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El
hecho de la Eucaristía
La riqueza inagotable de este sacramento se expresa
en los distintos nombres que se le da:
- Eucaristía:
de origen griego "Eukharistia", significa "acción
de gracias". Esta palabra recuerda las bendiciones judías
que proclaman las obras de Dios: la creación, la redención,
la santificación. (cfr. Lc. 22,19; 1 Co 11,24; Mt 26,26;
Mc 14,22).
- Banquete
del Señor: porque se trata de
la Cena que el Señor celebró con sus discípulos
la víspera de su pasión ( 1 Co 11,20).
Fracción del Pan: porque este rito fue utilizado por Jesús
cuando bendecía y distribuía el pan como cabeza
de familia. Con esta expresión los primeros cristianos
designaron sus asambleas eucarísticas. Con él quiere
significar que todos los que comen de este único pan partido,
que es Cristo, entran en comunión con Él y forman
un solo cuerpo en Él ( cfr. Mt 14,19; 15,36; Mc 8, 6-19;
Hch 2,42.46; 20, 7.11; 1 Co 10, 16-17).
- Asamblea
Eucarística: porque la Eucaristía es celebrada
en la asamblea de los fieles, expresión visible de la Iglesia.
( Cf 1 Co 11, 17-3)
à Santo Sacrificio: porque actualiza el único sacrificio
de Cristo Salvador e incluye la ofrenda de la Iglesia (Cfr. Hch
13,15; Sal 116, 13.17; 1 Pe 2,5)
- Comunión:
porque por este sacramento nos unimos a Cristo que nos hace partícipes
de su Cuerpo y de su Sangre para formar un solo cuerpo (Cfr. 1
Co 16-17).
- Santa
Misa: porque cuando la Eucaristía se celebraba n latín
se despedía a la gente diciendo "Ite Missa est",
que habla del envío a cumplir con la voluntad de Dios en
su vida.
La Sagrada Eucaristía
culmina la iniciación cristiana. Los que han sido elevados
a la dignidad del sacerdocio real por el Bautismo y configurados
más profundamente con Cristo en la Confirmación, participan
por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio
mismo del Señor. Cristo instituyó en la Ultima Cena,
el sacrificio eucarístico de su cuerpo y su Sangre para perpetuar
por los siglos el sacrificio de la cruz y confiar el memorial de
su muerte y resurrección a la Iglesia. Es signo de unidad,
vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo.
El
Significado de la Eucaristía
La Nueva
Pascua
En los Evangelios se establece una estrecha conexión entre
la cena eucarística y la fiesta de la Pascua (Mt 26, 2.17.
18-19; Jn 6,4; 11,56; 1 Cor 5,7). Esto nos indica que para los evangelios
la Eucaristía es la nueva Pascua de los cristianos.
Sabemos que,
en la tradición del Antiguo Testamento, el acontecimiento
de la Pascua se pone en estrecha relación con la salida de
Egipto (Ex 12, 21-23). La celebración de la Pascua estaba
dedicada a conmemorar lo que Dios hizo con su pueblo al liberarlo
de la esclavitud. (Dt 16,1; Ex 12, 11-14).
Los milagros
de la multiplicación de los panes, cuando el Señor
dijo la bendición, partió y distribuyó los
panes por medio de sus discípulos para alimentar a la multitud,
prefiguran la sobreabundancia de este único pan de su Eucaristía.
El signo del agua convertida en vino en Caná, anuncia ya
la hora de la glorificación de Jesús, manifiesta el
cumplimiento del banquete de bodas en el Reino del Padre, donde
los fieles beberán el vino nuevo, convertido en Sangre de
Cristo.
En la Pascua
de Jesús se vence la esclavitud de la muerte y el pecado,
abriéndose el camino a la salvación. Si la Eucaristía
viene a sustituir para los cristianos lo que era la antigua Pascua
para los judíos, el sentido de la Eucaristía es también
el de celebrar la liberación integral que nos consigue Jesús.
Actualización
del sacrificio de Jesús
La cena pascual consistía, además, en el sacrificio
de un cordero (Ex 12, 1-14. 43-45). El Paralelismo que existe entre
Jesús y el cordero pascual (Mc 12, 22-24; Lc 22,19s; Jn 19,36;
1 Cor 5,7) nos hace ver que la Eucaristía es la actualización
del auténtico sacrificio, en el que Jesús se entrega
por los demás.
