Domingo 26 de Septiembre de 2010_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

TODO SE RENUEVA,... MENOS EL HOMBRE.

 “ En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto con él.

Entonces gritó: “Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. Pero Abraham le contestó: “Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá”.

El rico insistió: “Te ruego, entonces, Padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos”. Abraham le dijo: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen”. Pero el rico replicó: “No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán”. Abraham repuso: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto”.

 

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Momento 3

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1.-    Muy queridos amigos:

Se dice que en el maravilloso mundo de la biología todo aquello que un día deja de crecer empieza a morir, y todos nosotros sabemos que el crecimiento no es otra cosa sino un proceso de contínua renovación a favor de aquello que posee el regalo de la vida. Es obvio que, esta referencia del crecimiento y de la renovación que trae consigo, tiene una clara aplicación en aquél que es el centro de la creación y, al mismo tiempo, la más alta de las criaturas con vida: el ser humano. Todos nosotros, hasta en términos coloquiales, referimos: “renovarse o morir”.

2.-     La verdad es que, independeipentemente de lo anterior, el pasaje del Evangelio del día de hoy en torno al destino trágico de Epulón debe ser para todos nosotros una invitación a la conversión, al crecimiento, a la renovación,... mientras que tengamos todavía un poco de vida. Decía Don Juan de Nápoles: “Acudid al médico mientras podéis, no sea que después queráis y no podáis”.

3.-     Pero, ¿qué entendemos por Renovarse? Renovarse es un proyecto que posee ineludiblemente un punto de referencia a manera de presupuesto: LO NUEVO.

Quisiera visualizar y que profundicemos desde lo humano, y más que desde lo humano, desde lo cristiano en esta invitación que todos tenemos para renovarnos.

El Dios, que se ha convertido en un don para los hombres y que en su amor merece el amor de los hombres y en su fidelidad merece la fidelidad del hombre, nos ofrece todos los días una oportunidad salvífica (aquello que llamamos: KAIROS) con el fin de que vivenciemos una auténtica renovación cristiana.

RENOVARSE es la oportunidad que nos damos a fin de recuperar aquellos rasgos que lo nuevo posee y que se pudiesen haber perdido en el desplazamiento de la historia. Se trata de un volver al amanecer de nuestra creación y un regresarle vida a esta nuestra existencia, en la comprensión de que con el paso del tiempo empezamos a atrofiarnos si es que no nos mantenemos en un movimiento contínuo de actualización.

Para que podamos conseguir una verdadera renovación, resulta necesario el ubicarnos en aquello que se presupone para que entonces lo convirtamos en “ese” algo que se repone.

4.-     La idea de la novedad se ha expresado en el griego con dos términos diferentes: NEOS que significa nuevo en el tiempo, reciente, joven (también puede significar: sin madurez); y KAINOS que significa algo totalmente nuevo en su naturaleza, por tanto cualitativamente mejor a otras realidades, sobre todo las anteriores.

NEOS y KAINOS se aplican en la Biblia a las realidades de la salvación: NEOS subraya su carácter de presencia reciente en comparación con lo pasado;  KAINOS, que es mucho más frecuente, las describe como realidades muy distintas, maravillosas, divinas, pues el hombre y la tierra suelen envejecer como un vestido (Eclo 14,17; Is 50,9; 51,6), pero en Dios nada es caduco, todo es totalmente nuevo.

Desde este primer momento podemos comprender que una auténtica conversión y, por lo tanto, renovación equivale más al término KAINOS que a NEOS.

5.-     Los israelitas admiran la renovación que la creación vive con el ciclo de las estaciones y atribuyen ésta al hálito de Dios. Esta acción de la renovación se aplica al RUAH, es decir al Espíritu: “Envía, Señor, tu Espírituy se renovará la superficie de la tierra” (Sal 104,30).
Israel esperaba para los tiempos mesiánicos, un renuevo universal; pero a diferencia de lo que sucede en la naturaleza, lo “nuevo” será más grande que lo antiguo. La referencia en esta expectativa está claramente orientada al término KAINOS.

El libro de la Consolación, o el Segundo Isaías, opone a los prodigios de otros tiempos los que van a producirse al retorno del exilio(Is 42,9); los milagros de la salida de Egipto van a ser superados por los del nuevo Éxodo: Dios va a hacer algo nuevo... trazar caminos en el desierto, senderos en la soledad” (Is 43,19).
Las nuevas realidades deberán celebrarse con un canto nuevo (Is 42,10; Sal 149,1), que toda la tierra debe entonar (Sal 96,1).

El poder que Dios despliega hace considerar a la salvación mesiánica como una nueva creación (Is 41,20; 45,8; 48,6s); el libertador de Israel es su Creador (Is 43,1.15; 54,5), el primero y el último (Is 41,4). El Nuevo Israel será como un nuevo huerto del Edén (Is 51,3; Ez 36,35), que los profetas describen con colores paradisíacos (Is 11,6-9; Ez 47,7-12). Después del exilio se esperan incluso “nuevos cielos y una nueva tierra” (Is 65,17; 66,22).

