El tener un espacio para vivir se expande en no solo tener un techo para dormir o un lugar para llegar después de un día largo de trabajo.

Cuando de una casa se trata, buscamos que además sea nuestro espacio, un espacio donde el solo hecho de evocarlo deseemos llegar lo antes posible.

Un ejemplo de una imagen sencilla es cuando estamos metidos en el tráfico y te llega a la mente tu hermoso jardín en el que acabas de cortar el césped y todas tus flores se encuentran floreciendo.

Te ves en medio de él disfrutando del momento y decides tomarte una bebida en la mesa de jardín, sentándote en las sillas plegables que acabas de comprar para ese momento.

¡Ah, linda postal! ¿No? Sí, cuando conseguimos que nuestra casa se convierta en un hogar donde deseemos llegar, entonces vamos más que bien en su acondicionamiento.

Y, cuando esto no sucede… cuando lo que menos deseamos es llegar a casa, porque ya sea que nos vamos a encontrar con la casa tirada, con la pareja que todo le disgusta, con los problemas de los pagos… en fin, con un ambiente tóxico que nos asfixia, lo que menos deseamos es llegar, ¿cierto?

Entonces, ¿qué hacer?

Si vives solo y lo que menos deseas es llegar a casa, creo que debes pensar un momento qué es lo que te molesta: ¿es el vivir solo? ¿la distancia? ¿el cómo vives?

Date la oportunidad de sondearte un poco, porque no es normal que te sientas así. Por lo que es importante hacerle frente a tu relación intrapersonal.

Si vives en pareja, entonces a las preguntas anteriores debemos agregar, ¿estará mi pareja en casa? ¿tenemos problemas? ¿estamos molestos?

Vaya, las relaciones interpersonales son complejas, pero si aún existe cariño entre ambos, vale la pena luchar por enmendar lo que esté mal. De lo contrario, pues será mejor soltar.

Si en cambio son los problemas económicos o familiares, busca alguna red de apoyo.

2014050614574690983A veces nos ahogamos en un “vaso de agua” y no conseguimos ver todo el panorama y cuando buscamos ayuda, estaremos dando el primer paso para mejorar nuestra situación.

En una ocasión, cuando vivía sola, me pesaba mucho llegar a casa; sólo llegaba y buscaba irme a dormir para que amaneciera pronto.

Con la ayuda de una amiga, descubrí que mi departamento era muy grande y no estaba a gusto con su diseño. Así que me cambié a uno más pequeño, donde incluso mis tareas hogareñas se redujeron y la arreglé tal como quería.

Un detalle tan sencillo como esto cambió mi perspectiva. Los fines de semana me encantaba arreglar mi departamento, mi jardín y hasta bailaba haciendo mis labores. Ya después salía con los amigos a pasear y retomar la semana de trabajo.

Este mismo tema me volvió a pasar ahora con varios años de casada. Así que volví a realizar el mismo ejercicio, indagué en mi interior qué era lo que me molestaba y después de detectarlo, puse manos a la obra.

En esta ocasión era el mantenimiento de la casa, ya estaba un tanto decaída y así como la casa me encontraba yo.

Por lo que después de darle su “manita de gato” y vestir mi jardín con nuevos muebles y colores… yo volví a renacer.

Puede ser que en tu caso sea algo así de sencillo o no, lo importante es que debes estar bien, y si no lo estás, entonces busca apoyo… la idea es despertar y terminar tu día con satisfacción y una sonrisa.