El carácter
de sacrificio de la Eucaristía se halla claramente indicado
en las palabras que Jesús pronunció sobre el cáliz,
según el evangelio de Mateo: "Esta es mi sangre,
la sangre de la alianza, que se derrama por todos para el perdón
de los pecados" (Mt 26,28).
Esta frase evoca el relato en el que Moisés rocía
con sangre del sacrificio del Sinaí al pueblo, al tiempo
que dice: "Esta es la sangre de la Alianza que el Señor
ha hecho con vosotros" (Ex 24,8)
La
Institución de la Eucaristía
El Señor,
habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin. Sabiendo
que había llegado la hora de partir de este mundo para retornar
a su Padre, en el transcurso de una cena, les lavó los pies
y les dio el mandamiento del amor, para dejarles una prenda de este
amor, para no alejarse nunca de los suyos y hacerles partícipes
de su Pascua, instituyó la Eucaristía como memorial
de su muerte y de su resurrección y ordenó a sus los
apóstoles celebrarlo hasta su retorno, "constituyéndoles
entonces sacerdotes del Nuevo Testamento"
"Yo
soy el pan e vida. Sus padres comieron el maná en el desierto,
pero murieron, aquí está el pan que baja del cielo
para comerlo y no morir. Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el
que coma de este pan vivirá para siempre. Pero además,
el pan que voy a dar es mi carne, para que el mundo viva... el que
come mi carne y bebe mi sangre, vive de vida eterna y yo lo resucitaré
en el último día." (Jn 6, 48-60).
Los que escucharon
este discurso de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm,
no pudieron entender como era posible comer su carne y beber su
sangre. Incluso los escandalizó: "es duro este lenguaje,
¿quién puede escucharlo?". La Eucaristía
y la cruz son piedras de escándalo. Es el mismo misterio
y no cesa de ser ocasión de división. "También
vosotros queréis marcharos?" (Jn 6,67). esta pregunta
del Señor resuena a través de las edades, como invitación
de su amor a descubrir que sólo Él tiene "palabras
de vida eterna" (Jn 6,68) y que acoger en la fe el don
de su Eucaristía es acogerlo a El mismo.
Los apóstoles para entender la manera de cómo realizar
esta comida celestial, tuvieron que esperar hasta la Ultima Cena,
más aún, la venida del Espíritu Santo.
Cuatro veces
encontramos narrada la institución de la Eucaristía,
tres en los evangelios: Mt 26, 26-29; Mc 14, 22-23; Lc 22, 19-20
y una vez en la primera carta a los Corintios 11, 23-25. Las cuatro
narraciones coinciden en lo esencial:
- Cristo ofreciendo
el pan y el vino a sus apóstoles, les dice que coman de
su cuerpo y beban de su sangre. Los apóstoles y las primeras
comunidades cristianas aceptaron este hecho.
- Cristo dice
"hagan esto en memoria mía".
- Jesús
habla de la Nueva Alianza
Jesús
escogió el tiempo de la Pascua para realizar lo que había
anunciado en Cafarnaúm: dar a sus discípulos su Cuerpo
y su Sangre:
"Llegó
el día de los Azimos, en el que se había de inmolar
el cordero de Pascua; Jesús envió a Pedro y a Juan
diciendo: "Id y preparadnos la Pascua para que la comamos"...
fueron y prepararon la Pascua. Llegada la hora, se puso a la mesa
con los Apóstoles y les dijo; "Con ansía he deseado
comer esta Pascua con vosotros antes de padecer, porque os digo
que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento
en el Reino de Dios.... Y tomó pan, dio gracias, lo partió
y se los dio diciendo: "Esto es mi cuerpo que va a ser entregado
por vosotros; haced esto en recuerdo mío. De igual modo,
después de cenar, tomó el cáliz, diciendo:
Este es el cáliz de la Nueva Alianza en mi sangre, que va
a ser derramada por vosotros" (Lc 22, 7-20)
La presencia
real de Cristo
Cuando Jesús instituyó la Eucaristía tomó
un pan, pronunció la bendición, lo partió y
se lo dio a los discípulos diciendo: "Tomad, comed,
esto es mi cuerpo" (Mt 26,26). En esta frase sorprende
el realismo con que se identifica al sujeto "esto" (el
pan) con el predicado "mi cuerpo" (la persona de
Jesús). Las palabras de Jesús no dejan lugar a dudas.