7.-     Es a causa de lo anterior, que las grandes realidades de la antigua alianza adquieren un valor figurativo y anuncian para los tiempos venideros una repetición y un perfeccionamiento de la alianza.

Los profetas aguardan a un nuevo David (Ez 34,23s), un nuevo templo (Ez 40-43), una nueva tierra santa (Ez 47,13-48,29), una nueva Jerusalén (Is 54,11-17). Se llamará a Sión con un nuevo nombre (Is 62,2; 65,15).

Yahwéh e Israel reanudarán sus relaciones de amor (Is 54,4-10). Esta nueva alianza será eterna (Is 55,3; 61,8).

8.-     Y esto es lo que efectivamente hemos recibido en la persona de Jesucristo. Desde los comienzos de la predicación del Señor Je­sús llama la atención de sus oyentes la novedad de su enseñanza (Mc 1, 27); viene a llevar a su perfección la Ley y los profetas (Mt 5,17); opone la doctrina de los antiguos a la suya (Mt 5,21-48), como un ves­tido gastado a una ropa nueva, como odres viejos a un vino nuevo, joven (Mt 9,16s).

El precepto de la caridad que Él nos da, es antiguo y nuevo (1Jn 2,7s; 2Jn 5): es antiguo, no ya en cuanto formulado en la ley (aunque no coincide: Lev 19,18), sino porque los creyentes lo poseen desde su conversión.
Jesús lo llamó “su precepto” (Jn 15,12): en este sentido es un mandamiento nuevo (13,34), porque la caridad debe imitar al amor de Cristo, que se entregó por nosotros(Jn 13,1.34; 15, 12s).

En la Cena de­clara Jesús: “Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre que va a derramarse por vosotros” (Lc 22,20; 1Cor 11,25). La alianza del Sinaí había sido ya sellada por la sangre de las víctimas (Éx 24,3-8). La nueva alianza, que realiza y perfecciona la antigua (Heb 8,1-10,18), fue sellada en la cruz por la sangre de Jesús, víctima perfecta, sumo sacerdote perfecto, mediador de la nueva alian­za (Heb 9,15; 12,24).

Y así, interminablemente tenemos que referir que en el lenguaje cristiano hablamos del hombre nuevo, del nuevo Israel, de las nuevas doce tribus, de un nuevo culto, de un nuevo santuario,...etc...,etc...

Es evidente que la historia de salvación es un teodrama que se ha iniciado con la creación y que nos quiere ofrecer una nueva creación.

9.-     El lenguaje de la renovación no debería ser ajeno para nadie, incluso para el hombre no creyente, puesto que Dios nos habla y le habla a todo hombre a través de esas semillas del Verbo que se encuentran en la creación. Para muestra bastaría un botón, y tres botones serán contundentes.

De acuerdo al Institute of Trichologists el cabello humano crece alrededor de 1,25 cm al mes. El tiempo de vida de una hebra de cabello varía de cabeza a cabeza y también dependiendo del lugar en el que están en la cabeza y a su grosor, pero en promedio es de alrededor de 5 años. Luego de declinar, un cabello muere y se cae, pero generalmente es reemplazado por otro con fortaleza y espesor originales. Una nueva hebra de cabello demora entre 3 y 6 meses para crecer. Dígamos simple y llanamente que nuestra cabellera se cambia totalmente de cada 4 a 7 años.

Otro dato interesante es que las personas cambiamos completamente nuestra piel cada 28 días, se calcula que una persona produce unos cien kilos de células de epidermis a lo largo de su vida. Las uñas también nos crecen a razón de medio milímetro por semana.

También el organismo está en constante formación y renovación de su sangre. Cada 120 días (es decir cada cuatro meses) toda la sangre que tenemos es renovada por el sistema circulatorio.

10.-   ¿Sí mi cabello se ha renovado esto también se podría aplicar a mi forma de pensar no pocas veces egoísta?
¿sí la sangre que llega y sale de mi corazón ha sido nueva en más de cien ocasiones por qué mis sentimientos no son tan distintos?
¿Sí mi piel ha sido nueva en más de medio millar de ocasiones por qué tú no percibes algo auténticamente nuevo en mi persona cada día que me encuentras?

¿Qué hay de tu vida y de mi vida que tengamos que cambiar? ¿Qué hay de tu vida y de mi vida que la pueda hacer insoportable? ¿Qué hay de tu persona y de mi persona que no nos agrade? ¿Estamos contentos con lo que somos? ¿Nos podemos sentir verdaderamente en paz con el Señor de la Vida? ¿Hacemos felices a aquellos que nos rodean?

