Domingo 13 de Septiembre de 2009_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

LA PIEDRA ESTÁ EN EL AIRE.

“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta: ¿Quién dice la gente la gente que soy yo?” Ellos le contestaron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros que alguno de los profetas”.

Entonces él les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?, Pedro le respondió: “Tú eres el Mesías”. Y él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.
                                                                                                                                                                                                                  
Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día.

Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: “¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”.

Después llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”.

 

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1.-     Muy gentiles amigos:

¿Conocen cuántas luchas debemos librar en nuestro interior? ¿Alguien sabe cuál es la razón por la cual tú y yo, no seamos consistentes en nuestros buenos propósitos asumidos y en esos buenos deseos promovidos? Podrías responderme: ¿Cómo puede ser posible que en un momento de la vida nos encontremos viviendo a plenitud nuestra existencia cristiana y, al poco tiempo, nos encontremos, una y otra vez, estampándonos en ese grueso muro de nuestra impotencia que nos genera tantas insatisfacciones?

Las preguntas anteriores, y la causa que les origina, parecen ser no tan sólo el problema de cada uno de nosotros, sino que también lo fue de san Pedro, así cómo de cada uno de los grandes santos de esta amada Iglesia, testigos de nuestro Señor, con la excepción única y expresa de la Santísima Virgen María.

2.-     Dentro de cada uno de nosotros parecieran cohabitar dos individuos que actúan con criterios muy dispares, y en muchas ocasiones, con valoraciones contrapuestas. Uno de ellos pretende conducirnos según los criterios de este mundo; el otro, en cambio, busca que sigamos fielmente los criterios del Evangelio de Jesús. Ese conflicto interior que todos hemos experimentado, logra que nos sintamos, ocasionalmente, impulsados hacia las alturas y, en otros momentos nos hace sumergirnos en los abismos más profundos y vergonzosos. Pareciera que en mi propia vida y en la tuya propia, lucharan interiormente en una sangrienta batalla el así llamado hombre espiritual y aquel que es reconocido como el hombre según la carne.

3.-     La anterior, parece ser precisamente la situación con la que san Pedro se enfrenta este domingo. En el Evangelio, Jesucristo ha exaltado la agudeza de su pensamiento, y el origen sobrenatural de su percepción, en torno al juicio sobre su persona, ya que no le confunde con los grandes hombres, muy respetables pero hombres al fin, sino que le llega a confesar como el Mesías de Dios,... pero apenas el Señor empezó a hablar acerca de los derroteros que tomará su misión a favor nuestra, y san Pedro se precipita en su incomprensión a los rincones más profundos.

Así es también nuestra vida. Se trata de una lucha constante. Cuando tú y yo nos dejamos llevar por nuestro egoísmo, y se nos olvida considerar esa forma en que Dios ve las cosas nos llegamos a convertir en un enorme estorbo para el proyecto divino y en una ocasión de tropiezo para todos aquellos que están a nuestro lado.

4.-     Y esa es también nuestra experiencia. Más allá de una predicación sobre el yo y el super-yo que le corresponde a un estudio psicoanalítico sobre una bipolaridad patológica;... desde nuestra visión cristiana somos conscientes sobre esa, nuestra personalidad fracturada en una bipolaridad espiritual. Los hombres no tenemos, a causa del pecado original, ese don de la integralidad en nuestra vida interior. Esa disparidad entre lo que conocemos como bondadoso y aquello que queremos, y entre lo que queremos hacer y las cosas que no hacemos, lo ha dibujado a su estilo Somertsen Maugham al decir: "Ninguno de nosotros está formado de una sóla pieza; más de una persona reside en nuestro interior, y a menudo con un molesto compañerismo con los otros vecinos".

Sobran las descripciones acerca de esta nuestra realidad interior: Edouard Sanfor Martin decía: "Dentro de mí existe una multitud de gentes. Hay quien es humilde, otro que se llena de orgullo. Hay quien está angustiado de sus pecados. Otro, que impertinente se tumba y hace muecas; No falta el que ama a su prójimo y el que no se preocupa por nada que no sea el dinero y la fama. De toda corrosión yo quedaría libre, si pudiera definir, de una vez para siempre, quién soy yo."

5.-     Efectivamente se encuentran dentro de nosotros esos dos elementos que nos forman: la aspiración y el deseo del bien y nuestra inclinación al mal. Estos dos elementos simultáneamente nos hacen propensos al crimen más horrendo o nos pueden encumbrar hacia la acción más noble. El bien nos hace remontarnos por encima de cualquier mezquindad que nos irrite y de los antojos y caprichos de la vida diaria, mientras que el mal nos encadena y arrastra hacia lo bajo, oponiéndose a la nobleza que existe en cada uno de nosotros. Durante toda la vida, esos dos elementos se mantienen en una lucha constante entre sí, y siguiendo el desarrollo normal de los hechos, cada uno de ellos consigue una ventaja sobre el otro por un tiempo determinado, y luego al poco tiempo suele sucumbir en la batalla, y así es como se entreteje el tapiz de nuestra existencia y de nuestra historia.

Podríamos decir que todos nosotros estamos compuestos de luz y de oscuridad a la vez. Todos podemos ser extremadamente malvados, sólo pensando en nosotros mismos, engreídos, recelosos, libertinos, ladrones y traidores. E incluso, muchas de nuestras perversas inclinaciones las llegamos a ocultar y las disimulamos bajo una capa de bondad y con una máscara de altruismo.

Pero,... aún con todo lo anterior tenemos que mencionar que incluso en el ser más vil y más perverso siempre existirá un ansia por todo aquello que objetivamente es bueno y noble, a favor de la verdad, la bondad y la belleza. Tenemos en nosotros esos dos elementos, y precisamente esa coexistencia de elementos diametralmente contradictorios es lo que hace que nosotros seamos hombres, y no ángeles, ni demonios ni fieras.