No se trata de una comparación: esto es como mi cuerpo, sino
de una afirmación real esto es mi cuerpo.
El pan y el
vino pierden en la Eucaristía su sentido natural como alimento
corporal y reciben un nuevo ser y un nuevo sentido. Son signos-
simbólicos reales de la presencia real y de la entrega personal
de Jesucristo. En los signos sensibles de pan y de vino, se hace
presente realmente Jesucristo, que se entrega por nosotros (CIC
1373-1381)
"Haced esto en memoria mía"
El mandamiento de Jesús de repetir sus gestos y sus palabras
"hasta que venga", no exige solamente acordarse
de Jesús y de lo que hizo. Requiere la celebración
litúrgica por los apóstoles y sus sucesores del memorial
de Cristo, de su vida, de su muerte, de su resurrección y
de su intercesión junto al Padre.
"Cristo
se sacrificó una sola vez para borrar los pecados de todos
los hombres" (Heb 9,28). Las misas que se celebran continuamente
en todo el mundo no son repeticiones del sacrificio de Cristo, sino
celebraciones en las cuales se vuelve a hacer presente. Participar
en la Eucaristía, es unirse al culto más grande que
el hombre pueda realizar, porque no es el ofrecimiento de oraciones
y obras buenas lo que se hace, sino el mismo ofrecimiento de Cristo,
al cual el hombre se une mediante la aceptación de la Palabra
de Dios, la oblación de sí mismo, y la recepción
del Cuerpo y la Sangre del Señor.
Desde el comienzo
la Iglesia fue fiel a la orden del Señor. De la Iglesia de
Jesucristo se dice: "Acudían asiduamente a la enseñanza
de los apóstoles, fieles a la comunión fraterna, a
la fracción del pan y a las oraciones.. Acudían al
Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu
partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría
y con sencillez de corazón" (Hch 2, 42. 46)). Era
sobre todo "el primer día de la semana",
es decir, el domingo, el día de la resurrección de
Jesús, cuando los cristianos se reunían para partir
el pan. Desde entonces hasta nuestros días, la celebración
de la Eucaristía se ha perpetuado.
La
Comunión
El Señor
nos dirige una invitación urgente a recibirle en el sacramento
de la Eucaristía "En verdad, en verdad os digo: si
no coméis la carde del Hijo del hombre y no bebéis
su sangre, no tendréis vida en vosotros" (Jn 6,53).
Para responder a esta invitación, debemos prepararnos para
este momento tan grande y santo. San Pablo exhorta a un examen de
conciencia: "Quien coma el pan o beba el cáliz del
Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre
del Señor. Examínese, pues cada cual, y coma entonces
del pan y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir
el Cuerpo, come y bebe su propio castigo"( 1 Cor 11, 27-29)
Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el
sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar.
Ante la grandeza
de este sacramento, el fiel solo puede repetir humildemente y con
fe ardiente las palabras del Centurión "Señor,
no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastara
para sanarme".
La Iglesia obliga
a los fieles a participar los domingos y días de fiesta en
la divina liturgia y a recibir al menos una vez al año la
Eucaristía, si es posible en tiempo pascual. Pero la Iglesia
recomienda vivamente a los fieles a recibir la santa Eucaristía
los domingos y los días de fiesta, o con más frecuencia
aún, incluso todos los días.
Frutos de la Comunión
† Acrecienta la unión con Cristo: "quién
come mi Carne y bebe mi Sangre, habita en mí y yo en él"
(Jn 6,56.
† Fortalece el Espíritu: Lo que el alimento material
produce en la vida corporal, la comunión lo realiza de
manera admirable en la vida espiritual. La comunión conserva,
acrecienta y renueva la vida de gracia recibida en el Bautismo.
† Separa del pecado: como el alimento sirve para restaurar
la pérdida de fuerzas, la Eucaristía fortalece la
caridad, que en la vida cotidiana, tiene a debilitarse, y esta
caridad vivificada borra los pecados veniales. Cuanto más
se participa en la vida de Cristo y más se progresa en
su amista, tanto más difícil será romper
con él por el pecado mortal.