Y es aquí, precisamente en la apreciación de nuestra condición, en donde entra en nuestro horizonte uno de los más bellos mensajes cristianos: Dios cree en el hombre y confía que el hombre pueda cambiar.

Dios nos ofrecerá unos cielos y tierra nuevos, pero para llegar allá hará falta que tú y yo seamos hombre nuevos a imagen de Aquel que ha venido al mundo.

 

EL RICO HA COMPRADO SUS MASCARAS

“ En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas”.

1.- Muy querido (a) amigo (a):

La verdadera historia del rico no suele ser como la cuentan muchos de nuestros libros ni posee ese maquillaje de fantasía con que la presentan todos esas series televisivas de las teletransmisoras nacionales y aquellas que se nos han vendido desde las fábricas de ilusiones internacionales.

Contra todo lo que podamos pensar la tristeza del rico es más real de lo que nos podemos imaginar, y lo más lamentable de todo esto, es que esta embarcación que tú y yo hemos abordado se desplace seducida por el engaño desde nuestro puerto de partida en el tiempo hasta que en el día decisivo llegue a atracar con el cargamento de nuestra historia en nuestro destino de eternidad.

Es lamentable decirlo, pero hemos de mencionar que detrás de la sonrisa del tiempo se esconden lágrimas de vacío y de insatisfacción por las realidades abandonadas y por esas facturas adquiridas, y esto nos acarreará a largo o a corto plazo: tristeza en esta tierra y la infelicidad eterna.

2.- Escuchar lo que te menciono, provoca mil reacciones en nuestro pensamiento y genera un sinfín de argumentos. Casi todos los hombres de todos los tiempos hemos procurado desmentir el diagnóstico del evangelio del día de hoy y hemos presentado nuestra contradocumentación.

Todavía hoy en día, en la mentalidad de mucha gente, la imagen del rico está asociada instintivamente a la de la felicidad, a la del éxito y a la del reconocimiento de propios y extraños. Palacios fabulosos, coches de lujo, hoteles y cruceros, un séquito a tu servicio, comidas y bebidas exóticas, cumplimento de los caprichos y de los placeres más variados y refinados... Y a todo esto se le da un solo hombre: Felicidad.

Pero con más frecuencia de la que te pudieras imaginar todo esto no es más que un antifaz tras el que se esconde el rostro verdadero de la vida. Lo anterior no es más que la más lamentable parodia de la felicidad. Por debajo de los colores atractivos se encuentra un vacío existencial, el aburrimiento y una tristeza infinita. Por debajo del disfraz y en el silencio suspendido por el ruido de la juerga hay un alma envilecida, obligada a padecer el ultraje de encontrarse sofocada por el estorbo de “poseer”, humillada por ver cómo el crecimiento del “ser” se ve impedido por la preponderancia aplastante del “tener”.

Y es que el único movimiento de los que hemos sido esclavizados por las cadenas de esta subcultura de los “tenedores” es el agradar. Agradar, agradar, agradar, siempre agradar, ¡qué degradación!

3.- Y no obstante la peor de las locuras en el hombre ambicioso no estriba en la degradación sino en la soledad. Y es que la soledad más que ser la ausencia de personas suele ser producto del exceso de egoísmo.

Expresaba Albert Camus: “Es vergonzoso ser felices nosotros solos... La vida vuelta hacia el dinero es la muerte”,... y nuestra locura. ¡Mira!, ¿quién lo dice? Y es verdad, recuerda que no hay pan más amargo en la vida que aquel que se come en la mesa de nuestra soledad.

El rico lleva a cabo esa locura: pretende ser feliz él solo. No se da cuenta de que la felicidad no es un pedazo de dulce que se pueda consumir en la soledad, atrincherados en la cueva del propio egoísmo, sino que la auténtica felicidad hay que dividirla y compartirla entre todos.

¡Cuánta razón tiene ese refrán español que sentencia: “Más vale un día alegre con medio pan que uno triste con un faisán.”!

Pero el rico recita de memoria los versos que ha compuesto en la farsa de la felicidad. Y los ingenuos se la creen; y en realidad, sólo la cree el más grande de los ingenuos que resulta ser él mismo, víctima al final de una farsa que se convertirá en su tragedia.

¡Fíjate!, cómo en la casa de los epulones de hoy, sigue consumiéndose el pan de la soledad acompañado del avinagrado vino de nuestra codicia.

Acusan los psiquiatras que sus divanes se llenan de gente bien, de personas con solvencia monetaria pero con una terrible recesión de afecto, de señoras sin preocupaciones o de jóvenes y hasta de niños que nadan en la abundancia. Que lo tienen todo, o mejor dicho, casi todo, no les falta nada les falta alguien...,y por mejor decirlo: les falta Alguien con mayúscula.