Escribía el convertido Paul Claudel: “En el avaro más roñoso, en lo más profundo de una prostituta y de un borracho hay un alma inmortal, santamente ocupada en respirar, que, excluida de día, practica la adoración nocturna”. Y es verdad que en el hombre más abominable subsistirá siempre un rincón de inocencia.

6.-     Pero digamos que sucede en nuestro interior algo equiparable a aquello que sucedía en aquella pieza musical titulada: Obertura 1812 de Pietr IlichTchaikovsky. En esta pieza clásica sobre la gesta béllica en las ocasiones que va ganando la compañía francesa se escucha nítidamente el son de la marsellesa y, en otras ocasiones, lo que se escucha repentinamente es aquel himno de la victoria rusa. En nuestro interior digamos que se está librando una verdadera batalla: ocasionalmente triunfa el bien escuchándose un himno y en no pocas ocasiones vence y hace gala nuestra fragilidad escuchándose el himno contrario.

Debemos recordar que todo cristiano que se encuentre en la tierra, entre los cuales estamos tú y yo, continuamos rodeados de peligros, por factores externos pero también por factores internos. La tentación que en algunos momentos nos seduce hacia el pecado brota de nuestro interior por lo que se le llama endógena y en otros momentos la tentación nos llega desde el exterior y se le llama exógena. Se trata de peligros que exigirán de todos nosotros un esfuerzo comprometido.

Debes recordar que todos aquellos factores que para los seres humanos suelen ser una seguridad, Dios nos advierte que puede ser también una señal de fragilidad. ¡Tú y yo lo sabemos, tal como lo sabe san Pedro, no una sino en muchas ocasiones!

7.-     Y la causa de nuestra inconsistencia, es esa misma causa que provocó que san Pedro se manifestara incapaz de comprender el proyecto redentor que se trazaba conforme al pensamiento divino, y que siempre supera en mucho la forma de pensar del hombre. Lo peor de todo es, ese nuestro intento, de querer ayudarle a Dios pero como consejeros y el intentar persuadirle sobre la supuesta “superioridad” de nuestro pensamiento.

La gran tentación de Pedro, y la nuestra, es el querer darle clases a Jesús, indicarle qué era lo que debía hacer. Nuestra gran tentación consiste en decirle a Dios: “Señor, yo tengo otra gran idea,. y me parece que es en mucho mejor que la tuya”.

8.-     Y nuestra santificación consistirá, no en otra cosa, sino en velar para que, día a día, vaya muriendo en nosotros, más y más, nuestro hombre según la carne, y que crezca el hombre espiritual. A eso se le llamaría santidad, lo cual consiste en un irse configurando cada vez más con la persona de Jesús.

Nuestra santificación se podrá realizar solamente en la medida en que aprendamos a realizar ese movimiento del corazón llamado conversión. Pero, solamente habrá conversión si aprendemos a reconocer nuestra fragilidad y la necesidad que tenemos de la Gracia que proviene de Dios.

Cierto que en nuestra persona seguiremos encontrando elementos frágiles, pero fíjate como en la historia de san Pedro la fragilidad no desalienta a Dios; al contrario, lo ratifican en su decisión. “Simón, hijo de Juan ¿me amas más que estos?”
                                                                                                                                                                                                                                                                       
La iniciativa divina es gratuita; se ha ejercido desde nuestra propia nada.

9.-     ¡Oye!, ¡Sí tú!: No te has preguntado: ¿Por qué el Señor le ha dejado a san Pedro al frente de su Iglesia, si es que él se equivocó varias veces, le nego tres veces, y hasta necesitó de una reprimenda tan severa de parte del Maestro como la que hoy ha recibido?

¿Sabes? El sacar nuestra cabeza en alguna situación provoca el que nos pongamos en la posibilidad de que nos asesten la pedrada a diferencia de quien se mantiene agachado en la vida, el caminar es ingresar a la posibilidad de caerse uno, situación que no les sucede a los que están sentados, el emitir nuestras opiniones es entrar en la posibilidad de equivocarse a diferencia de quien se queda calladito.

Argumentaríamos con contundencia: "Es que los demás apóstoles no se equivocaron tanto". Y tendríamos que decir: “Es que se mantuvieron en el silencio, preferían no hablar por eso no tuvieron errores tan notorios, en un principio eligieron quedarse sentados y por ello no tropezaban, ellos mantenían la cabeza agachada y no se arriesgaron tanto, es por ello que nadie podía darles un riscazo”.
                                                                                                                                                                                                                                                                                      
En alguna ocasión escuche que “el resultado de nuestros miedos a hacer las cosas, suele ser el de cero pérdidas,... pero también el de cero ganancias”.

10.-   El Señor eligió a aquel que no tuvo miedo a invertir, y qué cuando vivió las pérdidas más lamentables supo reconvenir en su caminar.

¿Sabes? Yo también prefiero a san Pedro, aunque se haya equivocado, "el Señor prefiere a los que han corrido riesgos negociando sus talentos sobre aquellos que los entierran bajo tierra". ¡Que Dios siga bendiciendo a los sucesores de san Pedro! ¡Dios bendiga a nuestros Obispos!

 

LA CRUZ EN EL MATRIMONIO.

En aquel tiempo Jesús llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”.

1.-     Muy querido amigo:

Te invito para que insertes un concepto muy poco usual a tu diccionario cotidiano: La Paradoja.

¿Paradoja?,… ¡Paradoja!,… Paradoja como término es una contradicción existente entre dos cosas o entre dos ideas. Como método del pensamiento la paradoja es una figura que emplea expresiones o frases que envuelven o que están impregnadas de contradicción.

¡No nos compliquemos! Digamos simple y sencillamente que la paradoja es una contradicción...

2.-     El Señor solía usar la contradicción o el recurso de la paradoja para enseñarnos las verdades de eternidad: “¡el que tenga oídos para oír que oiga!” ¿Te suena conocido? Pues, es una paradoja.

