LA SANTA MISA
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Amar la Misa es amar a Jesucristo
La palabra Eucaristía
significa: sacrificio para dar gracias, en ella le damos gracias
a Dios por todas las cosas que nos ha dado, y especialmente, por
la Redención que en su Hijo nos dio. Celebrando y participando
en la Eucaristía, nos unimos a Cristo que intercede por nosotros
al Padre.
"Me acercaré al altar de Dios, al Dios que alegra
mi juventud" (Sal 42,4). La Misa es un canto de alabanza
a Dios Padre por Jesucristo en la unidad del Espíritu Santo.
En la Misa actúa la Santísima Trinidad: Por voluntad
del Padre y con la cooperación del Espíritu Santo,
el Hijo se ofrece.
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Los
fines de la misa.
a) Adoración: En la Misa ofrecemos
a Dios como homenaje de nuestra adoración lo que el mismo
nos ha dado; nada menos que el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que
tiene valor infinito.
b) Acción de Gracias: En ella
nos presentamos ante Dios para darle gracias por sus innumerables
dones espirituales y materiales.
c) Petición de perdón:
Es Evidente que somos pecadores, que ofendemos a Dios, que no tenemos
méritos personales, sin embargo, no nos llenamos de tristeza,
pues podemos decir: ¡Señor ten piedad! Y tener la seguridad
de ser escuchados y perdonados.
d) Súplica: ¡Necesitamos
tantas cosas! En este mundo quien no puede conseguir algo pide ayuda,
y cuando la persona está sobre nosotros pedimos la intercesión
de otra que este en mayor estima que nosotros (mamá por favor
dile a papa que me dé permiso para ir a…) Nosotros para pedirle
a Dios Padre tenemos pocos méritos, por eso pedimos siempre
la intercesión de su Hijo Jesús: "Por Jesucristo
Nuestro Señor". Con esta recomendación, nosotros
podemos acudir confiados a quién todo lo puede.
Intenta no sólo asistir, sino vivir el Santo Sacrificio
de la Misa. Aprende a meterte en las palabras y oraciones. Si los
que estamos en Misa, realmente la vivimos, el mundo - cada uno de
nosotros - será notablemente mejor. Porque una Misa tiene
un valor infinito, ya que allí se ofrece al mismo Jesucristo
Hijo de Dios.
Estructuras
de la Misa: Sus elementos y partes.
Diversos elementos de la misa
Oraciones y otras partes que corresponden al sacerdote
Entre las atribuciones del sacerdote, ocupa el primer
lugar la Plegaria Eucarística, que es el culmen de toda la
celebración. Se añaden a esta otras oraciones, es
decir, la oración colecta, la oración sobre las ofrendas
y la oración después de la comunión.
Otras fórmulas que se
usan en la celebración.
Las aclamaciones y respuestas de los fieles a los saludos del sacerdote
y a sus oraciones constituyen precisamente ese nivel de participación
activa que se pide en cualquier forma de Misa a los fieles reunidos,
para que quede así expresada y fomentada la acción
común de toda la comunidad.
Posturas corporales
La postura uniforme, seguida por todos los que toman parte en la
celebración. Es un signo de comunidad y unidad de la asamblea,
ya que expresa y fomenta al mismo tiempo la unanimidad de todos
los participantes.
En todas las Misas, a no ser que se diga lo contrario, queden de
pie: desde el principio del canto de entrada, mientras el sacerdote
se acerca al altar, hasta el final de la colecta; al canto del Aleluya
que precede al Evangelio; durante la profesión de fe y la
oración de los fieles; y, desde que empieza la oración
sobre las ofrendas hasta el fin de la Misa. Es una postura de respeto
y estar listos para actuar.
En cambio, estarán sentados durante las lecturas con su salmo
responsorial; durante la homilía, y mientas se hace la preparación
de los dones en el ofertorio; también, según la oportunidad,
a lo largo del sagrado silencio que se observa después de
la Comunión.
En cambio estarán de rodillas, a no ser que lo impida la
estrechez del lugar o la aglomeración de la concurrencia
o cualquier otra causa razonable, durante la consagración.
