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El
orígen del término y la función litúrgica
La Sagrada Escritura:
En nuestros tiempos el término liturgia se utiliza para referir
el campo religioso-cultual. En sus orígenes la noción
giraba en torno a sus raíces etimológicas: acción
para el pueblo (pueblo "laos" y obra "ergon")
se trataba de una obra o servicio a favor de la comunidad. En el
siglo II a.C. en la cultura helenista empieza a tener un significado
religioso-cultual.
En el Antiguo
Testamento se utiliza en su traducción griega (LXX) para
designar el culto hebreo oficial (levítico), de ahí
que los libros en los que más se utilice sean: Éxodo,
Números, Crónicas y Ezequiel. El sentido espiritual
del culto referido al término Liturgia aparece en textos
como Eclo 4,14.24; Dan 7,10; Sap 18,21
En el Nuevo
Testamento aparece en total 15 veces, seis de ellas en la carta
a los hebreos (Cfr. Heb 1,7.14). En algunas ocasiones se refiere
al culto levítico ( con Zacarías en el templo de Jerusalén
Lc. 1,23, e incluso en Heb 9,21 cuando se refiere a los instrumentos
litúrgicos), en otras en el sentido eminentemente cristiano:
El único sacrificio de Cristo (Heb 8,2.6; 10,11). Parece
ser el texto de los Hechos de los apóstoles (13,2) el único
pasaje en que el significado del verbo leitourgeo tiene un significado
directamente con el actual.
El
Magisterio de la Iglesia
La Liturgia como praxis ritual de la Iglesia
La liturgia
es la cumbre a la cual tiende toda la actividad de la Iglesia y,
al mismo tiempo, la fuente donde mana toda su fuerza y ninguna otra
acción de la Iglesia la puede superar en eficacia y dignidad,
pues se trata del ejercicio del sacerdocio único de Jesucristo.
El cual, asocia perpetuamente a su esposa que es la Iglesia (Ef
5,29) (Cfr. Sacrosanctum Concilium, 7), mientras la conduce, por
obra del Espíritu Santo a la eterna Jerusalén.
Es más,
en la misma acción litúrgica, pregustamos y tomamos
parte en aquella liturgia celeste...donde Cristo está sentado
a la derecha del Padre ( S.C.,8)
El vértice por el cual gira toda acción litúrgica
y toda acción eclesial es el misterio pascual de Jesucristo.
Aquí se realiza la redención de todo género
humano y la perfecta glorificación de Dios. Es precisamente
en la Eucaristía, donde se funda y se edifica la Iglesia,
ya que del costado del Señor (Jn 19,34), nació el
sacramento admirable de la Iglesia entera.
Pero la liturgia
por siglos ha tenido que soportar un cambio dramático en
su forma de ser considerada y por tanto vivida. Consideremos, pues,
los tres pasos de toda acción de la gracia de Dios:
Paso 1. Dios es el que toma la iniciativa, El se comunica
Paso 2. Su Palabra sacude la conciencia de todo hombre y lo lleva
a la conversión
Paso 3. El hombre libre de pecado y agradecido alaba a su Salvador
y se pone a su servicio.
Sin embargo, el movimiento tradicional olvida la transformación,
la conversión y se pasa directamente a la alabanza divina
¿Pero como poder glorificar a Dios sólo con los labios?.
El verdadero culto es la ofrenda de sí mismos unida a la
de Cristo (Rm 12,1). No se puede pasar de la catequesis a la liturgia,
sin pasar por la conversión de nuestras vidas "Mi
palabra no volverá a mí hasta que no haya dado fruto"
(Is 55,10)
De hecho cuando
se enuncian las tres ramas de la pastoral (Plan Orgánico
Arquidiocesano 1995-1999), primero es la pastoral catequética,
luego la pastoral litúrgica y, al final, la pastoral social.
Es decir, el testimonio de la propia vida se deja para el final,
como una especie de tarea. Pero no debiera ser así. No se
le puede dar culto a Dios dejando la conversión como tarea
(Dcto. Puebla, 352) . Esta tarea de la evangelización nos
conduce a la plena conversión y comunión con Cristo.
