Domingo 21 de Octubre de 2007_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

ENSEÑARLE LATÍN A JUAN.

 “En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, algunos titubeaban.

Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.


Momento 1

Momento 2

Momento 3

Momento 4

Audio 1

Audio 2

Audio 3

Audio 4

 

1.-El Señor nos envía a predicar el Evangelio a toda criatura. ¿Es difícil o no? ¿Es posible o no hacerlo?

Sor Luz de Carmen, una religiosa muy estimada, y por la que Dios me ayudó en mi camino vocacional, nos decía a aquellos jóvenes de entonces en una charla que nos dio el año 1984 acerca de aquello que es necesario en lo que, para aquel entonces, era un futuro ministerio: “Para enseñarle latín a Juan se necesitan dos cosas: conocer bien el latín y conocer bien a Juan. ¿De qué sirve conocer bien el latín si ignoro que Juan no tiene las bases de la gramática?”.

2.-Muy queridos amigos:

Lo anteriormente referido, no debemos ignorarlo en este día en que celebramos el Domingo Mundial de las Misiones: “Para predicar el Evangelio a este mundo necesitamos conocer bien el Evangelio y conocer bien cómo esta nuestro mundo”.

¿Cómo está nuestro mundo? ¿Cuáles son sus necesidades? ¿Cuál es su estado de salud? Y,... ¿Cuál es nuestra propuesta cristiana?

3.-Florencio Escardo ha mencionado que los diagnósticos más profundos son aquellos que se realizan adivinando lo que el enfermo calla.

Para hablar acerca del quehacer evangelizador del cristianismo en este naciente siglo XXI resulta necesario que efectuemos un diagnóstico objetivo sobre este mundo actual. Para lo anterior, debemos ser conscientes de que el campo de las relaciones entre el cristianismo y el mundo suele ser demasiado complejo.

A este mundo en la época actual se le ha llamado con un nombre: post-modernidad, y hoy en día algunos ya hablan de la ultra-modernidad.

4.- Pero, no caigamos en los juegos de aquellos que inventan neologismos, y quedémonos con la necesidad de hablar sobre la post-modernidad. ¿Qué es la post-modernidad? ¿Cuáles son sus síntomas? Es inválida la afirmación gratuita, es necesario ser precisos para que las afirmaciones adquieran seriedad.

Hablar de post-modernidad es hablar de negación, de imprecisión y de una falta de identidad, de tal forma que nuestra época no tiene nombre: le llamamos post-modernidad, es decir, lo que está después de la modernidad.

Otorgarle un contenido programático a este movimiento atentaría contra el mismo.

5.-La post-modernidad se inició en la estética y ofreció los primeros frutos en la arquitectura.

Los filósofos la asumieron para buscarle un perfil, formular una definición y ofrecer una delimitación. Y la filosofía se encontró en crisis y su rostro actual es el de la perplejidad.

La post-modernidad no nació ni en los escritorios, ni en las aulas, ni en las celdas de los conventos,... ha nacido en las calles y ha tenido un eficiente vehículo en los Medios. Se desconoce la elucubración, su lema es siempre interpelar.

Las verdades universales se han transformado en conjeturas; los tratados se han convertido en ensayos; el lenguaje se ha vuelto metáfora fugaz; los sistemas de pensamiento son ahora episodios; y la herencia del conocimiento ha cedido el paso a lo opcional.

Se niegan los contenidos indiscutibles y se rechazan los dogmas preestablecidos.

La negación se desplaza desde la mansión de la verdad abstracta y va a tocar las puertas de la verdad racional; se niega no tan sólo el campo del Dios de la revelación sino la mismísima pretensión humana de convertir en “diosa” a la razón.

6.-Se han jubilado los relatos legitimadores de la historia: la lucha de clases, el desarrollo y la épica del progreso... y con ello sobreviene el nihilismo. No hay afán de lucha porque no hay convicciones. Reina el relato acomodaticio de lo fragmentario y lo instantáneo.

Se rechaza todo ideal de fundamentación y con ello se ataca cualquier expresión de credo religioso. Un dogma de fe revelada se experimenta como ataque y violación.

Y desaparece la filosofía, puesto que esta tenía como centro la fundamentación, y se pretende convertir a la religión en un artículo adquirido en una tienda de conveniencia.

Y es que, el ejercicio de la posmodernidad es el de la duda epistemológica y ontológica. No es aquella duda metódica que poseía una seguridad subyacente, sino la duda radical y universal, y con ello el ataque de cualquier exigencia de parte de una institución.

7.-Los frutos ya aparecen en las ramas del árbol de la post-modernidad plantado en nuestra patria: culpamos a lo abstracto de las culpas de lo concreto, y sobreviene el aborto defendido, se justifica la clonación que convierte los embriones humanos en refacciones de los más fuertes, el pensamiento cristiano es calificado de agresión, se inicia la contienda para legislar y legitimar la eutanasia, y nos acostumbramos a un Maquiavelo que nos sonríe en la pantalla, cambiando de careta cada día.

Hoy, hablamos de problemas de delincuencia, en lugar de hablar del delincuente. Y no aceptamos que la crisis no está en la ética sino en lo poco ético de nuestra vida.