Podríamos decir que el cristianismo es la religión de la paradoja. Y esto acontece con la vida misma de Jesús. El Dios que se ha hecho hombre es una contradicción, y el Dios que ha dado su vida por nosotros es la paradoja más radical que se predica. Pero también es paradógica una resurrección que en su contenido es una cotradicción: Cristo resucitó y nosotros resucitaremos con un cuerpo espiritual. ¿No es esto una contradicción? ¿O es cuerpo o es espíritu? Pero el Señor dice que es un cuerpo espiritual aquél del que gozaremos en la eternidad, y nosotros creemos en Él y le creemos a Él.

Toda la historia de Dios es de paradojas: no tan sólo la Virgen que concibe y da a luz, sino que también la mujer estéril y anciana que da a luz y esto es una contradicción, el agua que sale de la roca que golpea Moisés es una paradoja, así lo es el Dios que nos da a comer de su carne. ¿Y qué pensar sobre el Dios que ha entregado su vida para tomarla de nuevo?

3.-     Sobre la paradoja de la cruz que hoy nos invita a tomar y de esa cruz que le llevó a su muerte, y sobre el sentido de nuestra muerte escribía el sacerdote dominico del siglo XVI, Fray Luis de Granada: “Para hablar de este misterio de nuestra redención, verdaderamente yo me hallo tan indigno, tan corto y tan atajado, que no sé por dónde comience, ni dónde acabe, ni qué deje, ni qué tome para decir.        

Mayor gloria fue Dios morir por los hombres que nacer por los hombres.

Pues díganme ahora todos los entendimiento del mundo, ¿qué pecado pudo haber hecho mayor que el de la idolatría, sino la muerte injustísima del Hijo de Dios, y Señor de todo lo creado? ¡Porque, si siendo Dios, padeció, no por sí, sino por nosotros, cuán justo y cuán debido es que nosotros, que somos sus siervos, imitemos alegremente su muerte! Mas no se llame muerte, hija mía, perder la vida por Cristo, sino alegría y gozo, y deleite, y resplandor y luz, más dulce y más hermosa que ésta del sol”.

4.-     La paradoja, la contradicción... y así es todo el Evangelio: Sí solamente pensáramos en la profundidad de la invitación que nos hace el Señor a reconocer que: a aquellos que dan fruto Él los poda para que den más fruto, nos encontraríamos con la humana contradicción.

La operación dolorosa no se les ahorra a los que hacen bien su deber y tienen en el activo resultados apreciables. Precisamente quien ya da frutos es sometido a la poda, ¿para que pueda “dar más fruto”?... ¡Sí!

Otras veces el evangelio nos sitúa frente a comportamientos moralmente heróicos pero humanamente contradictorios. Son como una “provocación” a la lógica de la vida: ¿Amar a los enemigos? ¿Castidad de por vida? ¿Alegría en el sufrimiento? ¿poner la otra mejilla? ¿orar por quien nos persigue? ¿bendecir a quien habla mal de nosotros? ¿Renunciar a sí mismo por los demás?...¿El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará?...¿Será todo esto una realidad o es sólo un ideal, un sueño o una utopía?

5.-     Y esto es toda una realidad y es nuestra verdad como cristianos, así en la vida del soltero, del casado, del consagrado a Dios. Quisiera compartirte un artículo que circula en la red y que se titula: “La cruz en el matrimonio” atribuido a Sor Emmanuel una de las niñas de Medjugorie, Yugoslavia:

“En la aldea de Siroki-Brijeg, Croacia, no se ha registrado ni un solo divorcio entre sus 13,000 habitantes. No se recuerda a una sola familia que se haya desintegrado. ¿Acaso Herzegovina goza de un favor especial del Cielo? ¿Tendrán una fórmula mágica para mantener a raya al demonio de la discordia?

¡La respuesta es muy simple! Durante siglos, a causa de la opresión de los turcos y luego de los comunistas, el pueblo sufrió cruelmente mientras su fe en Cristo era amenazada. Sabían por experiencia que la salvación viene de la Cruz de Cristo. No se obtiene a través de planes de desarme, de ayuda humanitaria ni de tratados de paz, cosas cuyos beneficios pueden ser limitados. ¡La fuente de la salvación es la Cruz de Cristo! Esta gente posee una sabiduría que no les permite ser engañados en asuntos de vida o muerte. Por eso es que han vinculado indisolublemente el matrimonio con la Cruz de Cristo. Han fundado el matrimonio, que produce la vida humana, sobre la Cruz que produce la salvación.

¡La tradición matrimonial croata es tan bella que está comenzando a difundirse en Europa y América! Cuando una joven pareja se prepara a casarse, nadie les dice que han encontrado al hombre o la mujer ideal. ¡No! ¿Qué les dice el sacerdote? “Han encontrado su Cruz. Y es una Cruz para ser amada, soportada, una Cruz que no debe soltarse, sino estimarse.” Si a los novios les dijeran esto en Francia, ¡quedarían estupefactos! Pero en Herzegovina, la Cruz representa el amor más grande y el crucifijo es el tesoro de la casa.

Cuando la novia y el novio parten hacia la iglesia, llevan consigo un crucifijo. El sacerdote bendice el crucifijo, que ocupa una parte central en el intercambio de votos. La novia pone su mano derecha sobre el crucifijo y el novio pone su mano sobre la de ella. Así, ambas manos quedan unidas en la Cruz. El sacerdote cubre estas manos con su estola mientras ellos proclaman sus votos de fidelidad, de acuerdo a los ritos de la Iglesia. La novia y el novio no se besan, sino que en vez de eso besan la Cruz. Ellos saben que están besando la fuente del amor. Cualquiera que esté lo suficientemente cerca para observar las dos manos de los contrayentes unidas sobre la Cruz entiende claramente, que si el marido abandona a su esposa o si la esposa abandona al marido, soltarán la Cruz y se apartarán de ella. Y si abandonan la Cruz, ya no les queda nada. Lo habrán perdido todo porque abandonaron a Jesús. Habrán perdido a Jesús.

