Domingo 4 de Octubre de 2009_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

EL PARAÍSO ES HOGAR Y EL HOGAR DEBE SER PARAÍSO

“En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?”

Él les respondió: “¿Qué les prescribió Moisés?” Ellos contestaron: “Moisés nos permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa”. Jesús les dijo: “Moisés les prescribió esto, debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre ymujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa”. De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre.”

Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo: Si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio”.

Después de esto, la gente le llevó a unos niños para que los tocara, pero los discípulos trataban de impedirlo.

Al ver aquello, Jesús se disgustó y les dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios es de los que son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”.

Después tomó en brazos a los niños y los bendijo imponiéndoles las manos”.

 

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1.-    Muy queridos amigos, gracias por favorecernos con la gentileza de su atención:

Se han preguntado alguna vez: ¿Por qué cambian los proyectos en la vida de las personas? Tienen una respuesta que satisfaga una cuestionante tan delicada como ésta: ¿Qué es lo que nos hace cambiar de rumbo en la vida?

Mientras que en el Evangelio del día de hoy, unos fariseos le cuestionan al divino Creador algunas inquietudes sumamente delicadas acerca del proyecto que tenía para la obra más excelsa salida de sus manos, el libro del Génesis, por su parte, nos traslada hasta el mismísimo amanecer de la creación, momento y lugar desde el cual Dios nos manifiesta una primera gran verdad para nuestra reflexión de este día, gran verdad para todos los días de nuestra vida: “A Dios no le agrada la soledad para el hombre”.

2.-        En el libro del Génesis el reloj de la historia de la humanidad está marcando apenas los primeros minutos,... y precisamente después de que Dios hubo manifestado su beneplácito en cada uno de los primeros cinco días de la creación, a causa de cada una de las obras salida de sus manos, el sexto día, Dios se encontró con algo que no le place, existe algo que al Creador no le agrada. ¿Qué es lo que no está bien a los ojos de Dios?: “No está bien que el hombre esté sólo”.

Dios ha descubierto repentinamente una laguna en la creación,... Él se ha dado cuenta de que hay un elemento que no se encontraba contemplado en el horizonte diseñado, existe en el paraíso un invitado indeseado, un visitante “non grato”: la soledad.
                                
En consecuencia, Dios se dará a la tarea de solucionar aquella situación, para lo cual buscará crear esa ayuda necesaria y adecuada para el hombre. Interesante, sin lugar a dudas, será el tenor y los procesos que se le imprimen al relato bíblico: El hombre no encontrará su complementariedad en las cosas sino en las personas.

Es así, como vamos contemplando el singular desfile de cada una de las criaturas ante el hombre, así como la imposición de nombre a cada una de ellas, y con ello va manifestando su superioridad. Se trata de un hombre convertido en lugarteniente de Dios en la creación, y que se ha iniciado en sus funciones. Sin embargo, Adán no encuentra entre tantas y tan distintas creaturas alguna que en su semejanza sea capaz de ayudarle.

3.-        La imagen que se contempla es tan patética como actual, es tan trágica como real: un hombre privilegiado, una creatura superdotada por todo aquello que tiene bajo su dominio, pero que vive sumergido en la tristeza y en la soledad. Oye, podría responder la siguiente cuestionante: ¿En la soledad de qué nos sirven los privilegios? Y es aquí, en donde Dios nos ofrece magistralmente la segunda enseñanza que brota con naturalidad y que es constatable en la experiencia de todo hombre: No puede existir verdadera felicidad, cuando el hombre se encuentra sólo en la felicidad. Digamos que no hay realización en la soledad. O, digámoslo en nuestro propio lenguaje para que lo entendamos: ¿De qué le sirve a alguien amasar fortunas y contarlas en la soledad de una habitación sin el calor que nos ofrecen nuestros seres queridos? Recuerda que el más amargo de los panes es aquel que se come en la soledad.

4.-        Aquel “no está bien”, pronunciado por Dios, hoy se sigue escuchando en el mundo y busca evitar que el hombre viva afectado en su vida social, psíquica y afectiva.

En la realidad, Dios con sus procesos de enseñanza-aprendizaje impregnados de pedagogía le está dando al hombre una especie de terapia de choque que jamás debería de olvidar. Y será sólo entonces, cuando Dios se dará a la tarea de sacar del lugar más cercano al corazón, una costilla y creará a aquella que complementará la vida del hombre.

Sólo entonces el hombre pronunciará el primer y más hermoso poema que surge del amor humano: “Esta si que es hueso de mis huesos y carne de mi carne...” -Ella es parte de mí, lo más cercano a mi corazón. Estoy incompleto sin ella, aún cuando me puedas ver de pie. Ambos formamos un todo. Solamente ella podrá resguardar y contener lo más valioso que está en mi corazón y en mi vida, puesto que de allí fue tomada-.

5.-        El hombre capta entonces de forma automática la tercera lección que Dios le da en el aula de la creación: las cosas son para usarse y las personas son para amarse.

La indignidad en la vida sobrevendrá cuando el hombre caiga en el egoísmo y, tergiversando lo aprendido, se aboque a amar sus cosas y usar a las personas. Éste es uno de los más lamentables pecados de nuestro tiempo: el hombre no ama las personas y usa de las cosas, sino que se dedica a amar las cosas y usar de las personas.

Y será en el momento en que el hombre olvide que, el dominio sobre la naturaleza, la exploración de lo creado, la conquista científica, las actividades racionales y el amasijo de las riquezas no colman el vacío que existe en su corazón, y en aras de todo esto se vaya olvidando de sus seres más queridos, será entonces cuando regrese a danzar en el tejado de su porción de paraíso ese fantasma que Dios había expulsado, porque no le agradaba: la soledad.