El orden debiera ser: Catequesis, social y litúrgica, a fin
de que los fieles comprendan lo que significa "Antes de
presentar tu ofrenda, ve y reconcíliate con tu hermano y,
después ven y presenta tu ofrenda" (Mt 5,23). Porque
de la forma tradicional, sólo se posterga como un futuro
dejado a la conciencia personal del fiel, su propia conversión.
Finalmente, no hay una sola acción litúrgica que sea
individual o privada, sino que siempre gozan de un carácter
eminentemente eclesial, es decir, son acciones de toda la Iglesia,
sobre todo la Eucaristía, jamás debe ser considerada
como algo personal o privado de un grupo, ni mucho menos distinción
entre, las hasta ahora, insuperables clases sociales. Es más
siendo el obispo la cabeza visible de Jesucristo en la diócesis,
se ha de tener especial atención a la vida litúrgica
de la diócesis en torno a su obispo, sobre todo en la Iglesia
catedral, rodeado de sus ministros y fieles.
Los
agentes de la Pastoral Litúrgica
El Obispo es
el liturgo por excelencia, ya que ejerce en la persona de Cristo,
sumo y eterno Sacerdote. La función de santificar es inherente
a la misión del obispo, ya santo Tomás de Aquino le
llamaba el perfector.
Los presbíteros,
indispensables colaboradores de los obispos en las tareas pastorales,
son consagrados por Dios, a través del ministerio episcopal
para que obren como ministros de Cristo en su oficio sacerdotal
en la liturgia. De una forma especial, aquellos que han sido nombrados
párrocos han adquirido una serie de obligaciones en éste
ámbito.
"Esfuércese el párroco para que la Santísima
Eucaristía sea el centro de la comunidad parroquial de fieles;
trabaje para que los fieles se alimenten con la celebración
piadosa de los sacramentos, de modo peculiar con la recepción
frecuente de la Santísima Eucaristía y de la penitencia,
procure moverles a la oración, también en el seno
de las familias, y a la participación consciente y activa
en la sagrada liturgia, que bajo la autoridad del obispo diocesano
debe moderar el párroco en su parroquia, con la obligación
de vigilar para que no se introduzcan abusos" (CIC 528,2).
Debe procurar
el párroco, y todo sacerdote, formar al pueblo de Dios para
que supere la idea de una santidad individualista, o de una salvación
aislada. La salvación deben mostrarla no en el aislamiento
sino en su forma comunitaria, teniendo como principal acontecimiento
la celebración de la Santa Eucaristía, centro de toda
la asamblea de los fieles.
No podemos pasar
por alto en éste renglón el lugar que tiene el laico
en el ejercicio de su sacerdocio común como miembro del pueblo
de Dios (Cfr. I Pe 2, 4-5; 5-10). El laico es un importante agente
de la pastoral litúrgica que actúa desde el ejercicio
de su misma vida cristiana, la cual debe ser santa, religiosa, consagrada,
caritativa, misericordiosa y apostólica.
La misión
sacerdotal de los seglares, lejos de apartarlos de sus deberes en
la historia, les ayuda a introducirse más en sus campos de
acción a manera de fermentos de irradiación evangélica,
de tal manera que su presencia venga a ser, como el alma en el cuerpo,
la fuerza del Espíritu de Dios, la luz y sal cristiana mediante
lo cual toda la vida humana tiene sentido y valor trascendental.
Espiritualidad
Litúrgica
Posiblemente
influenciados por la visión del mundo, donde el alma está
encadenada a un cuerpo que la somete al pecado. Durante siglos se
identificó todo lo malo con lo corporal: El cuerpo es la
cárcel del alma. Esto ha provocado que los fieles se confundan
pensando que lo espiritual es lo contrario a lo carnal, mundano,
etc. Sin embargo Cristo con su resurrección rompió
para siempre este muro entre lo sacro y lo profano, y con su encarnación
nos enseñó que la santificación es posible
sin desprenderse del propio cuerpo.