El silencio
También como parte de la celebración, ha de guardarse
en su tiempo silencio sagrado. La naturaleza de este silencio depende
del momento en que se observa durante la Misa; por ejemplo, en el
acto penitencial y después de una invitación a orar,
los presentes se concentran en sí mismos: al terminarse la
lectura o la homilía, reflexionan brevemente sobre lo que
han oído; después de la comunión alaban a Dios
en su corazón y oran.
La misa consta en cierto sentido de dos partes:
Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística, tan estrechamente
unidas entre sí, que constituyen un solo acto de culto. Otros
ritos pertenecen a la apertura (ritos iniciales) y la conclusión
de la celebración (rito de Comunión).
Ritos
iniciales
Todo lo que precede a la liturgia de la Palabra, es decir, el canto
de entrada. El saludo, el acto penitencial, el "Señor
ten piedad" con el Gloria y la colecta, tienen el carácter
de introducción y preparación.
La finalidad de estos ritos es hacer que los fieles reunidos constituyan
una comunidad y se dispongan a oír como conviene la Palabra
de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía.
Canto de entrada
El fin de este canto es abrir la celebración, fomentar la
unión de quienes se han reunido, elevar sus pensamientos
a la contemplación del misterio litúrgico o de la
fiesta y acompañar la procesión de sacerdotes y ministros.
Saludo al altar y al pueblo
congregado.
El sacerdote cuando llegan al presbiterio, besa el altar, para manifestar
su veneración. El altar representa a Cristo siempre presente
entre nosotros. Unirse al beso que da el sacerdote al altar, como
si se diera a Cristo mismo, con un intenso deseo de permanecer siempre
unidos a Él.
Terminado el canto de entrada, el sacerdote toda la asamblea, hacen
la señal de la cruz. Con esto se invoca la presencia de la
Santísima Trinidad, ya que a ella y su Gloria se dirige nuestra
Oblación, además se recuerda la Cruz de Cristo y de
su pasión de la que siguen todos los bienes.
A continuación el sacerdote, por medio de un saludo, manifiesta
a la asamblea reunida la presencia del Señor. Con este saludo
y con la respuesta del pueblo queda de manifiesto el misterio de
la Iglesia congregada.
Acto penitencial
Después el sacerdote invita a un acto penitencial donde se
hace un breve silencio para recordar nuestros pecados, y pedir perdón
al Señor, toda la comunidad hace su confesión general
y se termina con la absolución general del sacerdote.
Golpearse el pecho: Cuando rezamos el "Yo confieso"
es un gesto de señalamiento, como si nos acusáramos
diciendo: "soy yo" lo cual manifiesta públicamente
que uno se reconoce pecador.
Señor ten piedad
Siendo un canto con el que los fieles aclaman al Señor y
piden su misericordia, regularmente habrán de hacerlo todos,
es decir, tomarán parte en él, el pueblo y los cantores.
Gloria
El Gloria es un antiquísimo y venerable himno con que la
Iglesia congregada en el Espíritu Santo glorifica a Dios
Padre y al Cordero y le presenta sus súplicas. Lo canta o
recita la asamblea de los fieles. Se canta o se recita los domingos,
fuera del tiempo de Adviento y Cuaresma, las solemnidades y fiestas
y en algunas peculiares celebraciones.
Oración colecta
A continuación el sacerdote invita al pueblo a orar todos,
a una con el sacerdote, permanecen un rato en silencio para hacerse
conscientes de estar en la presencia de Dios y formular interiormente
sus suplicas. El pueblo, para unirse a esta suplica y dar su asentimiento,
hace suya la oración pronunciando la aclamación: Amén.
Liturgia de la Palabra
Cuando se leen en la Iglesia las Sagradas Escrituras
es Dios mismo quien habla a su pueblo, y Cristo, presente en su
Palabra, quien anuncia la Buena Nueva. Por eso las lecturas de la
Palabra de Dios deben ser escuchadas por todos con veneración.