Y resulta que las cosas así suceden: el hombre se ensoberbece y el pecado se hace presente en su historia, y se da inicio a una secuela de expresiones de un corazón que se va endureciendo, como lo dice el Señor en el Evangelio de hoy. Se trata de esa enfermedad llamada apoplejía en la Antigüedad, y que en el Nuevo Testamento se le ha llamado esclerocardia: un corazón esclerótico, petrificado, calcificado, endurecido,... un corazón que no ama.

6.-        La segunda parte de la historia la conocemos, y la seguimos presenciando, o, mejor dicho, la seguimos padeciendo en tantos hogares que han dejado de ser un paraíso para los esposos: Sobreviene el morbo ante la desnudez, se da la conciencia de la misma miseria; se vive la soledad desde la acusación mutua y en la falta de solidaridad; sobreviene la pretensión del dominio y el apego pasional; el sufrimiento y la necesidad de redención...

Y es precisamente esa obra redentora, lo que Cristo nos ha traído al mundo.

Se trata del Nuevo Adán, el Segundo y el Definitivo, que ha venido a devolverle la bondad a la creación: su vida pública se inicia no en el Edén sino en el desierto, lugar que quiere que recupere su bondad paradisiaca, en donde va conviviendo con los animales salvajes, y nos da ejemplo al resistir las insidias de un tentador al que Adán no pudo resistir.

Con sus milagros sobre la naturaleza le va devolviendo a ésta su bondad; ante una actitud austera de la misma, Dios le devuelve una generosidad providencial en las multiplicaciones; Jesús domina el mar y los vientos, y estos obedecen su Palabra... El hombre ha resultado sumamente beneficiado: le devuelve la salud al ciego, al sordo, al mudo, al leproso, al paralítico...; incluso manifiesta su poder sobre aquella sentencia de muerte al regresar aquellos difuntos a sus seres queridos que lloran y sufren,... y sobre todo, manifestará su dominio pleno en su misma resurrección.

7.-        La dimensión social del hombre, también ha recibido el beneficio del don de la salvación que nos ha traído Cristo, el nuevo y definitivo Adán. Tendríamos que releer el Evangelio y detectar el centro de aquello que el Señor nos enseña: Se trata de regresar al BERESHIT (al principio original), no tan sólo entendiendo esto como la creación, sino entendiéndolo como el argumento de Dios en contraposición del argumento del hombre. Los fariseos se amparan en Moisés para dar un Libelo de repudio cuando están fastidiados del matrimonio, están hablando del DEBARIM (Exactamente Dt 24,1) el quinto libro de la TORAH, de la ley judía, y el Señor se va hasta el primer libro de la TORAH, hasta el Génesis, que bien lo entendían los especialistas en

 

Y SERÁN LOS DOS UNA SOLA CARNE.

Él les respondió: “Desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre ymujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa”. De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre.”

Después de esto, la gente le llevó a unos niños para que los tocara, pero los discípulos trataban de impedirlo.

Al ver aquello, Jesús se disgustó y les dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios es de los que son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”.

Después tomó en brazos a los niños y los bendijo imponiéndoles las manos”.

1.-        Muy querido amigo:

¡Qué difícil es el oficio de la paternidad! Sin lugar el ser los dos una sola carne expresado en los hijos es un gran regalo y una gran responsabilidad.

¿Sabes? Hoy te quiero confesar que existe una frase anónima que necesitó de un buen tiempo para que en lo personal yo pudiera asimilarla: El niño es el padre del hombre.

Al principio mi inexperiencia no me permitía asimilar la veracidad: ¿El niño es el padre del hombre? Hoy la comprendo y te comparto mi aprendizaje: Cuando por primera vez se vive el nacimiento de un bebé nace un padre, al nacer un bebé se da a luz algo que antes era inexistente en el hombre. La gestación de un niño es, en cierto modo, la gestación de un padre y de una madre: nacen en dos personas dimensiones inéditas de su personalidad.

2.-        ¡El niño es el padre del hombre! En lo personal, siempre he considerado que cuando Dios les concede a los esposos cristianos el regalo del amor fecundo les está obsequiando dos regalos que están íntimamente ligados, solo que suele acontecer que solamente uno de los dos regalos en ocasiones se percibe y sólo ese se agradece, mientras que el segundo de los obsequios al ser ignorado no es valorado, y al no ser valorado no suele ser agradecido.

El primer gran regalo que Dios nuestro Señor les concede a los esposos con el don de la paternidad es sin lugar a dudas el misterio sagrado y profundo de esa posibilidad de tener a alguien en tus brazos que es sangre de tu sangre, alguien que es vida de tu vida, un ser que es herencia de tu herencia. ¿Cómo no va a ser un regalo especial este inmenso don?

¿Y cuál es el segundo regalo? – me preguntarán- El segundo obsequio que Dios les concede a aquellos que han recibido el precioso don de la vida prolongada en la descendencia es el de un sentimiento que Dios permite que puedan experimentar un hombre y una mujer en su corazón: se trata del amor paterno y del amor materno. Este sentimiento había sido desconocido por una persona hasta que él o ella no tienen el gusto de abrazar y cargar a aquel que es una proyección y una prolongación de su existencia. Es muy cierto, que las personas han conocido diferentes expresiones del amor, puede ser que casi todas, pero sí no han tenido a alguien en sus brazos que es sangre de su sangre, entonces desconocen ese sentimiento que ha sido elegido por el mismo Dios para así expresarnos el amor que Él nos tiene.