4.- Y así pasa con Don Epulón, doña epulona, epuloncito, y con epulita, como le decían con cariño a la niña. ¡Qué lamentable mendicidad es aquella que se vive no en la carencia de bienes sino en la cárcel de nuestra indiferencia! Gilles Lipovetsky, lo narra en su libro “La era del vacío” al narrar la ironía que ha acompañado los grandes adelantos de nuestra época: La medicina y la ciencia han avanzado hasta tal extremo que “han desaparecido los sordos, los ciegos, los lisiados, pero ha surgido la edad de los que no quieren oír, de los que no quieren ver y de los que no son capaces de caminar ni de esforzarse en la vida.”

Hoy, el hombre tiene el vientre y los bolsillos llenos pero el corazón se encuentra lamentablemente vacío.

Y este destino de infelicidad en el rico no ha respetado las edades.

¿Sabes? Es posible que ya te lo haya compartido, pero este pobre rico a quien se le llama Epulón, me ha hecho que regrese nuevamente al almacen de mis neuronas para desempolvar un folder que, de ser escuchado puede ayudarnos a desempolvar una vida como la nuestra cada vez más cubierta del polvo de nuestra incongruencia. ¡Ah! Esos polvos que trajeron estos lodos.

Recordaba la lectura de aquel artículo de Benjamín Stein publicado en “El Espectador Americano” sobre el tema de la riqueza y,... sobre las pobrezas.

 “¿Cuánto dinero debe uno tener para ser considerado rico en nuestra sociedad? Las cifras, que andan por los millones, varían.

Pero yo pienso en toda la gente inmensamente rica que conozco, que no parece feliz. También en todos aquellos que sudan para pagar sus cuentas, y pese a ello son ricos.

Si puede usted compartir cualquier problema con su cónyuge, es rico.

Si puede darse tiempo para dialogar con sus hijos, es rico.

Si puede mirar de frente a sus padres, convencido de haberles retribuido aunque sea en mínima parte lo que ellos le dieron, es usted rico.

Si puede tomarse una tarde libre para salirse al cine con su familia, es usted rico.

Si puede decir con toda honradez que no tiene nada que esconder, es usted verdaderamente rico”.

5.- ¿Sabes? Son tantas las personas que he conocido a quienes considero infinitamente ricos aún cuando muchos de ellos no tienen cuentas en los bancos. ¿Te acuerdas de san Francisco de Asís?, aquél que renunció a los bienes materiales y que se desposó con la dama pobreza. ¡Considero que él es una de las personas que han sido auténticamente más ricas en este mundo!

Todavía recuerdo cuando en el paso del año 1999 al 2000 un columnista de nuestra ciudad reclamaba el hecho de haber sido excluido en la lista FORBES de los hombres más ricos del mundo: teniendo a su esposa que lo ama mucho, teniendo a unos hijos maravillosos, teniendo vida, teniendo salud, teniendo paz en el corazón, teniendo a Dios en su existencia...

6.- ¡Ay! El rico, ese hombre infeliz que ha comprado y que trae puesta la careta de la felicidad. Te acuerdas de lo que escribía Don Ramón de Campoamor en el siglo XIX sobre lo que es un hogar:

“El hogar, ¿qué es un hogar?
El hogar no son las piedras, son las almas.
El mueblaje no es el oro, es el cariño.
Si se quieren, qué ricos los pobres,
Si no se aman, qué pobres los ricos.
El amor inventó los hogares
Y las aves del cielo los nidos.
Si se quieren, el agua qué fresca,
El pan qué exquisito.
No hacen falta en la mesa más flores
q ue las flores que pone el cariño”.

7.- Y, no obstante, los criterios de un Epulón, que banquetea en la mesa de la soledad, parecen ser los que van rigiendo nuestra vida.

Y, ¡fíjate!, cómo hoy se habla de bienestar e inmediatamente se piensa en ropa, calzado, colegios caros, viajes, automóviles, joyas, residencias, y no se piensa que parte importante del bienestar es la salud física, el descanso, la paz de la conciencia, el tiempo que puedes pasar con tus hijos, el poderte salir una tarde a una plaza con tu esposa...

¿Te parece exagerada la información que te comparto?, ¿No crees lo que te estoy diciendo?

Pues sólo te pido que te fijes en el momento en que las personas que conoces refieren un año que ha sido malo... Se piensa que un año es malo porque no salimos de vacaciones, no cambiamos de coche, no estrene la ropa que había pensado...

¿Ese es un año malo?...

Años malos serán cuando en la vida de un matrimonio no haya respeto, no haya sinceridad, no exista el perdón y se sobreponga el rencor, esos sí que serán años malos, aún cuando podamos tenerlo todo en lo material.

 

 

AL CERRARSE EL TELÓN SE QUITAN LAS CARETAS.


“ En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto con él.