Así se
ha considerado como mejor la espiritualidad de las monjas y monjes
que, apartados de los demás, se entregan a la contemplación.
O la de aquellos que se consagran por medio de votos o, son partícipes
del orden sagrado. Puede ser por esto que la gente común
se sienta alejada de Dios.
La Constitución
sobre la Iglesia, dignifica la espiritualidad al indicar que es
la forma en que cada cual, desde su propio estado de vida: soltero,
casado, consagrado o viudo, entra en consonancia con la voz de Cristo
(Mt 5, 48). Es decir, por espiritualidad debemos entender asimilar
la propia vida a la vida de Jesucristo (Jn 13,34), santificando
así los propios ambientes.
Así, la espiritualidad de un esposo, es definitivamente amar
y servir a su esposa y a sus hijos como Cristo nos enseñó
( I Cor 7,7). Sus oraciones y meditaciones, hacen del esposo un
hombre piadoso; pero su espiritualidad no se finca en estas cosas,
sino en cumplir cabalmente su estado de vida. Y es precisamente
la acción litúrgica la fuente primaria y necesaria
en la que han de beber los fieles el espíritu verdaderamente
cristiano. (Sacrosanctum concilium, 14)
Baluartes
en la Liturgia de la Iglesia
La
música para la liturgia.
La tradición musical de la Iglesia universal, constituye
un valor inestimable....porque el canto sagrado, unido a las palabras,
constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne,
ya que su finalidad es la gloria de Dios y la santificación
de los fieles. Por tanto, la música será más
santa cuanto más íntimamente esté unida a la
acción litúrgica. De hecho, los textos deben siempre
estar de acuerdo con la doctrina católica inspirados principalmente
de la Sagrada Escritura y fuentes litúrgicas.
La Iglesia reconoce
al canto gregoriano como el propio de la liturgia romana, los demás
géneros musicales entre ellos la polifonía, no deben
excluirse de las celebraciones litúrgicas con tal que correspondan
al espíritu de la misma. Y en cuanto a los instrumentos musicales,
el órgano de tubos es el instrumento tradicional de la Iglesia
latina, sin embargo se pueden admitir otros instrumentos, siempre
que sean aptos para expresar el sentido del culto cristiano.
El
arte y los objetos sagrados:
El arte sacro por su naturaleza está relacionado con la infinita
belleza de Dios, se dedica a Él y contribuye a su alabanza
orientando a los hombres hacia Él. Por lo mismo, la Iglesia
jamás ha considerado como propio un estilo artístico,
sino que acercándose al carácter y condiciones de
los pueblos, aceptó formas diversas para cada tiempo, creando
con el curso de los tiempos un tesoro artístico. También
hoy la Iglesia acepta el arte contemporáneo con tal que cumpla
con la finalidad de la liturgia la gloria de Dios y la santificación
del hombre.
Los clérigos
deben ser instruidos mientras estudian filosofía y teología,
sobre la historia y la evolución del arte sacro y sobre los
sanos principios en que deben fundarse sus obras, de modo que sepan
apreciar y conservar los venerables monumentos de la Iglesia y puedan
orientar a los artistas en la ejecución de sus obras.
La
devoción popular:
"Es la expresión cristiana del sentimiento innato
del hombre de tender a la divinidad según su propia cultura.
En cuanto expresa el comportamiento religioso del hombre, esta piedad
popular no puede ser ignorada ni despreciada. El Papa Pablo VI describe
la piedad popular como rica en valores" (Evangeli Nuntiandi,
48).
Como su nombre
lo dice es popular, no institucional, por tanto, la Iglesia no puede
normar a la religiosidad o devoción popular, sino más
bien acompañarla y vigilar que no incurra en la superficialidad,
superstición o herejía.
"Si los pastores no nos empeñamos a fondo en acompañar
las expresiones de nuestra religiosidad popular purificándolas
y abriéndolas a nuevas situaciones, el secularismo se impondrá
más fuertemente en nuestro pueblo latinoamericano y será
más difícil la inculturación del Evangelio"
(Sto. Domingo, 53)
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