3.-        Alguien puede saber lo que es el amor filial, si se tiene al papá o a la mamá, conoce sobre el amor fraterno si Dios nos ha dado hermanos, ha experimentado el amor de amistad si hay personas que nos han ofrecido un sentimiento noble y transparente en la correspondencia, se ha vivido el amor de noviazgo cuando se ha iniciado la historia de la unión y se conoce hasta el amor esponsal cuando Dios permite que el amor de noviazgo se transforme de un amor sincero en un amor sagrado y de un amor posesivo en un amor oblativo, de un amor humano en un amor santo... pero, ¿el amor paterno y el amor materno?,... suele ser desconocido, sólo hasta que una persona no llega a tener en sus brazos a aquel o aquella que es sangre de su sangre y vida de su vida.

Es entonces cuando alguien logra experimentar ampliamente ese segundo regalo, ese sentimiento espontáneo, indiscriminado y gratuito conforme al cual preferirías que te doliera a ti algo antes que algo le doliera a tu hijo, un amor por el que preferirías pasar carencias antes que ellos pasaran carencias, preferirías enfermarte tú antes que ellos se enfermaran e incluso desearías morir tú antes que ellos murieran.

El amor materno y el amor paterno es el sentimiento más incondicional que existe y Dios mismo ha encontrado en ellos, ¡cuando son auténticos!, el mejor lenguaje para hacernos entender acerca del amor que Él nos tiene.

4.-        Hablemos pues, sobre el gran regalo de la paternidad y sobre el difícil arte del ejercicio de la paternidad:

Hoy en día, ante la ausencia de liderazgo por parte de los padres, algunos niños se vuelven extremadamente odiosos y desafiantes, especialmente en lugares públicos. Tal vez el mejor ejemplo lo dio un niño de 10 años llamado Robert, quien era paciente del doctor William Slonecker, y el cual narra esta historia en un libro titulado “Consejos para los padres de parte de un pediatra”.

El doctor Slonecker y su personal pediátrico le tenían horror a los días programados para las consultas de Robertito. Literalmente, él atacaba la clínica, cogiendo las revistas, los instrumentos, los archivos y los teléfonos. Su madre pasiva no podía hacer más que mover la cabeza en señal de desconcierto y sólo decir: ¡A qué Robertito!

Las cosas se complicaron un día para el doctor Slonecker. Durante un examen físico, el doctor observó varias caries en los dientes de Robertito, y supo que el niño debía ser enviado a algún dentista en la localidad. ¿Pero quién recibiría semejante honor? ¿o mejor dicho tan tremendo horror? Enviar a un paciente como Robertito con un colega podía significar el fin de una amistad profesional. Finalmente, el doctor Slonecker decidió enviarlo a un dentista mayor, de quien se decía comprendía a los niños, no sin antes la advertencia explícita del Doctor Slonecker: ¡Oye Doc, te voy a enviar un caso difícil! “No hay problema” le dijo aquel médico intrépido. El enfrentamiento que siguió se yergue ahora como uno de los momentos clásicos en la historia del conflicto humano.
                                                 
Robertito llegó al consultorio dental, preparado para la batalla.

 “Súbete a la silla, jovencito”, dijo el doctor.

 “¡Ni loco!”, gritó el niño.

 “Hijo, te dije que te subieras a la silla, y eso es lo que quiero que hagas”, dijo el dentista.

Robertito se le quedó mirando a su adversario por un momento y luego replicó, “Si me hace subir a esa silla, me quitaré toda la ropa”.

El dentista le dijo calmadamente, “Hijo, quítatela”.

El chico inmediatamente se quitó la camisa, la camiseta, los zapatos, y las medias, y luego alzó la mirada desafiante.

 “Bueno, hijo”, dijo el dentista. “Ahora súbete a la silla”.

 “Usted no me oyó”, farfulló Robert. “Dije que si me hacía subir a esa silla, me quitaré toda la ropa”.

 “Hijo, quítatela”, respondió el hombre.

Robertito procedió a quitarse los pantalones y los calzoncillos, finalmente quedando totalmente desnudo delante del dentista y de su asistente.

 “Ahora, hijo, súbete a la silla”, dijo el doctor ofreciéndole aquella capa de la higiene que se amarra en torno al cuello.

Robertito hizo lo que se le dijo y se sentó de manera cooperativa durante todo el procedimiento. Una vez que las caries fueron agujereadas con el torno y rellenadas, se le ordenó que bajara de la silla.

 “Ahora deme mi ropa”, dijo el niño con orgullo.

 “Lo siento”, contestó el dentista. “Dile a tu mamá que esta noche vamos a guardar tu ropa. Ella podrá venir a recogerla mañana”.

¿Pueden comprender la impresión que recibió la madre de Robertito cuando se abrió la puerta del consultorio a la sala de espera, y ver allí a su hijo sonrosado, tan desnudo como el día en que nació y cuando Adán fue creado por el Divino Creador? La sala estaba llena de pacientes que sonreían, pero Robertito y su mamá salieron de en medio de ellos hacia el pasillo. Bajaron por un ascensor público y llegaron a la playa de estacionamiento, ignorando las risas contenidas de los curiosos.

Al día siguiente, la madre de Robertito regresó para recuperar la ropa del niño, y pidió hablar con el dentista. Sin embargo, ella no vino a protestar. Este fue su sentir: “No sabe usted cuán agradecida estoy por lo que pasó aquí ayer. Verá, Robertito me ha estado chantajeando con lo de su ropa por años. Siempre que estamos en algún lugar público, como por ejemplo, en una tienda de comestibles, me exige cosas irrazonables. Si no le compro de inmediato lo que él quiere, amenaza con quitarse toda la ropa. Usted es la primera persona que lo ha puesto en evidencia, doctor, ¡y el impacto que esto ha causado en Robertito ha sido increíble!”