Y aunque la palabra divina, en las lecturas de la Sagrada Escritura,
va dirigida a todos los hombres de todos los tiempos y está
al alcance de su entendimiento, sin embargo, su eficacia aumenta
con una explicación viva, es decir, con la homilía,
que viene así a ser parte de la acción Litúrgica.
En las lecturas, que luego desarrolla la homilía, Dios habla
a su pueblo le descubre el misterio de la Redención y Salvación,
y le ofrece el alimento espiritual; y el mismo Cristo, por su Palabra,
se hace presente en medio de los fieles. Esta Palabra divina la
hace suya el pueblo con sus cantos, mostrando su adhesión
a ella con la profesión de fe, y una vez nutrido con ella,
en la oración universal, hace súplicas por las necesidades
de la Iglesia entera y por la salvación de todo el mundo.
Las lecturas
Tomadas de la Sagrada Escritura constituyen la parte principal de
la liturgia de la Palabra. Dios habla para decir lo que espera de
nosotros, y disponernos interiormente a corresponder a sus dones.
El Evangelio
Se escucha de pie, porque especialmente nos habla Jesús,
el Hijo de Dios, plenitud de toda revelación. Narra la vida
de Jesús y su doctrina.
Signarse tres veces antes del Evangelio: en la frene, la boca y
el pecho "Que este Evangelio penetre mi inteligencia, para
que lo entienda; mi boca para que lo proclame y mi corazón,
para que lo ame".
La homilía
Es la palabra del celebrante revestida con la autoridad de Cristo.
Muy recomendada, pues es necesaria para alimentar la vida cristiana.
Conviene que sea una explicación, o de algún aspecto
particular de las lecturas de la Sagrada Escritura, o de otro texto
del Ordinario, o de la Misa del día, teniendo siempre presente,
ya el misterio que se celebra, y a las particulares necesidades
de los oyentes.
Es importante sacar alguna conclusión, un propósito
personal para la vida diaria.
Profesión
de fe
Tiende a que el pueblo de su asentimiento y su respuesta
a la Palabra de Dios oída en las lecturas y en la homilía,
y traiga a su memoria, antes de empezar la celebración eucarística,
la regla de su fe.
Inclinación de nuestro cuerpo: hace participar discretamente
el cuerpo en la oración. Esta indicación que se haga
en las palabras del Credo "Y por obra del Espíritu
Santo se encarnó de María, la Virgen y se hizo hombre…"
para honrar la Encarnación del Señor con la que se
inaugura el misterio de nuestra salvación.
Oración de
los fieles
En la oración universal u oración de
los fieles, el pueblo, ejercitando su oficio sacerdotal, ruga por
todos los hombres. El orden de estas intenciones será generalmente:
a) Por las necesidades de la Iglesia
b) Por los que gobiernan el Estado y por la salvación del
mundo.
c) Por los oprimidos bajo determinadas dificultades.
d) Por la comunidad local.
Liturgia
Eucarística
En la Última Cena, Cristo instituyó el sacrificio
y banquete pascual, por el que se hace continuamente presente en
la Iglesia el sacrificio de la cruz, cuando el sacerdote, que representa
a Cristo, lleva a cabo lo que el Señor mismo realizó
y confió a sus discípulos para que lo hicieran en
memoria suya. Es la parte principal de la Misa.
Consiste en:
1) En la preparación de las ofrendas se presentan en el altar
el pan y el vino con agua; es decir, los mismos elementos que Cristo
tomó en sus manos.
2) En la Plegaria Eucarística se da gracias a Dios por toda
la obra de la Salvación, y las ofrendas se convierten en
el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
3) Por la fracción del mismo pan se manifiesta la unidad
de los fieles, y por la comunión ellos reciben el Cuerpo
y la Sangre del Señor, del mismo modo que los apóstoles
lo recibieron de manos del mismo Cristo.
Preparación de los dones
Se traen a continuación las ofrendas: es de alabar que el
pan y el vino lo presenten los mismos fieles. El dinero y otros
dones que los fieles aportan para los pobres o para la Iglesia,
se consideran también como ofrendas; por eso se colocan en
un lugar apropiado cerca del altar.