Al término de la ceremonia, los recién casados se llevan el crucifijo con ellos y le asignan el lugar de honor en su casa. Éste se convierte en el punto focal de la oración familiar, porque el joven matrimonio cree profundamente que la familia nace de la Cruz. Cuando surge un problema o irrumpe un conflicto, será delante de esta Cruz que buscarán ayuda. No irán a un abogado, no consultarán a un adivino o a un astrólogo, no dependerán de un psicólogo para resolver sus dificultades. ¡No!, irán directamente delante de su Jesús, delante de la Cruz. Ahí se arrodillarán y llorarán sus lágrimas y derramarán sus corazones frente a Jesús y, sobre todo, intercambiarán su perdón. No se irán a dormir con un peso en el corazón porque se habrán vuelto a su Jesús, al Unico que tiene poder para salvar.

Enseñarán a sus hijos a besar la Cruz cada día y a no irse a dormir como los paganos, sin haber primero dado gracias a Jesús. En cuanto a los hijos, el primero de sus recuerdos será que Jesús ha sido siempre el Amigo de la familia, respetado y abrazado. Le dicen buenas noches a Jesús y besan la Cruz. ( “se van a dormir con Jesús, ¡no con un osito de peluche!”). Saben que Jesús los abraza y que no no hay nada de qué temer y sus miedos se desvanecen en su beso a Jesús.¡Querida Madre Santísima, por favor extiende la bendición de este hermoso matrimonio a la familia entera de tus hijos!

6.-     Cuánto bien nos haría el adoptar esta práctica en nuestras vidas y en nuestras familias. Y es que las pruebas, las persecuciones, los obstáculos, las enfermedades, el desempleo, los humanos fracasos, las cruces... todo esto no lo elijo yo ni lo eliges tú. Ni llegan cuando tú o yo lo preveemos, ni mucho menos de aquella manera más fácil para afrontarlos, “de donde” me lo esperaba.

¿Estamos preparados para perder para así ganar? ¿Creemos que hay que morir para en verdad vivir? ¿Aceptamos que se deben podar ciertos hábitos nocivos, ciertas ramas secas, que sólo sirven para echarlas al fuego y que pueden estarse comiendo la savia que necesitamos para fructificar auténticamente en nuestra vida?

El cristiano ve los problemas de forma distinta. La poda la entendemos como un momento de crecimiento. Todo en la vida tiene un anverso y un reverso. Mirando el dolor y las dificultades del lado erróneo nos parece un sin sentido, un verdadero absurdo. Visto desde el lado adecuado, y con los ojos de Dios, puede convertirse en una ocasión maravillosa para encontrarnos con lo mejor de nosotros mismos, con los demás y con el mismo Dios.

7.-     Y así es la historia del cristianismo: aquí los verdaderamente grandes son los más pequeños, los más pobres son los más ricos, los más débiles son los más fuertes, los últimos son los primeros, los que pierden su vida la están ganando...

Y los hombres encontraron verdaderamente bella su enseñanza contradictoria y sobre todo la paradoja de su propia vida. Y de esta manera, por la persona de Jesucristo se construyeron majestuosos edificios como la Catedral de Chartres, la Basílica de Notre Dame, el Domo de Milán, la Iglesia de la santa Cruz en Florencia… por el Señor grandes santos como san Antonio Abad, san Francisco de Asís y la Madre Teresa de Calcuta han dedicado gozosamente su vida a servir a Dios y a los hombres… Para mayor gloria de este mensaje de la paradoja Joan Sebastián Bach, Héctor Berlioz y Wolfgang Amadeus Mozart compusieron,… Doménikos Theotokópoulos mejor conocido como “el Greco, Raffaelo de Bizancio y Miguel Angel Bounarroti pintaron,… San Agustín, san Bernardo y Santo Tomás de Aquino escribieron…, Blas Pascal, san Juan de la Cruz y Tomás de Kempis plasmaron sus pensamientos,… y quizá lo más extraordinario: San Juan Bautista, todos los Apóstoles excepto san Juan, Esteban, san Justino, san Policarpo y miles y miles aceptaron el martirio.

La religión que Jesucristo nos ha dado en la paradoja es una forma de vida, no una forma de pensar o un conjunto de preceptos. Cuando alguien vive realmente esa experiencia, la religión cristiana vive. Sólo en la experiencia de fe queda en claro lo que Jesús significa para nosotros.

8.-     El secreto de su poder sobre el corazón y la mente de los hombres estriba en sus enseñanzas, al mismo tiempo, tan puras, tan majestuosas, tan sencillas y tan divinas.

Jesús pidió a sus discípulos más de lo que ningún otro maestro u hombre haya pedido: hacer el bien a aquellos que nos hacen daño, y orar por quienes nos persiguen; cuando te den una bofetada ofrecerle la otra mejilla, y cuando te despojen del manto ofrecerle también la túnica. Y es que Él era más que un hombre y mucho más que un Maestro.

Jesucristo ha usado la paradoja de una forma maravillosa para iluminarnos: ¡El amor es al mismo tiempo lo más frágil y lo más fuerte que existe en este mundo! y esta es la más grande de las paradojas, ¿si no lo quieres creer?, contempla la cruz que tienes en tu habitación.

 

LA PERSUASIÓN DE UN DISCURSO DISUASIVO.

 “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. (Mt 16,24-25)

1.-     Muy queridos amigos:

Cuando los líderes del mundo hacen sus campañas proselitistas suelen prometernos  los cielos, los mares, los montes y los valles: regulación de terrenos, facilidad para conseguir una casa, mejores sueldos y mejor posición en los trabajos, becas para la educación académica, arreglos en los servicios primarios, etc...

