regresoclases

¡Gracias a Dios, se acabaron las vacaciones! No me malinterpreten; no es que tenga poco aprecio por cada minuto que paso junto a mis niños; al contrario, ahora que están en el colegio cuento las horas para que regresen. Lo que pasa es que cuando se juntan condiciones como una ciudad sobrepoblada y millones de personas tratando de disfrutar una temporada de asueto al mismo tiempo, los resultados pueden ser más estresantes que las semanas de cierre de cuentas en el trabajo.

Y eso que mi esposo y yo planeamos todas las actividades recreativas del verano, incluido el viaje, dos meses antes de que los niños salieran de vacaciones. Por nada del mundo repetiríamos la espantosa experiencia de Semana Santa, cuando se nos ocurrió regresar de Puebla el domingo a medio día; sólo les diré que la fila para pasar por la caseta llegaba más allá de donde se encuentran las básculas camioneras, en las que se pesan los transportes de carga. Pero, claro, ¡en qué cabeza cabe volver a casa justo un día antes del inicio de las actividades!

Nos prometimos que el verano sería distinto, así que reservamos el viaje a Puerto Vallarta para principios de agosto; de esta forma no coincidiríamos con las familias que se apresuran a salir en cuanto se clausura el curso y menos aún con las que vuelven a velocidad frenética, porque ya tienen los minutos contados para preparar los uniformes y los útiles. Además, agendamos visitas a museos, parques de diversiones, paseos a balnearios y áreas naturales cercanas y los obligados días de cine, para ver las películas de moda, que todos los niños comentarán al reunirse.

balneario

Como nuestros hijos ya conocen las principales atracciones para el entretenimiento infantil que tiene nuestra Ciudad de México, tales como Six Flags, el Zoológico de Chapultepec, El Papalote o Kidzania, decidimos proponerles nuevas opciones y decirles que eligieran uno o dos de sus lugares favoritos para repetir. A los niños les encantó la idea y de hecho estaban más entusiasmados con las excursiones a lugares donde podrían nadar y jugar al aire libre, que con los juegos mecánicos de siempre.

No exageraré diciendo que todo fue un caos. La verdad es que tuvimos buenos momentos, nos divertimos y, lo más importante, los niños la pasaron fenomenal. Lo que aún me tiene sorprendida es que rara vez nos salvamos de las aglomeraciones y las filas; ya fuera en los museos, en los cines entre semana y hasta en restaurantes que no suelen ser demasiado concurridos ni estar entre los favoritos del público infantil, nos encontramos más gente de lo normal.

Las albercas se llenaban con inusitada rapidez, por más que tratáramos de llegar temprano al balneario; más que nadar, sólo quedaba la opción de chapotear. Y andar en bicicleta en los parques no era del todo sencillo, pues había que esquivar a los niños que constantemente atravesaban corriendo por la vía.

En fin, como ya les decía, la diversión no faltó, pero al final de cada día de paseo, mi esposo y yo nos sentíamos más y más agotados; no tanto por la actividad, sino por las filas, el ruido, las esperas y las multitudes. Por eso digo, gracias por la vuelta a la rutina y el término de las vacaciones; pues tanto descanso, ya nos tenía verdaderamente cansados.

mujer-relajada