Al no llamar al problema por su nombre hemos encontrado la solución de nuestros problemas, cambiamos el nombre y desaparecemos el problema: el “cristiano” no se adapta al Evangelio y quiere adaptar el Evangelio a su forma de pensar o mejor dicho de mal-vivir; no se superan las pruebas y se busca alterarlas; al no vivir los ideales los cambiamos; y así la moral se vuelve susceptible de ser modificada para adaptarla a la amoralidad.

8.-El hombre no ha alcanzado a comprender que ha ingresado a un callejón sin salida, y así se ha ido proyectando en repetidas ocasiones contra ese grueso e inexorable muro de su propia sinrazón.

Imagina que en unos Juegos Olímpicos existiera una anarquía en las pruebas: en el método, la ejecución, los instrumentos, la duración... ¡Qué tiránica resulta ser la COI al determinar inflexiblemente una normatividad! Hay dos adaptaciones posibles en las pruebas de la vida: una es adaptar nuestra vida a los principios; la otra es adaptar los principios a nuestra vida.

Piensa, por un instante, que en nuestras aulas, tanto a los niños que se les dificultare deletrear la ortografía de la palabra z-a-n-a-h-o-r-i-a como a los que se les vuelve un calvario aprender las tablas de multiplicar se les permitiera la anarquía intelectual. Hay dos posibilidades: una es mediante la superación de aquello que se asimila y la otra es con la actitud de los que rescribimos la ortografía y las matemáticas a nuestro antojo.

9.-¿Cuál es la propuesta cristiana? El presentar el Evangelio tal y cómo el Señor nos lo ha predicado. No somos dueños sino servidores del depósito cristiano, y en un servidor la principal cualidad que se busca no es otra sino la de la fidelidad.

Si la propuesta fuere de que en lugar de que el cristiano se adapte a un principio de moralidad, se debiera modificar la moral, habría que cambiar el Evangelio, y decir que el Hijo pródigo no tiene porque regresar a la casa del Padre, más aún encontraríamos un nombre nuevo para las cáscaras que se lanzaban a los cerdos y que el hijo deglutía, les llamaríamos: “progreso diferenciado de aquellas anticuadas y obsoletas formas de moralidad”.

No podemos reducir la moral a un convencionalismo ni a una preferencia. ¡Cómo si la bondad del amor en la madre Teresa o la maldad en los trenes que se han explotado en Madrid y en Londres, los aviones en New York y los autos en Singapur y Paquistán fueran sólo cuestión de convencionalismos!

Algunos que nos llamamos “cristianos” leemos la Biblia como cuando un abogado lee un testamento ajeno, estudiando alcances y escapatorias técnicas así como la exactitud o imprecisión de las frases. Es muy diferente de cómo lee un testamento el heredero.

10.-Y es este mundo el que tenemos que evangelizar y no debemos tenerle miedo.

La práctica de la Evangelización ha tenido su punto de partida en la misma Encarnación del Verbo de Dios, pero no debemos olvidar que la Encarnación termina con el Misterio de la Ascensión, tal y como nos lo recuerda el Evangelio del día de hoy.

Este es el principio y el movimiento que se da en la Evangelización: Encarnación y Ascensión, bajó y subió; bajó sólo, pero subió llevando a una multitud. La fe que predicamos debe tener ese doble movimiento: descenso y ascenso. Inculturación de la fe y Evangelización de la Cultura.

11.-No le tengamos miedo al principio de la Encarnación: el descenso. No podemos olvidar que el Evangelio eterno irá expresado siempre en una cultura temporal.

San Pablo no tuvo miedo de enfrentar los areópagos de aquel entonces: Corinto, Roma, Atenas, Efeso, Tesalónica, Calcedonia, Antioquia eran megalópolis equiparables a las actuales New York, Madrid, Tokio, Pekín,... Él fue a esas ciudades y nosotros debemos ir a las nuestras.

En una reunión con formadores de Seminario hace algunos seis años Don Raúl Vera nos invitaba a no tenerle miedo a los desafíos actuales y él mismo nos decía: “la Corinto de aquel tiempo es como la New York de nuestro tiempo y Pablo no tuvo miedo de predicarles, ¿por qué le vamos a tener miedo hoy en día a la post-modernidad?”. Y, tiene razón, Don Raúl...

Afortunadamente, san Pablo (Hch 17,22-31) comprendió que su misión consistía en llevar a los gentiles el Evangelio de Jesucristo, el mejor de los regalos.

Y para ello san Pablo se hizo gentil con los gentiles (1Cor 9,20-22). “Todo esto lo hago por el Evangelio”. Expresó el Evangelio en las categorías culturales que suponía podían ser la de los oyentes.

Albert Harnack expresará que el éxito del cristianismo primitivo fue su capacidad para expresarse en las más diversas culturas (grecolatina, india, copta, irania...), sin perder por ello su identidad. Allí se vió la asistencia del Espíritu Santo.

12.-¡No perder nuestra identidad! Es el segundo principio: el de la Ascensión.

Igual que la encarnación sirvió para elevar la naturaleza humana, la inculturación de la fe tendrá como consecuencia la evangelización de la cultura. Y esto aún sin proponérselo. Cuando la fe echa de verdad raíces en una cultura, no dejar de actuar en su interior igual que el fermento en medio de la masa.