Sin que descartemos la existencia de algunos buenos líderes, el común de ellos suele proceder con una estudiada demagogia atacando ese lado flaco que todos los hombres tenemos: nuestro afán de vivir confortablemente, nuestra pretensión de comodidades y de una creciente búsqueda de lujos.

¿Qué fue lo que presenciamos en la llamada guerra sucia de las últimas elecciones, sino ataques al contrario y exaltación personal y de los partidos mediante promesas inverosímiles de bienestar, de aumento de salarios, reducción de tarifas en servicios, apoyos económicos, cero colegiaturas, pensiones vitalicias para todo mundo? ¡Sí no te lo dan que te lo paguen!, decían algunos sofistas.

¡Imagina por un solo momento que esos nuestros líderes políticos nos hubiesen prometido renuncias, sacrificios, persecuciones y algo espiritual!... Se hubieran quedado sin adeptos.

 

2.-     ¿Te das cuenta? El Evangelio de este domingo parece que no esta en consonancia con ese tipo de propuestas temporales que le agradan al hombre. Es por ello que, nos debe resultar admirable esa desnuda sinceridad: En el mensaje de Cristo todo está claro y sin paliativos, sin placebos, sin engaños, sin sofismas, sin seducciones, sin esa agua azucarada que se usa para engañar fácilmente a los ingenuos.

¡Fíjate como a San Pedro y a los otros apóstoles, el Señor no les promete menos horas de trabajo, ni convertirlos en dominadores, ni un aumento de sueldo, ni temporales prestaciones de trabajo, ni casas gratis. Jesús invita a sus discípulos a renunciar a sí mismos, a tomar la cruz, les invita a perder la vida!

¿Se trata acaso de un juego? ¿De una adivinanza? ¿Es una utopía o una mera posibilidad estas palabras del Señor Jesús? Pareciera esto, en definitiva,  una errónea estrategia en esa búsqueda de discípulos, se trata de un programa poco atractivo y escasamente alentador. Pareciera ser que no el Señor olvidó consultar a un experto en imagen de los que hoy están tan de moda.

3.-     Si quisiéramos utilizar un juego de palabras diríamos que este Evangelio parece una especie de negación de la afirmación o, mejor dicho, una especie de afirmación de la negación. Pero, ¿sabes?, nos presenta una verdad que se ubica en el tiempo y en el espacio, aunque de la misma manera, se trata de una verdad que trasciende nuestro tiempo y espacio, y se proyecta a las coordenadas de la eternidad.

4.-     Se trata de la negación de esas rimbombantes afirmaciones del mundo. El mundo en que vivimos suele ser demasiado “progresista” en casi todos los sentidos del término. Y subrayo el “casi”, porque hay un sentido en el que no se puede disimular la regresión en que vivimos: el “progreso económico” de muchos hogares coincide con la pérdida de la familia, el bienestar material viene acompañado del malestar en la salud del alma y del cuerpo, la adquisición de hermosas casas colinda con la aniquilación de los hogares, las cuentas bancarias que un día soñamos tener llegan un día sólo a saldar las onerosas cuentas en los hospitales. Resulta interesante lo que escribe Friesjold Capra en su libro “El Punto crucial”: “Hoy se nos habla del brillo de las vajillas y de la suavidad de la ropa, pero se olvidan de mencionar la pérdida del brillo de los ríos y de los lagos”.

Lo anterior, no es tan sólo un texto que merecería ser estudiado en cualquiera de las cumbres de la tierra. Esto también lo podríamos analizar en una especie de cumbres para nuestras familias.

Podríamos agregarle: Muchos nos presumen de esos prominentes puestos que detentan en las empresas, son muchos los que se jactan por los exóticos lugares que visitaron en el verano, son cada vez más los que se envanecen por esa membresía del selecto club en nuestra ciudad, son tantos los que alardean por sus triunfos empresariales, muchísimos fanfarronean por las cuentas bancarias, pero..., ellos no nos hablan de sus fracasos matrimoniales, de sus hijos emproblematizados, de sus familias destruidas, de sus conciencias con problemas o, de ese problema tan frecuente, que consiste en ya no tener conciencia.

Bastaría que encendiéramos las pantallas de los aparatos de televisión de cualquier parte del mundo, y dedicar una tarde a dar un paseíllo en nuestras mismas calles, sí es que la inseguridad que nos priva nos lo llegase a permitir,... al recorrer las calles podemos ver con una mayor frecuencia esos rostros inexpresivos, caras anodinas, risas falsas, semblantes maquillados, máscaras sobrepuestas, vidas vacías, existencias monótonas, seres sin alma... Ellos reflejan desgraciadamente el rostro de un hombre contemporáneo aparentemente lleno de “progreso”, pero que no tienen ilusiones, sin un proyecto de vida, sin garra y sin espíritu.

5.-     Preguntémonos ahora sobre lo que nos afirma el Evangelio: ¿Qué significa perder la vida para ganarla? Muchas personas pensamos que la ventura en lo económico acompaña la verdadera bonanza en el hombre y no siempre es así,... ya que la escasez de recursos tampoco significa una verdadera desgracia para alguien.

¿Sabes? En el mes de mayo del año 2000, el literato guatemalteco Augusto Monterroso fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las letras, que concede esta fundación en Oviedo, España, por su obra narrativa y ensayística, que “constituye todo un universo literario de extraordinaria riqueza ética y estética”.

Augusto Monterroso, o Tito, como se le conocía, nació en Tegucigalpa en 1921, y desde 1944 residía en México, país que escogió para su exilio hasta su muerte el 07 de Febrero de 2003. Fue autor de “La oveja negra y demás fábulas” y “La Palabra Mágica”.

