Últimamente me he sentido un tanto deprimida y sin muchos ánimos de hacer nada y la cuestión es que un día que tuve un momento de “lucidez” noté que mi casa me reflejaba completamente.

Vi con detenimiento el jardín, todo descuidado y lleno de maleza y la casa, hecha un caos, ahora ya no sé si mi casa es la que me desanimaba o reflejaba mi estado de ánimo.

La cuestión es que después de este breve momento decidí que debía hacer algo al respecto.

Una buena amiga me ha dicho que la felicidad no viene de afuera más, después de ver mi casa así… me sentí peor.

Después de evaluar por dónde podría comenzar, primero rayé algunas ideas, como por ejemplo: cómo me gustaría ver mi jardín, mi habitación, la cocina; éstas son las principales áreas donde paso la mayor parte del tiempo, así que me enfocaría en ellas y después continuaría con el resto de la casa.

Apliqué ante esto una de las máximas reglas a la que me venía rehusando, ya sea por ganas o por tiempo: la de deshacerme de cosas que ya no uso, ya no me gustan o ya no me quedan. Esto, por supuesto incluye ropa, accesorios y cosas… muchas cosas.

Fue una tarea titánica esta de deshacerse de cosas y lo que me animó fue que algunas podían servirle a otras personas, unas más las regalé, otras las vendí y el resto terminaron en la basura.

Tres semanas de limpieza de “cosas” fue el tiempo que me tardé, ya que lo hice durante mis tiempos libres.

Lo interesante de este ejercicio es que conforme lo realizaba, me iba sintiendo más ligera. Debo reconocer que hubo cosas que me dolió separarme de ellas, por lo que les tomé fotos y las guardé en un USB, al menos ocupaban muy poco espacio.

Una vez despejadas las áreas, comencé nuevamente a pensar en la decoración de mi nuevo espacio. Algunos muebles cambiarían de lugar, otros se irían a mejor sitio y probablemente uno que otro accesorio nuevo llegaría a casa.

Gracias a la ayuda de una buena amiga, que tiene nociones de decoración de interiores, conseguí transformar los espacios en lugares más confortables, con menos cosas, más aireados y con mucha luz.

Dos eran los lugares importantes a cuidar: mi habitación y la cocina.

A mi habitación le cambiamos el color y compré un par de lámparas que dan luz indirecta. El librero fue sustancial para crear un espacio bohemio y las plantas en el balcón le dieron un toque femenino.

Una compra que disfruté realizar fueron las cubiertas de mármol para cocina, la cuales son blancas con vetas grisáceas, lo que le dio personalidad y luz a este espacio.

Y donde pasé muchas horas de introspección y fue lo que realmente me permitió conectarme nuevamente conmigo misma fue cuando arreglé el jardín.

Desde que comencé a quitar la maleza, a podar las plantas y re acomodar el espacio, poco a poco sentí cómo me “acomodaba yo”.

Sentí que el contacto con la naturaleza me llevó hacer ese viaje para estar conmigo misma y con mis pensamientos.

Noté qué me dolía, qué me lastimaba y vinieron a su vez las ideas que me permitieron sanarlas.

Una vez que realicé estas tareas, mi estado de ánimo mejoró muchísimo. Ahora continúo con las mejoras en la casa.

Este sencillo cambio en mi entorno me ha permitido recobrar la calma.

Como verás, esto es solo una pequeña muestra de lo que se es afuera, se es adentro. Y tú, ¿cómo te sientes hoy?