5.-        Muy queridos amigos: Ser padres es un arte difícil y sobre todo el día de hoy que se han decretado los derechos de los niños y no los derechos de los padres de familia. La responsabilidad es enorme.

El padre de familia debe ser consciente de que él es el único padre posible para su hijo y que tiene el compromiso de cumplir lo mejor posible su tarea. No basta el sentido común para educarle. No sirve aquello de «yo educo a mis hijos tal como me educaron a mí», pues los problemas de hoy eran insospechados el día de ayer, y requieren respuestas nuevas.

Además, resulta necesario comprender que cada persona es diferente y sus necesidades, por lo mismo, también lo son. Aprende a pedir ayuda.

6.-        Te doy un consejo: Prepara en tus hijos recuerdos para el futuro: Todos tenemos estas oportunidades. A veces es algo sencillo: la decisión de abstenerse de algún quehacer con tal de llevar a sus hijos de paseo por el parque durante una hermosa mañana. O hacer de repente una visita a algún vecino anciano. Es la suma de momentos como esos, cuando dedicamos tiempo a los demás, la que crea una especie de collage de recuerdos. Los fragmentos de amabilidad se juntan a las demostraciones de afecto, e integran en conjunto hermosas remembranzas.

Lo mejor que se les puede dar a los niños además de buenos hábitos, son buenos recuerdos.

7.-        ¡El niño es el padre del hombre!  La vida se inicia desde el vientre materno, ojalá que nunca lo olvidáramos. Yo sé que el nacimiento de una nueva vida es como el abrir una puerta desconocida: tiene el vago sabor de lo desconocido, y despierta la sensación de pasar a un momento nuevo, en el que se manifestará de manera impredecible la confusión mundana.

¡Cuánta razón tiene Jerome Lejeune, el médico francés célebre por el descubrimiento de la trisomia del gen del par 21, y que ha mencionado lo siguiente: “Es mucho menos pesado tener a un niño en brazos que cargarlo sobre la conciencia”.

 

 

Y SERÁN LOS DOS UNA SOLA CARTERA...

“En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?”

Él les respondió: “¿Qué les prescribió Moisés?” Ellos contestaron: “Moisés nos permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa”. Jesús les dijo: “Moisés les prescribió esto, debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre ymujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa”. De modo que ya no son dos, sino una sóla cosa. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre.”

1.-        Muy queridos amigos:

Los hombres y las mujeres somos bastante distintos entre nosotros. Y, es,... al mismo tiempo, en esa diferencia en donde se encuentra nuestra mayor riqueza. La relación que se entabla entre el varón y una dama es la máxima expresión de esta creación que ha sido favorecida en la diversidad y en la pluralidad.

Esta es la razón por la que el cristiano afirma que la alianza matrimonial del hombre y la mujer, convertida en sacramento cristiano, puede y debe ser entendida como una comunidad de vida y de amor.

El matrimonio debe ser considerado como la asociación de dos individualidades diferentes, pero que se complementan.

2.-        Pensando en la Palabra que el Señor hoy nos dirige, podemos decir que a todo mundo, nos agrada el que en el matrimonio los esposos ya no sean dos, sino que los dos sean uno sólo. Nuestros problemas aparecen, cuando se pretende que ese ser “uno sólo” del matrimonio, sea el “yo” de mi persona que prevalezca sobre el “tú” de la otra persona, en donde el “yo” se encargue de hacer desaparecer del horizonte de la familia, de las amistades y de la sociedad el “tú” del conyuge.

En el matrimonio, cada vez son más los que se empecinan pensando de forma egoísta que para que los dos “sean uno sólo” hace falta la muerte del “tú”, y que el “yo” sea el único que determine el rumbo de las cosas.

En la realidad, el matrimonio no debería de ser ni el asesinato del “tú” ni la instalación del imperio tiránico del “yo”, sino el generoso nacimiento de un “nosotros”, y será, solamente de esa manera, como se pueda entender el “ser uno sólo” del matrimonio cristiano.

Se trata de la afirmación de la primera persona pero en el plural, en un “nosotros”, que contempla la grandeza del “yo” y la inmensidad del “tú”, en donde se incluyen los dos protagonistas de la historia del matrimonio.

3.-        ¿A qué viene todo lo anterior? ¿Por qué el cura habla de esas cosas?

El día de hoy, al invitarnos el Señor Jesús para que reflexionemos sobre la sagrada institución del matrimonio, le quiero pedir a Dios para que le conceda a cada uno de los matrimonios aquello que necesitan, sí en lo material pero también en lo espiritual, pero sobre todo le suplico que a cada uno le conceda aquello que Él bien sabe que están necesitando y que los esposos en muchas ocasiones no han sabido pedirle, y es porque no se han dado cuenta, o no se quieren dar cuenta, de lo que realmente es importante en el matrimonio.

4.-        Hace tres años en la parroquia del Rosario tuvimos la gracia de compartir una conferencia con nuestro muy querido Mons. Alonso Gerardo Garza Treviño.