Al hablar de las influencias que tuvo en su formación intelectual, recuerda: “Me formé leyendo a autores griegos y latinos. Era tan pobre que no podía comprar libros en Guatemala. Entonces me refugié en las bibliotecas públicas, pero éstas, a su vez, eran tan pobres, que sólo tenían libros buenos. Esa conjunción de dos pobrezas hizo que yo encontrara a los mejores autores: a los clásicos, porque, repito, las bibliotecas de los países pobres latinoamericanos no tienen presupuestos para comprar lo que está saliendo; apenas si pueden conservar lo que poseen. La misma pobreza me hizo no distraerme en lo nuevo, en lo que está de moda. Ésa es una paradoja; la necesidad se convirtió en beneficio”.

¿No estaremos hablando de la oposición a la alegría? Diría Cardona que la tristeza es el antecedente de ese transtorno médicamente patológico llamado depresión.

6.-     Después de haber hablado algo, de lo mucho que se podría decir, sobre la negación de la afirmación del mundo, es ahora el momento preciso para que hablemos sobre la afirmación de aquello que niega nuestro mundo.

El Señor Jesús nos invita a perder la vida para ganarla, y es aquí en donde ubicamos la afirmación de la negación. Veamos que no es tan descabellada esta afirmación que el Evangelio nos presente el día de hoy.

Un signo de nuestro bautismo nos puede ayudar a comprender la enseñanza divina del Evangelio: el cirio bautismal.

El cirio que se encendió en nuestro bautismo significa tanto la presencia de Cristo, Luz del Mundo, en nuestra vida, así como esa vocación en la vida del cristiano...

El cirio manifiesta plenamente el llamado de Dios al bautizado: ser luz para el mundo.

Los cristianos somos conscientes de que el ser luz entraña una doble significación: el don y la tarea. El don de la vida cristiana es el iluminar, el brillar y el ser útil; la tarea de la vida cristiana se ubica en el arder, el consumirse y el dar la vida. En realidad esos dos significados van siempre de la mano: solamente se puede brillar cuando se arde, sólo podemos iluminar cuando nos consumimos, únicamente somos útiles a alguien cuando somos capaces de dar la vida.

7.-     Ejemplifiquemos lo anterior: una persona brilla e ilumina a una familia, les es útil, ha guiado a los que Dios le ha confiado, pero esto, al mismo tiempo, trae consigo el irse consumiendo: aparecen las canas, los pliegues en la piel, los padecimientos y las enfermedades van haciéndose presentes en la vida del cristiano.

La persona en el arder se va acabando. Pero es aquí en donde adquiere su verdadera dimensión el perder la vida para ganarla: solamente aquel que ha perdido la vida es el que ha vivido y puede aspirar a la plenitud de la vida en Cristo.

La vocación del cristiano es el ser luz aunque en el ser luz se pierda esta vida. El cristiano coherente no le tiene miedo a consumirse, por el contrario está plenamente convencido de que hay que morir para poder vivir.

8.-     No debemos tenerle miedo a pagar el costo de nuestro bautismo.

La vocación del cristiano es el ser otro Cristo en este mundo. Cristo es la luz del mundo y brilla para siempre y su luz nunca se apagará. Él nos enseñó a no tenerle miedo a dar la vida. Él no le tuvo miedo al arder y consumirse. La luz de Cristo sigue y seguirá brillando, y ha sido y seguirá siendo solución para ti y para mí, y para la vida de miles de millones de hombres que han pisado y que pisen esta tierra.

Cristo es la luz para nuestros pasos: Él ilumina la vida, sus problemas, las situaciones difíciles de cualquiera de nosotros. Él es quien responde a mis interrogantes, porque Él ha sabido arder y entregarse.

9.-     Y no obstante, nos causa tristeza, propia y ajena, el contemplar a tanta gente que camina sin rumbo en la vida, tantas familias destrozadas, tanta gente desorientada y... tantos cirios intactos, muy bellos, ornamentales, sin arder y sin consumirse detrás de la vitrina del egoísmo, pero sin la satisfacción de haber iluminado y de haber sido útil para alguien en la vida. Diría Ludwig Wittgenstein “La vida eterna le pertenece a aquellos que viven el presente”.

El Señor no nos engaña. Él nos presenta también a nosotros esas exigencias del Reino: Renunciar a nosotros mismos, dar la vida, tomar la cruz.

Revisemos: ¿Cuántos de nosotros por evitar el sufrimiento y el dolor, queremos distraernos de nuestra misión y de nuestra renuncia?

En la realidad, estamos perdiendo la vida cuando no hemos hecho el bien a los demás, cuando no nos hayamos entregado... y, es entonces, que estamos perdiendo la posibilidad de la vida eterna. “Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”.

 

BIPOLARIDAD ESPIRITUAL

“En aquel tiempo, Jesús les preguntó a sus discípulos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?, Pedro le respondió: “Tú eres el Mesías”. Y él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.
                                                                                                                                                                                                                  
Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día.

Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: “¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”.

1.-     Muy queridos amigos:

¿Cuántos de nosotros hemos experimentado el quiebre interno de san Pedro que el Evangelio nos presenta en este domingo? Es tan real este “desarreglo” que el mismo san Agustín refería: “esta situación de quiebre es tan fácil de experimentarse y tan complicado de explicarse”.

Pero,… ¿por qué se dan esos bandazos tan contradictorios en nuestra vida? Un momento estamos en un nicho y, al poco tiempo, caemos precipitados y terminamos hundidos en el abismo.

Pareciera que este tema es religioso y no es del todo así, para lo cual es adecuado que hagamos un recorrido en torno al pensamiento humano no religioso y,… en ocasiones jactanciosamente anti-religioso.

2.-     El hombre es bueno y la sociedad es mala, según la opinión de Juan Jacobo Rousseau, digamos que el hombre es un buen inocente salvaje y un mal ciudadano perverso.

Es justo recordar que Rousseau piensa  que antes del hecho social no existe el "hombre", sino un "animal estúpido y ciego". La sociedad, pues, aunque haya maleado al hombre, no es por sí mala, sino necesaria para acceder al nivel de lo humano. Es al acceder a ese nivel cuando el hombre se pervierte.