Es la presentación del pan y del vino junto con nuestra acción
de gracias por todo lo que recibimos de Dios, nos presentamos a
Dios con el deseo de que así como transformará esos
dones en el Cuerpo y Sangre de Cristo, también a nosotros
transforme conforme a su voluntad.
Oración Eucarística
La Oración Eucarística, que es el punto central y
el momento culminante de toda la celebración; es una plegaria
de acción de gracias de santificación. El sacerdote
invita a los fieles a levantar el corazón hacia Dios y a
darle gracias a través de la oración que en nombre
de toda la comunidad, va a dirigir al Padre por medio de Jesucristo.
El sentido de esta oración es que toda la congregación
de los fieles se una con Cristo en el reconocimiento de las grandezas
de Dios y en la oblación del sacrificio.
Los principales elementos de que consta la Oración
Eucarística pueden distinguirse de esta manera:
1. ACCIÓN DE GRACIAS: (que se
expresa sobre todo en el prefacio) en la que el sacerdote, en nombre
de todo el pueblo santo, glorifica a Dios Padre y le da las gracias
por toda la obra de salvación o por alguno de sus aspectos
particulares, según las variantes del día, fiesta
o tiempo.
2. ACLAMACIÓN: (EL SANTO) con
la que toda la asamblea, uniéndose a las potestades celestiales,
canta o recita. Esta aclamación, que constituye una parte
de la Plegaria Eucarística, la pronuncia todo el pueblo con
el sacerdote.
3. EPÍCLESIS: Con la que la
Iglesia, por medio de determinadas invocaciones implora el poder
divino para que los dones que han ofrecido los hombres, queden consagrados,
es decir, se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y para
que la hostia inmaculada que se va a recibir en la comunión
sea para salvación de quienes la reciban.
Ponerse de rodillas: Cuando el sacerdote coloca las manos extendidas
encima de las ofrendas. Con esto se atestigua que los cristianos
reconocemos que estamos en presencia de Alguien más grande
que nosotros.
4. NARRACIÓN DE LA INSTITUCIÓN
Y LA CONSAGRACIÓN: Mediante las palabras y acciones
de Cristo se lleva a cabo el sacrificio que Cristo mismo instituyó
en la Última Cena
Mirar el Cuerpo y la Sangre: Los fieles deben, pues, mirar primero
a Aquel al que luego van a dorar inclinándose, al mismo tiempo
que lo hace el sacerdote.
5. ANÁMNESIS: Con la que, al
realizar este encargo que a través de los apóstoles
la Iglesia recibió de Cristo Señor, realiza el memorial
del mismo Cristo. Recordando principalmente su bienaventurada Pasión,
su gloriosa Resurrección y la Ascensión al Cielo ("Anunciamos
tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡Ven Señor
Jesús!" u otra).
6. OBLACIÓN: Por la que la Iglesia,
en este memorial, sobre todo la Iglesia aquí y ahora reunida,
ofrece al Padre en el Espíritu Santo, la hostia inmaculada.
La Iglesia pretende que los fieles no sólo ofrezcan la hostia
inmaculada, sino que aprendan a ofrecerse a sí mismos, y
que de día en día perfeccionen con la mediación
de Cristo. La unidad con Dios y entre sí, de modo que sea
Dios todo en todos.
7. INTERCESIONES: Con ellas se da a
entender que la Eucaristía se celebra en comunión
con toda la Iglesia celeste y terrena. Mencionamos aquellos por
los que se ofrece el sacrificio, en primer lugar por la Iglesia,
a la que pertenecemos todos, para que le dé su paz, la proteja
y la mantenga unida, pedimos por el Papa y los Obispos y por todos
los fieles vivos y difuntos.
8. DOXOLOGÍA FINAL: En la que
se expresa la glorificación de Dios, y que se concluye y
confirma con la aclamación del pueblo.
La Plegaria Eucarística exige que todos la escuchen con reverencia
y en silencio. Y que tomen parte en ella por medio de las aclamaciones
previstas en el mismo rito.