En la exposición magistral que hizo Monseñor Alonso acerca de los espacios que no pueden quedar vacíos en la creación y que siempre son llenados o por elementos agradables o por desagradables, hizo una referencia hacia una modalidad de matrimonios que se vive en España y que son llamados: “Matrimonios DINN”, se trata de “Matrimonios Doble Ingreso No Niños”. La búsqueda, sin lugar a dudas, es idéntica a la de muchos de los matrimonios que tú y yo conocemos, y que hemos escuchado con la siguiente argumentación: “Los niños deben venir hasta que hayamos disfrutado de nosotros, mientras tanto trabajamos y formamos un patrimonio”. “No queremos que por el momento vengan a interrumpir la placidez de nuestra relación y de nuestro descanso”. El argumento es válido proporcionalmente, y es que no sabemos o no llegamos a detectar cuánto tiempo se puede vivir así, porque con el paso del tiempo el estilo de vida se vuelve cómodo y efectivamente un niño con todos los avatares que trae consigo se vuelve algo “indeseado”.

¿Doble ingreso? ¿Hasta qué momento es posible? Exponer lo que te comparto es más fácil en el mencionarlo o compartirlo en un servidor pero muy difícil en el discernimiento que tú necesitas realizar, por ello te propongo que tus mejores decisiones las tomes a la luz de Dios, en la oración, en un retiro, en algunos ejercicios espirituales...

5.-        Hay un artículo que circula en la red acerca del trabajo de Papá y Mamá a beneficio de la familia, ignoro acerca de su autor pero te lo comparto porque nos puede hacer reflexionar:

“En el siglo pasado, es decir el siglo XX -quizás porque los hombres estábamos demasiado entretenidos en las cosas de las guerras- hicimos el fenomenal descubrimiento de que las mujeres también están capacitadas biológicamente para conducir autobuses, sacar muelas o vender pisos. Desde entonces, tenemos entre manos un debate insoluble que gira en torno al ajetreo que la vida moderna impone a la pobre y estresada mujer moderna.

Últimamente se han oído algunas voces sensatas procedentes de un autoproclamado "nuevo feminismo". Son gente razonable, mujeres valientes, que se han parado a pensar y han llegado a una conclusión: que no puede ser bueno un estado de cosas que te obliga a elegir entre tu familia y tu vida laboral.

Se lamentan, por ejemplo, de la masculinización del modelo femenino, o de cómo hemos construido un sistema que menosprecia al ama de casa marujizándola. Pero me extraña que ni por este lado ni por otros se llegue a explicar de forma satisfactoria la importancia real de eso que hemos llamado "célula básica de la sociedad".

Los sesudos ideólogos modernos dicen que el problema está en compaginar el trabajo con la familia. Y por eso tratan de hacer equilibrios entre tres conceptos diferentes como si fueran tres peligrosas antorchas de malabarista: el ámbito laboral del hombre, el ámbito laboral de la mujer y el ámbito familiar de ambos.

Este esquema, basado en el individualismo más atroz, provoca por simple exclusión cronológica que el ámbito familiar acabe identificando con el tiempo libre y reducido a su mínima expresión. Al final es como si el trabajo remunerado fuera exclusivamente cosa de solteros, o como si la gente hubiera de casarse sólo por pasar acompañado el tiempo de ocio. Con este esquema no me extraña que haya quien promueva la equiparación del matrimonio a cualquier tipo de asociación.

Pero gracias a Dios la realidad de las familias felices, -que las hay-, supera con creces las paranoicas ficciones teóricas de los familicidas. Las familias que funcionan son aquellas en las que, de alguna forma, la disgregación es superada por la unión.

Estoy pensando en esos matrimonios en los que ambos cónyuges empujan en la misma dirección porque ambos saben que su familia, aunque no cotice en la bolsa, es una empresa más real que la Wolkswagen o la Coca-cola.

Los carniceros, los hosteleros, los relojeros, los médicos, los maestros, los embajadores y hasta los jefes de estado de todo el mundo han sido, son y serán mejores profesionales si, de alguna forma, cuentan codo con codo con el respaldo y la compañía de su cónyuge y sus hijos. Y el hecho de que el titular del negocio sea casi siempre el marido no resta fuerza al argumento.

¿O es que piensa Ud. que es más digno e importante poner ladrillos que alimentar, vestir y cuidar a quien pone ladrillos y a los hijos de quien pone ladrillos? La tarea pendiente de la familia postmoderna consiste en redescubrir la complementariedad de los sexos.

Se trata, sencillamente, de fijarse en la realidad evidente de las familias que funcionan. Es preciso reconstruir el rompecabezas y unir todas sus piezas en la vida familiar, en el tiempo libre y, también, en la vida laboral y económica.

Porque si marido y mujer son "una sola carne", ¿cómo no van a ser una sola cartera? Los luminosos tiempos oscurecidos de la Europa cristiana habían resuelto el problema con fórmulas que hoy nos podrían servir si acertamos a descubrir su espíritu.

Aquellos antiguos matrimonios "arreglados" por nuestros abuelos perdían romanticismo (y emoción) porque sobreponían la razón al sentimiento. Pero al menos entendían juiciosamente que cada familia es, entre otras cosas, una unidad económica, que el trabajo no es cosa de hombres, ni cosa de mujeres, sino cosa de toda la familia.

Por eso pienso, confiado en aquella sabiduría que nos ha hecho ser lo que somos, que familia que trabaja unida, permanece unida. Como la que reza.

6.-        ¿Cuál es el lugar de la mujer en este engranaje tan complejo llamado familia? Es posible que cuatro opiniones te sean de utilidad para el discernimiento:

Juan Pablo II, acusa en Mulieris Dignitatem la minusvaloración que hace nuestro tiempo del trabajo de la mujer, incluyendo y subrayando el doméstico, que para muchos es algo no considerado ni estimado ni mucho menos agradecido. El mismo Juan Pablo II al firmar el Documento de Santo Domingo afirmaba que las mujeres son el ángel que ha protegido a América.