1.- “ Señores y señoras: les agradecemos, a nombre de todos los que han hecho posible esta puesta en escena, el favor, la distinción y el honor que nos han tributado con su compañía, no nos resta más que desearles un feliz regreso a sus hogares y que encuentren con bien a sus seres queridos que les esperan en casa. Esperamos que el agrado que haya suscitado nuestro trabajo consiga de ustedes el que nos privilegien con el favor de su compañía en nuestra próxima puesta en escena...”

2.- Ha llegado el final, el último acto ha concluido y la última escena se ha efectuado, se ha llegado a la última estrofa en el script de nuestra trama y ya se ha pronunciado la última palabra, se apagan las luces, y el telón ha caído ante los ojos de los espectadores, mientras que tras bambalinas el director y los actores agradecemos a los apuntadores, a los utileros, a los ingenieros en iluminación y a los asistentes en video y audio, a los músicos, a los que estuvieron en atención al foro, a los que atendieron al público,... entonces nos fundimos en un abrazo de felicitación por la labor cumplida y...

 “Así como en los teatros, cuando todo se acaba y los que representan se retiran y se quitan el traje, los que antes parecían reyes o pretores aparecen ahora tal y como son con sus miserias, así, cuando viene la muerte y concluye el espectáculo de esta vida, depuestos los disfraces de la riqueza y de la pobreza, sólo por sus obras se juzga quiénes son verdaderamente ricos y quiénes pobres; quiénes dignos y quiénes indignos de gloria”.

¿Te parece adecuado el breve texto con el que se inició este segmento de reflexión? No me es propio, bueno,... en realidad es una adecuación personal y con algo de imaginación y de experiencia sobre una homilía de san Juan Crisóstomo.

3.- Pero,... lo he utilizado como la puerta para ingresar a esta habitación en nuestra reflexión, porque posee los elementos necesarios cómo para que nuestra comprensión se convierta en constatación gloriosa: nuestro cristianismo debe ser un programa lleno de vida en lo temporal para que se convierta en vida verdadera en la eternidad.

¡Ah!,... ¡El cura hablando de puertas para ingresar!... ¡qué novedoso!..., -Bueno-, -Está bien, tienes razón-,... quizá esta puerta no tenga importancia pero si aquella que esperamos cruzar al salir de nuestra habitación de lo temporal.

4.- Este es el mensaje del Evangelio de Cristo: cuando en la plenitud crucemos la puerta de la última habitación en nuestra vida solamente la virtud será lo que acompañará a los difuntos; al cielo unicamente nos seguirá la caridad.

¡Más clara ni el agua!: Para que los hombres encontremos algo en nuestra mano después de la muerte, debemos hoy poner algo en las manos de los necesitados.

5.- ¡Oye!, qué bueno que me tienes paciencia y que tú sí que no has salido por la puerta de tu habitación... ¿Sabes? Me alegra poder compartirte que uno de los Papas a quien le guardo gran admiración, aparte de nuestro actual sucesor de san Pedro y Vicario de Cristo, es al Papa Juan XXIII, Don Angelo Giuseppe Roncali, aquel que ha sido conocido y reconocido por propios y extraños con un nombre por demás significativo: el Papa Bueno.

Cuenta el mismo Papa Juan XXIII una escena de su vida durante la infancia. Nos narra que cuando en la tarde regresaban del colegio hacia su casa por el camino que transitaban pasaban junto a una propiedad que tenía inmensos huertos de deliciosas manzanas. Y que el propietario, un hombre acaudalado, les permitía a los niños del pueblo ingresar al terreno y comer algunas de aquellas apetitosas pomelas, pero siempre con una condición: todo lo que comieran adentro podían comerlo, nada de sacar manzanas de la propiedad, eso estaba estrictamente prohibido. Efectivamente, al salir por las puertas, puesto que no necesitaban ni podían brincar aquella enorme barda, se les revisaba que no llevaran algún cargamento de aquella fruta. ¡En la realidad! Aquellos niños, aunque querían llevarse algunas “manzanillas” a sus casas, reconocían la bondad de aquel hombre que compartía con ellos el fruto de sus huertas.

No obstante, hubo un compañero del Papa Juan en su infancia, que ideó la forma para llevarse algunas manzanas a su casa: las aventaba por encima de la barda y las recogía al salir... ¡Asunto arreglado!

El Papa Juan XXIII, menciona que aunque siendo niño le manifestó a aquel otro niño lo inapropiado de su conducta, él aprendió una lección que aplica a su vida cristiana: ¡Nada!, absolutamente nada nos llevaremos cuando salgamos por la puerta de nuestra propiedad aquí en la tierra, nos iremos de aquí con las manos vacías,... ¡mejor dicho! casi vacías, puesto que lo único que nos llevaremos serán nuestras obras buenas que hagamos a favor de los más desprotegidos, las cuales serán como aquellas manzanas lanzadas por encima de la barda.

