Todo empezó el verano pasado, cuando mi vida tomó un giro de carácter mayúsculo.

Mi vida hasta entonces había sido bastante bien regulada en todos los sentidos y la verdad es que nunca en mi vida  había tenido un tropezón serio.

mujer-feliz

En mi vida laboral siempre he sobresalido, ya que a decir verdad soy muy disciplinada y me exijo mucho a mí misma. A su vez, entiendo muy bien la importancia y el valor del trabajo en equipo y realmente trato con todas mis fuerzas de hacer que las cosas funcionen adecuadamente y que la empresa donde trabajo siempre salga beneficiada, así como todos los que me rodean

Muchas personas me dicen que soy una joven que se esfuerza demasiado por complacer a los demás y que en algunos momentos me puedo olvidar completamente de mí misma.

Esto puede ser cierto; sin embargo, es así como me hace sentido la vida y a mi parecer, es una buena forma de hacer de este mundo un mejor lugar.

En mi vida familiar, soy igual de devota a la labor de ayudar a cualquier miembro de mi familia que se encuentre en cualquier tipo de situación apretada, ya que no hay nada mejor cuando la aflicción nos visita que un hombro donde llorar, así como una mano firme de un buen amigo.

Mi vida sentimental no siempre ha sido un cuento de hadas; sin embargo, casi siempre ha sido estable y normal.

Al verme al espejo, siempre he visto algo placentero en la reflexión de aquel juez de cristal quien nunca miente y siempre es firme pero sincero.

Soy de complexión delgada y debo aceptar que mi cuerpo siempre me ha gustado, cuento con buena estatura, cabello negro, tez muy blanca y ojos grandes y azules, algo que no le va mal a nadie.

En fin, mi vida era decente y amena, excepto por aquellos relámpagos que azotan a todos los faros de vez en cuando.

Sin embargo, ningún sol dura un día completo y las serpientes muerden a aquellos que duermen más profundo y yo no fui ninguna excepción.

De un día para otro, un buen 15 de junio, el director de nuestra empresa nos informó que estaba severamente endeudado y que tenía que cerrar la agencia y despedir a todos.

mujer-triste

Este era un trabajo en el cual había estado ya diez años y de un día para otro ya no lo tenía.

Esa misma semana, mi novio de 4 años decidió terminar la relación sin explicación alguna, sólo para enterarme días después que la razón de la ruptura había sido debido a que él tenía otra novia con la que me llevaba engañando por meses; esa mujer era mi mejor amiga.

Como resultado de esta calamidad, adquirí una psoriasis moderada en la palma de mi mano y en un pómulo, por lo que me encerré por un mes en mi habitación, observando un mundo feliz fuera de mi alcance por los cristales de mi ventana.

Durante este tiempo leí Frankenstein, de Mary Shelley, un libro que me marcó profundamente, debido a que de alguna manera mi dolor y miseria eran equivalentes a las de aquel monstruo solitario odiado por la humanidad.

La semana que entra comienzo un tratamiento para psoriasis del cual he escuchado maravillas.

¡Los mantengo informados!