Lo anterior nos lleva a suponer que encontramos en Rousseau la afirmación de un estado de decaimiento del hombre, localizado en los orígenes mismos de su ser hombre y debido al choque de intereses que hace "fermentar" el legítimo amor de sí y lo convierte en amor propio.

Es interesante notar que esta afirmación surge como una hipótesis meramente racional o filosófica, deducida a partir de la experiencia humana actual.

3.-     Immanuel Kant en su obra “La religión dentro de los límites de la mera razón”, llega a afirmar que el hombre no es malo por ser todavía infantil y atrasado, sino que "es malo por naturaleza". Ser "malo" significa darse cuenta del bien y admitir, en cambio, en las propias máximas de acción, desviaciones respecto del bien.

Kant habla del "mal radical": una propensión al mal, innata en la naturaleza humana, pero contraída y, por tanto, culpable.

El mal ni es sólo la ignorancia como lo veía Sócrates, ni es tampoco lo material y lo sensible como pensaban Platón y los estoicos. El mal no es, como pensaba Sade, una razón que se erige en contraria al bien y a la ley moral, eso sería lo diabólico no lo humano. El mal tampoco coincide con la creación, sino que es contingente respecto a ésta.

El mal es un egoísmo que subordina la ley moral a sí mismo y se erige en condición de la aceptación del bien moral (en muchas ocasiones la cumplirá pero también por razones egoístas). Un egoísmo cuya gestación ha sido fruto del albedrío, pero que ya es imposible eliminarlo totalmente, porque las máximas de acción que podrían acabar con él están corrompidas. Por eso es posible resistirlo pero nunca eliminarlo.

4.-     En un marco de reflexión no social sino personal, no económico sino  psicológico, Sigmund Freud se creyó obligado a postular como explicación al mal en el ser humano, como acontecimiento histórico, algún crimen primitivo, ya olvidado a la memoria, pero transmitido por el inconsciente de la humanidad, como única forma de introducir algo de claridad en la persistente sensación de culpa que los hombres guardan. Es realmente interesante el ver como Freud concluye "Totem y Tabú": "Admitimos que la conciencia de la culpabilidad emanada de un acto determinado ha persistido a través de milenios enteros, conservando toda su eficacia en generaciones que nada podían saber ya de dicho acto, y reconocemos que un proceso afectivo que pudo nacer en una generación de hijos maltratados por su padre, ha subsistido en muchas generaciones sustraídas a dicho mal trato por la supresión del padre tiránico".

Freud sabe que estas hipótesis parecen susceptibles de despertar graves objeciones, quisiera encontrar otra solución pero no la encuentra. Esto es quiza solamente una idea pero al igual que los neuróticos confunden sus ideas con las realidades, el hombre busca en sus ideas una realidad que explique el mal en que se encuentra.

5.-     Albert Camus tiene una obra monóloga llamada "La Caída", en la cual se describe la historia del protagonista de tal modo que todo interlocutor puede reconocerse en ella y sentirse acusado o inquieto por ella.

En la intención del protagonista, su propia confesión aspira a acabar convirtiéndose en confesión de los demás; de este modo intenta el personaje escapar a la decepción de sí, dominando a los demás y convirtiéndose en juez de ellos. Este procedimiento es posible gracias a lo universal de la degradación humana; es así como describe Camus el estado general de todos los hombres.

6.-     Jean Paul Sartre define al hombre como "pasión inútil". Constata que hay algo que no acaba de ir en el hombre pero que está en la misma definición del hombre. El desastre, o la "inutilidad", del hombre es la voluntad de "ser dios" que le constituye. Esa voluntad lleva necesariamente a experimentar a los otros como amenaza y obstáculo y, por eso, como "infierno".

Pero, en realidad, decir que "el infierno son los otros" no es sino una manera enmascarada e ideológica de reconocer que "el pecado soy yo". Todo esto es lo que, según la afirmación Sartriana, lleva también a experimentar la existencia propia como un absurdo y como angustia, única salida real y objetiva de esa voluntad "de ser", frente a las salidas -para Sartre falsas y engañosas- del misticismo y furor demoníaco.

7.-     David Biggs en su obra The Argus comenta: Pienso que la caída del hombre no tuvo nada que ver con manzanas, ni serpientes, ni árboles de sabiduría. Todo empezó cuando uno de nuestros brillantes antepasados descubrió cómo arrojar una piedra.

De pronto, un mundo nuevo se abrió ante él. Podía golpear a sus enemigos sin que la sangre de estos se embarrara en su linda, limpia camisa de piel de leopardo. También podía esconderse y atacarlos cuando no lo esperaran. Desde entonces, hemos estado tratando de encontrar maneras de arrojarnos cosas desde mayor distancia y con más precisión. ¿Puede imaginarse la sorpresa de los viajeros del espacio que descubran nuestro planeta en alguna época futura?

Dirán: “Estas criaturas desarrollaron los cerebros más avanzados de su galaxia; sin embargo, los usaron para arrojarse cosas unos a otros, hasta extinguirse”.

8.-      Robert Louis Balfour Stevenson, novelista, ensayista y poeta Escocés, en su célebre obra del Doctor Jekyll and Mister Hyde nos muestra la dualidad de la naturaleza humana en ese “yo interno” que aflora sin control y que nos muestra el monstruo que existe debajo de nuestro rostro maquillado: “Siempre se encuentran en nosotros los dos elementos de los que estamos formados: la tendencia al bien, y la inclinación al mal. Estos dos elementos nos hacen capaces del crimen más horrendo o de la acción más noble. El bien nos hace que nos remontemos por encima de cualquier mezquindad que nos irrite y de los antojos y caprichos de la vida diaria, mientras que el mal nos encadena y arrastra hacia lo bajo, oponiéndose a la nobleza que existe en nosotros, siempre y en cualquier sitio en donde puede. Durante toda la vida, esos dos elementos se mantienen en lucha constante entre sí, y siguiendo el desarrollo normal de los hechos, cada uno de ellos consigue una ventaja sobre el otro por un tiempo determinado, y luego sucumbe en la batalla.