6.- Pero los hombres, aunque sabemos de la desnudez que acompañará nuestra última despedida, pareciéramos no aprender esa lección que se nos da en las aulas de la vida cristiana y que se constata en las aulas de toda vida humana.

Los hombres somos egoístas, autosuficientes y pensamos que con dinero se compra aquello que no se merece y que se puede perder en conformidad y correspondencia con nuestras obras.

Y es esta la segunda comprobación de lo que el Evangelio del día de hoy nos ofrece y también esa segunda noticia que complementa lo que anteriormente hemos reflexionado: la riqueza no tan sólo pone en riesgo la felicidad en esta vida sino también aquella felicidad auténtica que posee el sello de la eternidad.

La puerta del paraíso eterno puede estar abierta o cerrada de acuerdo con lo que hayamos hecho con nuestros hermanos más necesitados.

7.- Y, no obstante, el hombre tiene que vérselas con muchos predicadores que intentamos forzar el bloqueo que se nos ha revelado con nuestras interpretaciones y con el desinterés general. Pero nuestros intentos no pueden disminuir la inquietud que despierta el evangelio del día de hoy.

Y si tú eres congruente tendrías que gritar a los farsantes: ¡ya basta de sus sutiles engaños! ¡Ya basta de sus juegos malabares! ¡Ya basta de esos recursos demagógicos: “efectivamente...., pero”, “en realidad,..., pero”, “sí, es cierto,... sólo que hay que considerar”, “Cristo dice,... pero hay que tener presente”!

¡Basta de paños calientes y de somníferos! ¡Basta de anestésicos y tranquilizantes! ¡Ya estamos hartos de paliativos! ¡Queremos salvarnos, y sí es posible sálvense ustedes también junto con nosotros!

¡Por favor, dejen al Evangelio como está!,... Por un momento, déjenos sólos con el Evangelio, sin las armaduras de sus discursos, sin la mitigación de sus comentarios y sin el azucaramiento de sus reducciones.

Déjenos sólos con una escena en la que el rico inconsciente se encuentra en el lugar de castigo.

Probablemente no llegaremos a conciliar el sueño y quizá nos moriremos de miedo. Pero esa puede ser nuestra salvación y la de ustedes.

8.- ¡Bueno! ¡Bueno!, ya estuvo bien de exhortaciones, ahora es el momento de las aclaraciones: ¿qué problema tiene que alguien sea rico?...

¡No! ¡Quizá no me has comprendido o soy yo el que no me he explicado bien!, el problema no es la riqueza sino el amor a las riquezas, y el cómo ese amor a los bienes se convierte en desinterés por el hermano.

Hace falta que te presente el retrato del rico, cómo para que reconozcas algunos rasgos incongruentes que ponen en riesgo nuestra eternidad. Y, ¿sabes? Le debemos a Emmanuel Mounier uno de los retratos más realistas del rico:

 “Rico es sinónimo del hombre que nada resiste. El rico tiene medios para suprimir al mundo.

Se acabaron los choques con los demás hombres. Entre el rico y los demás seres se levanta siempre el dinero para nivelar las resistencias y falsear las palabras y las conductas humanas. De cuando en cuando se produce algún suceso imprevisto, pero también esos sucesos son domeñados: se conquista la salud y con ello se sobreimpone a la enfermedad y a la muerte, se conquistan las apariencias de amistad y de amor, y de esta manera, todas las elaboraciones íntimas se van sofocando y se va creando una vida no demasiado catastrófica, salva los inconvenientes del destino: una vida de cualquier clase que se quiera, o dulce o insípida, o voluptuosa o excitante.

De este modo el rico va poco a poco desamparando al otro. Y lo peor es que piensa que posee el mundo porque lo suprime. Esta potencia mediocre, que obra por medio de interpuestos y que no conoce esa pequeña posesión que constituye el don de sí, da forma a su rostro y al estilo mismo de su propia vida adornándola de una ventajosa fatuidad, de una sonrisa estereotipada, de una actuación mecánica.

Riqueza, es un nombre usurpado. Es una riqueza que sirve de “careta” no sólo a los ricos, sino también al mundo que se extiende ante ellos. Es una riqueza que nivela, una riqueza opaca, constituída de psicologías simplificadas, de pobres psicologías raquíticas en su constitución y raquíticas ante la vida. Sólo la pobreza, al poner a las almas desnudas ante la experiencia y al enfrentarlas con la verdad, conoce las suntuosas riquezas del mundo”.

9.- Queridos amigos:

¡Dejémosle a los pobres darles un poco de riquezas a los ricos! Ojala que antes de que terminen de cruzar la última puerta aprendar a aventar manzanas por encima de la barda. Ya el director de escena nos está anunciando el final de la última escena: el telón ya está por caer.

 

 

DESPIERTAME ANTES QUE MUERA.