Esto nos lo recordará nuestro muy querido Papa Pablo VI en el número 20 de la Evangelii Nuntiandi: “Evangelizar no de una manera decorativa, como con un barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta sus mismas raíces, la cultura y las culturas del hombre” (EN 20).

¡Vayamos al aula del mundo a enseñarle latín a Juan! Vayan por todo el mundo a predicar el Evangelio.

 

LA ELOCUENCIA DEL SILENCIO.

“En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, algunos titubeaban.

Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

1.- Muy queridos amigos:

Hoy, celebramos en la Iglesia universal el Domingo Mundial de las Misiones y el Evangelio nos presenta al Señor Jesús enviando a sus apóstoles a realizar dos acciones: enseñar su doctrina a todas las naciones para que sea observada y bautizar en el nombre de la Trinidad.

Y junto con el mandato ofrece su promesa: Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Por un lado el mandato y por el otro el ofrecimiento. Hablemos sobre nuestra misión y sobre el cumplimiento de la promesa de Cristo.

2.- Escribió Marco Aurelio en sus Meditaciones: “Cada cosa nació con una misión. Y tú, ¿para qué?, ¿para el placer?, Mira si es tolerable la idea”.

Todas las criaturas de Dios tenemos una misión por cumplir. Digamos que todo lo creado, la flora y la fauna, los minerales y los líquidos, tenemos un proceso hacia un fin.

Toda criatura cumple con una misión inexorablemente: la flor alegra con su fragancia y sus colores el camino de nuestra vida, el sol ilumina con su luz y conforta con su temperatura al hombre, la nube nos ofrece su sombra o su lluvia placentera, el árbol cumple con su misión al proporcionarnos el fruto, las flores, la madera o, simple y sencillamente, su sombra generosa; cualquier persona conoce que la ave cumple con las leyes de su naturaleza. Leámos el siguiente texto que escribe el ornitólogo norteamericano Roger Tory Peterson: “Las aves vuelan al norte y al sur en fechas tan precisas que podría decirse consultan su calendario, y parecen seguir determinadas rutas, que parecerían consultar un mapamundi”.

En la realidad todas las criaturas, excepto el hombre, están condicionadas y actúan por la fuerza de sus instintos o de sus leyes naturales.

Los animales viven en un ambiente propio, de índole específico, y en sus reacciones están ligados a sus impulsos. Dios les ha dado a la fauna la armonía de un mundo propio y una reacción instintiva que le protege. Friedrich Nietzsche definía al hombre como alguien no determinado, esto en relación con los demás seres animados que sí están determinados. F. M. Dostoiewski nos ayudará en esta comprensión al escribir: “La hormiga conoce la fórmula de su hormiguero. La abeja conoce la fórmula de su panal o de su colmena. No las conocen al modo humano sino al modo suyo. Pero no necesitan más. Sólo el hombre desconoce su fórmula.”

Y sin embargo, esa es la gran diferencia y nuestra verdadera grandeza: No le pidas a una hormiga que haga un panal, ni le solicites a una abeja que haga un hormiguero. En cambio, el hombre, aún en su indeterminación instintiva, ha recibido en su ser imagen y semejanza de Dios, los dones espirituales que le permiten la libertad, la voluntad, el construir un lenguaje y una cultura, el aprender, el comprender, el acceder al autoconocimiento y el obtener la autoconciencia, entre otras muchas cosas.

3.- El hombre puede ser identificado como un ser que biológicamente es deficitario, sin embargo su dimensión espiritual le eleva sobre toda la creación. Dios ha querido que su vida y su misión sea al mismo tiempo una promesa y una acción consciente.

Y es este, el espacio en el que desaparecemos del cuadro de la sola animalidad para elevarnos a horizontes insospechables.

El hombre, a diferencia de toda la creación, obra conforme a las facultades espirituales que el Creador le ha concedido: Inteligencia, Voluntad y Libertad. La misión del hombre consiste en ese ir más allá de nosotros mismos, más allá de los sentidos y más allá de la materia.

En este proceso del hombre hacia ese fin para el cual fue proyectado, cada ser humano podrá deliberadamente retrasarlo o ir de acuerdo. Retrasamos la misión de cada uno cuando nos contentamos con los pasatiempos de nuestra vida. Somos tantos los que optamos por la rutina, la vulgaridad, la masificación, el caminar con cansancio, tristeza o decepción y, al fin de cuentas, abdicamos a nuestra misión.

4.- Querido amigo:

Hace unos veinticuatro años leía un libro de William Saroyan titulado: El tiempo de tu vida.

Allí se personifica a un ser humano que carece de una verdadera meta. Willie tenía la manía de jugar en las máquinas mecánicas. Toda la vida de Willie desde que es niño hasta que se convierte en un adulto se desarrolla en esa lucha contra la máquina. Los relojes siguen su curso y los calendarios cumplen con el cómputo de los días. Han pasado los años y en la última escena gana un juego, ¡al fin!. Se encienden las luces rojas y verdes, la campana suena seis veces y de la máquina salta una bandera, se escuchan unas fanfarrias, todo mundo aplaude, Willie saludando a todo el mundo, se dirige a donde está el encargado, recibe seis monedas y declara: “¡Sabía que podía hacerlo!”.