Todos nosotros estamos compuestos de luz y de oscuridad a la vez. Todos podemos ser extremadamente malvados, sólo pensando en nosotros mismos, engreídos, recelosos, libertinos, ladrones, perjuros y traidores. Y muchas de nuestras perversas inclinaciones las ocultamos y disimulamos bajo una capa de bondad. Pero incluso en el ser más vil y perverso siempre existe un ansia, aunque dominada, por todo aquello que objetivamente es bueno y noble, por la verdad, la bondad, la belleza. Siempre tenemos en nosotros esos dos elementos, y precisamente esa coexistencia de elementos diametralmente contradictorios es lo que hace que seamos hombres, y no ángeles, ni demonios ni fieras.

9.-     Por su parte, el Cardenal Fulton J. Sheen, a raíz de la obra de Stevenson hizo el siguiente comentario: "Es la historia de todo hombre nacido de mujer, ya que dentro de cada uno de nosotros viven dos seres: el ego y el yo; el ser que uno parece y el que realmente es; un hombre que se encuentra con otros hombres, y un hombre desconocido a los demás. El ego es lo que nosotros creemos que somos, y el yo es lo que somos en la realidad. El ego es el niño mimado que hay en nosotros, egoísta, petulante, tumultoso y corrompido, el que es causa de nuestros errores en la vida. El yo es nuestra propia personalidad, hecha a imagen y semejanza de Dios”.

10.-   En realidad, este diagnóstico es tan antiguo como antiguo es el ser humano, ya que Sófocles, el autor trágico griego, ya hablaba en sus obras de la gran discordia original, que iba encaneciendo con la edad y que recaía sobre todos los hombres.

Por su parte, Ovidio, el gran poeta latino, se lamentaba de sí mismo con unas palabras demasiado conocidas para todos nosotros: "Veo y apruebo lo mejor de la vida, pero sigo lo peor".

11.-   ¿No te recuerda lo anterior a Pablo de Tarso que escribe con tanta sinceridad: "Realmente, mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco... en efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance, m‡s no el realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero". (Rom 7, 15. 18-19).

Y así es nuestra historia: en un momento somos elogiados por nuestros aciertos y apenas la manecilla del reloj ha girado una sexagésima de fracción del tiempo y ya se nos reclaman nuestros errores más lamentables.

 

CRISTIANOS EN GESTACIÓN.

 “En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta: ¿Quién dice la gente la gente que soy yo?” Ellos le contestaron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros que alguno de los profetas”.

Entonces él les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?, Pedro le respondió: “Tú eres el Mesías”. Y él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.
                                                                                                                                                                                                                  
LOS MISTERIOS DE LA VIDA:

¿Haz pensado en las renuncias que acompañan a nuestras elecciones?

El ser persona en el ser humano es una de nuestras máximas fuerzas. Pero, al mismo tiempo, cuando no vivimos nuestro ser persona en toda su expresión y cualidades, se puede convertir en nuestro máximo adversario, en nuestro verdugo, o por lo menos, en nuestro más duro acusador.

Por persona entendemos el sujeto último de todo ser y obrar. Se trata de un sujeto distinto a todo otro. Podríamos agregarle a lo anterior, que la persona humana ha recibido de Dios el don y la posibilidad del ejercicio de las facultades, así llamadas, espirituales: inteligencia, voluntad y libertad.

El ser persona es un elemento dinámico, algo con vida, una fuerza interior, y esto puede ubicarse adecuadamente en esa posibilidad que tenemos cada uno de nosotros, de ir escribiendo, día con día, el “argumento” de nuestra propia historia.

El ser persona es nuestro reto y nuestro riesgo, ya que exige de nosotros el compromiso de ejercitar rectamente las facultades del espíritu.

Sólo nosotros, como personas, podemos conocer, discernir, elegir y amar. Podemos entender, bajo este contexto, aquella expresión del dominio común: “El hombre nace pero la persona se hace”.

Sólo los seres humanos podemos ser héroes pero también villanos, podemos ser protagonistas o antagonistas, ser famosos o infames; solamente nosotros podemos aspirar a ser santos o pecadores.

Es aquí, en donde se ubica esa ley humana de nuestra libertad de elección.

Y, la elección, será nuestro ejercicio permanente hasta que terminemos nuestros días.

Es este misterio del ejercicio de la libertad humana el que nos ayuda a comprender cómo ha sido posible que coincidan en un mismo tiempo y espacio devastadores destructores y seráficas criaturas como lo fue San Francisco de Asís. El ejercicio de la libertad humana nos ayuda a asimilar cómo en la historia pueden coexistir verdaderos villanos junto a evangélicas personas, tal como lo fue la Madre Teresa de Calcuta.

Se trata de esa ley de la libertad, se trata de esas voluntades firmes que son iluminadas por la gracia de Dios, personas que han querido ser dóciles a los impulsos de la vida interior, pero que han sabido poner esa parte que les corresponde, en una historia de salvación que se convierte en su propia historia.

Nuestra vida no sólo es algo que nos acontece. Nosotros podemos elegir, esa es nuestra grandeza y esa puede ser nuestra más lamentable bajeza. A cada instante, elegimos qué dirección debemos tomar: hacia la luz o hacia las tinieblas, hacia la libertad o hacia la esclavitud, hacia el bien o hacia el mal, hacia la vida o hacia la muerte, hacia la caridad o hacia el egoísmo, hacia la gracia o hacia el pecado.

Si el ser persona será siempre un proceso, ¡cuánto más lo será la vida cristiana! Nosotros, tú y yo, no somos más que cristianos en gestación.

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