. Frente a frente a están el autoritario y el que es autoridad.

¿Por qué jugar con las palabras? ¿autoritario y autoridad? ¿Qué diferencia existe?

2.-     Muy queridos amigos:

Resulta verdaderamente lamentable el que cada vez seamos tantos los que vamos confundiendo las virtudes con los vicios. ¡En realidad! Pocas confusiones suelen ser tan deplorables y, al mismo tiempo, han gozado de tanta difusión.

Somos tantos, por ejemplo los que confundimos la pobreza con la miseria, los que identificamos la humildad con la humillación, los que consideramos como si fueren lo mismo la servicialidad y el servilismo, quienes por el mandato del perdón fraterno llegamos a confundir un corazón que es magnánimo con la aceptación de una injusticia, aquellos que catalogamos como si fueren idénticas la fe y el fanatismo, los que no distinguimos entre el ser autoridad con el ser autoritario... Lo anterior, nos puede explicar la génesis de muchas de esas acres críticas desplegadas contra el cristianismo, al cual le han llegado a llamar “opio”, locura y necedad.

3.-         Pero,... vayámonos por partes. En primer lugar te invito para que distingamos las virtudes de los vicios, y para que no confundamos aquello que envilece con lo que puede hacernos verdaderamente cristianos.

La pobreza, sin lugar a dudas, es una virtud cristiana, se trata de la libertad de aquel que se sabe lugarteniente y no siervo de la creación. Es la capacidad de colocar a Dios como el supremo y verdadero valor de la vida y percibir el dinero y todos los recursos materiales como beneficios que nos vienen de su mano providente. La virtud de la pobreza nos llevará a agradecer a Dios por lo que tenemos y a confiar en Dios durante los períodos de carencias... La miseria, por su parte, entendida como el despojo o como un nivel de vida infrahumano, ni puede ser virtuosa, ni es evangélica, ni podrá ser digna del hombre.

La humildad es también una virtud, un don muy necesario en nuestro tiempo, se trata de esa justa valoración de sí mismo y de los demás. La vivencia de la humildad nos llevará a no sentirnos ni superiores ni inferiores en relación con el semejante. Vivir la humildad nos dará la capacidad de comprender que todos necesitamos del prójimo así como ellos necesitan de nosotros... La humillación, es todo lo contrario, el que nos degraden, el que se rían de nosotros, el que nos pisotéen, el que nos exhiban o el que nos avergüencen es algo inhumano y, por lo tanto, anticristiano, y muy contrario al Evangelio.

La servicialidad es virtuosa aquí y en cualquier parte, se trata de esa solicitud que podamos tener ante las necesidades que el prójimo padece, se trata de la ayuda y del apoyo que brindamos a aquellos con los que nos topamos en el camino de la vida y que requieren de nosotros... El servilismo, por otra parte, es algo vil y rastrero, es pusilanimidad y mediocridad, es muy contrario a la dignidad del hombre, se trata de un antivalor, y por lo tanto no puede ser virtuoso, ni cristiano, ni evangélico.

El ofrecer el perdón al que nos ha ofendido y que nos pide una disculpa será un ejercicio que nos acerque a Dios en nuestra vida,... pero el aceptar la injusticia perpetrada no puede ser ni virtud, ni un valor, ni mucho menos cristiano. Fíjate como Jesucristo nos enseña a poner la otra mejilla cuando el hermano nos ofende, pero cuando injustamente le ha golpeado el soldado en su mejilla, él le pregunta: Si he ofendido en algo, díme en que ha sido, pero si no, ¿por qué me golpeas?

Y así la fe auténtica la tendríamos que distinguir del fanatismo, puesto que si la fe como una virtud teologal es una luz divina en el entendimiento humano, el fanatismo es una antivirtud que oscurece el pensamiento y ofusca los sentimientos para convertirse en una de las más lamentables fuentes de la barbarie humana, y que digo “humana”, habría que decir: barbarie inhumana.

4.-     Pero vayamos al tema que el día de hoy nos ocupa: distinguir entre el ser de la autoridad y el proceder del autoritario...