Margaret Sanger acusa que: “Las mujeres propenden demasiado a seguir los pasos de los hombres; a pensar como los hombres, a tratar de resolver los problemas generales de la vida como los varones. No es preciso que la mujer haga el trabajo del hombre. No hace falta que la mujer piense por el hombre. La misión de la mujer no es realzar el espíritu viril, sino expresar la femineidad. Su misión no es conservar un mundo hecho por los hombres, sino crear un mundo humano, haciendo que el elemento femenino participe en todas sus actividades”.

Me agradó también una expresión de Linda Burton testimoniada por Zig Ziglar en su libro de ¿Cómo criar hijos con actitudes positivas en un mundo negativo? Linda Burton es madre de dos niños, cuando sus amigas que trabajan le decían que ella “tiene muchas cualidades y es demasiado inteligente como para quedarse en casa”, ella les contesta: “He llegado a la conclusión de que tengo muchas cualidades y soy demasiado inteligente como para no quedarme en casa. En la casa es en dónde hacen falta los mejores talentos”.

Finalmente nuestro arzobispo Don José Francisco Cardenal Robles Ortega ha mencionado en su reciente Orientación Pastoral: Vivo en la fe del Hijo de Dios: “Los empresarios y dirigentes de empresas, asuman esta responsabilidad con esopíritu de servicio hacis sus hermanos y hacia la sociedad. Favorezcan a las familias y, especialmente, protejan a la maternidad, que siempre debe considerarse una riqueza para la sociedad”.

 

 

 

¿QUÉ ES MEJOR: EL INJERTO O EL PORTAINJERTO?

Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo: Si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio”.

1.-        Muy queridos amigos:

¿Divorcio?, ¿Adulterio?, ¿Soledad?, ¿Infidelidad?, ¿Abandonar?, ¿Casarse con otra persona?

Sin duda, todo lo anterior no es deseable para nadie y no suele ser algo visualizado al iniciar una historia como la del matrimonio que se espera y se fragua con ilusión. Además, tengo que afirmar y reconocer que este tipo de situaciones suelen venir acompañadas de dolores al menos para uno de los dos que padecen todo lo anterior.

Pero, ¿Cómo puede ser que la vida deja de ser un deleite y se llega a convertir en una situación insufrible?

¿Cuáles de nuestros errores son aquellos que nos pueden reditúar en destrucción? ¿Cuáles son nuestras acciones u omisiones que destruyen la solidez de la vida en la familia?

2.-        El hombre ha dejado a su padre y a su madre y se ha unido a su mujer, y el proyecto no es otro sino el que los dos sean una sola cosa,... como por ejemplo, en el injerto de una planta en el que la incrustación de un ejemplar mejorado consigue un resultado nuevo y superior a lo que se vivía anterior a la cirugía del hortelano.

Pero, resulta que ninguno quiere renunciar al protagonismo enfermizo, ninguno de los dos quiere ser el injerto, ambos quieren ser el portainjertos, sin darse cuenta de que aquel que mejora las condiciones de los frutos es precisamente el injerto y no el portainjertos.

En la horticultura el portainjerto suele ser el rudimentario, si bien es el que soporta las condiciones climátológicas, el injerto es el que le ofrece la calidad y el mejoramiento a la especie a la que se le une en esa operación en un quirófano campirano.

¡Vamos! Será mejor que entendamos que en realidad es tan importante el uno como el otro. En estas consideraciones ni el injerto ni el portainjertos pueden tener por sí solos los frutos que pueden tener, sí ambos no ofrecen sus cualidades.

En el matrimonio sucede lo mismo que en la agricultura: uno realiza unas funciones y el otro cumplimenta con sus cualidades para ofrecer aquellos rasgos que el otro no posee y que le obliga a necesitar de un complemento.

3.-        Las personas que han optado por la convivencia total, estable y permanente en el matrimonio es porque han creído que tiene mucho en común, pero es necesario saber que no todo lo tienen en común, y de esto hay que aprender a dialogar en la presencia de Dios.

¡Oye! Recuerdas en este momento ¿Por qué te casaste? ¿Qué te movió a comprometer toda la existencia con una persona? Como sacerdote y como cristiano yo me resisto a creer y aceptar que alguien se pueda casar por el mero movimiento del viento o por sólo necesidades instintivas. Considero que cuando alguien se casa lo hace porque ve cualidades en la persona amada y experimenta la más noble necesidad del otro.

4.-        No podemos cerrar los ojos ni dejar que la verdad desfile frente a nosotros sin que tengamos la capacidad de percibir su presencia: el primero de nuestros errores es el de un compromiso asumido sin un reflexión, esa nuestra toma de decisiones de una forma muy superficial.

El hombre y la mujer han dado su palabra y parece ser que hoy no lo quieren aceptar. Es fácil culpar a la incompatibilidad de caracteres, a la inmadurez y a la inexperiencia en los errores en la vida, pero cuando en los errores se te va la misma vida y comprometes la de los demás, debiéramos ser mucho más analíticos y más cautelosos para tomar una decisión.

Y es que siempre habrá una gran cantidad de pretextos por utilizar para que garanticemos la validez de la presencia de un tercero en la vida de unos esposos. Lo que nunca tendrá justificación es la traición al compromiso asumido con una persona, y mucho menos al compromiso que se contrajo en la presencia de Dios.

5.-        Debes saber mi querido amigo que: “Sí y No suelen ser de las palabras más cortas que se pronuncian en nuestra vida, pero sobre las que más se necesita recapacitar antes de pronunciarlas”. O, como bien lo expresaba Miguel de Cervantes y Saavedra: aquí se trata de “Aquel sí que se pronuncia con sólo dos letras y que puede darnos qué llorar durante muchos años“.