Sale de aquel cubículo y camina por las calles sintiéndose el dueño del mundo, y sin embargo lo ha perdido todo, puesto que el tiempo, que suele ser el juez más insobornable ha cumplido con su sentencia. Willie ha perdido los años de su vida y su fracaso tendrá que soportarlo.

¿Te recuerda a alguien en especial esta historia?

5.- ¿Cuál es nuestra misión en la vida?

Hoy, tenemos que contemplar una dimensión nueva que por la fe hemos conocido: El Señor Jesús nos ha permitido incursionar en la vida sobrenatural. Por la gracia de Dios hemos recibido una serie de dones inimaginables. Al mismo tiempo, desde la fe que profesamos debemos darnos tiempo para discernir la misión propia de nuestra dignidad como Cristianos. Debemos ser capaces de entender que los dones de Dios al mismo tiempo que son gratuitos e inalterables, son también funcionales. Ante la amplia gama de beneficios recibidos preguntémonos: ¿Para qué los he recibido? Cuándo Dios concede un don a alguien lo concede para algo.

6.- ¿Cuál es mi misión?, mejor dicho, como cristiano ¿Cómo desempeño la misión de la Iglesia en el mundo?

¿Eres casado? Te deseo de todo corazón que tu relación de esposo sea en la unidad y en la comprensión. Les deseo que ambos corazones que se han entrelazado a partir de la recepción del sacramento del matrimonio se manifiesten sencillos en la solicitud del perdón o, que sean tan capaces de amarse y de conceder el perdón al sentirse ofendidos. Les deseo que cumplan con su misión en la fidelidad.

¿Eres padre de familia? Te deseo que cumplas también con la misión que tienes como padre: que sepas guiar, aconsejar, corregir y apoyar a sus hijos. La psiquiatra francés Francoise Dolto escribe: “Tres segundos bastan al hombre para ser progenitor. Ser padre es algo muy distinto, hace falta toda una vida”. La idea no es nueva. Ya Federico Schiller, el célebre escritor de María Stuart y de Guillermo Tell, lo gritaba en uno de sus dramas: “No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos”.

¿Eres hijo de familia? Te deseo que seas capaz de preocuparte y ocuparte a favor de aquellos por los que Dios te dio la vida y mucho más que la vida. No se trata de caridades para con nuestros padres, sino de obras de justicia. Te quiero recordar que: dar de comer al que nos dio de comer, cuidar al que nos cuidó, desvelarnos por el que se desveló por nosotros y preocuparnos por quien se preocupó de nosotros no es ninguna obra de caridad sino de justicia. ¿No te has fijado cómo, en algunas ocasiones, cuando los hijos trabajamos y ganamos unas pocas monedas nos sentimos intocables y convertimos nuestras casas en una especie de dormitorio o de restaurantes? ¿No te parece increíble que haya todavía personas tan viles y mezquinos que por unos céntimos nos sintamos con la capacidad de reclamar nuestros derechos en las casas y que, simultáneamente nos neguemos a tener obligaciones?

¿Tienes hermanos? Te deseo que tu relación fraterna se manifieste en la vida diaria a través de la comprensión, la benevolencia, el mutuo apoyo, la preocupación recíproca y la aceptación estable e incondicional.

¿Eres, como yo, un cristiano llamado a la vida consagrada? Deseo de todo corazón que tú y yo vivamos nuestra consagración en la integridad que exige y en la pureza que se espera de nosotros. Recuerda que nuestra consagración exige de nosotros tres cualidades: totalidad, perpetuidad y alegría. Que nunca se te olvide que cuando en la consagración no hay totalidad hay adulterio, cuando no hay perpetuidad hay divorcio y cuando no hay alegría hay servidumbre. ¿Qué tanto mostramos a los que nos tratan el atractivo rostro de Cristo con nuestra vida? ¿Qué tanto nuestra forma de vida se convierte en una elocuente promoción vocacional?

7.-     El mundo en el que vivimos se ha tornado en el más exigente de los tribunales, el cual está esperando de los cristianos la predicación no tanto de las palabras sino del testimonio. El silencioso predicar del ejemplo suele ser el más elocuente. Hoy hacen falta misioneros de la vida cristiana, los cuales a través de su vida sean capaces de persuadir de la grandeza que poseen los valores del Reino. En la actualidad faltan Misioneros que, con su forma de vida, den testimonio de que el Matrimonio es sagrado y todavía posible, que el sacerdocio es un estado de vida atractivo y que la verdadera vida cristiana es posible.

Decía nuestro bien recordado Juan Pablo II que “nuestro tiempo no necesita Mestros sino Testigos”. Diría la Madre Teresa de Calcuta: “Aquellos que están llenos de gozo no necesitan palabras para predicar”. Diría Juan XXIII: “Un buen ejemplo se convierte en una excelente campana que llama a la muchedumbre a la Iglesia”. Diría san Francisco de Asís: Prediquen siempre el Evangelio, sí es necesario utilicen las palabras”. ¡Evangelizamos mucho más con lo que somos que con lo que decimos!.

8.-     En el Domingo Mundial de las Misiones: ¡Cooperemos con la Misión de la Iglesia por medio de nuestras oraciones, con nuestra ayuda generosa y con la posibilidad de una consagración a la evangelización! ¡Cooperemos también con la predicación y con el testimonio!

 

 

¿QUÉ EVANGELIO PREDICAMOS?

“Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado”.

1.- Muy queridos amigos:

Quisiera que en este segmento detuviéramos nuestra reflexión en torno a esa predicación que le hemos de llevar a todo hombre.

Se trata de un anuncio Evangélico del Dios que no nos impone nada a la fuerza. ¡Dios siempre ha querido voluntarios! Aquellos que estamos dentro porque no nos ha quedado de otra, sin lugar a dudas no hemos llegado a comprender ni la grandeza ni la dignidad del mensaje cristiano.

2.- Dios respeta la libertad de la persona. Hay ocasiones en que nos pueden desilusionar los problemas del mundo o la incoherencia de los cristianos. Hay un pasaje interesante en la vida de San Bernardo de Claraval, monje fundador del siglo XII, célebre por su facilidad de discurso:
"Un individuo desaliñado y sucio se puso en pie, en medio de un bullicioso grupo de personas que escuchaba a San Bernardo predicar. Se dirigió hacia él y, con potente voz, le planteó una pregunta que era más bien un grito de indignación: ¡Usted dice que Dios vino al mundo hace ya 1200 años... ¿Cómo es posible entonces que el mundo continúe lleno de ladrones, adúlteros y asesinos?!"

Se hizo un gran silencio. A todos los presentes les pareció que era una objeción incontestable. Sin embargo San Bernardo le miró serenamente y le contestó: Tiene usted toda la razón, pero también existe el agua desde hace millones de años y, sin embargo... ¡fíjese como va usted de sucio!"

Igual que aquel individuo podía aprovecharse o no de las benéficas posibilidades higiénicas del agua, los hombres tenemos la posibilidad de usar bien o mal de nuestra libertad y de seguir a Dios o de no seguirlo. Esa decisión es responsabilidad nuestra, no de Dios.

3.- Jesucristo respera la plena libertad que tenemos todos los seres humanos ante su enseñanza. También nos ha mostrado la dignidad de su persona divina. Jesús anuncia con valentía y con libertad un mensaje, por el cual jamás esperó ni aplausos ni reconocimientos humanos.

Jesucristo al enseñar la verdad del Reino, jamás consintió “las negociaciones”. Él renunció a esas simpatías que se obtienen a costa de la reducción de la verdad. Jesucristo estuvo dispuesto a quedarse sólo antes que pactar sobre las condiciones de su seguimiento.

Y es que, para todos aquellos que recibimos el mensaje cristiano, el conocimiento verdadero de Jesús nos llevará, tarde que temprano, a tomar una posición en la vida. Conocer al Galileo nos conduce ineludiblemente a autocuestionarnos: “¿Y ahora qué? ¿Sobre quién quiero fundar mi vida, mi familia, mis afectos, mi profesión?” ¡Date cuenta de que no se puede permanecer tibio en la existencia cristiana! En Jesucristo no existen las neutralidades, aún el silencio manifiesta tácitamente un posicionamiento.

4.- Recuerdo ahora una de las cuestionantes que se nos predican en los ejercicios ignacianos: ¿Cuál bandera eliges? ¿A quién quieres seguir?

Seamos conscientes de que Elegir será un valor que tendrá simultáneamente un costo: la renuncia. Pero, al mismo tiempo, reconozcamos que solamente el Señor Jesús es quien posee palabras de vida eterna. Aún cuando sus palabras nos puedan parecer duras, exigentes, indigestas e insoportables, para no pocos de nosotros, solamente Él tiene palabras de vida eterna.

5.- Como cristiano y como sacerdote, este domingo le quiero agradecer a Dios nuestro Señor, el que su Iglesia, su Pontífice y sus Obispos, luchen por dialogar siempre con respeto; pero también le agradezco al Señor el que ellos ni estén a la espera de esos aplausos momentáneos de los comodinos ni que sean consentidores en las negociaciones, sobre todo cuando los temas versan sobre ese respeto a la vida de todo ser humano con la inclusión de la etapa prenatal y hasta su fin absolutamente natural, así también en la temática en torno a la recta sexualidad, al amor verdadero, a la justicia, a la verdad y a la familia.

En el momento actual de la vida de la Iglesia disfrutamos del ministerio petrino en la persona de Benedicto XVI, y tal pareciera que con amables recuerdos ubicamos a Juan Pablo II, quien mañana estaría cumpliendo, si viviera entre nosotros, los 29 años de su elección pontificia. Y la verdad es que todos nosotros nos hemos quedado con el recuerdo sólo agradable de su ministerio, ignorando en ocasiones, o queriendo ignorar que él pasó también por momentos difíciles, en esa búsqueda de enseñar a cumplir lo que Jesús nos ha enseñado.

Me acordaba como hace ocho años, un grupo de hermanos homofílicos entablaron una demanda, ante una corte internacional, contra Juan Pablo II acusándolo de practicar la discriminación, por el hecho de no consentir en la Iglesia el matrimonio entre los homosexuales.

Me asaltaba a la memoria también aquel momento, cuando hace once años en el campo Marte frente a la torre Eiffel, en París, Su Santidad exhaltaba la obra del médico cristiano Jerome Lejeune, defensor de la vida y descubridor del gen que da origen a la Trisomia 21, conocida como Mongolismo. El Papa proclamaba el Evangelio de la Vida para iluminar esta cultura de la muerte y, precisamente a pocos metros del lugar, deambulaban algunas mujeres que protestaban contra sus enseñanzas con el torso desnudo, así como un grupo de opositores que entregaban los así llamados por ellos: “300 mil preservativos masculinos benditos”.