La autoridad en su recto ejercicio es evangélica, no se trata de un sentirnos superiores a los demás, sino de un servicio que Dios nos ha querido delegar a algunas personas en la vida. Se trata de esas facultades que se nos han comisionado... El autoritario, a diferencia de lo anterior, es el déspota y el arbitrario, es el abusivo que llega hasta esa enfermedad de poder llamada tiranía. La recta autoridad es virtuosa  en lo humano, en lo cristiano y en lo evangélico, pero el autoritarismo siempre será inhumano, anticristiano y contrario al evangelio.

No debemos confundir más las virtudes con los vicios. ¿Qué es el ser autoridad y que es el ser autoritario? En nuestro tiempo las amenazas y otro tipo de coacciones se siguen utilizando como recurso persuasivo de parte de las autoridades hacia aquellos a los que servimos. Por desgracia en nuestro tiempo los títulos y las dignidades se han ido adhiriendo a la piel como respaldo muchas veces, a una autoridad que no corresponde a la persona que la ejerce. Capitalicemos la Solemnidad de Cristo Rey para revisar nuestro ejercicio de la autoridad,... ¿O lo confundimos con el ser autoritarios?

¿Las Autoridades y los autoritarios?... parecen tan cercanos los conceptos, pero son tan lejanas las realidades.

5.-         Revisemos los contrastes: El que es autoridad habla, y sabe que hay momentos en los que es mejor callar para así escuchar la voz del hermano o la voz de nuestra conciencia, el autoritario mientras tanto es el que grita. El que es autoridad pide, el autoritario se la pasa exigiendo. El que es autoridad convence, el autoritario impone. El que es autoridad ama, el que es autoritario  pide ser amado. El que es autoridad espera siempre y cuando ve que el otro regresa, sale de sí mismo y corre al encuentro de aquel que se había ido, el autoritario cierra la puerta y las ventanas, y espera que le toquen el timbre y se niega a abrir hasta que le ofrezcan una disculpa...

¿Quiéres conocer cuál es la diferencia más clara entre el que es autoridad y el autoritario? Te invito a que recrees la imagen del Evangelio de este domingo: imagina a Jesucristo frente a aquellas autoridades que hacen muecas, ahora te pido que contemples esa cruz que tienes en tu habitación...

La máxima diferencia entre el que es autoridad y el autoritario se ubica en el viernes santo: el que es autoridad muere en la Cruz, mientras que el autoritario pide crucifixiones y se ha encargado de levantar la cruz.

Sigue contemplando por un momento al crucificado,...

Los azotes, los clavos, la corona, la lanzada y la cruz no acabaron con Él. La victoria de Cristo ha traspasa los clavos. Los clavos de la cruz hacen inconsistente el poder dominante del mundo y nos muestran la virtud de la autoridad divina.

6.-         Como cristiano no debo arrodillarme ante ´los señores´ que han mandado poner clavos, no es ante los crucificadores, sino ante el crucificado que ha traspasado los clavos. Es ante Él, ante quien tiene sentido mi postración, mi adoración y mi obediencia. Pero, parece ser que muchos cristianos pareciéramos querer seguir los pasos de los autoritarios y no los de aquel que tiene autoridad...

7.-     Los reyes y guerreros de éste mundo, sus Cuerpos y sus Imperios se encuentran bajo la tierra. Incluso muchos de sus cuerpos yacen en el anonimato de los caminos, del desierto, de una isla o de la mar, ni siquiera sabemos en donde están enterrados. Todos ellos llegaron a pensar en su tiempo que sus Reinos nunca terminarían, que serían eternos, y hasta augustos y sacros se llegaron a proclamar.

Pero, ¡no te confundas!, el Reino de Cristo no es de este mundo, y no obstante sólo Él nos puede abrir la puerta del paraíso, si somos capaces de aprovechar la última gota de aceite en nuestra lámpara y los últimos granos de arena que resbalan por el embudo de nuestro reloj.

Celso, Juliano el apóstata, Augusto Comte, Friedrich Nietzche, Ludwig Feuerbach, Karl Marx pretendieron pasar a Jesús a los datos muertos de los libros de la historia.