Una vez que el rico estaba en el lugar de castigo y vio a Lázaro junto a Abraham gritó: “Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. Pero Abraham le contestó: “Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá”.

El rico insistió: “Te ruego, entonces, Padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos”. Abraham le dijo: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen”. Pero el rico replicó: “No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán”. Abraham repuso: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto”.

1.- Una de las enfermedades que están afectando seriamente al ser humano de nuestro tiempo, radica en esa miopía de visión en la que nos encontramos una gran cantidad de personas, quienes pensando sólo en la inmediato y transitorio vamos dejando en el oscuro calabozo del olvido nuestra propia vocación a la trascendencia, y con ello vamos comprometiendo nuestra vivencia de la eternidad para saldar cuentas con nuestros compromisos de lo efímero.

Sin embargo, el hombre pareciera querer dirigirse reiteradamente al camino contrario para el cual fue destinado. Es entonces, que no se llega a la meta, no se consigue nuestro verdadero fin, se falla en el blanco, y sobreviene la peor de nuestras frustraciones.

2.- Resulta verdaderamente lastimero contemplar a un hombre que quiere quedarse sólo en lo material y se olvida de lo espiritual, que se conforma con lo inmediato y que desatiende lo trascendente, que se engolosina con el placer pasajero y abandone la esperanza de la eternidad, que se deja deslumbrar por el brillo del hedonismo y vaya abandonando el significado del verdadero amor.

Mucho más allá de nuestra condición humana que necesita de Dios, se encuentra la Buena Nueva que Jesucristo nos ha traído y con ella la invitación para que dirijamos nuestra mirada hacia un futuro de bondad saliendo de nuestros límites del tiempo y del espacio.

Mucho más allá de un rígido presente vivido en lo físico se encuentra la promesa de la Vida Gloriosa con Dios.

3.- Y no obstante, la vacua sociedad de nuestro presente sigue ofreciéndonos esas falsas promesas de vida fácil y nos va ofertando sus propias propuestas de felicidad, y desde la apreciación más realista, pareciera que nos está convenciendo...

Nuestra sociedad se encarga de ofrecernos la felicidad en la sonrisa maquillada de los artistas; sugiere y nos convence con su discurso sobre esa felicidad fundada en los viajes de placer, en los anuncios, en los adelantos domésticos, en todo lo que al momento produce el gozo de lo placentero. Y todos, indistintamente hemos caído, poco o mucho, como víctimas de la seducción que nos produce esa invitación para que simulemos la felicidad consumiendo, teniendo y gozando cuando la ocasión se nos presenta.

Más aún, nuestra sociedad del consumo nos conduce al egoísmo, a la ignorancia sobre nuestra vocación, a la desatención de nuestros hermanos y al olvido de Dios. Nos hemos volcado hacia nosotros mismos y hacia las cosas, que nos hemos olvidado de la fraternidad, la solidaridad, la caridad y... de la eternidad.

4.- El Evangelio de este domingo, nos está invitando para que asumamos y superemos el reduccionismo de nuestra visiones, que no ignoremos nuestras propias responsabilidades y a que seamos conscientes de sus consecuencias.

La Palabra de Dios, al leerse con la apertura de nuestra mente, pero sobre todo con la disposición del corazón, nos debiera hacer reflexionar sobre cómo en un sinfín de ocasiones la desgracia, la marginación o la injusticia se pueden generar a causa de la corresponsabilidad activa o pasiva de cada uno de nosotros. El que un solo hombre pudiera vivir en situaciones de escasez o de dolor, de llanto o de persecusión, debiera cuestionarnos automáticamente acerca de la cantidad de culpa que tenemos cada uno de nosotros directa o indirectamente en la existencia de esa situación.

En realidad, se trata de la coexistencia simultáneamente de personas con actitudes distintas y contrarias; y por lo tanto, la posible corresponsabilidad emergida de la colindancia de situaciones tan contrastantes. Se trata de la riqueza en cuanto correlativa, cuando aquella riqueza convive de forma indiferente con la pobreza. Quizá podría ser la sola despreocupación de un rico epulón que coexiste con un mendigo llamado Lázaro, en un espacio tan estrecho y, sin embargo, la despreocupación del rico por el mendigo ha resultado motivo de condenación en palabras del Hijo de Dios.

5.- Sin que pretendamos exceder los propios espacios y aventurarnos a un juicio que no nos corresponde, al pretender hacer un análisis estructural de las situaciones, deberíamos avanzar y comprender que la correlación implica un lazo, un vínculo y por lo tanto cierta culpabilidad. Se trata de un concepto que puede superar la pura coincidencia temporal: implica que uno de los miembros se apoya en el otro o lo necesita para existir. Al final de cuentas el rico como rico no existiría sino existiera el pobre como pobre.