6.- Es realmente difícil, enseñar a cumplir lo que Jesús nos ha mandado. Y esa es nuestra misión.

Se trata de predicar el Evangelio de Jesucristo en un mundo que alza la voz para cuestionar todo lo que no le agrada. Personas que quisieran calificar como bondadoso solamente aquello que les gusta, lejos de aceptar que hay cosas que por su sola bondad debiéramos gustarlas.

El Señor nos envía a enseñar a este mundo que la verdadera puerta del amor es tan estricta como estrecha, y que las exigencias del amor verdadero son infinitamente profundas y penetrantes.

7.- Los cristianos debemos pedirle a Dios este domingo que nos conceda su luz, de tal manera que se nos abra el entendimiento y podamos así comprender que ni la bondad, ni la verdad, ni la justicia pueden basarse en criterios únicamente subjetivos.

Hoy en día, y en este año en que la sociedad discute y ha discutido superficialmente sobre delicados temas debemos recordar que la verdad será verdad aunque nadie la sostenga.

No se trata de caer en el universo de la sospecha, ni mucho menos de sembrar el escepticismo en los corazones. Todo lo contrario, en el momento en que no existan criterios objetivos en torno a la verdad, nuestro mundo se convertirá en un terreno de cultivo para la sospecha de todo hombre, se potenciará la falta de respeto a todo ser humano, y caeremos en un verdadero escepticismo ante los propios reclamos de respeto.

La verdad no puede surgir de los consensos, ni de los populismos, ni siquiera de un plebiscito. ¡Cuándo comprenderemos que ni siquiera un plebiscito podrá decidir la aprobación del aborto! Me agrada la forma en que decía estas cosas Bertrand Russell en “El Ensayo escéptico”: “Aunque todos los expertos estén de acuerdo, bien pueden estar equivocados”.

Aún cuando las mayorías y las legislaciones estén de acuerdo con llamarle “derecho” a un delito, los cristianos jamás podremos considerarnos exentos de reflexionar con seriedad cada una de nuestras acciones y de asumir personalmente las consecuencias de nuestro obrar y de nuestros silencios. El que tú y yo estemos del lado de la mayoría nunca será un criterio de verdad.

8.- Si predicamos el Evangelio de Jesucristo, entonces estamos predicando una moral que sobrepasa una simple ética. Se trata de la levadura de la vida cristiana.

Nuestra sociedad debe modificar sus criterios buscando favorecer la vida. Un Evangelio bien predicado invitará a nuestra sociedad a practicar una ética más humanista que cualitativa.

La ética cualitativa que rige muchos de los sectores de nuestra sociedad es una ética de la perfección, de excelencia, que exhalta la belleza y los parámetros humanos de superioridad. Esta ética busca y exhalta un mundo más bello, limpio, indoloro e inodoro. Son los nuevos “arios” de la medicina y de la genética atractivamente disfrazados de filántropos.

Una ética más humana, como lo es la moral cristiana, considera la vida como algo valioso en sí mismo. Acoge con amor y cuidado a todo ser humano, sin distinción de tamaño, de edad, de forma, pigmentación de su piel o de autosuficiencia. Para un cristiano: toda vida vale la pena vivirse.

Permítanme emitir mi juicio cristiano y decirles que prefiero la ética humanista a la cualitativa, prefiero una ética pro-vida a una ética de la excelencia. Prefiero un mundo con algunas “imperfecciones”, pero que sea más humano y lleno de compasión, que sea un mundo más lleno de amor.

9.- Hoy tenemos que enseñar a cumplir los mandatos de Jesucristo a un mundo que busca un cristianismo sin verdades de fe y sin verdades morales. Entendamos el adagio: “La verdad nos hiere pero la mentira nos destruye”. Nuestra Iglesia prefiere esa verdad que en muchas ocasiones nos resulta incómoda, porque la Iglesia no puede aceptar una mentira que olvide el Evangelio de Jesucristo y que destruya al hombre y sus valores.

10.- Hoy, le hace falta al hombre volver la vista hacia el crucificado. Sólo en el momento en que seamos capaces de voltear a ver al Señor que ha muerto en la cruz, y meditemos en el silencio de nuestro corazón, podremos encontrar allí precisamente esas razones del porque la Iglesia sigue predicando: respeto por la vida, por el amor, por el hombre íntegro en su sexualidad y en sus rectos sentimientos.

11.- Dos cosas nos urgen practicar a los cristianos, y nos lo deja como tarea este Domingo Mundial de las Misiones. En primer lugar: elegir a Aquel que tiene Palabras de Vida Eterna, aún a costa de cualquiera de nuestras renuncias. En segundo lugar: practicar la tolerancia y la caridad cristiana para con todo tipo de personas, sin que por ello nos engañemos pensando que la mentira, en sí misma, pueda ser tolerable.

Vayamos al mundo a predicar con palabras y acciones que la moral del amor es una moral de la alegría; mientras que la moral del deber es una moral del esfuerzo. En la moral del amor, el acto bueno se realiza con el corazón abierto, con placer; en la moral del deber, por el contrario, el acto sólo es bueno si se realiza con fatiga, con el puro esfuerzo de la voluntad. Prediquemos con nuestra vida una moral de la alegría y no esa moral del deber que anuncian tantos por sus altavoces.