† Entraña un compromiso a favor de los demás:
para recibir en la verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregado
por nosotros, debemos reconocer a Cristo en el prójimo,
sobre todo en los más pobres y necesitados.
† Fortalece la unidad del Cuerpo místico. La Eucaristía
hace a la Iglesia. Los que reciben la Eucaristía se unen
más estrechamente a Cristo, por ello mismo, Cristo los
une a todos los fieles en un solo cuerpo que es la iglesia. La
Comunión renueva, fortifica y profundiza la incorporación
a la Iglesia realizada ya por el Bautismo.
La
Celebración Eucarística
La Eucaristía
o Misa consta de dos grandes partes:
Liturgia de la Palabra dividida en:
- Rito de
entrada: los cristianos acuden a un mismo lugar para la asamblea
eucarística alabando y dando gracias a Dios. A su cabeza
está Cristo mismo que es el Sumo Sacerdote, su representante
es el sacerdote quien preside la celebración y actúa
en su nombre. Se comienza con el saludo invocando a la Santísima
Trinidad
- Acto penitencial:
es reconocerse pecadores y pedir perdón a Dios para disponerse
a escuchar su Palabra y a celebrar dignamente la Eucaristía
constituidos en una comunidad. Incluye el Señor ten piedad
y el Gloria, además de la Oración Colecta que expresa
generalmente la índole de la celebración con una
súplica a Dios Padre, por Cristo en el Espíritu
Santo.
- Liturgia
de la Palabra: consta de las lecturas de la Sagrada Escritura,
seguidas de la homilía que es una reflexión y explicación
de la Palabra de Dios. Se recita el Credo o Profesión de
Fe y se hace la Oración de los fieles.
Liturgia de
la Eucaristía, dividida en:
- Ofertorio:
o presentación de las ofrendas que se ponen sobre el altar,
éstas son el pan y el vino que, junto con la vida del hombre
se ofrecen a Dios.
- Plegaria
Eucarística: se da gracias a Dios por la obra de la
salvación y por sus dones, el pan y el vino. Se pide la
presencia del Espíritu Santo para que las convierta en
el Cuerpo y la Sangre de Cristo, repitiendo las mismas palabras
que Jesús pronunció en la Ultima Cena.
- Fracción
del Pan y el Rito de Comunión: que manifiesta la unidad
de los fieles. Se recita el Padre Nuestro y los fieles reciben
el Cuerpo y la Sangre del Señor, del mismo modo que los
Apóstoles los recibieron de manos de Jesús.
- Rito de
despedida: saludo y bendición sacerdotal, para terminar
con la despedida en donde se invita al pueblo a que vuelva a sus
quehaceres haciendo vida el Evangelio.
Por lo tanto,
debemos considerar la Eucaristía como:
- Acción
de gracias y alabanza al Padre
- Memorial
del Sacrificio de Cristo y de su Cuerpo
- Presencia
de Cristo por el poder de su Padre y de su Espíritu
"Jesús
se esconde en el Santísimo Sacramento del altar, para que
nos atrevamos a tratarle, para ser el sustento nuestro, con el fin
de que nos hagamos una sola cosa con Él. Al decir sin mí
no podéis nada, no condenó al cristiano a la ineficacia,
ni le obligó a una búsqueda ardua y difícil
de su Persona. Se ha quedado entre nosotros con una disponibilidad
total".
Cuando nos reunimos
ante el altar mientras se celebra el Santo Sacrificio de la Misa,
cuando contemplamos la Sagrada Hostia expuesta en la custodia o
la adoramos escondida en el Sagrario, debemos reavivar nuestra fe,
pensar en esa existencia nueva, que viene a nosotros, y conmovernos
ante el cariño y la ternura de Dios" (J. Escrivá
de Balaguer, Es Cristo que pasa No. 153).
La Iglesia sabe
que, ya ahora, el Señor viene en su Eucaristía y que
está ahí en medio de nosotros. Sin embargo, esta presencia
está velada. Por eso celebramos la Eucaristía "mientras
esperamos la gloriosa venida de Nuestro Señor Jesucristo"
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