Mis queridos Juliano, Comte, Nietzche, Feuerbach, Marx: son ustedes los que han pasado a la Historia, y Jesucristo sigue vivo ayer, ahora y siempre. Jesucristo es el Alfa y la Omega, es el principio y el fin, es el primogénito y el pleroma. Su Reino trasciende, el Universo entero le pertenece.

8.-     Todo lo que nace de abajo es transitorio, inconsistente, limitado, condenado a la muerte. De abajo ha nacido el desorden, la prepotencia, el mal, las tiranías de todo género, la violencia, la injusticia, la codicia y los egoísmos.

Lo que nace de arriba en cambio es eterno, victorioso, glorioso y universal. De arriba nace la bondad, el amor, la justicia y la verdad. La entrega desinteresada, la fidelidad, la compasión, la vida y la paciencia provienen de Dios.

Sobre la tierra nada hay que sea definitivo, siempre, ahora y luego, la vida verdadera será un encuentro con la luz y una transformación de lo caduco.

9.-         Pero... ¿Cómo podremos obtener la vida verdadera que traspasa la realidad espacio-temporal? ¿Cómo podemos tener parte en ese Reino del que nos quiere hacer partícipes Aquél que es el Rey eterno?

Si tu éres padre de familia y has hecho lo que debías haber hecho, alégrate. Si tú eres sacerdote y has hecho lo que debías haber hecho, alégrate. Dios ve lo secreto y Dios que ve lo secreto te recompensará. Y es en su recompensa que está nuestra victoria. Sin lugar a dudas, ejercer cristianamente la autoridad es de las realidades más difíciles.

Te invito para que fomentes la oración, y que no le tengas miedo a postrarte ante la imagen del crucificado, que sin duda tiene autoridad por su resurrección, pero la tiene también por su ofrenda en el Calvario. Póstrate ante Cristo y, un día, cuando tu cuerpo no pueda hacerlo, dile al Señor aquello que le decía Gilbert Keith Chesterton: “cuando mi cuerpo no se pueda postrar ante ti, mi alma se encontrará postrada ante tu majestad”, y es que la postración es mucho más una postura de nuestro corazón que de nuestro cuerpo.

Orar significará aprender a postrarnos ante Aquel que tiene la autoridad absoluta, y que nos recuerda que nuestra supuesta autoridad no es más que una delegación de la que a Él le corresponde. Todo esto nos ayudará a que no seamos poseedores abusivos y olvidadizos de los dones de Dios. Se trata de aclarar nuestros pensamientos.

 

LA VERDAD QUE ACOMPAÑA AL SERVICIO.

Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: “Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro le reclamaba, indignado: “¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho”. Y le decía a Jesús: “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí”. Jesús le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”. 

1.-     Muy queridos radioescuchas:

El Evangelio de este domingo, y toda nuestra vida cristiana, nos invitan a considerar nuestra vida sin protagonismos, sin exigencias, sin pretensiones de dominio ni arrogancias. No hay quien se salve, ni puede conocer lo que es vivir desde la creencia de sentirse el superior, el distinto,... desde la postura de mirar un poco, o un mucho, por encima del hombro al hermano que se acerca a nosotros, a aquellos a los que nos hemos acercado o a aquellos a quienes Dios un día nos ha acercado.

Cristo nos está invitando a vivir el reinado del servicio. Saber que la auténtica autoridad se encuentra en la entrega y que, entre nosotros no debe ser como entre los jefes de las naciones que, al mismo tiempo que esclavizan exigen el reconocimiento de sus súbditos.

Aquí, en la vida auténticamente cristiana, el que quiera ser el más importante debe ser el último y el servidor de todos.

Pero,... debemos recuperar algunos elementos propios del servicio plenamente cristiano.