La palabra dada al otro merece respeto y la palabra pronunciada ante Dios exige el respeto de las personas y de la sociedad. El hombre no puede jugar con la vida de los que ha querido, de aquellos a los que en un momento les prometió fidelidad y amor. Alguien puede decir que desapareció el afecto pero nunca podrá decir que desapareció el compromiso de la propia palabra ni la fidelidad. El compromiso no se podrá mantener desde una vida que sólo anda buscando sus propios deseos y satisfacciones.

Y es que, todos debemos ser conscientes de que en los momentos más difíciles no existen soluciones fáciles. Por el contrario, las dificultades exigen que todos asumamos la vida con mayor responsabilidad.

Ser responsable significa ser capaz de responder, se trata de la posibilidad y necesidad de dar una respuesta ante el mundo, y la toma de conciencia de nuestros propios actos, decisiones y actitudes del corazón.

Cada persona debe ser responsable de lo que promete, de lo que cree y de lo que hace.

6.-        ¡Comprende, joven ilusa, que si alguien no ha sido capaz de ser fiel a sus propias responsabilidades y entre ellas la que se adquiere ante Dios no podrá ser responsable de lo que te está diciendo y prometiendo, aunque sus palabras suenen a las de un mártir y su historia sea aparentemente patética!

¡Por el amor de Dios!, comprende que aquel que no le es fiel ni a Dios, ni a su palabra pronunciada, ni a los ideales que un día tuvo en su mente y corazón, ni a sus propios hijos, ni a aquella que un día dijo amar ante el altar de Dios, no te será fiel a ti. Tú te convertirás en la receptora de una más de las palabras que pronuncia sin el respaldo de un verdadero compromiso de vida, y, al mismo tiempo, tú serás una más de sus adquisiciones, y posiblemente una más que sufra decepciones.

7.-        Nos hemos preguntado sobre aquello que destruye para que lo evitemos, pero es adecuado que hoy veamos un poco de la escena de la destrucción para que seamos conscientes de ello.

Te comparto un artículo que ha firmado el escritor español Don Manuel Villar Raso y que titula: ¿Quiere usted salvar su matrimonio? Bueno,... te lo comparto después de depurarlo, ¡tú sabes! el vocabulario de los españoles suele ser distinto del nuestro, pero el artículo y la lucidez del pensamiento de Villar Raso me parecen encomiables y dignos de esta referencia.

8.-        “A menudo salimos a cenar un grupo de amigos, siempre los mismos y con las mismas mujeres, ninguno de ellos divorciados, yo tampoco, y no por falta de oportunidades, lo que no deja de extrañarnos en el mundo en que vivimos. Lo normal es que a los hombres se vayan tras una mujer más atractiva y se divorcien. Lo normal es que todos intentemos dar sentido a nuestras vidas, especialmente a cierta edad madura, cuando el declive te obliga a pensar que los sueños, sueños son; y ello acontece por igual a hombres y a mujeres, con hijos o sin ellos.

En la facultad en la que trabajo, el número de profesores divorciados, o a punto, crece como los hongos en el otoño y el espectáculo es casi siempre patético. Llevan una vida tan arrastrada y miserable, a causa de tener que compartir el sueldo con sus mujeres e hijos: ¡qué ganas dan de darles un euro! Por algún tiempo dejan de salir a cenar por las noches y pierden el sano hábito del café a media mañana, siempre visten el mismo traje sin planchar y los mismos zapatos, e imagino que todo lo demás.

En el mundo de los escritores, incluso con el rigor mortis ya acechándolos, la nómina de los que pasan por la vicaría o el ayuntamiento, desde Borges a Ayala, no respeta ni nombre ni fama. Me encontré este verano en una fiesta en Sotogrande con Marina, la nueva mujer de Cela, y me sorprendió por lo alegre y vivaracha. Llevaba un traje de modistilla de barrio y, supongo, que no por falta de dinero. Las mujeres de mis amigos y la mía no tienen su aspecto, pero visten mejor y son más juiciosas. Dejar de querer a la mujer que te ha dado la vida es como dejar de regar ese arbolito tierno que has plantado y ves crecer y darte una sombra cada día más tupida y fresca.

¿Qué ha hecho usted para salvar su matrimonio tantos años? Le preguntó una joven periodista a Paul Newman, casado desde su juventud con la actriz Joan W., y el guapísimo y tentador actor le respondió: "pues bien sencillo, Miss. En mi casa las decisiones importantes las tomo yo. Si mi mujer dice que un guión es malo, no lo hago. Si mi mujer dice que tenemos que cambiarnos de casa, nos cambiamos de casa. Si mi mujer dice que al niño hay que llevarlo a tal o cual colegio, lo llevamos a dicho colegio. Ahora bien, de la política de los Estados Unidos con Irak o con China me ocupo yo, de las decisiones de que los estadounidenses vayan a Marte me encargo yo".

La fórmula es sencilla y si no funciona es porque el hombre es un ser de pocas luces, según el famoso actor. ¿Cambiar? Para qué? Al poco tiempo, la nueva mujer se comporta como la anterior y las noches son igual de sonsas y aburridas.

Le preguntaron en cierta ocasión a Cela que por qué se había divorciado y el lenguaraz autor contestó: porque no soy homosexual. A Terenci Moix le preguntaron por qué iba con tanta frecuencia a Egipto y no contestó, obviamente, que porque no era homosexual, sino porque le gustaba la vida cultural de los países árabes, la vida alegre quiso decir y no dijo, una vida alegre que ni a mis amigos ni a mí nos parece tan alegre, sobre todo cuando la madurez y el declive te obligan pensar que estás viviendo de prestado”.