Vayamos a este mundo con alegría cristiana a predicar y a enseñar a cumplir todo cuanto Cristo nos ha mandado”.

 


PRESENCIA DE CRISTO EN EL MUNDO DE LOS AUSENTES.

“ Sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.”

1.- La promesa de Cristo es ilimitada: estará con los apóstoles y con sus sucesores, aún cuando un día los apóstoles ya no estén, hasta que se acabe el mundo.

Ya Dios le había dicho a Abraham que estaría con él; Moisés y Aarón recibieron la promesa de que Él estaría en sus labios; a Josué y al mismo Moisés les prometió que estaría también con ellos; y le aseguró a Salomón que le asistiría cuando construyera el Templo. Cuando Jeremías alegó la inexperiencia de su juventud, Dios le aseguró que Él pondría palabras en su boca. Pero, en todos estos casos la divina presencia duró solamente el tiempo de la vida de las personas a quienes se les había hecho la promesa.

2.- La promesa de protección y presencia que se les da hoy a los apóstoles es ilimitada: “He aquí que yo estoy con ustedes todos los días, hasta la consumación de los siglos”.

Hoy quisiera referirme a esta presencia de Cristo en tres manifestaciones: La presencia Eucarística, la presencia en el hermano y concluiré hablando sobre esa presencia actual en los momentos más difíciles de nuestra vida.

3.- Primero hablemos sobre la Eucaristía, sobre todo en este año 2007 en que Dios nos ha obsequiado con una Encíclica Post-Sinodal con el tema Eucarístico: Sacramentum Caritatis firmada el 22 de Febrero.

¿Sabes? Esta frase: yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo, me atrajo a la memoria el recuerdo de la Parroquia de san Juan Bautista de la Salle, a la cual serví y en la cual encontré muchísimos de los amigos que ahora conservo, y es que es este texto se encuentra inscrito en ese altar que es presencia de Cristo, y al cual besé casi ininterrumpidamente por aproximadamente siete años.

El texto de san Mateo se encuentra precisamente allí, en el lugar sagrado en donde se celebra la Eucaristía, en donde se hace presente Jesucristo Sacramentado.

4.- Y es que el amor verdadero pide presencia, cercanía, proximidad, estar lo más posible junto al ser querido. Y cuando la estancia física se hace imposible, por los imperativos del deber o por motivos insalvables, entonces el amor recurre a mil estratagemas para suplir esa ausencia, larga o corta, de la persona amada. Ahí tenemos la fotografía enmarcada y puesta en el lugar de honor o de mirada más fácil. Ahí está el regalo, el ramo de flores, la carta desde el lugar lejano, el e-mail, o el telegrama puntual, para que la caligrafía conocida, los rasgos queridos en el papel suplan pobremente la separación involuntaria. Ahí está el teléfono, los videos, la audiograbación o la video-conferencia para que la voz y la imagen telecercana sacien por unos minutos el hambre que tenemos de la presencia personal.

La prueba de que Cristo nos ama a los hombres está en que cuando Él tiene que volverse a la Casa del Padre, porque ha terminado su misión salvífica, y le urge recibir del Padre el abrazo de recompensa por la obra realizada entre los hombres, Cristo no se resigna a dejar para siempre a sus seres queridos. Y hallará, entre las riquezas insondables de su omnipotencia, la fórmula de permanecer marchándose, de irse sin desaparecer, de quedarse presente durante su ausencia. No será una foto que se desvanece ni un objeto recordatorio, sino su presencia real, aunque bajo otra apariencia: la Eucaristía.

Si no hubiera otra prueba para demostrar la divinidad de Cristo bastaría la creación de la Eucaristía. Porque a ningún hombre se le habría podido ocurrir jamás una cosa así.

Cristo decide quedarse, mucho más que porque Él necesitare de nuestra compañía, porque los hombres íbamos a necesitar la de Él. Presencia de Jesús en la Eucaristía para todas esas horas bajas que todos registramos en la esfera de nuestro reloj personal.

5.- La Eucaristía nos habla de aquel que aparte de ser el Buen Pastor para su rebaño, quiso convertirse en el pasto para sus ovejas. Este factor de la Eucaristía lo ha presentado genialmente Don Luis de Góngora y Argote en aquella composición conocida como “Letrilla Sacra”, que es una verdadera clase de teología.

Oveja perdida, ven
sobre mis hombros, que hoy
no sólo tu pastor soy,
sino tu pasto también.

Por descubrirte mejor
cuando balabas perdida,
dejé en un árbol la vida,
dónde me subió el amor;
si prendas quieres mayor,
mis obras hoy te la den.

Oveja perdida, ven
sobre mis hombros, que hoy
no sólo tu pastor soy,
sino tu pasto también.

Pasto al fin hoy tuyo hecho
¿cuál dará mayor asombro,
o el traerte yo en el hombro,
o el traerme tú en el pecho?
Prendas son de amor estrecho
que aun los más ciegos las ven.

Oveja perdida, ven
sobre mis hombros, que hoy
no sólo tu pastor soy,
sino tu pasto también.