Y es que todo el  mundo reconoce que para vivir es necesario dar, participar, colaborar, sentirse útil, etc... Sin embargo hay quienes sirven para recibir a cambio, para recibir dinero, gratificación, reconocimiento,... mientras que hay otros que sirven sin esperar ni exigir, sin pretensiones ni de dominio ni de poder, y esta es la invitación auténticamente cristiana.El dar sin esperar es la verdadera forma de vivir amando.  Y es que el amor es el orígen y el fin de la vida, se trata de dar sin pretender que el resultado o el final sea lo que espero, al menos no ese final inmediato, aunque sí el eterno.

2.-     Las desgracias y las penas de los que damos para recibir en este mundo, empiezan cuando la respuesta que se nos da se antoja desagradecida, cuando vemos a los hijos, los amigos, el esposo, los feligreses... en definitiva cuando aquellos que más queremos no son como queremos ni responden a lo que esperamos. Porque sin darnos cuenta, muchos de nosotros hemos ido dando a los demás con la intención de recibir, para conseguir que sean o vivan como mejor creemos o como nosotros queremos. Los sufrimientos se van originando en nosotros por la respuesta libre de los que más queremos, porque ni los comprendemos ni podemos sufrir su propia desgracia, o se dan en aquellos que decimos querer cuando les imponemos sus reacciones conforme a nuestros criterios.

Los que dan para ser vistos, para recibir la respuesta a la que tienen derecho, para recibir el premio, los que dan con exigencias de reconocimiento, ya han recibido su paga aquí en la tierra; pero es que además, la postura de exigencias siempre crea distanciamiento y soledad. Nadie se acerca al que nos va a exigir pleitesía o va a esperar algún pago por los favores, nos acercamos a quien nos ama sin esperar, sin reclamar, y sin que nos venga a pedir cuentas: “Después de todo lo que hicimos por ustedes,... ¡ése es su agradecimiento!, ¡qué malagradecidos!”, dicen muchas veces algunos padres.

El agradecimiento o es de corazón o es una imposición que repele tener que darlo. Uno se siente amado cuando sabe que no le van a pasar factura, cuando sabe que es libre, cuando no siente la pretensión o la exigencia de ese amor que no es más que una necesidad cubierta de dominio, compañía, o deseos personales. ¡Una forma maquillada del autoritarismo! De ese autoritarismo del que hemos hablado ampliamente.

3.-     Y, es que, no entendemos que Nuestra vida es un proceso de crecimiento: Se empieza exigiendo al nacer, se pasa a dar para recibir, y se descubre la plenitud dando sin esperar.'  Digámoslo de otra manera: el hombre al nacer nace con sus manos cerradas y al morir lo hace con las manos abiertas. Entendamos que el proceso de una vida que se desarrolla entre la estancia en el vientre materno y el regreso al vientre de la tierra, estriba en ese aprender a abrir las manos, y es esto lo que nos sacará de nuevo del reposo mortal para ingresar al goce de la eternidad.

La verdadera esclavitud del hombre es una cadena que le ata a la respuesta esperada, parece que la vida no tiene sentido si no recibimos la respuesta deseada, la gratitud o el servicio merecidos. El hombre ha de aprender a dejar a los otros la misma libertad que exige para sí mismo. El Dominar es cuestión de poder, el servir es cuestión de amor. Otra vez, esa existente diferencia entre la autoridad auténtica y el nefasto autoritarismo. Pero entendamos que ¡Esto es lo verdaderamente cristiano!

El instinto da para recibir, el verdadero amor no pide respuesta esperada. Y frente a la pasión instintiva, el hombre puede reconocer que hay un camino más profundo, el que da porque ama el bien, porque pone en manos de Aquél que es la Vida la respuesta adecuada a su desprendimiento oculto, y espera la recompensa sin pretenderla ni buscarla, y mucho menos exigirla.

Cuando se da esperando recibir a cambio. Se desea, se busca, se obtiene, y cuando no es posible sufrimos o hacemos sufrir. Cuando no se recibe, creemos que son malagradecidos, que no merecían lo que hicimos por ellos. Si lo que hicimos fue para ellos, son ellos los que darán la respuesta que puedan, no la que nosotros queremos o esperábamos.

¡Fíjate cómo muchos miembros del pueblo de Cristo vamos juzgando con los criterios del mundo y no con los criterios del Rey del Mundo!