Quizá lo podamos comprender mejor ahora, sobretodo aquellos que nos preciamos de vivir en un mundo globalizado. Nuestro mundo está tan unificado que difícilmente dejan de estar relacionadas unas situaciones con otras, es decir, la correlación es exigitiva en cualquier tipo de situación.
Este tipo de correlación nos permite comprender el lenguaje de san Lucas: “Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos”.

Sin la comprensión de la correlación, el Evangelio de este domingo podría convertirse en una valoración masoquista o una justificación del llanto, la miseria y la hambruna...

Esta valoración, en sentido estricto, sería totalmente ajena a la promesa de eternidad que se adjudica al hombre que sufre.

6.- Debemos comprender que la salvación tiene una perspectiva universal, sin embargo el Señor ha querido hablar, dentro de ese muy amplio horizonte, de una puerta que resulta angosta ante nuestro egoísmo.

El único paso autorizado, no es el de la conveniencia o la hipocresía, sino el del compromiso personal y el de la decisión de tomar en serio las exigencias del Evangelio, sin intentar astutamente reducir el cociente de dificultades.

La entrada al Reino no es cuestión de membresías ni de inscripciones, no es asunto de presunciones ni de chantajes, sino que es un asunto de amor manifiesto, de praxis cristiana, de fe vivida, de un bautismo que nos compromete con la vida, mejor dicho con el hermano,... y por ello con Dios.
Diría con enorme elocuencia, santo Tomás de Aquino, en su tratado sobre la caridad: “Ni el don de lenguas, ni el don de la fe, ni otro alguno, dan la vida si falta el amor. Por más que a un cadáver se le vista de oro y piedras preciosas, cadáver sigue.”

Pero el rico parece no haber entendido la lógica de la misericordia que se encontraba latente en todo el Antiguo Testamento y que se hizo patente en la encarnación del Hijo de Dios,... y las cosas así seguirán, puesto que ni Moisés ni la resurrección del Primogénito de entre los muertos han logrado sacar de su necedad a un rico que encuentra mil excusas para ser egoísta.
Se dice ordinariamente que con el dinero es posible conseguirlo todo. Puede ser. Pero hay una cosa que Epulón jamás logrará conseguir con su dinero: arrancar esta página del Evangelio.

7.- ¡Pobrecitos de los ricos!, y es que epulón tiene tantos hermanos que se han negado a escuchar a Moisés,... y al Resucitado.

Hemos de amar a los ricos. Es verdad, como cristianos tenemos que hacerlo. Son nuestros hermanos más pobres, los que más necesidad tienen de nuestro amor.

Se ha dicho, no sin cierto aire de ironía: “Lo que tengan de más, dénselo a los ricos”. Sí, tenemos algo que dar a los ricos. Nuestra piedad. Nuestro amor. Sobre todo aquellas palabras irrefutables de Cristo.

El peor servicio que podemos hacer a los ricos es el de callarnos. Al rico lo ha traicionado su propia riqueza. No es justo que tenga que sufrir además la traición del silencio de los cristianos.

¡Es tan desgraciado el rico! No aumentemos sus ya notables desgracias, escondiéndole o suavizándole el mensaje que Jesús le ha dirigido.

8.- El Señor habla con claridad: pasaremos a gozar de la amplitud del Reino, en la medida que vivamos la estrechez de una vida consecuente con el mensaje de una amplitud del corazón. Nuestros horizontes se ensancharán si el corazón se dilata pasando por la puerta estrecha de la verdadera vida cristiana. La “estrechez” de la solidaridad, de la fraternidad y del servicio al hermano, se enfrenta al “augusto” egoísmo; el control y el dominio del consumismo están situados frente a la idolatría del dinero...

9.- Es posible que mis palabras tengan un tono que aparente tener una mentalidad racista. Pero también yo pertenezco a esa categoría. También en mi pecho se ha albergado el rico con todo y sus seguridades.

Tú y yo, tenemos que ser contados entre los hermanos de epulón que necesitamos ser advertidos de esos vicios que pueden corregirse ahora y no cuando ya no exista remedio alguno.

Asimilemos, en fin, el programa de santidad que Cristo expuso en el Evangelio, y que se centra, motiva y fundamenta en la santidad misma de Dios a quien servimos y en nuestra esperanza de obtener la eternidad viviendo coherentemente nuestro presente.

10.- Decía Don Miguel de Unamuno que: “solamente pensando en la muerte se puede vivir despierto”. Yo diría mejor que no es el miedo sino la fe la que nos mantiene despiertos en la vida.

Es por ello que le pido a Dios que les conceda la paz a los afligidos y la aflicción a los que nos sentimos en paz.

La mayoría de nosotros avanzamos de puntillas por la vida para llegar a la muerte sanos y salvos. En nuestras oraciones diurnas y nocturnas deberíamos incluir una más: “Señor, que despierte antes de morir”.

La vida se nos va. No nos conformemos con sólo bombear sangre.

 

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