9.-        Queridos matrimonios: Usemos los talentos que poseemos. El bosque sería silencioso si sólo cantaran las aves que lo hacen mejor.

Dios no se equivoca. Él bien conoce la perfección de aquello que ha creado. Dios ha creado al hombre y a la mujer tan distintos uno del otro, para que se complementen.

¡No es bueno que el hombre esté sólo!,... pero recuerda que el amor verdadero es incompatible con el egoísmo. El nosotros del matrimonio considera a un “yo” y un “tú” que son diferentes, pero nunca superiores ni inferiores, sino necesitados el uno del otro.

 

 

 

 

TRES TIPOS DE CANSANCIO.

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?”

Él les respondió: “¿Qué les prescribió Moisés?” Ellos contestaron: “Moisés nos permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa”. Jesús les dijo: “Moisés les prescribió esto, debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre ymujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa”.

Ser los dos una sola cosa. ¿Una sola cosa? ¡Ser los dos una sola cosa!

¿Alguna vez te has sentido cansado en la vida? ¿Sabes si alguien que esté junto a ti se siente cansado?

Te invito a pensar en tres factores que comúnmente nos van provocando cansancio.

En primer lugar están las cargas prematuras. Se trata de esos fardos que no son excesivos, pero que no corresponden a la edad que se vive.

Aquí están todos esos niños que ante la ausencia de un padre, que ha muerto o que es desobligado, han tenido que asumir un papel al frente del hogar, para apoyar a su madre en una responsabilidad ante sus hermanos.

Decía Jean Piaget: “No se le pueden pedir peras al peral en flor”.

¿Cuántos niños hay así entre nosotros? Son demasiados... Muchos de nuestros niños mal llamados “de la calle”.

El segundo tipo de cansancios es el provocado por las cargas excesivas. Se trata de aquellos sobre quienes se descarga no una, sino dos o más responsabilidades, hasta llegar al exceso.

Pueden ser muy competentes, pero ya sea por necesidad, por vanagloria por falta de jerarquización o por codicia, tienen varios trabajos por realizar.

Esta carga excesiva provoca agobio en la vida de las personas.

Aquí se incluyen aquellas personas que tienen que sacar adelante una realidad en la que el contrato originalmente era para dos personas.

Se trata de aquellos que se subieron a una barca en la que iban a ir acompañados, y de pronto se han quedado solos al frente de la tripulación.

En esta situación se encuentran aquellos que han enviudado mientras los hijos aún son pequeños, así como aquellos que cuando su barca es zarandeada por la tormenta, su compañero se ha tirado por la borda y se ha marchado, y te ha dejado abandonado, al frente de la situación.

Se trata de aquellos cuyo cónyuge no comprendió que la labor del ser esposos era precisamente el llevar los dos compartidamente el mismo yugo, la misma responsabilidad, la misma tarea, un mismo quehacer.

Se trata de aquellos cuyo consorte no ha querido ser consorte, no ha querido vivir la misma suerte, en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, en los días gratos y en los ingratos, en lo fasto y en lo nefasto, en los episodios intensamente iluminados y en los profundamente oscurecidos;... en ese momento en que la vida presenta el rostro difícil él ha claudicado, se ha alejado de tu vida,... y sobreviene la fatiga.

¿Y cuál es el tercer tipo de cansancio?

Es el cansancio más devastador e injusto: aquel que se genera ante la falta de motivación, por la ausencia de estímulos en la vida. 

Se trata del que viven aquellas personas, que sobrellevan no cargas prematuras ni cargas excesivas, sino los quehaceres ordinarios en la vida.

Se trata del padre de familia que tiene que trabajar, y que lo hace con convicción y con gusto, sabiendo que el fruto de su trabajo es necesario para que sus hijos tengan alimento, vestido, casa, educación.

-¡Cumple con su responsabilidad!-, dice alguien y tiene razón al decirlo.

Lo lamentable es la falta de correspondencia en la vida. Los hijos no tienen la educación para valorar ni para agradecer lo que se recibe, ellos se han acostumbrado a verle partir al trabajo, ellos no saben las penurias que enfrenta. La palabra “gracias” no existe en su vocabulario. Más aún, las exigencias están al orden del día.

Ella, como madre de familia todo lo tiene en orden: guisa, lava, plancha, remienda, cura, cuida, se desvela, asiste a juntas del colegio,... y frecuentemente tiene que trabajar algunas horas fuera de la casa. Y nadie es capaz de decirle gracias, y no pocas veces, sale regañada, al principio por el esposo, y cuando los hijos crecen, también por ellos.

Y el cansancio sobreviene ante la falta de esas palabras y de esos gestos gratificantes, y que son tan necesarios. Y, en esta vida, el cansancio suele venir acompañado del desaliento, de la tristeza y de la incomprensión.

Sin duda, nuestro descanso se encuentra en Dios, quien nos dice: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré”.

Pero también la solución al cansancio, está en cada uno de nosotros.

Está en la capacidad de asumir nuestra responsabilidad, para no dejar a la deriva a aquellos que caminan junto, o un poco detrás de nosotros.

Pero también importa, el que sepamos ofrecer el agradecimiento, acompañado de nuestra manifestación de afecto, para con aquellos a los que injustamente privamos del estimulo de nuestras palabras y acciones.

Si la gratitud, como lo decía Don Amado Nervo, es la memoria del corazón, yo pienso que la ingratitud es una especie de corazón que sufre amnesia.... y hoy somos tantos los desmemoriados del corazón.

 


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