Nuestro mundo se ha convertido en un gran negocio en el que queremos comprar nuestra felicidad y la de los demás dando dinero, regalos, amor, servicio, a cambio de objetos, personas o agradecimiento. Con dinero comprarmos cosas, pero el amor, el respeto y el agradecimiento que esperamos los da Jesucristo a quienes son capaces de amar sin exigencia.

4.-     A diferencia de lo anterior, nada que se hace por amor desinteresado puede resultar inútil. La recompensa que puede dar este mundo a los que considera benefactores es oropel que puede engañar nuestros sentidos, pero es mucho más profunda la respuesta de Dios a todos aquellos que son capaces de amar sin pretensiones de agradecimiento.

Todos sabemos que la alegría consiste en dar más que en recibir, pero parece que este mundo nos ha acostumbrado a dar para conseguir, a dar para escuchar un gracias, a dar para decidir sobre la vida de los demás. No se comprende que es más provechoso dar por amor. Todo dolor desaparecerá cuando dejemos en libertad a los otros para que nos quieran como quieren o pueden, para que nos den lo que quieran, porque entonces recibimos el amor que es vida, y recibiremos la Vida de Aquel que es el Amor verdadero. Es la forma de dar sin ser vistos, es la forma de dar lo mejor que  tenemos.

5.-     Muy queridos amigos:

Jesucristo murió como consecuencia de haber vivido el amor con libertad  y solidaridad, un amor que se convirtió en donación, donación que más que dar objetos se convierte en el darnos a nosotros mismos.

Es por ello que el Gólgota se convierte en el lugar más sagrado, en primer lugar porque la cruz se ha convertido en el árbol de la vida, porque el sepulcro de Cristo se convirtió en la cuna de la glorificación, pero también desde otro aspecto que hoy quiero señalar: Jesús ofreció en su oración todo lo que vivió en el Gólgota: “perdónales porque no saben lo que hacen” y desde allí ofreció la vida verdadera: “hoy estarás conmigo en el paraíso”.

De la misma manera en que Jesús ora desde el Gólgota, nosotros también debemos orar desde nuestro propio Gólgota.

6.-         Hermanos muy amados:

Concluiremos en esta semana un año litúrgico e iniciaremos el próximo domingo con el Adviento, como camino que nos prepara para la Navidad.

El Evangelio nos muestra a Cristo que ha llegado al final de los días de su vida entre nosotros, y nos invita a que pensemos en la dignidad que debe tener nuestro propio fin.

No le tengamos miedo al fin de la jornada, tengamos miedo a que no hagamos algo en nuestra jornada. No nos atemoricemos de cruzar la meta, tengamos pavor de habernos pasado la vida arrastrando los pies y en la mediocridad. ¡A eso si debemos tenerle miedo!

Santa Teresa de Ávila expresa que al final de nuestra vida seremos juzgamos por el amor, por la caridad.

7.-     Hay que aprender a dar el paso del deseo al amor, el paso del instinto al servicio en el dar.

El hombre puede tener la seguridad de que nuestro final será el paso y la consecuencia de lo que hayamos hecho en el presente, y a esto no debemos tenerle miedo, a nuestro egoísmo sí hay que tenerle miedo.

Si un embrión pudiera tener conciencia de elección, evitaría abandonar el conocido lugar en el que se va desarrollando y en el que sólo está recibiendo, porque no ve otra realidad.

La placenta del hombre es este mundo y no quiere salir de él porque desconoce la realidad total, porque no puede ver más allá de sus límites, pero si desarrolla ahora sus capacidades más profundas en el amor manifiesto, a través del amor sincero obtendrá una fuerza que es la esperanza, con esa fuerza podrá vivir cada acontecimiento, aún aquellos que le pudieran resultar difíciles o negativos, no como un obstáculo, sino como sucesos que van construyendo su futuro. Un futuro de eternidad que se nos ofrece en nuestra cruz, al reconocer nuestros errores y la bondad que Dios ha tenido para con nosotros... Nos dirá el Señor: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. ¡Te deseo que así sea!

 

 

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