6.- Muy queridos amigos:

La presencia eucarística de Cristo nos debe recordar también su presencia bajo las especies humanas. Si tenemos fe para traspasar los velos sacramentales y llegar a reconocer a Jesús, debemos tener también un suplemento de fe suficientemente largo para así descubrir a Cristo tras el velo humano de los hombres. Si tenemos suficiente visión espiritual para ver a Cristo cabeza en la Eucaristía, también debemos tenerla para contemplar a Cristo en su Cuerpo Místico.

No se trata de una consideración “piadosa”, sino de la entraña misma de la solidaridad de Cristo con la humanidad. “Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?”, le pregunta el Señor Jesús a Pablo, antes de se convertiera en el Apóstol, cuando perseguía a los cristianos. Y en nuestra hora de la verdad, cuando se nos juzque definitivamente, Cristo aplicará esta sentencia soprendente: “Lo que hiciste con ellos, lo hiciste conmigo”. Hay una presencia de Jesús en los hombres que nunca meditaremos bastante.

7.- Pero dirijámonos ahora hacia la tercera consideración: la presencia real y providencial de Cristo en esos momentos difíciles de nuestra vida.

Si cada uno de nosotros se diera a la tarea de revisar todos los momentos en que Dios ha estado presente en medio de nosotros, estoy convencido de que haríamos una larga lista de los mismos.

¡Sé honesto! Si cada uno de nosotros trazara esa línea de la propia vida, y en esa línea señalara con una estrella el año del nacimiento, y así cada uno de los años, hasta el momento actual, y señalizáramos cada uno de los años en que Dios ha tenido una intervención significativa a favor de cada uno de nosotros, tendríamos miedo, si somos honestos, de cometer la injusticia de olvidar tantos y tantos momentos de bendición y de presencia de Dios cuando nosotros más lo hemos necesitado.

8.- La afirmación del Señor: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” me ha hecho recordar aquel pensamiento que a mí en lo personal, el Señor me lo envío cuando junto con mis padres y mis hermanos, estábamos sumergido en la oscuridad de la sinrazón y en la amargura humana que nos engendra el dolor inconmesurable.

¡Tú lo debes recordar!

9.- Habla sobre un hombre que durante un sueño recibe un regalo de parte de Dios: contemplar en el cielo su vida representada en una serie de escenas, que quedan plasmadas en la arena húmeda a través de aquellos dos pares de huellas, las que le pertenecen a él y también las del Señor. Los dos pares de firmes huellas aparecen sumamente visibles en los momentos de alegría en la vida, en el propio nacimiento, en la fiesta, en los logros, en el cumpleaños, en el ingreso a la escuela y en la graduación, cuando hay ascensos laborales, en las promociones, cuando se puede vacacionar, en el amor, en el noviazgo, en el matrimonio, en el nacimiento de los hijos...

Pero de pronto hay algo que le sobresalta y que le detiene en su recorrido mental: En la arena húmeda ha desaparecido un par de huellas, y sólo queda un par de las mismas plasmado en la arena humeda, y ésto acontece principalmente en los momentos difíciles, en los lapsos de amargura, en la soledad, en el abandono, en la enfermedad, en el despido laboral, cuando alguien muere, cuando se experimenta la injusticia y el despojo, en el infortunio, en la depresión,...¡cuándo nada nos resulta!

Aquel hombre se encuentra de pronto sumergido en ese túnel profundamente oscuro del desconsuelo y entonces voltea a mirar al Señor, que sigue ahí a su lado y que le observa con ternura, y aquel hombre le reclama a Cristo con dolor, tristeza y desilusión:

“Señor, tú me habías prometido que siempre estarías conmigo.
Pero noto con tristeza en la arena al caminar
Que no están los dos pares de huellas que se debieran notar?
Dime, ¿en dónde están las otras dos que indican tu compañía
Cuando la tormenta azota sin piedad la vida mía?
Y el Señor me contestó con ternura y compasión:
Escucha bien hijo mío, siempre te amé y te amaré
Y en tus horas de dolor siempre a tu lado estaré.
Pero si ves sólo dos huellas en la arena al caminar,
Y no ves las otras dos que se debieran notar.
Es que en tu hora afligida, cuando flaquean tus pasos
No Hay huella de tus pisadas porque te llevo en mis brazos.

Y así suceden las cosas,... en mi vida, en tu vida, y en la vida de todo aquel que le ofrezca un espacio al Divino Maestro.

10.- ”Yo estaré con Ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.

Les quiero invitar a todos aquellos que favorecen este espacio de reflexión para que se abandonen confiadamente en Cristo, puesto que Jesucristo permanece siempre a nuestro lado. Y, tú y yo somos testigos de esto.

 

___________________________________Firmar Libro de visitas

Biblioteca Virtual

Oct14
Oct07
Sep30
Sep23
Sep16
Sep09
Sep02
Ago26
Ago19
Ago12
Ago05
Jul29
Jul22
Jul15
Jul08
Jul01
Jun24
Jun17
Jun10
Jun03
May27
May20
May13
May06
Abr29
Abr22
Abr15
Abr08
Abr01
Mar25
Mar18
Mar11
Mar04
Feb25
Feb18
Feb11
Feb04
Ene28
Ene21
Ene14
Ene07

2006

2005

2004