Rito
de Comunión
Ya que la celebración eucarística es un convite pascual,
conviene que según el encargo del Señor, su Cuerpo
y su Sangre sean recibidos como alimento espiritual por los fieles
debidamente preparados. A esto tienen la fracción y otros
ritos preparatorios, con los que se va llevando a los fieles hasta
el momento de la comunión.
A). El Padre Nuestro: En el se pide
el pan cotidiano, que es también para los cristianos como
una figura del pan eucarístico, y se implora la purificación
de los pecados, de modo que, en realidad "se den a los santos
las cosas santas". Pide una dimensión vertical, hacia
lo alto y luego pasará a la horizontalidad, hacia los hermanos,
en el rito de la paz.
B). El rito de la Paz: Con el que los
fieles imploran la paz y la unidad para la Iglesia y toda la familia
humana y se expresan mutuamente la caridad, antes de participar
de un mismo pan. No es nuestra paz la que nos damos, sino la de
Cristo y se da para el futuro, aunque no se haya vivido perfectamente
en paz los días anteriores.
C). La fracción del Pan: Este
rito no sólo tiene una finalidad práctica, sino que
significa, además, que nosotros, que somos muchos, en la
comunión de un solo Pan de Vida, que es Cristo, nos hacemos
un solo Cuerpo.
D). Inmixtión o mezcla: El sacerdote
celebrante deja caer una parte de la hostia en el cáliz.
El sacerdote pide con fervor llegar todos a tener una íntima
comunión con Dios. ("Que el Cuerpo y la Sangre de
Cristo unidos en éste Cáliz sea para nosotros alimento
de vida eterna").
E). Cordero de Dios: Mientras se hace
la fracción del pan y la mezcla, los cantores o un cantor,
cantan el Cordero de Dios.
F). Preparación privada del sacerdote:
El sacerdote se prepara con una oración privada, para
recibir con fruto el Cuerpo y la Sangre de Cristo: Los fieles hacen
lo mismo, orando en silencio.
G). El sacerdote muestra a los fieles el Pan
Eucarístico: Que recibirán en la Comunión
y los invita al banquete de Cristo; y juntamente con los fieles
formula usando las palabras evangélicas, un acto de humildad
("Señor no soy digno de que entres en mi casa, pero
una palabra tuya bastará para sanarme").
H). La comunión de los fieles: Los
fieles debidamente preparados - que se encuentran en Gracia de Dios
- reciben el Cuerpo de Cristo.
I). Canto de
Comunión: Mientras el sacerdote y fieles reciben el
sacramento, se tiene el canto de la Comunión, canto que debe
también expresar, por la unión de voces, la unión
espiritual de quienes están comulgando, demostrar al mismo
tiempo la alegría del corazón y hacer más fraternal
la procesión de los que van avanzando para recibir el Cuerpo
de Cristo. El canto se comienza cuando comulga el sacerdote, y se
prolonga mientras comulgan los fieles, hasta el momento que parezca
oportuno.
J). Orar en silencio: Cuando se ha
terminado de distribuir la Comunión, el sacerdote y los fieles,
según lo permita el tiempo, pueden orar un rato recogidos.
Si se prefiere, puede también cantar toda la asamblea, un
himno, un salmo o algún otro canto de alabanza.
K). Oración después de la Comunión:
El sacerdote ruega porque se obtengan los frutos del misterio celebrado.
El pueblo hace suya esta oración con la aclamación:
Amén.
Rito de conclusión
El rito de conclusión consta de:
a) Saludo y bendición sacerdotal:
Que en algunos días y ocasiones se enriquece con otra fórmula
más solemne. Con Cristo en el alma termina la Misa; la bendición
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo nos acompaña
durante toda la jornada, en nuestra tarea sencilla y normal de santificar
todas las actividades humanas.
b) Despedida: Con la que se disuelve
a la asamblea para que cada uno vuelva a sus quehaceres, alabando
y bendiciendo al Señor. Para ir a vivir lo que hemos celebrado.
Se recomienda a los fieles no descuidar, después de la Comunión,
una justa y debida acción de gracias antes de salir a la
calle.
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